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HARVARD UNIVERSITY. 




IvIBRARY 

OF THE 



MUSEUM OF COMPARATIVE ZOÓLOGY. 



t^cJvQyiiOjL, 



CluOu^ &S', JCjf^Q 






UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA 
MUSEO 

DIRECTOR DE PUBLICACIONES : FÉLIX F. OÜTES 



REVISTA 



DEL 



MUSEO DE LA PLATA 



DIRECTOR 



SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. (Cantab.) 



TOMO XV 

(segunda serie, tomo II) 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA DB CONI HERMANOS 
684, PERÚ, 684 

1908 



PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA 



SEGUNDA SEEIE 



La segunda serie de las publicaciones del Museo de La Plata, com- 
prende los siguientes grupos : 



ANALES 

En entregas en 4" mayor, y en las cuales se publican las memorias ori- 
ginales del personal científico del Museo, que, á causa de las planchas 
de gran formato que las acompañan, no pueden incluirse en la Eevista. 



EEYISTA 

Volúmenes en 8° menor de 20 pliegos por lo menos, y en los cuales se 
publican, también, las memorias originales del personal científico del 
Museo y las de los colaboradores tanto del país como del extranjero. 



BIBLIOTECA 

Volúmenes en 8" mayor de 25 pliegos por lo menos, que contienen tra- 
ducciones de obras y estudios publicados en el extranjero, relacionados 
con asuntos que sean tema de investigaciones en el Museo ; lo mismo 
que series de artículos de vulgarización científica. 



CATÁLOGOS 

En volúmenes en 8° menor, en los que se incluyen los inventarios ra- 
zonados ó simplemente enumerativos de las diversas colecciones del esta- 
blecimiento. 



UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA 



REVISTA 



MUSEO DE LA PLATA 



^ 



MUSEO DE LA PLATA 



CONSEJO ACADÉMICO 

Presidente : señor Samuel A. Lafone Quevedo, M. A. (Cantal). 
Consejero : doctor Enrique Herrero Ducloux. 

— doctor Roberto Lehmann-Nitsclie. 

— señor Gruillermo Salom. 
doctor Santiago Rotli. 

— doctor Francisco Porro de Somenzi. 

— ingeniero Gunardo Lange. 
Secretario : señor Félix F. Outes. 



ACADÉMICOS HONORARIOS 
Y CORRESPONDIENTES NACIONALES 

ESCUELA DE CIENCIAS NATURALES 

Académico hoQorario, doctor Ángel Gallardo (Buenos Aires). 

— correspondiente, señor Juan B. Ambrosetti (Buenos Aires). 

— — doctor Miguel Lillo (Tucumán). 

ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS 
Académico honorario, doctor Juan J. J. Kyle (Buenos Aires). 

ESCUELA DE CIENCIAS GEOGRÁFICAS 

Académico correspondiente, ingeniero Francisco Seguí (Buenos Aires), 

— — doctor Francisco Latzina (Buenos Aires). 



MUSEO DE LA PLATA 



ACADÉMICOS HONORAllIOS 
Y C0RRESP0NDIE2ÍTES EXTRANJEROS 

ESCUELA DE CIENCIAS NATURALES 

Académico honorario, profesor Eduarcl Suess (Austria-Hungría). 

— — doctor Théodore Jules Ernest Hamy (Francia) . 

— — doctor Ernest Haekel (Alemania) . 

— — doctor Eligen Bülow Warming (Dinamarca). 

— — doctor Albert Gaudry (Francia) . 

— — profesor William H. Holmes (Estados Unidos). 

— — doctor Santiago Ram<3n y Cajal (España). 

— correspondiente, doctor Hermann vou lUering (Brasil). 

— — doctor Richard Lydekker (Inglaterra) . 

— — doctor Yoshikiyo Koganei (Japón) . 

— — - doctor Abx'aham Lissauer (Alemania) . 

— — doctor Giuseppe Sergi (Italia) . 

— — doctor Albert Auguste de Lapparent (Francia) f . 

— — doctor Gustav Steinmann (Alemania) . 

— — doctor Henry Fairfield Osborn (Estados Unidos) . 

— — doctor José R. Carracido (España) . 



ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS 

Académico honorario, profesor Wilhem Ostwald (Alemania). 

— correspondiente, profesor Harvey W. Wiley (Estados Unidos). 

— — profesor Armand Gautier (Francia) . 



ESCUELA DE CIENCIAS GEOGRÁFICAS 

Académico honorario, doctor Otto Nordenskjold (Suecia). 

— correspondiente, doctor Paul Vidal de la Blache (Francia) . 

— — profesor J. Wardlaw Redway (Estados Unidos), 



MUSEO DE LA PLATA 

PEESONAL DIRECTIVO Y CIENTÍFICO 



SEÑOR SAMUEL A. LAFONE QUEVEDÜ, M. A. (Cautab.) 



BOCTOK ENRIQUE HERRERO DUCLOUX 

Vicedireclor 

SEÑOR FÉLIX F. OUTES 

Secretario, hibliotecarío y director de pubHcacÍon«s 

SEÑOR P. ABEL SÁNCHEZ DÍAZ 

Prosecrelaiio 



ESCUELA DE CIENCIAS NATURALES 



DOCTOR SANTIAGO ROTH 

.lefe de sección y profesor de Geología 

DOCTOR GUALTERIO SCHILLElí 

.lefe de sección y profesor de Mineralogía 

DOCTOR CARLOS SPEGAZZINI 

Jefe de sección y profesor de Bolauica 

DOCTOR EMILIO P. MEINECKE 

Profesor suplente de Botánica 

SEÑOR AUGUSTO SCALA 



Profesa 



vudaníe de Bola 



SEÑOR CARLOS BRUCH 

Jefe de sección v profesor de Zoología 



DOCTOR MIGUEL FERNANDEZ 

l'rofesor adjm.lo de Zoología y de Analomia compararla 

SEÑOR HORACIO ARDITI 

Profesor sóplenle de Zoolog-.a 

SEÑOR SAMUEL A. LAFONE QUE VEDO 

Profesor de Lingüistica 

DOCTOR ROBERTO LEHMANN-NITSCHE 

Jefe de «'•ccion y profe&or de Antropología 

SEÑOR FÉLIX F. OUTES 

Profesor adjunlo de Elnografia 

SEÑOR LUIS MARÍA TORRES 

[•rofejor adjnnlo de Aiíineologia 



SEÑOR DESIDERIO S. AGUIAR 

Profesor adjunlo de Antropología 



ESCUELA DE CIENCIAS GEOGRÁFICAS 

Y ACADEMIA ANEXA DE DIBUJO 



DOCTOR FRANCISCO PORRO DE SOMENZI 

Director y profesor de Geografía física 

SEÑOR VALENTÍN BERRONDO 



Profesor de Ge 



afia politii 



INGENIERO GUNARDO LANGE 

Profesor de Cartografía 

SEÑOR E. COUTARET 



l'rofesor de Dibujo geon 



y de perspe. 



SEÑOR A. BOUCHONVILLE 

Profesor de Dibujo cartográBco y de relie\e 

SEÑOR M. ROSSO 

Profesor de Dibujo natural 

SEÑOR M. MALHARRO 

Profesor de Dibujo de arte y pintura 

SEÑOR R. BERGHMANS 

Profesor de Caligrafía 



DOCTOR TEÓFILO WECHSLER 



ESCUELA DE CIENCIAS QUÍMICAS 



DOCTOR ENRIQUE HERRERO DUCLOUX 

Director y profesor titular de Química analítica 

DOCTOR FEDERICO LANDOLPH 

Profesor de Química orgánica 

DOCTOR ENRIQUE J. POUSSART 



• de Qu„ 



SEÑOR GUILLERMO SALOM 

Profesor de Farmacología y Farmacia practica 

SEÑOR EDELMIRO CALVO 



■ adjunto da Quir 



farmaccutit 



INGENIERO ALEJANDRO BOTTO 

Profesor adjunto de Quimlca analítica cualitativa general 

DOCTOR JUAN C. DELFINO 



Profes, 



SCHAEFER 



DOCTOR GUILLERMO F. 

Profesor de Química analítica especial 

SEÑOR LEOPOLDO HERRERO DUCLOUX 

Profesor suplente de Química analítica cuantitativa 

DOCTOR PEDRO T. VIGNAU 

Profesor suplente de química analítica 



UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA 
MUSEO 

DIRECTOR DE PUBLICACIONES : FÉLIX F. OUTES 



REVISTA 



DEL 



MUSEO ÜE LA PLATA 



DIRECTOR 



SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. (Cantab.) 



TOMO XV 

(segunda serie, tomo ii) 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA DE CONI HERMANOS 

684, PEKÚ, 684 

1908 



FUNGÍ ALIOUOT PATU.ISTAM 



GARLO SPEGAZZINI 



Quiim Ataulfus Usteriiis, Scholae Polytechnicae Paulistanae magister 
praeclarus, de morbis nounullivS plantariim earum regionum me consuleret 
et specimina sat numerosa mitteret, mycetes plurimos magna pro parte 
adhuc indescriptos multosque mirabiles inveni atque eos publici juri 
faceré utile censeo. 

Detector! sedula gratiüor et collectiones ampliores spero. 

La Plata, 20 Julii 1906. 



1. CoRTiciUM COMEDENS (jSTees) Fr. = Sacc, Syll. Fung. VP, p. 628. 
Hab. Ad ramiilos langnentes arbusculae cujusdam Maceira, C ampi 

ñas, Mart. 1905 (A. Hempel). 

2. Hypochnus Michelianus Cald. r= Sacc, Syll. Fung. VI°, p. 661. 
Hab. Ad ramulos lánguidos Gitri aurantii, Campiñas, Mart. 1905 (A. 

Hempel) et in Horto Botánico Sao Paulo 1906 (A.Usteri). 

3. TJromyces Usterii Speg. (n. sp.) 

Biag. Acer^nlli hypopliylli pulvinulati albidi v. aurantiaci minuti 
(0,3-0,9 mm diam.) irregulariter sparsi v. hinc inde glomerati ; 
acervuli uredosporici pulverulenti, uredosporis subglobosis (20-25 
[j. diam.) episporio crassissimo i)raecipue superne atque grosse pa- 
pilloso hyalino, endoplasmate aurantio guttulato ; acervuli teleu- 
tosporici compactiusculi hemisphaerici roseo-aurantii, teleutosporis 
ovatis V. obovatis (30-40 ¡x = 24-30 ¡x), episporio hyalino superne 
crassissimo, longitudinaliter spiraliterque 5-10-sulcato-striato, striis 



— 8 




minute denseqiie denticulatis, endo- 
plasmate grosse gnttulato ftiscoau- 
rantiaco,pedicellis (20-40 ;a= 5-6 ¡j.) 
liyalinis fragillimis suífultis. 

Hab. Ad folia viva Rubi urticifolii iii 
dumetis Avenida Paulista. 

Obs. Species pulcherrima Uromyceti 
Fittieriani P. Hnn. atque Z7. ruM 
T>. et H. cognata tamen longissime 
recedens, teleutosporis iusigniter 
striatis praedistincta. 

4. PUCCINIA BIGNONIACEARUM Speg. = 

Speg., Fung. Guar. 11°, n. 28. 
ffal). Ad folia et petiolos Bignoniaeeae 
cujusdam prope Ipiranga Cam-bucy. 

5. PUCCINIA HETBROPTERIDIS Thum. 

=: Sacc, Syll. VIP, p. 724. 
Sab. Ad folia Heteropteridis ? cujus- 
dam. Moga perto de Sao Paulo. 

6. PUCCINIA RUBIGO-VERA (D. X C) Wnt. = Sacc, Syll. Fung. VIP, 

p. 624. 
Hab. Ad folia culmosque Hordei vulgaris prope Sao Paulo. 

7. Uredo baccharidis Speg. =: Speg., Fung. Guar. I", n. 136. 

Rab. Ad folia viva Baccharidü- cujusdam in Horto botánico Pauli- 
stano. 

8. Uredo cannae Wint. = Sacc, Syll. Fung. VII°, p. 843. 
Hab. Ad folia Cannae cujusdam in liortis Sao Paulo. 

9. Uredo fici Cast. r= Sacc, Syll. Fung. VIP, p. 847. 

Hab. Ad folia lánguida Fici caricae in hortis circa Sao Paulo. 

10. Uredo flavidula Wint. = Sacc, Syll. Fung. VIP, p. 848. 
Hab. Vulgata in foliis Myrtacearum prope Ipiranga, Moga, Cambucy 

et Pirrassununga. 

11. Uredo agnostoica Speg. (n. sp.) 

I)iag. Acervuli bypophylli laxe gregarii, maculis fuscescentibus 
indeterminatis insidentes, erumpentes, compactiusculi rubiginosi ; 
uredosporae e globoso obovatae verruculosae crassiuscule tuni- 
catae. 



— }) — 

Hiib. A(l folia coriácea arbusculae (Sapotaceae f) prope Ipiraiiga. 

Obs. Acervuli minuti oi^ideniiide din tecti, promiinili (100-250 \x 
diain.) ; urcdosporae scssilcs (;>0-40 y, := 25-28 y,) ('[»i,sp(U'io fidvello 
\('iti('e saoi)iiis iiiciassato, cndoidasiiiatc nubiloso grosse guttulato. 

12. Uredo oxalidts Lev. = Sacc, Syll. Fiing. Vil", p. 855. 

Hah. Ad folia Oxalidis cujusdain in IToito Scliolae rolyteclinicae, 
Sao Paulo. 

13. Uredo palltdiuscula Speg. (ii. sp.) 

Diag. Acervuli hypophylli sparsi pulverulenti luinuti ])allide ferru- 
ginei ; uredosporae globosae verruculosae melleae. 

H<th. Ad folia viva Labiatae (Goleus f) cujusdaiii in liortis, Sao Paulo. 

Obn. ]\[aoulae nullae ; acervuli (120-200 \j. diam.) mox pulverulenti ; 
uredosporae (24-28 y, diam.) episporio tenui minute laxeque pa- 
puloso subhyalino, endoplasmate pallide ferrugineo saepius grosse 
uni-nucleato. 

14. Uredo persioae Speg. (n. sp.) ! 

Diag. Aí'ervuli liypopliylli minuti rubiginosi pulverulenti, maculis 
nullis V. pallide tlavis indeterminatis ijisidentes ; uredosj)orae obo- 
vatae pallide fuligineae ambitu parapliysatae. 

Hah. Vulgata autumnali tempore circa Sao Paulo. 

Obs. Species vulgatissima cosmopolyta sed adhuc semper male deü- 
nita et quandoque cum Puccinia pruni Prs, quandoque cum Ure- 
dine prnni Cast. confusa sed certe ab utraque distinctissima et no- 
mine novo recensenda digna. Maculae nunc nullae nunc parvae 
ampliigenae angulosae fiavidae ; acervuli semper hypophylli erum- 
penti-pulverulenti (75-150 y, diam.) fulvi ; paraphyses marginales 
plus minusve numerosae clavuliformes, capite subhemisijhae- 
rico laevi ferrugineo crasse tunicato majuscule nucleato (10-18 
y. = 8-14 \j) deorsum abrupte in pedicello triplo longiore palli- 
diore producto ; uredosporae obovatae clavatae sessiles v. bre- 
vissime i^edicellatae episporio fulvello superne saei^ius acute ro- 
tmidato crassissimo laevi, deorsum minute denseque x)apilluloso, 
endoplasmate nubiloso saepius grosse nucleato donatae. 

15. Uredo ? faroosa P. Heun. = Sacc, Syll. Fung. XIV°, p. 400. 
Hah. Ad pericarpium Lauraceae cujusdam in Horto botánico Pauli- 

stano. 
Obn. Pulvinuli totam matricem obtegentes primo cuticula tecti dein 
nudi pulverulenti candidi ; sporae ? hyalinae solitariae geminatae 
ternatae saepeque subcatenulatae parvae (10-12 ¡x = 5-6-7 \j) sae- 
l)ius obovatae rarius panduriformes laevissimae, episporio semjier 



— 10 — 

crassiuscnlo vestitae ; non raro cnm sporis adsunt corpuscula glo- 
bosa (7-15 [}. diam.) byalina, in pedicello concolori gracillimo prae- 
longo producta, commixta. 

Species veré dubiosa certe Drepanoconi larvíformí cognata et 
facile ab nredineis separanda. 

16. Uredo ? paulistaka Speg. (n. sp.) 

Biag. Macnlae unllae v. epipbyllae fusco-pallescentes ; acervnli laxe 
gregarii luinuti sordide flavescentes ; uredosporae e globoso cu- 
boideae verrnculosae. 

Hab. Ad folia viva Acalypliae f cnjusdaní prope Sao Paulo. 

Obs. Maculae indeterminatae centro fuscae ambitn flavescente ; acer- 
vnli ernmpenti-prnminnli (80-120 ¡x diam.) compactiuscnli ; uredo- 
sporae? catennlatae ? globosaebemisphaericae v.cubicae (20 [j. diam.) 
pallide fulvae, episporio crassiuscnlo minute denseque verruculoso, 
endoplasmate grosse uni-nucleato. 

17. Aegidium Usterianum Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae saepius nullae ; aecidia liypopbylla fere semper ner- 
visequa erumpentia albido-flavescentia párvula; aecidiosporae sub- 
globosae laeves hyalinae. 

HaJj. Ad folia viva Meni^permaceaef cujusdam in Horto botánico 
Paulistano. 

Ohs. Maculae, quum adsint, ampbigenae pallescentes indeterminatae ; 
aecidia x)rimo subglobosa clausa epidermide tecta, serius erumpen- 
tia cylindraceo-poculiformia (200-400 ;x alt z= 150-250 ;j, diam.) 
albida, cortice tenui e cellulis ovatis v. rbomboideis (25-35 ¡a = 
20-30 [)) crassissime tunicatis grosse denseque verrucosis efiformato 
donata ; uredosporis globosis (20-24 y, diam.) v. e mutua pressione 
obsolete angulosis, episporio tenui liyalino laevi, endoplasmate 
nubiloso V. guttulato aurantio. 

18. EuROTTUM HERBARiORUM (Wigg.) Lk. = Sacc, Syll. Fung. 1% 

p. 26. 
Hah. Ad folia uda in herbario, Sao Paulo. 



DiMEROSPORiELLA Speg. (u. gen. 



Clmr. Peritbecia minuta ostiolata anhysta subliyalina, tliallo muce- 
dineo insidentia, polyasca ; asci subcylindracei octospori parapby- 
satis; i)orae didymae hyalinae. 



— il — 



Est J>iiii<'ro,sporiiiiii tlmllo ot peritlieciis 
anliystis ostiolntis doiiatuní, iiiter En- 
GLEKULEAS adsciibeiuluiu. 




?^f:^ 



11). DlMEKOÍíPOUlELLA PAULlSrANA iSpOii. 

(11. sp.) 
J)ia(f. Peritliecia liiiic inde gregaria siiperü- 

cialia pusilla fiiscidida glabra; asei cllip- 

tico-cyüiidiacci aiiticc (>])tiise rotuiidati, 

basi brevissiiiie iKxbdosequé pedicellati; 

sporae mimitae laeves, ad septniíi vix 

constrictae. 
Hab. Ad folia lauguidíi Buddleiae ciijusdaní, 

Mo§a Ipiranga. 
06,s\ Macnlae millae v. vix pallescentes ; 

peritliecia (80 [j. = 00 ;j.) uiuboiiato-ostio- " k 

lata, 6-12-ascii; asci (50 [x = 10 [x) parapliysibiis paiicis longioribus 

fllifoniiibus obvallati; sporae (14-16 ;j. = 4 ;;,) disticliae, lociüis 

aecpiiloiigis, supero obtuso, infero conoideo acuto donatae. 




Hyalotheles Speg. (u. gen.) 




Char. Peritbecia pusilla sparsa subglobosa astoina anhysta thallo 
mucedineo insidentia ; asci clavati 
aparapliysati octospori; sporae didy- 
mae, loculis globosis niox secedentibus 
coloratis. Geims pulcliellum inter En- 
GLERULEAS etiaui luilitaiis. 

20. Hyalotheles dimerosperma Speg. 

(n. sp.) 
J>iag. Maculis uullis ; peritheciis bypo- 

Xjhyllis sparsis fuscis glabris, túnica 

tenuissima; ascis e nodulo basali peri- 

tbeciorum fiísciculatis crassissime tu- 

nicatis; sporis polystichis, lóculo supero 

parum majore. 
Sal). Ad folia viva BuMurticifolii ^ro])e 5 

Casa do Lsolamento, Sao Paulo. c . . . - 

Ohs. Peritbecia oculo nudo bene perspicua, glándulas minúsculas 

referentia, superne rotundata inferné coarctato-applanata (50-80 ¡j. 

diam.) substipitata, thallo vix evoluto insidentia; asci 15-30 inquo- 




— 12 — 

que perithecio aiitice late rotiindati postice cuiieati breviter eras- 
seque peclicellati (20-30 [j. ■-= 14-18 ¡x); sporae e cbloiino fuscae 

(12 [j. = O ;;.) laeves. 

21. Hyáloderma imperspicuum Speg. = Speg., Fung. Guar. I", n. 171. 
Jlab. In subiculo Áster inae cujusdam Myrtaceam incolentis in Cemi- 

terio, Sao Paulo. 

22. DlMEROSPOEIUM BACCHARIDIPHILU3I Speg. (u. Sp.) 

Biag. Saepius epiphyllum pusillum, liinc inde laxe gregarium, subi- 
culo destitutum, glabruní ostiolatum ; asci obclavulati paraphy sati ; 
sporae clavulatae isomerae. 

Hab. Ad folia viva Baccharidis cujusdam prope Sao Paulo. 

Obs. Perithecia erurapenti-superficitilia subglobosa (80-90 ¡j. diam.) 
niembranaceo-coriacella, coutextu miuute parencliymatico oliváceo ; 
asci sursum crasse tunicati deorsum breviter crasseque pedicellati 
(-tO-oO [j. = 15-20 ;x), paraphysibus paucis filiformibus obvallati, 
octospori ; sporae disticbae liyalinae luedio uni-septatae constrictu- 
lae (11 [j. = 1 [j.) lóculo supero obtusiusculo infero graciliore acu- 
tí nsculo. 

A IJimerio baccharidicolo P, Henn. certe diversum et cum Dime- 
rosporio baccharidis Sacc. et i>. punctiformi P. Heuu. non com- 
parandum. 

2;>. DiMEROSPORiUM SOLARE Speg. = Speg., Fung. Puig. I'', n. 218. 
Hab. Ad folia viva Bignoniaceae cujusdam Cambucy, Ipiranga. 

21. DoiEROSPORiUM PtiLVEEACEUM Speg. = Speg., Fung. Puig. I", 
n. 211). 
Hab. In mycelio Mcliolac cujusdam ad folia viva Caseariae, Cambucy, 
Ipiranga. 

25. DIMEROSPORIUM TROPICALE Speg. = Speg., Fung. Guar. I*^, n. 168. 
Hah. In subiculo Asterinae cujusdam ad folia viva ignota. Villa Leo- 
l>oldina até Lapa. 



DiMERiELLA Speg. (u. gen.) 

Char. Genus e Dimerosporio excerptum, species peritlieciis subglobo- 
sis astomis setulosis sporis liyalinis donatas sistens. 

Dimerosporia plurima descripta huc ducenda, e. gr. : Dimeriella 
dubiosa (Speg.), D. asterinarum (Speg.), B. guarapiensis (Speg.), B. 
solanicola (B. & C.)^ B. Ulliotii (A. L. Smith), B. coronata (Speg.), 
B. Meyeri-Hermanni (P. Henn.). 



18 — 



^í. 



Geiiiiis iiltcnmi statuciuliim censeo cuín Dimerosporiis astomin 
setulosis sporis coloiatis piaoditis, (piod PiiAEODiMKiíiELLA Speg'. 
iiimcui)aii(lum ; liiic pertiiient i'A. Unglcriuita {L*. llena.), Ph. ha- 
mata (Pnz. & Saec), Ph. cetotricha (Pat. & Har.), Ph. tasmanica 
(Massee), Ph. occtifta (Kac), etc. 

26. DiMERIELLA HIUTULA SpCg". (ll. sp.) 

/)/(///. Perithecia superftcialia perijusilla sublieniisphaerica, subiculo 

pai'cissinio iiisidcntia, iiijiTa, pilis 

paucis erectis hirsuta; asci apara- 

pliysati; sporae hyalinae loculis 

isoniacris. 
Hab. Ad folia \iva Ba^charidis cujUvS- 

daní, Ipiranga até Mo^a. 
Obn. Maculae nullae sed matrix tota 

plus luiíiusve ftiscescens; i)eritliecia 

laxe gregaria. (60-90 [jl diaiii.) super- 

ne liemispliaerica inferné applanata, 

subiculo parcissimo adfixa, 9-12 

setulis 1-2 cellularibus acutis rigi- 

dulis (20-30 ;;, := 4-5 ¡x) adspersa, 

membranácea, con textu parencliy- 

matico fuligineo parum distincto; 

asci obovati (35-40 ¡7, = 15-18 \j) 

octospori subsessiles ; sporae disti- 

cliae V. subconglobatae medio uniseptatae (14 [j. 

conoideis acutiusculis. 

Species DimeroHporio jmnctiformi P. Henn. certe peraflfiniS;, satis 

tamen distincta videtur. 

27. DiMERIUM INCRUSTANS Speg. (u. Sp.) 

Diag. Subiculum tenuissimum flbrosum hinc inde noduloso-parencliy- 
maticum olivaceum, hyphas Meliolarum v. Asterinarum arete in- 
crustans, perithecia sparsa minuta astoma glabra; asci cylindracei 
paraphysati; sporae elliptico-subclavulatae primo hyalinae dein 
fuligineae. 

Hab. In subiculo Asterhiae cujusdam prope Ipiranga. 

Obs. Perithecia pusilla globosa (30-20 [x diam.) membranácea, contextu 
parenchymatico subopace fuligineo donata, subiculo ex hyphis oli- 
vaceis tenuibus (3-4 [j, erss.) repentibus ad hyphopodia parenchyma- 
tico-nodulosis insidentia ; asci non v. vix obclavulati (60 [x = 14 ¡jl) 
brevissime noduloseque pedicellati ápice obtusi, octospori, para- 
physibus paucis filiformibus longioribus immixtis ; sj)orae subcla- 
Yulatae (13-14 ¡x =^ 5-6 ;;,) medio septatae non v. vix constrictae, 




5 [j.) loculis 



— 14 — 

lóculo supero obtuso infero conoideo subacutiore, primo hyalinae 
dein fuligineae. 

28. DiMERIUM LEPTOSPORUM Speg. (ll. Sp.) 

Diag. Subiculum submucedineum parum manifestum ; perithecia glo- 
bosa astoma glabra ; asci e cylindraceo obclavulati aparaphysati ; 
sporae clavulatae fuligineae. 

Hah. In subiculo Asterinarum epiphyllarum ad folia coriácea circa 
Sao Paulo. 

Obs. Peritbecia olivácea (80-100 ¡j.) parce gregaria membranácea, con- 
textu parencliymatico oliváceo; asci basi brevissime pedicellati 
(40-50 y, = 12-15 [a), octospori; sporae distichae clavulatae (15-20 ¡j, 
= 4-5 ;j.) ad septum leniter excentricum vix constrictae, lóculo 
infero acutiore. 

29. ZUKALIA USTERI Speg. (n. sp.) 

Diag. Perithecia hyijopliylla, villo occulta, globosa glabra astoma 
minuta; asci cylindracei paraphysati; sporae subclavulatae 3-sep- 
tatae ad septum médium tantum constrictae hyalinae. 

Rab. Ad folia coriácea dorso albo-tomentosa jirope Ipiranga. 

Obs. Subiculum non inventum ; perithecia nigra sparsa (100-120 ;j, 
diam.) membranácea, contextu parenchymatico minuto densoque 
olivaceo-fuligineo ; asci ápice subtruncato-rotundati, basi breviter 
cuneato-pedicellati (70-80 ;x =10 ¡j.) parce paraphysati ; s^jorae rec- 
tae V. leniter curvulae, lóculo supremo obtusiore Ínfimo acutiore 
(16-18 ;a = 4 ;x). 

30. ZUKALIA VAGANS Speg. (u. Sp.) 

Diag. Subiculum tenuissimum subparenchymaticum, hyphis 2Ieliola- 
rum Asterinarumque incrustans, olivaceum; peritheciis miuutis os- 
tiolatis glabris ; ascis obclavulatis paraphysatis ; sporis ellipticis 
3-septatis, hyalinis. 

Sab. In subiculo MclioJarum et Asterinarum ad folia viva Eleagni re- 
fiexi et aliarum arbuscularum in Horto botánico paulistano. 

Obs. Perithecia hinc inde laxe gregaria, ovata v. ovato-depressa, per 
aetatem non colla])sa, medio plus minusve umbonata, ostiolata, 
membranácea, contextu parenchymatico minuto parum distincto 
donata, subiculo membranaceo-submucoso tenuissimo late matricem 
incrustante oliváceo insidentia : asci ápice subtruncati basi brevis- 
sime cuneato-pedicellati (05-70 \j. = 10-14 ¡j.), octospori ; sporae 
subellipticae utrinque acutiuscule rotundatae 3-septatae, ad septa 
leniter constrictae (16-18 \j. = 6-7 ¡j.) rectae v. vix inaequilaterales. 

31. ZuKALiA VAGANS Speg. var. bracJiycarj[>aSpeg. 



— 15 — 

Hah. In subiculo Mcliolae cujusdaní ad folia Coffeae arabicae nec non 
Spireae cantoniensis, in Ilorto botánico paulistano. 

Ohs. Yarietas a typo recedens peritlicciis non umboiiatis obsoleteque 
ostiolatis (an quandoqne astomis í) per aetatcm (^dlabescentibus, 
aséis enii)tie(»-subelavnlatis (•40-00 \j. = 14-UO ;;.), sporis vix mino- 
ribus (14-18 (aaepius 10) [j. = 4-0 ¡x). 

32. Meliola Puiggarii Speg. = Spe¿;-., Fimg. Puigg. P, n. 228. 
JTaft. Ad folia viva Ruhi urticifolii prope Casa do Isolamento, Sao 

Paulo. 

33. Meliola arachnoidea Speg. ^ Speg., Fung. Puigg. 1", n. 237. 
Hah. Ad folia viva Bignoniaceae eujnsdam ])rope Isolamento, Sao 

Paulo et Cambucy Ipiranga. 

34. Meliola acamptinga Speg. (n. sp.) 

Diag. Subiculum laxe arachnoideum niatrici arctiuscule adnatum, 
bypliopodiis crebris ampulluliformibus v. clavulatis oppositis orna- 
tum, pilis paucis rigidissimis rectis ápice integris acutis armatum ; 
perithecia mediocria glabra collabescentia ; asci bispori ; sporae 
4-septatae mediocres fuligineae e latere leniter compressae. 

Hah. Ad folia coriácea viva arboris ignotae, Morca perto de Sao 
Paulo. 

Ohs. Subiculum plagulas bypopbyllas irregulariter orbiculari-angu- 
losas laxissime reticulatas efficiens, hyphis subopacis crassis (6-8 
;jL crass.) rectis opposite ramosis dense liyphopodiatis, hypliopodiis 
circa perithecia auipulluli-v. spini-formibus (20-25 \j. = 0-V ¡x), am- 
bitu saepius clavulatis obtusis (20 [j. = 9 ¡j.) atris, setulis paucis, 
circa perithecia tantum evolutis, (500-1500 ¡j. = 10 ¡x) opacis, basi 
leniter incrassatulis ornatum ; perithecia (200-250 [x) subverrucu- 
losa astoma, membranácea grosse celluloso-parenchymatica, nuda ; 
asci elliptici (60 ¡x = 30 y.) brevissime pedicellati, mox diffluentes ; 
sporae subcylindraceae, utrimque obtuse rotundatae, 5-localares, 
ad septa leniter constrictae, laeves, subopace fuligineae (45-50 ;a = 
18 ¡j. = 14 ¡j.). 

35. Meliola glabriuscula Speg. (n. sp.) 

Biag. Subiculum setulis fere omnino destitutmn, tenuissimum sub- 
arachnoideum arctiuscule matrici adnatum, hyphopodiis crebrius- 
culis ampulliformibus v. clavulatis oppositis ornatum ; i^erithecia 
mediocria glabra non v. vix subcollabescentia, setulis brevibus 
paucis rectis ápice integris cincta ; asci bispori ; sporae 4-septatae 
minores fuligineae, e latere sat compressae. 

Hab. Ad folia valde coriácea nitidissima (PJiotiniae f) viva, Agua 
branca, Isolamento prope Sao Paulo. 



— Ifi — 

Obs. Subicnlnm tenuissimum plagiilas saepius confluentes ac fere 
totiim epipbyllum obtegentes efflciens, liypliis snbopacis crassis 
(6-8 [j. crass.) rectis saepius opposite ramosis, hyphopodiis oppositis 
ampulluliformibns et pyriforiiiibus magis uumerosis commixtis 
nigris fere opacis, setulis pancis circa singiila peritliecia radiantibus 
molliiisculis ápice integris (50-150 ;x = [;, G) pellucidis ; peritliecia 
snbverrncosa astoma nigra (150-250 ;j. diam.) glaberrima seniper ; 
asci elliptici (45-60 ¡j. = 20-30 ¡j.), 2-4-spori, breviter crasseque 
j)edicellati ; sporae subcylindraceae utrinque obtuse rotundatae, 
5-loculares, ad sei)ta leniter coiistrictae, laeves, siibopace fuligineae, 
rectae v. leniter subcurvulae (35-40 ¡j. = 16-17 ;x = 12 ;/). 

Species Meliolae hrasiliensi Si)eg". peraíiinis sed glabritie, hypo- 
tliallis microthyriiformibus deficientia setulisque mycelialibiis sat 
distiucta. 

36. Meliola bidentata Cke = Speg., Fung-. guar. 11°, n. 54. 

HaJ). Vulgata ad folia Bignoniacearmn , Cambucy, Ipiranga et Moga. 

37. Meliola laxa Gaill. :^ Gaill., Bull. Soc. myc. 1892, p. 179. 
Hah. Ad folia coriácea viva arbusculae cujusdam, Moga Ipiranga. 

38. Meliola polytricha Klkb. & Cke var. Jlexuosiseta Speg. 
Hah. Ad folia viva Schini cujusdam in Horto botánico paulistano. 
Obs. Specimina quae adsunt a tyiñcis recedunt subiculo sat villoso, 

setulis dense flexnoso-subcircinatis aterrimis opacis basin et apicem 
versus attenuatis. Sporae subcylindraceae (45 ¡x = 18 ¡j. = 12 ¡j.), 
4-septatae. 

39. LiMACiNiA melioloides (Pat.) Sacc. var. eugenücola Speg. 

Diag. Subiculum submembranaceum fuscum gíabrum j perithecia liinc 
inde glomerata ovata ellipsoidea v. obclavata sessilia v. breviter 
pedicellata.obscure ostiolata ; asci cylindracei aparapliysati; sporae 
elliptico-subclavulatae triseptatae, saepe lóculo medio supero septo 
verticali diviso, primo byalinae dein olivaceae. 

Hah. Ad folia viva Eugeniae cujusdam, Ipiranga Moga. 

Obs. Subiculum saepius epipbyllum tenue matrice arctiuscule adna- 
tum late diffusum, ex bypbis torulosis, articulis fere semper cylin- 
draceo-ellipsoideis medioque leniter coarctatulis obscure olivaceis 
(10-16 ij,= 7-8 {}) grosse biguttulatis effbrmatis ; peritbecia plagulas 
oliváceas subvelutinas constituentia, pusilla dense constipata 
(60-120 \j. = 50-80 [}) ápice i^imo clausa astoma, serius minute 
stellatim debiscentia, glabra, contextu grosse parencbymatico pel- 
lucido oliváceo ; asci aj)ice obtnsissime rotundati basi brevissime 
l)edicellati (60 ;j. = 14 ;j.) octospori: sporae oblique disticbae rectae 



— 17 — 

V. leniter cuivulae iitiinque obtusae saepius triseptatae, rarius 
4-r)-st>ptata(>,a(l septum modiiim validius constrictac (17-20 ij.=z7-S ¡j.) 
frequeiiter lóculo intermedio, larissimc etiam vsuitiemo, verticaliter 
diviso. 

Species, ut videtur, in tropicis late diftusa et pluiiCwS descripta ; 
liinc duceiida Apiosjjorium hrasiliense Noack, Capnodium brasilienHe 
Puttm., Limacinia aurantii P. neuu. etc. 

40. Capnodium chaetomorphum Speg. = Speg., Fung-. Guar I", u. 345. 
Ral). Ad folia viva Melastomaceae cujusdain, Ipiranga ate Mo9a et 

Cambucy. 

41. Capnodium! hirtum Speg. (n. sp.) 

Diag. Subiculum tenuiter subcrustaceum membranaceum dense ve- 
lutino-hirsutum nigrum ; perithecia dense constipata x^olymorplia 
cylindraceae v. obclavata Simplicia v. ramosa ubique hyphis bre- 
vibus patiilis laxe adspersa ; ascis sporisque desideratis. 

Hah. Ad folia viva Myrtaceae cujusdam, Ipiranga, Cambucy. 

Ohs. Subiculum latissime effusum, totam matricem vestiens, veluti- 
num, liinc inde frustulatim deciduum ; perithecia erecta (1 50-500 ¡x = 
50-70 \}) opace fuliginea, cylindracea chivata v. obclavata, Simplicia 
V. inferné prolifera v. superne biloba aut furcata, ápice acuta v. 
plus minusve obtusata, hyphis luisillis (5-25 \j. = 3-5 ¡x) divaricatis 
rectis V. flexuosulis hórrida, contextu breviter prosenchymatico 
oliváceo fusco. 

Species sterilis, quae mihi, ob perithecia hirtula, bene distincta 
videtur. 

42. Ophiomeliola Usteri Speg. (n. sp.) 

Diag. Perithecia subiculo tenui membranáceo iusidentia, laxe grega- 
ria, lageniformia, glabra atra; asci ellipsoidei aparaphysati ; sporae 
lineari-subfusoideae, 14-16-septatae, utrimque acutae olivaceae. 

Hab. Ad folia viva Ijugeniae cujusdam, Ipiranga Mo^a. 

Ohs. Subiculum amphygenum cum illo Limaciniae meUoloidis (Pat.) 
Sacc. commixtum subcrustaceum fragiliusculum atrum ; perithecia 
hinc inde densiuscule gregaria erecta, basi ovato-giobosa (100-120 ¡;, 
diam. et alt.) superne in ostiolum crassiusculum subcylindraceum 
(40-50 [X zj= 35-45 ;j,) ápice subattenuatum denticulato-ostiolatum 
producta, membranácea, contextu deorsum parenchymatico sursum 
prosenchymatico donata ; asci utrinque attenuati, ápice rotundati, 
basi crasse brevissimeque stipitati (100-125 [j. --^ 25-30 ¡x) octo- 
spori ; siíorae rectae v. leniter sigmoideae, ad septa validiuscule 
constrictae (70-80 ¡x = 8-10 ¡x), loculis minute uniguttulatis. 
Species ab O. Lindmani Starb., ut videtur, distinctissima. 

REV. MUSEO LA PLATA. -- T. II. (II, 4, 1908.) 2 



— 18 — 

43. Laestadia rosae Auersw. = Sacc, Syll. I", p. 420. 

Hah. Ad folia putrescentia Rosae laevigatae in hortis Sao Paulo. 

Obü. Peritliecia ampliigena, sparsa v. laxe gregaria, siibliemisphae- 
rica (150 ¡a diam.) coriacella, contextu minute parencliymatico fere 
indistincto atro ; asci aparaphysati e cylindraceo obclavulati, ápice 
obtusiuscnle rotundati, basi subcuneati brevissime crasseque pedi- 
cellati (60 ¡x = 4 ¡x) octospori ; sporae elliptico-oblanceolatae leniter 
iuaeqiiilaterales, deorsum acutiores (15-10 ¡x = 5-0 ¡;,), continuae 
liyalinae. 

44. Physalospora melastomicola Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae amphigeuae, primo jjallescentes, dein cinereo-are- 
sceiites, limitatae, areola fuscescenti-rubescente plus minusve lata 
cinctae ; peritliecia saepius epiíjhylla, laxe gregaria minuta ; asci 
subcylindracei parce parapliysati ; sporae subaciculares, continuae, 
liyalinae. 

Hah. Ad folia lánguida Melastomaceae cujusdam, Ipiranga, Cambucy. 

Ohs. Maculae suborbiculares v. repando-angulosae (2-4 mm diam.) 
primo pallescentes dein inferné subtestaceae, superne griseae, 
eximie limitatae, areola purpurascente cinctae ; peritbecia e glo- 
boso lenticularia (80-100 ¡x diam.) glabra coriacella atra, contextu 
parenchymatico parum distincto fuligineo ; asci aj)ice obtuse ro- 
tundati v. subtruncati, deorsum leniter cimeato-attennati, brevissi- 
me crasseque pedicellati (00 ¡a = 8-9 \}) octospori, i^arapliysibus 
paucis flliformibus obvallati ; sporae lineares leniter inaequilate- 
rales utrimque subacutiuscule rotundatae (16-25 [j. ^= 3-4 ;j.) hyali- 
nae continuae, rarius diblastes v. quadriguttulatae. 

45. Ceeatostoma*? Usterianum Speg". (n. sp.) 

Diag. Subiculum nullum ; peritliecia liypopliylla pusilla sparsa nigra 
globoso-depressa longissime ostiolata ; asci fusoideo-clavulati apa- 
raphysati ; sporae elliptico-cymbaeformes continuae fuligineae. 

Hab. Ad folia coriácea arboris speciei ignotae (Myrtaceae f) cujusdam,. 
Pinbeiros perto de Sao Paulo et Ipiranga, Cambucy. \ 

Ohs. Peritbecia superflcialia arete matrici adnata, subiculo fumagi- 
neo destituta, sed bypliis paucis radiantibus repentibusque liyalinis 
ramulosis septulatis (50-150 [j. = 2-3 ;/) radicata, sparsa, vix per- 
spicua globoso-depressa (80-100 [j. diam.) glabra, coriacella, contextu 
indistincto, antice in ostiolo recto v. leniter arcuato cylindraceo 
praelongo (150-400 ¡x = 30-35 ¡j.) opaco, ápice, non v. vix subiníiato, 
e truncato penicillato-ostiolato producta; asci í^isciculati antice 
obtusi postice cuneato-attenuati longiusculeque pedicellati (p. sp.. 
38-50 [j. = 8-10 ;x — i)ed. 20-30 ;j. = 2-3 ¡x), octospori ; sporae ellip- 



— 15) - 

ticae V. cynibaeloiinos moiio-v. di-sticluic uti'iiique acutiiisculae 
(11-13 \). = 4-5,5 ;j.), plus luinusve pallide t'uli^ineae. 

Bpocies luirabilis cuín Capiiodiopsidc mirubUi V. TTcuu. non c.oni- 
paranda, a y,onere vita biopliila recedeiis et ía<ñle uovi gcneris 
typum sistens. 

40. ilYrOXYLON PAULISTANUM Speg'. (u. sp.) 

D'uKj. Clitoxylou ; stromata eruinpeuti-suporticialia subparva pulvi- 
nulata iuai\üiue obtusa, prinu> laevia pallide lateritiai deiu tusca 
squarrulosa puiictulata ; peritliecia inunersa constipata globoso- 
angulata non v. vix proniiuula ; asci cylindracei parce pseudopara- 
pbysati ; sporae elliptico-cymbiformes inonosticbae opace fuligi- 
iieae mediocres. 

Huh. Ad ramulos emortuos adhuc péndulos proj)e Sao Paulo. 

Ohs. Stromata convexo-planiuscula (1,5-5 mm diauí. = 0,5-0,7 mm) 
sparsa v. bine inde gregaria v. subcontiuentia, margine rotundata non 
V. vix repandula, primo laevia, serius squarruloso-reticulata, testacea, 
intus fusco-lateritia ; peritbecia subglobosa (120-150 ij.) coriacella 
contextu indistincto initio omnino stromati immersa, postremo, 
cortice stromatis frustulatim delapso, ostiolo prominula; asci ápice 
obtuse rotundati basi cuneati breviterque stipitati (85-100 ¡j. r= 14 ¡j.) 
octospori ; sporae utrimque obtusiusculae (20 ¡x = 10 \j) laeves. 

Species Hypoxylo fusco (Pers.) Fr. perafflnis, ascis aparapbysatis 
sporisque majoribus distincta. 

47. Sphaerella frenumbensis Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae arescentes indeterminatae amphigenae ; peritbecia 
erumpentia sparsa v. laxe gregaria minuta ; asci elliptici v. sub- 
ovati, aijarapbysati; sjjorae subclavulatae congiobatae v. disticbae 
parvae, ad septum non constrictae hyalinae. 

Hah. Ad folia lánguida Palmae pinnatifidae (Cocoes f) cujusdam 
proj)e Freuumbé. 

Obs. Maculae primo ellipticae parvae sordide fusco-testaceae sub- 
determinatae, serius i>allidiores efí'usae indeterminatae, i^ostremo 
centro late arescenti-cinerascentes (5-25 mm) ; peritbecia saepius 
epipbylla bine inde gregatim erumpentia e globoso lenticularia 
(75-100 \j. diam.), minute ostiolata, atra glabra, contextu parencby- 
matico minuto denso fusco-ftiligineo ; asci constipati, antice atte- 
nuato-rotundati crassissime tunicati postice niinute brevissimeque 
noduloso-pedicellati (30-40 ¡a = 8-10 ;x), octospori; sporae loculis 
aequilongis donatae (10-12 ¡x = 2,5-3 ¡x) polo supero obtusiusculo 
infero acutiore. 

Species Sph. Gastonis Sacc. perafünis sed biophila et sporis. 
nonnihil majoribus distincta. 



— 20 — 

48. Sphaerella mutisiicola Speg'. (n. sp.) 

Biag. Maculae epipliyllae cinerascentes siibcallosae subdeflnitae : 
perithecia pauca erumpenti-prominula piisilla atra; asci obclavulati 
aparapliysati ; sporae clavulatae subexentrice septulatae liyalinae. 

Hab. Ad folia lánguida Mutimae cujiisdam prope Sao Paulo. 

Ohs. Maculae sparsae repandae (2-10 mm.) convexulo-callosae marg-iue 
subindeflnitae subrufescentes, centro sordide cinerascentes ; peri- 
tliecia centro macularum solitaria y. pauci-gregaria erumpentia 
lenticularia (80-90 ¡x diam.), minute ostiolata, glaberrima coriacella, 
contextu minute denseque parenchymatico subindistincto atro- 
fuligineo ; asci antice obtuse rotundati crasseque tunicati, postice 
rotundato-cuneati minute stipitulati (50-60 \}. = 10-14 [j,), octospori ; 
sporae oblique disticliae v. polysticliae clavulatae rectae v. leniter cur- 
vulae, parum supra médium septatae, lóculo sui^ero elliptico ovato, 
infero cylindraceo-conoideo acutiore (18-20 ;x = 4 ¡j.), hyalinae. 

49. Sphaerella Usteeiana Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae nullae; perithecia seriata ampbigena erumpentia perpusi- 
Ua; asci ovati crassissime tunicati; sporae pusillae didymae liyalinae. 

Hah. Ad folia árida OHzae sativac prope Sao Paulo. 

Ohs. Perithecia sparsa v. seriatim constipata et erumpentia, hemi- 
sphaerico-lenticularia (50-75 ¡x diam.), atra glabra, minute ostiolata, 
membranácea, contextu parenchymatico fuligineo ; asci subfascicu- 
lati, antice attenuato-obtusati crassissimeque pedicellati (26-28 ¡j. 
= 13-14 ¡i), aparaphysati, octospori ; sporae couglobatae elliptico- 
subovatae (10-12 ;x = 3 ;;,), medio uniseptatae leniter constrictae 
utrimque obtusiusculae. 

Species a caeteris in eadem matrice vigentibus satis riteque 
distincta. 

50. Venturia Hariotiana Speg. (n. sp.) 

Biag. Maculae orbiculares determinatae arescenti-fuscae ; perithecia 
densiuscule gregaria amphigena erumpentia minuta setulosa ; asci 
subcylindracei aparaphysati ; sporae cylindraceo-ellipticae, medio 
uniseptato-constrictae, hyalinae. 

Hab. Ad folia árida subputrescentia Oncidü cujusdam,lpiranga Mo^a. 

Ohs. Maculae amphigenae majusculae impressae (5-15 mm diam.) mar- 
gine acute elevato calloso fuscescente eximie limitatae, primo 
sordide pallideque fulvellae, serius albido-cinerascentes ; perithecia 
saepe circinantia numerosa párvula (100-120 [j. diam.) globoso- 
depressa subastoma v. minute fimbriato-ostiolata, setulis patulis 
minutis (20-30 ¡x =- 4-5 ;x) fuligineis uni-cellularibus densiu- 
scule vestita, basi hyphis repentibus radiantibusque concoloribus 
(50-100 ¡j, = 6 [j.) septulatis cinta, coriacella, contextu indistincto -, 



— 21 — 

asci e cylindnu'iM» siibt'iisoidí'i ((ÍO [j. = 10 y,), anticc subtniíuíuto- 
rotniulati, postice brovissiine iiodiiloseque stipitati, ai)aiaphysati, 
octospori ; sporae obliqíie «listicliíie utriiique ucutiusculae (15-lG ;x 
= 3-4 [j.), ad so])tum constrictulae loculis iniuutc bi^iittulatis. 

Species Trichosphacrlae Hariotianoe Karst, valde afíinis ; aii 
ejusdem íorina juveiiilis ? 

51. Venti^iíia IJsTEitiANA Speg'. (n. sp.) 

I)iag. Maculae amphigenae indeteriiiiuatae pallescentes ; perithecia 
hyi)()ldiylla saoi)ius doiisiuscule eruinpeiitia-i;'re.i;ana, setulosa pii- 
¡silla afra ; asci subcyüiiíh-acei, parce pseud<)paraphysati ; si)orac 
elliptico-elongatae diblastes liyalinae. 

Hab. Ad folia viva Si/iutnthcraceae i'nii\í^(\i\\n \u Horto botánico ])au- 
listaiio. 

Ohs. Perithecia liiiic iiide gregatini eruiiipeiitia saepius hypophylla, 
areola diífusa centro fuscescente ambitii snbcinerascente indeter- 
minata v. obsolete determinata cinta, nda globosa, sicca corrngato- 
collapsa (00-100 [j. diam.) astoma ?, menibranaceo-coriacella, con- 
textu dense minuteque parencbymatico fuligineo donata, setulis 
divaricatis simplicibus 2-o-cellularibus acutis rectis (20-40 ;;,=r 4-5 ¡j.) 
funiosis adspersa ; asci e fusoideo cylindracei, antice subtruncato- 
rotundati postice breviter cnneati, pedicello brevissimo crassoque 
suífalti (50-60 [j. = 7-9 ¡a), pseudoparapliysibus paucis circumdati ; 
vsporae octonae obliqíie distichae i^arvulae (14-15 [j. = 3-3,5 ¡x), 
ápice supero obtuso infero subacutiore, medio non constrictae. 

Cuní iieritlieciis ascophoris adsunt i)eritliecia nonnulla simillima 
sporuligera, sporulis perpusillis ellipticis utrinque subacutiusculis 
(3-5 [j. = 1,5 [j.) minute biguttulatis liyalinis farcta. 

52. DiDYMELLA GLUMICOLA SpCg. (u. Sp.) 

Biag. Maculae effusae indeterminatae albescentes ; perithecia erum- 
pentia perpusilla glabra atra ; asci e cylindraceo obclavulati para- 
physati ; sporae ex elliptico subobovatae primo continuae, dein 
medio septatae, hyalinae. 

Ilah. Ad glumellas submaturas Oryzae sativae circa Sao Paulo. 

Obs. Perithecia laxe gregaria areola diftusa albescente cincta, epi- 
dermidem diu obtegentem perforantia, hemisphaerico-lenticularia 
(80-100 [j.) minute ostiolata membranácea, contextu eximie jiaren- 
chymatico fuscescente ; asci antice obtusissime rotundati crassiu- 
sculeque tunicati, postice breviter cuneati modicissime pedicellati 
(55-60 ¡j. = 10 ¡j.), octospori, paraphysibus filiformibus parum lon- 
gioribus commixti ; sporae rectae v. leniter inaequilaterales, superne 
obtusiusculae, inferné acutiusculae (10-12 y, == 2-2,5 ;/), ad septum 
non constrictae. 



22 — 



53. SphaekultNiV paulistana Speg-. (n. sp.) 

Diag. Maculae maxiinae repando-siimosae, linea callosa fuscescente 
limitatae, amphigenae, ciiiereo-albescentes perithecia sj)arsa leii- 
ticularia ernrapentia, atra; asci obclavulati aparapliysati octospori : 
sporae elliptico-elongatae, 3-septatae, liyalinae. 

Hab. Ad folia lánguida Dracenae cujnsdaní in liortis Sao Paulo. 

Ohn. Maculae saepe fere totuní foliuin ambientes ampbigenae linea 
fusca callosa limitatae, lineis pallidioribus subcircinantibus nota- 
tae, primo sordide pallideque testaceae dein arescentes albido- 
cinerascentes ; perithecia saepius epiphylla laxissime gregaria, 
inordinata, epidermide tecta, ostiolo papillulato pertuso perforata 
(120-150 \j. diam.), membranácea, contextu parencLymatico fusco- 
fuligineo ; asci antice longiuscule attenuati acute rotundati cras- 
siusculeque tunicati, postice subrotundati brevissime crasseque 
pedicellati (55-60 ;j, ^ 12 y,) ; sporae leniter inaequilaterales utrim- 
que acutiuscule rotundatae (20 ;;. = 4 ¡/), ad septa non constrictae, 
oblique di-v. tri-sticliae. 



EUDARLUCA 8peg. (n. gen. 




Chai-. Peritliecia e globoso lenti- 
cularia i)arenchymatica , glabra 
ostiolata; asci cylindracei para- 
pliysati octospori; sporae cylin- 
draceo-fusoideae liyalinae v. fu- 
mosae, 2-septatae. 

Genus i)ulcliellum in Uredmi- 
hvs (an semper f) parasiticum, 
statum ascophorum JJarlucarum 
proferens. 

54. EUDARLUOA AUSTEALIS Speg. 

(n. sp.) 

Diüff. Cbaracteribus generis in-ae- 
dita; contextu i)eritheciorum fus- 
co fuligineo. 

Hab. In Urcdiiie cannae Yint. ad 
folia viva Cannae cujusdam in 
hortis Sao Paulo. 

Ohs. Perithecia o-5-gregaria erum- 
pentia nigra glabra (80-100 ;x 
diam.) impresso-ostiolata, coria- 
cella, contextu circa ostiolum atro 



— 23 — 

opaco ambitii ]k>11u('Í(1o minute (1<mis(miiu' ]>ai'«'ii(*liyiiiatico fnli<>ineo 
(iioiicyaneo!); asci anticeobtiiserotuiidati ciassiiisctiihMiiU' tunicati, 
postice breviter cuiieati in pedicello brevissimo crassiusculoque 
producti, paraphysibiis tiliformibus longioribus obvallati ((50 ¡a = 
10 ;x), octos])ori ; sporae obliquo distichac (10-20 = 4 y.) ad scpta 
lenissimc coiistrii'tulac, lóculo medio 8aei)ius leniter tumidiore, 
juimo liyalinae serius t'umosae, utrimiue acutiusi-ule rotuudatae 
rectae v. leuissime iuaequilaterales. 

.")."). :Mktasimiakkia pai^li8TAna Speii. ("• sj).) 

J)i(((l. ^Maeulae i)arvulae determiuatae suboibiculares, ad liyi)ophyl- 
lum saepius epidermide vestitae, ad e])ipliyllum epidermide orba- 
tae pei'itliecia liyjxtpliylla subeiumi)eiitia pusilla coriacella ; asci 
ñisoideo-clavulati ])araphysati ; sporae bacillares primo l-blastae 
dein triseptatae liyalinae. 

Hah. Ad folia lauíiuida coriácea ignota Agua branca, Isolamento, 
Sao Paulo. 

Obs. Maculae numerosae suborbiculares (3-1 mm diam.), ambitu repan- 
do-determinatae, venulis calloso-incrassatulis limitatae, per aetateni 
saepe fnistulatim deciduae ac folium eroso-perforatiTm relinquentes, 
fusco-testaceae ; peritbecia pauca in quaque macula, hypophylla 
e globoso hemispLaerica (120-150 [j. diam.) papillulato-ostiolata, 
contextu indistincto oliváceo ; asci antice attenuato-rotundati sub- 
crassiuscule tunicati, postice cuneati sensim in pedicello gracili 
atteniiati (GO [j. = 6-7 ¡z), parapbysibus consijicue longioribus gra- 
cillimis densiuscule obvallati ; sporae rectae v. oblique disticbae 
non V. lenissime curvulae, polo supero obtiisiore infero acutiore 
(10-12 [j. = 2-2,5 ¡j,), ad septa non constrictae. 

56. Metasphaeria Usteri Speg. (n. sp.) 

Biag. Maculae elongatae arescentes, areola purpurascente cintae; 
peritbecia erumpenti-superticialia pusilla ; asci subcylindracei dense 
parapbysati ; sporae 5-septatae fusoideae liyalinae. 

Ral). Ad folia lánguida Sacchari officinarum in cultis, Ercila. 

Obs. Maculae anipbigenae primo totae obscure sanguineae parvae, dein 
longiusculae (10-30 mm = 2-4 mm) pallidiores subindeterminatae, 
centro arescenti-pallescentes ; peritbecia ampbigena in centro ma- 
cularum sjiarsa^ primo epidermide tecta, dein erumpentia, subglo- 
bosa (90-120 ¡j. diam.) ostiolo minuto vix papillato perforata, tenui- 
membranacea, contextu dense minuteque jiarencbymatico fuligineo ; 
asci e cylindraceo lenissime obclavulati (60 [j. = 12 ;x), ápice obtuse 
rotundati crasseque tunicati, basi brevissime noduloseque pedicel- 
lati, parapbysibus tenuibus longioribus densiusculis obvallati ; 
sporae oblique disticbae subfusiformes, primo subtorulosae grosse 



— 24 — 

6-guttiilatae, deiii 5-septatae, ad septum medinin taiituní coii.stric- 
tae, ntrimque acutiiiscnlae (20 ¡x = 4 ¡x), hyalinae. 

57. Phyllachora apiculata Speg. = Speg., Fung-. Arg. n. v. cr., 
11. 057. 

Hab. Ad folia viva Panici cujiisdaiii pi'ope Sao Paulo. 

58. Phyllachora guavira Speg. =: Speg., Fuiíg. Guar. 11°, n. 103. 
Hab. Ad folia coriácea arbusculae ignotae in hortis Sao Paulo et 

Ipiraiiga. 

59. Phyllachora ipirangae Speg. (ii. sp.) 

Biag. Maculaenullae; stromata innata minuta ampliigena orbicularia 
opaca nigra laevia, loculis epipliyllis immersis minutis : asci sub- 
cyliiidracei paraphysati ; sporae ellipticae continuae hyalinae. 

Hab. Ad folia lánguida Uugeniae cujusdam, Ipiranga Mo^a. 

Obs. Stromata planissima (1 mm diam.) ntrimque vix prominula eximie 
determinata intus extusque nigra, maculis nullis ; loculi pusilli 
(100-120 ¡j. diam.), albo-nucleati poro minutissimo ad epiphyllum 
perforati ; asci ápice subtruncato-rotundati crassiusculeque tunicati 
medio, v. parum iiifra, subincrassati, basim versus cuneato-atte- 
miati, inpedicello brevi producti (80-90 ;x^= 10-12 ¡a), parapliysibus 
filiformibus longioribus obvallati ; sporae mono-v. di-stichae ntrim- 
que subacutiuscule rotundatae (15-16 [j. t=z 8 ¡j,), primo grosse 
1-2-guttulatae dein continuae. 

Species a caeteris in MyrtaceÍH vigentibus,milii cognitis, distinc- 
tissima. 

60. Phyllachora párvula Speg. (n. sp.) 

Biag. Stromata innata amphigena minuta angulosa, ad hypopliyllum 
1-4-bullosa, nigra subopaca ; loculi globosi constipati ; asci sub- 
cylindracei paraphysati ; sporae elongato-ellipsoideae biguttulatae, 
hyalinae. 

Hab. Ad folia viva v. lánguida Lanraceae f cujusdam Morca perto de 
Sao Paulo. 

Obs. Maculae nullae ; stromata parenchymate innata polygono-angu- 
losa (0,5-1,5 mm diam.), sparsa rarius hinc inde gregaria, rarissime 
3-4-contluentia, utrimque manifesta, sed melius ad hypophyllum 
ubi 1-4-bullosa, nitidula ; loculi astomi hypophylli iiapuloso-prorai- 
nuli globoso-sublenticulares (120-150 \}. diam.), núcleo albo farcti ; 
asci ápice truncato-rotundati deorsum leniter incrassatuli, basi 
cuneati brevissime pedicellati (85-100 ¡j, = 10-14 ¡a), plus minusve 
paraphysati; sporae utrimque acutiuscule rotundatae rectae (16-18 \j. 
= 5-6 ¡jl), laevissimae. 



25 — 



Specios Ph. soda V. lleini. aftinis sed corto distincta maculis 
(leftoioiitiii piaooipuo. 

01. Phyllaciioka VERiiíEBiTYENSis Spog. = Spog., Fuiífi. (luar. I", 
n. 274. 
ITab. A(l folia lánguida Miconiae oiijn.sdain i)rope Sao Paulo. 

(>2. Phyllachora peribebuyensis Spog. rar. bmchycarpa Speg. 
Hah. Ad folia lánguida ^^('Ja,stom(lce((e cujusdam ])ropo Sao Paulo. 
Obíi. Stronuita i»ulviuulato-8uporrtcialia medio .substii)itato-a(lfixa ut 
in Coccoidea P. Henn.; specimina quae adsunt a tipo recedunt 
sporis nonnilül brevioribus (10-14 ;^, = 5-7 ;x). 

03. Phyllachora peribebuyensis Speg. var. hullosa (Wntr). 

Hab. Ad folia et ramulos vivos Melastomaceae eujusdaní Ipiranga, 

Ca ni buey ot Mo(;a. 
Ohs. Specios certe a praecedente nullomodo separanda etsi babitu 

distinctissinia ; banc ob caussam genus Coccoidea P. Henn. a Pliyl- 

lachora non liniitatuni. 

04. Phyllachora tropicalis Speg. = Speg., Fung. Arg. IIF, n. 07. 
Hal). Yulgatissinia ad folia viva Myriacearum circa Sao Paulo. 

Ohs. Pseudophacidium myrtacearum 
Eebm facillime huc ducendmn, 
sed ego semper lóculos, saepe 
magnos, sed numquam ascomata ,^ ^ 

inveni ! 

05. Phyllachora Usteriana Speg. 

(n. sp.) 
Biag. Maculae nullae; stromata 

epiphylla innata pusilla gregaria 

1-locularia; asci fusoidei apara- 

physati; sporae fusoideae utrim- 

que subglobose rotundatae. 

Hah. Ad folia coriácea arboris 

ignotae cujusdam propio Ipiranga. 
Ohs. Species a genere stromatum 

fabrica praecipue recedens. Stro- 
mata parenchymate innata ejii- 

dermide adnato-tecta, vix promi- 

nula, densiuscule subcircinantia 

pusilla (150-250 [x diam.), num- 
quam confluentia; loculiin quoque 

stromate solitarii, subglobosi 




26 



(80-100 [X diam.), núcleo albo farcti; asci ntrimqiie atteiiuati, ápice 
acntiuscule rotiindati aparapbysati v. parce pseurtoparapliysati, 
pedicello brevi suft'ulti (00 [}. = 12-15 ;j-),octospori ; sporae fusoideae 
rectae v. leniter inaequilaterales, utrimqne nodulo subgloboso 
ornatae (2G-30 [j.^= 5-C ;j.), continuae v. obsolete diblastes, byalinae. 

00. Phyllachoea vernicosa Speg. (n. sp.) 

])ia(j. Stroniata innata deterniinata lepando-an^ulosa extus nigra, ad 
epipbyllum praecipue nitidissinia, intus albida ; loculi nuraerosi 
mimiti inimersi ; asci subfusoidei aparapbysati ; sporae ellipticae 
parvae byalinae. 

Hah. Ad folia viva coriácea arboris ignotae cujusdain (Luumceae f) 
Villa Leopoldina, Lapa. 

Obs. Stromata majuscula (3-10 mm diaiii.) ad epipbyllum planissima 
nitentissima ad bypopbylluní conca^iuscula nervuloso-reticulata 
minus vernicosa, anibitu eximie a nervulis anoulose liniitata; loculi 
stromate intus albido immeisi, ad bypopbylluní minute ostiolato- 
pertusi, globosi (120-150 \j. diam.); asci e fusoideo subclavulati, 
ápice obtuse rotundati, deorsum cuneati atque in pedicello breviu- 
sculo attenuati (00-70 ¡x = 12-14 ;x), parapbysibus filiíbrmibus sat 
numerosis circumdati ; sporae recte \. oblique mono-v. di-stichae 
ellipsoideae (10-12 ■). = 5-0 •/), grosse biguttulatae v. diblastes. 

07. Phyllachoea vernicosa Speg-. xnr. pa^mlosa Speg. 

Hah. Ad folia viva coriácea arboris ignotae (Lauraccae ?) cujusdam 

in Horto botánico paulistano. 
Ohs. Varietas a typo recedit stro- 
matibus minus vernicosis et ad 
bypopbyllum, ob lóculos promi- 
nulos, minute papulosis. Ascis 
(50-00 ;a = 10 ;j.) et sporis (12-13 
[X = 8-9 [/) fere ut in tyi)o. 

08. OXYDOTIS INSIGNIA SpCg. (u. 

sp.) 
Dia(j. Maculae fuscescentes su- 
bindeterminatae ampbigenae ; 
stromata ampbigena utrimque 
convexula atra opaca subsclero- 
tiacea ; loculi minuti ad bypo- 
pbyllum ostiolati; asci elliptico- 
fusoidei parapbysati ; sporae 
fusoideae sublunatae v. sigmoi- 
deae 4-guttulatae. 




— 27 — 

Mah. A(l toliii ¡'Jiif/tiiitír ciijnsdimí jtvo])»' I]»ir!iii<iii M(M'íi. 

Obii. 8tvoin;it;i [>aiviicliymato iimata lepaiKlo-suborbiciiIaria (1-1*,") iiiiu 
(liam.) «luiiuscula subcarbonacea iiitus oxtiisiiuc iii^cnima ad epi- 
pliylluiii vi\ promiuula saepius <)bs()lcte (niu'rascA'nti-sípiarrulosa 
punctnlata \. coiicaviiuscula, ad bypophylhiin pulvinulata non v. 
vix bullosa, senqx'i' macula sórdido íuvsco-í'crniuiíu'a latinscula sub- 
deteriniíiata ciiicta : locidi ^lobosi v. c iimliía prcssioiu^ aii^^ulati 
(125-1 7.") ;xdiaiii.) núcleo allxt farcti ad liy]»oi»liy]luni a(li>rcssi,ostiolo 
minuto ]>crfoiati : asci anticc obtusi cnissiusculcíiuc tunicati jxtsticc 
cuneati brcviusculc pcdiccllati (KKMlM» ;;, ^= l.")-LM) ;;,) i)arapliysil)us 
filiformibus subloni^ioiibus obvallati ; si)orac disticliae v. conglo- 
batac utiimquc acutissimac 4-blastae (¿"io-ííO ;j, = 8 y,), «erins forsan 
didymae (40 ;x = S ;;,) utrimque appcndicc clon<;ato-conoidea 
(10-12 /) auctac. sciujk't tauu'n liyalinae. 

09. Ploweightia Hieronymi (Speg.) Speg. = Si)eg., Fung. Arg. IV", 
n. 180 (Sub DofhideUa). 
Hah. Ad raniulos ílHccharidiH cnjusdam in Horto botánico paulistano 

et iirope Ipiíanga. 
Ohs. Eamnli infecti abortivi sclerotiacei subglobosi (2-3 mm diam.) 
nigri laeves carbonacei ; locnli constipati periphaerici niinuti 
(90-100 \j. diam.) núcleo albo farcti; asci e cylindraceo obclavnlati 
(80 [}. = 18 ¡x) aparapliysati ; sporae disticliae ellipsoideo-cylindra- 
ceae utriuiqne obtnsinsculae (22-26 [x = G-7 [j.) medio nniseptatae 
non Y. tíx constrictae Lyalinae. 

70. MoNTAGiVELLA OPUNTIAIIUM Speg". == Speg., Fnng. Gnar. IF, 
n. 117. 

Hab. Ad cladodia lánguida Opuntiae cnjusdam proi)e Sao Paulo. 

71. ASTERINA DISPAR Speg. var. paraphysata Speg. 

Hah. Ad folia viva Myrtaceae cujusdam in liortis Sao Paulo. 

Obü. Specimina brasiliensia a typicis vix recedunt ascis obovatis 
(60-80 [j. = 30-40 ¡x) parapliysibus submucosis obvallatis, sporarum 
lóculo supero spliaerico (16 ¡x = 16 ;;,) infero conoideo (12 ¡x = 10 [x) 
acutiusculo, adhuc hyalinis visis. 

72. ASTERINA"? MEGALOSPERMA Speg. (u. sp.) 

Biaf/. Maculae nullae ; i^erithecia bine inde laxe gregaria astoma, 
subiculo nullo v. parcissimo cincta ; asci late obovati pseudopara- 
Ijhysibus subparenchy matice coalescentibus commixti ; sporae 
majusculae elliptico-cylindraceae, loculis serius secedentibus, 
liyalinae. 

Hah. Ad folia coriácea Myrtacearum quarnmdam circa Ipiranga. 



— 28 — 

Obs. Perithecia submajiiscula (250 y, diam.) scntata centro radiato- 
fimbriata dehiscentia, contextu siibiiidistincto brevissime pro- 
senchymatico, ambitn repaudulo-deiiticulata subiculo parcissimo e 
fibris rectiiisculis oijposite ramosis hypliopodiis destitiitis, ciiicta ; 
asci pauci substantia mucoso-parenchymatica hyalina comitati, 
antice obtusissime rotiindati postice breviter cuiieati, pedicello 
par\riilo iiodulosoque siift'ulti ((50-70 [j. = 40-50 y,), crasse tunicati 
octospori ; sporae coiíglobatae rectae v. curvulae utrimque subacu- 
tato-rotimdatae (35-4:0 ;j, =: 11-15 [x) laeves, lociilis facillime sece- 
dentibus, byalinae (an demum fu]ií>ineae "?). 

73. ASTERINA VIRESCENS Speg. (ll. Sp.) 

Diag. Maciilae nullae ; peritliecia scntata atia hypotliallo submuce- 
dineo parenchymatico-radiante subhyalino iiisidentia ; ascis sub- 
cylindracei paraphysati ; sporae siibcyliiidraceae medio 1-septato- 
constrictae, loculis diblastis, byalinae. 

Hah. Ad folia viva Bignoniaceae cnjnsdam Ipiranga Cambucy. 

Obs. Peritliecia epipliylla astoma radiatiin deliiscentia margine vix 
repandula (200-220 ¡k diam.) contextu miniitissime parenchymatico 
radiante oliváceo subopaco, areola liypotballina latiuscula ocnlo 
mido sordide albescente, siib lente e celliilis cuboideis seriatim 
radiantibiis grosse l-gnttulatis constituta, cincta ; asci subcylin- 
dracei antice obtusissime rotundati, pariim médium infra leniter 
incrassatuli, postice cuneati breviuscule pedicellati (80 ;x X 10 [x), 
parapliysibus filiformibus vix longioribus ápice minute incrassa- 
tuli obvallati octospori, jodi ope milla ; sporae oblique disticbae 
utrimque obtusiusculae (16-20 ¡j. = 1 ;x). 

Species sat dubiosa liypotliallo liclienino sed gonidiis non visis. 

74. AsTERELLA Balansae (Speg.) var. macrocarpa Speg. 

Hab. Ad folia coriácea Myrtaceae cujusdam, Villa Leopoldina Lapa. 

Obs. Specimina brasiliensia a typo recediint ascis majoribus angustio- 
ribusque (50-60 ix = 20-25 v.); sporae elliptico-obovatae (20 [;,--= 10;/), 
loculis subaequilongis sujiero ovato obtuso infero conoideo acuto, 
primo byalinae dein plus minusve intense fuligineae. 

75. ASTERELLA MELASTOMATIS (Lév.) Speg. 

Hab. Ad folia Melastomaceac cujusdam i)rope Ipiranga. 

7 6. AsTERELLA PuiGGARii (Spcg.) Spcg. = Speg., Fung. Arg. IV, n. 144. 
Sab. Ad folia coriácea arbuscnlarum ignotaruin circa Sao Paulo et 

Ipiranga. 

77. ASTERELLA VAGANS (Speg.) Speg. = Speg., Fung. Guar. II, n. 127. 
Hah. Ad folia viva Lantanae cujusdam in liortis Sao Paulo. 



— 29 — 

78. ASTERELLA VALIDA SpCJi. (ll. f^l».) 

Diag. Subiculnm epinliylhmi atium, i»eiitli('cia laxe cüii>stii)ata astoma 
sustinoiis, liyphis dousiuscule iiitertextis eft'ürmatum ; asci obovati 
aparapLysati e núcleo proligero olivascente exsurgentes ; sporae 
ellipticae 1-septato-constrictae, majores, primo hyalinae dein fuli- 
ginoao. 

Mal). A(l lolia coriácea arbusculae ignotae cujusdam Ipirauga até 
Mo^a. 

OhrS. Plagulaesiibiculi <»rbiciilares(3-Smiii diauí.) araclinoideaematrice 
arctiuscule adiiatae atro-fumosae, ex liyphis (5-7 ¡xcrass.) septiilatis 
flexuosis, hypliopodiis destitutis, efformatae ; perithecia in centro 
plagularuiu plus minusve gregaria;, dimidiata (150-220 ¡x diam.), 
stellatii)> deliiscentia margine ñmbriatula membranácea contextu 
dense i)arenchymatico radiante subpellucido donata ; asci antice 
obtusissimi crasseque tunicati postice rotundato-cuneati brevissime 
minuteque pedicellati e nodulo centrali subparencbymatico chlorino 
exsnrgentes (70 [j, = 50 ¡j.) octospori, túnica i^er aetatem fuscescen- 
te ; sporae conglobatae medio validiuscule constrictae utrimque 
obtusiusculae (28-o0 ¡x = 12 ;x) loculis subisomorphis. 

79. Seynesia brasiliensis Speg. (n. sp.) 

Biag. Perithecia submajuscula plagulis nubilosis subiculi, bypliis 
septulatis hypliopodiis destitutis, conflati insidentia ; asci ellipsoi- 
dei dense parapliysati ; sporae elliptico-obov^atae medio uniseptato- 
constrictae. 

Hah. Ad folia coriácea arboris ignotae cujusdam Ipiranga até Cam- 
bucy. 

Ohs. Subiculnm epipliyllum quandoque vix evolutum araclinoideum 
quandoque membranaceum arete matrici adhaerens i^lagulas sub- 
orbiculares (2-5 mm diam.) saepe confluentes eíformans, hyphis 
reticulato- intertextis septulatis (5-6 ¡x crass.) constitutum -, peri- 
thecia laxe gregaria vix convexula (250 [/ diam.) ostiolo majusculo 
(25-30 [j. diam.) pertusa, coriacella opaca, contextu indistincto 
ambitu vix creniúato-fimbriata ; asci antice subtruncato-rotundati 
crasseque tunicati postice cuneati breviter crasseque stipitati 
(80-100 [j. = 20-25 [j.), paraphysibus filiformibus vix longioribus 
densiuscule obvallati ; sporae oblique distichae medio validiuscule 
constrictae (24-25 ¡j. = 12 [x), loculis subaequilongis^ supero ovato 
obtusiore infero subconoideo acutiore, diu hyalinae, postremo 
fuligineae. 

80. ASTERIDIUM PAULISTANUM Speg. (n. sp.) 

Diag. Perithecia epiphylla laxe gregaria subiculo destituta párvula 
ambitu flmbriato-reticulata astoma, stellatim dehiscentia ; asci 



30 





obovati aparapliysati ; sporae elongato-subclavulatao 5-9-septatae 
ad septum médium tantum constrictae hyalinae. 

Hab. Ad folia coriácea Myrtacearum prope Ipiranga. 

Ohs. Peritliecia larissime Lypophylla matrice arctiuscule adnata 
dimidiato-scutata centro prosenchymatica ambitu subanhysta pal- 
uda, margine reticulatim fimbriolata (150-200 ;j, diam.); asci antice 
obtuse rotundati crasseque tunicati postice cuneati brevissime eras- 
seque iiedicellati (00-70 [j. = 25-30 [x) octospori ; sporae conglobatae 
rectae v. lenissime curvulae utrimque acutiuscule rotundatae 
(32 36 ¡j, = 6-7 [/) primo 5-, dein 7-, postremo 9-septulatae, liyalinae. 
Species vulgata sed fere semper sterilis. Micropeltis membranácea 
Speg., Fiing. Puig'. n. 366, peritheciis astomis donata ad lioc genus 
pertinet et Asteridium memhranacenm Speg. vocanda. 

81. Saccakdinula Usteeiana Speg. (n. sp.) 

Biag. Subiculum nullum v. vix manifestum; peritliecia sparsa dimidia- 

ta convexula pusilla astoma 
stellatim dehiscentia; asci 
obovati aparapliysati^ sporae 
mediocres, o-7-muraliter sep- 
tatae, primo túnica mucosa 
ampia vestitae. 
Hah. Ad folia coriácea Coffeae 
et Myrtacearum in Horto 
botánico i)aulistano. 
0//.S'. Peritliecia saepius liypo- 
l)liylla sparsa v. liinc inde 
laxe gregaria liemisi)liaerico- 
peltata (100-120 ;j. diam.) 
convexula coriacella contextu 
indistiiicto, centro per aeta- 
tem stellatim deliiscentia,. 
margine fimbriatula atque 
subiculo tenuissimo parcissi- 
moque toruloso-celluloso cinc- 
ta asci antice obtusissime 
rotundati crassiusculeque tu- 
H nicati postice subrotundato- 

cuneati brevissime crasseque pedicellati (50-60 \i = 20-10 ;j.) apara- 
lihysati octospori ; sporae conglobatae elliptico-fusoideae utrimque 
obtusiusculae primo dense cribroso-guttulatae (35 ;x r= 10-12 ¡x), 
túnica crassissima (5 [j. crass.) mucosa liyalina vestitae dein trans- 
verse 7-septatae, ad septa constrictae, praecipue ad médium, loculis 




— 31 — 

septis alteris long- itudinnlibiis 1 v. L* «livisis, imdií v. foro soinper 
(25 28 ij. = S-10 y.), liy:iliii:i. 

Spocies Yiiljiata videtur, sporis iiiucoso-vestitis niox digiiosceiula. 

82. MiriíopiiYMA PuiGGAiíii Speg-. == Sp^í»., Fuiíj^-. Piiij^'. n. 332. 
Hnh. Ad folia viva Spircac cantouicnsis in llorto botánico paiilistano. 

83. COOKELLA PAULISTANA SpCfi'. (ll. Sp.) 

I)i(((j. Stroiiiata leiiticiilaiiapiisillaatra glabra; asci obovati deorsiim 
iiinboiiati octospori ; sporae ellipticae triseptatae, loculis septo 
altero longitudinal i divisis, liyalinae. 

Hab. Ad folia viva Bt'yiioniaceae cujusdaní in dumetis Ipiranga até 
Cambucy. 

Obs. Subiculum et maculae nullae ; stromata amphigena superflcialiar 
(150-200 ;j, diam.) atra coriacella intns pulposo-albida ; asci palpa 
immersi nnmerosi subpyriformes (40 ¡j. = 30 ¡x) antice obtnsi eras- 
seque tunicati postice umbonati ; sporae conglobatae utrimque 
obtusae (18-20 \j. = 9-10 y.) ad septum médium constrictae. In iisdem 
stromatibus adsunt loculi pusilli (50 ;x x 30 ¡j.) penicillum sterig- 
matum flliformium (30 [i X 1 [j) hyalinorum gerentes atque sporulis 
ellipsoideis continuis utrimque acutiusculis (4-5 ;x = 1,5 y.) cblo- 
rinulis farcti. 

81. Lecanidium paulistanum Speg. (n. sp.) 

Diag. Ascomata erumpenti-saperficialia i^arva sessilia margine acuta 
integra, disco fusco-nigrescentia, intus alba ; asci cylindracei con- 
stipati parapliysati ; sporae triseptatae liyalinae. 

Hab. Ad ramulos emortuos arbusculae ignotae cujusdam Ipiranga. 

Obs. Maculae nullae ; ascomata i^atellaria sessilia dorso convexula 
nigTa, disco planiusculo imijressa, margine augusto acutiusculo 
calloso cincta, intus alba, coriácea (0,5-1,5 mm. z=: 0,25-0,75 mm); 
asci e cylindraceo subclavulati ápice subtruncato-rotundati, postice 
attennati atque in pedicello breviuscnlo producti (90-100 \j. = 
12-14 ¡j.), jodi ope leniter coerulescentes, paraphysibus filiformibus 
parum longioribus ápice fusco-coalescentibus densis obvallati ; 
sporae rectae v. leniter curvulae utrimque obtuse acutatae (1 G-20 i). 
= 4-6 y.) ad septa constrictulae, loculis grosse uui-guttulatis. 

85. Phytophthoka infestans (Mntgu.) DBy 

Hah. Ad folia lánguida Lycopersici esciilenti in liortis Sao Paulo. 

86. Plasmopaea vitícola (Berk. et O.) Berl. et De Toni 

Hah. Ad folia lánguida Vitis viniferae in Escola Polyteclinica, Sao- 
Paulo. 



— 32 — 

87. Phyllosticta adeloica Speg. (n. sp.) 

Bia. Maculis ampliigenis irregularibus eximie limitatis cinereo-are- 
scentibus ; peritlieciis saepiíis epiphyllis piisillis latissime ostiola- 
tis ; sporulis cylinclraceo-ellipticis minutis. 

Hdb. Ad folia coriácea arbusculae ignotae cujiisdam Cambucy Ipi- 
ranga. 

Ohs. Maculae repando-orbicnlares v. angulosae (2-8 mm diam.), am- 
bitu linea angiistissiiua, inferné incrassatulo-callosa concolore, 
superne plana fuscescenle cinctae, sordide cinereae; perithecia 
erumpenti-snperficialia laxe gregaria (60-90 ;x diam.) ostiolo late 
aperto (20-30 mm diam.) iimbilicato-perforata, tenui membranácea 
contextu minute denseque parencliymatico fuligineo ; sporulae 
rectae v. leniter inaequilaterales utrimque subacutiuscule rotun- 
datae (4-6 ¡j. = 2 \j) liyalinae. 

88. Phyllosticta agnostoica Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis amphigenis suborbicularibus fusco-determinatis ; peri- 
tlieciis epiphyllis laxe gregariis lenticularibus astomis % nigris 
glabris ; sporulis ellipsoideis minutis biguttulatis. 

Hah. Ad folia viva Cedrelae f cujusdam prope Cambucy Ipiranga. 

Obs. Maculae non v. parce repandulae (2-5 mm diam.) ad liypophyl- 
lum ferrugineae ambitu obscuriores, ad epipbyllum plus minusve 
sordide cinerascentes nitidulae ambitu zona stricta testacea eximie 
limitatae ; perithecia centro macularu^i 1-5-laxe aggregata, primo 
tecta dein erumpentia, lenticularia (80-100 [x diam.) coriacella, 
contextu indistincto opaco fusco-atro ; sporulae saepius rectae 
utrimque subacutiusculae (5-6 ¡j, = 1,5-2 ¡x) hyalinae. 

89. Phyllostiota aporoica Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis repandis amphigenis fusco-limitatis sordide cinera- 
scentibus, arescentibus ; peritheciis pusillis erumpentibus minute 
ostiolatis glabris nigris ; sporulis subcylindraceis grosse bigut- 
tulatis. 

Hah. Ad folia arboris ignotae cujusdam in Horto botánico paulistano. 

Ohs. Maculae amphigenae repandulo-angulosae, linea non callosa 
saepius augusta sordide ftisco-testacea cinctae (3-10 mm diam.) 
inferné fere semper pallide lateritiae et, quandoque Coccis tectae, 
superne primo fusco-cinerascentes dein albescentes ; perithecia laxa 
sparsa lenticularia (60-80 ;j. diam.) poro minuto pertusa, contextu 
minute denseque parenchymatico fuligineo ; sporulae rectae v. in- 
aequilaterales utrimque obtusiuscule rotundatae (4-6 ¡j, = 1,5-2 ¡x) 
hyalinae sterigmatibus parum longioribus tenuissimis concoloribus 
suffultae. 



— 33 — 

90. Phyllosticta Cakicae-papayae Alk'scli. = Sacc, Syll. Fung. 

XP, p. 475. 
Hab. Ad folia viva Caricae papa yac iii Iloito botánico Sao Paulo. 

91. Phyllosticta eriobotryae Tluiein. = Sacc, Syll. Fiing- 111°, 

p. 5. 
Sah. Ad folia lánguida Eriobotryae japonicae, Ipiranga Moí^a. 

92. Phyxlosticta heterospora Speg. (n. sp.) 

Biag. Maculis ami>higenis indeteiininatis i)allescentibus ; peritheciis 
epiphyllis laxe gregariis late ostiolatis ; sporulis ellipticis v. obo- 
vatis medio tumidulis aut eoarctatis continuis v. rarius 1-septatis. 

Hah. Ad folia lánguida plantac cujusdam in Horto Escola Polythec- 
nica Sao Paulo. 

Ohs. Maculae suborbiculares (5-10 mm diam.) centro biülosae circi- 
natim rugulosae, ambitu indeflnitae fuscescentes ; peritliecia minuta 
(60-80 \j. diam.) tecto-prominula epiphylla glabra olivácea, ostiolo 
majusculo (20 ;x diam.) perforata, tenui membranácea, contextu oli- 
váceo dense minuteque parenchymatico donata : sporulae rectae v. 
inaequilaterales utrimque obtusiusculae (8-11 [j. == 4-5 [j) hyalinae. 

93. Phy^llosticta humerispora Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis saepius epiphyllis minutis callosis pulvinulatis sub- 
determinatis ; peritheciis paucis pusillis ostiolatis ; sporulis bacil- 
laribus utrimque rotundato-incrassatulis majusculis. 

Hab. Ad folia lánguida arbusculae cujusdam (Cestrum f) in Horto 
botánico paulistano. 

Obs. Maculae repando-orbiculares (0,5-2 mm diam.) convexo-promi- 
nulae areola angustissima fusco-viol aséente sublimitatae cinereae 
saepe confluentes ; perithecia lenticularia (90-120 ¡x diam.) innato- 
prominula solitaria v. pauci-gregaria, glabra, ostiolo minuto, oliva- 
cea; sporulae saepius rectiusculae (14-16 [). = 1,5-2 [x) non v. grosse 
guttulatae hyalinae. 

Species a Ph. ulnispora Speg. (Ph. osteospora Speg. (non Sacc.) 
Fung. Puigg. n. 408) longissime recedens ñeque comparanda. 

94. Phyllosticta? leptosperma Speg. (u. sp.) 

Diag. Maculis nullis v. obsoletis ; peritheciis numerosis gregariis 
erumpentibus glabris ; sporulis suballantoideis hyalinis. 

Sab. Ad folia coriácea arboris cujusdam ignotae, Ipiranga Mo9a. 

Obs. Perithecia epiphylla epidermide tecta dense gregaria plagulas 
nubilosas subcinerascentes v. confluendo difformes efficentia, e 
globoso lenticularia astoma ! ferruginea glabra membranaceo-car- 
nosula, contextu teataceo minuto denso subimperspicuo ; sporulae 

REV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (II, 4, 1908.) 3 



— 34 — 

cylindraceae rectae v. leniter ciirvulae utrimque obtusiuscule ro- 
tundatae (4-5 \}. = 1 \j.) eguttulatae. 

95. Phyllosticta Usteri Speg. (ii. sp.) 

Diag. Maciiüs irregularibus amphigenis inferné testaceis superne ci- 
ñereis stricte calloseque limitatis ; peritheciis epiphyllis ostiolatis 
glabris parum numerosis ; sporulis ellipsoideis miniitis liyalinis. 

Hab. Ad folia lánguida Coffeae arahicae in Horto Escola Polytechnica 
Sao Paulo. 

Obs. Maculae jjrimo orbiculares (3-5 mm diam.) dein confluendo dif- 
formes ac saepe totum folium occupantes, ad bypoi^hyllum laeves 
nitidulae sordide testaceae ad epipliyllum centro sordide cinera- 
scentes ambitu pallidiores v. subpurpurascentes, non v. vix circi- 
natim rugulosae, linea angustissima callosa, ad liypoi^hyllum prae- 
cipue elevata, abrupte limitatae; perithecia epiphylla sparsa v. 
laxe gregaria epidermide tecta prominula depressa (50-90 ¡j. diam.) 
membranácea contextu parum distincto parenchymatico fuligineo ; 
sporulae rectae v. leniter inaequilaterales utrimque acutiuscule 
rotundatae (4-6 ¡i = 1,5-2 ¡a) eguttulatae. 

96. Macrophoma paulistana Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis nullis ; peritheciis sparsis erumpentibus minutis gla- 
bris ; sporulis cylindraceis majusculis. 

Hab. Ad ramulos vivos et lánguidos Melastomaceae cujusdam Cam- 
bucy Ipiranga. 

Obs. Perithecia lenticularia (80-100 [a diam.) epidermide velata vix 
prominula ostiolo mediocri perforata, membranaceo-coriacella, con- 
textu fusco fuligineo dense minuteque i^arenchymatico ; sporulae 
rectae, rarissime medio leniter subattenuatae, utrimque rotundatae 
(24-26 [j, = 6 [j,), primo 2-4-guttulatae dein eguttulatae, hyalinae. 

97. Chaetophoma incrustans Speg. (n. sp.) 

Diag. Peritheciis subiculo stati ascophori insidentibus pusillis glabris 
ostiolatis ; sporulis elliptico-obovatis biguttulatis hyalinis. 

Hab. In subiculo Dimerii incrustantis ad folia ignota Ipiranga. 

Obs. Perithecia hinc inde laxe gregaria subglobosa (50-80 [x diam.) 
minute ostiolato-pertusa atra tenui membranácea, contextu mi- 
nute parenchymatico oliváceo ; sporulae rectae v. inaequilaterales 
(4-6 [j. = 2 ¡x). 

98. Chaetophoma meliolicola Speg. (n. sp.) 

Diag. Peritheciis ostiolatis hemisphaericis glabris nigris pusillis 
subiculo stati ascophori insidentibus ; sporulis subcylindraceia 
utrimque obtusissimis i^arvis. 



— 35 — 

Hab. Aíl subiculuin IHmerosporii meliolicoli ad folia Gaseariae cujus- 
dam Ipiranga até Cambucy. 

Obn. Perithecia liiiic iiide laxe pauci-gregaria (75-90 [j. diam.) ostiolo 
umbouato portbrata membranácea contextu pareiichymatico mi- 
nuto fuligintío ; sporulae rectae utrimque obtusissime rotundatae 
(8-10 ;j. = 3-3,5 ¡x) biguttulatae liyalinae. 

99. Chaetophoma microspora Speg-. (n. sp.) 

Diag. Peritlieeiis in subiculo steiili parasitantibus subiculo proprio 
submembranaceo i)aiencbymatico insidentibu.s subglobosis umbo- 
natis glabris nigris ; sporulis pusillis elliptico-ovatis. 

Hab. Ad folia viva Spireae cmitoniensü in Ilorto botánico paiilistano. 

Obs. Perithecia bine inde laxe gregaria, snbiculo tenuissimo paren- 
cbymatico liyphas Asterinae f cujusdam sterilis bypophyllae in- 
crustante suñulta, e globoso pyriformia v. sublageniformia (30-50 jx 
diam.), ostiolo-perforata, pellucida, contextu dense minuteque pa- 
renchymatico oliváceo ; sporulae rectae, utrimque obtusiusculae 
(2-2,5 ;j, = 1-1;25 ¡x) eguttulatae, hyalinae. 

100. Chaetophoma paulistana Speg. (n. sp.) 

Didg. Peritheciis in subiculo fumagineo quodam, epiphyllis, astomis 
globoso-depressis glabris ; sporulis ex elliptico ovatis minutis. 

Hab. Ad folia coriácea arboris cujusdam ignotae, Cambucy Ii^iranga. 

Obs. Perithecia sparsa v. hinc inde pauci-gregaria pusilla (50-100 ¡^. 
diam.), subiculo heterogéneo ? oliváceo superflcialia, membranácea, 
contextu dense minuteque parenchymatico fuligineo ; sporulae 
ellipticae ovatae v. subnaviculares utrimque obtusae (4-6 ¡x = 2 ¡x) 
saepe medio leniter coarctatulae minute biguttulatae hyalinae. 

101. Ypsilonia vagans Speg. (n. sp.) 

Biag. Peritheciis hemisphaerico-depressis glabris astomis subiculo 
stati ascophori insidentibus; sporulis continuis setulis tribus triplo 
longioribus coronatis. 

Hab. In subiculo Zulmliae vagantis ad folia arbuscularum in Horto 
botánico paulistano. 

Obs. Perithecia pusilla (75-90 ¡j. diam.) nigra membranácea, contextu 
minuto denso subimperspicuo, sparsa v. laxe gregaria (an inferné 
aperta ac dimidiato-scutata!); sporulae e sterigmatibus mox dif- 
fluentibus ipsas aequantibus ternatim exsurgentes, lineares (10-15 ¡x 
= 1-1,25 ¡x) continuae hyalinae ápice setulis tribus rectis acutis 
(30-50 [j. = 1 ¡x) concoloribus coronatae. 

In foliis Spireae cantoníensis adest forma altera (an siaeciesf) 
cujus sporulae setulis duobus triplo longioribus altera ipsas tantum 
aequante coronatae. 



— 36 — 

102. CiciNNOBOLUS Cesatii DBy = Sacc, Syll. Fimg. IIP, p. 216. 
Hab. Ad folia lánguida cujusdam in Horto Escola Polytechnica Sao 

Paulo. 

103. AcTiNONEMA ROSAE (Lib.) Fr. = Sacc, Syll. Fimg. III", p. 408. 
Hab. Viilgatum ad folia viva v. lánguida Rosarum in hortis Sao 

Paulo. 

104. Phoma glumicola Speg-. (n. sp.) 

Diag. Maculis cinerascentibus subdeteiminatis; peritheciis erumpen- 
ti-innatis ostiolatis; sporulivS parvulis elliptico-avatis. 

Hab. Ad glumas Oryzae sativas in horto Escola Polytechnica Sao 
Paulo. 

Obs. Maculae parum manifestae saepe totam matricem occupantes ; 
perithecia laxe gregaria lenticularia (75-100 \). diam.) glabra atra 
ostiolo latiusculo perforata tenui-membranacea, contextu grosse 
parenchymatico, fuligineo ; sporulae rectae v. leniter inaequilate- 
rales, utrimque obtusiusculae (4-.5 [;. = 2 ¡x) eguttulatae. 
Status sporuliferus Phomae ghimiculae Speg ! 

105. Phoma Usteriana Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis nullis ; peritheciis pusillis seriatis glabris ostiolatis ; 

sporulis subcylindraceis hyalinis. 
Hab. Ad folia árida Orizae sativae in horto Escola Polytechnica Sao 

Paulo. 
Obs. Perithecia dense seriatim constipata, primo epidermide velata, 

dein erumpenti-prominula, ex hemisphaerico depressa (75-90 [j. 

diam.), ostiolo latiusculo perforata, membranácea, contextu parum 

distincto oliváceo ; sporulae rectae v. leniter curvulae utrimque 

obtusiusculae (6-8 ;x = 2 ;/) eguttulatae. 

Facillime statum sporuligerum SphaereUae Usterianae Speg. 

sistens. 

106. CoNiOTHYRiUM Hariotianum Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis orbicularibus amphigenis arescentibus cinerascentibus 
margine elevato acuto limitatis ; peritheciis subglobosis erumpen- 
tibus subpuberulis obsolete ostiolatis ; sporulis late ellipticis 
hyalinis, 

Hab. Ad folia lánguida Oncidii cujusdam, Ipiranga Mo5a. 

Obs. Maculae sparsae orbiculares (5-10 mm diam.) centro cinera- 
scentes v. albescentes, margine fuscae ; perithecia epidermide 
velata vix prominula dense gregaria, circinantia (60-80 ¡j. diam.), 
coriacella, contextu indistincto atro, obsolete puberula et ostiolata; 
sporulae non v. vix inaequilaterales utrimque obtusae (6-8 [j. = 4 \j.) 
minute biguttulatae olivaceo-fuligineae. 



— 37 — 

Species statum stylositoriciim Vcnturiac Hariotianae Speg. 
sistens. 

lOO^K DAKLUCA AU8TUALIS SpOji. = S]H'Ji-., Fuil^. J>nai'. 11, II. KM». 

Hah. Iii UredinibKN pliiribus in liortis vnlgata, Sao Taulo. 

LONCHOSPERMELLA Spoj»". (ll. JiCll.) 
Cha)'. Poritliecia subiilobosa aiiticc umlxmato-ostiolata aiiliista, po- 
stice sessilia, pareiichyíiuitica ; sponilae laiiceolatae iii sterigma- 
tibus subglobosis quaternatim acrogeiíae coutinuae v. diblastes 
hyalinae. 

Gemís Hyalodennatum statum stylosporicnm sisteiis. 

107. LONCIIOSPEllMELLA TETRASPüRA SpOg. (ll. !Sp.) 

Diag. Peritlieciis pusillis sparsis in siibiciilo Melíolae parasitantibus 

glabris ; sporulis basi abraj^te obtuseque coarctato-umbonatis, 

saopius (liblastivS. 
Hah. A(l folia coriácea plantae igiiotae ciijiisclaní, siibiciilo líeliolae 

laxae insidens, Ipiranga Moga. 
Obs. Perithecia atra (100 \}. alt. = <S0 ¡x fliani.); sporulae aiitice acu- 

tissimae (30 ;a = 7-8 \j) erectae, sterigmate e globoso subobovato 

(5-6 \}. diam.) concolori insititiae. 

108. Septoria baccharidicola Speg. (ii. sp.) 

Diag. Maciilis ampliigenis determinatis fiiscis parvis ; peritheciis 
epiphyllis iiinatis ostiolatis ; sporulis bacillaribus, obsolete trisep- 
tatis, liyalinis. 

Háb. Ad folia Baccharídis speciei ciijasdam prope Sao Paulo. 

Obs. Maculae orbiculari-repandulae parvae (1-5 min diam.) linea callosa 
atra limitatae, centro sordide subtestaceae ; perithecia lenticularia 
(75-80 ;j. diam.) innato-erumpentia membranácea, glabra iiigra, primo 
epiderinide tecta dein eriimpentia, ostiolo latiusculo perforata, 
contextu minute <lenseque parenchymatico fuligineo ; sporulae e 
cylindraceo lenissime siibclavulatae, superne obtusiusculae inferné 
acutiusculae (30-35 [j. =: 3 [j), rectae v. sigmoideae. 
Species cum ^ept. pingreae Speg. non comparanda. 

109. Septoria drymidicola Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis amphigenis callosis determinatis fuscis ; peritlieciis 
perpusillis epipliyllis ostiolatis ; sporulis capillaribus flexuosis 
continuis hyalinis. 

Hab. Ad folia lánguida Drymidis cuiusdam in liortis Sao Paulo. 

Obs. Maculae irregulariter orbiculares pulvinulato-prominulae sub- 
orbiculares (3-5 mm diam.) eximie determinatae fuscescentes ; pe- 
rithecia centro macularum laxe gregaria innata lenticularia (65-80 [x 
diam.) tenui membranácea, contextu denso subimjierspicuo oli- 



— 38 — 

vaceo ; sporulae arciiatae v. sigmoideae utrimqiie acutíusculae 

(25 ;x = 1 [J.). 

110. Septokia eugeniicola Speg. = Speg., Fiing-. Guar. n. v. cr., 
n. 138. 

Hab. Ad folia lánguida Myrtacearum in lioitis circa Sao Paulo. 

111. Septoria iiydbocotylicola Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis ampliigenis determinatis testaceis areola latiuscula 
atro-violascente cinctis ; peritheciis saepius epipliyllis iiinatis pu- 
sillis ostiolatis ; sporulis filiformibus pluiiseptulatis byalinis. 

Hah. Ad folia lánguida Hydrocotylis cujusdam circa Sao Paulo. 

Obs. Maculae repando-orbiculares (0,5-4 mm diam.) nitidulae saepe 
confluentes, areola pro ratione latissima ad epiphylluní praecipue 
ornatae ; peritliecia lenticularia (60-70 ;j, diam.) membranácea con- 
textu j)arencliymatico fuligineo sporulae rectae v. flexuosulae 
utrimque acutiusculae (10-50 ;j. = 1 [j.) obsolete 3-septatae. 

Se2)t. Spegazzinii Sacc. aftinis sed maculis areola latissima atro- 
violascente cinctis distincta. 

112. Septoria Ipiranciae Speg. (n. sp.) 

Biag. Maculis amphigenis subt)rbicularibus determinatis arescenti- 
pellucidis ; peritbeciis epiphyllis innatis minimis ostiolatis ; spo- 
rulis arcuatis v. uncinatis continuis byalinis. 

Eah. Ad folia lánguida Bignoniaceae cujusdam Cambucy Ipiranga. 

Obs. Maculae luce transversa inspectae translucidae, areola discolori 
destitutae, eximie determinatae (2-5 mm diam.); perithecia depresso- 
lenticularia (60-80 ]j. diam.) nervulis insidentia latiuscule perforato- 
ostiolata, tenui membranácea, contextu parenchymatico oliváceo ; 
sporulae utrimque acutiusculae (30 ¡j, = 1 ;x). 

113. Septoria oryzae Catt. var. brmiliensi.s Speg. 

Hab. Ad glumas lánguidas Oryzae sativae in Escola Polychtenica 

Sao Paulo. 
Obs. Specimina brasiliensia a typo recedunt, sporulis 2-5-septulatis, 

subcrassioribus (20-30 ¡x = 3 ;j,), leniter chlorinulis. 

114. Septoria rosarum West. var. leptosperma Speg. 
Hal). Ad folia Eosarum in liortis Quedas Sao Paulo. 

Obs. Maculae parvulae sabindeterminatae candidae areola atro-vio- 
lascente cinctae; perithecia epidermide nigrificata tecta adnataque 
(60-90 [j. diam.) núcleo byalino farcta ; sporulae curvulae v. flexuo- 
sulae continuae utrimque acutiusculae (30-50 ¡j. z=z 1 ¡j.), hyalinae. 

115. Septoria tomates Speg. (n. sp.) 

Biag. Maculis parvis bullosis sordide subtestaceis ; peritlieciis bypo- 



— 39 — 

phylliis iiiiiato-promiiiulis ostiolatis luinutissiiiiis; sponilis filifor- 
mibus (►bsolete Hoptiilatis. 

Hah. Ad folia lánguida Lycopersíci eaculenti in liortis Silo Paulo. 

Ohs. ]Ma(*ulao suborbiculaios (l-.'> muí diauí.) sao])e couílucudo totuui 
foliuui obtejieutes, subiudeteiiuiuatac, ad ('i)i[)liyHuui coudaviuHcu- 
lae, e fusco sordide subtestaceae ; perithecia solitaria v. laxissime 
pauci-<;rej>aria liyi)<)pliyHa, innata leuticulaiia (00-1)0 ;xdiani.), tenui 
membranácea contextu paienchymatieo fuligineo ; sporulae arcua- 
tulae V. subsigmoideae (.50-50 [). = 1 ¡j.) liyalinae. 
A Sept. Lycoperdci Speg. toto coció rccedens. 

Phaeoseptoria Speg\ (n. gen.) 
Ghar. Est Septoria sporulis olivaceis distincta. 

116. Phaeoseptoria papayae Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis niinutis candidis anguloso-suborbicularibus determi- 
natis ; peritheciis epiphyllis pusillis atris glabris ostiolatis ; spo- 
rulis bacillaribus arcuatulis olivaceis. 

Hah. Ad folia lánguida Caricae papayae in Horto botánico panlistano. 

Obs. Maculae angulato-snborbiculares (0,5-3 mm diam.) calloso-con- 
vexulae candidae determinatae, areola destitutae, saepe conflu- 
entes ; perithecia laxe gregaria innato-superficialia lenticularia 
(60-90 [). diam.) membranácea, contextu minute parenchymatico 
oliváceo ; sporulae lenissime fusoideae v. obsoletissime clavulatae 
continuae v. 1-3-septatae, utrimque acutiuscule rotundatae (30 [x 
= 3 -x). 

117. Leptothyrium microstomum Speg. (u. sp.) 

Diag. Peritheciis epi-v.-hypo-phyllis saepius hinc inde densiuscule 
aggregatis perpusillis nigris glabris ; sporulis ovatis minutis hya- 
linis. 

Hah. Ad folia Lauraceae cujusdam Ipiranga Moga. 

Obs. Maculae nullae ; perithecia dimidiato-scutata (70-80 [x diam.) 
subiculo destitnta, ostiolo párvulo (5-8 [x diam.) perforata, margine 
vix fimbriata, membranácea, contextu ijarechymatico radiante fuli- 
gineo ; sporulae utrimque obtusissimae (6-8 ¡x = 4 ¡x) eguttulatae. 

118. ACTINOTHECIUM CALLICOLA Speg. (n. Sp.) 

Diag. Maculis epiphyllis orbicularibus subdeterminatis pallidis cras- 
se callosis; peritheciis centro macularum confertis astomis stellatim 
dehiscentibus subiculo destitutis pusillis ; sporulis subcylindraceis 
hyalinis. 

Hab. Ad folia viva Eugeniarum in hortis Ipiranga. 

Obs. Maculae eximie orbiculares (1-3 mm diam.) ad epiphyllum con- 
vexulae pallescentes bene determinatae, ad hypophyllum non ma- 



— 40 — 

nifestae sed bulloso-coiicaviiisculae ; peritliecia dimidiato-scutata 
(80- 120 ;j. diain.), matrici arete adnata, membranácea, contextu 
prosenchymatico radiante fuligineo, ambitu subintegerrima ; sporu- 
lae rectae iitrimque acutiuscule rotundatae (10-14 [}. = 2-2,5 ¡j) 
coutiniiae non v. obsolete guttnlatae. 

119. ACTINOTHYRIUM CALLICOLA Speg. (n. Sp.) 

Diag. Maculis epipliyllis callosis determinatis subicnlo nullo ; peri- 
theciis perpusillis astomis nigris ; spornlis filiformibus non v. 
1-septatis hyalinis. 

Hab. Ad folia lánguida Uugeniarum socio Actinothecio callicola, 
Ipiranga. 

Ohs. An status leptospermigerus praecedentis, cum quo eodem tem- 
pore viget ! Maculae ut in priore ; perithecia dimidiato- scutata 
(30-60 [A diam.) membranácea, contextu parenchymatico radiante 
fuligineo, ambitu \^ix denticulata; sporulae arcuatulae utrimque 
acutae (10-25 ¡x = 1 \j). 

120. Gloeosporium apiosporum Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis testaceis amphigenis determinatis i^arvis ; acervulis 
fuscis pusillis ; conidiis ex elliptico subpyriformibus hyalinis. 

Hab. Ad folia lánguida Coffeae cujusdam in Horto botánico pauli- 
stano. 

Ohs. Maculae repando-orbiculares (1-4 mm diam.) sordide testaceae, 
ad epiphyllum areola purpurascente cinctae, ad liypoi)liyllum areola 
destitutae ; acervuli sparsi erumpentes (60-80 \j. diam.) epidermide 
infuscata din tecti ; conidia utrimque obtusa (14-16 ¡j. = 7 \j) con- 
tinua V. obsolete diblasta in sterigmatibus conicis (10-15 \}. r= 5 ¡x) 
concoloribus solitarie acrogena. 

121. Gloeosporium bignoniaceabum Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis orbicularibus amphigenis cinereo-albicantibus deter- 
minatis, areola atro-cyanescente lata cinctis ; acervulis epiphyllis 
sparsis minutis ; conidiis subcylindraceis mediocribus biguttulatis 
hyalinis. 

Hab. Ad folia viva Bignoniaceae cujusdam, Ipiranga Cambucy. 

Ohs. Acer\aili lenticulares (75-100 ¡j, diam.) epiphylli sparsi maculis 
parvis (1-5 mm diam.) albescenti-cinerascentibus insidentes ; coni- 
dia recta v. inaequilateralia saepe medio coarctatula utrimque 
rotundata (12-14 y. = 5-6 ¡x) in sterigmatibus subconoideis (10 p, = 
4-5 \).) e strato proligero fuscidulo exsurgentibus solitarie acrogena. 

122. Gloeosporium paulistanum Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis determinatis pallide testaceis amphigenis; acervulis 
circinantibus fuscis parvis; conidiis ellipticis minutis. 



— 41 — 

Uah. A(l folia plantac ciijusílam ¡«íiiotao in llorto botánico ])aulistano. 

Ohs. Maciilae sparsac' niajusculae (5-10 nim diain.) repandulo-siibor- 
biculares, areola angusta lateritia callosula cinctae, centro sordide 
testaceae, ainbitn pallescentos per aetatem secedentes ac folium 
perforatum relinquentes ; acervuli lenticulares (75-100 [j. diam.) 
dense gregarii epiphylli, saepe subcircinantes ; conidia recta v. 
inaequilateralia ntrimque acutiuscule rotundata (4-6 ¡a = 1,5-2 ¡x) 
efi'uttulata. 

123. Gloeosporium phyllachokicolum Speg. (n. sp.) 

Dia(i. Acervulis subepidermicis epipliyllis e dorso stroniatum Fhyl- 
lachorae cujnsdam eruinpentibus pusillis ; conidiis ellipticis v. 
obovatis liyalinis. 

Hab. Ad folia coriácea lánguida arbusculae cujusdain Ipiranga. 

Obs. Acervuli lenticulares (50-80 ;x diam.) ej)idermide tecti serius 
erumpentes ; conidia utrimque obtusa (12-14 ;j, = 7-8 ;;,) in sterig- 
raatibus gracilioribus (8-10 [x = 2-2.5 ;x) e strato proligero fuscidulo 
oriundis acrogene insidentia. 

An Phyllachorae statura conidicum sistens I An in PhyllacTiora 
parasitans f 

124. Gloeosporium sordiditm Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis amphigenis pallescentibus subindeterminatis ; acer- 
vulis epipbyllis sparsis pusillis fuscis ; conidiis majusculis subcy- 
lindraceis liyalinis. 

Hab. Ad folia subcoriacea ignota (Menispermaceae f), Ipiranga Cam- 
bucy. 

Obs. Maculae irregulares repandulae (5-25 mm diam.), ad eijipbyllum 
saepius subdeterminatae, areola angustissima lateritia cinctae, ad 
hypopliyllum evanescentes ; conidia utrimque obtusissima (15-16 ¡x 
= 5-6 ;j,), saepe medio leniter coarctatula saepius eguttulata. 

125. Gloeosporium triviale Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis obsoletis sordide i^allescentibus ; acervulis amphygenis 
laxe gregariis ; conidiis ellipsoideis non v. grosse 2-3-guttulatis 
hyalinis. 

Máb. Ad folia lánguida Amaryllidaceae cujusdam, Quedas perto de 
Campiñas. 

Obs. Maculae subellipticae (5-15 mm long.) diffusae indeterminatae 
centro subarescentes ambitu pallescentes ; acervuli subcircinantes 
lenticulares (75-100 ;x diam.) fusciduli prominuli-erumpentes ; coni- 
dia utrimque acutiuscule rotundata (14-1 6 ;x = 5-5,5 ¡x) recta v. 
leniter inaequilateralia. 



— 42 — 

126. Gloeosporium Usterii Speg-. (n. sp.) 

Diag. Maculis pallescentibus irreg:alaribus indeteiminatis ; acei vulis 
epijibyllis laxe gregariis mediocribus ; conidiis e cylindraceo ellip- 
soideis siibmajusciilis byalinis. 

Sal). Ad folia siibcarnosa lánguida plantae ignotae cujusdam in 
Horto botauico paiilistano. 

Obs. Maculae primo suborbiculares deiu confluendo difformes pal- 
lidescentes obsoletae ; acervuli iimato-enmipentes lenticulares 
(100-200 [xdiam.); conidia recta v. leniter inaequilateralia utrimque 
obtusa (14-20 ¡x = 5-6 [j.) non v. grosse 1-guttulata steriguiatibus 
brevissimis papilliformibus e strato proligero fuscidulo oriundis 
acrogena. 

127. Septogloeum hirudinisporum Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis amphigenis superne callosis riniulosis cinerascentibus 
areola atro-cyanescente cinctis, inferné sanguineis subindetermi- 
natis ; acervulis epiphyllis parvis fuscis ; conidiis clavulatis flexuo- 
sis polyblastis byalinis. 

Hab. Ad folia lánguida Eugenias cujusdam, Ipiranga Cambucy. 

Obs. Maculae orbiculares (1-5 mm diam.) ad epipbyllum calloso- 
pulvinulatae, ad bypopbyllum concavae acervuli primo epidermi- 
de tecti dein denudati sublenticulares (50-200 y, diam.) fusciduli ; 
conidia ápice obtuse rotundata i^ostice attenuato-acutata liirudini- 
formia 7-9-pseudo-sex)tata (20-35 ¡x = 5-6 [/). 

128. CoRYNEUM Beyerinckii Oud. = Sacc, Syll. Fung. III", p. 774. 
Hab. Ad folia lánguida Persicae vulgarís in Horto botánico paulistano. 

129. Pestalozzia versicolor Speg. var. vagans Speg. 

Hab. Ad folia lánguida arborum arbuscularumque plurimarum in 

hortis Sao Paulo. 
Obs. Conidia fusoideo-clavulata (20-30 ¡a =: 8-10 ;;,) 4-septata non v. 

vix constricta, loculis 3 internis fuligineis (intimo obscuriore) 2 

extimis byalinis, pedicello brevissimo (3-10 [x) suífulta, setulis 3 

divaricatis (20 ¡x = 1 ;/) byalinis coronata. 

130. Cryptosporium Ipirangae Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculis sordide testaceis ampliigenis minutis determinatis 
fusco-areolatis; acervulis epipbyllis laxe gregariis pusillis; conidiis 
flliformibus triseptatis byalinis. 

Hab. Ad folia coriácea arboris cujusdam ignotae in bortis, Ipiranga 
Cambucy. 

Obs. Maculae suborbiculares (1-4 mm diam.) nitidulae limitatae, 
areola infuscata ojjaca cinctae ; acervuli in centro macularum 
pauci, primo lenticulares fusciduli epidermide tecti, dein scutellati 



— 43 — 

(50-80 \¡. «liam.), strüto proliiicn» fnsc(>-]>;ir('ii('liyin¡iti('() donati ; coni- 
dia recta v. arciiata utriiiKiuc a<nitiuscule rotuiuhita (1*0-2.") ;a= 1 ¡a). 

131. GEOTRicnuM corrorniLT^r Spcíi-, (n. sp.) 

Diajf. Candiduin jivumoso-pnlvcrulciituin, coiiidiis brcvibus dense 

ramulose catenulatis liyalinis. 
Hah. Ad Caceos eniortuos in foliis Ciivadin rerohitac in TTorto botánico 

paulistano. 
Obs. Pulvinuli hemiiSpbacrici teneirimi tactu niox fatiscentes (1-5 mm 

diam. = 0,5-1,5 crass.) ; conidia cylindracea iitriinque truncata 

(5-10 [j. = 2,5 ;j.) ojíiittulata hievia. 

Species forinae pliyto«ienae G. candidi Lnk simillima, conidiis 

tamen majoribus distincta. 

132. OiDiUM LEUCOCONiUM Desm. = Sacc, Syll. Fiuijj;. IV, p. 41. 
Hah. Vulgatuní ad folia viva Bosarum cultarum in hortis Sao Paulo. 

133. ACROSTALAGMUS CINNABARINXJS Cda = Sacc, Syll. Fimg. IV, 
p. 163. 

Hal). Ad folia delai)sa Goffeae cujusdam in hortis Sao Panlo. 

134. Trichothecium roseum (Pers.) Lnk ^: Sacc, Syll. Fung\ IV", 
p. 178. 

Hah. Ad folia putrescentia Cannae et LaMatae quarumdam in hortis 
Sao Paulo. 

135. Drepanoconis larviformis (Speg.) Speg. 

Hal). Ad fructus áridos adhuc péndulos Lauraceae cujusdam in hortis 
Sao Paulo. 

136. CoNiospoRiUM CRUSTACEUM Speg. = Speg., Fung. Arg. IF, 
p. 150. 

Hah. Ad culmos putrescentes Bambusaceae cujusdam in hortis Sao 
Paulo. 

137. FtTMAGO OOSPERMA Speg. (n. sp.) 

Diag. Tennis membranácea atra ex hyphis torulosis monostichis, 
articulis grosse biguttulatis, effbrmata; conidiis ellipticis fuligineis 
laevibus continuis. 

Hah. Ad folia coriácea cujusdam in hortis Sao Paulo. 

Obs. Latissime diffusa laxeque matrice adnata saepius epiphylla 
glabra ; articuli hypharum quandoque subparenchymatice connexi 
angulato-subglobosi grosse 1-2-guttulatis, quandoque subliberi, 
catenulati ellipsoidei (5-20 y, = 5-10 ¡j.) grosse 1-2-guttulati medio 
plus minusve coarctati fuliginei laeves; conidia hinc inde glome- 



— 4:4: — 

riilata perithecia rudimentaria simulaiitia utrimqiie obtusiuscula 
(12-16 [j. = 6-8 [j.) subopace fnliginea. 

In eodem mycelio adsuiit saepe conidia altera sparsa bacillari- 
fusoidea utrimque attennato-acutata (20-30 [j. = o ;j,) 3-septata, ad 
septum mediun leniter constricta liyalina. 

138. Cladosporium hekbarum (Pers.) Lnk ■= Sacc, Syll. Fung. IV°, 
p. 350. 

Rab. Ad folia lánguida arescentia plantae cujusdam in Horto botá- 
nico paulistano. 

139. Xapicladium Ravenelii (B. & C.) Speg. = Speg., Fung. Guar. 
11°, n. 193. 

Hah. Ad spicas vivas jSpoi'oholonim, Tilla Leopoldina Lapa. 

140. Napicladium rufescens Speg. (n. sp.) 

Biag. Hypophyllum orbiculare velutinum fusco-rufescens, liyphis 
erectiusculis denticulatis, conidiis vermicularibus obsolete clavu- 
latis multiseptatis rufescentibus laevibus. 

Hab. Ad folia viva Eugeniae cujusdam in bortis Ipiranga. 

Ohs. Plagnlae arete matrici adnatae (1-5 mm diam.), macnlis nullis, 
ambitu fimbriatTÜo-evanescentes ; byphae rectae v. angulato-geni- 
culatae (50-100 ;x = O ;x) 1-5-septulatae ferrugineae ; conidia acro- 
pleuro-gena recta v. flexuosula (30-150 ¡j. = 5 ¡x), primo multigut- 
tulata dein i)lurisei)tata, ápice altero leniter incrassata obtusa, 
altero attenuata acutiuscula. 

Species Napicladio myrtacearum Sjieg. sat afíinis sed bene di- 
stincta, ad Gercosporam nonnihil vergens. 

141. Napicladium testaceum Speg. (n. sp.) 

Diag. Hypophyllum orbiculare subpannosum saepe granulosum atro- 
testaceum, hyphis, thallo submembranaceo suffultis, erectis mono- 
spermis ; conidiis ellipticis v. subclavulatis elongatis saepius 2-sep- 
tatis lateritiis, laevibus. 

Háb. Ad folia coriácea arbusculae cujusdam ignotae in hortis circa 
Sao Paulo. 

Obs. Plagulae arctiuscule matrici adnatae subcrassiusculae (2-10 mm 
diam.) subvelutinae ambitu repandulae v. confluendo difformes; 
thallo tenuissime membranáceo submucoso obscure parenchymatico 
flavidulo ; hyphae rectiusculae v. flexuosae ferrugineae (150-400 \}. 
= 6-8 ;x) laeves pluriseptatae; conidia recta, ápice altero rotundata 
altero attenuata minuteque subtruncata (50-60 ¡j. = 15 [j,), ad septa 
non constricta. 

ínter hyphas adsunt saepe sclerotia (perithecia immatura?) nu- 



— 45 — 

merosa globosa (80-l.")(> y. diam,) foiTiigiiiea glabra carnoso-paren- 
chymatiea. 

142. Cercospoka actNostoica Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae ampliigenae subindetermiuatae pallcsceiites ; acervuli 
laxe gregarii saepius hypopliylli, Lypliís mediocribus erectis sur- 
siim deiiticulatis fumosis ; conidiis lineari-clavulatis 3-5-septulatis 
hyalinis. 

Hab. Ad folia lánguida (Symphyti aHperrimi f) iu Horto botanice 
paulistano. 

Obs. Maculae suborbiculares (1-10 niui diam.) pallide tabacinae, cen- 
tro non V. vix cinerascentes, obKsolete determinatae, saepe totum 
folium ocupantes ; acervuli penicilliformes pusilli, hypbis rectiu- 
sculis V. subflexuosulis (40-50 ¡j, = 5-6 ¡j.) continuis v. 1-2-septatis 
a basi liberis pallide olivascentibus eftbrmati ; conidia rectiuscula 
clavulata (60-75 ¡j. = 5 [x), ápice altero obtusulo altero longe atte- 
nuato acutiusculo. 

143. Cercospora asparagi Sacc. = Sacc, Syll. Fung. Vr, p. 477. 
Sab. Ad cladodia et ramulos Asparagi officinalis in hortis Escola 

Polyteclinica Sao Paulo. 
Obs. Specimina brasiliensia formam inter G. asparagi Sacc. et O. cau- 
licolam Wnt. mediain sistunt ; liypbae rectae v. geniculato-flexuosae 
(60-80 ¡x = 5-6 [x) olivaceae ; conidia vermiculariá (50-80 ¡x = 4 ¡x) 
lenissime clavulata byalina. 

144. Cercospora 1 cordylinbs Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae amphi.j^enae ellipticae confluendo lineares, centro 
albescentes ; acervuli bypophylli subglobosi, hy^ibis radiantibus 
deorsum coalescentibus sursum liberis eñbrmati ; conidia vermi- 
culariá fumosa pluriseptata laevia. 

Sab. Ad folia lánguida Gordylines dracaenoidis in Horto botánico 
paulistano. 

Obs. Maculae primo parvae centro nigricantes, ambitu areola palle- 
scenti ciuctae, serius lineares v. confluendo difformes, plagulam 
centralem albidam irregularem ostendentes ; acervuli subi)erithe- 
ciformes superficiales (75-125 [x diam.) olivacei velutini, e núcleo 
carnosulo, hypbis brevibus septulatis guttulatis vestito eíformati ; 
conidia recta v. curvula non v. vix clavulata (20-75 ¡x = 5 [x), 
3-9-septulata, acrogena. 

Species etiam in Argentina vulgata. 

145. Cercospora ? caricae Speg. = Speg., Fung. Guar. P, n. 409. 
Hab. Vulgata ad folia lánguida Caricae papayae in Quedas perto de 

Sao Paulo. 



— 46 — 

146. Cercospoea circumscissa Sacc. = Sacc, Syll. Fung. IV, p. 460. 
Hah. Ad folia lánguida Persicae vulgar is saepe socio Coryneo Beye- 

rincki Oud. in liortis prope Sao Paulo. 

147. Cercospora Gay-Lussaci Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae repando-angulatae fuscae mediocres ; acervuli nodulo 
subsclerotiaceo radicati subpenicilliformes olivacei; conidia bacil- 
lari-subclavulata 1-3-septata hyalina. 

Hah. Ad folia lánguida Gaylussaciae cujusdam, Ii3iranga Cambucy. 

Obs. Maculae ej)ii)liyllae laxe gregariae subdeterminatae ex orbiculari 
angulatae primo minutas dein confluendo majores (1-5 mm diam.); 
acervuli minuti laxe gregarii ex hyphis rectiusculis 1-3-septatis 
ápice denticulatis flO-50 [/ = 4-6 ¡j.) olivaceis e nodulo grosse pa- 
rencliymatico exsurgentibus eftbrmati ; conidia recta v. leniter cur- 
vula sursum obtusiuscula deorsum acutiuscula (20-40 ¡^, = 4 [j.) ad 
septa non constricta. 

148. Cercospora ricinella Sacc. et Berl. = Sacc, Syll. Pung. IV% 
p. 456. 

Hah. Ad folia lánguida Riciní communift in hortis Sao Paulo. 

149. Cercospora smilacina Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae amphigenae determinatae pallescentes ftisco-areolatae; 
acervuli densiuscule gregarii, epipliyllis minus numerosis liyi^his 
conidiisque brevioribus hypoi^hyllis liyphis conidiisque majoribus 
ómnibus e clilorino olivaceis. 

Hah. Ad folia viva Smilacis cujusdam projDe Sao Paulo. 

Ohs. Maculae parvae (1-3 mm diam.) pallidae praecipue ad epiphyllum 
ubi saepe albescentes areola fusco-atra saepius latiuscula cinctae ; 
acervuli subdimorplii olivacei erumpenti-superflciales ; ej)ipliylli 
pauci subcentrales subcircinantes ex liypbis dense constipatis con- 
tinuis (45-55 ;a = 5-7 ¡ji,) v. 1-3-septatis olivaceis efformati, conidiis 
claviüatis (40-50 ;x = 3-4 ;x) curvulis e hyalino cblorinis ornati ; 
acervuli liypoi)liylli sat numerosi totam fere maculam obtegentes 
ex hypliis elongatis simplicibus rarius ramulosis rectiusculis multi- 
septatis (75-120 ¡a = 5-6 ;x) olivaceis efformati, conidiis lineari- 
clavulatis 3-5-septatis (75-100 ;j, = 4 ¡j.) fumoso-chlorinis donati. 
Species C. nnhüosae Eli. et Ev. aflinis sed sat distincta videtur» 

150. Cercospora sphaeroidea Speg. = Speg., Fung. Arg. 11°, n. 148. 
Hah. Ad folia lánguida Cassiae cujusdam in Horto Escola Polytech- 

nica Sao Paulo. 

151. Cercospora Usteriana Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae obsoletae fuscescentes indeterminatae amphigenae; 



— 47 — 

acerviüi hypopliylli, villo foliorum absconditi, penicilliformes oliva- 

cei i)arvi ; coiiidin Aoniiicularia fniuosa. 
Hab. Ad folia laiiiiuida Myrtuccae cujusdam in lloito botánico pau- 

listaiio. 
Ohs. Folia infecta superue subcinerascentia inferné diffuse vageve 

olivascentia ; acervuli penicilliformes ex hypliis subfasciciilatis 

(40-80 \j. = 4-5 \>) subtorulosis 1-3-septatis eftbrmati olivascentes ; 

conidia curviila v. sigmoidea (30-100 ¡j, r= 5-0 ;j.) 8-5-septata ad 

septa non constricta laevia. An catenulata í. 

152. Cercospora vitícola (Ces.) Sacc. = Sacc, Syll. Fung. IV% 
p. 458. 

Hah. Ad folia viva v. lánguida Yitis viniferae in hortis Sao Paulo. 

153. Cercospora Volkameriae Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae epiphyllae arescentes difformes determinatae; acervuli 
minuti, liypbis liberis parce septatis olivaceis constituti ; conidia 
vermiculari-clavulata byalina. 

Hab. Ad folia viva Volkameriae fragrantis in Horto botánico pau- 
listano. 

Obs. Maculae primo minutae callosulae dein coníluendo difformes 
majusculae (1-20 mm diam.) determinatae sordide cinerascentes 
angulosae; acervuli subheraisphaerici (80-150 ¡x diam.) epipbylli 
sparsi V. bine inde circinantes ; bypbae erectae non v. vix flexuo- 
sulae ápice denticulatae (50-75 ;x=: 6;x) continuae v. 1-2-septatae; 
conidia flexuosa deorsum incrassatula sursum longissime attenuata 
primo pluriguttulata dein multiseptata (70-120 y. = 5 ¡x). 

154. Alternaría tenuis Xees = Sacc, Syll. Fung. IV, p. 545. 
Hab. Ad folia árida adbuc péndula arbusculae cujusdam in Horto 

botánico paulistano. 



EXPLICATIO ABUMBEATIONUM 



A. Uromyces Usteri Speg. 

1 Frustulum folii 1 = 2 Frustulum folii f- 

3 Teleutosporae e latere inspectae ~ = 4 Teleutospora ápice 

visa ^ 
5 Uredosporae —- 



B. Doierosporiella paulistana Speg. 
1 Peritliecium -—■ = 2 asci -^ = 3 sporae 



400 
I 



— 48 — 

C. Hyalotheles dimerospeema Speg. 

1 Peritliecium ^" = 2 Perithecium sui3erne inspectuin ^- e latere 
visnm. 

3 Ascus ^ == 4 Sporae ^ °= 5 Articiüi sporarum soluti ~ 

D. DiMERIELLA HIRTULA Speg. 

1 Folium infectum 7 = 2 Perithecium cuín subiculo ^ 
3 Contextus peritliecii ~ = 4 Setulae peritliecii ~ 
5 Asci '-P = 6 Sporae ^ 

U. EüDARLUCA AUSTRALIS Speg. 

1 Frustulum folii infecti 1 = 2 Frustulum folii -p 

3 Perithecia -~ ^ 4 Contextus perithecii '~-^- 

4 Ascus ^'^ = 5 Sporae ^ 

F. Phyllachora TJsteriana Speg. 

1 Folium infectum | = 2 Frustulum folii secti lóculos ostendens ^ 
= 3 Asci ^ = 4 Sporae '|^ 

G. OxYDOTis iNSiGNis Speg. 

1 Folium infectum ] = '2 Frustulum folii secti lóculos ostendens f| 
= 3 Asci ^p = 4 Sporae ^ 

H. Saccardinula Usteriana Speg. 

1 Peritliecium superne visum ^^ = 2 Peritliecium sectum ^- 
3 Contextus marginalis peritliecii —^ = 4 Asci -~ 

5 Sporae maturitate varia — ^. 



NOTA 



SOBRE LA. 



CENIZA DEL VOLCAN RININAHUE 



PoH EL nocTou ENRIQUE HERRERO DUCLOUX 

Profesor de Quíniii'í» analítica en las Universidades nacionales do La Plata y Buenos Aires 



Por intermedio del profesor doctor Santiago Rotli, llegó á mis 
manos nna muestra de la ceniza arrojada por un cráter del valle Eiui- 
naliue, en su erupción del mes de mayo del corriente año ; y como los 
datos químicos son de especial importancia para el reconocimiento y cla- 
sificación de los materiales volcánicos, poseyendo mayor valor que los 
datos mineralógicos, según la autorizada opinión de Lévy, estudié cuida- 
dosamente la ceniza que se me proporcionó, recogida en la primera quin- 
cena de mayo á bordo del vapor Cóndor, sobre el lago Xaliuel Hnapí. 

El nuevo volcán se produjo por explosión en el valle Rininahue situa- 
do entre el volcán Puyeliue y Casa Blanca, habiéndose atribuido á este 
último la erupción, en noticias transmitidas á Santiago de Cliile y á 
Buenos Aires ; se encuentra en territorio chileno, muy cerca de la fron- 
tera argentino-chilena, entre los 40 y 41^ de latitud sur y á poca dis- 
tancia del meridiano 72"^ al oeste del meridiano deGreenwich; hallán- 
dose al nornoroeste del lago Nahuel Huapí y á una distancia aproximada 
de la orilla septentrional de dicho lago, de treinta kilómetros. 

Se encuentra rodeado de una vasta extensiíSn de territorio inexplorado 
sobre todo del lado chileno, debiendo atribuirse á la violencia de la 
erui)ción el hecho de no haber j>asado desapercibido el fenómeno ; sin 
embargo, es de lamentar que no jioseamos muestras de ceniza de las 
distintas fases de la erupción. 

La ceniza analizada era de color gris claro, muy homogénea y de grano 
muy ñno; su densidad es 2,077 referida al agua á 4° C. y su reacción es 
neutra. 

Á continuación se expresan los datos analíticos directos obtenidos y 
los datos moleculares calculados, facilitando comparaciones. 

KEV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (V, 15, 1908.) 4 



50 



Directos Moleculares 

Sílice SiO, 60 . 720 1.012 

Óxido de títaQo TiO^ 0.570 0.007 

— de aluminio Al.,03 22.170 0.217 

— férrico Fe^O, 1 . 560 . 009 

— ferroso FeO 2.789 0.038 

— maguésico MgO 3.384 0.084 

— calcico CaO 5 . 045 . 090 

— sódico Na.jO 2.030 0.032 

— potásico KjO . 910 . 009 

Anhídrido fosfórico PjO^ no dosable » 

AgnaállO - 120" 0.251 ) ^^^^^ ^^^^ ^ ^^^ 

— al rojo 0.626 ) 

Anhídrido sulfiirico SO3 0.035 » 

Oxido de manganeso MnO . 005 » 



Si tomando como base los datos analíticos directos, tratamos de re 
presentar la^ composición mineralógica virtual de la ceniza, dentro de las 
convenciones establecidas por los petrógrafos norteamericanos, es decir, 
admitiendo la existencia de un cierto número de especies mineralógicas 
(standard minerals), resulta del cálculo un cuadro mucho más elocuente 
que el anterior; pues no sólo permite conocer el origen probable déla 
ceniza, sino que se ijresta á comi)araciones instructivas como veremos 
después. 

He aquí el cuadro de la composición mineralógica virtual de la ceniza 
que estudiamos : 



Cuarzo 27 . 265 

Ortosa . . 5 . 381 V 

Feldespatos Albita... 17.155 ' 47.579 > 83.512 

' Anortita. 25.043 ) ] 

Alúmina 8 . 668 / 

/ CaSiOj — \ 

Piíoxenos J MgSi03 8.460 f 11.376 \ 

f FeSiO, 2.916 ) j 

i Magnetita.. 2.262 j ^ „^ ,14.704 
Minerales ,, • , ^. . 3.328 I 

I Ilmenita ... 1 . 066 N ] 

Apatita no dosable 

Agua 0.877 



Recorriendo los análisis que M. Pisaui liizo sobre rocas volcánicas 
para la notable obra de A. Lacroix ^ he encontrado los datos de un 
enclave synmorfo de andesita-cordierita de San N^icente, que coinciden 
notablemente con mis datos del volcán Itininaliue, como puede verse : 

^ A. Lackoix, La moiüaync Pelee et sen éntpiions, 1904. 



— 51 — 



.i)t<lr>ii((t-cor<l¡rrita de ISaii Vicente 

Diri'CtoH Moleculares 

Sílice. Sio, üO.:n 1.005 

óxido do titano TiO, 1.18 0.015 

— do aluiniuio A1,0., 23.20 0.227 

— férrico Fe.O, . 89 . 006 

— ferroso FeO 4.20 0.058 

— de magnesio MoO 3.42 . 085 

— de calcio CaO 5.58 0.100 

— de sodio Na,0 2.12 0.034 

— de potasio KjO 0.62 0.006 

Auhidrido fosfórico P^O; 0.12 0.001 

Agua H,0 0.12 » 

(latos analíticos que corresponden á la composición mineralógica virtual, 
siguiente : 

Cuarzo 26.94 

/ Ortosa... 3.34 ^ 

Feldespatos \ Albita... 17.82 ' 48.13 ] 84.25 

( Auortita. 26.97 ^ 

Alúmina 9 . 18 

/ CaSi03 — \ 

Piroxenos J MgSiOj 8.50 [ 13.38 

V FeSiO., 4.88 ) 

^ Magnetita.. 1.39 i ^ ^, } 17.39 
Minerales • ^, . „ „„ 3.67 i 

( Ilmenita ... 2 . 28 j 

Apatita . 34 

Agua 0.12 



Tanto una como otra, j)oseen estas rocas un magma alcalinoterroso 
con exceso de alúmina, es decir, que puede considerarse como granito 
tonalítico ' dentro de la clasiücación de Lévy ". 

La analogía es más notable comparando los parámetros magmáticos " 
calculados sobre los datos analíticos directos : 



Kininaliue San Vicente 

C , O O 

X 14.704 17.390 

* 3.93 4.09 

•¿ 1.28 1.48 

r 0.44 0.29 



1 Bull. Soc. (jvol. Frailee, XXV, 1897. 

= liull. Carie géol. France, XIV y XV, 1902-1904. 



52 — 



de los cuales C ' = 



CaO de Piroxenos 



X 



rales (elementos ferromagnesianos) ; <I> 



FeO 4- Fe.Oo 
M¡^0 ' 



K,0 

Na,0" 



X = 7o Piroxenos y mine- 
SiOj de elementos blancos 
2K,0 + 3Ka,0 ' 




+DC 



+JC 



Calculando los índices que Cross, Iddings, Pirsson y Wasliington uti- 
lizan para su clasiflcación de rocas ígneas, i^artiendo de los datos mole- 

Q 

culares, la ceniza analizada corresponde al tipo handosa^ pues — = 0.57, 



CaO 



Ka.O 



— 53 



Los diagramas qne liemos tia/.ado i>aia representar la composición de 
estos dos productos volcánicos dan una idea muy clara de su naturaleza 
mineralógica y evitan niayíues i-omentarios. El trij'ingnlo /;»rf, ferromag- 
iiésico y el triángulo ciik alcalinoterroso c(ui sus proporciimes relativas 
bastan para determinar por sí solas la naturaleza de las dos rocas. 

Sólo agregaré que s<' lia dado á cada unidad p<u- ciento, cinco milí- 
metros en el trazado '. 

Musco i\e L:i Pinta.. julio 1907. 



* MicUKL LÉVY, Bnll. Soc. géol. France, XXV, 1897. Los valores de los paráme- 
tros en estos dibujos son los siguientes : k, K^O que se une á la ahímina como AIK ; 
n, Na,0 feldespática según AlNa ; c, CaO feldespática como Al^Ca ; m, óxido de mag- 
nesio ; /, óxidos de hierro (FeO-|-FejOJ ; a, AL^O^ en exceso. 



NUEVO MÉTODO 



PARA LA 



FIJACIÓN Y CONSEPiVACIÓIN DE PROTOZOARIOS 

Por augusto C. SCALA 

De las Universidades nacionales de Buenos Aires v La Plata 



« Hemos comenzado por (^studiar lo que se rela- 
ciona á nuestra especie considerada como una 
entidad independiente y ahora nos ocupamos en 
general de todas las especies y de todo lo qvie 
vive. Más tarde, pensaremos de preferencia en 
todo lo qne el universo contiene, en todo lo que se 
mueve, mundos, protozoarios y átomos. » (Xotions 
genérales de biologie, etc., 1906. Trad. de A. L. 
Herrera.) 



El estudio de los protozoarios es uno de los temas que lia despertado 
en estos últimos tiempos un interés bien manifiesto por parte de todos 
los biólogos, quienes al ver en ellos los primeros representantes de los 
seres vivos formados sobre la superficie terrestre merced á las infinitas 
reacciones de los elementos inorgánicos, esperan poder realizar en un 
porvenir cercano la síntesis de la materia viva. Xo nos cabe la menor 
duda sobre la resolución de este problema, cuando sepamos repetir la 
reacción por medio de la cual, el CO" actuando sobre las infinitas combi- 
naciones de sales inorgánicas en solución, dio origen á ese cuerpo tan 
extremadamente sensible que llamamos protoplasma. 

De aquí que la observación minuciosa de esos pequeños seres baya 
tenido siempre un interés creciente y así se explica el empeño y dedica- 
ción especiales con que se lian ideado una serie interminable de proce- 
dimientos teóricos y prácticos con el objeto de facilitar el estudio de esos 
interesantes animales. 

Haremos una rápida reseña de las substancias usadas y su crítica 
segfm los resultados obtenidos por los diversos autores y los nuestros, 
para citar seguidamente la técnica que liemos ideado y nos ha dado el 
éxito más lisonjero. 

Después de una larga serie de tanteos, el ácido ósmico en solución al 



0,5- 1 i)or ciento quedó eonsiijiTado por el uso como el uiejor tijador de 
]nx)tozoarios, pero si bien es cierto que su acción es eminentemente tija- 
dora tiene defectos tan notables en la práctica, como para tener que 
lamentar su uso. 

Ya ^[ojsisovics en 1881 (liace 2(5 años), trataba el tema en su libro 
Zooiomiv, lauu'ntand(> la falta de un verdadero tijador para los proto- 
zoarios y dice refiriéndose á ello y al ácido ósuiico : « Por desgracia no 
se conoce aún método scíi'uro para conservar á no ser las duras cás<!aras 
de los protozoarios (se retiere á los tecamebianos, foraminííeros, radio- 
larios) ; algunos infusorios es cierto, conservan i)oco más ó menos su 
forma primitiva cuando se les agrega gradualmente ácido ósmico; pero 
el encogimiento que se contimia en la glicerina es ordinariamente tan 
considerable, que pasado cierto tiempo apenas iiuede aun determinarse 
con exactitud la especie del animal ». Á pesar de lo cual el ácido ósmico 
se usa todavía y se le cree irrecnq^lazable. 

M. Certes recomienda un procedimiento de preparación y conserva- 
ción de infusorios que consiste en fijarlos en sus formas por el ácido 
ósmico, en colorearlos y conservarlos en glicerina. 

A. Garbini (Mannale per la técnica moderna del microscopio , Milán, 
1897) fija con ácido picro-sulfúrico, luego alcohol á 35 y 70 grados. 
Colorea, y deshidrata con los alcoholes á 90 y 100 grados. Diafaniza 
con esencia de clavo y monta en bálsamo de Canadá. 

Utiliza también el ácido ósmico al 1 por ciento ; y el bicloruro mercú- 
ric(> al 2 por mil. 

Respecto á este último fijador debemos decir que sn uso en la propor- 
ción indicada por los diversos autores no conduce jamás á resultados 
seguros. Los protozoarios se desorganizan en el 99 por ciento de los 
casos; y esto se debe, como hemos podido comprobarlo á la fuerte pro- 
Ijorción usada (2 "/oo)' El bicloruro mercúrico es un notable fijador de 
protozoarios siempre que se trate de i^reparaciones transitorias, es decir 
hechas para una observación de i^ocas horas en cuyo caso recomendamos 
su solución al 0,50 por mil de la cual se agregará una pequeña gota á la- 
que contiene los protozoarios. 

Insistimos en el error que cometen los autores usando soluciones muy 
concentradas para este fin; la delicada extructura de esos seres requiere 
líquidos diluidos, pues el desequilibrio originado es tan grande, que basta 
l^ara explicar los insucesos. 

La mayor luirte de los autores, entre otros G. Du Plessis, D. Carazzi, 
C. Vogt y E. Jung, una vez hecha la fijación con el bicloruro al 2 por 
mil dejan secar la preparación espontáneamente, pero esta práctica 
inveterada da por resultado una completa deformación que desfigura en 
absoluto el primitivo asjíccto del animal. 

C. Vogt y E. Jung (Anafomie comparée prat'ique) dan mucha importan- 



— 56 — 

cia también al ácido ósmico y al bicloruro inerciirico pero reconocen sus 
inconvenientes. 

Entre los autores que se ocupan del estudio de protozoarios citaremos 
á Louis Leger, quien en el libro Zoologie descriptive^ tomo I, liace una 
pequeña monografía de la Amceha proteus (Leidy) y Amoeha terrícola 
(Greef), pero sin dar ni citar técnicas especiales. 

Fabre-Domerque, en el libro que acabamos de citar, se ocupa de los 
flagelados y ciliados, tomando como tipo de los primeros el ChilomonoH 
Paramcvcium (Ehr) y el Paranuvcium Aurelia (O. F. Müller) de los segun- 
dos. Sigue en ambos casos la misma técnica : mata con ácido crómico al 

1 por ciento para poner en evidencia la cutícula (método que recomen- 
damos) y hace el estudio del macro y micronúcleo comprimiendo al ani- 
mal, lo mata fijándole al mismo tiempo con ácido ósmico en solución 
saturada (!), colorea por último con el verde de metilo acético. 

Agrega dicho autor (y en esto está de acuerdo con los otros) que el 
ácido ósmico tiene el inconveniente de ennegrecer mucho los infusorios 
que al cabo de poco tiempo se vuelven completamente opacos. Para evi- 
tarlo, hace pasar por la preparación una corriente de agua amoniacal 
(amoníaco, una gota; agua destilada, 20 ce.) consiguiendo disminuir la 
opacidad con estos lavajes. 

La técnica es larga y comi^licada, el resultado dudoso. Segtín Fol, los 
fijadores usados hasta aquí no dan los resultados del percloruro férrico 
(A. Garbini, Mamiale per la técnica moderna del microscopio)^ tintura 
alcohólica de i^ercloruro férrico á la que se agrega de 5 á 10 veces 
su volumen de alcohol á 70 grados (Vulpian) en seguida los pasa al alco- 
hol acidulado, alcohol á 100 grados, luego en una solución al 1 por ciento 
de ácido gálico jiara obtener coloración pardusca, deshidrata, diafaniza 
y monta en bálsamo del Canadá. 

La técnica es larguísima, el percloruro en la proporción indicada actúa 
contrayendo al cabo de un tiempo. 

La serie de líquidos recomendados i^ara el estudio de protozoarios no 
termina aquí : 

Se utiliza también el líquido de Lugol (iodo, 1 gramo; ioduro potásico, 

2 gramos; agua, 300). 

El líquido de Merkel, modificado especialmente para esta técnica, com- 
puesto por tetracloruro platínico, 1 gramo; ácido crómico, 1 gramo; ácido 
acético, 1 gramo; agua 400-1000. 

El ácido oxálico en solución saturada ha sido preconizado como fijador 
instantáneo y como conservador de las cillas, pero siempre que se trate 
de preparaciones transitorias, pues el ácido oxálico en solución saturada, 
tiene los inconvenientes de todas las soluciones fijadoras concentradas; 
altera, descompone y desfigura. 

León Jammes (Zoologie prati que hasée síir la dissection) se ocupa de 



— 57 — 

aljiuiios protozoarios lu-ro sin dar tt'ciiicas osix'cialcs ididiciido decirse' 
lo iiiisino del libro Tcoiiqui' iHÍcroscopiíjitc de Jiíiliin y OpiK'l, (]UÍon('S 
indican el ácido osniico en las ])roi>orcioncs conocidas. 

El doctor don Anycl (íallardo i)rofcsor de /.oolojiía de las facultades 
«le ]\redic¡na y Ciencias >í atúrales, nos ])r(4)orcionó varias técnicas siendo 
las luincipales al ácido osniico al 1 i)or ciento; fornnd al lü jtor ciento, 
y bicloruro mercúrico (bicloruro nuncúrico, 10 «iranios; aj»ua destilada, 
M) uranios; amoníaco 10 <irainos; agrégiiese poco á jioco y renuévese el 
agua (lue se evajiora). 

Las dos i»rinieras tienen los inconvenientes apuntados; la última deter- 
mina el encogimiento paulatino y la disgregación final, como tuvimos 
ambos oportunidad de comprobarlo con algunos vorticelidos preparados 
el ano anterior. 

Tememos cansar á nuestros lectores al citar tantos procedimientos, 
mas lo hacemos para jíoder sentar una conclusión : La técnica protisto- 
lógica no posee aún en su arsenal un verdadero fijador simple ó com- 
jiuesto que posea la doble ]>ropiedad siguiente : Fijar conservando la 
forma primitiva del protozoario y determinar la aparición de las ciliasó 
jiestaña s vibrátiles. 

El hecho sobradamente comprobado, nos animó á buscar un líquido 
qiie poseyese mejores condiciones que los usados y creyendo haber re- 
suelto en i)arte el problema lo proponemos al estudioso, puesto que á 
nosotros nos ha facilitado la tarea á veces complicada. 

jSTos llegan de Europa preparaciones llamadas de j)rotozoarios, pero 
estamos en presencia de un dilema : ó nos mandan lo peor que tienen, ó 
no poseen métodos definitivos de preparación, el hecho es que para ])oder 
decir : se trata de tal ó cual protozoario se necesita una fuerza de volun- 
tad demasiado altruista y que por tanto no condice ni cabe admitir en 
cuestiones de índole científica. 

El líquido que proponemos deb(^ su poder conservador y fijador á la 
acción combinada de tres substancias en proporciones mínimas : el for- 
mol, la glicerina y un alcaloide; la atropina, disueltos en agua. 

En el estudio délos protozoarios nunca se ha utilizado alcaloide algu- 
no y si bien es cierto que se han usado varios alcaloides para otros gru- 
pos, no tenemos noticia que se hayan propuesto para éste. 

La estricnina, la nicotina, la cocaína, se usan en la preparación tran- 
sitoria de celenterados, gusanos, moluscos; la atropina nunca se usó. 

Después de una serie de tanteos é insucesos hemos logrado obtener 
una fórmula que es la que proponemos: 

Agua 50 centigramos 

Formol X gotas 

Gliceiiua 10 gramos 

Atropina . 002 miligramos 



— 58 — 

Disuélvase la atropina en el agua á calor suave, <léjese enfriar y agre- 
gúese la glicerina, en seguida el formol; fíltrese y consérvese en frasco 
de tapa esmerilada. 

Para fijar con esta solución hacemos uso de pequeñas i»ipetas que nos- 
otros mismos preparamos afilando un tubo cuyo calibre puede variar de 
O^OOo á 0'"008. La parte afilada se corta luego de modo que su poro 
final sea de ()"0005; en tal forma se consiguen gotas uniformes pequeñas 
y suficientes para el caso. 

La gota que contiene los protozoarios la colocamos en un tubo tand)ién 
afilado cuyo calibre su^jerior es de 0™008 y el inferior O'"002 tapado por 
un pequeño tapón de goma. Largo del tubo de 0'"0G0 á 0"0S0. 

Técnica. — Los protozoarios se colocan en el tubo de preparación y 
en seguida se vierte una gota pequeña con la pipeta descripta más arriba. 

Fijación. — La acción es inmediata; déjese ai)osar (5-10'), después 
de lo cual se retira el exceso de líquido por medio de pequeñas tiras de 
papel de filtro, ayudando la absorción con la inclinación moderada del 
tubo. 

Si se quieren observar sin colorear, se tapa con un dedo la abertura 
grande del tubo x)reparador se quita suavemente el tapón y se depositan 
los protozoarios sobre el portaobjeto, tocándole con la gota que pende 
del tubo. 

Preparaciones transitoria.s. — Si se quiere hacer la observación du- 
rante algún tiemi^o se pone una gota de glicerina sobre la preparación y 
se recubre suavemente con el cubreobjetos. 

Preparaciones coloreadas definitivas. — Procédase como indicamos en 
los párrafos Técnica y fijación pero absorbiendo tan sólo en parte el fija- 
dor, hecho esto, con iiequeñas pipetas preparadas como la que indicamos 
anteriormente, se agrega una gota del colorante que se use, se deja 
actuar unos 2 á 5 minutos según los casos, se retira el colorante excesivo 
en la misma forma indicada para el fijador y se lava agregando agua que 
luego se retira; se reemjilaza el agua por alcohol diluido á 30 grados al 
que se haya agregado 5 por ciento de glicerina, se continúa con los demás 
alcoholes hasta llegar al xilol. La operación está terminada con gran 
rapidez y en menos tiempo del que se necesita para describirla. 

Una vez que los protozoarios están en el xilol pueden depositarse 
sobre el portaobjetos, se pone una gota de bálsamo diluido en el xilol 
(3 partes del primero por 1 parte del segundo) y se monta recubriendo 
con el cubreobjeto (de 0™'"18 diámetro). 

La prei)aración queda así asegurada indefinidamente. 

En cuanto al colorante hemos obtenido espléndido resultado usando 
la doble coloración Bruno de Bismarck — verde de iodf» — en la dilu- 
ción siguiente : 



— 59 — 

(¡ramos 

2" líriino «lo Bismarck 0.10 

A-íuu «U'stiliulM 100.00 

1" VcnU' (U- i.xb) 0.10 

Agua dostil.ida 100.00 

Las postauasy cilia."^ vibrátiU's se líoncii de manifiesto (les(l(M'l ])rinior 
iiioinento con el solo tijador. 

Temíamos que los voitieelidos ])orel lieeliode poseer el lilaiiiento con- 
tráctil no pudiesen ser incluidos en la lista, pero hemos ])odido compro- 
bar que conservan su forma esférica y nuiestran la corona vibrátil con 
toda claridad. 

Las vorticelas nos fueron proporcionadas por el director del gabinete 
de historia natural (Colegio Nacional central), señor Juan ííielsen, quien 
l^udo observar el hecho, aprovechando esta oportunidacl para agrade- 
cerle las finas deferencias que como amigo sincero, nos brinda en todo 
momento. 

Xo me corresjionde hacer la crítica del método pero diré solamente las 
ventajas que de su uso pude obtener : 

1° El fijador es incoloro, por tanto no disimula la estructura del pro- 
tozoario; 

2'^ Su manejo es fácil, así como su preparación y conservación; 

3° Su costo es mínimo; 

4° Eeune la doble calidad de fijar y conservar que deben atribuirse en 
primer lugar al uso moderado del formol mezclado á la glicerina. 

La atropina mantiene el estado primitivo del jirotozoario ejerciendo 
su acción sobre la cutícula y las cilias que extiende sin violentar en lo 
más mínimo la forma. 

Hubiera deseado tratar de los diversos colorantes utilizados entre los 
cuales citaré la safranina, el picrocarmín, la eosina, el bruno de Bis- 
marck, el verde de iodo y de metilo, la hematoxilina, la nigrosina, el azul 
de genciana, pero continuamos su estudio en detalle y por ahora nos limi- 
tamos á aconsejar el uso del verde de iodo y bruno de Bismarck; más 
adelante daremos á conocer los resultados. 

Termino recomendando el método de fijación que propongo y espero 
gustoso las críticas, pues contribuirán á perfeccionar la técnica hasta 
hoy usada. 

Bueno-s Aires, jnuio 19 de 1907. 



60 



bibliografía 



G. VoGT y E. JuNG, Anatomie comparée pratique. 

Louis Leger, Eu Zoologie descñptive, tomo I. 

Fabre-Domergue, En Zoologie descripfice, tomo I. 

BcíNH y Oppel, Tecnique microscopique. 

Mojsisovics, Zootomie. 

A. Garbini, Manuale per la técnica moderna del microscopio. 

D. Carrazi, Técnica di anatomía microscópica. 

L. Jammes, Zoologie pratique hasée sur la dissection. 

A. L. Herrera, Notions genérales de biologie, etc. 

L. BouTAN, Dissections et manijjulations de zoologie. 



PSÉLAPHIDES DE LA RÉPUBLIQUE AKGENTINE 



DESCRirTIOX DES ESPECES NOUVELLES 



Pau a. RAFFRAY 



Jusqii'a ce jour oii ne connaissait que quatre espéces de Psélapliides 
proveuant des Pampas; MM. Carlos Brucli et Eicliter, de La Plata, sont 
^eniis combler cette lacune et ont bien voulii me communiquer iiue tres 
intéressante serie de Psélapbides qu'ils ont recueillie dans la provtnce 
de Buenos Aires. Ce n'est évidemment qu'un debut, et la liépublique 
Argentine doit en nourrir bien d'autres- espéces, mais des aujourd'liui 
on peut présumer que la faune de cette región se rattacliera intimement 
á celle du bassin deFAmazone, avec cependant quelques types spéciaux. 
Les Euplectini qui sont fort rares dans les zónes tropicales deviennent 
plus nombreux a Buenos Aires oíi ils sont representes ])'AV six espéces 
d'un genre si)écial (Lioplectiis). 

Le nouveau genre PselaphelluH, confondu jusqu'a ce jour avec les Pae- 
laphiis, avait été découvert primitivement dans l'Amazone; il remonte au 
iíord jusqu'au Guatemala, mais son centre parait étre la Képublique 
Argentine. Le nouveau genre Raxyhis n'est qu'une légére modiflcation 
des Bryaxina qui sont essentiellement brésiliens. 

Les autres formes sont répandues dans tout le Nouveau Monde. 

Je veux aussi remercier MM. Carlos Bruch et Eichter qui ont été 
assez généreux i^our m'autoriser á conserver les types des espéces nou- 
velles. 

LISTE DES ESPÉCES 

1. Pselapliomorplms Bruchiy n. sp. 

2. JubuH'i (Gamba) elongata Scliaufuss. Pampas. 

3. — rugicolUs — — \ 

4. Bhynoscepsis Richteri, n. sp. 

^ Les espüces números 2 et 3 ap])artiennent tres probablement au genre Pselaph(h- 
worphiis. 



62 



5. Lioplectus nitidits Eaífray. Pampas. 

6. — longnlus, n. sp. 

7. — lenticornisy n. sj). 

8. — simplex, n. sp. 

9. — hicolor, n. sp. 

10. — capitatus, n. sp. 

11. Enrhexms Putzeisi Scliaufuss. Montevideo, La Plata. 

12. — ruhripenniH, n. sp. 

13. Artkmius (Syrhatua) hifurcatm, n. sp. 
11. — Bruclú, 11. sp. 

15. Raxyhis, n. g'. iiodosa, ii. sp. 
10. — frontalis, n. sp. 

17. EeicJienhacliia festina, ii. sp. 

18. — Itttea, 11. sp. 

10. — (jriseojmhescens^ ii. sp. 

20. — argentina^ ii. sp. 

21. Decarthron hinodoHum , ii. sp. 

22. — simplex, ii. sp. 

23. — MrsuUim^ ii. sp. 

24. — rnhripenne , ii. sp. 

25. Pselapliellus, n. g'. convexiis, ii. sp. 
20. — vestituH, 11. sp. 

27. — paUipeH, ii. sp. 

28. Ctenisisfasciculata, ii. sp. 

29. — gracilis, ii. sp. 

30. Neotyrus vestitus, ii. sp. 

31. Hamotns argentimiH, ii. sp. 

32. Arhytodes Brnchi, n. sj). 

33. Fustiger elegans, ii. sp. 



I*scla|»hoinorphus ISruehi, u. sp. 

Elongatm, antice posticeque attenuatus, totns rufiiH^ sat dense hreviter 
ct subiente puhescens. Gaput elongatnm, triangulare, convexum, teni- 
poribus rotundatis, vértice ínter ocnlos transversim profunde impres- 
so, fronte quadrato-clongata^ elcvata, suleata. OcuU mediocres, medio 
siti. Antennoi sat clongatw, ad apicem vix incrassatw, clava milla, 
articuUs ómnibus cylindricis, 2 qnadraio, o-5 latitudine stia dimidio 
longioribus, 6 paulo breviore, 7-10 latitudine sua duplo longioribus, 
11 triplo longiore, acuminato. Frothorax ovatus, ante basin sulco trans- 
verso lateribus incisus, sulcis duobus lateralibus. Elytra latitudine sua 
longiora, ad basin attenuata, humeris rotundatis, basi vix perspicuo 



— 63 — 

tfioisccruiíii varinutd, hiforcdtd, striii sididudi integra^ dorsali milla. 
Ahdomcn cli/iris jxado loiifíins, l<(fcn'hi(s hifc iin(r(ii>i<ttinny leviter ro- 
tuHdattnn.up'tcc HtlcnHutniíi, scfintotto dorsaU primo magno, 2 magno, 
iiy 4, ¿j Ínter se a'(iii<(lihiis, (> fcrc f riangiilari. Metasternum medio con- 
re.vnm ct sidcaiidii. ¡'ctlcs gráciles, ralde elongati. 9- 

Cette espocc diftere de toutes les aiitres i)ar les élytres plus longs, ti 
IH'iue visiblenient carenes a la base, avec les épanlesiiiutiques. Le front 
tonne une sorte de tubercule en carré lonf>-, linuté en arriere par une ])ro- 
londe dépression transversale, et constitueainsi un nuiseauun peu sur- 
élevé uiais nioins étran.ulé sur les eótés. 

Cette espece, quoique iiitinuMuent liée a ses conj>éneres, forme un 
petit .uToupe a i)art et je \w serais ])as surpris que les Gamba elongataet 
riigicolli.s de Schaul'uss, (pii ])r<»vieiinent des Pampas et queje ne connais 
l)as, appartinssent a ce <>rou])e des Pxelapltomorphus. Dans mon catalogue 
je les avais rangés avec doute jiarmi les Jnbns. 



Rhynoscepsis Rieliteri, u. sp. 



Ohlongus, parum convexus, ohncure rufus, sat dense, hrevissime, pallide 
puheHcens. Caput lafifiidine sua longius, suhtriangnlare, antice valde 
angustatum et productum, tubérculo antennario ovato fere totiim et 
antice profundius sulcatum, utrinque ínter 
oculos late nec profunde foveatum, temporihus 
magnis, fere qnadrafis. Ocnlí paululnm pone 
médium siti. Antennw validw, articulis 1 ma- 
gno, cylindrico, 2 ovato, 3-8 multo minoribus 
et moniliformihus, 9-10 leviter creHcentibus et 
transvemis, 11 fere cónico, leviter turbinato. 
Protliorax longitudine sua et capite latior, 
angulis anticis valde notatis, obtusis, multo 
ante médium sitís, inde ad basin lateribus 
obli([uis, vix perspicue sinuatis,fere totus lon- 
gitudinaliter sulcatus,f ovéis tribus liberis et 
basi ipsa utrinque impressa. Elytra latitudine 
sua paululnm longiora, lateribus leviter rotun- 
datis, Jiumeris notatis et obtuse dentatis, basi 
biimpressa, stría dorsali médium superante. 
Abdojnen pernio longius, segmentis dorsedibus (cqualibus. Pedes vedidi, 
anticorum femoribus incrassatis, tibiis valde incrassatis, infra beisi 
emarginatis, intermediorum etposticorum femoribus minus incrassatis, 
tibiis leviter arcuatis et ad apieem crassioribus. cr'. Long. 1,50 mm. 




líhynoscepsis liichteri Raffr. 



64 — 



Cette espéce se rapproclie de ^ubescens Raffr., des Ainazones, par sa 
pubescense blanchátre, courte et serrée, et par la forme dii protliorax 
dont les anglesantérieurs sont tres marqués, mais la forme genérale est 
plus allongée, les antenues sont plus longues, et les cótés du protliorax 
ne sont pas sensiblement sinués á la liauteur de la fossette latérale, L'é- 
paisseur des tibias antérieurs est tres caractéristique. 

Je suls heureux de dédier cet insecte á M. Ricbter qui Pa découvert 
et á la générosité duquel j'en suis redevable. 



GENRE nOPLECTUS Raffuay, Rcv. d'Ent., 1898, p. 160 

Ce genre, dont il n'existait qu'une espéce provenant des Pampas, sem- 
ble devoir étre plus largement representé dans l'Amérique du Sud; M. 
C. Bruch et M. Eicbter en ont découvert cinq autres espéces dans la 
province de Buenos Aires. 

Le tablean suivant aidera á les reconnaitre : 



A, Corps tres aplati, tres paralléle, allongé. 

B, Abdomen plus long- que les élytres qui sont 

carrés. Tete plus longue que large. Antennes 
relativement peu épaisses, articles 4-8 mo- 
niliformes, í) transversal, 10 pas x)lus large 
mais moiiis transversal. 
B ', Abdomen á peine plus long que les élytres 
qui sont plus longs que larges. Tete pas 
plus longue que large. Corjis un peu moins 
allongé. 

C, Antennes peu épaisses, articles 4-7 monili- 

formes, 8 pas plus large mais un iieu trans- 
versal, 9 semblable mais un i^eu plus gros, 
10 fortement transversal, presque concave 
contre la base du ll°'^ 

C, Antennes plus épaisses, articles 4-7 monili- 
formes mais de plus en plus transversaux, 
8 pas plus gros mais bien plus transversal, 
9-10 tres transversaux presque lenticulaires 

A', Corps allongé, paralléle, mais plus convexe 

A", Corps beaucoup plus convexe, moins allon- 
gé et moins i)aralléle. 

B, Tete nórmale, avec un simple sillón parabo- 
lique, front non excavé. 



NiTiDUS, Raffr. 



LONGULUS, n. sp. 



LENTICOE>^IS, n. sp. 
SIMPLEX, n. sp. 



BICOLOR, n. sp. 



— 65 — 

B', Tete ii sculpturc un pon anormale et plus 
C()nipli(pu''e, plus aplatie, front uu peu 
creusé en a\'ant au inilieii, (»('('i]>ut traus- 
versalement deprime. CAPiTATUS,n.sp. 

Ces deux dernieres especes difterent un peu par leur forme plus épais- 
se, plus couvexe, mais les caracteres essentiels sont ideiitiques. 

rjioplectus long'ulus, i>. sp. 

Elongatus, auhparaUelus, deplanatm, nitidtis, ruhrocastanenn, abdomine 
ohficuriore, anteiiin's pedihusquc fiihun ; iniíiiifissime et vix jjersjiicíie 
pubcsvois. Capul lütitudine sud fvqitilom/um, latcn'bns ohliquis, ante- 
rius attenuatum, temporibm rotundatix; occipite postice sinuato ; 
vértice foveis duabus et sulco parabólico impresso. Oculi mediocrcH. 
Antennm mediocres, articulis 1 majore, 2 ovato, 3 subobcoaicoy 4-7 
moniliformihus, 8 leviter transverso, 9 paulo majore, leviter trans- 
verso, 10 multo latiore, valde transverso, fere lenticulari et concavo, 
11 ovato, basi truncato. Prothorax cordatus, lateribus post médium 
obsolete bisinuatis, foveis lateralibiis magnis, mediana paulo minore, 
sulco transverso vix perspicuo. Elytra elongato-quadrata, humeris den- 
tatis, basi obsolete trifoveata, stria sutnrali integra, dorsali nulla. 
Abdomen elytris vix longius, scgmentis dorsalibus 1, 2, 3 aequaUbus, 4 
paulo minore; ventralibus 2, 3, 4 paulo decrescentibus, 5 minore, 6 
magno, subtr i angular e. Pedes mediocres, parum incrassati. 9- Long. 
1,80 mm. 

Ijioplectus lenticornis, n. sp. 

Prwcedenti forma et colore valde affinis sed paulo crassior etmajor. Caput 
latitudine sua, wquilongum, anterius attemiatum, lateribus obliquis, 
temporibus rotundatis ; fronte valde et profunde impressa, foveis dua- 
bus sulco obsoleto cum impressione frontali junctis, occipite breviter 
sulcato et postice leviter sinuato. Antenncv sat crassce, articulis 1 ma- 
jore subcylindrico , 2 ovato, 3 paulo minore, obconico, 4-7 moniUfor mi- 
bus, sed magis ac magis transversis, 8 paulo minore, transverso, 9-10 
prcecedente multo majoribus et valde transversis, 11 fere cónico. Pro- 
thorax capite paulo latior, cordatus, lateribus ante basin perparum 
sinuatis,fovea laterali máxima, mediana minuta, sulco transverso vix 
perspicuo. Elytra elongato quadrata, humeris dentatis, basi trifoveata, 
stria dorsali nulla. Abdomen elytris vix longius, segmentis dorsalibus 
cequalibus, ventralibus 2, 3, 4 longitudine paululum decrescentibus, 
5 brevissimum, 6 magnum, ápice septimum includente, opérenlo ovali. 

REV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (V, 16, 1908.) 5 



— 66 — 

Pedes vaUdi, tihiis intermediis ápice intus minutissime calcaratis. 
cf . Long. 1,90 mm. 

Lioplectus simplex, u. sp. 

Elongatus, suhiMrallelus, convexus, nitidissimus, rubro ferrugineus. Caput 
leviter transversum anterius attenuatum, lateribus leviter intus arcua- 
tis, temporihus rotundatis, sicut in pracedente imjjressum. Antennce 
sicut in L. loíigulo, sed crassiores, articiiUs 9-10 minus transversis, 
10 simplice. Frothorax suhcordatus, lateribus ante médium magis 
rotundatis et postice liaud sinuatis, sulco transverso vix perspicuo. 
Mytra latitudine sua longiora, lateribus perparum rotiindatis, liume- 
ris valde obliquis, minute et acute dentatis, basi indistincte trifoveata 
f ovéis suturali et externa magnis sed intermedia obsoleta. Abdomen 
elytris vix longius, segmentis dorsalibus subcequalibus, ventralibus 2-5 
paululum decrescentibus, 6 majore, transversim subtriangulari. Pedes 
mediocres, tibiis anticis ad apicem incrassatis. 9. Long. 1,80 mm. 

Cette espéce ressemble beaucoup á L. longulus, mais elle est bien plus 
convexe, la tete est plus courte avec les cotes arques en dedans, le pro- 
thorax est plus arrondi, les antennes sont plus épaisses avec le 10"® 
article simple. 

Lioplectus bicolor, u. sp. 

Minus elongatus et parallelus, parum deplanatus; piceus, capite casta- 
neo, elytris ruhro-castaneis, antennis pedibusque fulvis, parce pubes- 
cens. Caput longitudine sua fere latius, antice attenuatum, f ovéis du- 
abus et sulco parabólico; fronte utrinque supra antennas paululum 
nodosa. Antennw sat elongatw, arti culis 1 majore, 2 ovato, 3 obconico, 
4-8 moniliformibus, 9-10 paulo majoribus, leviter transversis, 11 ovato, 
basi vix trúncalo. Prothorax cordatus, lateribus pone médium obliquis, 
Jiaud sinuatis, f ovéis lateralibus validis, mediana paulo minore, sulco 
transverso vix perspicuo. Elytra latitudine sua paulo longiora, late- 
ribus leviter rotundata, humeris subelevatis, vix perspicue dentatis, 
basi trifoveata, stria dorsali milla. Abdomen elytris subcequale, seg- 
mentis 1-4 leviter decrescentibus, ventralibus 2, 3, 4 leviter decrescen- 
tibus, 5 augusto, 6 plus quam duplo majore, septimum includente, 
opérenlo longitudinaliter triangulari. Pedes validi, femoribus pra¡- 
sertim anticis paululum inflatis. (f. Long. 1,75 mm. 

La forme est bien idIus convexe, ijlus épaisse ; la tete plus courte ; le 
10"® article des antennes bien moins transversal; le prothorax moins 
brusquement atténué en avant. 



67 



I^ioploelus oapilntus, n. sp. 

Sat clonnatus, sKbparalIrliis^ xcd paululion convcxun ; ohscnre castaneus, 
elytri.s rubro-ecifitaneis^ autennis et 7ííy///>íí.s' rufo fernigineis; breviter 
i't pa}'cc jmbcNcens. Caput sai ma<inum, 
subdcplanuium, UnK/itiidinr siia paulo la- 
íius, auticc (ütcnuatum, fronte medio rulde 
depressa, utriu(¡ue supra antenna,^ subno- 
dosa, isto modo bipartita; vértice, ínter 
oculos , f ovéis duabus ¡uagnifs, subtransver- 
siSf sulco parabólico rot mulato,^ occipite 
prope collnm impresao, declivi et medio 
carinato ; temporibuH validi,s,au(/uJum sub- 
quadratum, summo rotundatum, formanti- 
bus. Antenna} mediocres, articulis 1 majore, 
2 ovato, 3 obconico, 4-7 moniUformibus, 
S-10 transcersis, 9-10 vix majoribus, 11 
ovato, basi latetruncato, ápice turbinato. 
Prothorax cordatus,f ovéis lateralibus mag- 
nis, mediana parva, sulco transverso obso- 
letissiiuo; basi utrinque convexa. Elytra 
latitudine sua longiora, lateribus leviter 
rotundata, humeris obliquis, dentatis, basi 
trifoveata, stria dorsali nidia. Abdomen 
elytris subwquale, segmentis dorsalihus 1-4 
leviter decrescentibus ; ventralihus 2-4 de- 
crescentibus, 5 minuto, 6 quarto subwquali, 
septimum includente, operado triangidari- 

ter asymet^'ico. Pedes robusti, femoribus leviter incrassatis. cf. Long 
2,20 mm. 




l.LipopectuscapitatusRflr. 

2. — nitidus Rftr. antenne 

3. — tenticoruis — 
i. — longulus — 



Cette espéce se distingue par sa taille plus grande, sa tete aplatie, á 
sculpture plus compliquée et dont les tempes grandes forment unangle 
carré dont le sommet est arrondi; la massue des antennes est tres j^eu 
sensible. 

Eurhexius rubripenuis, n. sp. 



Nigropiceus, elytris rubris, antennis pedibusque rufis, sat longe et obs- 
cure pubescens. Caput valde transversum, anterius attenuatum, lateri- 
bus obliquis, fronte transversim tota sidcata, lateribus incisa et supra 
antennas nodosa, temporibus magnis, leviter prominulis, angido postico 
externo rotundato, in vértice f ovéis duabus sulco parabólico cum sulco 
transverso frontali junctis, occipite medio sulcato. Antenncefere geni- 



— 68 — 



culatee, articulis 1 elongato, cylinñrico, 2 quadmio, 3-10 leviter trans- 
nersis, 9-10 majoribiis, 11 ovato. Prothorax disperse punctatus, capite 
latior, latitud i >ie wquilonfjus, antice sat ahrvpte attenuatns, postice 
leviter sinuatus et valde attenuatus, fortiter sexdcntatus, dentihus a 
basi ad apicem decrescentihus, utrinque fovea laterali valida, sulco 
transverso leviter arcuato, longitudinali integro. Elytra latitudine sua 
perpariim longiora, rubra, basi, sutura et ápice obscuriora, liumeris ro- 
tundatis,basi quadrifoveata,striÍs dorsalibus duabus obsoletis, interna 
fere ad médium extensa, externa breviore. Abdomen elytris paulo majus, 
segmentis dorsalibus subwqnalibus. Pedes mediocres, femoribns parum 
incrassatis, tibiis subrectis,extus vix crassioribus. 9- Long. 2,20 mm. 

Cette espéce se distingue de toiTtes les autres par son systéme de 
coloratiou. Comme formes elle ressemble aii Pntzeisi Schfs., de la méme 
región, maiwS elle est un peu plus allongée, la denticulation du prothorax 
est plus forte et les antennes sont plus courtes. 

ArÜiinius (Syrbatus) bifureatus, n. sp. 

Oblongo-ovatus, antiee plus attenuatus, nitidus, kvvis, rubro reí rufo-cas- 
taneus,plus minusre dilutior; disperse sed sai longe fiaro pubescens. 
Caput magnum, valde transversum, lateribus rectis, inter oculos bifo- 
veatum, caierum in utroque sexu diversum. Antcnnw elongatee, arti- 
culis r majore, in utroque sexu diverso, 3-7 latitudine sua duplo lon- 
giorihus, 8 fere quadrato, 9-10 subquadratis, paulo majoribus, 11 
oblongo-ovato, basi truncato. Prothorax cordatus, disco longitudinali- 
ter convexus, utrinque sulcatus. Ehjtra magna, ovala. Abdomen eli/tris 
brevius, postice obtusum. Pedes elongati. 

cf. Colore prcesertim in elytris multo dilutiore. Caput deplanatum, late- 
ribus alte carinalum, fronte medio cmarginata; epistomate longe pro- 
ducto ápice attenuato et bijido, basi juxta frontem, cava magna fundo 
minute carinata et antrorsum tubérculo magno limitata. Antennarum 
articulo 1 majore, intns injiato, supratuberculato. Elytrorum liumeris 
obliquis et leviter prominulis. Metastcrno obsolete sulcato. Segmento 
ultimo ventrali profunde quadratim impresso. Pedium intermediorum 
trocJianteribus scopula glandulosa, flava pwrditis, tibiis ápice valde 
et acute calcaratis, tibiis jjosticis ápice breviter et obtuse calcaratis. 

9. Colore toto castaneo. Capul minus deplanatum, lateribus obtusis, et 
a temporihus rotundatis; fronte medio ixirum profunde emarginata; 
epistomate rotundatim parum producto, convexo, basi juxta frontem 
bifoveato. Antennarum articulo 1 simplice. Elytrorum humeris nullis, 
rotundalis. Segmento dorsali ultimo sal longe et acule producto. Long. 
2,20 mm. 



— (5!) — 

Cette espéce ost trí's |\(»isiii(' <k' iihsiiíkx lícitr., iii;i¡s clu'z v.i'tto Cer- 
niere répistome est Itcaucou]» iiioiiis ]>r(»('miiK'iit et n'est p¡is bifide en 
avaiit. 

Ai'thiniíis Hi*u<*Iii, i>. sp. 

(fhloiif/iis, N<(t eotircrius, totiis ni/us, .s<(t loniie sed (lifiiK'rf<c jjuhcsccns^ 
Ciipiít qnadratum, leviter trauHverHnm, aupra antennax ntrinquc rotun. 
flato cf panlulum eleimto; fronte medio deplanata et carinula hrevi, 
tcHuiss'niut, lou<j¡fi(d'nmJ¡ pradíta ; vértice ante oculos tnaisrernim et 
leriter ((reuatint tofo iiiiprc-sso; posteriux^ ínter oeuloH, forcis dnahus 
ínter se multo plnn qiiam ab ocidis diatantihus ; occipite leviter convexo, 
ocal i magni. Antenna' ximplieea et mediocres, articidis 3-7 latitud ine 
sua paulo longioribns, 8 minore, quadrato, 9-10 paulo crescentihus, 
latitud ine sua wquilongis, 11 ovato, acuminato. Prothorax cordatiis, 
convexus. JElytra latitud ine sua longiora, basi attenuata. Abdomen ely- 
tris f ere brevius, pnstice attenuafum. Pedes elongati, femoribus anticis 
et intermediis incrassatis, metasternum leviter sulcatum. 

cT. Capitis impressione transversa profuiidiore. Elytrorum humeris 
leviter elevatis et angulatis, colore paululum rubescente et dilutiore. 
Segmento ultimo ventrali profunde transversim excavato. Tibiis inter- 
mediis ápice calcaratis. 

9. Elytrorum humeris nullis. Long. 1,80 mm. 

Cette espéce est voisine de Sus Scbfs. et carinatus Schfs., mais la tete 
est un peii différemment sculptée, le front étant deprime et declive au 
milieii an lien d'étre plus ou raoins bossué comme dans ees deux espéces. 
Je suis beureux de la dédier á M. Carlos Bruch qui l'a découverte. 



GENRE RAXYB18, uov. gen. 

Robusta. Caputsuhquadratum, bifoveatum, fronte plus minusve d^ medio 
prominula tuberculata et fasciculata, 9 obtuse angulata; epistomate 
sat prominulo, arcuatim car inato et ínter dum cf armato; pagina infe- 
riore medio late et utrinque anguste et sinuose carinata. Oculi magni, 
pauJo pone médium siti. Palpi articulis 2 gradatim clavato, 3 sub- 
globoso, rix triangulari, 4 fusiformi, basi vix truncato. Antemue sat 
crassce, articulis duobus primis multo majoribus, clava triarticulata. 
Prothorax subtransversus, anticc plus quam postice attenuatus, lateri- 
bus plus minusve rotundatim angulatus ; f ovéis tribus mediocrious 
quarum mediana minore. Elytra sat magna; basi bifoveata, stria dor- 
sali ante apicem abbreviata. Abdomen elytris brevius, segmento primo 
dorsalí majore, basi biplicato; seg mentís ventralibus 2" (1° conspicuo) 



— 70 



magno^ 3, 4, 7 hrevissimis, 6 majore^ transverso. Proccssus mesoster- 
nalis Ínter coxas intermedias paululum distantes conspictms^deplanatus 
et ápice truncatus. Coxw posticcv distantes et inter cas metasterno 
truncato. Pedes validi, sat crassi; tarsis ralidis^ infraciUatis, antico- 
runí articulo secundo in utroque sexu crassiore, infra sat dense et 
longe ciliato. 

Ce nouveau genre est tres voisin de Bryaxina Eaftr. et Braxyda Baffr. ; 
mais il diífére des deux d'abord par le 2™® article des tarses antérienrs 
simplement plus épais et cilié en dessons dans les deux sexes, au lien 
d'étre dilaté, aplati et spongieux cliez les o^, ensuite par les deux pre- 
miers articles des antennes qui sont notablemeut i)lus gros aussi bien 
chez les 9 Q.ue cbez les (f • II présente certaines analogies avec AcMlUa 
Eeitt., mais la tete est autrement conformée, le dernier article des palpes 
est plus long et réguliérement fusiforme. 



Raxybis nodosa, n. sp. 



Robusta, sat elongata; tota castanea, nitida, parce sed sat longe puhes- 
cens. Caput quadratum sat magnum, lateribus juxta oculos magnos 

sinuatis; ángulo externo antico supra 
antennas máxime rotundato et intus minute 
impresso ; fronte medio impressa, margine 
anteriore medio angulata, prominula et 
ohtuse cornuta, fasciculata; epistomate 
magno, anterius arcuatim talde carinato, 
ista carina medio ohtuse cornuta ; in 
vértice, inter oculos, f ovéis duábus profun- 
dis, inter se fere duplo magis quam ah 
oculis distantihus ; temporibus magnis qua- 
drato-rotundatis. Oculi magni. Antenno} 
crassw, articuUs 1 quadrato, 2 longiore, 
ápice iniuspauluhim ampUato ctrotundato , 
3-8 moniliformihus, perparum transversis, 
9-10 majoribus, crescentibus, transversis, 
11 magno, ovato,basi truncato. Prothorax 
capite paulo latior, subtransversus, antice 
plus quam postice attenuatus, lateribus 
medio rotundatim angulatus, f ovéis late- 
ralibus mediana duplo majoribus. Elytra 
latitudine sua paíilo longiora, humeris obtusis, subnodosis, siria 
dorsali leviter incurva, tertia parte posteriore abbreviata. Segmenti 




Eaxibis noilosa (j Katfr. 



— 71 — 

2)rii)ii (lor,s((lis cariinilis Icriter divergentihus, iñx tertiam partem 
disci includenfibns et attingentihus. Segmentum iiltinmm ventrale basi 
iniprcssiim, ápice medio fnnicafion et Kfrinqiie leriter .siuiiafnm. Metas- 
ternuin ii)i2)ressiii)i. I\'des cn(s,si, breves ^ femorihus parum incrassatin, 
tibiis intermedüs viedio intits acnte dentatis, posticia leviter sinuatis 
et intvs eiliatis. o", ¡jom/. 2,40 »i»i. 



üaxyhis fpontalis, n. sp. 

Minus elongata, caManea, pnrce sat longe pubeacens. Caput leviter trans- 
versum, lateribua rectisy antice juxta angulum anticum leviter incisis, 
isto ángulo obtuso, h<()(d elerato; inter oculos i)iinctis dnobns ínter se 
duplo inagis quam aboculis distantibm, temporibus subquadratis. An- 
tennw minus crassw^ articulis 1 et 2 majoribus, latitudine sua paulo 
longioribus, subcylindricis, 3-8 moniliformibus , haud transversis, 9 
paulo majore, quadrato, 10 majore, rix transverso, 11 magno, ovato, 
basi truncato. Protliorax capite latior, suhtransversus, lateribns rotun- 
datis, fovea mediana, latcralibns mediocribus minore. Elytra latitu- 
dine sua paululum longiora, humeris vix elevatis, stria dorsal i parum 
incurra, médium perparum superante. Segmentiprimi dorsales carinu- 
lis vix tertiam partem disci includentibus et attingentibus. Metaster- 
num deplanatum. Pedes sat crassi, tihiis posticis intus eiliatis. 

cf. Elytris dilutioribus. Fronte medio truncata,fasciculata et triangula- 
tim tuberculata ; epistomate valde carinato. Segmento ultimo ventrali 
basi profunde transversim impresso. Antennarum articulo 2'^ primo 
wquale. 

9. Fronte deplanata, obtuse angulata; epistomate minus carinato. Anten- 
narum articulo 2'^ primo paulo angustiore. Long. 1,80 mm. 

Cette espéce est ¡jlns petite que la precedente; les angles antérieurs 
delátete au-dessus des antennes sont a peine marqués; le front est tron- 
qué au milieu avec un petit tubercule au-dessous de cette troncature. 



Reiehenbachia festina, n. sp. 

Parum convexa; rufo-castanea, elytris paulo dilutioribus et rufescenti- 
bus, sat longe disperse pubescens. Caput latitudine sua patilo longius; 
antrorsum vix attenuatum , fronte paulo angustiore, utrinque vix con- 
vexa, medio sat late sed j^arum profunde impressa, inter oculos f ovéis 
duabiis punctiformibus, inter se plus quam ab oculis distantibus. Oculi 
magni. Antennw sat crassfv, articulis 1 et 2 majoribus, cylindricis, 3 



— 72 — 

ohconico, latitudine sua lomjiore, 4-7 ([uadratis, 8 leviter tranHrerm, 
9 paulo majore, subobconico-truncato^ latitudine sua Kquilongo, 10 
magno, prtvcedente f ere duplo majore, latittidine sua ccquilongo,fere 
subobconico-truncato, 10 magno, ovato, basi truncato. Frothorax bre- 
viter cordatus, fovea mediana lateraUbus tantummodo paulo minore, 
lateralibus mediocribus latera f ere tangentibtis. Elytra latitudine sua 
paulo longiora, adbasin attennata,humerisobliquis, notatis ,basi bifo- 
veata, stria dorsali vix sinuata fere integra. Segmento ^j rimo dorsali 
disco basi deplanato, carinulis duabus brevibus, leviter divergentibus, 
tertiam partem disci inchidentibus. Metasternum deplanatum. Segmento 
ultimo ventrali simplice. Pedes pariim incrassati, tibiis iwsticis leviter 
incurvis. cT . Long, 1,80 mm. 

Cette espéce qni lentre dans le groupe XVIII est voisine de Chevrieri 
Aubé; la fossette frontale est plus diffuse, plus large et moins profonde, 
les fossettes laterales dvi prothorax sont plus petites, jilas tangentes au 
bord, et la médiane n'est pas beaucoup plus petite qu'elles ; la strie dor- 
sale n'atteint pas tout á fait l'extrémité, elle est presque droite. Enfin, 
elle se distingue de toutes les espéces du méme groupe par la grosseur 
des deux derniers articles des antennes. 

Reichenbacliia lútea, u. sp. 

Suboblongo-ovata, convexa; tota rufo testacea, dense sed breviter et 
temiissime puhescens. Caput latitudine sua paulo longius, antrorsum 
paululum attenuatum, lateribus juxta oculos magnos leviter sinuatis; 
temporibus rotundatis, ángulo externo antico supra antennas rotun- 
dato, subdeplanato ; f ovéis tribus subaqualibus, duabus in vértice 
Ínter se et ab ocuUs subwquaUter distantibus. Antennw sat gráciles, 
articuUs duobus primis majoribus, 1-5 latitudine sua fere duplo lon- 
gioribus, 6-7 fere quadratis, 8-9 quadratis, 9 paululum majore, 10 
subquadrato, proecedente dimidio majore, 11 magno, breviter ovato, 
basi liaud truncato, ápice acuminato. Prothorax latitudine cequílon- 
gus, lateribus rotundatus, f ovéis lateralibus validis, latere approxima- 
tis, mediana minuta et obsoleta. Elytra sat elongata, ad basin leviter 
attenuata, humeris fere nullis, basi bifoveata; stria dorsali recta, ter- 
tiam partem posticam disci attingente. Segmenti primi dorsales cari- 
nulis subparellelis fere tertiam partem disci includentibus et medianí 
attingentibus ; pygidio impressione angulata prcedito. Pedes simplices, 
tibiis posticis arcuatis et ad apicem incrassatis. ^. Long. 1,80 mm. 

Cette espéce appartient au groupe XX et est tres voisine CúEsteba- 
nensis Eaffr.j du Venezuela; la tete est un peu idIus courte; les articles des 



— 73 — 

aiitemu's 1-5 i)lns lonjas, (í-10 ;ni ('(mtiiiiic plus (•(unís. vi 11 i>liis gros, 
hi strie dorsale i)lu8 dioite, iiioiii.síirquée. Daiis Estchaiiciisin le py<;i(liniii 
est un peu mucroiié daiis les denx sexes, daiis /íí/cí/ il porte une inipies- 
sion en forme d'accent cireontiexe. 



Roichciihaeliia g:rise<»pubescens, n. sp. 

Mi ñus eJongata, ^;o.s'f/(V' lafti, jjíí >•?<>/? conrcxn, ohscure brnnnea, elytris 
ih'xco paulo dilut¡oribu.s, ruhcscenübus ; antemÜH pedibusque rufo 
castaneis, palpis tarffisque testaceis, breviter, parum dense gríseo pu- 
hescem. Caput latitudine sita multo longius, antice attenuaUím, lateri- 
Ims recfis. fronte medio leviter deplanata; temporibus obliquis, f ovéis 
tribus a'qualibus^ quurum j^osticis ínter perparum plus qtiam ab oculis 
distantibus. Oculi niagni. Antennw gráciles, articulis 1 et 2 multo ma- 
joribus, ] cylindrico, 2ornto, .'í-7 latitudine suaf ere duplo longiorihus, 
leviter decrescentibus, 8 quadrato, 9 majore, obconico-truncato, latitu- 
dine ccquilongo, 10 proecedenti símili sed duplo majore, 11 magno, 
ovato, basi vix truncato, ápice acuminato. ProtJiorax suhcordatus, la- 
terihus ante médium rotundatis, f ovéis lateralibus magnis, latera tan- 
gentibus, mediana minutissima et obsoleta. Elytra latitudine sua vix 
longiora, basi attenuata, lateribus et humeris rotundatis, istis vixpro- 
minulis, basi bifoveata, stria dorsali recta, medio abbreviata. Abdo- 
men breve, segmentis priniis dorsalibus carinulis subparallelis, tertiam 
partem disci includentibus et attingentibus. Metasternum deplanatum. 
Segmento ultimo ventrali fovea magna ovata transversali munito. 
Pedes parum incrassati; intermediorum trochanteribus dente obtuso 
compresso proeditis, tibiis ápice intus calcare longo, cylindrico, obli- 
quo armatis; tibiis posticis incurvis, ad apicem incrassatis, intus dense 
ciliatis. cT. Long. 1,60 mm. 

Cette espéce qui appartient au groupe XXI qui semblait jusqu'á pré- 
seut confiné dans I'Amérique équatoriale, diftere de toutes les autres du 
méme groupe par sa coloration foucée sur laquelle trauclie sa pubes- 
cence d'un gris blanchátre. 



Reiehenbaehia arífentina, n. sp. 

Cette espéce appartient au méme groupe que la iirécédente á laquelle 
elle ressemble beaucoup et dont elle diftere seulement sur les points sui- 
vants : Taille un peu plus grande, d'un fauve rougeátre un peu plus clair 
sur les pieds, pubescense d'un gris un peu argenté; antennes notable- 



— 7-1: — 

ment plus épaisses, avec la massiie iiioins accentuée, les articles 9 et 10 
étant relativement moins gros, le 9°''' est presque semblable aii S*"" qiii 
est carré, le 11'"'' est plus briévement ovoide; le prothorax est un peu 
moins cordiforme étant moins rétréci en arriére; les cotes des élytres 
sont moins arrondis, les épaules plus obligues et plus saillantes; l'épe- 
ron des tibias intermédiaires est bien différent ; dans grheopuhescens 
c'est une épine cylindrique, longue obtuse, insérée obliquement á l'ex- 
trémité interne du tibia; dans argentina c'est une dent conique robuste 
mais courte et pointue; les tibias postérieurs sont moins arques. Long. 
1,70 mm. 

Decarthron biuoclosuin, u. sp. 

Totum rufo-castanenm, sat longe rufo puhescem. Caput quadratum, an- 
gulis anticis, supra antennas, oblique truncatí.s posterius transversim 
impressiSf anterius obtuse nodosi.s, fronte anteriuH rotundata sed trun- 
cata, epistomate simpUce, in linea antica ociiloruní f ovéis duabus mag- 
nis a lateribus parum remotis, occipite convexo. Antennw sat crassce 
articulis 1, 2 multo majoribus, suhcylindricis subelongatis, 3 obconico 
latitudine sua longiore, 4, 5, 6 fere quadratis, 7-8 leviter transversis, 
9 duplo majore, quadrato, 10 (ultimo) ovato, basi late truncato. Pro- 
thorax latitudine sua paulo longior, subovatus, ante médium paulo 
latior , f ovéis tribus, lateralibus supra visibilibus. Elytra magna, sub- 
quadrata, ad basin attenuata, humeris rotundatis, vix prominulis , basi 
bifoveata, stria dorsali profunda, médium paulo superante. Segmenti 
primi dorsalis carinulis brevibus, plus quaní tertiam partem disci 
includentibus, ínter eas basi flavociliata. Metasternum sulcatum. Scg- 
mentís ventralibus simplicibus. Pedes sat elongati, femoribíis leviter 
incrassatís, tíbiís ómnibus ante apicem íntus paululum emarginatis et 
dense ciliatís, anticis et intermediis, minutissime ápice calcaratis ; 
trochanferibus intermediis leviter et rotundatim dilatatis. Long. 
1,10 mm. 

Dans le genre Becarthron les segments ventraux ne donnent pas géné- 
ralement des indications útiles pour la distinction des sexes. 

L'epistome est mutique ce qui, dans ce groupe, indiquerait une 9» 
mais les trochanters dilates et les tibias éperonnés sont l'apanage des cf . 

Cette espéce appartient au groupe I et est voisine de corpulentum, 
Scbfs. dont elle différe par la taille plus petite, les antennes á articles 
beaucoup iilus courts, les angles antérieurs de la tete, au-dessus des 
antennes tronques obliqnement tandis qu'ils forment un angle droit tres 
net dans corpulentum, enftn les carénules du premier segment dorsal 
beaucoup plus courtes. 



Deearthron siinplex, n. sp. 

Ficeum, eli/tris ruhris, (oifoini.s pcdihiiníitic nijis, brciñ.siiime (jrÍHC0-pu- 
hescens. Cajmt leritcr trdiisnrsinn, unt yovsnm mx attenuatum , plamim, 
anpuJis (oiticifi rotundatis, fronte xHhn'cte truncaia, ínter oeulos nxu/- 
nos 2>i(nct¡s tluobus ínter se f ere duplo plus qiiam ub oculis di.stantibus ; 
e2)istomate anterius rotundato-carinato, mutico. Antennce breves, arti- 
culia 1 et 2 majoribuH, ftiibciflindricift, lafitudine sua longiorihuft, 3-7 
decrcscentihuii, S lafitudine sun jmnlo longiore, 7 Hubtransverso, 8 pan- 
luluní majore, transverso, 9 dimidio majore, transverso, lOovato, basi 
truncato. Prothorax leviter transversus, antice plus quam postice atte- 
nuafus, fere medio paulo angulatim rotundatas; f ovéis tribus svbo'- 
qualibus, lateralibus supra visibilibus. Elytra magna, suhquadrata, 
basi paululum attenuata, Immeris leviter prominulis ; basi bifoveata, 
stria dorsali medio abbreviata. Segmenti primi dorsalis carimilis paulo 
plus quam tertiam partem disci includentibus et mediam attingentibus. 
3l€tasternu)n sulcatum. Pedes mediocres, tibiis antieis et intermediis 
medio extus paululum ampliatis, posticis incurvis, ad apicem incras- 
satis. 9- I^<>ng. 1,50 mm. 

Par son front tronqué, cette espéce appartient au gronpe I et il est 
tres probable que le cf qui est inconnu doit avoir Fépistoine plus ou 
moins armé. Par sa coloration elle se rapprocbe de bicolor Eaftr.; cei^en- 
dant les élytres sont d'un rouge foncé tandis qu'ils sont rouge tres clair 
tirant sur le jaune dans bicolor, en outre cbez ce dernier le front est im- 
pressionné en avant au milieu, les antennes plus courtes et plus gréles. 



Decarthroii liirsutuiii, n. sp. 

Totum rufo castaneum, pedibus rufis, sat dense, breviter Mrsutum. Caput 
latitudine sua paululum longius, anterius leviter attenuatum, fronte 
antice declinata, subtriangulata, basi sulco tenui transverso, angiilis 
antieis externis fere nullis, ínter oeulos magnos, punctis duobus validis 
Ínter se duplo magis quam ab octilis distantibus ; epistomate simplice. 
Antenufe sat crassce, articulis 1 subeylindrico et subquadrato, 2 vali- 
do, irregulariter subgloboso et intus ápice leviter rotundatim producto, 
3 breviter obconico, 4-7 moniliformibus, 8 latíore, transverso, 9 multo 
majore, transverso, intus perparum producto, 10 (ultimo) ovato, basi 
late trimcato. Prothorax latitudine cequilongus, subcordatus, foveis 
tribus mediocribus, cequalibus, lateralibus supra visibilihus. Elytra 
latitudine sua paululum longiora, basi attenuata, Immeris subobUquis 



76 — 



et leviter prominulis, hasi hifoveata, siria dorsali mimis notata, ante 
médium ahhreviata. Segmento primo dorsali magno, obsolete punctato 
carinulis duabus 2)lus qnam tertiam partem disci includentibns ef attin. 
gentibus. Metastcrnum obsolete sulcafum. Pedes sat gráciles, tibiis in- 
termediis ápice calcare minutissimo prceditis, posticis minus inciirms, 
ad apicem intus dense ciliatis. cf . Long. 1,40 mm. 

Cette espéce qiii par son front declive appartient au groupe II et vieiit 
a cóté de coclilearifer Schfs. efc dimissioms Sclifs. se rapproche davautage 
de cette derniére, mais elle diífére des deiix par ses aiitennes plus cour- 
tes, dout le 2™® article parait un peu oblique étant légérement plus gros 
au sommet interne. 



Deearthrou rubripenne, n. sp. 



Sat elongatum ; nigrum, elytris ruhris, antennis pedibusque rufis, brevi- 
ter sat dense Jiirsutum. Gaput latitudine sua paulo longius, fronte 
anterius leviter decUnata et triangulari, angulis externis anticis valde 

obtusis, Ínter ociilos magnos f ovéis duabus 
Ínter se et ab ocnlis fere oequaliter distan- 
tibus. Antcnnw validce, crassoe, articuUs 
1 brevi, 2-5 suhquadraiis, ínter se suboequa- 
libus, 6-7 paululum minoribus, 8 majore, 
transverso, 9 multo majore, leviter trans- 
verso, 10 (ultimo) ovato, basi truncato. 
Prothorax cordatus medio, ante basin, sat 
valide uuifoveatus. Elytra disperse et 
irregulariter sat grosse punctata; latitu- 
dine sua paulo longiora, ad basin leviter 
attenuata, lateribus paululum rotuiidatis 
et humeris vix prominulis, basi bifoveata, 
stria dorsali valida, ad médium abbreviata. 
Segmento primo dorsali magno disperse 
punctato, carinulis paulo plus quam ter- 
tiam partem disci includentibus et quartam 
vix superantibus. Metastermim convexum 
sulcatum. Pedes validi; anteriorum femo- 
ribus supra leviter angulatim incrassatis, a 
medio ad apicem leviter emarginatis, tibiis suhrectis, crassis; interme- 
diorum femoribus supra ad médium máxime angulatim dilatatis et 
summo anguli sinuose valde spinosis, dein ante apicem profunde exca- 
vatis, tibiis crassis subrectis, intus pone médium spina tenui obliqua 




Decartliron lubiipeDiie, líaffr. 

1 . Pied iiitermédiaire. 

2. Cuisse antérleure. ^ 

3. SjTbatus bifurcatus (j • Raffr. Tét 



onuatis : posticonnii J'onorihiis sinipIicihK.s rt vix incrassatis, tihiis 
crasnis, nubrcctis, <i<l upivcni iiicr((ssofis ct intiis dense ciliatis. o'. 
Long. J,70 mni. 

Cette especo ¡ii)i)nrtient au uroiipe VTTT «lont tous les o^ ont les enis- 
ses intermedia ires i)liis oii inuins uiiiiées; elle est voisiiie de externcdcnH 
Reitt., rnais la dilatation et l'épine des ciiisses intermédiaires sont bien 
plus fortes, la coloration et la petite épine oblique au cóté interne des 
tibias intermédiaires l'en distin*inent encoré. 

GENRE PSELAPHELLIJS, n. sen. 

Antice valdc attcnuatus et postice amplkdus. Caput loiujum lateribits 
suhparalleluniy deplanatiim, haud sulcatum^ tantummodo ínter oculos 
et fronte impressum. Falpi sicut in gen. Pselaplio^ ^«ííío minus alta- 
men elongati. Antennoe rohnstce articulo P cyJindrico, raldc elongato, 
clava iiniarticídata, articulo vltiiuo magno tantummodo constante. 
Prothorax hreritcr oratus. Elytra magna, triangularia, convexa, pos- 
terins valdc ampliata, has i augusta, humeris leviter ^>row/«?í//.s*, ohli- 
quis, hasi hipunctata, stria suturali valida, dorsali nidia. Abdomen 
elytris hrevius^ late marginatum, segmento 1° dorsali sequente vix duplo 
majore; segmentis ventrulihus 1 occulto, 2 duohns sequentihus simul 
snmjítis vix acqnali, 5 medio occulto, laterihus tantummodo visihili, 
6 magno, transverso. Pedes validi, crassi. 

Ce genre nouv^eau est tres voisin des vrais Pselaplms avec lesquels il 
a été confondu jusqu'á ce jour mais dont il est réellement distinct. Deux 
nouvelles espéces découvertes par M. C. Brucli dans la province de Bue- 
nos Aires accentuent les différences en démontrant leur constance. 

La forme genérale du corps est plus courte, plus épaisse, beaucoup 
plus élargie en arriére; la tete n'a pas l'occiput renflé et le large sillón 
antérieur qui ne manque jamáis chez les Pselaplms ; le premier article 
des antennes est proijortionnellement beaucoup plus long, la massue 
toujours triarticiüée cbez les Pselaplius u'est composée dans ce nouveau 
genre que du dernier article; les élytres sont bien plus triangulaires et 
bien iilus dilates en arriére; l'abdomen généralement si grand cliez les 
Pselaplius est toujours plus court que les élytres, et le i)remier segment 
dorsal est a peine aussi grand que les deux suivants réunis ; les palpes 
et les ijieds sont un peu plus courts et plus épais. 

En Amérique, les Pselaplms, peu nombreux d'ailleurs aux États-Unis, 
ne dépassent pas au Sud la Louisiane; ils sont remplaces á partir du 
Guatemala x>ar ce nouveau genre qui ne comprend encoré que peu d'es- 
péces. 



78 — 



Pselaphellus convexus, u. sp. 



Totus ruhro-castaneus, breviter et suhsquamose parce puhescens. Caput 
valde elongatiim, lateribus parallelum, suhdeplanatuniy fronte utrinque 
juxta antennas obsolete nodoso et medio impressa, 'vértice inter oculos 
impressione magna obsolete geminata. Oculi magni, 
medio siti. Palpi testacei, validi trientes dúos 
antennarum tequantes, articulo ultimo basi pedun- 
cnlato, clava oblonga crassa, mediam partem for- 
mante, ápice et extus tota sulcata. Antenmv validce, 
elongatcv, articulis r tres scquentes simul sumptis 
longitudine superante, leviter sinuato, 2-8 latitudine 
sua paulo longioribus, sed gradatim longitudine 
decreseentibus, 9 quadrato, 10 transverso, 11 magno, 
suhcylindrico, quatuor praxedentibus a;quilongo, 
basi trúncalo, ápice obtuso. Protliorax latitudine 
(vquilongus, convexas, breviter ovatus, basi medio 
obsolete foveatus. Elytra, convexa, triangularia, 
ápice fere quintuplo latiora quam basi, liumeris 
obliquis, convexis, basi bifoveata, stria suturali 
profunde impressa, sutura concava. Abdomen elytris 
multo brevius, late marginatum, ista margine ápice extus paululum 
divaricata et valde acuta; segmento primo dorsali cceteris cunctis vix 
majore. Pedes validi, tibiis subrectis. Long. 2,40 mm. 




Pselapliellus couvexus, Kafli-. 



Oette espéce est tres voisine de opacus Sclifs., des Amazoues; dans 
cette deriiiére les anteniies sont un peu plus lougues, aucun des articles 
n'étant transversal, les élytres aussi sont tres notablement plus longs ; 
la pubescence est plus serrée. 



Pselaphellus vestitus, u. sp. 



Cinnamomeus, pedihus rufo-testaceis, puhescentia vix squamulosa, bre- 
vissima, sal dense vestitus. Capul elongatum, parallelum, subdeplana- 
tum, fronte utrinque, juxta antennas, obsolete nodosa et medio impres- 
sa, vértice inter oculos bipunctato. Palpi testacei, gráciles, trientes dúos 
antennarum a'quantcs, articulo ultimo basi pedunculato, clava fusi- 
formi, graciliore, sulcata. Antemuc valida', elongatce, articulis 1 
quatuor sequentes longitudine a'quante, leviter sinuato, 2-6 latitudine 
.sua longioribus, decrescentibus, 7-9 quadratis, 10 leviter transverso, 
11 oblongo-ovato. Prothorax latitudine paulo longior et perparum cor- 



— 79 — 

(laius, ahftque Jm'colifi. EJyira xubconrcxa^ IriíWfjiilaria , ajrice qvddru- 
plo latioraquam haai, hioncris leviter ohUqnin ct prominnUn, Ixinihifo- 
Tcata, stria sutural i ct sutura minus iiuprcssis. Abdomen elytris fere 
(vqnilongum, margine lateraU lata, ápice haud divaricata, neo acuta, 
segmento r dorsali sequente tantummodo jniulo majorc. Pedes magis- 
elongati et graciliores. Long. 2,00 mm. 

Cette espéce est plus petite que la précédeuto, de coloratiou plus clai- 
re, ápubesceuse simple et plus denso; la forme est moins convexe, moins 
élargieen arriére, avec l'abdomen beaucoup moins court; les palpes sont 
plus gréles, la massue du dernier article beaucoup i^lus allongée et fusi- 
forme. 

Pselaphellus pallipes, n. sp. 

Rufescens, antennis testaceis, palpis pedibtisque pallidis, brevissime et 
nmmtissime griseo pubescens. Gapiit sictit in prcecedente. Palpi gráci- 
les, mediam partem antennarum oequantes, articulo tiltimo basi longe 
pedunculato, clava valde fusiformi, gracili, sulcata. Antennw elonga- 
tce, gráciles, artictilis 1° paulo plus quam tribus sequentibus simul sum- 
ptis longiore, leviter sinuato, 2 cyUndrico, sequente crassiore et paulo 
longiore, 3-10 latitudine sua longioribus, longitudine gradatim decres- 
centibus, 11 magno, oblongo-ovafo. Prothorax latitudine sua longior, 
subovatus et convexus, basi medio vix perspicue foveatus. Elytra sub- 
convexa, triangularia, ápice triplo latiora quam basi, humeris obliquis 
et obtuse prominuUs,basibifoveata, stria suturali profunda, dorsali 
brevi et minus profunda. Abdomen elytris paulo brevius, margine late- 
rali lata, ápice haud divaricata nec acuta, segmento primo dorsali 
majore. Mctasternum late nec profunde impressum. Pedes magis elon- 
gati et gráciles. Long. 1,60 mm. 

Cette espéce ressemble beaucoup á vestitus mais elle est plus petite, 
es pieds, les antennes et les paljies sont plus longs et plus gréles, le 
Ijrotliorax est presque réguliérement ovoide, enfin la coloration est plus 
claire. 

Ctenisis fasciculata, n. sp. 

Oblonga, convexa, rufotestacea, sat dense, albido squamoso-pubescens. 
Caput elongatum, triangulare, tubérculo antennario cordato, toto sul- 
cato, fronte anterius minute foveata, vértice in linea mediana oculo- 
rum maximorum foveis duabus mediocribus, occipite transversim 
convexo ; spina Í7ifraoculari valida, recurva. Antenwv elongatce, 



— 80 — 

elytronim apicem fere attingcntes, puhescentia mfascicuUs disposita, 
articuUs 2 quadrato^ 3-7 leviter transversis, daca máxima, articulis 
8-10 cylindrieis, 11 clongato ad apicem leviter iucrassato, ápice 
rotimdato. Prothorax leviter transversus, valde convexus et laterihus 
rotundatus, angiilis externis etforea mediana antebasali dense albido 
et {ilanduloso HetOHÍH. Ehjtra prothorace .sesqtii longiora, hasi leviter 
attenuata, laterihus leviter rotiindatis^ hHnteri.s parnm notatin, ntria 
dorsali leviter arcuata, ápice dense albido et glanduloso setosa. Abdo- 
men elytris brevius, segmento primo dorsali sequente tantummodo 
paulo minore. Metasternum late et profunde sulcatum. Pedes parum 
crassi, tihiis anticis leviter arcuatis et medio extv.s incrassatis ; ecete- 
ris rectis. cT . Long. 1,70 mm. 

Cette espéce est voisine de angustata Eafíi*. qui provient des Pampas, 
mais cette derniére espéce est plus iietite, plus étroite, la xDubescense est 
plus fine, plus clairsemee et simple sur les antennes tandis que dans/Vts- 
ciculata elle est agglomérée i)ar petits pinceaux disposés eux-mémes en 
series. 

Dans ce genre, comme cliez les Ctenisis et autres genres voisins, les 
liroportions relatives des articles des antennes ont i^our la détermina- 
tion des espéces une grande importance et ce qu'il y a de mieux c'est de 
comi)arer leurs mensnrations micrométriques ; je donne done ci-dessous 
ees proportions pour les deux espéces de la méme región : 

angustata líatt'r. fascimlata n. sp. 

Articles 1-2 7 10 

— 3-7 12 15 

— 8 13 20 

— 9 10 12 

— 10... 11 16 

— 11 15 18 

Lonsueur totale de l'auteune 68 91 



Ctenisis g^racilis, n. sp. 

Elongatus, rufus, parce sqnamoso-pubescens. Caput elongatum, trifovea- 
tum, tubérculo antennario elongato-cordato ; spina infraoculari longa, 
tenui, leviter arcuata, temporibus fasciculatis. Ocnli maximi. Antennce 
elongatae, elytrorum apicem fere attingcntes, articulis 1 cylindrico, 2 
quadraio, .3-7 minoribus, transversis, moniliformibus, 8-lOcylindricis, 
8 sex artículos básales longitudine aeqiíante, 9 pr accedente fere dimidio 
breviore, 10 nono longiore, 11 octavo paulo breviore, ápice leviter 
incrassato, obtuse acuminato. Prothorax latitudine sua paulo longior. 



— 81 — 

antice pofiticeqne atteniiatioi, a)u/uli,s 2)0fitici}t fasciculatisyfovea media 
hasali sulciformi. Eli/fra saf clonfiata, hnsi Ici'itcr ntiemiata, humerin 
rotiouhdis, stria ilorsoli hiftr/nt, Icrifcr arcunta. Abdomen hrcn'ns, 
fii'¡/))tf)iti> 2 dorsdli primo ¡xoilo loiif/iorr, po.sticc medio lerifer fjilthofio 
ct mavtiine postiea ohfitse (ou/iilafíí. Metasteniinn ))roJ'onde .siileation. 
Tibiifi anticis leeiter c(rci(((tis et medio extiis crasNiorihus^ posticia 
elongafin, graciVtbnx, ¡eriter .siniiafis et ad upicem incrassatift. cf 
Long. 1,80 mm. 

Les proportions des ¡iiticlcs dos imteiiiies qiii <mt niie <;Tínide inijx)!'- 
taiK'o s])('{'itique daiis la tribu des Ctenistini peut étre établie comiiie 
suit : Aiticles 1 á 7 = IC, 8 = 14, 9 = 8, 10 r== 11, H = 13. Cette 
noiivelle espece est tres voisine de angmtata Raft'r., des Pamiias, mais les 
antennes sont notablement plus courtes; dans angustata les proportions 
sont les suivantes : 1 á 7 = 15, 8 == 8, 9 = G, 10 = 7, 11 = 11. Les 
anteunes sont presque aussi longues, niais beancoup plus gréles que 
dans fascicnlafa, bien que les articles aient á ])eu prés les mémes pro- 
portions relatives ; gracilis s'éloi<>ne encoré de angustata et de fascicu- 
lata par le tleuxiénie segment dorsal un peu tuméfié au milieu, sur la 
marge postérieure qui est légérement et obtusément anguleuse. 



IVeotyrus vestitus, n. sp. 

ObJongo-oratu.s, antice plus attennatns, totifs castaneus, pubescentia vaVi- 
da, depn'HHa, flava, totus vestitiiK, palpix rufla. Capiit subdeplanatum, 
elongatum, anterius perparum attemiatum , fronte medio anterius bre- 
vissime sulcata; vértice inter ocuJos minute bifoveatum. Oculi magni, 
medio siti. Palpi magni, articiúia 2 elongato, ápice sat abrupte cla- 
vato, 3 paulo breviore, ovato-oblongo, bam teñid et pedunculato, 4 va- 
lido, primo longiore,fmiformi, ápice mi mitissime truncato. Antennod 
valid(F,articulis cyUndricis, 1 paulo majore, 2 fere quadrato, 3 latitu- 
dine suafere di ¡nidio longiore,3-7 gradatim longitudine decrescentibus, 
7 quadrato, 8 transverso, .9 paulo crassiore, tertio longiore, 10 qua- 
drato, 11 magno, ovato, basi leriter truncato, ápice obtuso. Prothorax 
subovatus, antice paulo plus attenucLtus, disco co7ivexo ante basin re- 
trorsum et acute tuberculato, inter istum tuberculum et basin imprcs- 
sione arcuata et sulciformi, iitrinque pone médium fovea laterali. Ely- 
tra latitud ine sua longiora, basi leviter attenuata, humeris fere nullis, 
basi bifoveata, stria, dorsali valida ad médium abbreviata. Abdomen 
elytris paululum brevius, segmento primo dorsali máximo. Metaster- 
nnm sulcatum. Pedes validi, parum incrassati, tibüs anticis et inter- 
mediis ante apicem leviter incurvis, posticis subrectis. 

KEV. MUSEO LA PLATA. -- T. II. (V. 18, 1908.) 6 



— 82 — 

Cette espéce est excessivement voisine de gihhicoUis Sclifs., des Aina- 
zones; elle s'en distingue par sa forme notablement plus allongée, moins 
élargie en arriére, par sa pubescence rude, coucliée et serrée; les auteu- 
nes soiit un peu plus épaisses, les articles S plus transversal et au con- 
traire 9 plus long- et 10 plus carré. 



Haiiiotus arg-entinus, n. sp. 

Ferrurjineus, cJijirln üilutiovibuH, brunneo hirtu.s. Caput latitudhíe sna 
multo Jonghis, antron^um aiu/Kstatiou, ttihcrculo antennario s-at elon- 
gato^vahle si(lcafO;,f<)rci,s duahm ínter ne pluH quam a latere di>it<(nti- 
hun et ante Jineam mediam ocnlorum sitis^ temporihns rotnndatis. 
Falpl magni, articulo 4 Kuhcylindrico, hasl apiceque attenuato, tota 
silicato. Antennoe vaVidoe elomjatoe, articuli.s 2-5 latitudine sua pau- 
luluní longioribus, 6-8 quadratis, 9 crasHwre, orato, 10 quadrato, 
11 tres praecedentes hmgitudine aequanie, cxtus rotundato, ápice 
obtuse acuniinato. Prothorax latitudine sna paulo longior, suhovaius, 
foveis tribus aeqnalibus, rotundatis. Elytra latitudine sna paulo 
longiora, basi leviter attenuata, liumeris oblique rotundatis, sulco 
dorsali valido^ paulo ante médium abbreriato. Abdomen elytris paulo 
latius et longitudine suhaequale, segmento 1° secundo paulo longiore. 
Metasternum convexum. Pedes sat elongati, simplices, tibiis posticis 
ahsque calcare apicali. Long. 3.30 mm. 

Cette grande et belle espece est tres voisine de gracilicornis Keitt., du 
Brésil, les articles 3-10 des antennes sont un peu plus courts, la tete 
est bien plus longue, le tubercule anteiinaire plus étroit, le quatriéme 
article des palpes est moins gros, moins ovoide, plus allongé, jdus 
cylindrique et moins acuminé au sommet, les élytres S(mt plus clairs, 
le metasternum convexe au lieu d'étre largementsillonué. 



Ai'Iiyfodes ISruelii, n. sp. 

Oblongus, leviter eonve.rusy rubro-castaneus, elytris disco paulo dilutiori- 
bus, sat dense et regulariter oeliraceo squamosus. Caput deplanatum , 
latitudine sua vix dimidio longius, fronte medio impressa, sulcis duo- 
bus valde obUquis, postice ante colhon anguhdim connexis^ iinpressio- 
ne frontali et sulcis densius albido-grisco restitis. Antennoe corpus 
longitudine f ere aequantes, articulis ómnibus cylindricis, 1 magno, 2 
quadrato, 3, 4, 5, 7 latitudine sua dimidio, 6 duplo longioribus, 8 sexto 
tix longiore, 9 et 10 inter se cequalibus, oeto dimidio longioribus, 11 



octo Itdiid loiujiorv, IcrUcr ordfo, ap'ive IcrUcr acuminato. Prothorax 
¡(ttiintlinc ,sii<( (rqi(iloii¡iiis, (tntcf'iitx ((HctnKÜHs, laterihus pone médium 
leriter .siiuiofiis, tlisvo antrcvxs, khIco inaisrcrso medio wíhks <tu(inla- 
tUH, paulo di'Hn'nts (dhido-f/risco irstito. Elyira maijna, ¡((iiiiidiiic sua 
longiora, hmi panitu (ittcuuatti. liKnuris Icviter ohUquiíi et prominnUíi, 
hasi hifoccafa, inter.stitio et Hulcinfcre nnllis; foirin et margine apicali 
demiiist albido-griaeo re,stiti,s. Abdomen elytris multo hrcciux, ¡tegmen- 
tis ápice medio tantummodo leviter convexis, margine apicali utrinque 
et vix medio denfiius albido-grisco resfita. Peden validi sat clongati; 
feniorihKÑ anticis medio infra carinatin. ^íetanternutH ]>roíiinde kuI- 
C((ti(m. o^. Long. 2,20 mm. 

Cette ospéce est la plus petite du lienro qni, aatrefois ;\ peine eonmi, 
semble devoir devenir assez nonibrenx dans l'Aniérique niéridionale. 
Elle din ere de toutes celles qni sont connues jnsqu'á ce jour par son 
prótliorax (pii n'est nullement carené niais simplement un peu convexe 
longitudinalement; les élytres sont bien nioins rétrécis á la base; les 
squamules qui remplissent les fossettes et les sillons on couvrent les su- 
tures sont d'unblane sale; la strie dorsale fait défaut. En cutre comparé 
á vestitus qui a les antennes plus longues que le corps, celles de Bruclii 
sont relativement plus courtes, la tete est plus rectangulaire sans rétré- 
cissement en avant des yenx. 

Fustiger eleg-ans, n. sp. 

Ohlongus, gracilis, totus rufas nitidissimus et laevis, satlonge fiavo seto- 
sus. Caput elongatum, cylindricum, antice nonniliil ampliatum, recte 
truncatum. OcuU medio siti. Antennae elongatae, tertiam partem pos- 
tieam prothoracis attingentes, gráciles, rectae, ápice sat ahrupte clava- 
tae, triíHcatae. Prótliorax latitudine sua paulo longior, ad hasin leriter 
attenuatnsy laterihus subohliquis, hasi leviter angulatus et medio ohso- 
lete punctatus. JElytra elongata, hasi attenuata, laterihus et liumeris 
ohliquis, sutura leviter depressa, margine apicali leviter sinuata. Ah- 
domen elytris paulo longius, laterihus suhrectum , postice rotundatum; 
hasi máxime transversim excavatam, fundo mi ñute hituhcrculato, late- 
rihus margine intus rotundatim ampliatum et fasciculatum, posterius 
convexum. Pedes sat elongati ; femorihus inflatis, tihiis omnihus rectis, 
ad apicem gradatim, satfortiter clavatis. O. Long. 1,90 mm. 

Cette jolie espéce différe de toutes les autres par sa forme beaucoui:» 
plus allongée, les antennes beaucoui) plus longues, brusquement et for- 
tement épaissies au sommet; les tégnments sans aucune sculpture, et la 
pubescense longue assez dense et setiforme. 



EL HIERRO METEÓRICO DE LA PUERTA DE ARAUCO 

Por el doctor ENRIQUE HERRERO DUCLOUX 

Profesor (le Química analítica en las Universidades nacionales de La Plata y Buenos Aires 



El hierro ineteórico, cuya descripción y análisis químico motivan es- 
tas páginas, cayó en la Puerta de Arauco (i)roviiicia de la Eioja) en el 
camino del Carrizal á Tinogasta, á mediados del año 1904. 

El incendio que al caer produjo en un pajonal, llamó la atención de 
unos arrieros que por el lugar pasaban; y como habían presenciado el 
meteoro acompañado de una luz vivísima y de un fuerte ruido, no tarda- 
ron en orientarse en el campo, recogiéndolo y transportándolo á Mazan, 
donde lo entregaron al ingeniero B. Daniel Babot. Este lo regaló al doc- 
tor Schmidt quien con un desinterés digno del mayor elogio lo donó al 
Museo de La Plata por intermedio del profesor Carlos Bruch, cuando este 
último realizó una expedición de estudio á la provincia de Catamarca en 
abril del corriente año. 

Descripción. — El hierro meteórico de Puerta de Arauco tiene la forma 
de un tetraedro irregular, deformado jior el choque que parece haberse 
efectuado sobre una de las aristas y contra rocas irregulares de gran 
tenacidad. 

Es de color gris obscuro metálico en las partes lisas, y i>resenta en dis- 
tintos puntos costras delgadas de color pardo que dan un polvo rojizo; 
además, en una de estas manchas de óxidos se ven laminillas de mica 
fuertemente adheridas. 

Su superficie es bastante lisa en tres de las caras del supuesto tetrae- 
dro, presentando algunas cavidades junto á la superficie formada por el 
choque, y numerosas grietas poco i)rofundas producidas sin duda por el 
golpe. 

Mide en su eje mayor 9'""5, teniendo C'^S de ancho y C^'o también de 
altura. 

Su peso es de 1533 gramos. Su densidad, relacionada al agua á 4°C. 



— 85 — 

liK- (IctcnuiíiMila ]»(>r l;i l);il;in/.;i liidrosfiit ica sobi'c la masa total del iiic- 
tooiito dando como resultado <¡= 7. (>.")(); dctí'rminai'ioiics hedías cou el 
piciiometi'o S(d)re trajiíiientos de alj;uiios i;ramos de peso dieron como 
valor de (1= 7.071. 

Este hierro nieteórico cede fíicilniente á la lima y es susceptible de 
íidquirir uu hermoso imlimento. 

Ustnicfura. — l*ai'a conocer hiesíructura de esta si<lerita, me serví 
de phicas ])re])aradas especialmente que se sometieren ¡i la acci<'»n del 
áci<lo Tu'trico diluido, y taiid)ién a la tintura de iodo, al aj^ua de bromo y 
al sulfato ci'quico en solucií'ui concentra<la. 




Fig. 1. — Secciúu parak'la á 111 



Los resultados del ataque cou ácido nítrico fueron concluyentes : his 
superftcies bruñidas dejaron ver un tejido compacto, fino y bastante ho- 
mogéneo, formado por los haces paralelos de Icamacita y de taenita per- 
fectamente distintas, encerrando á la jjlessita en zonas cuadrangulares 
desiguales; presentando en unas, finas granulaciones y en otras, agre- 
gados de laminillas muy delgadas de taenita. 

Distribuidas irregularmente se notaban algunas inclusiones ó condros 
redondeados de color bronce pálido que me hicieron sospechar de la 
existencia de schreibersíta (Fe^Ni^P) y de troillita [(FeXi)7Sj en este 
hierro meteórico. 

Las íi guras que acompañan á estas páginas, son reproducciones de 



86 — 



las fotografías que debo ú la amabilidad del i»rofes(n- Carlos Briicli y 
cuya riqueza de detalles hace ijiútil una descripción minuciosa. 

En la figura 1 se ye representada una sección que obtuve sobre una 
de las caras del supuesto tetraedro, al cual refiero la forma de la sideri- 
ta: los ángulos que forman entre sí las líneas de Icamacita corresponden 
efectivamente á una sección paralela á la cara del tetraedro (111). 

En la figura 2, la zona central limitada -[tov lüessita, que rellénalas lí- 
neas de fractura, muestra las laminillas de Icamacita cortándose á 90°, 
como si se tratase de una sección jjaralela á las caras del cubo (100). 

En la figura 3, que como la anterior representa un aumento de cinco 




Fi-i. 



Sectióu i)aialfla á lUO 



diámetros respecto del original, la parte central corresponde á una sec- 
ción paralela á las caras del dodecaedro romboidal (110). 

En la figura 4, pueden apreciarse mejor los detalles de estructura, 
aunque sólo se trata de un aumento de 10 diámetros. La parte repre- 
sentada comprende secciones diferentes separadas por líneas de fractura 
irregulares ; los condros aparecen huecos, siendo su diámetro real de 
0,4 á0,8 milímetros; las zonas de ple.ssita ó hierro de relleno, se presentan 
en la izarte izquierda de la figura formando cuadriláteros de bastante 
extensión con granulaciones bien visibles en los mayores y con finas lí- 
neas de taenita en los menores. 

Las líneas de fractura que miden 0,4 á 0,8 milímetros de ancho, demues- 
tran claramente la profunda deformación de esta ])arte del meteorito 



— 87 — 

por la violencia de la caída, (IctonnacicMi que se lia visto íavorecida por 
la alta temperatura de la masa en el moiiieiito del clicxpie. 

('¡((sificdcióii. — Los datos ol»teiiidt)s en el estiulio de la í'structui'a de 
esto hierro meteórico me inducen á colocarlo en el tijio Caillitita de Sta- 
nilas .Meunier ', decimoctavo término de la serie de tipos litolójiieos 
que este eminente <;eólo<¡:o admite para los hierros meteóricos ó sideri- 
tas. Aunque las dimensiones de las barras de hamacita y de taenita en 
hi siderita de Puerta de Arauco, no son comparables á las que tienen 
los mismos elementos en el hierro meteórico de Caille. Ambos me- 
teoritos son una mezcla de kamacita, taenita y plessita, con una densi- 
dad \ecina (le 7,."); en las figuras de Widmanstiitten obtenidas con ácido 
nítrico diluido, los dos meteoritos muestran la kamacita en barritas re- 
gulares limitadas p(U' laminillas de taenita y reunidas por plessita. 

Dentro de la clasiticación liose-Tschermak-ijrezina modificada por 
Cohén - la siderita de Puerta de Arauco debe colocarse en el grupo de 
las octaedritas, subgrupo de las octaedrifas brechadas (Brecciated Octa- 
hedrites). Pertenecería sin duda al tipo de Prambanan entre las octae- 
dritas normales finas por el espesor de las laminillas de kamacita 
(0,2 á 0,3 mm.), pero la figura 4 basta para demostrar con las distintas 
direcciones en que aparecen las líneas de kama(;ita y taenita, que esta 
siderita parece estar formada por individuos diferentes soldados entre 
sí; y aunque esta constitución no sea sino aparente, proviniendo esa di- 
vergencia observada de la dislocación y torsión producidas en la caída, 
creo justo aceptar la clasificación enunciada. 

Análisis químico. — La separación y caracterización de las esj)ecies 
mineralógicas y délas aleaciones definidas que constituían este meteori- 
to, me sirvió de introducción en el análisis químico. 

La kamacita y la taenita no ofrecieron dificultad alguna, siguiendo el 
modo operatorio descripto por Fletcher ^ al estudiar el hierro meteórico 
de Eío Senguerr hallado por el doctor Francisco P. Moreno. La troillita 
y la schreibersita fueron separadas y caracterizadas de acuerdo con los 
l^rocedimientos ideados por Stanilas Meunier ^ siguiendo á este eminen- 
te especialista en la investigación del carbono, tan interesante de suyo, 
aunque con resultado negativo. 

El ataque realizado, en frío, con ácido clorhídrico diluido (1:10) sobre 
un fragmento de la siderita, me proporcionó un residuo constituido ]}0V 

^ Guido dans la collection de Métóorites avec le catalogue des chutes représentées au 
Museum, Paris, 1898, 

* O. CuMMixGs Fariíixgtox, Analyscs of Iron Meteorites compiJed and classified, 
Chicago, 1907. 

' Mineralogical Magazine, vul. XII, ntíniero 56. 

* Chemical News, vol. XIX, 18G9. 



— 88 — 

sclireibersita y por cristales microscópicos rpie fueron separados de aque- 
lla. En estos distinguí dos especies : unos opacos, de color gris obscuro^ 
de lustre metálico muy fuerte y de forma octaédrica bastante perfecta ; y 
otros transparentes, incoloros, de lustre vitreo y de formas irregulares^ 
aunque parecen acercarse á las del sistema rómbico. 

Los cristales opacos miden O""""!! á 0"'™18 de diámetro y no son mag- 
néticos; los ácidos concentrados y el agua regia no tienen acción alguna 
sobre ellos; funden difícilmente á la temperatura del soplete de gas; 
el pirosulfato de potasio fundido los disgrega completamente, habiéndose 
caracterizado en el producto el liierro y el cromo por reacciones micro- 



Fig. 3. — Sección paralela á 110 

químicas, de donde deduje que se trataba de cristales de liierro cro- 
mado. 

Los cristales transparentes ofrecieron mayores dificultades para su 
caracterización por las reacciones, en cierto modo contradictorias, que 
obtuve. Miden de 0"""09 á 0™"'19 de diámetro, son insolubles en los ácidos 
concentrados y en agua regia ; resisten bastante al ácido fluorhídrico; 
funden fácilmente algunos en la llama del soplete de gas mientras otros 
no funden á esta temperatura; y se colorean en amarillo y en rosa pálido 
por la acción ijrolongada del calor. El examen óptico que realicé de estos 
cristales con el profesor doctor Schiller nos llevó á clasificarlos como de 
olivina, opinión que compartió el doctor Percy D. Quesnel, después de 
una observación cuidadosa efectuada en el Museo. 



— 89 



Lii dc'íi'iiiiiii;i('u'm ciuiiit itativii de los clciiu'iitos (((iiiuiics ([lU' lii side- 
rita contenía se liizo sobre ninestias d(»hles, i»aia cada método ensayado 



f"' 







lij;. 4. — SfccioufS iiaialelas á distiutas caras, separadas por liuuas de fractura 



y las cifras que figuran en este estudio representan las medias obteni- 
das en cada caso. 

El hierro fué separado por precipitaciones sucesivas como acetato 
básico y finalmente como Lidrato, correspondiendo la primera cifra á 



— 90 — 

la sepaiaeión efectuada por cineo precii)itacioiies con amoníaco en pre- 
sencia de cloruro amónico '. 

El níquel y el cobalto fueron determinados al estado metálico y sepa- 
rados por el método de Fisclier modificado -. El azufre se determino inn- 
el método Eg-gertz ^ y para el fósforo seguí el procedimiento descripto 
por John S. Unger K 

Los resultados obtenidos pueden expresarse así: 

Hierro Fe 91 . 869 93 . 0S5 

Níquel Ni 6 . 009 5 . 995 

Cobalto Co . 404 . 335 

Azufres 0.131 143 

Fósforo F ■ . 648 . 743 

Ees. msoluble - * ... 0.040 0.037 

99.701 100.288 

Por su porcentaje en liierro, níquel y co1)alto se asemeja á la siderita 
« Albert Iron » que Farrington clasifica como octaedrita media y que 
C. V. Shepard estudió en ISTd, atribuyéndole la comi)osición siguiente : 

Densidad 7 . 539 

Fe 92 . 92 

• í^' 6.07 

Co 0.54 

P-lí'e.Ni 0c56 

Museo de La Plata, 1907. 



1 Caiu. Friedhkim, Prccis d'anah/ae clümtíiuc quanfitativc, 1906. 

R. Fkkskxius, Traite (V analysc chimique qiianiitafivc, 6« édition. 
' J. PosT, Traite complot (Vanahjse chimique. 
^ Methocls for the anah/sis of ores, pi(j iron and sfeel. 



líELEVAMlENTO ANTROPOLÓGICO 



UNA lADlA (ilIAYAQUl 



Poi! KL Di!, lí. LEHMANN-NITSCHE 



Al doctor Alejandro Korn 

Director del Hospicio de JSIelchor liovtero 

en testimonio de agradecimiento 



El tomo II de los Anai.es sección Antropología, serie primera de las 
publicaciones del Museo de La Plata, contiene la primera investigación 
científica sobre la somatología y ergología de los indios Guayaquíes cono- 
cidos hasta aquella época casi sólo por el nombre, y con los citados es- 
tudios de los señores ten Kate y de la Hitte se inician una serie de in- 
vestigaciones posteriores, por las cuales, entre otros resultados, quedó 
al fin comprobada la posición lingüística de la interesante tribu; pertene- 
ce al grupo Tupí Oriental, como ya lo indicaba en 1745 el padre Lozano. 

Si vuelvo á ocultarme de ellos es debido á una circunstancia especia- 
lísima. Algunos de los lectores de estas líneas quizá recordarán que los 
habitantes de un rancho conocido bajo el nombre de Sandoa y situado en 
el Potrero Itería, á más ó menos tres leguas de Villa Encarnación, lleva- 
ron á cabo un asalto contra un grupo de indios Guayaquíes, dieron muer- 
te á tres de ellos y se llevaron consigo ilesa á una niña á la que llamaron 
Damiana según el día del santo en que se efectuó la matanza, líeprodu- 
cimos á continuación íntegra la descripción de la lamentable tragedia 
como la refiere el señor de la Hitte (1, c, p. 17) : 

«Le 25 septembre 1896, un des colous de Sandoa trouvait á la lisiére 
des bois les restes d'un de ses chevaux qui, á n'en pas douter, venait 
tout récemment d'étre tué et dépecé par les Guayaquíes. Kous avons deja 
dit combien l'on est impitoyable pour eux en pareil cas; la vengeance 
décidée sur le cliamp fut remise au lendemain á cause de l'heure avan- 
cée. Le 2G, le colon, accompagué de ees trois fils, avait battu inutilement 
la foret; les traces capricieuses laissées parles Guayaquíes se perdaient 



— 92 — 

(lans toutes les directioiis. Le dimanclie 27, an lever du jour, une légere 
colonné de famée revela la direction probable du campement des indiens- 
sous une pluie battante qui aniortissait le brnit de leurs pas, les expédi- 
tionnaires se dirige rent vers ce point en rampant dansles fourrés. C'est 
ainsi qu'ils purent arriver sans étre découverts a une vingtaine de pas 
seulement de l'endroit ou les indiens, au nombre de 17 á 18, étaient 
réunis autoiir du feu sous un sommaire abri en feuilles de 2}indó (voy. 
pl. II, fig. G). lis étaient occupés tranquillement á leur repas dont le che- 
val faisait les frais. On les entendait parler avec animation, bruyamment 
méme, muis parfois le silence se faisait tout á coup; les indiens frap- 
paient alors le sol tous enserable, et les conversations reprenaient aus- 
sitdt. Deux coups de fusil tires presqu'á bout portant vinrent, conime la 
foudre jeter 1 epouvante en méme temps que tombait la preiniére vic- 
time. Sans méme songer á ce servir de leurs ares, ni á opposer la moin- 
dre défense, les Guayaquíes se dispersérent en désordre abandonnant 
leurs armes et leurs ustensiles. Un autre indien était tombé au second 
coup de feu, en fin une femme est blessée; elle tombe á son tour, ees 
meurtriers s'acliarnent sur elle, Fachévent á coups de machete, a coups 
de couteaux. Cette victime est une vieille femme et c'est son cadavre 
abandonné sans sépulture dans la forét que nous avons retrouvé trois 
mois aprés et dont provient le squelette décrit et étudié par le docteur 
ten Kate. Quant aux deux autres victimes, les indiens étaient venus 
sans doute chercher leurs corps, car tous nos efforts pour les retrouver 
ont été infructueux. 

« La petite Damiana, abandonnée au cours de cette scéne de carnage, 
ñit cependant épargnée et conduite á Sandoa oü l'élévent aujourd'hui 
les meurtriers des siens. » 

El doctor ten Kate aprovechó la oportunidad de retratar á la peque- 
ña Damiana (véase la reproducción de la fotografía. Anales, pl. 11, n° 4) 
y de hacer algunas observaciones antropológicas de que nos vamos á 
ocupar en el lugar debido. 

Al fin del año 1898, la indiecita fué llevada desde Villa Encarnación 
á San Vicente, provincia de Buenos Aires, á la casa de la señora madre 
del doctor Alejandro Korn, director del hospicio Melchor Romero; 
en San Vicente hizo servicio de mucama y sirviente y se desarrolló nor- 
malmente. En cuanto á su vida, no hay nada especial que mencionar 
hasta que la entrada á la pubertad cambió la situación. La libido sexual 
se manifestó de una manera tan alarmante que toda educación y todo 
amonestamiento por parte de la familia, resultó ineficaz. Ausentábase 
la india de la casa con frecuencia, á veces hasta tres díaS;, en com- 
pañía de un galán y llegó á envenenar á un perro que cuidaba la habita- 
ción, para hacer entrar al hombre. Consideraba los actos sexuales como 
la cosa más natural del mando y se entregaba á satisfacer sus deseos. 



— 93 — 

<_'oii la i'sj)()ntauei(la(l iustiiiti\'a de un ser injíénuo. La lainilia (loiuU' 
vivía ya no pudo aguantar semejantes cosas y envió á la iiundiaclia á 
Melchor Eoniero á disposición del doctor Korn quien, provisoriamente, 
la dejó al cuidado de las enfermeras del establecimiento bajo su direc- 
ción, para entregarla oportunamente ¡í una casa de corrección de Buenos 
xVires. Fué en esta éi)oca y en el nu's de mayo de 1907 cuando gracias 
á la galantería del doctor Korn, i)ude tinuar la fotografía <iue a('omj)aria 
estas líneas, y hacer las observaciones antropológicas; é hice bien en 
apurarme; dos meses y medio después murió la desdichada iiulia de una 
tisis galopante cuyos principios no se manifestaban todavía cuando hice 
mis estudios. Bien se cumplía el pronóstico del doctor ten Kate quien 
en 1897, de la pequeña Damiana había escrito lo siguiente (1. c, p. 35) : 
«Cette enfant avait Tair maladif et triste. L'aspect general, les taches 
symétriques sur les incisives supérieures nu)yennes et le ventre tres 
proéminent indiquaient une diathése scrofuleuse. » 

La traté dos veces y ambas veces la encontré reservada, esquiva y 
desconfiada ; se ve esto también en la curiosa expresión de su mirada 
(véase nuestra fotografía.) Hízome honda imi^resión el oiría hablar en 
alemán, idioma que había aprendido en San Vicente y que dominaba 
bastante bien, aunque aplicando ciertos modismos y cierta pronuncia- 
ción de origen castellano el que, como es muy natural, hablaba como idio- 
ma principal y corrientemente. 

Los datos antropométricos que he tomado y que se hallan reunidos en 
un cuadro especial, y los datos antroposcópicos los considero como materia 
prima para futuros estudios comparativos, sobre los caracteres físicos 
de los indígenas sudamericanos, y creo que la gran rareza de observa- 
ciones sobre indios Guayaquíes justifica la i)ublicación especial de un 
caso aislado. Por las mismas razones me limito á levantar solamente los 
caracteres físicos más princii^ales de la malograda india Guayaquí. 

La edad de la india en 1907, al morir, era de catorce á quince años; 
en enero de 1897, el señor de la Hitte le daba más ó menos dos años, 
el señor ten Kate tres á cuatro años {Anales, 1. c, p. 17 y 35) y la foto- 
grafía bien parece representar una niña de la edad indicada por nosotros. 

El cuerpo es relativamente bien desarrollado y no parece haber alcan- 
zado su máximum; la talla (141,5 cm.) no difiere de la cifra correspon- 
diente de niñas europeas de la misma edad, que ya conocemos de dife- 
rentes regiones y de diferentes capas sociales é intelectuales por las 
amplias investigaciones de la antropología escolar. 

Las mamas son típicamente areoladas; la aréola con la papila se le- 
vanta en forma de cono sobre la masa de la glándula lactear. Esta últi- 
ma tam^ioco no ha alcanzado su máximum de desarrollo aunque se mues- 
tra marchita y íiácida, lo que no debe extrañarnos si recordamos la vida 
sexual de la india. 




India Guayaquí de 14 á 15 anos, 



III t.n, .-ralla ñr\ Ur. I,.ii,iia im-Xitsclie 



— 95 — 

Las nrticuliX'ioiios tViiioio tibiales ostáii (lirij;i(las liacia adontio; por 
consiiiuieiito, los bordes internos de los jMes est;ui coiiipletaiiieiite para- 
lelos cuando la inucliaclia se para de una manera natural y descuidada 
y cuando no se lija en la ]»(»sici(>n de sus pies; en i'stas mismas circuns- 
tancias, los maléolos internos no se tocan; las extremidades })osteri(»res 
representan, por consii>uiente en algo, la forma de la letra X. 

Es interesante también que en los retratos de los indios Guayaípiíes re- 
l)rüdueidos por ten Kate y de la Hitte y el padre F.Vogt, se nota que los 
ejes longitudinales de los pies se han quedado casi paralelos y no di\-er- 
gen hacia a<lelante, carácter somático bastante ])rimitivo. 

La altura de la cabeza (23,8 vm.) es un K!,.") por ciento de la talla, ó 
en otras i»alabras, la talla e(pii\ale á 0,07 de alturas de cabeza. La ca- 
beza parece, pues, relativanu'nte, muy grande, pcíro conviene recordar 
que el tamaño de ésta no (íorresponde en unai i)roporción invariable á la 
talla del cuerpo, sino que esta proporción varía con la talla. Stratz * ha 
calculado al respecto para la raza europea el cuadro siguiente (1. c, 
p. 205) : 

Alturas de cabeza 
A una talla de 140 ceutí metros corrcspouiTen 6 » 

— ir>o — — 6 V, 

— 160 — — 7 » 

— 170 - - 7 V. 

— 180 — — 8 » 

En el presente caso, la altura relativa de la cabeza (0,07) correspon- 
de bastante bien á la talla respectiva y i)oca es la desproporción en fa- 
vor del tamaño de la cabeza. 

La largura relativa de la extremidad superior es de 43,3 por ciento, 
la de la extremidad inferior 50,5 por ciento. Dada la gran variabilidad 
en las proporciones del cuerpo humano no vamos á entrar en amplias 
comi^araciones; reproducimos sólo el cuadro de las proporciones ideales 
de la raza blanca, confeccionado por Stratz (1. c, p, 203) : 

Centímetros Por ciento 

Talla 180.0 100.0 

Altura (le cabeza 22 . 5 12.5 

Largara de la extremidad superior 80 . 44 . 4 

Largura de la extremidad inferior 100.0 55.5 

Largura del tronco 70 . 38 . 9 

Tomando este cuadro como base de comparación resulta que en nues- 
tro caso, ambas extremidades no alcanzan la largura exigida, quedando 
atrás, ante totlo, la extremidad posterior; i^ero estas diferencias son in- 

^ Stratz, Xaturgeschichte des Mensclicn, Stuttgart, 1904. 



— 96 — 

significantes ya qne las proporciones del cuerpo de la mujer se asemejan 
al tipo infantil. 

Antes de ocuparnos de los rasgos típicos de la cabeza vamos á trans- 
cribir la siguiente caracterización que el doctor ten Kate ha dado de la 
pequeña Damiana recién capturada cuando tenía más ó menos tres años. 
Dice lo siguiente (1. c, p. 35) : 

« Cette enfant avait Pair maladif et triste. L'aspect general, les ta- 
ches symétriques sur les incisives vsupérieures moyennes et le ventre 
tres proéminent indiquaient une diathése scrofuleuse. 

« La región j)ariétale de la tete était tres développée ; le point bombé. 
Le nez, vu de profil, concave et un peu retroussé. Le lobule de l'o- 
reille sessile de deux cótés. La lévre supérieure foncée. La couleur de la 
peau était d'une jaune terne clair». 

Siguen después las cifras para el diámetro anteroposterior de la ca- 
beza (100 mm.), para el diámetro transversal máximo (138 mm.), el diá- 
metro bizigomático (9S mm), y para la distancia entre las comisuras in- 
ternas de los ojos (32 mm.), como también la cifra para el correspondien- 
te índice cefálico (80,3) reunidas todas éstas en un cuadro con otras me- 
didas más amplias tomadas en dos mozos Gruayaquíes. Y al fin de ese 
cuadro se lee el texto que sigue : 

«Les faits xjrincipaux qui se dégagent de cette description sont tout 
d'abord la grande homogénéité de type, caractérisée surtout par leur 
physionomie i^lus ou moins mongoloide, la sous brachycéphalie, la pla- 
tyrrhinie á la limite de la mésorrhinie, la morphologie genérale du cráne, 
le prognathisme moderé, la largeur entre les yeux. Les vivants présen- 
tent done une uniformité aussi grande de type- que les cránes. 

« Quant á la petite Damiana, il n'est pas superflu en faire observer 
que sa brachycéphalie plus prononcée est due au développement exces- 
sif de la región pariétale causé probablement par son état moitié rachi- 
tique moitié scrofuleux ». 

Comparemos esta descripción y el retrato de la chiquilina reproducido 
en los Anales, plancha II, figura I, con las observaciones nuestras y 
con el retrato tomado por nosotros. 

Ni la región parietal ni la frente ya no son salientes en un grado no- 
table. La nariz, por lo contrario, apenas ha cambiado en su forma, ha- 
biéndose naturalmente levantado, durante el crecimiento normal, algo 
en la base y en el dorso ; dado la gran distancia entre las comisuras in- 
ternas de los ojos, la nariz aparece muy ancha. P^l labio superior ya no 
es tan trompudo como era hace diez años atrás. La pigmentación del 
cabello, del cutis y del iris ha aumentado de un grado poco notable en 
los años del crecimiento, como era de suponer. Yo mismo, en 1907, ob- 
servé lo siguiente : 

El cabello no es muy largo y cae hasta la mitad de los omóplatos. Es 



— 07 — 

iilg"<) lívido y (It'l conocido color marrón obscuro ([uc tira hacia el iiegTO 
<le tantas otras indias sudamericanas. El vello del s(»l)aco y de la re^ióu 
púbica ya está desarridlado sin ])resentar notabilidad alguna. 

El color del cutis no «'staba representado en el cuadro crómico del se- 
ñor F. von Luselian: era un amarillento gris, bastíinte claro. 

El color del iris tand)ién era muy claro y correspondía á la escala 4 
á 5 del cuadro cr<)mi<'(» del sefutr ]Martin. 

Las demás ]»articularidades de Damiana ([ue be observado en 1907, 
son las siiiuientes : 

La dentadura era buena y ortoi^iiata y los dientes de la mandíbula su- 
perior sobrepasaban un jioco los de la inferior. 

El cráneo cerebral, naturalmente, había crecido en el espacio de los 
diez años y especialmente en íjivor del diámetro ánteroposterior. Mien- 
tras que en 1897, el diámetro sagital era de 160 y el transversal de 138 
milímetros, en 1907, las respectivas cifras s(ni de 182 y de 148 milíme- 
tros. El índice cefálico, por consiguiente ha disminuido desde 8G,3 á 
81,3; el doctor ten Kate creyó en aquella época (\\\e la alta braquice- 
falía de la pequeña Damiana era debida á su estado medio raquítico, 
medio escrofuloso, pero por las recientes investigaciones de Koese ^ y 
otros, sabemos que una braquicefalía muy marcada es característica para 
los años de la niñez y que tal braquicefalía disminuye proporcionalmen- 
te con los años del crecimiento, lo que es debido al desarrolló especial 
fie la parte anterior ó frontal del cráneo. Reproducimos para facilitar la 
comparación, un cuadro de Koese construido según las medidas medias 
tomadas en 20.947 niñas germánicas y al que agregamos las cifras res- 
pectivas de Damiana : 



3 

6 

7 

8 

9 
10 
11 
12 
13 
14 
14 

Faltan en este cuadro, desgraciadamente, las niñas de unoá cinco años 
l^ero i>rolongado la rúbrica del índice cefálico hacia arriba se puede su- 

' Koese, JJeitn'úje zur europaischen Rmseukinide nnd die Bc-ieliungen ziciscken Hassc 
ttnd Zahnverderbnis. Arehiv. für Rassen-und GeseUscJiaftabiolofjic, 111,1905, st'p. p. 18. 

REV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (VII, 11, 1908.) 7 



1 


ribii 


Larg. luáx. 
de la cabeza 


Anch. máx. 
de la cabeza 


íudice 
cefálico 


Dainiauíi 


1897 


160.0 


138.0 


86.3 


lolOuiña.sgeruuíuiciis. . . 


167.0 


143.0 


85 . 6 


2851 


— 


169.1 


143.2 


84.7 


2816 


— 


170.2 


143.9 


84.5 


2752 


— 


171.4 


144.4 


84.2 


2811 


— 


172.7 


145.0 


84.0 


2662 


— 


173.8 


145.9 


83.9 


2549 


— 


174.8 


146.8 


84.0 


2100 


— 


176.2 


147.6 


83.8 


896 


— 


177.2 


148.2 


83.6 


Daiuiaiiii 


1907 


182.0 


148.0 


81.3 



— 98 — 

poner que la braquicefíilía aumenta en proporción inversa con los años 
(le la vida infantil, siendo así el recién nacido el más braquicéfalo. El 
índice cefálico 80,3 como lo i)resenta Damiana en 1897, no es x>ues nna 
anomalía ])atológica; por lo contrario, se halla completamente dentro del 
desarrollo normal del cráneo infantil. Y en cuanto á las medidas absolu- 
tas de la cabeza y al índice cefálico de Damiana, tomados en 1907, se 
ve también que el diámetro transversal (148 mm.) corresponde exacta- 
mente al término medio de 890 niñas f^ermánioas de la misma edad 
(148,3 mm.) mientras que el diámetro ántero posterior en algo lo sujjera 
(182 y 177.2 mm. respectivamente); el desarrollo de la región frontal, 
sitio de la inteligencia, se lia producido i)ues de una manera muy hala- 
güeña en la indiecita. Compai ando ahoia el índice cefálico « deñnitivo » 
de Damiana (SI, 3) coíi los índices ceíalicos de los dos mozos Giiayaquíes 
estudiados por ten Kate y que son 82,4 y 81,1 respectivamente, resiilta 
la gran homogeneidad del tipo Guayaquí en cuanto á este índice que es 
considerado de tanta importancia. 

El índice facial es de 89,2, por consiguiente mesoprósoiio según la 
última nomenclatura, la de Róese, quien divide de la manera siguiente 
(1. c, p. 139) : braquiprósopos X-8r),0; mesoprósopos 85,0-89,0; dolico- 
prósopos 90,0-X. Como el índice facial, según los resultados de Iloese 
(1. c, p. 143), es mucho más variable que el cefálico y relativamente 
poco constante, no entramos en comparaciones. 

La cabeza de la indiecita, con su cerebro, fué mandado al profesor Juan 
Virchow, de Berlín, para el estudio de la musculatura facial, del cerebro, 
etc. El cráneo ha sido abierto en mi ausencia y el corte del serrucho 
llegó demasiado bajo. Aunque, por este motivo, la preparación de la mus- 
culatura de la órbita no será posible, lo que quería hacer el profesor 
Virchow, el cerebro se ha conservado de una maiuu-a admirable. La ca- 
beza ya fué presentada á la Sociedad Antropológica de Berlín (véase 
el artículo del señor Virchow) y pronto vamos á disponer de publicacio- 
nes más amplias. 

Para terminar, desearía que los presentes datos constituyan un ladri- 
llo para una futura obra que, en un porvenir aun lejano, reasuma, nues- 
tros conocimientos sobre las tribus indígenas de la América del Sur. 



— 99 - 



\AI.OKHS OUTKMDO 



I Mi rpi 



Altitrax 

^'él•ticl'. 

Base de la uaiiz . . . 

Mentón 

Borde superior del 
esternón. 

Hombro 

Articnlaoituí del co- 
do. 

Proceso estiloide... . 

Punta del tercer de- 
do . 

Trocánter 

Articulaciihi de la 
rodilla 

Maléolo interno .... 

Larguras y anchuras 
de mano y pie 

Mano, largura 

Mano, aiicliura. .... 

Pie, largura 

Pie, anchura. 

Anchuras 

Envergadura ...... 

Hombros 

Caderas 

Circunferencias 

T(')rax. 

Abdomen 

Pantorilla 



ini 




144 


5 


132 





120 


7 


118 





117 


•' 


00 


7 


G9 


5 


55 





73 





40 





5 


9 


15 


9 


7 


5 


22 


5 


•J 





147 


5 


31 


5 


25 


5 


— 





Parte cereliral 

Largura máxima . . 
Altura máxima. ... 
Altura frontal míni 

nía 

Altura ;iuricular . . 
Circunferencia hor. 

Parte facial 

Altura fisiognóniica 
Altura anatómica . 
Altura cara inedia . 
Anchura liizigomáti 

ca 

Anchura bigoníaca 

Nari: 

Altura 

Anchura, base .... 
Anchura, alas 

Boca 

Altura 

Anchura 

Oreja 

Largura. 

Anchura 

índices 

índice cefálico 

índice facial. 



182 

148 



102 



175 

116 

67 

130 
92 



49 
39 
36 



20 
43 



32 



81.32 
89.23 



V.VI.OUKS CAI.CLLíVnoS 



f'iicrix) 

[Talla] 

Cabeza, altura total. 

Cabeza, altura supe- 
rior. 

Cabeza, altuia infe- 
rior. 

Cuello, largura . . . . 

Tronco, largura .... 

Extremidad su]>., lar- 
gura total 

Extrenddadsup., lar- 
gura del brazo. . . 

Extremidad sup., lar- 
gura del antebra- 
zo 

Extremidad inferior, 
largura total. .... 

Extremidad inferior, 
largura del muslo. 

Extrcmi(la<l inferioi', 
largura de la pan- 
torilla 



IN 


.5 


23 


8 


12 


r, 


11 


3 


2 


7 


■15 





62 


5 


26 


8 



21 


2 


73 





i3 






44.1 



— 100 



BIBLIOGRAFÍA GUAYAQUI 



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yaquí. Perista del Museo de La Plata, XV (= 2, II), 1908, p. 91-101. 



LAS REGIONES FÍSICAS 

DE LA EEPÚBLICA AEGEXTINA 



Por ENRIQUE A. S. DELACHAUX 

DiiX'otor de la Escuela de Ciencias Geográficas del Museo de La Plata 



Al empezar la descripción de aii país y iiara simi^lificar la tarea, es de 
regla subdividirlo previamente en regiones natnrales, basadas princi- 
palmente en las particularidades del snelo, condiciones climatéricas, etc. 
Sucede lo mismo con el texto de una obra, j)recedido ó seguido, de una 
enumeración breve y sistemática de las materias tratadas. La subdivi- 
sión en regiones naturales es, para la geografía física y aun política lo 
que el índice para un libro. 

Los autores que se lian ocu])ado de la descripción física de nuestro 
país se lian ceñido, pues, á esa costumbre, habiendo tratado de redu- 
cirla á cierto número de tipos caracterizados por uno ó más factores 
naturales. 

Para realizar su objeto, tuvieron los primeros pionners eientíñcos que 
reconocer de visu la mayor extensión posible del territorio por describir, 
valiéndose, para las partes no recorridas personalmente, de las descrip- 
ciones de los viajeros, aventureros y conquistadores que les habían pre- 
cedido. Constituían esos relatos, por lo general, una documentación bas- 
tante deficiente, lo que exj)lica los errores en que han incurrido dichos 
escritores. Además, no tenían á su disposición, ni aun para las regiones 
personalmente exploradas, sino una mínima parte de los datos que hoy 
poseemos, gracias á los grandes estudios metódicos emprendidos en casi 
todo el territorio, y que nos permiten determinar, con relativa preci- 
sión, la ubicación y líneas de separación de las zonas naturales de la 
repiiblica. 

Los geógrafos ó naturalistas que vinieron después, esbozadas ó esta- 
blecidas ya las primeras clasificaciones, se contentaron generalmente 
con reproducirlas, con poca ó ninguna modificación, sin reparar en que 
los datos geográficos publicados ulteriormente obligaban á un examen 



— IOS — 

mu'vo y severo dr las juiniit i\as divisiones físicas y, ;i la luz de los coiio- 
cimientos actuales, de las bases en (¡ne descansaban. 

l^]n los reiiiilones siüuientes, exaininaienios ali;nnas de las tentativas 
hechas i)ara subdividir nuestro suelo en «grandes rejiiones naturales, 
exponiendo luc^o las ra/.ones (¡ue, á nuestro juicio. Justifican la clasiíica- 
cion <|ue ])r(»|)onenios m;ís adelante y ([wv hace el objeto de estas líneas. 

Entre la lista muy extensa de los exploradores (pie, por un motivo ó 
por otro se dedicaron, antes y después de la Independencia — después 
sobre todo — al reconocimiento y á la descri])ción de nuestro ]>aís, des- 
cuellan, hasta ])rincii)ios del si<ilo último, cuatro noud>res gloriosos en 
los anales de las ciencias naturales : 

Azara, el insi une .ueó,uralb espafud, encar<>'ado — por parte de Es])a ña — 
de la delimitación de sus posesiones con las de Portugal y que tantos años 
dedicó al estudio de la región oriental del virreinato del Kío de la Plata. 

Bonpland, ilustre botánico francés que, durante casi medio siglo á 
contar desde la caída del imperio napoleónico, consagró su existencia á 
la clasiücación de la Hora de la misnm región, 

D'Orbigny, el gran naturalista, francés también^ y el que, á pesar de 
una estadía demasiado corta en nuestro país, hizo una magistral descrip- 
ción de las regiones recorridas (siempre el litoral), acompañando su obra 
con hermosos mapas construidos en vista de sus observaciones persona- 
les, de las de Azara, Villarino, de la Cruz, Parcliappe y, muy principal- 
mente del mapa catastral de nuestro compatriota M. Arenales. En su 
monumental obra sobre la América del Sur, esboza ese autor una divi- 
sión etnográftca que merece ser recordada en homenaje á la memoria del 
eximio sabio, pero que no i)odr¡i servirnos de base i)ara establecer las 
divisiones físicas del país — siquiera desde el único punto de vista etno- 
gráfico — itor no responder á la distribución real de dichas razas segTin 
las investigaciones actuales (base lingüística). Otra clasificación inten- 
tada por el mismo autor, es la subdivisión de este continente en regiones 
zoo-geográficas ^ destinadas á poner de manifiesto la diminución pro- 
gresiva de los representantes del reino animal desde el ecuador hasta el 
polo, ó desde el llano liasta las altas cumbres coronadas de eterna dia- 
dema nivea, tomando poco apoco la fauna déla meseta central i)osesión 
de todo el territorio argentino á contar desde el río de la Plata (influen- 
cia combinada de la latitud y de la altitud), fenómeno observado tam- 
bién en la distribución de la flora. 

Darwin, en fin, el genio más potente del siglo anterior y que, después 
de atravesar toda la ]»rovincia de Buenos Aires (hazaña no del todo 

' A. D'Orbigxy, Foyage dans V Améñque Méridionale. Paris, 1835-4^7, touie VII, 
Les Molusques. 



— 104 — 

exenta de peligros en la época en que fué realizada — IS'ó'ó — y á pesar 
de la débil escolta á las órdenes del joven sabio inglés), dirigió sus inves- 
tigaciones hacia los territorios australes, debiendo considerarse como su 
primer explorador verdaderamente cientíñco. 

Pero tanto Darwin como D'Orbigny, Bonpland ó Azara, no recorrie- 
ron ni se ocuparon sino de una parte reducida de nuestro país; es por 
consiguiente necesario, para encontrar un autor que haya hecho de él nn 
estudio comjileto y haya tratado de establecer nna chisiflcación de sus 
grandes regiones naturales, llegar á Woodbine Parisli, cónsul general 
británico en Buenos Aires desde el año 1824. 

Fué éste el i^riuiero que publicó, conjuntamente con su libro ^ un mapa 
general de la república ", notable para la época y que, en más de un 
IHinto, sirvió más tarde de valiosa base para la construcción del famoso 
Atlas de la República Argentina de Martín de Moussy. La obra de Parish 
representa, pues, la primera y brillante tentiva de una descripción de 
conjunto de nuestro país, si bien referida con jireferencia á la provincia 
de Buenos Aires y, por este hecho, su autor merece colocarse al lado de 
los Monssy, Burmeister y Napp. 

Woodbine Parish divide las provincias argentinas de la manera si- 
guiente : 

1" Provincias litorales, á ambos lados del Paraná, v. gr. : Buenos Ai- 
res, Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos. 

2° Provincias arribeñas, á lo largo del camino del litoral al Peni, v. gr. : 
Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy, á las cuales pue- 
den agregarse Catamarca y La Rioja. 

30 Provincias de Cuyo, en la base de la cordillera de los Andes, v. gr. : 
San Jnan, Mendoza y San Luis, grupo que constituía anteriormente 
una dependencia de la capitanía general de Chile \ 

Esta distribución de nuestras provincias en tres grupos principales 
no responde, con excepción de la región del litoral, á las condiciones 
físicas del territorio, habiendo obedecido el señor Woodbine Parish en 
su clasificación á consideraciones de orden administrativas é históricas. 

Esta circunstancia no disminuye naturalmente el gran y positivo 
mérito que tuvo aquel distinguido cónsul general británico en la difícil 
época de Rosas, al condensar lo más fielmente posible en su obra todo 
cuanto se sabía entonces sobre nuestro ])aís, emi)ezando, con motivo de 

^ WoODUiNE Paiu.sii, Bueiios Aires and thc Rio de ¡a Plata, P y 2'^ editiou, 1839- 
1852, Loudou. 

* Construido por Arrowsmitli. 

■■' Mr. Parish no hace mención, en su chisiticación (p. 80) de los territorios del 
norte, que considera como parte integrante de las provincias correspondientes. En 
cuanto :í la Patagonia, no pertenece, segiíu él, ala república, i)ues hace coincidir su 
frontera en el sur, con el paralelo 46° ! 



— 105 — 

su publicación, á reparar la atención del nuindo (ln<>laterra en primera 
línea) en las ventajas notables que l)riii(laba esta tierra á las iniciativas 
(le todas elasos. 

Cuatro fueron las ro.uiones naturales con quo Martín de M<nissy, aliiiui 
tiempo después, subdividió nuestro país, pero esta vez estas subdivisio- 
nes correspondían á rasgos de carácter enteramente físicos. 

No es este el lugar de recordar la simpática personalidad del sabio 
francés llamado por Urquiza i)ara hacer conocer en el exterior nuestro 
país bajo sus aspectos físico, social y económico, determinando así una 
corriente inmigratoria justamente considerada como el factor primordial 
de su progreso y de su i)orvenir. 

La obra de de Moussj' se halla presente en la mente de todos los inte- 
lectuales de la República, y los tres tomos acompañados con un atlas de 
que se compone no pueden faltar en la biblioteca del que se dedique, 
aun dentro de un radio limitado, al estudio de su territorio. No es que 
sea perfecta; tiene los defectos inherentes á las obras similares construi- 
das con datos de valor necesariamente muy distinto; además, desde la 
época en que apareció hasta el momento presente, las exploraciones y 
los levantamientos metódicos han renovado casi por completo nuestros 
conocimientos acerca de la configuración del suelo nacional. En el orden 
económico, el cambio ha sido aim mucho mayor, pero á i^esar de esas 
deficiencias inevitables, aquella labor enorme constituye, aun hoy, 
una obra verdaderamente monumental; con estricta justicia puede 
decirse, con el señor Latzina, que 7iadie antes ele él ni después de él ha 
tratado el tema con tanta ampUtíid. 

La subdivisión del país en cuatro grandes regiones naturales ideada 
por Martín de Moussy era bastante lógica en la época en que se hizo, y 
aun ahora, se encuentra, con iiocas variantes, en casi todas las clasifica- 
ciones modernas; esas subdivisiones sirvieron, asimismo, de base á las 
que se adoptaron más tarde en la obra del señor Ricardo Napp. 

M. de Moussy toma como base de su clasificación el factor geográ- 
fico, es decir, el aspecto topográfico del suelo, prescindiendo en absoluto 
de los elementos político é histórico. 

Partiendo de esta base, y habiendo observado que las diferencias físi- 
cas son más acentuadas desde el este hasta el oeste que desde el norte 
hasta el sur, es decir, en el sentido de la longitud que en el sentido de 
la latitud, el distinguido hombre de ciencia divide el territorio de la 
manera siguiente : 

1° Sección andina, al norte, comprendiendo toda la región cordillerana. 

2" Sección pampásica, en el centro, correspondiente á la región com- 
prendida entre la anterior, el paralelo 22°, el Paraguay, Paraná, río de 
la Plata y océano Atlántico hasta el río Negro; por últinu), este río 



— 106 — 

liasta el encuentro con el límite, no bien definido, de la sección occi 
dental. 

3° Sección mesopotámica ú oriental, comprendiendo la región, geográfi- 
camente muy bien deslindada que circundan los ríos Paraná, Uruguay, 
I-Cruazii y arroyos-límites misioneros. 

4° Sección patagónica ii austral, situada al sur déla central, siendo por 
consiguiente su límite septentrional señalado por el río iíegro. 

AI mencionar el límite norte de la estepa patagónica (que llama también 
erróneamente llanura), dice 3Iartín de Moussy que está constituida por el 
río ISTegro y que aquélla se extiende desde el 42" latitud hasta el 5o°,l() 
que, como se comprende, implica una incompatibilidad. Existe efectiva- 
mente una contradicción éntrelos límites que señala por paralelos y me- 
ridianos (long. W. de París) y los que corresponden á las provincias y 
territorios comprendidos dentro de cada ñiriíiión natural. Esta última 
interpretación (zonas naturales) es, á nuestro parecer, la que debe i)reva- 
lecer y la que luí servido de base al mapa número VIL 

Los resultados de esa confusión pueden constatarse aun lioy en las 
obras didácticas, inspiradas casi todas en la obra del geógrafo francés. 

Á estas divisiones físicas podría reprocliárselas su suma sencillez, 
particularmente en lo que á la parte central se refiere. Pero Martín de 
Moussy pareció haber querido contestar de antemano esta objeción, ha- 
cieiulo observar que uno de los caracteres marcados del suelo argentino 
es « la extraordinaria extensión de sus diferentes aspectos y, por con- 
siguiente, la poca variedad que presenta relativamente una tan gran 
])orción del continente ». 

Una llanura que se extiende desde más allá del Trópico hasta más 
allá del río ÍÑTegro, desde los 22° latitud hasta los 42° latitud próxima- 
mente ó sean veinte grados de latitud, debe forzosamente presentar no- 
tables diferencias en sus comliciones climatéricas, particularmente en la 
temperatura así como en la amplitud de la variación anual de todos los 
otros factores concurrentes {Y. mapa III): lo mismo sucede en las saba- 
nas inmensas de Xorte América, tendidas sin candjios apreciables en la 
fisonomía general del suelo, desde el océano Glacial hasta el golfo de 
México, y en las cuales ha sido necesario, por razones térmicas, intro- 
du(;ir subdivisiones latitudinales. 

Y á estas diferencias térmicas, higrométricas, etc., deben necesaria- 
mente corresponder modificaciones en la fisiografía del terreno. Estas 
]nodificaciones existen, hallándose aún subrayadas, como lo veremos más 
adelante, por diferencias notables en la antropogeografía, ó sea en la 
densidad de la población (V. mapa VI) y repartición étnica de las razas 
indígenas (V. mapa V). 

Así, pues, la olyeción principal que puede hacerse á la clasificación 
de Martín de Moussy es, además de adolecer de cierta confusión en los 



Rev. Museo de La Plata, t. xv (ser. ii. 




E, Jc^bí^aBaauBt 



MAPA 
ORO-HIDROGRÁFICO 

DE LA 

REPÚBLICA MGENTIM 



Escala hipsome'trica 

CI] LZJ L^ 

o a 200 2003100 ma'sdeloo" 

Escala batlme'trica 

CZI! CD C^ CJ 

0a2oo Sooalooo loooeAooo mas(fe4otio'' 



— 107 — 

límites iiatiuali's. en ii<» liabcr csrablccido subdivisiones hit itudiiuiles; 
pero en la paite oceidental del territorio. ree(»uoce (pie la región tan 
caraeterístiea de las Salinas y la dejncsion ((ne es sn i>ro]on.iiaeion liaeia 
el snr, eonstitnyen una part icnlaiidad notable (pie jnstilicaiía allí la 
creación de una subre<iion: esa lia sido admitida i>osterioiniente, con 
pocas modificaciones, ]Mn- todos los antores (jue se lian dedicado á estos 
estudios. 

Alpinos años después de la pnblicación de la Description géofjraphiqi(e 
ct fifafi.'itiqHc (Iv la Cont'i'dvrid'ion Ar(/cnti)ic, que liace época en la ficoorafía 
nacional, y casi simnlt;ineamente (lS7(í) aiiarecieron dos otias obras de 
i.ü'ual ind(de. del)idas también ambas á la plnma de sabios de gran valía. 
Son : la Dcscription jilii/sique de la Rrpubliqíie Arf/ciifiíie ))or (lermán J>ur- 
meister (-4 volúmenes en alemán y en francés) y La Jícpública Argentina 
por Ricardo Napp. 

Esta líltima, publicada en español, alemán, francés é inglés, es el 
resultado de la colaboración de los catedráticos de la Universidad de 
Córdoba de aquella época y fué escrita expresamente por encargo del 
comité central argentino i)ara la exposición de Filadelfla. 

El nombre de Germán Burmeister encierra toda una tradición; su 
actuación entre nosotros, tan larga y no obstante tan breve, lia dejado 
en pos de sí, cual luminosa estela que aun perdura, una enseñanza fecun- 
da por las proyecciones que ulteriormente tuvo aquí en el estudio délas 
ciencias naturales. 

Este sabio se ocujx') también con especial interés, del reconocimiento 
geográfico de nuestro territorio, cubriéndolo con una serie de itinerarios 
en sus regiones interior y occidental. 

Es sobre la base de las observaciones recogidas durante esos viajes, 
los datos suministrados por algunos de los universitarios cordobeses y 
los trabajos anteriores, que ya habían despeja(h) ampliamente el camino, 
que Burmeister escribió su IJescnption physique. Haciendo aun lado 
algunas críticas que con frecuencia vuelven bajo su pluma al referirse 
á la obra y, sobre todo, al atlas publicado por su predecesor, Martín de 
Moussy, críticas no siempre rigurosamente justificadas, la obra del gran 
naturalista argentino (pues por su larga é ininterrumpida actuación en 
nuestro ambiente merece ser considerado á la par de otros, como entera- 
mente incorj^orado á nuestra nacionalidad) es también una de aquellas 
contribuciones fnndamentales que deben ocupar un lugar preferente en 
toda biblioteca argentina aun de mediana importancia. 

La división del territorio en regiones naturales adoptadas ])or Bur- 
meister no difiere mucho de la de M. de Moussy y, en sus grandes ras- 
gos, se inspira por una buena parte en ella. 

Atendiéndose, en primer lugar, al aspecto topográfico del suelo, aquel 
naturalista establece las dos grandes divisiones siguientes : 



— 108 — 

1° Región cordillerana^ de norte á sur, coDipiendiendo toda la zona 
montañosa del oeste y cordones ramiflcados. 

2" Región de las llanuras, abarcando todo el resto del territorio, pero 
con alííiinas subdivisiones. 

El doctor Burmeister subdivide luego la vastísima región de las lla- 
nuras en dos partes : la boreal, situada entre la altiplanicie boliviana y 
el sistema orográfico central (sierras de Córdoba y San Luis) y la aus- 
tral, desde dicho sistema hasta la Tierra del Fuego. Según esta clasifi- 
cación, la Patagonia haría, á igual título que la región pampeana, parte 
integrante de la llanura argentina, asimilación que, á la luz de los co- 
nocimientos actuales, resulta evidentemente errónea ^ Sin embargo, en 
otra parte de su obra, el sabio naturalista admite una subdivisión para 
las planicies patagónicas, que describe sin haberlas visto, tomando como 
base principal de su descripción un estudio de Heusser y Claraz, publi- 
cado en ] 862 -. 

Desarrollando su clasificación, el autor secciona á su vez la región su- 
perior norte en dos subregiones distintas : una oriental y otra occidental, 
exponiendo de la manera siguiente las razones que para ello tuvo en 
vista : 

La región occidentale (ó subregión) représente une longue dépression 
dirigée du nord-est au sud-ouest, située entre les Cordilléres, les montagnes 
centrales et les ramifications de la Bolivie antérieure (subdivisión de las 
Salinas y depresión interior de de Moussy). La plaine argentine y atteint 
son plus grand ahaissement et y renferme un anden hassin lacustre des- 
séclié, dont le centre le plus has ne dépasse guére 450 pieds au-dessus du 
niveau de la mer (Totoralejos 175°"). Cette dépression s'étend au nord 
comme au sud, avec les mémes salines primitives, jusqu'aíi pied des mon- 
tagnes, sous Vaspect d'une steppe deserte a peii prés sans végétation. Elle 
penetre au sudjusque dans le territoire de San Luis et va se relier avec les 
steppes de la Patagonie par la forte dépression de la contrée environnant la 
laguna Bevedero et ses déversoirs au sud. 

La región oriéntale est limitée a l'ouest par le rio Salado, d'oii elle 
s'étend jusqu'au rio Paraná. Elle constitue le Gran Chaco, vaste plaine 
hoisée avec inclinaison uniforme du nord-ouest au sud-este, ainsi que lefait 
voir le cours des vivieres Bermejo et Pilcomayo, qui la traversent. 

En cuanto á la parte meridional inferior de la llanura baja argentina, 
el doctor Burmeister describe en los siguientes términos sus princi- 
pales rasgos topográficos : 

' Deseription physique de la Eépublique Argentine, édition frangaise, tomo I, pág. 153. 

' Heusser, J. C, & G. Claraz, Beitrage zur geognostischen und physikalischen 
Kenntniss der Pj'ov. Buenos Aires. — Denkschriften der Schiveitzerischen naturforschenden 
f/eselUchaft. T. XXI. Züricb, 1864. 



Eev. Museo de I.a Vi.ata. t. xv (ser. n. t. ii). 







nj cj l:i 

3 I4oo á I600 +del6oo'"'" 

.„ Isolirtnas anuales 



— 109 — 

I.(( jxoiic Duridioiíalc iiijcririírr de hi pJuinc Ixissc ((ríjcntiin' coninicnce 
(í Vextrcmitc dn aiftiteinc de moHtdfiiics cnitral. Elle est d'abord assez élevée, 
benuconp plus que celle du uord-oucst ', fJlle x'étend dunü na región 
supcrieure arce uu af)(i,ssement gradutl de >tire<(u. (d>éi.s.sant ainsi a une 
iiirliiiaisou ¡/éiu'rale diriffée au .sud-esf rcrs roerán Atl(iiit¡<¡ue et les sieppes 
de la Pata<ionie, aree lesquelles eette pto'tie se eoutiuue saus diseonUnuité. 
Oh peut done <(ussi ht dieiser en deu.r réf/ioHs. La prem'tere, située au uoed, 
la jdiis ('fciidite. enihrasse ¡usqu\(u 39" def/ré de latitude snd les pa)ii¡)(is 
fértiles; la seeonde au eontraire, loufiuement allongée an sud, renferme 
le platean des steppes patagones et s'etend jusqu'au dctroit de Magellan ". 

En otro capítulo de su obra, el doctor Buruioister señala otros Innites 
á la región de Vm^ p<(inp((s jYrt i les {\nc separa, al norte del ."50° latitud, de 
h\ü p(()n2>as estériles, por el uieridiaiio (!8° W. de París, es decir una línea 
(lue prolongara, hacia el sur, la sierra de Córdoba hasta la dcsíMuboca- 
dnra del Chadilenfu en el río Colorado. Los caracteres con los cuales 
ditereiKiia las pampas fértiles de las estériles consisten, en primer lugar, 
en la presencia de gramíneas y ausencia de toda especie de detritos y 
rodados en la primera, y las condiciones diametralmente opuestas en la 
segunda. Como caracteres secundarios, cita las eflorescencias salinas en 
las pampas estériles y la presencia, en las pampas fértiles, de un sin- 
núuiero de lagunas ausentes en las otras, debido á la rápida diminu- 
ción de las precipitaciones atmosféricas en el interior y frontera oeste 
<lel país (carácter á nuestro entender de capital importancia en la cla- 
sificación de las regiones natnrales). 

Bnrmeister establece también, como su predecesor Martín de Monssy, 
la división ó subdivisión mesopotámica caracterizada por sus leves ondu- 
laciones y la riqueza extraordinaria de su red fluvial ramificada hasta el 
infinito. 

En resumen, el gran naturalista que, por iniciativa de Sarmiento, 
reorganizó el Museo de Historia natural de Buenos Aires, dándole la 
justa tama que tiene y que fué siempre acrecentándose hasta hoy, di- 
vide el territorio de la Eejmblica en dos grandes regiones: la Cordillera 
al oeste y la Llanura al centro y al este, con sus correspondientes sub- 
divisiones, y tomando como base de su clasificación la configuración 
topográfica del suelo. 

Sería tarea difícil rejíresentar los límites de las regiones designadas 
en la obra sobre un mapa, por las contradicciones manifiestas existentes 



^ Esto será exiicto solamente para una parte de la sección occidental, debido á 
la prolongacióu hacia el sud de los basamentos del sistema orográñco jíuntano ; en 
cvianto á las estepaa de la Patagonia, su altura general es muy superior á la de las 
regiones septentrionales. 

■^ Gkhmax Burmeister, obra citada, p. ir)3 y 154 (trad. francesa). 



— lio — 

en su designación. Ya nos hemos referido al límite dudoso entre las 
IximpaH fértiJeH y Va^ immims estériles. La misma confusión existe acerca 
de la línea demarcadora entre la llanura del norte y la llanura del sur 
determinada, según el autor ^, por el macizo central de Córdoba, pero 
también, según se desprende de su descripción detallada (llanura norte 
occidental y norte oriental) - por el río Salado del norte y la gran de- 
presión occidental. 

La misma vaguedad en la delimitación de que adolece la clasificación 
de Burmeister la liemos encontrado también en la obra de Moussy, y 
tanto en la una como en la otra reconoce idéntica causa : deficiencia 
de las fuentes documentales adonde acudieron sus autores. Por otra 
parte, la línea demarcadora entre una y otra zona no se halla siempre 
tan claramente señalada como en la región mesopotániica, por cuya 
razón los límites regionales i)ropuestos en este estudio y descriptos más 
adelante, no deben en manera alguna considerarse como absolutos, 

Mu>' poco tiem[)o después de la JJescription jihi/siqxCj del doctor Bur- 
meister, apareció la ya mencionada obra. La liepúhJica Arf/ciitina, de- 
bida á la pluma del publicista Eicardo Xapi), acompañado por un grupo 
de distinguidos colaboradores, catedráticos en su mayor parte de la 
Universidad de Córdoba \ 

Esta nueva é importante contribución al conocimiento geográfico de 
nuestro país fué realizada — ya lo hemos visto — con motivo de la ex- 
posición universal de Filadelfia, en ISTf), y presenta, en algunas par- 
tes, detalles que no se encuentran en la de Burmeister por ser su i)u- 
blicación un poco posterior. Pero la diferencia es de x>oca importancia, 
y es evidente que, desde Martin de Moussy, no se ha modificado casi 
nada en la clasificación de las regiones naturales del país. 

El colaborador del señor oSTapp, encargado de la i)arte geológica de la 
obra, doctor Stelzner, dice que los elementos característicos de la configu- 
ración del territorio son : las Uanuras, las montañas aisladas y las cordi- 
lleras. Pero teniendo también presente la descripción que en el capítulo V 
de la misma obra ^ se hace de las llanuras argentinas y sus divisiones, 
obtenemos en esta nueva clasificación siete grandes regiones físicas : 

1" La Andina^ correspondiente más ó menos á la misma zona serrana 
de los autores anteriores. 



^ Gi'.HMÁx Burmeister, oln-a citada, p. 153. 

' Germán Burmeister, ohra citada, p. 153 y 151. 

* La BejmbUca Arnentina, obra escrita en alemán (traducción castellana), por 
Ricardo Napp, Buenos Aires, 1876. 

* Eicardo Xapp, obra citada, ji. 50. Según datos entresacados de escritos del 
doctor Burmeister, pero presentados en forma un poco distinta de la Descripiioii 
pliyaiquc. 



i;i:v. MrsEO de La Plata, t. xv (seh. ii. t. ii). 



Plancha III 




lamocana delMonte mesopotatmci 

■wje] ¡w;eí ! I 

isionera bosquesanl" S tropical 

:ZJ lD □ 

;r,aqueria paragónica delapufta 



— 111 — 

2"' El VaíU' tic .Vorr.s/r. liinit;i<l() iil iioidcst c i><)r el sistcinn del I )('s- 
l)(»l)l;i<l»» (alt iplanií-io andina) y el de la sierra de AcoiKinija, al (teste y 
suddcsre ])(>r la sierra de (.'(h'doba y sus apéndices meridionales hasta la 
latitud de 8anta Fe: sus límites orientales lo constituyen los ríos l'ara- 
,uuay y Paraná, mientras i)or el norte ó noreste, su límite con\-enciojial 
es el señalado \Mn- los tratados (río Pilcomayo). Es la lía mi ni oriniful de 
liurmeister. 

3" La L'i'f/ióii Siiliiilii, así dcuoiiiinada por eiu-errar la mayor ¡(arte de 
la «i'ran salina dentro de sus limites, constituulos « por la pro\incia de 
Catamarca (en totalidad {'.)) la ])orción noroeste de la de ('órdol)a. y la 
mitad oriental de la IJioJa hasta la sieira de r'amatiiui, continuando al 
sudeste al través de la provincia de t^an Luis y dirigiéndose al sur, atra- 
\ iesa la Pampa y sigue en la misma dirección » ^ 

La descripción de los límites de esta región física es en extrenu) con- 
tusa. Se trata de una subdivisión de las llanuras, cuya característica es 
su régimen completamente xerófllo. Xo se comprende, jxir consiguiente, 
cómo una llanura puede abarcar toda la provincia de Catamarca, mon- 
tañosa en su mayor parte ; no se com]irende tampoco cómo puede prolon- 
garse esta región á través de la provincia de San Luis y de la Pampa, 
desde que lo impiden las otras dos subdivisiones meridionales mencio- 
nadas á continuación. 

4° El Valle del Oeste (pampa estéril)^ situado entre la cordillera de los 
Andes al oeste, el Famatina, las sierras del Gigante, de las Palomas y 
del Alto Pencoso al este ; del mismo lado, pero más abajo, la laguna de 
Bebedero y una línea rumbeando al sur hasta la latitud de la sierra de 
la Ventana y de Bahía Blanca, cuya profunda ensenada señala su límite 
meridional. 

La característica de esta zona es su general avidez, aunque no en grado 
tan alto como la anterior, « siendo más propia jiara la agricultura por la 
facilidad para establecer un riego artiñcial. La vegetación es pobre y 
consiste en plantas duras con largas espinas; falta completamente el hos- 
que^ por cuya razón tiene menor importancia que la primera llanura 
(valle ZS^E.) y la siguiente (Pampa fértil) », 

5" « La Pampa fértil (porción SE. de la anterior (?) ) es — dice el autor 
— continuación de la cuenca del Paraná que se une á ella en el 32° 
latitud, extendiéndose desde este grado hasta la sierra de la Ventana y 
Bahía Blanca. Esta región es una verdadera llanura casi sin interrup- 
ción, generalmente alfombrada con las pajas comjiactas de algunas gra- 
míneas que constituyen, particularmente en la provincia de Buenos 
Aires, verdaderas praderas muy i)ro[)ias jtara la cría del ganado. En 
estas llanuras falian por completo Ion árboles^ y sólo en las orillas de los 

' P. 51, obra citíida. 



— 112 — 

arroyos y de los ríos mayores se encuentran agrupaciones de una espe 
cié de sauce indígena (SaJi.r HumhoUltiana Wild.) » \ 

Los límites de estas dos últimas regiones físicas no son, en su mayor 
parte, mejor definidas que en los casos precedentes. Así, por ejemplo, 
la región del Valle Occidental (pampa estéril) parece limitada al este por 
una línea dirigida desde la laguna del Bebedero hacia el sur, liasta la 
latitud de la Ventana lo que corresponde jiróximamente al curso del 
río Desaguadero y río Salado, no siendo designado en la obra su límite 
austral. 

En cuanto á los límites señalados á la «pampa fértil » no habría nada 
que objetar si no tuvieran i)recisa mente que colindar al oeste con los an- 
teriores, es decir el río Salado. Los diversos aspectos físicos del suelo así 
como los principales factores meteorológicos se modifican demasiado, 
desde el litoral atlántico bonaerense hasta aquella lánguida arteria inte- 
rior (Salado, Chadileufú, Curacó), para que sea admisible esa línea de- 
marcadora. El carácter fitogeográfico, entre otros, sufre una transforma- 
ción radical en aquel trecho de diez grados de longitud, pasando sucesi- 
vamente de la formación })ampeana (pastos duros y pastos tiernos) á la 
formación del Monte de Lorentz (oriental y occidental) vale decir de una 
región herbácea á una región arborescente y arbustecente, de la que no 
se halla mención en la descripción referida. Por lo que toca al relieve 
del suelo, se pasa, á unos 60 kilómetros al oeste de General Acha, de la 
zona de la pamixi alta á la pampa baja ó depresión interior, existiendo 
allí un dirortinut aquaruiii entre las aguas de dicha depresión y las que 
pertenecen á la cuenca del Plata. Este carácter no puesto en evidencia 
hasta ahora nos parece decisivo x>íii"i la determinación de la línea de 
separación de las regiones fértiles del interior. 

El límite norte de hi «pampa fértil», es decir el paralelo 32° ó si se 
prefiere, una línea llevada desde Santa Fe á Córdoba, parece coincidir 
con la zona de transición entre los bosques chaqueños y las pampas pro- 
diamente dichas, aunque ello no se desprenda claramente de la descri])- 
ción; corresponde á la división admitida por Bnrmeister y puede ser 
aceptada, si bien con ciertas reservas, pues es el resultado de un com- 
promiso^ de un término medio entre varios factores que empiezan á mo- 
dificarse por aquellas latitudes y aquellas longitudes (2 á 3 grados). 

G" Al sur de la « pampa fértil » y de la « pampa estéril » y como su 
l)rolongación ubica el autoría llanura patagónica. Como el límite austral 
de las regiones físicas anteriores deja libre la interpelación, tampoco es 
posible señalar aquí un límite determinado á esta nueva división que, 
erróneiimente también, llama llanura; parece, sin embargo, por las 
indicaciones de carácter geológico de otras secciones de la obra que 

^ KiCAüDo Xati', olirii citiitla, j). 52. 



— 113 - 

el límite entre las dos iVi;ioiies estaría constituido por el río Colorado. 

El autor es por demás parco en la descripción de los caracteres de la. 
llanura patagónica, por carencia, de datos, refiriendo al lector, ])ara ma- 
yores detalles, á su descripción íito.i:eogrártca hecha por el doctor Lo- 
rentz. 

7'' La íiltiuia de las grandes divisiones físicas de la. obra, de Iviíiardo 
Xapp es la McsojHitáiniat absolutanu'nte idéntica ala de los autores pre- 
cedentes (Martín de Moussy, Burmeister). 

Aunipie no presente la importancia de los estuilios anteriores, convie- 
ne mencionar también, por el carácter oficial de la obra, la división en 
regiones naturales que figura en el censo de 1805. 

Xo se trata aquí de una obra ueográfica fundamental, pues la premura 
de tiempo, la rapidez con que fué realizada, no permitió á su autor asig- 
narle la extensión que hubiera sido de desear. Desde el primer momento 
nótase en esa clasificación de las regiones naturales de nuestro territo- 
rio, una contradicción en el texto y en su representación gráfica ^ 

Esta última, mejor que el texto rcvsponde á las condiciones naturales 
del país, pero asimismo opinamos que no existen razones suficientes 
para justificar la creación de la región norte ó boreal, comprendiendo las 
provincias de Salta, Jujuy y Tucmnán así como las gobernaciones de 
Formosa, Chaco y Misiones, pues tanto aquí como en el resto de la Re- 
pública, los contrastes físicos son mucho más acentuados en el sentido 
de la longitud que en el de la latitud. 

Por último y antes de princiijiar la descripción de las regiones físicas 
del país de acuerdo con la clasificación propuesta, creemos justo men- 
cionar las tres grandes divisiones regionales adoptadas por la Oficina 
meteorológica nacional por la importancia que, en la geografía física, 
tienen los factores que les sirvieron de base, la temperatura y la lluvia. 
Son estas : 

1" La Litoral^ comprendiendo las gobernaciones de Formosa, Chaco y 
Misiones así como las provincias de Corrientes, Entre Eíos, Santa Fe y 
Buenos Aires. 

2" La Mediterránea^ que comprende la parte central de la república, 
desde las fronteras con Bolivia, por el norte, hasta la extremidad austral 
del continente, así como la región limítrofe de la costa atlántica al sur 
de la provincia de Buenos Aires. 

3" La Andina, que abarca la zona al oeste de la mediterránea y que 
tiene los mismos límites norte y sur, incluyendo las faldas orientales 
de las cordilleras. 



1 Segundo ccnao de la liepúbUca Argentina, Buenos Aires, 1895, tomo I. Véase el 
mapa enfrente <le la página 18. 

REV. MUSEO LA PLATA. — T. U. (Vil, 13, 1908.) 8 



— 111 — 

Cada una de estas tres divisiones puede subdividirse en tres seccio- 
nes : norte, central y sur, cuyas diferencias climatéricas dependen prin- 
cipalmente de la altitud y situación latitudinal ', 

Esta clasificación tiene sólo por objeto definir las zonas climatéricas 
de la Eepiiblica, pero coincide, en general, con las grandes divisiones 
físicas, desde que los isotermas é isoyetas deben de constituir, á nues- 
tro entender y conjuntamente con el factor topográfico, los elementos 
principales que sirven á su determinación. 



LAS CUATRO GRANDES REGIONES NATURALES 
DE LA REPÚBLICA ARGENTINA Y SUS SUBDIVISIONES 

Los dos aspectos físicos fundamentales de nuestro territorio son las 
llanurm y las cordilleras. Todas las clasificaciones anteriores descansan 
en estos dos grandes rasgos. 

Sus autores, con las reservas del caso en cuanto á Parisli que era 
agente diplomático y no naturalista, coinciden en la ubicación y los lí- 
mites de la región serrana ; pero las divergencias aparecen cuando bajan 
de las cordilleras á las llanuras, es decir á la parte más importante del 
país. Para los unos, llanura lo es todo el territorio argentino (con excep- 
ción de la banda montañosa occidental) desde las planicies abrasadas del 
paralelo 23° hasta las aguas casi polares del canal de Beagle; para los 
otros, no debe aplicarse este término sino á ciertas partes de la región 
del litoral, particularmente las pampas orientales y el Chaco. 

Ante todo, es necesario excluir de la llanura argentina su llamada 
anexa austral - — la Patagonia — pues ya no es posible sostener hoy que 
nuestros territorios del sur pueden ser asimilados á la pampa. ]S'o sola- 
mente su carácter petrográfico es bien diferente sino que su aspecto fí- 
sico general, su orografía especialmente, son enteramente distintos. Si 
el rasgo topográfico dominante de las pampas es representado por pla- 
nicies bajas más ó menos onduladas, más ó menos deprimidas, el rasgo 
más notable de la Patagonia es constituido por umi inmensa meseta, una 
verdadera altiplanicie de emersión relativamente reciente y realizada por 
etapas sucesivas, como lo demuestran las gradas escaloneadas de sus 
hondas quebradas, meseta que va elevándose poco á poco desde el este 
hasta el oeste hasta alcanzar, en las regiones de la cordillera, alturas de 
1000 y aun 1500 metros. 

^ Gualterio Da vis, CUma de Ja Eejníblica Argentina, publicado por el Ministerio 
de Agricultura, en español é inglés, Buenos Aires, 1892. Véase pág. 2 y 3. 
- Clasificación de Biiruieistei-, 



Eev. Museo de La Plata, t. xv (ser. ii, t. ii). 




E.deMmíaUm» 



PRINCIPALES 
DIVISIONES ETNOGRÁFICAS 

^M^^'A Araucanos 

\ ( (waycwiji'n y otrofi 

/'llclrlw.s 

Tehllrlches 

<l¡iaritni<'s 

ímnran izados (megdmlos 

conTapiiyns) 

I ! n¡arrúaii f/tune'i 

Tribus inag:illanir¿i!i 



— 115 — 

Así, pues. i>i'('S('iii(li('ii(l() ]H)v i'l iiHHiiciito de l;i P;it;i,ii(»iii;i. el territo- 
rio ariiviitino se nos i)i"c'seiita dividido en dos grandes legiones : 

1" La l\('(i¡óu ¡Serrana o de la cordillera, limitada al oeste ]tor la fron- 
tera con Chile, al norte jtor la frontera con r>oli\"ia, al sur i>or el río 
Liniay y al este por la base de los últimos contrafuertes andinos. 

2" La Ec(jión Baja ó déla llanura ', comprendida entre el límite ante- 
rior al oeste, nn corto trecho del paralelo 22° al norte y nn extenso 
litoral tiuvio marítimo al este, noroeste y sur: río Pilcomayo, río Para- 
fiíiay, río Paranií, río l.uuazú, ríos ítsmicos misioneros, río Uruguay, 
río de la Plata, costa atlántica y río ]üí^eiiro. 

Esta región merece verdaderamente llamarse ütoraJ, ])ero como es 
vasta, como su aspecto topo.üráñco, su carácter ñtoi»eoí»ráñco y sus ele- 
mentos meteorológicos sufren moditicaciones tan notables desde el este 
hasta el oeste, es i)reciso introducir otra división, intermedia entre el 
litoral propiamente diclio y la montaña : es la Región Mediterránea. 

Llegamos por consiguientes á establecer, como la mayor parte de los 
autores mencionados, tres regiónos primordiaU'H cuya mayor elongación 
no es de este á oeste como lógicamente debería suceder, sino de norte á 
sur en vista de (pie el elemento altitud tiene preeminencia sobre el ele- 
mento generalmente más fundamental de las grandes zonas naturales 
latitud. 

Pero si esta clasificación coincide, en sus grandes lineamientos, con 
las otras, no coincide en los límites de las regiones físicas; además, he- 
mos creído conveniente, para mayor claridad, introducir en estas tres 
divisiones primitivas algunas subdivisiones determinadas, como aque- 
llas, por la diferenciación de uno ó varios de sus factores característicos 
pero que, de una manera general, se distribuyen esta vez de acuerdo 
con la latitud. 

REGIÓN LITORAL 

Principiaremos la descripción de las regiones naturales por la parte 
oriental, generalmente denominada litoral. Sus límites coinciden: al oeste 
con los contrafuertes andinos hasta el Juramento ó Salado; este río hasta 
su codo en Matará; desde allí hacia el sur faldeando la sierra de Córdo- 

^ El origen de la formaciún de las llanuras argentinas con sus inmensas capas de 
loess ha sido tema de muchas discusiones sin que haya i)odido todavía unifornnxrse 
las opiniones á su respecto. No siendo la íudole de este estudio de orden geológico 
no entraremos en la discusión de las teorías i)ropue8tas, refiriendo los interesados iX 
las ol)ras especiales y limitándonos á citar la opinión de Doering, concluyendo en 
que « un gran mar, cubriendo toda la planicie, ha ocasionado, por sus uniformes 
golpes de ola, la formación de la pampa ». Es probable, sin embargo, que otros fac- 
tores, como el arroyamiento iutenso de las épocas anteriores y la acción eoliaua 
hayan contribuido también á la constitución de las llanuras arffcntinas . 



— lltí - 

ba á inclinándose poco ;i poco al este hasta llegar al antiguo estuíiiio de 
Bahía Blanca. Al norte, al este y al sur, el límite de esta región se iden- 
tifica con la frontera de la República (Y. mapa n^ VIH), 

Los caracteres físicos generales de esta extensa zona, la más fértil y 
la más importante de la República son : la gran uniformidad de su suelo 
excepción hecha de las serranías bonaerenses y de las pequeñas cordi- 
lleras basálticas de Misiones y su pendiente casi insensible dirigida de 
noroeste á sudeste en la parte norte, convergente hacia el Plata en la 
])arte central é inclinada hacia^ el Atlántico en la parte sur. La compo- 
sición del suelo es netamente arcillo-arenosa, i)ero con una diminución 
gradual de la arcilla y un aumento correspondiente de la arena á me- 
dida que se adelanta hacia el oeste, sobre todo en la parte sur. 

Las condiciones meteorológicas de la región del litoral son modera- 
das, no siendo conocidos allí los fríos excesivos ni los calores exagerados : 
sólo en la región chaqueña boreal la temi)eratui'a alcanza un término 
medio anual bastante elevado, pero aun así la diferencia extrema entre 
el norte (22"^ lat.) y el sur (39° lat.) no ])asa de unos nnvce f/rado.s centí- 
grados^ ó sea un aumento de un grado centígrado por dos grados de lati- 
tud (Bahía Blanca, 15° C. anuales). La amplitud de la variación anual 
de la temperatura es débil, no pasando de diez á trece grados, según los 
puntos. En cuanto á las i)r.eci])itaciones atmosféricas, son abundantes, 
no bajando de (}()() milímetros anuales sino en una pequeña sección cuyo 
vértice sur ocupa Bahía Blanca; en la ])arte sur de Misiones, la cantidad 
total es su])erior á l^AH) millímetros por año. La isoyeta de üOO milíme- 
tros coincide generalmente con el límite oeste de CvSta región. 

Á pesar de poseer esta gran zona natural algunos caracteres físicos 
comunes, existe entre sus varias partes diferencias significativas que 
motivan la creación de las subdivisiones siguientes : 

Subregión Litoral Norte (A). 

— Sur (B). 

— Este (C). 



Sxhrefiión Litoral Este 

Esta última subdivisión corresponde estrictamente á la de los autores 
de que nos hemos ocupado; es la región mesopotámica de M. de Moussy 
así denominada por el sabio francés por su analogía hidrográfica con la 
Mesoi>otamia babilónica. Se halla perfectamente desliiulada en su casi 
totalidad por los grandes ríos que bañan sus bordes, circunstancia que 
bastaría i)()r sí sola para justificar su particularización. Pero el aspecto 
topográfico del suelo, con sus suaves ondulaciones entrerrianas y corren- 
tinas, sns inmensos « esteros » y lagunas del centro, restos de antiguos 



XV (SKn. 11. r. II). 




— 117 — 

í'iuu'os del P;ii';m¡i, sus scrvaiiiiis del noroeste con cxlmbcniíito vogeta- 
eióii troi>ic;il, constitityc iiii 1;ictor (|iic (lilVri'iicia esta siibrc^ioii litoral 
este (le las dos otras siibrejiioiies del oeste, aiiiKiue no tanto como de los 
países vecinos el Uruiiuay y el lirasil. 

Eteetivaniente, desde el i)unto de ^•ista lilo,i;-eo,i:ráHco, la subre,üióii 
iiiesoi)otánHca se asemeja más á las i)rovincias de Santa Fe y líuenos 
Aires que á aquellos dos países limítrofes : el vio Uruj;uay no es única- 
mente una frontera política como lo es el río rilcomayo sino que cons- 
tituye también un verdadero límite natural entre nuestro país y la 
l>anda Oriental. 

Las diferencias observadas entre la llora entreiriana y correntina y la 
de las otras rei^iones lian inducido á Lorentz á incluir en su clasificación 
ñto«ieo¡iráfica la formnvión iiicsopotáiuiea. \ la verdad, la extraordi- 
naria riqueza tlel sistema lii(lroi>ráfico, las inmensas superficies i)eriódi- 
camente inundadas de la zona deltaica en el sur así como los bañados 
del Ibera en el norte lian determinado en el perímetro de esta subregión 
una vegetaci()n peculiar del ti\w paranense y nayadeo (Spegazzini) pero 
la Hora del interior (con la excepción de Misiones) no difiere notable- 
mente ni aun en el célebre bosque de Montiel, de la que constituye las 
formaciones chatjueña, del monte y de la pampa j característica de las pro- 
vincias al oeste del Paraná. 

Por lo que se refiere á la estreclia faja de terreno correspondiente al 
itsmo misionero, si bien sus caracteres ñtogeográflcos justifican una nue- 
va provincia botánica, no existe desde el punto de vista geofísico las 
mismas razones i)ara crear allí una nueva subregión, pues, topográñ- 
camente hablando, aquella parte es la continuación natural del territorio 
correntino. Además, no debe olvidarse que la simplificación es condición 
esencial para una taxonomía de la naturaleza; si se multiplican dema- 
siado las divisiones y subdivisiones, los caracteres generales acaban por 
l)erderse de vista, con lo cual desaparece el objeto i)rincipal de la clasi- 
íicación. 

Subregión Litoral Korte 

Al considerar el mapa, podría parecer á primera vista, que el término 
de región litoral es por demás extensivo ai)licado á. aquella excéntrica 
zona del territorio, sobre todo en las partes situadas en las cercanías del 
trópico. Sin embargo, á pesar del aumento paulatino de temperatura de- 
bido á la latitud y del cambio correspondiente en la vegetación, las con- 
diciones generales de esta subdivisión del litoral no presentan variaciones 
suficientemente importantes para motivar su incorporación á la región 
central ó mediterránea, siendo la configuración topográfica del suelo 



— lis — 

idéntica á la del litoral austral (prov. de Buenos Aires, Santa Fe y Cór- 
doba sur). 

La amplitud de la variación anual de la temperatura es moderada y 
no responde avin al tipo continental; las lluvias, bastante uniformes y re- 
lativamente abundantes, permiten en unión con la temperatura favora- 
ble, el desarrollo de la vegetación arborescente característica denomina- 
da /orwmc/dn cJiaqucña con sus hermosos palmares y otras esencias tro- 
laicales y representada no precisamente por inmensas extensiones bos- 
cosas sino por agrupaciones de árboles en sus depresiones y las márgenes 
de sus pocos ríos. 

Estos se deslizan, perezosos, en una planicie insensiblemente inclinada 
de noroeste á sudeste, siendo este declive insignificante una de las cau- 
sas del carácter indeciso de toda la red fluvial y lacustre de la región : 
el curso de los ríos se modifica rápidamente; cambian estos de álveo, 
desaparecen ó se metamorfosean en bañados, en esteros. Las lagunas 
son numerosas pero sus condiciones de existencia precarias y estre- 
chamente relacionadas con las aguas meteóricas. 

Tales son los caracteres generales de esta subregión litoral, pero en 
su parte austral, van confundiéndose poco á poco con los que son iiecu- 
liares á la subregión sur ó pampeana propiamente dicha. El límite entre 
ambas puede ser representado por una línea extendida entre Santa Fe 
y Córdoba, y coincidiendo en parte con el rio Segundo 

Es en aquellas latitudes (próximamente 32°) en donde se oi)era la 
transición entre \í{ formación chaqueña al norte y Vd formación pampeana 
(bot.) al sur. El límite de la formación del monte toca también este punto 
de intersección ó de dispersión fitogeográfico (Santa Fe), i^ero más al 
oeste es cortada por la línea divisoria propuesta. 

Parece que el cambio en la fisonomía de la flora ha repercutido hon- 
damente en la antropogeografía de la región, pues no solamente el lí- 
mite referido seiíala la línea divisoria entre las tribus chaco-i)ampeanas 
al norte y las tribus pami^eanas al sur, sino que es allí mismo, avanzando 
hacia el Paraná conjuntamente con las Prosopis (formación del monte) 
adonde lograron filtrarse hasta el litoral paranense las poblaciones de 
alta civilización de las mesetas andinas ^ Hoy mismo la zona interme- 
dia entre Santa Fe y Córdoba representa el eje de la colonización de la 
comarca y al avanzar unas pocas leguas liacia el norte se pasa brusca- 
mente de una región de población relativamente densa á otra casi de- 
sierta ". 

El límite occidental de esta subregión se halla también determinado 

^ Véase el mapa etnográfico, uiimero V. 

^ E. Delachaux, La pohlación de la Eepúhlica Argentina. líev. de la Universidad de 
Buenos Aires, tomo III, 1905. Véase el mapa número VI, Densidad de la poilación. 



KKV. Ml'SHÜ I)H l.A I'l 




— 119 — 

por consideracioiu's ;iii!Íl(),u;is, Dt'sdo la (Voiitcva con Solivia (juntas del 
Eermojo y dol Tarija) s¡,üue [)()v los coiitrafuertcs andinos (soiranías de 
íSanta Bárbara y del ]\laíz Ciordo) hasta ci río Pasaje ó Juramento. Des- 
de este punto sigue el curso del río — aliora Salado — hasta Matará 
jiróxi mámente y de allí por los contra fiierres de las serranías de Córdoba 
hasta la ciudad de este nombre. 

En todo este recorrido de unos ocho <j,rados de latitud, el límite seña- 
lado separa la uran llanura chaqueíja de la región serrana del oeste y del 
centro así conu» de la depresión interior, caracterizada en afiuella parte 
por la presencia de las salinas; éstas son las diferencias topográticas 
pero ese límite que (H)nstituye, en su mayor parte, la línea divisoria 
entre la provincia botánica del Chaco y la formación subtropical y la del 
monte, sirve también de demarcación etnográfica entre las tribus de las 
llanuras (chaco-pampeanas) y las de la altiplanicie. 

Así, pues, los caracteres que sirven á diferenciar la subregión litoral 
norte de las otras son de orden topográfico, meteorológico, fltogeográfico 
y etnográfico; no sería difícil encontrar también caracteres distintivos 
entre su launa indígena y la de las regiones circundantes ^, todo lo cual 
justifica ampliamente la razón de ser de su existencia. Es, además, en 
la actualidad, una inmensa i)lanicie casi desierta (excepción hecha del 
sur), con menos de un habitante por kilómetro cuadrado, aglomerándose 
la población en su perímetro, como ya sucedía en la época del descubri- 
miento y de la conquista. En la geografía física, el elemento humano se 
halla en una dependencia tan estrecha con resi)ecto al medio físico que 
sus relaciones recíprocas no llegan á alterarse á través de las edades 
sino con suma lentitud. 

¿Subregión Litoral Sur 

Los límites de esta subdivisión de la gran región oriental ó del litoral 
son, como ya lo hemos visto, el río Paraná desde Santa Fe, el río de la 
Plata y costa oceánica hasta Bahía Blanca al este y al sur ; la línea arri- 
ba citada entre Santa Fe y Córdoba y desde este imnto basta Baliía 
Blanca, otra línea un i)oco arqueada, convexa liacia el oeste. 

Comiírende esta subregión casi toda la provincia de Buenos Aires y 
la parte sur de las x^rovincias de Córdoba y de Santa Fe. Es la zona 
más característica de la Eepública y dentro de su i^erímetro se concen- 
tran las tres cuartas partes de su población. 

Su aspecto topográfico es bien conocido : dilatadas llanuras, herbáceas 
en su mayor izarte, limitadas al este y al sur por las aguas oceánicas y 

^ Dr. F. Lahille, Ensayo sobre la distribución geográfica de los mamíferos en la Ile- 
piíilica Argentina, Buenos Aires, 1900. 



— 120 — 

Ijaraiiáplatenses, y solamente inteiTuiiipidas inn- los pequefios sistemas 
orográficos de la Ventana (Curámalal, Pillaliuinco, Las Tnnas, etc.) y de 
OlavaiTÍa-Cabo Corrientes: suelo en su casi totalidad de una fertilidad 
asombrosa, clima benigno, temperatura correspondiente ú la de los países 
mejor ubicados y más adelantados de la tierra, variación dél)il entre las 
estaciones extremas, lluvias laoderadas casi uniformenuuite repartidlas 
durante todo el año, es iiuludablemente este uno de los territorios más 
privilegiados de este continente. 

Su suelo se presta admirablemente para la agricultura, y aun prescin- 
diendo de ventajas económicas no superadas en otras i)artes y que le 
confiere su ubicación vsobre las márgenes del Plata y el notable desarrollo 
de su costa marítima basta el gran estuario báldense, compréndese bien 
que el conjunto de las condiciones físicas propias de la subregión litoral 
sur la predestinaba al papel preponderante que ha desempeñado y sigue 
desempeñando en los destinos de la República. 

Tantas veces se ña descripto la Pampa — ó las pampas — y ])or \ún- 
mas singularmente autorizadas, ya sea desde el punto de vista científico 
ó simplemente literario, que presentaría escaso interés insistir nueva- 
mente en ello. 

Xos limitaremos á- decir que esta región del litoral sur corresponde 
á las subfornmciones fitogeográficas de los pa.sto.s tiernos y de los ^>((,sío-v 
dnroSy caracterizados estos últimos por gramíneas pertenecientes á los 
géneros Stipa, Festuca, Mélica, Gijnerium, Faspahim, etc., de tipo xeró- 
filo, mientras los i)rimeros corresponden á los géneros exóticos, cuya 
marcha invasora hacia el oeste ha corrido suerte pareja con el avance de 
la población inmigratoria en dicha dirección. El tipo de esta vegetación, 
que ocupa la parte oriental, por consiguiente la mejor regada, es neta- 
mente hidrófilo, peculiaridad de la flora que corresponde á diferencias 
<'n la composición del suelo (más arenoso al oeste) y en las condiciones 
higroinétricas del aire. Ensni)arte occidental encontramos la formación 
del Monte arborescente ó de las Prosopis. 

Hemos expuesto ya las razones en que nos basamos para establecer 
la línea- de dennircación entre esta subdivisión y la del norte. En cuanto 
á su líndte oeste á más de coincidir generalmente con la isoyeta de 000 
milímetros y, á la altura de las sierras centrales de Córdoba, con el pie de 
las faldas orientales de la Sierra Chica, corre, más al sud sobre el borde 
([e \íi^ pampas altas ((> pampas propiamente dichas) en la línea algo in- 
decisa del dii'ortinm aquarum interior ya mencionado el que coincide 
con un cambio notable, no solamente en la topografía del suelo ([)ampas 
altas con grandes cañadones al este y depresión al oeste), sino que tam- 
bién en la flora (monte arborescente al este y arborescente al oeste) y 
en las condiciones higrométricas del aire. El carácter topográfico es el 
que debe primar en el establecimiento de las grandes divisio]u\s natu- 



— 121 - - 

ralos, tanto más cuanto ([uc los dciuiis lactori'S físicos se ajustan casi 
sienijuH' ii el . 

En el surde la proviiicia de Únenos Aires el limito i)olítieo (5° morid, 
ooste de línenos Aires liasta el río Ne,u)())no coincide con el límite natu- 
ral, claramenre sefialado por el cauce aun no bien determinado d<'l anti- 
¿iuo río cuyo dosaiiiie era el estuario l)aliienso; entro Jíaliía IJlanca y 
Carnion do Pata.uones, todo se modilica : el asi)octo del suelo y su com- 
posición, (jue lo hace partici})ar ya de las tornmciones terciarias y cua- 
ternarias patagónicas (arenisca gris, rodados), el régimen meteoroló- 
gico, c(m variaciones bruscas y amplitud notable de las misnuis, la tiora 
(transición entre la Pampa y el monto arbustocente) y la fauna (límite 
entre la t)rovincia zoobigica siibinnUnn y ]i\ paraná-indiipcaiKi). VA mismo 
paso repentino entre una región densamente i)oblada y otra desértica 
ya observado en el límite norte (Santa Fe y Córdoba) so reproduce aquí, 
pues al sur de Buenos Aires, la comarca es casi un desierto \ 

TÍECilÓN ^lEDITEIÍRÁKEA 

La segunda gran división natural de la rei)ública, la rcf/iói) coitral ó 
meflitcrráina ofrece en su mayor parte el rasgo topográfico fundanu*ntal 
de una gran depresión, extendida de norte á sur, desde las Salinas de la 
margen oeste del río Juramento basta el río Colorado. En la ¡¡arte orien- 
tal encontramos el sistema orográfico central, es decir, las sierras de Cór- 
doba y San Luis mientras que en la parte occidental boreal se extienden 
las Salinas Grandes. Los límites por el este ban sido descriptos en el 
capítulo anterior, siendo sus límites occidentales, desde el río Pasaje 
hasta el río Xegro representados por los cordones destacados y los 
contrafuertes de la cordillera andina. 

Su situación mediterránea y sus condiciones de región deprimida y 
sometida además á la influencia de la banda de altas presiones austra- 
les, han determinado allí la existencia de un régimen xerófllo pronun- 
ciado y, por consiguiente, precipitaciones meteóricas reducidas (de 200 
á COO mm. anuales). 

Xos hallamos, pues, en la zona de transición entre las tierras en donde 
es posible la agricultura y las tierras en donde no puede prosperar, pues 
una caída anual de agua pluvial de 200, oOO y aun 400 milímetros no 
permite obtener buenos rendimientos. Esta importante línea de se])ara- 
ción es señalada más ó menos por el curso del río Salado ó Chadileuvú, 

' Cuando las obras de riego por derivación del río Negro y del río Colorado de 
toda aquella región árida estén concluidas, este estado de cosas se modificará como 
por encanto, pues allí como en el Egipto, el problema vital por excelencia es el pro- 
blema hidrográfico : donde brota el agua ai)arece la vida. 



— 122 — 

pero aun en este caso, puede esperarse muclio del aprovecbamiento de 
las aguas de la napa subterránea y, más directa y prácticamente aun, 
del embalse de los ríos de la cordillera de las sierras pampeanas. Sin 
embargo, en medio de la región «íentral seca existen ciertas partes pri- 
vilegiadas por sus condiciones hidrográficas, como el delta del Chadileuw 
y del Atuel, favorecido éste por las inundaciones periódicas del último 
de los ríos citados. 

Las tierras sedientes situadas al oeste del Chadileuvú ofrecen liermosos^ 
problemas de ingeniería liidráulica al hombre de ciencia, y de su solu- 
ción dependen su desenvolvimiento ó su paralización. Entretanto, los^ 
médanos ó dunas, tan característicos de la región mediterránea central 
y austral, y que se presentan, ora bajo la forma de extensos cordones^ 
orientados según un rumbo determinado x)or los vientos dominantes, ora 
en grupos aislados algo cóncavos hacia su centro comim, pueden llegar 
á constituir — y así sucede en muchas partes — un recurso precioso y 
antes no sospechado i)ara las industrias agropecuarias, juies las aguas 
filtradas y conservadas en su parte inferior, ya sea procedan de las llu- 
vias ó de las napas subterráneas, permiten á ciertas gramíneas de raíces 
muy desarrolladas, como la alfalfa, buscar en las profundidades del suelo 
el elemento acuoso indispensable á su crecimiento. 

La temperatura media anual de la región mediterránea varía en ocho 
grados centígrados de norte á sur, ó sea de 23° á 15°. Las diferencias 
térmicas de un día para otro y de una estación á la otra son mucho más 
acentuadas que en la región litoral y mayor también su amplitud anual. 
Esta última es, en San Luis, punto central de la zona, de 10°, y su hu- 
medad relativa tan sólo de 55 por ciento, mientras en el litoral platense 
alcanza hasta SO por ciento. 

La formación del Monte (antes denominado del Chañar por Griese- 
bach) que caracteriza esta región natural, se subdivide según Lorenz y 
otros botánicos, en subformación oriental (ó de las FroHopis) ' y subfor- 
macióu occidental (ó de la jarilla), pero según otros naturalistas (entre 
ellos el doctor Spegazzini) dicha subdivisión fitogeográfica no tiene 
razón de ser por hallarse mezcladas las mismas esencias arbustecentes 
y arborescentes tanto al este como al oeste, si bien en número mucho 
menor en esta última parte. 

Existe cierta diferencia entre la parte norte de esta división física, 
ocupada al este, como se ha visto, i^or el sistema montañoso puntano-cor- 
dobés, y al oeste por la deijresión de las Salinas Grandes, y su parte sur, 
continuación de dicha depresión, y en cuya parte central corre el Salado 



' Corresponde casi enterameute á la Siibregión Litoral Sur. El niapita fitogeográ- 
íico ([ue acompaña este estudio ha sido reducido del de Loreutz, con las modifica- 
ciones resultantes de los trabajos ulteriores. 



— 123 — 

ó ChiulikMnú, (le iiiaiicra ((iic. si se ((uisicsc, ])(>(ln;i cst ;il)U'<'erse, cn la 
región mediterránen, una suIkIín isiou hoical y otra austral. Sin embargo, 
y á pesar do que algunos autores lo han ([uorido hacer así, no lo creemos 
indispensable, pues, adeimis de la necesidad ya aludida de no exagerar 
las divisiones y subdivisioiu's. no es la existencia de las salinas — (jue 
tand)ién se encuentran, aunipie más reducidas, en otras partes — sino^ 
la depresión eouu'in ¡i toda la zona, su rasgo domiiumte. 

Las Salinas Grandes tienen una longitud mayor de trescientos kihhne- 
tros y se extienden entre las sierras centrales de C(')r(loba y la seiiaiiías 
catannirqneñas destacadas del gran sistema andino. 

En la depresión en cuyo fondo espejean existe un pequeño declive 
desde las alturas divisorias que unen las serranías de San Luis con las 
ramilicaciones riojanas — sierras de L'lapes, del Portezuelo, de los Lla- 
nos, etc. — hasta el río Saladillo y en donde la altitud baja hasta 175 
metros sobre el nivel oceánico (Totoralejos). Pasadas estas alturas divi- 
sorias, se llega á la depresión i)untana, en conexión con la Salina grande 
de La Rioja, depresión que se i^rosigue probablemente hasta el río Co- 
lorado. 

Esta última hondonada es, pues, tributaria déla hoya hidrográfica del 
Atlántico, mientras las Salinas Grandes pertenecen á la cuenca cerrada 
de Córdoba; sin embargo, por las razones expuestas, no admitimos una 
subdivisión entre la zona deprimida norte y la zona deprimida sur. 

La delgada costra cristalina de las salinas consiste principalmente en 
cloruro sódico — qne se explota — en sulfato de magnesio y sulfato de 
cal. La sola vegetación posible consiste en una mezcla de xerófltas y 
halófitas (sobre todo jumes, arbustos muy ricos en sales de potasa y 
soda y con cuyas cenizas se obtiene un buen jabón). 

Para explicar el origen de las salinas, se ha echado mano de varias hi- 
pótesis. Segvín algunos autores, representan los residuos de lagos salados 
que, durante el período de alHviírn^ han cubierto las depresiones pampea- 
nas; según otros, serían los productos de los depósitos de sal gema que se 
encuentran en las formaciones sedimentarias de las sierras pampea- 
nas ^ y que poco á poco han sido arrastrados hasta las salinas por los 
ríos cuyas nacientes se hallan en esas montañas. 

Á este resi)ecto, dice Stelzner que como la mayor parte de los ríos son 
muy salados, y que como por otra parte se encuentran también salinas 
en las montañas, aun en las altiplanicies de las cordilleras y, por consi- 
guiente á un nivel á donde no llegaron seguramente las aguas marinas, 



^ Segriu Brackebiisch, serían estas las areniscas coloradas, tan abundantes en 
las partes elevadas del país, aunque, para una parte de las salinas, admite tam- 
bién la hipótesis de un origen volcánico, opinión confirmada por el doctor Schicke- 
dantz. 



— 124 — 

la segunda hipótesis es la más probable, á lo menos iiiira la mayor i)arte 
(le las salinas '. 

Al sur de las Salinas Grandes y como continuación déla de]»resión del 
norte, se extiende la larga depresión puntano-mend()cino-i)ampeana, en 
cuyo thalweg se encuentran la laguna Bebedero, y los ríos Desaguadero, 
Salado, Chadileuvú y Curacó, estos últimos secciones varias de un mismo 
río bautizado con nombres distintos y que son los débiles vestigios del 
gran río, desagüe general de la cordillera que, en otra época, desaguaba 
en el Atlántico probablemente p<u' el liincón de Bahía Blanca. 

El territorio nacional de la Pampa es, con el de Misiones, una de las 
l)rimeras gobernaciones que sei'án elevadas á la categoría de provincia. 
Casi todas sus condiciones naturales, al este del Chadileuvú, son pareci- 
das á las de la provincia de Buenos Aires; las prósperas colonias agríco- 
las que transforman el suelo de ésta, se extienden insensiblemente hasta 
la Pampa Central, ayudadas por las numerosas vías férreas que cruzan 
dicha gobernación, de manera que viene á ser como la prol(»ngación na- 
tural de la gran provincia argentina. 

Sin embargo, á ])esar de todas estas condiciones ventajosas y de las 
facilidades de comunicación y traslación, la verdadera fisonomía del 
suelo no está aun bien conocida, y poseemos datos mucho mejores sobre 
las comarcas más apartadas de la Patagonia andina que sobre la región 
situada á i)0cas leguas al oeste de Bahía Blanca, á 14 horas de Buenos 
Aires ! 

Esta anomalía proviene, como se sabe, de que nuestro litigio fronte- 
rizo con Chile nos obligó á un reconocimiento topográfico minucioso de 
toda la zona contestada, mientras la mayor parte de la documentación 
cartográfica referente á la Pampa Central data de más de 25 años, advir- 
tiéndose que no fué reunida con un fin puramente científico sino con el 
solo objeto de la medición de los lotes de tierra. 

Los levantamientos que en la actualidad se efectúan allí bajo la direc- 
ción del Departamento de Tierras y Colonias son indudablemente opera- 
ciones ejecutadas con todo el esmero requerido, pero como la obligación 
legal de los agrimensores es levantar solamente /o.s* linderos de cada pro- 
piedad, se comprende que no es posible esperar en estas condiciones que 
los planos generales del territorio ejecutados sobre esas únicas bases 
sean la fiel reproducción de los accidentes del suelo. 

Según observaciones personales creemos que el lecho casi desapare- 
cido del gran río interior es el que señalan hoy, á contar desde Bahía 
Blanca hacia el noroeste, el .salitral de la Vidriera, la hujuna Chasieó, 
la laffuna Larga, la lai/iiiut Colorada Grande. Desde este punto (siempre 
aguas arriba) el antiguo río \mi\o haber pasado por las depresiones se- 



' R. Nait, La ricpúhlica Arficnt'uia. ohiíi cit., p. 76 (ed. española). 



Ebv. Mcseo bE La Plata, t. xv (seh. ii, r. ii). 



Plancha VII 




— 125 — 

n;il;i<l;is \u)v l;i sciii' de salitrales y lamiiiifas situadas al este y sudeste 
del sistema oroj^váfieo de Lilnu- Calel liasta la ¡^lau eueiica. lacustre del 
Ui'relau(][uen. Xo ereeinos »iue dielio no se haya eonexioiuido aiitei'iov- 
ineiite eoii el Salado de liueiios Aires, eoiiu» lo lian pensado alj;uiios 
autores, por las diferencias lii])soiiiet ricas existentes entre la .uran de- 
]ires¡(')n interior y las i»aiiipas al oeste de (leiieral Acluí '. 



KKCION SEKIJA^-A 

La tercera gran divisichi física de nuestro territorio corresjíonde á su 
parte occidental y comprende, en su totalidad, la cordillera de los Andes 
con sus cordones laterales y sus contrafuertes hasta, el Xahuel Huapí 
y Liinay. Aunque existan tambií'U serranías en otras ])artes del ])aís, es 
con justicia (pie á esta regiiui se la i»uede aplicar este término, pues el 
desarrollo y la pre])onderaiU'ia que allí revisten los accidentes (u'ográ- 
ficos no se encuentran en proporci(3n semejante en ninguna otra parte. 

Xo haj' necesidad de determinar sus límites, pues estos lo son ya Lspo 
facto desde que coinciden al norte y al oeste con las fronteras políticas y 
por el este y el sur con la región anterior y el río Limay. Es una zona 
mucho mejor deñnida que la mediterránea y la del litoral y las clasifica- 
ciones de los geógrafos no divergen á su respecto. 

Sus caracteres físicos son conocidos : se trata de una región cuya alti- 
tud varía desde el este hasta el oeste de 300 á (>000 metros (y aun 7000 
metros), disminuyendo progresivamente de norte á sur la altura general 
del macizo á la par de su anclmra. 

Al norte, es una altiplanicie de unos 3500 metros de altura, un poco 
inclinada hacia el sur y en gran parte sin desagüe; está flanqueada, al 
este, por varios cordones destacados de la meseta por la erosi()n activí- 
sima de los afluentes del río Bermejo y río Salado; más al sur, el macizo 
se estrecha progresivamente, desapareciendo la altiplanicie para ser 
reemplazada por una serie de cadenas más ó menos i)aralelas á la prin- 
cipal y cuyo número no es inferior en ciertos casos, á unos quince plie- 
gues (exp. Wehrli y Burckhart del Museo de La Plata). Inmediatamente 
al este del encadenamiento principal y confundiéndose á veces (;on él, se 
escalonan una serie de macizos importantes, recortados también por el 
trabajo de las aguas corrientes, y cuya altura en muchos puntos supera 
á la de la cadena mayor hoy divisora de las aguas. 

Son los restos del encadenamiento i»rincii)al anterior al actual y á él 
pertenecen, entre otras, las cordilleras de San Guillermino, de Colangüil, 

' Sobre esta interesante cuestión, ]inl)]icareni(ts en breve un estudio detalliido, 
resultado «le una t?x( ursión ;í las sierras de Liliné Calel, en el mes de lel»rero de 1908. 



— 126 — 

de Olivaren^ de la Totoya^ del Tif/rCj, del Tiqningato^ de las dioicas, etc. 

Salvo el borde oriental de la parte norte de este sistema geográfico — 
desde Yaciiiba hasta Tucumán — beneficiado con las lluvias de relieve 
procedentes de los vapores del Atlántico y nna estreclia banda occidental 
en su parte sur — la zona lacustre del Penquen, la Suiza Andina, — 
toda la región serrana ú occidental tiene un clima extraordinariamente 
seco, con una precipitación atmosférica inferior á 2(»0 milímetros en el 
sur y centro y á 100 milímetros en el norte. El éxito de los cultivos de la 
región depende pues exclusivamente, ó i)oco falta, del derrite de las nieves 
y del mayor aprovechamiento de las vertientes y ríos que se alimentan 
en las faldas y altas cumbres andinas; estas circunstancias hacen que el 
porvenir de esta parte del nuevo territorio dependa ante todo de la ex- 
plotación de sus riquezas minerales, que son numerosas y no de la agri- 
cultura, de condiciones siempre precarias (exceptuando ciertas regiones 
reducidas) por el estado higroraétrico del aire. Aquí como en la región 
mediterránea oriental, las obras de ingeniería hidráulica podrán i)roducir 
milagros con la construcción de represas y diques de embalse '. 

La temperatura media anual reducida como en los casos precedentes, 
al nivel del mar, aumenta desde el sur hasta el norte de + 13° centígra- 
dos hasta 4- -J:° centígrados: pero la altitud creciente de todo el siste- 
ma andino hacia el norte hace que ese aumento de temperatura no sea 
tan notable, y aun que la influencia de la altitud llegue á neutralizar la 
de la latitud, fenómeno también puesto de manifiesto en la distribución, 
de norte á sur, de la flora y de la fauna -. 

Por lo que se refiere á la variación anual de la temperatura, es en esta 
región en donde adquiere su mayor amplitud. De 17° Celsius en Chos- 
Malal, Mendoza y San Juan, llega á 18° 5 en Pilciao, pasando probable- 
mente de 20° en las altas mesetas, donde no existen todavía estaciones 
meteorológicas. Es decir que el clima, basado aquí ante todo en el factor 
temperatura, presenta en toda la Eona i^ero principalmente al norte, un 
carácter continental ó extremo aun más pronunciado que en la región 
central. 

La vegetación pertenece, como es de suponer, á un tiiio xerófilo muy 
pronunciado ^, entre cuyos representantes resinosos y espinosos las tunas 

^ Se ha diulo ya principio ¡í la coustrucción de esas obras cu algunos puntos. 

^ Si se quisiei-a toniai- la distribución de la temperatura coiuo factor exclusivo ó 
preponderante de las regiones físicas, sería indispensable substituir á las isotermas 
reducidas á O'" nivel oceánico las isotermas reales, es decir, las que señalan la tem- 
peratura efectiva de los puntos por donde pasan. 

^ Con excepción de las dos estrechas zonas de mayor precipitación atmosférica del 
nordeste y sudoeste, Salta-Tucumáu, con su formación subtropical, y el Neuquen, 
con su formación antartica de carácter también casi tropical, y en donde predominan 
.las magníficas Araucaria imhricata. 



— 127 — 

y otras cácteas ocupan un luiiar jti'cixuKlcrantc; como ya lo lial)ía cons- 
tatado Danviii hace más de sesenta y seis años, la Hora de ésta zona se 
desvía poco á jioco hacia el este y acaba por invadir toda la meseta ])a- 
tagónica (intluencia combinada de la altitud y de la latitud). 

Hemos introducido en esta rei;i('>n serrana, cuya descrijK'ión termina 
íiquí, Tina subdivisión (pie da así luj^ar á la formacic'tn de dos subrcgio- 
nes : la del norte y la del sur, cuya línea de sepaiacictn corresi)onde ge- 
neralmente al (lirorfixiH ((([Uiirunt de los ríos i)ertenec¡entes á la cuenca 
liidrográtíca del río Salado, Cliadileuvíi, ( 'Uracó, Colorad<> por una parte 
y, por la otra, al límite austral de la altiplanicie andina, privada en su 
mayor extensión de desagüe hacia el exterior. Es, por consiguiente, un 
«arácter de índole enteramente topográfico el que determina esta sub- 
•división, pero asimismo las condiciones meteorológicas extremas de la 
meseta, y quizá también su vegetación peculiar, extraordinariamente 
pobre y aun mal estudiada, son otras causas que la justifican. 



REGIÓN PATAGÓNICA 



Esta cuarta y última gran división natural de la Eepública tiene, des- 
de el río Negro hasta el canal de Beagle, una extensión latitudinal de 
16°. Sus límites, geográficamente muy fáciles de determinar, son, al 
norte, el río Xegro, Limay, al oeste y sur, la frontera internacional, al 
■este el litoral atlántico y, en la Tierra del Fuego, la sección oriental de 
•esta isla que por los tratados nos corresponde. 

Á pesar de medir una distancia de 1780 kilómetros de un extremo al 
otro de esta región austral, punto terminal de la Repiiblica y de todo el 
continente, sus condiciones naturales generales no se diferencian sufi- 
cientemente para justificar la creación de subdivisiones : desde el norte 
basta el sur y desde el este hasta el oeste, la Patagonia ofrece un con- 
junto de caracteres físicos comunes que hacen de ella una entidad geo- 
gráfica perfectamente definida. 

Podrá objetarse que convendría conservar hasta la extremidad sur 
del continente las divisiones fundamentales de región serrana y región 
baja, pero á esto haremos observar que el fallo arbitral de 1902, que de- 
terminó definitivamente la ubicación de la línea fronteriza al oeste no 
dejó comprendida dentro del territorio argentino sino uiia mínima parte 
de la zona cordillerana, coincidiendo frecuentemente la línea demarca- 
dora con el dirortinni aquarum interoceánico, es decir, con las planicies 
patagónicas. 

Así, pues, con excepción de una pequeña banda montañosa situada 
Sl\ oeste y en la que muchas veces las sierras no presentan el carácter de 



— 128 — 

talos sino á consecuencia de la a('ci<3n erosiva de las a^^iias en las mese- 
tas (t(ifclgehirge) la Patagonia ofrece, en conjunto, el aspecto de una^ 
meseta ' cubierta en su mayor parte por grandes mantos basálticos y en 
su totalidad (excepción lieclia de los valles, cañadones y demás depre- 
siones) con una inmensa (;apa de guijarros, los rodados tehuelches, defor- 
mación probablemente marina y productos de las portentosas cadenas 
que en otras épocas ocupaban el centro y el oeste del territorio pata- 
gónico. 

La constitución y la configuración del suelo no varían bruscamente al 
traspasar el río ííegro : si se hubiera tenido en cuenta ese solo rasgo fí- 
sico, es decir, la separación de las formaciones ])ampeana y ])atagónica 
(geol.), el límite hubiera sido rei)ortado más al norte, siendo en este caso 
más indicado el río Colorado que el río Xegro. Pero teniendo en cuenta 
los otros factores que sirven á caracterizar una regiíui, no puede haber 
duda de que el río Negro es el límite más C(mveniente y más natural, para 
separar la región patagónica de las regiones pampeana y serrana al 
norte. 

El río líegro es la arteria íiuvial más importante de la liepública des- 
pués del sistema platense ; atraviesa su territorio de un extremo al otro, 
y si no representa la línea divisoria de dos formaciones geológicas, esta- 
blece en cambio, al oeste, la transición entre la poderosa cordillera del 
norte, con su hermoso rosario lacustre de la Suiza andina, y las serranías, 
precordilleras y mesetas que el laudo nos ha atribuido ó dejado al sur -. 
Existen, además, consideraciones de orden meteorológico, zoológico y 
etnográfico que abogan en favor del río Negro como límite septentrional 
de esta cuarta gran región física. 

La meseta patagónica está atravesada, generalmente de este á oeste 
por grandes valles en cuyo fondo corren ríos permanentes ó treclieros, va- 
lles que, en éi)ocas anteriores, mantenían quizá una comunicación entre 
el océano Atlántico y el océano Pacífico como hoy sucede con el estrecho 
de Magallanes ; estos valles transversales se hallan á su vez subdivididos 
por un gran niimero de cañadones longitudinales que dan al conjunto, 
sobre todo en ciertas i)a.rtes al norte y al sud, una fisonomía caracterís- 
tica de ddiitier. Todo, en el relieve <le la Patagonia, en los restos de 



^ L:i TieiTii del FiK^go no debe separarse de esta regiim física ni motivar uua sub- 
división, pues, ií pesar de la irrupción de las aguas, el oaüañóii ó fjord de Magallanes 
no constituye un límite físico distinto del que presentan los cañadones de los ríos 
Gallegos, 8anta Cruz ú otros unís al norte. 

" Se encuentran también, más al sud, las cuencas lacustres de barrera, típicas dft 
las regiones anteriormente sometidas ;í la glaciación y correspondientes á los fjords 
de la otra vertiente, pero aunque la superficie de algunas sea mayor, su número no 
es tan considerable y, sobre todo, no presentan la hermosura y el encanto de los es- 
pejos de cristalinas aguas en donde se reflejan las cumbres andinas did Neuquen. 



— 129 — 

sus cordilleras contralos arrasadiis, en sus numerosas y profundas bre- 
chas, en sus capas sedinu^itarias, coiu'urre á atestijiunr la iioderosísima 
erosión ;i que fué sometida antes, cuaiulo condiciones meteorológicas 
muy diferentes de las actuales reinaban en la rc.üicMi. 

Fuera del litoral, su clima es, en í>enerai, severo ])ero sano. La tempe- 
ratura media anual (de -\- (5° á -j- 1'^° Cels.) corres])ondeá la de los Es- 
tados Unidos septentrionales y á la Europa central y norte. La amplitud 
<le la variación media anual no es considerable, dada la latitud y oscila 
entre 7° y 15° centííirados; estas condiciones son las que se observan en 
el sur de la Uni(>n norteamericana y en el litoral occidental <le Eurojja. 
Sin embargo, se registran á veces allí, durante el verano y bajo la in- 
tluencia délas áreas de alta ]nesión del Pacífico, temi»eratnras rigurosas 
— 35° C, año 1907) i)ero son de muy corta <luración. 

Esta benignidad relativa del clima ])atagónico corai>arado con el que 
íí latitudes iguales existe en el hemisferio boreal, en la América del 
norte y en Eurasia (variación anual de 30° á 40° C.) debe ser atribuida 
al adelgazamiento progresivo de la gran península austral al penetraren 
la zona de las altas latitudes. La proximidad de los dos océanos, la fá- 
cil penetración de sus va]iores acuosos hasta el centro de la comarca 
(sur de Santa Cruz) neutralizan las condiciones climatéricas extremas 
que la latitud autorizaría á suponer. 

El régimen de las lluvias presenta grandes diferencias segfm se con- 
sidera el este ó el oeste de la región. Al este y también en el interior, la 
media anual de precipitaciones atmosféricas, casi igual á la que corres- 
l)onde á la región serrana anteriormente estudiada, es rany débil (de 
2()0mm ^ 3QQmm^ gg (|(ic|j. q||p^ fucra de los valles, márgenes de lagunas, 
hondonadas, etc., las condiciones no son favorables para el desarrollo de 
la agricultura. Pero al oeste y al sur, esa cantidad aumenta rápidamente, 
hasta llegar á ser perjudicial ])or su excesiva abundancia en las costas 
chilenas del Pacífico. 

La causa de aquella gran precipitación en la zona occidental reside 
en la existencia de los violentos vendavales del tercer y del cuarto cua- 
drante, vientos constantes en dichas latitudes durante todo el año y ori- 
ginados por el contralisio desviado hacia el este por el movimiento de 
rotación de la tierra. Debido á esta circunstancia, los ríos tributarios 
del océano Pacífico han podido penetrar poco á poco, gracias al mayor 
caudal de sus aguas y á su fuerte declive, á través de la cadena andina 
hasta las planicies patagónicas. Es en esta forma que se ha constituido 
paulatinamente un divortium aquarum al este y fuera del encadenamiento 
principal de la cordillera, y es alrededor de este curioso fenómeno hidro- 
gráfico, que representa uno de los rasgos topográficos característicos de 
la cuarta región natural argentina, que ha girado toda la larga y ardua 
cuestión de límites con la república vecina. 

REV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (VIII, 29, 1908.) 9 



— 130 — 

Lluvias insuficientes al este y precipitaciones excesivas al oeste, es por 
consiguiente la región intermedia ó sea la del divortium aquarum la que 
debía reunir las condiciones meteorológicas más favorables para su 
aprovechamiento. Allí es, efectivamente, donde se lia desarrollado en 
mayor escala la colonización, y estas circunstancias explican en parte 
la lucha porfiada que la soberanía de las mejores tierras de la Patagonia 
occidental ha originado. 

Al ocuparnos de las regiones anteriores, hemos visto que no existe un 
tipo fitogeográfico esencialmente distinto entre las regiones serrana y 
mediterránea y la patagónica^ si bien se constata una diminución gra- 
dual en el número de las esencias. Sin embargo, los citados vientos del 
océano Pacífico que, atravesando los Andes por aquellos boquetes, lle- 
gan hasta las planicies patagónicas azotándolas durante casi todo el 
año, imiJÍden allí de una manera general y salvo en los cañadones y 
valles bien abrigados, la vegetación arborescente y arbustecente de las 
latitudes más bajas sometidas á otro régimen meteorológico. 

Pero su estrecha sección occidental beneficiada por los vapores del 
Pacífico así como el sur de la Tierra del Fuego presentan, debido á ese 
factor tan esencial en el reino vegetal (humedad y lluvias) un carácter 
enteramente diferente y pertenecen á la llamada formación de los bos- 
ques antarticos ó del Pacífico austral, particularizados por sus inmensos 
bosques de hayas, sus cipreses, sus araucarias y, en ciertas partes, sus 
magníficos heléchos. 

Después de estas particularidades de la flora patagónica, deben men- 
cionarse también las que se observan en su fauna, comparada con la de 
las regiones septentrionales : en el proyecto de provincias zoológicas 
ideadas por el doctor Fernando Lahille \ el río Negro representa la 
zona de separación (el límite es reportado un ijoco al sur) entre las pro- 
vincias zoológicas preandinas, caracterizadas por los Clamydophoridae, 
los Tolypeutidae, y la provincia patagónica^ caracterizada por los Bei- 
throdon cunicíiloides, Gavia austraUs, etc. 

Como ocurre para la flora, el número de los representantes de su 
fauna va disminuyendo proporcionalmente al aumento de latitud, de 
de manera á no llegar á contener ya, de océano á océano, sino las espe- 
cies que, más al norte, quedan confinadas en la estrecha zona cordillera- 
na de grandes altitudes. 

Y si pasamos ahora al representante más elevado del mundo animal 
— el hombre — constatamos que el río Negro forma el límite bien defi- 
nido entre los Tehuelches al sur y las varias tribus indígenas pamjDási- 
cas al norte, y será este argumento, de orden etnográfico, el último que 



^ Fernando Lahille, obra citada. Clasificación basada en la distribución de los. 
mamíferos. 



l'I.ANÜHA Vm 



REPXJBt ARGENTINA.. 




RtLACIÓN DE LOS LIMITES POLÍTICOS CON LAS DIVISIONES FÍSICAS 

mu I "1 I B 1^ i r 



lej i. ion 



Bíjpirajo. 



— 181 — 



inoiu'ioiiiiioinos pava jiustiticMr h> croacióu «le esta cuarta gran división 

natural. 

Al terminar, damos á contiiuuición un cuadro representativo de las 
agrupaciones de jirovincias y territorios en relación con sus límites po- 
líticos. 

Las fronteras administrativas, en gran parte convencionales, no pue- 
den coincidir estreclianu^ite con las fronteras naturales, de manera que, 
en los casos dudosos, benu)s incorporado las provincias ó territorios co- 
rrespondientes al grupo natural con el cual sus caracteres generales 
])resentaban mayor afinidad ^ 

( Gobernación de Formosa. 
I ^«*''^^^'^" « í - del Chaco. 

V / Gobernación de Misiones. 

Kegión Litoral li Oriental ' Sección b \ Provincia de Corrientes. 



Sección c 



Región Mediterránea ó Central. 



Región Serrana ú Occidental . 



Región Patagónica ó Austral 



Sección a 



Sección b 



I Gobernaciói 



V — Entre Ríos. 

^ Provincia de Santa Fe. 
( — Buenos Aires. 

Provincia de Santiago del Estero. 

— Córdoba. 

— San Luis. 
Gobernación de La Pampa. 

Provincia de Jujuy. 
\ — Salta. 

i — Tucumán. 

' Gobernación de los Andes. 
, Provincia de Catamarca. 
I — La Rioja. 

) — San Juan. 

— Mendoza. 

Gobernación del Neuquen. 
ón del Río Negro, 
del Chubut. 

— de Santa Cruz. 

— de la Tierra del Fuego, 



Véase mapa número IX. 




ENRIQUE A. S. DELACHAUX 



f 10 DE AUIÍIL DE 1908 



Una complicación inesi)erada, sobrevenida en el curso de la grave en- 
fermedad que le tenía xjostrado y que ya parecía evolucionar hacia la 
mejoría tantas veces deseada, lia producido el fallecimiento del señor don 
Enrique A. S. Delachaux ; i^érdida altamente sensible, casi irreparable, 
no sólo imvn el Museo de La Plata al cual se hallaba estrechamente vin- 
culado como director de la Escuela de Geografía y Dibujo y consejero 
académico, sino para la Universidad nueva que podía contarle como 
uno de sus mejores elementos por su reconocida ecuanimidad y prepa- 
ración indiscutible. 

El señor Delachaux, aunque nacido en Is'euchatel (Suiza), el 18 de abril 
de 1864, era ciudadano argentino desde su llegada al país el año 1888. 

Realizó sus primeros estudios en el colegio Pestalozzi en Iverdom, 
€omi)lementándolos en la Escuela de Dibujo y Matemáticas de la misma 
«iudad; y, luego más tarde, frecuentó diversos cursos de la Sorbonne y del 
Museo de Historia Xatural de París. 

Durante su permanencia en Francia, formó parte del Burean Géogra- 
pMque fundado por Vivien de Saint-Martín, y allí pudo colaborar en di- 
versas obras geográficas y cartográficas, especialmente en las publicacio- 
nes y atlases históricos y modernos de aquel conocido geógrafo, de Log- 
non, de Schrader, etc. 



— i:?;-! -- 

Llegado al i)aís, y <lesi)m's úv una bievi' rstadía en el Departamento 
(lo injivnioros do la i»r()vin»'ia de líiienos Aires, el «loctor FraiKÜsco P. 
Moreno le llevo al ^Nluseo de La IMata para hacerse cargo de una nueva 
sección de geografía, que se organizaba por aquel entonces. Allí, su labor 
de gabinete fué continua, pues se deseaba comenzar á la brevedad posi- 
ble la publicación <le un gran atlas de la Reimblica Argentina, para lo 
cual se bacía lu'cesario reunir materiales y organizar los ya existentes. 

Esta tarea fué interruiniiida en 1S!M¡: el doctor Moreno acababa de ser 
nombrado perito en nuestro secular pbñto de fronteras con Cliile y, des- 
de entonces, Delacliaux dirigió la sección cartográfica y ocupó basta 1ÍJ()3 
la secretaría de la comisión demarcadora, aportando á la labor común de 
sus miembros, tan poco divulgada y peor recompensada, toda su activi- 
dad y conocimientos especiales. 

Terminado el viejo litigio, cdu la (leuiarcación del arbitro sobre el te- 
rreno, el señor Delachaux fué designado en 190 i, catedráti(;o de Geo- 
grafía física en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Na- 
cional de Buenos Aires, y jefe de la sección cartográfica del Instituto 
Militar del Gran Estado Mayor. 

Por último, en 1005, cuando el doctor Joaquín V. González esbozaba 
los grandes lincamientos de la Universidad platense, quizo ofrecer á 
Delacbaux un puesto de confianza y de trabajo ; el año siguiente, era 
nombrado director de la Escuela de Geografía y de Dibujo de nuestro 
instituto, y en ella lia desempeñado, también, la cátedra de Geografía 
física; siendo, además, consejero académico del Museo y delegado ante 
el Consejo Superior. 

Y en los nuevos cargos, confirmó una vez más sus antecedentes de la- 
boriosidad honrada y jíroficua. Su gestión en la Escuela de Geografía y 
Dibujo, debe señalarse especialmente: realizó un caso de verdadera iden- 
tificación ; en los últimos tiempos, puede decirse que el señor Delachaux 
había dedicado todas sus energías al servicio de esa sección, que se per- 
feccionaba y crecía día por día por las mejoras diversas que le sugería 
su larga práctica. 

La índole especial de los cargos desemx)eñadospor el señor Delachaux, 
que le obligaban á un trabajo diario continuo y nervioso, no le ha 
permitido dejar una bibliografía coiiiosa. La mayoría de sus artículos 
son de combate, en pro de la teoría argentina en la cuestión de límites 
con Chile, y vieron la luz pública en diversos diarios políticos de Buenos 
Aires. Sin embargo, debemos mencionar en este grupo de sus ijublicacio- 
ues, al concienzudo examen crítico del estudio del señor Juan Steffens, 
que publicó en 1899, en la Revista del Museo de La Plata ^ 

' Límites occidentales de la República Argentina. El articulo del doctor Juan Steffens : 
La cuestión de límite chileno-argentina con especial consideración de la Patagonia. Exa- 



— 134 — 

También entre sus mejores producciones se cuentan : la conferencia 
inaugural del curso de geografía en la Facultad de Filosofía y Letras ' ; 
y las memorias sobre las tierras australes -, la población de la República 
Argentina ^ y los problemas geográficos que ofrece nuestro territorio \ 

Entre sus trabajos cartográficos, que suman decenas y se hallan dis- 
persos en multitud de publicaciones desde la Argentine Evidence hasta 
el artículo de diario, mencionaremos el Atlas meteorológico de la Repú- 
blica Argentina ■', que deja inconcluso, y el gran mapa mural de nuestro 
país publicado en 1906. 

Su estudio postumo, que no tuvo tiempo de ver impreso, se inserta en 
esta Revista, y en él se ocupa de la división del territorio argentino 
en regiones físicas. 

El seíjor Delachaux era también un conferencista ameno, un divulga- 
dor amable ; y puede citarse, como una de las mejores, su conferencia en 
la serie de las dadas en 1907 en la biblioteca de la IJniversidad de La 
Plata. 

El fallecimiento del señor Delachaux, iH'odujo en los círculos universi- 
tarios de La Plata y Buenos Aires una sensación de pesar intenso. Ente- 
rado de la desgracia, el señor i>residente de nuestra Universidad envió 
el siguiente telegrama : 

Chilecito, 10 de abril de 1908. 

Seilor director del Museo de La Plata. 

Recibo con intensa pena la noticia del fallecimiento del eminente y querido 
profesor Delachaux, una de las piedras angulares de la Univ^ersidad y sabio ser- 
vidor del país en momentos más difíciles. Ruégole transmita al Consejo Acadé- 
mico y á la familia mi pésame más doloroso. Salúdalo. 

Joaquín V. González. 

men crítico, en Revista del Museo de La Plata, IX, 3-78, con 2 planchas y una figura 
en el texto. La Plata, 1899. 

' La geogi-afía física moderna, en Revista de la Universidad de Buenos Aires, II, 123- 
136. Buenos Aires, 1904. 

■^ Antártida, en Boletín del Instituto Geográfico Argentino, XXII, 144-160, con un 
mapa. Buenos Aires, 1904. 

' La población de la Re2)úbUca Argentina. Su repartición, densidad y ley de crecimiento, 
en Revista de la Universidad de Buenos Aires, III, 18-38, cou 2 mapas. Buenos Aires, 
1905. 

* Los problemas geográficos del territorio argentino, en Revista de la Universidad de 
Buenos Aires, V, 130-144 y 201-227, con 2 planchas y 2 figuras en el texto. Buenos 
Aires, 1906. 

' Atlas meteorológico de la República Argentina. Primera parte. Provincia de Buenos 
Aires, 23 páginas y 24 mapas. Buenos Aires, 1901. 



— 130 — 

Por otra parte, la Facultad de Filosofía y Lotras de Buenos Aires sus- 
jieiidio sus clases como manifestación de duelo, y otro tanto se hl/o en 
todos los institutos de la Universidad de La Plata. En el acto del sepe- 
lio, hicieron uso de la palabra <'l scfior director del Museo profesor don 
Samuel A. Lalone (Juevedo; el doctor E. Herrero Ducloux, en nombre 
del Consejo Superior de la Universidad y del Consejo Académico del 
Museo; y los señores J. M. Rey, A. C. Herrera y S. Debenedetti, en re- 
presentación de los alumnos de las escuelas de Dibujo y Geografía y 
de la Facultad de Filosofía y Letras. 

He aquí el discurso del doctor Herrero Ducloux: 



Señores : 

En nonibie del Consejo Superior de la Universidad y del Consejo Académico 
del Museo, vengo á rendir el homenaje de afecto y de respeto que merece la 
memoria del profesor Enriípie A. S. Delachaux. 

Al aceptar tan doloroso encargo, no lie pensado en traeros la palabra de con- 
suelo que necesita vuestro espíritu ; ante el amigo perdido, ante el maestro 
ausente no he creído que debía sujetarme á simples formulismos y trazar aquí 
la vida interna de trabajo afanador, que ha vivido nuestro compañero de ayer : 
el grano de arena que es la carga de la hormiga es la obra del hombre, ante la 
grandeza de la ninerte. 

Yo querría haceros sentir intensa, profundamente, la impresión de estupor 
que me produjo la noticia del desenlace que creíamos tan lejos, y las amargas 
reflexiones en qae me sumergió esta cruel ironía de la suerte, mientras sona- 
ban en mi oído aquellas palabras del Libro de mi amigo «las personas queridas 
no deberían morirse ». 

Y recibido el golpe, sacudido aiín por el choque, bajo el bosque que el viento 
hacía vibrar como un arpa inmensa, me sentí envuelto, rodeado de los espíri- 
tus que en sus libros me han hablado del doloroso trance, como acuden los 
amigos cerca del caído, unos con la palabra que levanta cariñosa y cálida, otros 
con la risa burlona, con la ironía fría, con la palabra de duda que atenacea el 
ánimo y lleva á la desesperación y al desaliento. 

Ha muerto, ha huido hacia esa región del silencio y del olvido, á ese país 
de sombra y de misterio de donde jamás se vuelve : ha abandonado el yimque 
en la mitad del día, vencido tras cruenta lucha y sin volver el rostro se aleja 
cada vez más en el tiempo que incesante pasa. Es como el cadáver del marino 
lanzado al océano, que se hunde en el abismo azul de capa en capa, sin tocar 
jamás el fondo ó las orillas, y se pierde en la semiobscuridad verdosa hasta que 
al fin se disgrega y desmenuza, volviendo al torbellino de la vida. 

La razón se resiste á aceptar sin protesta esta rapacidad ciega de la muerte : 
llamad eu vuestro auxilio todos los dogmas y todas las creencias y los credos 
más consoladores no alcanzarán á sofocar el amargo sollozo que oprime la gar- 
ganta, la impresión penosa del derrumbe. ¡Cuánto dice en su silencio trágico 



— 136 — 

la boca de la tumba! Algunos creeu que aquí todo coucluye, otros sostienen 
que todo empieza : todos se engañan, porque el misterio de la vida y de la 
muerte no se sondea con la lógica del sentimiento. Quizá fué en el borde 
de un sepulcro, donde el esjjíritu taciturno de La Rocliefoucaiild dijo que la 
filosofía triunfa del pasado y del i>orvenir, jjero es vencida por el presente, y 
este momento adquiere un poder desconocido en esta mansión del sueño que 
no acaba. 

La invisible fuerza que cuaja el cristal de hielo en el estanque, es la misnuí 
que madura el grano en el fondo de la flor marchita ; la euergía que multiplica 
los infusorios en la infecta ciénaga, es la que hace palpitar el huevo bajo el 
ala del pájaro en el nido : la potencia que disgrega la montaña y pulveriza los 
organismos muertos es la que rige la resijiración suave del niño dormido en la 
cuna. Perjietua renovación, cambio incesante, evoluciíju sin tregua que á nues- 
tros ojos pasa, y de nosotros mismos se apodera con indiferencia glacial : es el 
ángel de la muerte que concibió Wallin el poeta escandinavo, la intrusa que 
Maeterlink soñó en j^avoroso drama, la compañera que Lucrecio enloquecido 
buscó sin encontrarla. 

Formamos parte de ese sistema (j[ue comienza en el electr<m, fracción de áto- 
mo, ijara terminar en el infinito ; somos gotas de agua de ese gran río que 
constituye la humanidad tan lleno de miserias y de dolores, de ironías y de 
injusticias ; y menos aún, somos coljós livianos de seda que en el capítulo seco 
de los cardos viene á arrancar el viento en las llanuras, jjara arrastrarlos en 
sus torbellinos ó abandonarlos en el fango, felices si logramos antes de perder- 
nos, deiiositar la semilla en el repliegue del surco, asegurando para el mañana 
las flores violadas que decoran la desnudez de las pampas. 

Los hombres superiores como Delachaux, los espíritus de cultura profunda 
como el compañero <|uerido que hemos perdido, no necesitan creer en recom- 
pensas de ultratumba para llegar á la abnegación y al sacrificio : su tarea de 
sembradores de ideas les enseña que no hay nada tan noble como pagar á los 
que han de sucedemos la deuda contraída con los que nos precedieron ; que los 
más puros placeres son los (jue proporciona el culto de la verdad en la natura- 
leza ; y que la muerte debe ser mirada como el necesario término de la vida, 
porque una vida sin muerte sería como un fruto maduro que no se desjjrende 
de la rama que vio florecer la Primavera. Pero lo desconsolador es que este fin 
prematuro no jjuede justificarse, no satisface á la razón, y el desaliento asoma 
y se insinúa en el ánimo ante la injusta suerte, de aquel que trabajó mucho 
sobre la tierra, en la patria de su adojjción y de sus afecciones, en su campo 
de estudios ijoco cultivado hasta hoy y donde llegó á ser maestro eximio. 

El consuelo que podemos tener es pensar que la ley universal con él también 
ha de cumplirse : el viento se ha ai)agado sobre el mar sin límites y, sin embar- 
go, la ola engendrada corre sobre el agua como escalofrío gigantesco y va á 
sonar en la playa desierta, coronada de espuma. El sembrador desaparece, mas 
no importa : ya asomarán las yemas buscando el sol, y luego cuando el campo 
sea como una inmensa ola de oro, las bandas de los pájaros piratas harán oir 
el himno de los trigos, el eterno canto de la vida triunfadora de la muerte. 

ün maestro que deja discíjiulos no muere nunca, y sois vosotros promesas 
de saber y de virtud, quienes ijerpetuaréis mejor que la lápida, coronas ó him- 



— 187 — 

nos, la ineiuoiia dt'l lioiiilnc do rii-iu-ia (\\n' v\ IMusoo conliiltü conio una de sus 
fohminas más tiu'vtes. 

Para todo hombre joven tiiu' sij;a la (.'scoiidida si-iida de ([iif Ii;il»I<> el ixicIm. 
Delacliaux es ejemplo diiíiio y raro, tan digno de imitar como difícil de igna- 
lar, i)ndiendo decirse de él (|ue reali/aba el tijío ideal del sabio alejado del ca- 
mino estrecho de la ambici(')n sin fruto, lepartiendo su tieni[M» entre la ciencia 
de su predilección y su lioi;;ir t;iu risuefio ayer y destruido hoy. 

Y aluna debemos si'pararnos. 

Este nu)uu>nto solemne va ;i huir de nosotros en el rodar [terpetuo del tiem- 
po, y bien pronto no seni sino un ti'iste recuerdo, confundido con las melancó- 
licas añoranzas de nuestra niñez, con las despedidas hechas en la puerta del 
hogar, en lejana provincia cuando abandonábamos el nido caliente todavía 
para buscar en la gran capital el porvenir tan lleno de promesas. 

El torbellino de la vida que vivimos, el vertiginoso movimiento (jue nos 
empuja, sujetos á obligaciones ineludibles y á graves responsabilidades, dis- 
traerá nuestra mente de tristes preocupaciones ; pero si como la cuna vacía 
ó el juguete olvidado hacen revivir el recuerdo del pequeño hijo muerto, 
las huellas que ha dejado en el Museo de La Plata, su obra personal en la 
Universidad renovarán su imagen ante nuestros ojos y creeremos honrar su 
memoria respetando los rumbos por él soñados, en esta gran obra que debe 
sobrevivimos, en este organismo gigante, del cual somos simples rodajes, 
menos aun, dientes de rueda. 

¡Compañero de labor, amigo leal cuya pérdida consideramos irreijarable, si 
me escuchases desde el seno de Dios donde reposas, yo te pediría como Renán 
á su hermana muerta, que nos iniciases en los secretos qxie dominan la muerte, 
que nos impiden temerla y que casi nos la hacen amar! 

Y tus palabras como aroma de invisible incensario, nos harían más llevadera 
la pesada carga á través del camino de la vida hasta que el ala de la muerte nos 
llevase á la isla del ensueño, donde quizá no existe ni el j)lacer ni el dolor. 

He dicho 



ESTUDIO 



SUPUESTAS ESCORIAS Y TIERRAS COCIDAS 

DE LA SERIE PAMPEANA DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

Por Félix F. OUTES, doctor ENRIQUE HERRERO DUCLOUX 
Y DOCTOR H. BÜCKING 



INTRODUCCIÚíí^ 

Con el propósito de contribuir al conocimiento del verdadero origen 
délas «escorias » y « tierras cocidas», que tanto abundan en la serie pam- 
peana, liemos emprendido el estudio de esos materiales, reuniendo todos 
los elementos que podían ilustrar el criterio del geólogo y del antropó- 
logo, en la interesante cuestión tan debatida desde hace muclios años. 

La primera parte de esta memoria, comprende una breve reseña histó- 
rica délos diversos hallazgos hechos del material discutido, complemen- 
tada con una revisión de las muestras conservadas en el Museo de La 
Plata y por las observaciones personales que uno de nosotros ha reali- 
zado en el terreno; además, se ha agregado un resumen de las diversas 
opiniones emitidas para explicar el origen probable délas «escorias» y 
« tierras cocidas ». 

El estudio químico forma la segunda parte, y en el cual, para mejor 
inteligencia de los datos analíticos obtenidos, se han separado los 
materiales estudiados en cuatro grupos diferentes. En el primero se han 
considerado distintas muestras de loess, en las cuales se hallan incrusta- 
das las «escorias» y «tierras cocidas»; en el segundo, se examinan estos 
materiales discutidos, habiendo elegido muestras tipos para su aná- 
lisis completo ; en el tercero, figuran todos los elementos de comparación, 
numerosos y heterogéneos, que se ha podido conseguir, así como tam- 
bién los ensayos practicados para producir « escorias » y « tierras coci- 
das » ; y, en el cuarto grupo, se han reunido varias « toscas » como com- 
plemento del estudio. 



— 139 — 

En el curso de nuestras iuvestiiiacioiu's pudimos darnos cncuta 
de que era imprescindible el examen microscópico de al{>unas mues- 
tras típicas del uuiterial discutido. Con tal nu)tivo solicitamos, me- 
diante l(>s buenos oficios del doctor Gualterio Schiller, la colaboracáón 
del distinguido petrógrafo doctor H. Backing, director del Instituto 
Mineralógico y retrográfico de la Universidad de Estrasl)urgo, (|uien 
se dignó aceptar nuestro pedido. liemos enviado al doctor IMicking, no 
sólo íragnientos de « escorias » y « tierras cocidas » separados de las 
nniestras más típicas y mejor documentadas, sino los cortes microscó- 
picos de los mismos, preparados con toda prolijidad por la conocida casa 
F. Krantz, de Bonn. Los resultados obtenidos ]>or nuestro distinguido 
colaborador, forman la tercera parte de esta memoria. 

Por líltimo, en una cuarta parte, nuo de nosotros analiza las hipótesis 
diversas con que se ha tratado de exi)licar el origen de los materiales 
discutidos, y se establecen las conclusiones generales. 

Una omisión involuntaria, pero que no afectará en lo más mínimo las 
conclusiones á que se arriba en esta memoria, no ha iiermitido al doctor 
Bücking- examinar muestras del loess, como tampoco de las « escorias » 
y « tierras cocidas » obtenidas en el laboratorio. Oportunamente se salvó 
este pequeño inconveniente, y quizá al terminar la impresión de nuestro 
estudio, recibamos dichas observaciones comx)lementarias. 

Dr. Enrique Herrero Ducloux. Félix F. Outes. 

Eu el Museo de La Plata, juulo 26 de 1908. 



— 140 



PRIMERA PARTE 



ANTECEDENTES Y OBSERVACIONES PERSONALES 



Por Félix f. outes 

Secretario del Museo y profesor en la Universidad naeional de La Plata ; adscrijito honorario :'i la sección 
de Arqueología del Museo nacional de Buenos Aires 



RESEÑA HISTÓRICA 

Por primera vez, el año de 18G5, los señores Hensser y Claraz descri- 
bieron con algún detalle, en nno de sns siempre interesantes estndios 
sobre la geología de los llanos bonaerenses, el hallazgo verificado por 
ellos en niveles inferiores de la serie pampeana, de ciertas rocas de 
aparente naturaleza volcánica, fragmentadas y á lo sumo del tamaño de 
un puño, de un material que, cuando no estaba del todo descompuesto 
ofrecía una textura francamente celular K Y, curiosa coincidencia, las 
« escorias » á que acabo de referirme, fueron recogidas en la Barranca 
de los Lobos, la misma localidad próxima á Mar del Plata (partido de 
General Pueyrredóu, en la provincia de Buenos Aires) donde muchos 
años después, había de realizar idénticas observaciones. 

Desde aquella fecha, transcurri(5 largo espacio de tiempo sin que vol- 
vieran á hacerse hallazgos parecidos. Recién en 1887, el doctor Floren- 
tino Ameghino volvió á encontrar, esta vez en Monte Hermoso (partido 
de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires), numerosas muestras, que 
extrajo de diferentes niveles - : y, el año siguiente, los viajeros del Museo 
de La Plata reunían en el clásico yacimiento nombrado, una copiosa se- 

• J. C. Heusser et G. Claraz, Essai pour servir á une descriptiou physique et 
géognostique de la province argentine de Buenos Aires, en Neuc Denkschriften (Nouveaux 
Mémoires) der Allgemeine Schiveizeriche Gesellscliaft, XXI, 27. Zürich, 1865. Las ae- 
ries (le las Nene Denkschriften, se ilivicleu en décadas y cada estudio tiene foliación 
separada. 

^ Florentino Ameghino, Monte Hermoso, artículo publicado en La Nación de 
Buenos Aires del día 10 de marzo de 1887 ; reimpreso en folleto el mismo año. Me 
referiré, siempre, á este último. Véase, en el caso, la página 5 y siguiente. 



— Ul — 

rio ', al juttpio tiriiq»» *\\H' el si'futr (\irl<ts Ainciiliino. chníimIo por su 
hcnuaiio, realizaba otro tanto '. 

Luejio, más tarde, el doctor AiiK\uhiiio obtuvo en los alrede<lores de 
La Plata, eapital de la provineiade Buenos Aires, en un yacimiento que 
no describe jtero (pie asiuua al piso ensenadense de sus clasificaciones 
estratiii'ráficas, nuevas uuu'stras de « escorias », semejantes á las que pi'o- 
cedían déla Barranca de los Lobos y de Monte Hermoso '. 

Por último, en los comienzos de 1;M)4, el conocido üe(')lo.i;<) doctor Gus- 
tavo Steinmann ])udo visitar acompañado de los doctores lloberto Leli- 
mann-Xitsche y Santiago Kotli, los interesantes acantilados de la costa 
comprendida entre el cabo Corrientes y la desembocadura del arroyo Oha- 
padmalal y en los cuales se halla la Barranca de los Lobos, á que me he 
referido anteriormente*. Los resultados obtenidos fueron altamente sa- 
tisfactorios, y el doctor Lehmann-Xitsclie manifiesta en uno de sus últi- 
mos estudios que los fragmentos de «escorias», no sólo se retiraron de 
los niveles más inferiores (hauicur fVhomme), sino que formaban en la 
barranca capas bien definidas (6'<> <S métres (Vextomon et d'une épa¡.s,seur 
jusqii'a de lo centimétres) ^. Sin embargo, los ejemplares que pudieron 
rennirse fueron siempre de pequeño tamaño, no alcanzando á lo sumo el 
volumen de una nuez, aunque siempre de estructura celular. 

Los antecedentes que se refieren á la «tierra cocida» son, indudable- 
mente, mucho más numerosos. 

El mes de enero de 1874, el señor Juan Amegliino encontró los pri- 
meros fragmentos; poco voluminosos, excepcicmalmente mayores que 
una avellana y de un color, según la expresión del doctor Ameghino, 
«igual al délos ladrillos» empleados en las construcciones de Buenos 

' Fkaxcisco P. Mojiíi'SO, Musco La Flaia. Informe prdiminav de los progresos del 
Museo La Plata, durante el 2}rimer semestre de 1888, 7. Buenos Aires, 1888 ; F. P. 
MOREXO, Museo La Plata, Breve reseña de los progresos del Musco La Plata, durante 
el segundo semestre de 1888, 27. Buenos Aires, 1889. 

* Florentino Ameghino, Lista de las especies de mamíferos fósiles del mioceno su- 
perior de Monte Hermoso, hasta ahora conocidas, 4. Buenos Aires, 1888. 

' Florentino Ameghino, Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de 
la República Argentina, en Actas de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba, VI, 
899 y siguiente. Buenos Aires, 1889. 

* R. Lehmann-Nitsciie, Nouvelles recherches sur la formation pampcenne et l'homme 
fossile de la République Argentine, en Revista del Museo de La Plata, XIV (segunda 
serie, I), 459 y siguiente, figuras 78 y 79. Buenos Aires, 1907. 

* Lehmaxx-Nitsche, Ibid, 459. He interrogado al doctor Roth, con el objeto de 
obtener mayores detalles sobre los estratos á que me he referido en el testo y me 
ha manifestado que no recuerda haberlos visto. Por mi parte, tampoco he hallado 
nada semejante lí pesar de conocer minuciosamente aquella región de la costa atlán- 
tica bonaerense. Quizá se trate de una disculpable interj)retación equivocada del 
distinguido antropólogo. 



— 142 — 

Aires ^ Procedían de dos capas de tosquilla rodada que ofrece el depó- 
sito lacustre que se extiende desde el pueblo de Lujan hasta la propiedad 
rural conocida con el nombre de quinta de Azpeitia -. Desde entonces, los 
hallazgos se sucedieron, y el sabio paleontólogo que por aquella época 
comenzaba sus investigaciones sistemáticas en el terreno, pudo retirarlos 
por centenares de la mayoría de los yacimientos que excavó en la cuenca 
del río de Lujan, desde el pueblo de ese nombre hasta la ciudad de Mercedes 
(partido del mismo nombre, en la provincia de Buenos Aires), como tam- 
bién del situado en la margen izquierda del arroyo de Frías ; Kultur lager 
que aparecen designados en sus publicaciones con los números 2, 3, 4 '', 
7 '' y 1 ■', respectivamente. Los fragmentos reunidos en el yacimiento 
número 2, proceden, sin duda alguna, de un depósito lacustre; los de 
los números 3, 4 y 7 de capas que sería hoy por hoy dudoso clasiñcar, 
dado los motivos que expondré en otra parte de esta memoria; y por 
último, los del número 1 del loesH pampeano. 

Algunos años después los señores Santiago Roth y Carlos Ameghino 
obtuvieron muestras semejantes; el uno del Joess y de un Pfahlbau 
Ahlüfienm//, en las proximidades de Ramallo (partido del mismo nombre, 
en la provincia de Buenos Aires) '', y el otro de las « toscas » que 
formaban entonces la ribera del río, frente mismo á la capital argen- 
tina ^. 

En 1884, el doctor Ameghino realizó una proficua excursión á los i)ar- 
tidos de Lobos y Lujan y obtuvo en este último, en el lugar llamado 
Paso de la Virgen lo mismo que en un arroyo próximo á la ciudad, 
numerosos fragmentos de « tierra cocida », retirados todos de depó- 

' Florentino Ameghino, La antUiüedad del hombre en el Plata, II, 476. Paris 
y Buenos Aires, 1881. 

* Para darse cuenta de las condiciones estratigráficas del yacimiento, conviene 
revisarla parte pertinente del libro del doctor Ameghino (Ameghino, Antujiiedad, etc., 
II, 459 y siguiente, plancha XVII, figura 527), y un artículo mío publicado en 1905 
(FÉLIX F. OuTEs, Sobre un instrumento paleolítico de Lujan, en Anales del Museo Na- 
cional de Buenos Aires, XIII, 170 y siguientes, figura 1. Buenos Aires, 1906). 

" Florentino Ameghino, L'hommc préhistorique dans la Plata, en Bevue d'Anthro- 
pologie, VIII, 242 y siguientes. Paris, 1879 ; F. Ameghino, La plus haute antiqui- 
té de l'homme dans le Nouveau Monde, en Comjres International des Américanistes, comp- 
te-rendu de la troisiéme session, Bruxelles, 1879, II, 221 y siguientes; Brnxelles- 
Leipzig, 1879 ; Ameghino, Antigüedad, etc., II, 451, 456, 461, 476 y siguientes ; 
Ameghino, Mamíferos, etc., 56, 61, 62. 

* Ameghino, Mamíferos, etc., 61. 

^ Ameghino, L'homme, etc., 245 ; Ameghino, La plus haute antiquité, etc., 226; 
Ameghino, Antigüedad, etc., II, 489 ; Ameghino, Mamíferos, etc., 65. 

* Santiago Roth, Ueber den Schadel von Pontimelo (richtiger Fontisuelas), en ^í- 
theilungen aus dem anatomischen Instituí in Vesalianum zu Basel, 8. 

■^ Ameghino, Mamíferos, etc., 70. 



— US — 

sitos que sejixín mi distinguitlo maestro, serían de orijieii lacustre '. 

Poco tiempo (U'spués, eueamiiiadas sus investi.uaeioues liaeia La Pla- 
ta, volvió á encontrar ^^ tierra etteida», no sok» en las barrancas (pie do- 
minan la grau depresión palustre conocida con el nombre de Bañados de 
la Ensenada, y en los estratos de arena y conchilla- de origen marino que 
caracterizan esa localidad (piso platense de sus clasiñcaciones estrati- 
gráficas) -, sino también en las capas ijrofuudas del piso euseuadense 
(Amegbino), puestas á descubierto durante las grandes excavaciones lie- 
cliasi>ara la construcción del puerto de La Plata. La muestra extraída 
«le este último yacimiento, era « un grueso fragmento» y, agrega el doc- 
tor Amegliiuo, que resultaba «parecido á un trozo de ladrillo » '. 

Otros hallazgos aislados fueron veriticados en diversas oportunidades 
y, lo más de las veces, ocasionalmente. Así, en 1889 el señor Enrique M. 
Landen encontraba en Melincué (provincia de Santa Fe), á 8™50 de 
profundidad, pequeños fragmentos de «tierra cocida» d'ime couleur hri- 
que parfois un peu foncée * ; el doctor Ameghino, verificaba la existen- 
cia de material idéntico, pero rodado, en canias de tosquilla intercaladas 
en « depósitos lacustres » que atribuye al piso belgranense de sus clasi- 
ficaciones ° y, por último, en 1891, el doctor Roth encontraba en Puerto 
Gómez (provincia de Santa Fe), al pie del acantilado que domina el río 
Paraná en aquel jiaraje, une piéce hémisphérique de terre cuite y de la gros- 
,seur de la moitié d'une pomme, d'une couleur rouge-noirátre irréguUére ; 
elle était enveloppée de loess verddtre recoiivert a son tour d'une épaisse con- 
crétion calcairc ^ 

Todos estos antecedentes y hallazgos, en verdad sugerentes, induje- 
ron en 1899 al doctor Lehmann-iíitsche á realizar una detenida enquéte 
en el mismo terreno, que llevó á cabo acompañado del doctor Carlos 
Burckhardt y del señor Roth. En el curso de este viaje, obtuvieron nu- 
merosos datos y materiales, reimidos los unos en arroyo Ramallo donde la 
« tierra cocida » en fragmentos rojos de 5 á 15 milímetros de diámetro, 
se encontraba con abundancia en mames argileuses verddtres ou grises ^ 
contenant des fragments de plantes, des restes charbonneux...; los otros en 
Saladillo, cerca del Rosario, en la i)rovincia de Santa Fe, igualmen- 
te rojos, pero extraídos de un yacimiento menos típico, y, por fin, los 

' Florentino Ameghino, Excursiones (¡eológicas y paleontolóf/icas en la provincia de 
Buenos Aires, eu Boletín de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba, VI, 187, 195 
y siguientes. Buenos Aires, 1884. 

* Ameghino, Mamíferos, etc., .58. 
■' Amí:ghino, Mamíferos, etc., 72. 
' Lehmann-Nitsche, IMd, 445. 
'Ameghino, Mamíferos, etc., 69. 

* Lehmann-Nitsche, Ihid, 451. 



— 144 — 

interesantes por más de un concepto, procedentes de un gran banco de 
«arcilla cocida » (d' argüe cuite, ex Lehmann-Nitsche) de casi tres metros 
de largo por 30 centímetros de potencia \ Este curioso depósito se halla 
situado en Alvear, en la región meridional de Santa Fe, en la margen 
de un arroyo que desemboca en el río Paraná; incluido en el pampeano 
entre un banco de «margas verdosas», según Burckliardt y cubierto 
l)or un espeso manto de loess pardo, cólico, con numerosas « toscas » 
ramificadas. 

Sobre los últimos hallazgos verificados en La Plata (1903) y en las 
proximidades de Toay, en la gobernación de la Pampa (1904), se tienen 
brevísimas referencias. Eespecto del primero, se sabe que el fragmento 
de «tierra cocida », fué extraído de ocho metros de profundidad y que es 
rojo-amarillento é incrustado de « tosca » -; en cuanto al segundo, el doc- 
tor Ameghino sólo ha dicho que se trata de un yacimiento encontrado á 
cincuenta y un metros de profundidad, al construir un pozo ^. 

De la anterior reseña, he excluido el hallazgo hecho por Carlos Ame- 
ghino en el yacimiento del Paso de la Virgen, á que me he referido en los 
párrafos precedentes, de los restos de un «fogón» constituidos por «una 
gran cantidad de tierra cocida, carbón vegetal y algunos huesos carboni- 
zados y reducidos á pequeñas astillas, todo mezclado y formando una masa 
sumamente dura » ''. Tampoco he mencionado las investigaciones realiza- 
das en Córdoba conjuntamente por los doctores Florentino Ameghino y 
Adolfo Doering y que dieron por resultado materiales importantes, como 
ser : en los Altos de la Universidad, un «fogón» el que «parece abrasar 
una extensión (;onsiderable con huesos de megatéridos, toxodontes, glyp- 
todontes y rumiantes carbonizados», según dice el sabio x)aleontólogo ; y 
en el corte del ferrocarril á Malagüeño, un depósito idéntico, también 
«con numerosos fragmentos de carbón, tierra quemada y huesos de Toxo- 
don, Mylodon, Gliiptodon, Tolypeutes, EutaHis, etc., unos quemados y los 
otros pisados y machacados de modo que están reducidos á pequeños 



' E. Lehmaxx-Nit8Che, L'homme fossile de la formation pampéenne (com-nninication 
préliminaire), en Conr/rés International (V Anthropologie et d' Arche'ologie préliistorique . 
Compte-rendu, de la dousiémc sension. Paris 1900, 145. Paris, 1902 ; R. Lehmann- 
NiTSCHE, Ueier den fossilen men.ichen der Pampaformation, en Correspondenz-Blatt der 
detitschen Gesellschaft für Anthropologie, EtTinologie und Urgeschichte, XXXI, 108. Mün- 
chen, 1901; Lehmann-Nitsche, Nonvelles, etc., 452; Carl Burckhardt, La for- 
mation pampéenne de Buenos Aires et Santa Fé, en Lehmann-Nitsche, Nouvelles, etc. 
162 y siguientes, plancha III, perfiles II y III. 

* Lehmann-Nitsche, Nouvelles, etc., 445. 

^ F. AmeGhixo, Paleontología Argentina, en Puhlicaciones de la Universidad de La 
Plata, Facultad de Ciencias, Físico- Matemáticas, número 2, 77. La Plata, 1904. 

* Amegiiixo, Escursiones, etc., 195 nota; véase igualmente : Ameghixo, Mamífe- 
ros, etc., 65. 



— 145 — 

fragmentos» '. Kii todos ostos casos, loscrvo por completo mi opinión. 
Debo hacer notar, antes de terminar este parágrafo, que tanto las 
«escorias» como las «tierras cocidas» i)roceden, en su mayoría, de 
<.'apas profundas de la serie pampeana. Excepcionalmente se han hecho 
hallazgos en depósitos rclativanu'jite modernos y, conviene llamarla 
atención, también, sobre la estrecha relación (pie existe entre el material 
referido y los su[>uestos depósitos lacustres intercalados en el locss. 



^ 11 



EL MATERIAL CONSERVADO EN EL MUSEO DE LA PLATA 

Como un complemento <lel parágrafo anterior, doy á continuación una 
nómina detallada del material conservado en el Museo de La Plata, en 
el que figuran muestras que no han sido descriptas hasta ahora. Me ocu- 
paré primero de las « escorias » y luego de las «tierras cocidas», si- 
guiendo el orden cronológico de los descubrimientos. 

a) « Escorias » de INIonte Hermoso, traídas por las expediciones del 
Museo, aunque sin otra indicación de detalle. Una veintena de fragmen- 
tos de tamaños diversos, algunos figurados en la última obra del doctor 
LehmannOs^itsche -. Casi todos son del volumen de un huevo de gallina, 
pero los hay que llegan á 110 >< 100 milímetros. De color gris, en 
las partes más conservadas ; ó amarillo, violáceo y rojo en las superficies 
que han permanecido á la intemperie. La estructura siempre es franca- 
mente celular, aunque las celdillas resultan muy irregulares, tanto por 
su forma como por el tamaño. Sin embargo, en un fragmento rodado, son 
aquéllas muy semejantes, casi siempre de medio milímetro de diámetro. 
En muchos casos, las cavidades luencionadas conservan en su interior el 
brillo vitreo primitivo. Cuando las « escorias » están bien conservadas. 



^ Véase eu primer término : F. Ameghixo, Informe sobre el museo aniropolóíjico y 
paleontológico de la Universidad Nacional de Córdoba durante el ario 1885, en Boletín 
de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba, VIII, 353 ; Buenos Aires, 1885 ; como 
complemento, revísense: Ameghixo, Mamíferos, etc., 68 y siguientes, y Lehmann- 
'N ir acuE, Noiivelles, etc., 435; Adolphe Doerii^G, La formation jjampécnne de Córdo- 
ba, en Lehmanx-Nitsche, Nouvelles, etc., 177, 179 y 185. Eu el Museo de La Plata 
existe parte del « fogón » de Malagüeño, traído por el doctor Ameghino y que mi 
distinguido colega el doctor R. Lehmann-Nitsclie ha considerado en su último libro 
{Nouvelles, etc., 435 y siguiente), quizá mal informado, como procedente de los Altos 
.de Córdoba (Observatorio astronómico), 

^ Lehmann-Nitsche, Nouvelles, etc., 80 á 82. 

EEV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (VHI, 31, 1908.) 10 



— 146 — 

son resistentes ; es difícil quebrarlas con los dedos pero se rayan con 
una punta de acero. Las partes descompuestas son muy friables. El loess 
que envuelve todavía algunos pedazos, es jMrdo claro y sumamente are- 
noso. En ningún caso he encontrado incluidos en las muestras, restos 
animales ó vegetales '. En este grupo de fragmentos, llama la atención 
uno bastante bien conservado, voluminoso, que actualmente pesa 192 
gramos, de color gris obscuro y con celdillas siempre esferoidales. Lo 
considero como el más típico recogido en Monte Hermoso y fué por ello 
que se envió una parcela del mismo al profesor doctor Bücking, para el 
examen microscópico -. 

h) « Escorias » de la Barranca de los Lobos, obtenidas durante el via- 
je de los doctores Steinmann, Roth y Lebmann-aSritscbe y divulgadas, al- 
gunas, en la obra de este último especialista ''. Fueron recogidas en la 
base del acantilado y se hallan envueltas en loess pardo claro, compac- 
to, duro y muy poco arenoso. Por lo demás, las muestras presentan los 
mismos caracteres que las de Monte Hermoso pero son, en cambio, de 
pequeíjo tamaño, á lo sumo del volumen de una nuez. En tres ejemplares 
sueltos he obtenido 10, 11 y 11 gramos, respectivamente de peso. No pre- 
sentan trazas de haber sido rodadas, y no contienen el menor resto ani- 
mal ó vegetal. 

c) « Tierras cocidas » de la cuenca del río de Lujan pertenecientes á la 
antigua colección Ameghino, aunque sin otros detalles. Alrededor de 40 
fragmentos de diversos tamaños ; los menos, como un huevo de gallina, 
los más, del volumen de una avellana. Pesan los mayores 103, 11 y 25 
gramos y los chicos 8, 6 y 5 gramos. Todos muy rodados, tienen la 
superficie externa amarillenta ó rosa pálido; seccionados resultan 
generalmente poco homogéneos, pues la masa, en su mayor i)arte, está 
constituida por un material verdoso, de coloración parecida á la de los 
supuestos sedimentos lacustres pampeanos, y en la cual se notan, con la 
ayuda del lente, pequeños agregados color rosa é infiltraciones negras ó 
parduzcas. En otros casos se trata de una verdadera brecha, cimentada 
en el material verdoso á que me he referido y formada por fragmentos 
rodados muy pequeños pero que conservan aún sus ángulos, y á los que 
se han agregado, por excepción, pedazos de mayor tamaño. 

d) « Tierras cocidas » del yacimiento del Paso de la Virgen, pertene- 
cientes á la antigua colección Ameghino. Se trata de dos fragmentos de 
gran tamaño, que presentan al exterior un color pardo amarillento y 
cierta pátina curiosa, cuyo origen no me explico. No están rodados, pero 

• Para el examen lie empleado lentes de Leitz-Wetzler, desde 20 á 40 diámetros de 
aumento. 

^ Muestra III, x^ágina 185 de este memoria. 

' Lehmann-Nitsche, Nouvelles, etc., figuras 78 j 79. 



— U7 — 

sí pulimentaílos en piívto i»u' el viento, i iit ripiado por el aspecto de estas 
muestras las seccioné, y me encontré, con verdadera sorpresa, en presen- 
cia de una masa lioiuojiénea, lii»erainente verdosa, tal cual los sii])uestos 
depósitos lacustres pampeanos, y con abundantes impresiones de vege- 
tales y de Littorimda Amegliinoi (Doe.), y aun restos mal conservados 
de este gasterópodo. En cambio, no he notado el men(»r rastro de la 
supuesta acción del fuego, etc. 

e) « Tierras cocidas y> de Melincué remitidas al Museo por el señor En- 
rique N. Landen \ Estas muestras presentan el aspecto de las similares 
encontradas á diferentes niveles de la serie pampeana; i)ero, no admito en 
manera alguna, su isocronismo con los fragmentos de carbón vegetal que 
las acompañan, pues, estos últimos, se hallan exageradamente bien con- 
servados y no presentan adherencias de « tosca », como las « tierras coci- 
das », ni el loesH se ha depositado entre las fibras ó infiltrado al interior. 

/) « Tierra cocida » de Puerto Gómez, recogida por el doctor Eoth en 
1891 -. 

g) «Tierra cocida» de Saladillo, encontrada por el doctor Eoth en 1891. 
Se trata de un fragmento achatado, cuya forma corresponde á la mitad 
(le una elipse, pero no tengo ambajes en considerarlo como un ladrillo 
moderno, dado los detalles característicos que x)resenta su interior. 

h) « Tierras cocidas » del yacimiento de Alvear, traídas en 1891 por 
el doctor Roth. Estas muestras no se presentan uniformemente rojas, 
sino se trata, más bien, de multitud de pequeños fragmentos del mate- 
rial discutido, cimentados en Joess jiardo. El color de aquéllos es rojo vi- 
vo y se disgregan fácilmente de la masa arcillosa en que se encuentran. 

i) « Tierras cocidas», sacadas de un pozo antiguo (4™50 de profundi- 
dad) existente en la estancia Santa Eita (partido de la Magdalena, pro- 
vincia de Buenos Aires), y traídas al Museo en 1894 por el doctor Fer- 
nando Lahille y el preparador Emilio Beauflls. Varios fragmentos de pe- 
queño tamaño, de forma irregular y de coloración rojo vivo. !íío abrigo 
duda alguna de que se trata, en el caso, de ladrillos modernos, quizá los 
mismos que se emplearon en la construcción del muro que debió rodear 
la boca de la excavación. 

j) «Tierra cocida» de Chapadmalal, recogida en 1890 por el doctor 
Eoth. Un gran fragmento, cuya forma es imposible describir pues se 
halla incrustado en « tosca » durísima, de un aspecto, esta última, muy 
semejante al que presenta el material que constituye el gran banco 
IV, rejjresentado en el esquema 2 de la plancha I de este memoria. 
En su interior, la masa se presenta compacta, rojo-violácea y con 
infiltraciones de una substancia negra, ligeramente azulada. De esta 

' Vt'ase la píígina 143 de esta memoria. 
- Véase la página 143 de estai memoria. 



— U8 — 

« tierra cocida » se envió un fragmento al profesor doctor Bücking \ 
li) « Tierras cocidas » de la Barranca de los Lobos, reunidas en 189C 
por el doctor liotli. Pequeños fragmentos de forma irregular, de color 
rojo vivo, cuyos pesos son O, 8, G, G y C gramos y envueltos en loess par- 
do claro. 

I) « Tierras cocidas >> de Eamallo, recogidas en 1890 por los doctores 
Lelimann-Nitscbe, Eotli y Burckliardt ■. 

II) «Tierra cocida» de La Plata, encontrada en 1903, y donada al Mu- 
seo por el doctor Lelimann-Xitsclie ^. 

m.) « Tierra cocida » de la Barranca de los Lobos, recogida en líX)! por 
los doctores Lelimann-Nitscbe, Steinmann y Eotb *. La etiqueta que 
acompaña esta muestra, dice fué encontrada á S'^oO debajo de la capa 
superior de « escorias » ^. Se trata de un fragmento poco voluminoso, 
acbatado, de color rojo pardo y con la superficie pulimentada como si 
bubiese sido rodado por las aguas. Pesa actualmente G8 gramos y se 
raya con la uña con toda facilidad. 

7i) « Tierra cocida » de los acantilados situados al nordeste de Mar del 
Plata (partido de General Pueyrredón, provincia de Buenos Aires), re- 
cogida por los doctores Steinmann, Lebmann-ísitscbe y IJotb, en 1904. 
Fragmento de forma irregular, color rojo sucio, mejor dicbo borra de vi- 
no, liviano para su tamaño — pesa 8 gramos — y con restos adberidos 
de loess pardo claro. Esta muestra es sumamente áspera al tacto y se ra- 
ya con la uña. 

ñ) « Tierra cocida » de la laguna Brava (partido de Balcarce, i)rovin- 
«ia de Buenos Aires). Fué encontrada por el doctor Gualterio Scbiller y 
por mí, el 2G de mayo de 1907, incluida en un depósito verdoso, de apa- 
riencia lacustre, situado en la costa sudoeste de la laguna. Es un peque- 
ñísimo fragmento color rojo vivo, de 1 milímetros de diámetro y que se 
liallaba á P^SO de altura con respecto al plano de la playa. 



III 



OBSERVACIONES PERSONALES 

La costa atlántica bonaerense, después de alcanzar quizá su mayor 
altura en cabo Corrientes, donde las últimas estribaciones de las sierras 

' Muestra XIX, págiua 186 de esta memoria. 

^ Véase la págiua 143 de esta memoria. 

^ Véase la página 144 de esta memoria. 

^ Véase la página 141 de esta memoria. 

^ Véase la página 141 de esta memoria y la nota 5. 



lÍEV. Museo de La Plat 




Fig. 1. — Vista general de la Barranca do los Lobos y do la bajada de Martínez de Ho 





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;. 2. — I, tierra ve^utal ; II, depósito de apariencia laeiistie : III, locss ile la división superio 
rV", gran manto de « tosca » ; V, loess de la división inferior. Para el detalle de loa haUazg 
indicados con números arábigos, véanse las páginas 150 & 152 de esta meinoi-ia. 



— 149 — 

piileozoicas del sistema oroüráfico central «le Im i>r<>\ iiici;i de Buenos 
Aires se internan en el Hi;ir. connenza á descender pMulatiiiainente; ter- 
minando, ])or lo jienernl, las t-olinas del interior en un ])lano incliuiulo 
poco violento {\uo uniere en l;i playa, suavizado aun más en sus denive- 
les notables por l;i ;iren;i de los médanos (pu' allí existen, y (\no s(')lo lle- 
ga á ser interrumpido, en determinados lugares, jxir a tioramientos aisla- 
dos de cuarcita. 

Cuatro kilómetros' al sudoeste de punta Mogotes, la meseta (conti- 
nental avanza bruscamente hasta el mar, dejando muy limitados espa- 
cios de idaya libres á los que es de todo punto imi)osible llegar, pues 
el nivel ordinario de Jas aguas coincide con la base del acantilado, el 
(pie alcanza ;i tener 20 á 25 metros de altura y es cortado á pico ". Sin 
embarg(>, más al sudoeste, á 25 kilómetros de ]\Iar del Plata, existe una 
cómoda bajada construida por orden del señor don Miguel Alfredo 
^Martínez de Hoz, uno de los hacendados argentinos más i^rogresistas. 
En ese lugar que es, precisamente, la verdadera Barranca de los Lobos 
ó La Lobería como suelen llamarlo algunos, el espacio de playa ó zócalo 
existente resulta también limitado, pues á lo sumo alcanza á tener 150 
metros de longitud por 25 metros de ancho máximo. En adelante, la 
costa continria inaccesible pero los acantilados no son tan elevados y 
comienzan á notarse espacios de playa más amplios, á los que puede 
descenderse, con cierta dificultad, por una estrecha torrentera que existe 
á 4: kilómetros de la bajada de Martínez de Hoz. 

De cualquier modo, la región á que acabo de referirme, no obstante los 
inconvenientes para el acceso, ofrece uno de los cortes más interesantes 
de la serie pampeana, por lo menos uno de los más nítidos, pues allí no 
existe vegetación alguna y el inmenso acantilado sólo está i)erforado 
por millares de cuevas de Cyanolyseus patagonicus (Vieill.). 

Aprovechando breves períodos de descanso que he pasado en Mar del 
Plata, visité en más de una ocasión la Barranca de los Lobos. Por lo 
general, mis hallazgos fueron limitadísimos ; pero en 1907, quizá debi- 
do á que ese año los agentes erosivos habían actuado más poderosa- 
mente, pude obtener mejores resultados. Fué por ello que me dicidí á pu- 
blicar estas observaciones, y que solicítela colaboración del señor vice- 
director del Museo, doctor Enrique Herrero Ducloux, para realizar un 
estudio conjunto que comprendiese el examen químico de las diversas 
muestras de rocas, « escorias », etc., recogidas. Además, á mediados del 



' Las distancias son, siempre, aproximadas. 

' Los señores Heusser y Claraz, estimaron en 70 á 80 pies la altura de los acan- 
tilados de la Barranca de los Lobos (Ibid, 96), casi la misma indicada en los derro- 
teros más conocidos (véase, por ejemplo, The South America Pilot, I, 244. Londou, 
1885). 



— 150 — 

aiio pasado, realizó con los doctores Herrero Bucloux y Gualterio Scliil- 
1er, jefe de la sección mineralógica del Museo, una excursión comple- 
mentaria á la localidad que me ocupa y que ampliamos basta cuatro ki- 
lómetros al sudoeste de la bajada nombrada. 

Bien pues; los resultados obtenidos en mis excursiones particulares 
y en labecba por cuenta del Instituto á que pertenezco, son los que re- 
sumo á continuación. 

La serie pampeana en La Lobería ó bajada de Martínez de Hoz, se 
presenta relativamente uniforme y no ofrece los detalles tan variados y 
sugerentes que se observan más al sudoeste y, aun mismo, en los acanti- 
lados que se extienden desde Mar del Plata al nordeste hasta llegar á 
las proximidades de la laguna Mar Chiquita (partido del mismo nombre, 
en la provincia de Buenos Aires). 

En el nivel más superior, inmediatamente después de la capa de hu- 
muSy que allí alcanza á tener 60 á 50 centímetros de potencia, existe un 
depósito margoso de color verde amarillento y cuya extensión visible 
alcanza á unos 30 metros, pues desaparece bajo el plano inclinado que 
sirve para llegar á la playa y á que me he referido en párrafos anterio- 
res (véase pl. I, fig. 2, II). Se nota, allí, una estratificación marcada en 
sinclinal, como también capas de tosquilla rodada. 

En ese depósito he encontrado en el lugar 1 (pl. I, flg. 2) : 
Scelidothet'ium sp. : un fragmento de costilla, un fragmento de 
tibia. 

El loess sobre el cual descansan las margas es de color pardo claro ; 
subestratiflcado en parte — notándose mejor este detalle desde cierta 
distancia — con limitadísima cantidad de arena; muy pobre en «tos- 
ca », indistintamente disgregable ó resistente según los sitios; y for- 
mando unafuerte capa de 14 metros de potencia (pl. I, fig. 2, III). Á pesar 
de haber revisado con cuidado repetidas veces esta parte del corte, no 
he hallado fósiles ni restos de otra especie. 

Inmediatamente después (pl. I, flg. 2, IV), existe un banco de « tosca » 
de color pardo-grisáceo, compacta, durísima y con pequeños canalículos 
ó cavidades cuyo interior es ligeramente negruzco. Este banco tiene 
un espesor casi constante de 1"50; no es del todo horizontal sino se 
inclina casi 3° hacia el sudoeste, sigue en esa dirección hasta perderse 
de vista á la distancia, pero me ha sido imposible verificar si continila 
al nordeste, pues su color es tan parecido al del loess^ que la confusión 
resulta inevitable. Sin embargo, he marcado en el esquema de la plancha 
III (pl. III, fig. 2, 1\) el lugar hasta donde he podido seguirlo con 
relativa seguridad. 

Luego reaparece el loess ; de color pardo, ligeramente más obscuro 
que el del nivel superior; con estratificación definida, aunque en muchos 
lugares reducida á pequeñas cavidades aisladas; con muy i^oca arena; 




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con evstratos ('((iitinuiídos de <.< toscii » de cslructuní liiiniíuii, ó minie- 
rosas ¡.ocsnhindl rauíitu-atlas y oii piona tbiiiuición, ó glandes masas ic- 
nitonues de «tosca» que, fracturadas, ofrecen drusas colmadas de 
cristales de calcita (pl. I, ñg. 2, V, > pl. II, íig-. 1 y 2). La playa y las 
rocas que emeruen de entre las anuas están formadas ])or este mismo 
/()('.s'.v, en aiiarieneia mucho más obscuro pero que, deshidratado, toma el 
mismo color ¡i que me he referido más arriba. La cajia de loess basal 
alcanza a tener, desde el nivel del mai- hasta el límite inferioi- del j^ran 
banco de « tosca », unos 11 metros de ])otencia. lie tenido la fortuna 
de realizar en ella numerosos hallaz<i()s. 

En el lugar 2 (pl. II, tíg-, 2), he en<;ontrado un fragmento bastante 
voluminoso de « tierra cocida » puCvS alcanza á 65 X, 50 milímetros ; de 
f(a-ma irregular; con un peso de 64,5 gramos; coloreado de rojo-ocráseo 
en muy limitada extensión de su superficie y el resto fuertemente infil- 
trado de loc.ss. Seccionado, su interior se presenta compacto, aunque 
con algunas cavidades circulares de 1 á 0,5 milímetro de diámetro ó 
ligeramente alargadas; y coloreado de gris, salvo una pequeñísima zona 
de 10 milímetros de espesor que es pardo-rojiza y que corresponde á la 
superficie á que me lie referido anteriormente. Este fragmento estaba 
aislado, bajo una Loesslcindl. 

Del lugar 3 (pl. II, fig. 2) retiré dos placas de las bandas movibles de 
nna especie de Mocrocuphractus, que me ha sido imposible identificar 
con las descriptas hasta ahora. 

Á 25 centímetros del fósil á que acabo de referirme y al mismo nivel 
existía un estrato horizontal de « escorias » sumamente descompuestas; 
amarillentas ó verdosas; como infiltradas en el loess; y que ocupaban una 
extensión de 40 centímetros de longitud por 3 centímetros de espesor. 
Eemoví este depósito y pude verificar que se perdía insensiblemente en 
el interior del terreno (pl. II, fig. 2, lugar 4). 

Próximo á la capa á que acabo de referirme, en el lugar 5 (pl. II, fig. 
2), encontré un fragmento lenticular de « tierra cocida » de 12 milíme- 
tros de diámetro, y de color rojo vivo. 

Hacia el noroeste de la barranca, en el lugar 7 (pl. I, fig. 2), volví 
á hallar placas aisladas de las secciones fijas, de las bandas movibles y 
del casco cefálico del edentado á que me he referido anteriormente; y, 
exactamente al mismo nivel (pl. I, fig. 2, lugar 8), y á l'^SO de distancia, 
un fragmento aislado de tierra cocida, de color rojo vivo, de 15 milíme- 
tros de diámetro máximo, y que he conservado incrustado en un bloque 
de loess, pues la considero como la muestra más típica y característica 
que he recogido en aquella localidad. 

En el basamento del acantilado, que forma un zócalo sui generis^ 
realicé aún mayor número de hallazgos. 

En el lugar 10 (pl. I, fig. 2), encontré : 



— 152 — 

PachyrucHS ictm Amgh. ' : una rama, izquierda del maxilar inferior. 

Un bloque de loess que extraje del lugar 11 (pl. I, ñg. 2) lia propor- 
cionado : 

Pachyyucus sp. : un fragmento de cráneo, un carjio, una falange, nn 
fragmento de tibia, una vértebra lumbar, un fragmento de cubito, un 
húmero, un fémur izquierdo completo, dos fémures izquierdos fragmen- 
tados, nn fémur derecho (los cuatro últimos son de una esi)ecie de 
pequeña talla). 

Pachynicus ti/pici(.s Amgh. : un cráneo incompleto, dos calcáneos. 

Bicoelophonin latidens (H. Gerv. et Amgh.) Amgh. : un cráneo incom- 
X)leto. 

Dicoelophorus celsus Amgh. : un premaxilar incompleto, un molar 
aislado. 

Todos estos restos se hallaban aglomerados y envueltos en loesti pardo- 
claro, muy fino — posiblemente cólico — y que se destacaba como una 
mancha en el material algo más obscuro que forma la « playa ». 

Algo más distante, en el lugar 12 (pl. I, fig. 2), encontré : 

Dicoelophorus sp. : dos fémures incompletos. 

Al lado de estos fósiles, en el lugar 13 (pl. I, fig. 2), había: 

Dicoelophorus latidem (H. Gerv. et Amgh.) Amgh. : un fragmento de 
maxilar superior. 

En el extremo sudoeste de la « playa » volví á encontrar en el lugar 
11 (pl. I, fig. 2): 

Dicoelophorus latidens (H. Gerv. et Amgh.) : un fragmento de maxi- 
lar superior. 

Pachyrucus sp. : una falange. 

Y en el lugar 15 (pl. I, fig. 2): 

Pachyrucus sp. : un radio. 



• He tropezado cou muchas dificultades al clasificar los restos de Fachyrucus. Eu 
la mayoría de los casos, los caracteres distintivos de cada especie descripta por el 
doctor Ameghiuo los encontraba, en los ejemplares que estudiaba, solamente en el 
sistema dentario pero, en cambio, la forma general de la mandíbula, el desarrollo de 
la misma, la dirección de la sínfisis, etc., no coincidían en lo más mínimo y co- 
rrespondían, ya, á otra especie. Por ello, pues ; mis determinaciones se basan prin- 
cipalmente en las particularidades del sistema dentario, y prefiero, desde luego, 
dejar que los especialistas solucionen el punto de si se trata de especies nuevas ó 
de simples variaciones sexuales ó individuales. Lydekker (R. Lydekker, A stiidy of 
the extinct nngiilates of Argentina, en Anales del Museo de La Plata, Paleontología, II. La 
Plata, 1893), al ocuparse de este grupo de ungulados deja entrever la duda de que 
puedan no ser buenas las varias especies de Pachyrucus fundadas por Ameghino, 
pues ha tenido en cuenta, eu muchos casos, pequeñas variaciones de tamaño. Haré 
notar, á simple título informativo, que tengo á la vista dos fémures de individuos 
adultos perfectamente desarrollados, cuya longitud alcanza á 72 y 59 milímetros 
respectivamente. No son, pues, tan insignificantes las variaciones. 



— 153 — 

En un sitio que, i)or lo .ücncial, ll('.nnn ú cubrir las a^uas (pl.TlI, fio-, 
2, lugar 1), eiu'ontri' un fragnu'iito destrozado de «tierra eocida», de 
pequefu» tamaño, ckIoi' rojo ]);dido, tanto exterior conu» interiormente, 
que pesa en la actualidad S gramos. 

Por último, en el veril de la playa sudoeste, hice los sij^uientes lia- 
llazji'os, todos indicados en el esquema 2, iuclnído en la ])lanclui III. 

Lujiar 2 : 

Dicoí'lo2)hortiN latidcnn (II. (íerv. et Am.üli.) Am.nli : una rama iz- 
quierda de mandíbula inferior. 

Lugar 3 : 

Dicoelophorxs lafidciis (H. (rerv. et Amgli.) Amgli. : un crjiíieo muy 
incompleto. 

Lugar 4 : 

DicoeloplioniH hitidens (H. Gerv. et Amgli.) Amgli. : un premaxilar, 
una escápula derecha. 

Lugar 5 : 

DicoeloplioniH sp. : un cubito, un fragmento de radio, un fragmento de 
costilla. 

Lugar G : 

Dicoelophonis sp. : una tibia. 

Hasta aquí mis observaciones particulares, realizadas en los meses 
de abril de 1906 y marzo de 1907. 

En la excursión que, como lo tengo dicho, verifiqué con los doctores 
Herrero Ducloux y Schiller el mes de mayo de 1907, recorrí la por- 
ción de costa comprendida entre Andrés Head * al sudoeste y otra jiun- 
ta situada más ó menos á tres kilómetros al nordeste de aquélla. 

Fué una visita rápida que apenas duró horas, durante la cual recogí 
la impresión de que en aquel paraje, que llamaré Chapadmalal -, para 
facilitar la descripción, la serie pampeana era aún más interesante que 
en la bajada de Martínez de Hoz. 

Al nordeste de la pequeña torrentera por la cual se desciende á la 
playa; allí amplia, cubierta de arena y en forma de anfiteatro, el acan- 
tilado es muy elevado y lo es cada vez más á medida que se aproxima 
á los lugares descriptos con anterioridad. 

En cambio, al sudoeste desciende notablemente y sólo ofrece un relieve 
más pronunciado en la misma Andrés Head (véase pl. IV, fig. 1). 

La disposición estratigráfica de la parte de barranca hacia el sudoeste '^ 



• Véase la carta inglesa número 1324. 

^ Chapadmalal se llama un arroyo que desemboca 5 kilómetros más al sudoeste 
de Andrés Head, y también se llama así la estancia del señor Martínez de Hoz, 

^ Téngase eu cuenta que mi punto de referencia, es siempre la pequeña torrentera 
ó bajada. 



— 154 — 

es semejante á la de La Lobería; existe, eoiiio en aquella, nna división 
superior y otra inferior separadas también por un banco de «tosca» 
que, en la punta más nordeste alcanzada por nosotros se halla algo 
más bajo que el de la bajada de Martínez de Hoz, pero que debido á la 
marcada inclinación que tiene, unos 4% va á perderse bajo el nivel de la 
playa algo después de la torrentera á que me lie referido repetidas veces. 

El loess de la división sui^erior presenta numerosos detalles intere- 
santes ; depósitos aparentemente lacustres, estratos, quizá de ceniza 
volcánica, etc.; todo ello pude constatarlo en rápido coiip-d'oeil. 

En la división inferior, el loess es, como en la bajada de Martínez de 
Hoz, ligeramente más obscuro; estratificado en muchos lugares; con 
« tosca » laminar en lechos y LoessMndl aisladas. Es, también, rico en 
fósiles pues durante el rápido pasaje recogimos : 

Dicoelophorus celsus Amgh. : dos ramas aisladas del maxilar inferior. 

JDicoelopliorus latidens (H. Gerv. et Amgh.) Amgh. : tres ramas aisla- 
das del maxilar inferior. 

Facliyrucus idus Amgh. : un maxilar inferior. 

Pachyrucus sp. : un paladar de una especie de pequeña talla. 

Ploliophorus cuneiformis Amgh. : fragmentos de un tubo caudal. 

Los restos de este último, se hallaban á cinco metros de altura aproxi- 
madamente y piulimos extraerlos gracias á las gradas que presenta 
el acantilado en ese paraje; el material restante procede de niveles ba- 
jos, por lo general de la altura de un hombre. Debo hacer notar que en 
diferentes sitios había fragmentos más ó menos voluminosos de « tierra 
cocida » rojo vivo, que no recogimos. 

Pudimos recorrer con más detención los 300 metros de acantilado 
que se extienden hacia el sur, hasta llegar á Andrés Head. Ofrecen, 
grosso modo, la misma] estratigrafía que las localidades citadas en los 
párrafos precedentes ; pero, considero imprescindible un nuevo viaje, 
algo más detenido, para fijar numerosos detalles de importancia. Sin em- 
bargo, he observado allí, que en la división más inferior se encuentran 
muchísimas « toscas » de formas curiosas, quizá con más abundancia que 
en La Lobería. 

Casi en la misma punta (pl. IV, fig. 2, lugar 1), pude notar á cinco 
metros de altura una aglomeración de cuatro á cinco fragmentos de 
«escoria», bastante voluminosos. 

Á un nivel mucho más inferior, en el lugar 2 (pl. IV, fig. 2), existe la 
coraza casi completa de un Sclerocalii)tus sp. de la que extrajimos dos 
placas. 

Del lugar 3 (pl. IV, fig-. 2), el doctor Herrero Ducloux retiró un bloque 
de loess, que contenía : 

Pachyrucus sp. : un fragmento de rama del maxilar inferior, un frag- 
mento de radio, un húmero, un cubito. 



niiv. Museo de La Plata, t. xv (sEn. ii, t. n). 



ri.ASCHA III 




''li^ N.,--^ 




l-'i". :. - I, 



vt-getal; II, depósito de aparieucia lacustre; IIT, loes» de la divisiúu Mupelíor; IV, 
" tosca » : V, loeas de la divisióu inferior. Para el detalle de lus hallazgos iudicados 
ábigos, ví-ase la págiua 153 de esta uieiuoria. 



— lá.l — 

I)icoeJo2)h(>n(s lafiiifiis (\\. {'li'vv. vt Aiiiüli.) Ainuli. : un cúltito í'\:\<x- 
mentado. 

Y tambit'ii eiR-()iiti(t al.uo mas (listante {]ú. IV, tiy,-. 2, lM,uar i), un crá- 
ueo casi ooinpleto (U' Orthoiiii/cfcni rinciis Aniji'Ii. 

Un bloquéele locsn que separé del escalón (|ue forma la base del acan- 
tilado (pl. IV, tijí'. 2, lugar 5), lia ])roporcionado: 

r<(c]iifrHC)fs ttfpicus Am.uli. : un cráneo, una pelvis, dos liúmeros, un 
frajiíncnt») de paladar, una rama del maxilar interior, un astriiualo, oelio 
falanges. 

Di('ocIo¡>ltonis liitidcHs (H. Gerv. et Amgh.) Am.nli. : dos ramas del 
maxilar interior. 

Por último en el lujiar O (pl. IV, ñg. 2), hallamos : 

Dicoelophorua cclsus Am<íh. : Dos ramas del maxilar interior. 

Bicoelopkorus latidens (H. Gerv. et Amgli.) : un fraf^inento de cráneo. 

Microcavia prona Amgli. : una rama del maxilar inferior. 

Del material que constituye el leit motiv de esta memoria, encontra- 
mos, igualmente, un buen conjunto de muestras, algunas sumamente tí- 
picas. 

En el lugar 7 (pl. IV, fig. 2), había un fragmento nniy irregular que 
presenta caracteres comunes de «tierra cocida» y « escoria »,pues la 
parte que se liallaba aflorando del terreno es de color rojo sucio y com- 
pacta, mientras que el resto fuertemente descomimesto, muestra celdillas 
irregulares y tiene el color verde amarillento de que ya he hablado en 
otro ijarágrafo. 

Casi al lado y al mismo nivel (pl. IV, flg. 2, lugar 8) encontré una 
muestra de « escoria » bastante voluminosa — 76 niilimetros de longi- 
tud por 73 milímetros de ancho máxima — y que pesaba G8 gramos. Su 
exterior está descompuesto, es de color amarillento A'^erdoso y se pre- 
senta muy infiltrado de loess ; sin embargo, seccionada ofrece la zona 
central muy bien conservada, con celdillas de tamaños diferentes pero, 
por lo general, esferoidales, revestidas de una capa vitrea brillante, y de 
coloración francamente gris. 

Pero, la muestra más interesante recogida en nuestra excursión, y que 
considero la más típica de todas las que figuran en las colecciones hechas 
hasta ahora, la obtuvo el doctor Schiller de un lugar situado al mismo 
nivel del número 8, pero que ha quedado fuera de la fotografía. Es un 
fragmento rectangular — 52 milímetros de longitud por 43 milímetros 
de ancho — que pesaba 35,95 gramos. La mitad que afloraba del terre- 
no es roja, compacta y áspera al tacto ', el resto ofrece los caracteres que 
han correspondido hasta ahora únicamente á las « escorias » ; es decir, 
estructura celular bien definida que, en el caso, ofrece coloraciones di- 
versas : al exterior amarillo verdoso, el interior de las celdillas gris, vio- 
láceo y rojo obscuro. En la sección se presenta admirablemente clara la 



— 156 — 

transición de la parte celular á la compacta; las celdillas van disminu- 
yendo de tamaño hasta perderse por completo y el color varía de ni(ance 
por grados, desde el ligeramente rojizo ó violáceo de la mitad semejan- 
te á « escoria», liasta el rojo vivo de la <' tierra cocida». 

Además de estas muestras, se recogieron en diversos sitios próximos 
á los anteriores y casi siempre al mismo nivel, otros tres pedazos de 
« escorias », sumamente descompuestas y que parecen estuvieran infil- 
tradas en el loess, y cuyo aspecto y caracteres especiales corresponden 
á las encontradas en Monte Hermoso. 

Para comiíletar estas breves observaciones, doy á continuación la lis- 
ta de otros hallazgos de fósiles hechos en la misma barranca de que me 
ocupo, por lo general á la altura de un hombre y en sitios algo más al 
nordeste del número 8 (pl. IV, ñg. 2). 

PacJiyrucus sp. : un atlas, un axis, seis vértebras (dorsales, cervicales 
y lumbares), un esternón, un fragmento de hvimero, una rótula, una tibia 
y un peroné, un premaxilar fragmentado. 

Neuryurus sp. : una placa de la coraza. 

El Corpus de las observaciones contenidas en este parágrafo, no es lo 
suficientemente ami:>lio para autorizarme á formular una opinión, sobre 
la edad probable de las diferentes capas que ofrecen los acantilados de 
la costa atlántica bonaerense, en la bajada de Martínez de Hoz 
y Chapadmalal y, mucho menos, para establecer sincronismo ó parale- 
lismo alguno respecto á otros yacimientos mej<n' estudiados, si cabe, de la 
serie pampeana. Para ello juzgo impresciiulible, el estudio minucioso del 
segmento de costa comprendido entre Mar Chiquita al nordeste y la des- 
embocadura del río Quequén al sudoeste, región, que ofrece multitud de 
interesantes particularidades geológicas y estratigráftcas, como he podi- 
do verificarlo personalmente en muchas localidades. Por otra parte, no 
he encontrado ni en Chapadmalal ni en la bajada de ^Martínez de Hoz, 
depósitos de moluscos marinos, de aspecto antiguo, como los hay inter- 
calados en el loesH al sudoeste de punta Mogotes, ó depositados directa- 
mente sobre los mantos de cuarcita y cubiertos por el pampeano, en pun- 
ta Porvenir ; formados, todos ellos, por aglomeraciones de valvas sueltas, 
bastante descompuestas de Glycimeris lonfjiorSow. Tampoco he constata- 
do el menor rastro de la transgresión marina, en apariencia más reciente, 
tal cual existe en la playa comprendida entre el arroyo del Barco, cerca 
de Mar del Plata, y punta Porvenir y representada por un conglomerado 
brechiforme, fuertemente cimentado, de valvas enteras, pero casi siem- 
pre fragmentadas, del lamelibranquio nombrado. Estos importantes ele- 
mentos de criterio faltan, pues, por completo. 

Los estratos verdosos señalados en el nivel más superior de la bajada 
de Martínez de Hoz, tienen el aspecto de la arcilla seladonítica, que hu- 
biera resultado de la descomposición de un depósito cinerítico preexis- 



Fig. 1. — Vista de la i'; 




Paiii el detalle de los hallazgos iudicados i 
las pAginas 154 y 155 de esta ] 



— 157 — 

tentó. Se íiii]m)1i(1ii;i, en el casd, el cxíiincii iiiicioscopicí» del iiiütciiül, pues 
t'l estudio <|uíinieo s(>l(t li;i evidenciado un ])n)ceso de oxidaeión muy 
avanzado ; bien explicable, pin- cierto, si se toman en cuenta las condi- 
ciones climatéricas de la provincia de liuenos Aires. 'So debe extrañar- 
se, i)or otra jtarte, la posible preseiuia de ceniza N'olcánica tan próxima 
á la superíicie : nu' bastará recordar (pie en épocas no uuiy lejanas, alj^jo 
más de un centenar di' afios, el Jesuíta Falkner ]»iido obser\ar aún el 
fenómeno de una lln\ la de esa clase ', (pie cubrió las campiñas bonae- 
renses. 

En cuanto al liran banco de <,< tosca » que existe en la bajada de Mar- 
tínez de Hoz y Cliapadmalal, me inclino á considerarlo como una gruesa 
capa de ceniza volcánica transformada ". La horizontalidad del referido 
estrato, su potencia bien mantenida, los elementos mineralógicos y lito- 
l(')gicos (pie lo constituyen y la ausencia de restos zoogeiios, autorizan mi 
hipótesis. Si se tratase de una formación lacustre, se hubieran encontra- 
do restos más ó menos destrozados de infusorios, etc., ó elementos extra- 
ños aportados por las aguas y, desde luego, el porcentaie de carbonato 
de calcio sería mucho mayor en el análisis químico, dado la descomposi- 
ción de los esqueletos silíceos de aquellos organismos. 

Las «toscas» mamelonares ó reniformes que se encuentran en la capa 
inferior de loess^ subyacente al banco de que me he ocupado, tienen un 
aspecto muy antiguo, como lo demuestran las agrupaciones microcris- 
talinas que cimtieuen, las que indican una paramórfosis avanzada. 

Es de lamentar que no haya sido posible obtener mayor cantidad de 
fósiles de los niveles superiores pues, con ellos, podría haberse fijado una 
cronología relativa. 

La fauna que ajiarece en la base del acantilaih) tiene muchas seme- 
janzas con la de Monte Hermoso, pero, he notado al propio tiempo, cier- 
tas particularidades que me inducen á considerarla como correspondien- 
te á un horizonte de transición entre la que caracteriza aquella localidad 
y la que se encuentra en los niveles más recientes del i)ampea]io. 

Vuelvo á recalcar la observación, ya registrada en otro párrafo de esta 



' Thomas Falkxer, a description of Pataf/onia and the adjoining partíi of South 
America, 51. Hereforcl, 1774. Transcribo á continuación, por creerlo ile interés, el 
párrafo pertinente. Being in the Vmdcan, heloiv Cape St. Anthony, I ¡vas witness to a 
vast cloud of ashes heing carried iy the ic'nids, and darkening the whole sky. It spread over 
great paii of the jurisdiction of Buenos Ay res, passed the Birer of Plata, andseatteredit's 
contents on both sides of the river, in so much that the grasa was eovered with ashes. 

* Sobre la trausformaci(ju, en algunos casos, de la ceniza volcánica, véanse espe- 
cialmente los estudios de Adolfo üoering : Las toscas calcáreas y su aplicación para la 
fabricación de cemento y cales hidráulicas, en Boletín de la Academia nacional de ciencias 
en Córdoba, XII, 213 y siguientes. Buenos Aires, 1890 y el artículo ya mencionado, 
La formation pampéenne, etc., 173, 187. 



— 158 — 

memoria, referente á la gran abundancia del material discutido en niveles 
inferiores de la serie x»ampeana. He recorrido buena parte de la provincia 
de Buenos Aires revisando con cuidado las barrancas de multitud de 
sus ríos, arroyos y lagunas en busca de estaciones permanentes ó tem- 
porarias de los primitivos habitantes, y jamás he encontrado en esos 
cortes naturales limitados y en que sólo aparece, por lo general, el loess 
de la división que se ha dado en llamar pampeano superior, el menor frag- 
mento de las « escorias » ó « tierras cocidas ». Otro tanto he observado en 
La Lobería, en los acantilados que se extienden al nordeste de Mar del 
Plata, en la costa del partido de Necochea, etc. En cambio, los estratos 
inferiores de la serie pampeana tanto en la bajada de Martínez de Hoz, 
coDio en Chapadmalal y Monte Hermoso contienen infinidad de mues- 
tras. 



IV 



OPINIONES DIVEKSAS SOBRE EL ORIGEN DE LAS « ESCORIAS » 
Y « TIERRAS COCIDAS » 

Es indudable que los señores Heusser y Claraz, consideraron á las 
« escorias * de la Barranca délos Lobos, como de origen volcánico. Nous 
avons rencontré dans la falaise — dicen — des cailloux de nature volcani- 
(jue ; y, agregan: ils se montrérent facilement fusibles au cliidtimeau et pro- 
dtiisirent un verre dhm vert tres f once, qui se dissout dans la perle de horaxe 
en laissant un squelette de silice \ Por otra parte, los concienzudos ob- 
servadores suizos no dudaron un sólo instante de que las muestras 
estuvieran in sitn ; pero, Burmeister, al comentar el asunto, expresa 
la opinión de que esas rocas quizá proviniesen de las costas uru- 
guayas ". 

Ameghino consideró en un principio á los materiales de textura ce- 
lular que recogió en Monte Hermoso, como restos de fogones milena- 
rios, utilizados por el hombre ó su precursor en aquellas lejanas épocas 
geológicas, y en los cuales « la tierra con una notable cantidad de are- 
na», se habría vitrificado debido ala gran intensidad del foco de calor '\ 



' Heussek y Clauaz, Ibid., 27. 

■ H. BUKMEISTEK, De>icription phystqtic de la liépuhlique Aryentine, II, 178; espe- 
ciuliueiite 387, nótalo. París, 1876. 

* Ameghino, Monte Hermoso, 6 y 10 ; Ameghino, Lista, etc., 4; F. Ameghino, 
Sinopsis (i6oló(jico-paleontoló(iica, en Segundo censo de la liepiíhliea Argentina, mayo 10 
de 1895, I, 110 y 149. Buenos Aires, 1898. 



— 15!t — 

Sin embaijio, últimamente ha imnlitieado por completo su mauerii de 
ver en el asunto y, por ello, juzp» de interés transcribir in extenao el 
escrito del sabio paleontólogo. « Los i)ajonales — dice — <'onstituídos 
sc.ii'únlas reiiiones ])or diferentes especies de cortaderas, pero sobre todo 
los que están formados por la hermosa especie conocida vulgarmente 
con el nombre de Penacho Blanco, Grynerium (Cortaderia) argenteum 
Nees., sirven de refu¿>io á un sinnúmero de pequeíjos nuimíferos, espe- 
cialmente roedores. Con el objeto de hacerlos salir y darles caza, los in- 
dios acostumbran incendiar los pajonales. Cuando la cortadera se en- 
cuentra en terrenos bastante arenosos y relativamente secos, la parte 
superior se qiiema rápidamente, pero la parte inferior que penetra en el 
suelo y constituye las raíces, continúa ardiendo lentamente, durante 
dos ó tres días y á veces aun más. Durante esta combustión lenta, los 
huecos que dejan las raíces se transforman en un crisol natural. El calor 
bastante intenso que se desarrolla dentro del suelo en el crisol así for- 
mado i)roduce la fusión de una parte del material arenoso, favorecida 
l)or la cantidad de substancias alcalinas que contienen las raíces, dando 
por resultado la formación de una especie de escoria muy porosa y muy 
li\iana, que á primera vista presenta un aspecto parecido al de lava 
volcánica, y es idéntica á la que se encuentra en las capas miocenas de 
Monte Hermoso, ya en fragmentos pequeños y rodados, como los ha 
observado Steinmann, ya en grandes masas in situ, que pasan gradual- 
mente al terreno normal. En el interior de trozos de esa escoria de 
Monte Hermoso considerada por Steinmann como lava, he encontrado 
pequeños fragmentos de paja no quemada ó que lo está de un modo in- 
completo, y granos de arena silícea que la materia en fusión los envol- 
vió sin alcanzar á fundirlos. De ésto se desprende que ya en esa lejana 
época el precursor del hombre incendiaba los pajonales para dar caza á 
los Pachynicos^ Tremacyllm, Palaeocaiña, Dicoelojjhorus, Fithtmothomys^ 
etc., que en ellos se albergaban » \ 

El doctor Roth - aceptó sin mayores reticencias, la opinión primera 
de Ameghino; j^ero en cambio, el doctor Francisco P. Moreno, desde 
que pudo examinar las muestras extraídas en 1887 délos acantilados de 
Monte Hermoso, hasta que ilustró mejor su criterio con mayor cantidad 
de ejemplares, no titubeó un solo ijistante en considerar á las « escorias » 
en cuestión como lavas volcánicas ^, precisamente la misma tesis que, 
muchos años después, había de sostener el geólogo Gustavo Stein- 

' F. Ameghixo, Notas irreUminares sobre el Tetraprothomo argentinus, un precursor 
del hombre del mioceno superior de Monte Hermoso, en Anales del Museo Nacional de 
Buenos Aires, XVI, 106, nota 5. Buenos Aires, 1908. 

' Ruth, Ibid, 9. 

' Moreno, Informe, etc., 7; Mokeno, Breve reseña, etc., 27. 



— 160 — 

maiin '; y, aun más, el profesor de la Universidad de Bonn no sólo con- 
sidera como niateriales de deyección á los fragmentos de « escorias » 
negros y pizarras, sino también á los rojos, vale decir alas « tierras co- 
cidas » que, en el caso, serían lavas compactas de carácter andesítico '-. 

Por iiltimo, Lehmann-jSíitsclie, si bien no acepta la intervención del 
liombre en la formación délas «escorias», cree como Amegliino, que se 
trata de grandes incendios de pajonales propios de terrenos pantanosos, 
y constituidos por especies de gramináceas, etc., de gran tamaño y ricas 
en silicatos que, luego de quemarse, dejaban sendas capas del discutido 
material poroso ^. 

En cuanto á los fragmentos de «tierra cocida», inoficioso me parece de- 
<;ir que, desde el primer momento, el doctor Amegbino los ba considerado 
como una prueba indiscutible de actividad bumana. Y como tales divulga- 
dos en periódicos políticos del país y en revistas científicas del extranje- 
ro * ; agregados á las colecciones de supuestos instrumentos y armas 
l)aleolíticos que figuraron en la Exposición de París del ano 1878 ^, y 
mencionados, especialmente, en la comunicación que leyó el descubridor 
íinte el Congreso de los Americanistas, reunido en Bruselas en 1879 ^'. 

Sería tarea inútil mencionar sus publicaciones posteriores pues en 
todas, sin excepción alguna, ha mantenido la referida opinión''; que han 
compartido los doctores Eotli y Lehmann-Nitsche. Para el doctor Ame- 
gbino, los fragmentos de «tierra cocida» retirados de diferentes nive- 
les de la serie pampeana, serían restos de antiguos fogones **; lo mismo 
piensa Lehmann-Nitsche ^ ; y Roth "* va aún más lejos, pues los consi- 
dera como verdaderas alfarerías (Topjjsclierhen). 

' G. Steinmaxn, TJher ñlhtrlum in Süd AmcrUca, en Monaif<berichten der Deutschen 
(reolo(i¡schen GeselUchaft, jaliríj. 1906, 225. Berliu, 1906. 

* G. Steixmaxn, Sur les scories infcrcaJées dan-s la formation jximpéenne iiifért€vre,en 
Lehsiaxx-Nit.sche, Xouvelles, etc., 461. 

^ Lehmaxx-Nitsche, Xouvelles, etc., 461, 464. 

* La Lihertad (Bneuos Aires), 28 de marzo de 1877 ; P. Gekvais, en Journal de 
Zoologie, ex AntUjüedad, etc., II, 391 ; F. Ameghino, The man of the Pampean 
formation, en The American Katuralist, XII, 828. Philadelphia, 1878 ; AmeGhixo, 
L'homme, etc., 239, etc. 

^ F. Ameghixo, Catalogue sjiécial de la section Anthropologiqne et Paléontologique de 
la Bépuhlique Argentine, 4 y 10. Paris [1878]. 

^ Ameghixo, La plus haute antiquité, etc., 216. 

■^ Como lo dije en el texto, me parece inoficioso mencionar nuevamente las publica- 
ciones del doctor Ameghino. Las personas que se interesen en más detalles, encontrarán 
los datos necesarios en las notas bibliográficas agregadas al texto del parágrafo I. 

^ Ameghixo, Antigüedad, etc., II, 428 y passim. 

^ Lehmann-Nitsche, Xouvelles, etc., 452, 

'" Roth, Ibid, 9. 



161 — 



§ V 



CONCLUSIONES ESPECIALES 

El análisis que he hecho de las investigaciones realizadas por otros 
especialistas, la revisión del material conservado y mis observaciones 
personales en el terreno, me conducen á formular las siguientes conclu- 
siones : 

1^ Las « escorias» y «tierras cocidas» representan diversos tipos 
de transformación de ciertos productos cuyo origen es semejante. 

2" Su presencia en las capas de la serie x)ampeana obedece á un fenó- 
meno extensivo á una gran parte de la misma, pero que se ha verifica- 
do intensivamente en la época de la deiiosición del loess de los niveles 
inferiores. 

3^ No abrigo duda alguna de que el material discutido sea isócrono 
con las capas geológicas en que se le encuentra. 

En el Museo de La Plata, junio 1" de 1^08. 



REV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (IX, 1», 1908.) 11 



— 162 — 



SEGUNDA PARTE 

ESTUDIO QUÍMICO DE LAS « ESCORIAS » Y « TIERRAS COCIDAS » 

Por el doctor ENRIQUE HERRERO DUCLOTJX 
Profesor de Química aualitica «a las Universidades de La Plata y Bueuos Aires 



§ I 



LOESS 



Las muestras de loess analizadas, aunque distintas en sus caracteres 
suj)erficiales, presentan una composición química constante, que se hace 
más manifiesta cuando se comparan entre sí las cifras que figuran en el 
cuadro de la composición mineralógica virtual. 

Todas las muestras pueden compararse con arcillas del tipo que pre- 
senta el doctor Doering con el nombre de 

Arcilla aluvial del arroyo de Bustos ' 

Sílice SiO, 61 . 75 

Oxido de aluminio Al^O^ 14 . 90 

— de hierro Fe^O, 6 . 30 

— de calcio CaO 2 . 49 

— de magnesio MgO 1 . 85 

— de potasio K^O 1.16 

— de sodio NajO . 78 

Acido sulfúrico SO3 0. 03 

— fosfórico P.Oj 0.21 

Pérdida al rojo 10 . 99 

y al mismo tiempo, presentan analogías estrechas con cenizas volcáni- 
cas analizadas por mí -, i)rovenientes del volcán Rininahue (Chile) y de 

' Adolfo Doerixg, Las toscas calcáreas y su ajjlicacióii, en Boletín de la Academia 
Nacional de Ciencias en Córdoba, XII, 224, Córdoba, 1891. 

* E. Hkrrero Ducloux, Nota sobre la ceniza del volcán Bininahue, en Revista del 
Museo de La Plata, XV. La Plata, 1908. 



— 163 — 

la Barbada (Antillas), y con otras analizadas por Pisani, i)rocodt'ntes de 
San Vicente (Antillas). Estas analogías jnstiñcan la, oi)inión del emi- 
nente profesor Steinmann \ cnando dice qne las cenizas volcánicas han 
contribuido á formar las capas inferiores del pampeano, muy probable- 
mente. 

Como las cenizas volcánicas citadas, poseen las muestras de loess ana- 
lizadas un magma alcalinoterroso con exceso de aRímina, es decir, gra- 




Fig. 1. — Loess (máximo) 



nito-tonalítico ' ; la iinica diferencia es el estado de oxidación del hierro 
que contienen, pero bien exj)licable por el estado de agregación del loess 
y su más probable origen. Los diagramas que he trazado tomando el 
máximo y el mínimo de todas las cifras, hacen más evidente la se- 



' G. Steinmann, Le diluvium üans V Amérique du Sitd, en Bevue genérale des Sciences 
purés et appliquées, 18, 626. Paris, 1907. 

'^ C . MiCHEL LÉVY, Note sur la classification des magmas des roches éruptives, en Bu- 
lletin de la Société Géologique de France, XXV, 326. Paris, 1897. 



2 


3 


21 


22 


23 


47.851 


55 . 125 


61.013 


44.897 


46.332 


5 . 721 


7 . 452 


11.525 


9.036 


12.105 


10.706 


3.491 


7.014 


6 . 958 


8.640 


23.778 


16.791 


4.959 


20 . 965 


21.370 


12.600 


13.473 


16.306 


18.044 


11.965 



— 164 — 

mejanza apuntada; y como este estudio, por su carácter, debe facilitar 
las comparaciones entre los distintos materiales que se consideran, he 
trazado también diagramas de los discutidos y de los que sirvieron de 
contralor con el nombre de arcillas diversas. 

El análisis mecánico de los loess dio los resultados que figuran en el 
cuadro siguiente: 

Análisis mecánico de las mmestrus de loess 

Fracciones 1 

a 66.517 

b 7.073 

c 6.780 

(1 6.429 

H,0 y pérdida.. 14.973 

La diferencia de las cifras que representan las fracciones obtenidas 
por levigación con un aparato de Schiilze, en condiciones idénticas, dan 
mayor valora la analogía estrecha de composición química; pues es evi- 
dente que se trata de arcillas que han sufrido muy distintamente la ac- 
ción del agua y del viento, aunque poseyendo todas probablemente un 
mismo origen. 



§ n 



«ESCORIAS» Y « TIERRAS COCIDAS» 

Estas muestras estaban constituidas por fragmentos desiguales, reco- 
gidos en el loess^ cuya descrij)ción omito por haberla hecho el profesor 
Félix F. Outes, en la primera parte de este estudio. 

Lo que he dicho de la composición química de los loess es aplicable 
en todas sus partes á estos materiales; debiendo advertir que no hay 
diferencia alguna entre los datos analíticos correspondientes á las « es- 
corias» (muestras 01 y 03) y los que pertenecen á las «tierras cocidas» 
(muestras 00 y 04), confirmándose así la opinión de Steinmann ^ quien 
considera á las « escorias » y á las « tierras cocidas » como una misma 
cosa. 

Pero lo más interesante en este caso es la analogía estrecha que exis- 
te en la composición química de los loess analizados y de los materiales 

» Steinmann, Ibid, 631. 



— 165 — 

en discusión : si se calculan los datos analíticos obtenidos, con unos y 
otros, para lui mismo porcentaje en agua total, la semejanza no puede 
ser más visible ; y aun se acentúa, al comparar los cuadros de compo- 
sición mineralógica virtual y los diagramas de constitución, confirmán- 
dose aquí la opinión de Zirkel al estudiar los materiales de Ramallo y de 
Alvear '. 

Como consecuencia de estas analogías puede admitirse un origen co- 



^ 



—<x: 



"^ 




-hcz: 



Fig. 2. 



Loess (minimo) 



mún para las « escorias » y las « tierras cocidas », y para estos materia- 
les y los loess analizados ; pero como en el párrafo siguiente hemos de 
plantear la cuestión, con los elementos de comparación á la vista, no 
hago esta afirmación sino porque surge inmediatamente del estudio de 
los datos analíticos. 



' F. Zirkel, Examen microscopiqíie des spéciniens de Bamallo et Alvear, en R. Leh- 
MAiíN-NiTSCHE, Nouvelles recherches sur la formation pampéenne et Vhomme fossile de la 
Bépublique Argentine, en Revista del Museo de La Plata, XIV, 454. La Plata, 1907. 



166 



§ III 



ELEMENTOS DE COMPARACIÓN 

Concluido el estudio de los materiales en discusión, con los resulta- 
dos apuntados, pedí al profesor doctor Santiago Eotli, que me propor- 
cionase elementos de comijaración de origen conocido : las muestras 
cuyo análisis figuran en los cuadros bajo el título de arcillas diversas 
son los materiales que debo al profesor citado. 

Desgraciadamente, las tres arcillas primeras no corresi)onden al tipo 
de los materiales en discusión pues su i^orcentaje en sílice y en alúmina 
las coloca en categoría muy diferente ; sin embargo, nos servirán para 
interi)retar la composición de la muestra 15, proveniente de restos de 
bosques incendiados como veremos después. La muestra 14, corresponde 
en cierto modo al tipo considerado y tiene valor porque representa una 
transformación natural de arcilla bajo la influencia del calor de lavas que 
lian venido á cubrirla, segim opina el doctor Eotli, para explicar su co- 
lor rojo ladrillo. 

Además, estudié las cenizas de plantas indígenas de la llanura, pas- 
tos fuertes que crecen esiíontáneamente en grandes extensiones de terre- 
no, semejantes sino idénticos á los que el profesor doctor Florentino 
Ameghino supone que el Tetraprotliomo argentinus incendiaba para dar 
caza á los Pachynicos^ Tremacyllus, Palaeocavia, Bicoelophorus, etc., 
que entre ellos se guarecían ^ 

Las especies examinadas, cuya clasificación botánica debo á la ama- 
bilidad del profesor doctor Carlos Spegazzini, son las siguientes: 

a) Pasto fuerte de estación Corral de Bustos (F. C. C. A.), provincia 
de Córdoba. 

h) Paja brava (Mellica 7» acra) de colonia Progreso, provincia de Cór- 
doba. 

c) Paja brava (Mellica macra) de Cañada de Gómez, provincia de 
Santa Fe. 

d) Pasto fuerte (Andropogon lepto^tacMa) de río Carcarauá, provin- 
cia de Santa Fe. 

e) Pasto fuerte (Stipa bracMchaeta) de Tanti Nuevo, provincia de 
Córdoba. 

f) Paja serrucho (Scirpus asper) de la Ensenada, provincia de Bue- 
nos Aires. 

' F. Ameghixo, Notas preliminares sobre el Tetraprotliomo argentinus, en Anales del 
Museo Nacional de Buenos Aires, XVI, 107. Buenos Aires, 1907. 



— 167 — 

Los enndros iimostran los resnltiidos ¡nialíticos, soparniulo las ceni- 
zas de las hojas y de las raíces, para facilitar la interpretación de las 
cifras. 

Ahora bien, el examen msís snperficial de los cuadros de análisis 
basta para demostrar que no hay semejanza alguna entre estas cenizas 
y las «escorias». El porcentaje en sílice es mucho mayor en las cenizas, 
así conui también el ácido fosfórico, el ácido carbónico, el ácido sulfúri- 




-hOH. 



Fig. 3. — « Escorias » y « tierras cocidas » (máximo^ 

co y el cloro ; pero donde la diferencia es más notable es en el porcentaje 
de la alúmina, como podía suponerse. 

En efecto, este elemento que es raro en cenizas vegetales y que se ha 
llegado á negar en la planta, tiene en este caso una importancia espe- 
cial y por tal razón se hizo su determinación cuantitativa, de acuerdo 
con el método seguido por Berthelot y André en sus originales investi- 
gaciones ^ 



' M. Berthelot, Chimie végétale et agricole, III, 60. Paria, 1899. 



— 168 — 

Descartada la hipótesis de que las « escorias » sean cenizas de vege- 
tales semejantes á las analizadas, como pretenden algunos investigado- 
res (Lehmann-Nitsclie, entre otros) queda en pie la hipótesis formulada 
por el profesor doctor Ameghino en sus Wotas preliminares sobre el 
Tetraprothomo argentinus ya citadas. Según el eminente profesor, de los 
pastos incendiados « en terrenos bastante arenosos y relativamente se- 
cos, la parte superior se quema rápidamente, pero la parte inferior que pe- 




-h^ 



Fig. 4. — « Escorias » y « tierras cocidas » (minimo) 



netra en el suelo y constituye las raíces, continúa ardiendo lentamente, 
durante dos ó tres días y á veces aun más. Durante esta combustión 
lenta, los huecos que dejan las raíces se transforman en un crisol natu- 
ral. El calor bastante intenso que se desarrolla dentro del suelo en el 
crisol así formado produce la fusión de una parte del material arenoso, 
favorecida por la cantidad de substancias alcalinas que contienen las 
raíces, dando por resultado la formación de una especie de escoria muy 
porosa y muy liviana, que á primera vista tiene un aspecto parecido al 
de lava volcánica... » 



— 169 — 

La hipótesis es ingeniosa, pero no puede admitirse sin observación. 
En primer lugar, la combustión de las raíces dentro de la tierra no es 
fácil de explicar, fuera del contacto del aire, bajo una capa de cenizas y 
sin más fuente de calor que el producido por ellas mismas al arder ; pero 
aunque así fuese, la fusión del material arenoso que se pretende, favo- 
recida por la presencia de substancias alcalinas de las cenizas, sería im- 
posible con los pastos analizados, excepción hecha de la paja serrucho 




Fig. 5. — Arcillas diversas (máximo) 

(Scirpus asper), pues se trata de cenizas muy acidas cuyo punto de fu- 
sión sería aproximadamente 1000° C. ^ 

Suponiendo que el pretendido fenómeno se hubiese operado á pesar 
de todas las dificultades apuntadas, es evidente que las escorias así for- 
madas tendrían una composición química que revelaría la mezcla, es de- 
cir, que el porcentaje de todos sus elementos podría servir para fijar 
aproximadamente las proporciones en que habían intervenido las ceni- 



' A. Carnot, Traite d'analysede suhstances minerales, II, 212. Paris, 1904. 



— 170 — 

zas de las raíces y el « terreno bastante arenoso » que las envolvía. Sin 
embargo nada de esto ocurre con las muestras analizadas, aun admitien- 
do que se tratase de paja serrucho (Scir])m mper) incendiada en loess 
como los estudiados ; suposición que bago para colocar la cuestión en las 
condiciones más favorables al modo de opinar del doctor Ameghino, 
pues si se toma cualquiera de los pastos indígenas de los cuadros y un 







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Arcillas diversas (mínimo) 



«terreno bastante arenoso», es decir, más rico en sílice y más pobre 
en alúmina que los loess, toda discusión sería inútil. 

Se podrá objetar que estas « escorias » no pueden tener actualmente 
la composición que tuvieron en la época de su formación, pues han sufrido 
la acción del agua y de los agentes atmosféricos durante un espacio de 
tiempo muy largo ; pero si esto es suficiente para explicar las escasas 
proporciones de cloruros, sulfatos, carbonatos y fosfatos en las « esco- 
rias », sería motivo de contradicción profunda al querer explicar el por- 
centaje de la alúmina igual en los loess y en las « escorias.» En efecto, 
en la supuesta fusión de los silicatos en j^resencia de los álcalis, se for- 



— 171 — 

marón silicatos alcalinos solnblos y aluminatos alcalinos también solu- 
bles, como en la ecuación 

K,0, AUO,, 6 8iO, + 6 Na.CO, = 6 Na^SiO, + 2 (KO)AIO + 6 CO, 

,, . Carbonato Silicato Aluminato Anliidrido 

ditosa -t- *- - , , . 

siKlii'o souíl'O potusiio (.•ailumico 

y auíbos comjmestos debieron ser arrastrados por las a^uas vmi los 
cloruros, sulfatos, fosfatos, y carbonatos, aunque fuese parcialiuente, 
por la ulterior descomposición posible de los aluminatos bajo la acción 
del anhídrido carbónico disuelto en el agua. 

Si esto hubiese sucedido, las « escorias » tendrían nniy pequeñas pro- 
porciones de alúuiina y nunca 16 por ciento, salvo el caso de que el te- 
rreno tuviese la composición de las arcillas que en los cuadros figuran 
con losmimeros 11, 12 y 13. 

La misma muestra 15 que según el doctor Eotli, proviene del incendio 
reciente de un bosque, no puede admitirse químicamente como ceniza de 
vegetales arbóreos, ni como mezcla de ceniza de árbol y de una arcilla 
semejante á los locss estudiados ó á las muestras 11, 13 y 13. Suponiendo 
que los árboles incendiados tuviesen cenizas de composición igual á la 
composición media de las quince esencias distintas estudiadas por 
Malagiitti y DurocLer ^ esta ceniza estaría constituida así : 

Sílice en SiO, 4.03 

Acido sulfúrico en SO, 2.50 

— clorhídrico eu Cl 0.50 

— fosfórico en P5O5 9.44 

Oxido de aluminio, hierro y manganeso AljOgFCjO^MnO. 2.08 

— de calcio CaO 56.73 

— de magnesio MgO. 7.50 

— de potasio K^O 14.22 

— de sodio Na,0 2.59 

y fácilmente se comi^rende que los datos analíticos de la muestra 15 nada 
tienen de común con estas cifras, por lo cual me inclino á creer que se 
trata de una arcilla aglomerada y semifundida por la simple acción del 
calor x)roducido por el incendio del bosque, como en las experiencias 
que en seguida describiré. 

Y lo mismo podría decirse, si admitiésemos para las cenizas de los 
árboles incendiados la comjjosición media que resulta de los análisis del 
profesor doctor A. Doering ^ sobre esencias de la Eepública : 



' A. M. ViLLON. Dictionnaire de cMmie industrielle, I, art. Cendres. Paris. 
^ Adolfo Doering, Los constituyentes inorgánicos de algunos árboles y arbustos 
argentinos, en Boletín de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba, II, 65. Córdoba, 

1878. 



— 172 — 

Por ciento 

Acido silícico en SiOj 9 . 31 

— fosfórico en PjO^ 6.72 

— clorliídi'ico en Cl 1 . 28 

— sulfúrico en SO3 1 . 88 

Óxido de hierro en Fe^Oj 1 . 28 

— de calcio en CaO 47 . 25 

— de magnesio en MgO 8 . 25 

— de potasio en K^O 19.55 

— de sodio en NajO 4 . 07 

Por otra parte, el doctor Amegliino me proporcionó cenizas y escoria 
de un fogón encontrado por el profesor Luis M. Torres, sobre la costa 
del río Uruguay, entre el Ñancái y Puerto Landa, cuyo análisis vino á 
comprobar mis suposiciones. Las cenizas conservaban el aspecto de ta- 
les, sin señal alguna de fusión -, y la escoria, que correspondía al fondo 
del fogón, era una masa compacta, algo porosa y presentaba señales cla- 
ras de un principio de fusión. 

He aquí los datos analíticos que obtuve : 

Cenizas Escoria 

Color del ijolvo gris amarillento claro rojo pardo de hígado 

— al rojo sin variación sin variación 

Por ciento Por ciento 

Pérdida al rojo 7.900 6.091 

Sílice en SiO, 11.890 32.600 

Acido carbónico en CO^ ... 6.446 — 

— fosfórico en P.O^ 16 . 655 3 . 044 

Óxido de hierro en Fe^Oj ... 7 . 260 47 . 530 

— de aluminio en Al^O,. 1.150 6.200 

— de calcio en CaO 40 . 078 1 - 570 

— de magnesio en MgO . 5.560 — 

La ceniza no ofrece nada de extraordinario en su composición, pero 
la escoria muestra como la simjüe acción del calor puede dar á una arci- 
lla muy ferruginosa el aspecto de una escoria volcánica, aunque sus ele- 
mentos no correspondan á esta clase de materiales. 

Además, el mismo doctor Ameghino me entregó una muestra de es- 
coria hallada por él en Tolosa (La Plata), proveniente de un fogón olvi- 
dado, que también confirma mis opiniones respecto délos materiales en 
discusión. 

He aquí los datos analíticos: 

Escoria de Tolosa 

Color del polvo gris muy claro 

— al rojo .sin variación 



— 17.S — 

Pérdida al rojo 0.950 

SiO. ()1.290 

SO," 0.095 

CO, 3.212 

Cl 0.340 

P.0, 2.853 

AljO, 8.327 

Fe^Oj 5.032 

CaO 9.110 

MgO 2.480 

Y en el misino sentido me favorecen los resultados que me proporcionó 
una « escoria » recogida i>or el doctor Amegliino en la playa, bajo la ba- 
rranca de Lobería, abandonada allí por las olas, sin alteración aparente : 

Pérdida al rojo 1 . 146 

SiO, 60.250 

SO3 V 

CO, O 

Cl V 

P.0, 

Al.O, 25.890 

Fe^O, 7.660 

CaO 1.000 

MgO 1.198 

Color del polvo gris obscuro algo verdoso 

Tratando de conocer la acción de las altas temperaturas sobre las 
muestras de loess, de «escorias» y « tierras cocidas» que había anali- 
zado, dispuse una serie de ensayos en un horno de mufla calentado con 
gas de alumbrado, midiendo las temperaturas alcanzadas con relojes 
fusibles de Séger. 

Los resultados que se consignan en el cuadro correspondiente muestran 
que los loess funden por encima de 1000° C. y que i^ueden dar escorias 
porosas, de distintos colores, semejantes por su aspecto á escorias volcar 
nicas, siéndolo también por su composición química. Además, muestran 
que las «escorias» y «tierras cocidas» tienen un j)unto de fusión algo 
inferior y que i^ulverizadas y sometidas á temperaturas que producen 
su completa fusión, no adquieren de nuevo su aspecto primitivo. 

Respecto de la coloración rojiza que caracteriza á las « tierras coci- 
das » hice también ensayos con las muestras de loess, que no figuran 
sino en parte en el cuadro. La acción continuada del calor, á tempera- 
ras vecinas del rojo sombra, da á los loess tintes que recuerdan el color 
del ladrillo; y humedeciendo las muestras, el tinte se hace más no- 
table. 

No me parece inoportuno recordar aquí, que en una muestra de « esco- 



— 174 — 

lia » recogida en la barranca de Chapadmalal, estancia de Martínez de 
Hoz (provincia de Buenos Aires), observamos el doctor Schiller, el pro- 
fesor Ontes y yo, una parte roja que correspondía á la superficie ex- 
puesta á los agentes atmosféricos, donde la acción del calor no podía 
sospecharse; y esta misma coloración roja la he observado en la super- 
ficie de una escoria volcánica negra del volcán Osorno que recogió el 
jjrofesor Outes en su viaje á Chile, sin que haya intervenido en este 
cambio el calor. El fenómeno se explica tratándose de materiales que 
contienen óxido ferroso, haciendo actuar el oxígeno, el anhídrido carbó- 
nico y el vapor de agua de la atmósfera, como lo demuestran las ecua- 
ciones siguientes : 



FeO 


+ 


CO, + 


H,0 


= FeCO,, + 


H,0 


Oxido 
ferroso 


4- 


Anhidritlo 
carbónico 


Agua 


Carbonato 
ferroso 


Agua 


FeC03 


+ 


CO, + 


H,0 


= Fe(HC03), 

Bicarbonato ferroso 





este bicarbonato es soluble, y se reparte en toda la masa, y después al 
aire húmedo se transforma así 

2Fe(HC03), -1- H,0 + O = 2Fe(OH)3 + 4 CO, 

Hidrato 
férrico 

2Fe(H0), = Fe,0, + 3H,0 

Oxido 
férrico 

Óxido de color rojo que tiue toda la roca. 



§ IV 



« TOSCAS » 



Las tres muestras que figuran en el cuadro representan tres tipos de 
distinta pureza que recogimos en la barranca de Lobería, sobre el mar, 
en la estancia de Martínez de Hoz (provincia de Buenos Aires), en el 
viaje que realicé en mayo de 1907 en compañía de los profesores doc- 
tor Gualterio Schiller y señor Félix E. Outes. 

Tratándose de un estudio de rocas y materiales de la serie i)ampeana, 
me pareció conveniente incluir en él estas «toscas », de las cuales la prime- 
ra y tercera corresponden á grandes masas concrecionadas, de superficie 



— 175 — 

mamelouar en partes y reniforme eu otras, de fractura lisa y estructura 
heterogénea, presentando cavidades repletas de pequeños cristales. 

La segunda corresponde á un enorme banco de gran potencia que se 
encuentra á mitad de la altura de la barranca. Esta «tosca» presenta 
analogía bastante manifiesta con una «tosca» de Córdoba analizada por 
mí en 1903 y cuya composición es : 

Tosca de Córdoba 

Densidad 2.715 

Agua H,0 2.068 «/o 

Sílice SiOj 39.650 

Acido carbónico COj. 16.290 

Óxido de aluminio Al^O, 13.000 

— de hierro Fe^Og 3.460 

— de manganeso MnO v. 

— de calcio CaO 20.842 

— de magnesio MgO 1.540 



de potasio K^O) 
de sodio Na^O^ 



2.808 



§ y 



CONCLUSIONES 

Eesumiendo las observaciones que me han sugerido los resultados 
analíticos obtenidos, mis conclusiones pueden expresarse así: 

a) Las muestras de loess analizadas poseen una composición casi idén- 
tica á la de cenizas volcánicas modernas (Rininahue, San Vicente y 
Barbada). 

b) Las « escorias » y « tierras cocidas » analizadas tienen una misma 
comxjosición química. 

cj Las «escorias» y «tierras cocidas» analizadas tienen una compo- 
sición idéntica á la de los loess examinados. 

d) La simple acción del calor (temperaturas comprendidas entre 1300 
y 1350 ° C.) basta para dar á los loess estudiados el aspecto de escorias 
volcánicas. 

e) Las «escorias » no son cenizas de vegetales, ni herbáceos ni arbó- 
reos. 

/) Las « escorias » no son el resultado de una mezcla de cenizas vege- 
tales y de loess. 

Museo de La Plata, mayo 27 de 1908. 



— 176 — 



COMPOSICIÓN QUÍMICA DE LOESS 





1 


2 


3 


21 


22 


23 


Humedad á 110'.. . 


10.667 


8.440 


8.631 


9.653 


7.844 


7.700 


Pérdida al rojo. . . . 


2.306 


4.160 


4.842 


4.6.53 


4.200 


4.265 



12.973 



12.600 



13.473 



14.306 



12.044 



11.965 



SiOj 56.820 

SO,.... V. 

C0„ — 

Cl 0.680 

Al.Oj 15.756 

FeO 0.185 

Fe.Og. 5.309 

MnO 0.017 

Tío, 0.217 

CaO 3.304 

MgO 1.578 

K,0.... 0.841 

Na,0 2.410 

PjOj. 0.160 

Color pardo claro 

TI 1 • ( pardo 

Id. al rojo. 

habana 



57.360 55.400 57.060 



58.200 57.090 

V. V. 



1.100 1.012 0.306 0.697 0.731 

15.260 15.863 15.350 16.330 15.607 

0.190 0.120 0.155 0.055 0.195 

5.875 4.997 4.866 4.995 5.256 

0.018 0.014 0.017 0.021 0.032 

0.180 0.306 0.275 0.330 0.325 

3.472 3.471 2.695 3.456 3.160 

1.131 1.890 0.860 0.993 0.890 

0.788 0.763 0.701 0.823 0.779 

1.905 2.157 3.208 2.450 3.179 

0.268 0.439 0.460 0.089 0.332 

l>ardo pardo pardo gris pardo 

rosáceo muy claro habana pardo claro 

pardo pardo pardo gris pardo gris 

habana habana gris claro obscuro obscuro 



' Loess de la base de la barranca de Lobería. (Plancha I, figura 2, lugar 10.) 

^ Loess de junto al pedazo de « tierra cocida » mencionado por el profesor Outes 
(l)ág. 151 de esta memoria.) 

* Loess del pequeño estrato de « tierra cocida » y « escoria » á que hace referencia 
el profesor Outes (pág. 151 de esta memoria.) 

*^ Loess del pampeano superior ; barranca de Lobería (provincia de Buenos 
Aires). 

*^ Loess del pampeano superior ; barranca de Lobería (provincia de Buenos 
Aires). 

'' Loess del pampeano, formación lacustre, del mismo punto. 



s^ -?■ 



177 



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fe -í ;:, 

T. II. (IX, 2, 1908.) 



178 



« ESCORIAS » Y « TIERRAS COCIDAS » DEL PAMPEANO 

00 01 03 04 

Humedad á 110° C. 0.651 0.789 0.442 0.176 

Pérdida al rojo. 2.71.5 3.370 4.906 3.701 

3.366 4.159 5.348 3.877 

SiO^, 66.600 65.950 63.220 68.550 

SO3 V. V. 0.050 V. 

CO^. _ _ _ _ 

Cl 0.340 0.034 0.578 0.340 

Al, O, 16.350 16.010 16.011 15.260 

FeO 0.330 0.410 0.310 0.560 

Fe.O, 5.030 4.750 5.090 4.640 

MnO. 0.019 0.021 0.017 0.022 

Tío,. 0.180 0.160 0.320 0.550 

CaO 3.880 4.872 5.180 3.208 

MgO.... 1.422 1.872 2.246 1.350 

K,0. 0.325 0.488 0.391 0.300 

Na,0. 1.947 1.224 0.493 0.778 

PjOj 0.211 0.062 0.746 0.265 

^ , , , .. ^ sris verdoso pardo pardo gris 

Color del polvo pardo rojizo , , , • ^ 

r claro claro grisáceo obscuro 

i roio ladrillo pardo gris , rojo ladrillo 

Id. al rojo. , i)ardo '' , 

( claro obscuro claro 



"" « Tierra cocida » de Chapadmalal (provincia de Buenos Aires). 

"' « Escoria» de Chapadmalal (Plancha lY, figura 2, lugar 7). 

°^ « Escoria » de Chapadmalal. 

"^ «Tierra cocida» de la bajada de Martínez de Hoz (Plancha II, figura 2, lu- 

rar 2.) 



— 17» — 



t- !N t- eo 

ce o 05 O 



eo iH ec iH 



C^l ,H 




O lO O O 

CD iO iXi o 



>o o -* o 



t^ -TI íM o 

ce t^ -* co 



'* o -rí< o 



o <J -a? 



o ;o >íi -ti 
m íft cD co 



tO o --i< o 



9 2 o" I -s 

:í ^C -g re g 

O ^ S^ ^ ;z| 



o ií 



i o 



180 — 



coMPOsiciüx química de arcillas diversas 



Humed.állO° C. 
Pérdida al rojo. . 



11 
1.133 
5.256 

6.389 



SiO, 42.900 

SO3 — 

CO, - 

Cl ...... 0.034 

Al,03. 29.490 

FeO 0.800 

Fe^Og 2.680 

MnO 0.033 

Tío., 0.240 

CaO... 8.904 

MgO 6.300 

K,0 0.535 

Na^O 2.261 

"N" O — 

P.O^ 0.071 

Color. gris verdoso 

Id. al rojo. . . . pardo obsc. 



12 


13 


14 


15 


0.251 


2.500 


6.258 


7.178 


1.570 


1.720 


5.137 


5.499 


1.821 


4.220 


11.395 


12.677 


46.860 


48.880 


60.370 


60.180 


— 


— 


<0.010 


0.053 


0.034 


0.034 


0.136 


0.544 


26.170 


26.140 


18.310 


16.350 


1.940 


2.930 


2.120 


0.850 


2.070 


2.190 


2.260 


1.950 


0.029 


0.015 


0.021 


0.021 


0.750 


0.140 


0.170 


0.400 


9.548 


9.293 


1.920 


4.054 


6.910 


3.350 


1.500 


1.640 


0.390 


0.486 


0.348 


0.685 


2,997 


2.770 


2.102 


1.943 



0.084 



0.128 



pardogris 



0.003 



( rojo ladrillo 



( claro 
i gris con pardo pardo rojizo 

( tinte pardo de hígado claro 



amarillo 
grisáceo 

pardo 

claro 



y '^ Arcillas tobáceas de Appeleg, precordillera (Chubut). 

y ^* Arcillas tobáceas de Capitán Villegas (río Chubut). 

Restos de bosque incendiado (?) de Tintina (Santiago del Estero). 



181 — 






ce 7-1 



C5 tH 



ce CO M O 



CO 1-H 



C^ CO <M O 

1-1 in CO ^ 



t^ ce rH 



O < < 



l.O iH C<l O 



O O o 

O S ÍM 






íí X 






182 — 



RESULTADOS DK LOS ENSAYOS PIHOGNÓSTICOS 



Color del polvo 
á 1330-1350°C. 



Aspecto 
á 1330-1350°C. 



fkdor 

1330-1350°C. 



Aspecto 

á !)50-lU00°C. 



Color 
á 050-lOOOoC. 



Color 

(le la muestra 

en polvo 



Loess de Lobería 



Pardo 



Pardo lig. 
violáceo 

Pardo lig. 
violáceo 



/Escoria poro- 
, sa superficie 



vitrea 



/Escoria poro- 

. sa superficie 

vitrea 



Gris verdoso \ 
osbcuro;maii-/ 
chas rojizas ' 



Ligeramente 
aglomerado 



I 

(Pardo habana 



Pardo hígado , 
manchas ro- [ Casi suelto 
j izas / 



( Escoria poco \ i 

> ^Pardo hígado/ ^, . 

{porosa, super-' ,. .. \ Casi suelto 

( «„í. ^.'.„.„ ) lig- rojizo 



ficie vitrea 



(Escoria poro-\ 



Pardo osbc. > sa, superficie /Pardo hígado 



22 



23 



Pardo 
muy obscuro 

Pardo 
lig. violáceo 



vitrea 



Escoria poco 



Ligeramente 
aglomerado 



■"i 



y porosa, siqier-/ Pardo hígado 
ficie vitrea ' 



Ligeramente 
/ aglomerado 



Escoria muy 

porosa, sup. 

vitrea 



^Pardo hígado 
\ lig. rojizo 



Pardo habana 



Pardo habana) 



Pardo habana 



Pardo rosáceo 



Pardo 
muy claro 



Ligeramente i 
aglomerado \ 



Pardo 
gris claro 

Gris 
pardo obscuro 



Gris obscuro 



f Pardo habana 



Gris pardo 



Pardo claro 



« Escorlfííi » y « Tierras cocidas » 

Escoria no , ' 

) Pardo 



„ Pardo \ . ^ Pardo ^, . ,, Rojo ,„ , 

"^ 1 , , 1 porosa sm , .. , Casi suelto , , .,. , Pardo rojizo 

f de hígado { ^ -^ \ ^^ hígado ladrillo claro '' 



01 



02 



04 \ 



¡Escoria poro- 
sa, superficie 
vitrea 

. ... /Escoria poco 
Amarillo \ 

( 
I 
Rojo ^ 



lig. verdoso 



porosa, super- 
ficie vitrea 

Escoria no 
porosa, sin 



Gris verdoso ^ 

i Fuertemente 
obscuro; man-' 
. .. i aglomerado 

chas rojizas ) 

Gris verde \ 
con manchas f Aglomerado 



rojas 
/ Pardo 



(ipardo hígadoí - ' \ de hígado 

I I costra vitrea 



Ligeramente 
aglomerado 



Pardo 
gris obscuro 



Pardo 



Rojo 
ladrillo claro 



Gris 
verdoso claro 

Pardo 
claro grisáceo 

Pardo 
gris obscuro 



— 183 — 

CKXIZAS DE Scirpnx aupcr (taja sickkuciio) 

Hojas Raíces Tallos 

Humedad 65.260 89.425 8í).960 

Cenizas 4.340 1.414 1.360 

Color gris obscuro gri.s claro gris aniarilknto 

Reacción ligera alcalina alcalina alcalina 

SiO, 51.450 39.280 15.140 

SO, 1.460 3.540 4.600 

CO, 3.064 10.825 16.305 

Cl 2.982 2.124 3.584 

AljO, V. 3.480 V. 

^^^ ' 4. .520 10.000 8.568 

Fe^O,, ) 

MnO. . 0.021 0.035 0.014 

TiOj. — — — 

CaO 3.720 2.190 1.420 

MgO 3.502 3.427 3.116 

KjO 1.101 1.005 0.798 

Na^O 24.882 21.294 44.380 

PjOj. 3.298 2.800 2.075 

Nota. — El carbón de las cenizas no figura en el cuadro por el fin especial que se 
perseguía con estos análisis. Por la misma razón se determinó sílice total, sin hacer 
distinción entre sílice y arena. La riqueza en alúmina de las raíces por ser excep- 
cional fué determinada en tres ensayos ; pero no creo corresponda en su totalidad á 
alúmina absorbida por la raíz, sino más bien á adherencias ó inclusiones en los 
tejidos superficiales. 

CENIZAS DE PLANTAS INDÍGENAS (HOJAS) 



a h 

Cenizas 11.216 7.002 

Color. gris obscuro gris obscuro 

^ fuerte 

Reacción alcalina , , ,. 

( alcalina 

SiOj 82.040 74.060 

SO3 — — 

CO5 2.640 2.948 

Cl 0.870 2.720 

AljO, no dosable no dosable 

*'®^" f 5.800 4.690 

FCjO^ \ 

MnO 0.018 0.014 

Tío, — — 

CaO. 1.792 1.506 

MgO 0.777 0.824 

^'^" ' 3.277 9.864 

Na,0 S 

PO^ 2.786 3.374 



c 


d 


e 


10.500 


12.810 


5.181 


gris claro 


gris obscuro 


gris obscuro 


fuerte 


fuerte 


fuerte 


alcalina 


alcalina 


alcalina 


81.640 


72.313 


77.710 


2.398 


4.114 


4.202 


1.260 


0.920 


0.200 


no dosable 


no dosable 


no dosable 


5.300 


4.540 


6.030 


0.020 


0.018 


0.017 


1.624 


2.329 


3.024 


0.820 


1.173 


0.790 


3.772 


10.893 


4.874 


3.166 


3.700 


3.153 



— 1<S4 



CENIZAS DE PLANTAS INDÍGENAS (KAÍCES) 



Cenizas 24.555 

i ííris pardo 

Color. " / 

r claro 

„ . , i' mny ligera 

Keacciou. ° 

> alcalina 

8ÍO5. 87.010 

SO3 V. 

CO, 2.926 

Cl. 0.790 

Al.Og... •. . 0.450 

f^^- i 4.428 

MnO 0.020 

TiOj — 

CaO. 1.060 

MgO 0.870 

^:::::::::\ -- 

P.O, 1.246 



b 


c 


d 


c 


.3.870 


6.340 


13.440 


16.600 


gris pardo '\ 
claro ) 


pardo claro < 


\ gris pardo 
' claro 


(pardo claro 


muy ligera) 
alcalina \ 


alcalina 


alcalina 


alcalina 


68.410 


70.080 


78.740 


84.359 


V. 


V. 


V. 


V. 


4.860 


4.5.50 


3.376 


3.080 


1.820 


1.075 


0.768 


0.315 


0.460 


0.410 


0.190 


0.100 


4.. 360 


5.370 


3.840 


6.424 


0.030 


0.032 


0.018 


0.038 


1.110 


0.998 


1.876 


2.000 


0.962 


0.977 


1.335 


0.761 


14.222 


12.598 


7.979 


1.582 


4.166 


3.910 


1.878 


1.341 



COMPOSICIÓN QUÍMICA DE « TOSCAS » 



i 5 24 

Humed. áll0°C. 0.979 2.605 0.7.52 

Pérdida al rojo... 0.862 1.195 1.700 

1.841 3.800 2.452 

SiO, 7.620 44.180 2.660 

SO3.... <0.010 <0.010 0.238 

CO2 37.379 16.390 40.109 

Cl. 0.104 1.2.52 0.110 

AI2O3 3.435 6.453 2.456 

FeO V. 0.195 v. 

Fe^Oj. 0.175 0.307 0.144 

MnO. O V. — 

TiOj V. 0.035 — 

CaO 46.904 20.080 50.770 

MgO. 0.734 0.884 0.330 

KjO.... 0.098 0..533 v. 

Na^O. 1.060 4.685 v. 

PjO,. <0.030 0.090 <0.020 

Color blanco gris claro blanco 

Id. al rojo.. . . . blanco gris oscuro blanco 

* Calcáreo de la base de la barranca de Lobería (provincia de Buenos Aires). 

^ Calcáreo que forma un banco en la mitad de altura de la barranca, sobre el mar. 

'* Calcáreo de la base de la misma barranca, sobre el mar. 



— 1S5 



Ti]n(:i:i{A ivvutk 

ESTUDIO MICROSCÓPICO DP: LAS «ESCORIAS» Y «TIERRAS COCIDAS» 

Por el nocroii H. BÜCKING 
Director (U'l Instituto Miiirralii^ieo y l'ctrofiTi'ifioo de la Univcrsidail de Strasslnirg 



« ESCORIAS » Y « TIERRAS COCIDAS » 

a) « Escoria » de Monte Hermoso (muestra y corte 111) '. Lava gris, 
esponjosa, con numerosos huecos, casi todos esféricos y hasta de un cen- 
tímetro de tamaño. Corresponde á una andesita con pLagiochisas visibles 
que forman, á veces, cristales cortos y gruesos conteniendo vidrio, ó 
largos microlitos en forma de agujas. Estos últimos se presentan, casi 
siempre, asociados en forma de complejos radioestria<los los que llenan el 
magma que es de color obscuro, y pardo semitransparente sólo en muy 
escasos puntos. Además, existen productos esferolíticos de devitrifica- 
ción. 

h) «Escoria» de Monte Hermoso (corte IV). Lava esponjosa, andesítica. 
Algunos de sus espacios llenos de calcita. Estructura algo más grosera 
que en a. En un magma pardo se encuentran numerosos plagioclasas 
cortos, en forma de listones, y ordenados evidentemente en forma fluida. 
Además, cristales de magnetita, unos pequeños y otros más grandes. El 
magma es menos aparente con respecto á las formaciones cristalinas y, 
desde luego, menos notable que en a. 

c) « Escoria » de Monte Hermoso (muestra y corte V). Lava andesiti- 
co-augitifera, esponjosa y hasta espumosa. Muchos de los espacios hue- 
cos, especialmente en la superficie del fragmento, están revestidos de 
calcita que llena por completo los más pequeños. Estructura aun más 
grosera; mayor abundancia de formaciones cristalinas que en &. Losi^la- 
gioclasas tienen hasta un cuarto milímetro de largo por un octavo milí- 
metro de ancho. Se notan, también, magnetita y algunos cristales de 

' Las indiciicioues contenidas entre paréntesis, correspouclen á la numeración de 
los cortes y muestras enviados por la sección mineralógica del Museo. 



— 1S6 — 

jiiijita, cortos y gruesos y de color, uno que otro, pardo-verdoso. Pare- 
cida, por otra parte, á la muestra h. Por lo general, el magma es menos 
notable que en h. Poco transparente, debido al gran número de peque- 
ños cristales de magnetita que contiene. 

d) «Tierra cocida » de Chapadnudal (muestra y corte Vil). Roca po- 
rosa, blanda, color pardo rojizo basta rojo de ladrillo. Estructura clásti- 
ca, pelitica. Contiene en un cemento ferruginoso, compacto, pardo rojizo 
(bidróxido de bierro é bidróxido de aluminio, ó bien arcilla), algunos gra- 
nitos basta del tamaíio de un quinto milímetro», especialmente de cuarzo 
y plagioclasa ; quizá también de sanidina, pero con seguridad de mag- 
netita, anjita, más raramente anfibol y, además, pequeños lapilU de an- 
desita, como los anteriores basta de un quinto milímetro de grosor, que 
contienen plagioclasas depositados en magma obscuro ó pardo. 

Debe clasificarse, pues, como una toba ó como una roca pelitica muy 
rica en material ^^olcánico (quizá en ceniza). Sólo podría averiguarse 
mediante una investigaeión prolija, si los granitos considerados como 
cuarzo son realmente cuarzo ó si son, jtarcial ó totalmente, feldespato. 

e) «Tierra cocida» de Cbapadmalal (muestra y corte XIX). Esta roca 
produce al tacto la impresión de arena fina. Friable y de color rojo de 
ladrillo. Totalmente idéntica á d en su composición ; sólo que el cemen- 
to retrocede más y consta, al parecer, en gran parte de limonita. 

/) «Tierra cocida » de Alvear (muestra y corte XVIII). Especie de la- 
terita, rojo de ladrillo, nuiy compacta. Es rica en limonita ; y existen en 
algunos puntos productos de descomposicicui de fibras finas parecidas á 
la calcedonia, las que revisten, en forma de cortezas delgadas, los espa- 
cios buecos y las grietas. Puede ser una roca natural, lo mismo que un 
material amasado artificialmente. En todo caso, no fué queuuido basta 
el punto de que se formaran productos vidriosos. 



11 



ELEMENTOS DE C'OMPARACIUN 

a) Ladrillo reciente de La Plata. Pelita con cemento ferruginoso. En 
el corte no es i)Osible obser\'ar fenómeno alguno de cocción, quizá por 
no ser bastante delgado. Por desgracia, no tengo á la vista muestra 
alguna del material usado en la fabricación del ladrillo ; ])ero, podría ser 
muy bien igual al de la roca ^, descripta en el parágrafo 1 de esta parte. 

h) Escoria de marlo de maíz (muestra y corte XXll). Escoria espumo- 
sa de constitución puramente vidriosa y sin formaciones cristalinas de 



— 187 



tamaño notable. No jhhmU' (;(Hiii»aiarse con las rocas volcánicas a, b y c, 
(Icscriptas en el i)ará¿>rato I de esta parte. 



§ III 



« TOSCAS » 

a) « Tosca » de la base de la bajada de Martínez de Hoz ó La Lobería 
(muestra y corte XY) ^ Esta «tosca» no debe confundirse con las tobas 
de piedra p<>inez de Tenerife llamadas, igualmente, «toscas». Es una 
caliza compacta, basta de grano fino, que contiene en cantidad bastante 
considerable, pequeñas partículas clásticas de origen volcánico; por ejem- 
plo, plagioclasas, augita, anñbol, fragmentos de andesita; estas imrtícu- 
las tienen un grosor hasta de un quinto de milímetro y sus bordes son 
casi siempre semiredondeados, desde luego, sus aristas no son vivas 
sino obtusas. 

h) « Tosca » del gran manto de la bajada de Martínez de Hoz ó La 
Lobería (muestra y corte XVI) -. Como la anterior es una caliza compacta 
pero, al contrario de a es muy rica en material volcánico, como ser, 
pedacitos de plagioclasa, aujita, anfibol, andesita, piedra pómez, etc. 
Presenta el aspecto de una caliza en cuyo foco de formación (lago) se 
hubiera depositado, por efecto del viento ó de una corriente de agua, 
ceniza volcánica. Me parece más probable por efecto del viento que por 
el agua, porque en este viltimo caso i)redominaría tal vez el cuarzo 
(arena) notablemente sobre el material volcánico. Esta roca ijodría, 
también, tener un origen semejante al de las concresiones calcáreas del 
loess (loesshindJ) y entonces contendría muchísimos elementos constitu- 
tivos, igualmente repartidos, de la roca matriz. 

«Strassburg i. E., abril 20 tle 1908. 

' Extraída del lugar 16 (pl. I, ftg. 2). 
* Extraída del lugar 1 (pl. II, fig. 2). 



— 188 



CUAKTA PARTE 



OBSERVACIONES Y CONCLUSIONES GENERALES 



Por FÉLIX F. OUTES 

Secretario del Museo y profesor en la Universidad nacional de La Plata : adscripto honorario 
á la sección de Arqueología del Museo nacional de Buenos Aires 



§1 



UBSERVACIONES GENERALES 

Sólo me resta analizar con brevedad las diversas hipótesis formula- 
das para explicar la naturaleza, origen y por qué de la presencia de 
las «escorias» y «tierras cocidas» en las capas de la serie pampeana. 

1. — « EscofiüH » 

a) El material dificntido corresponde á restos de antiguos fogones, en los 
cuales 2)or efecto del calor, la arcilla se ha fundido (Amegliino, Rotli y 
Lehmann-Nitsclie). 

Como el doctor Herrero Ducloux lie refutado, valiéndose de los da- 
tos analíticos obtenidos, los fundamentos de esta suposición, agregaré, 
simplemente, algunos argumentos complementarios. 

Supóngase teóricamente, ya que en la práctica pasaría siempre 1<) 
contrario, que el fuego de un fogón ubicado en el loess, hubiese fundido 
el material arcilloso que lo rodeaba, compuesto de los mismos elementos 
mineralógicos encontrados por el profesor Biicking, pero sin mezclarlos 
con los restos del combustible vegetal utilizado. Los fenómenos produ- 
cidos poi estí- caso de metamorfismo calorífico se habrían evidenciado en 
las prepaiaciones microscoi^icas ; no existiría la disposición fluidal, se no- 
tarían crista.es romos o imperfectamente fundidos debido á las diversas 
intensidades del foco deficiente de calor, los habría también sin forma 
geométrica definida y, en general, los elementos neogenos de la recris- 
talización corresponderían á formaciones nucrocristalinas, y aun se 
trataría de cristalitas. Por otra parte, para llegar al mencionado 
resultado, teórico como lo he dicho, habría sido menester un fuerte y 
mantenido foco de calor. El doctor Herrero Ducloux en sus ensayos 
pirognósticos, ha constatado que un loess del tipo de los recogidos en 



— 189 — 

^Monte Hermoso y ('1ií1]);u1iii;i1íi1, iiiiidc por ciiciiuii de 1000° C. y se 
rriUistoriiKi en oscoriii entre loOO y l.'JóO^ C en un liorno de niiill;i, vale 
decir, en eondieiones Irancainente favorables. Inoficioso me ]>ai'ece decir 
que un fop>n primiriNo al aire libre, en el sui)uesto de haber existido, 
muy rara vez habría alcanzado á si'mejante tem])eratura que, en el caso 
improbable de producirse quedaría reducida á i)equeños puntos al rojo 
blanco, los que nunca darían la inmensa cantidad de « escorias», que se 
encuentran en ciertos yacimientos. 

Las muestras de los antiguos fogones de Tolosa y de la región com- 
prendida entre el Xancai y Puerto Lauda (provincia de Entre Ríos), 
constituyen un caso especial, nunca una i)rueba positiva, pues se trata 
de arcillas muy ferruginosas, fácilmente fundibles. 

Además, es sabido que el material discutido procede de depósitos geo- 
lógicos antiguos, á veces antiquísimos como Monte Hermoso, en los 
cuales no se luí constatado la existencia de un ser suficientemente inte- 
ligente á quien atribuirlos supuestos fogones. 

h) JEl material di.svutido es el resultado de incendios de bosques^ durante 
los cuales el fuego ha fundido la arcilla del terreno (Eotli). 

Á los argumentos aducidos en contra de esta tesis por el doctor Herrero 
Ducloux, y á algunos de los que acabo de enunciar y que podría repetir 
en el caso, agregaré una observación que he recogido durante mi último 
viaje á Chile. En las provincias de Bio-Bio, Malleco, Cautín, Valdivia y 
Llanquihue, lie tenido ocasión de ver grandes incendios de bosques ó luga- 
res donde se habían producido anteriormente y, á pesar de ser las selvas 
déla Araucania densas en grado sumo, el fuego cundía y pasaba rápida- 
mente, respetando, casi siempre, la base de los grandes troncos. He 
examinado en diversas localidades con especial cuidado, el estado del 
terreno después del incendio y, francamente, no he notado particulari- 
dad alguna digna de mencionarse. 

c) El material discutido es el resultado de incendios ocasionales de 
(iramináceas, ricas en silicatos que, al fundirse, han dejado en lugares 
pantanosos una capa ó estrato (Lehmann-Nitsche). 

El análisis químico ha probado todo lo contrario. 

Es sabido, además, que el material discutido se encuentra indistinta- 
mente envuelto en loess cólico ó en sedimentos de origen palustre ó la- 
custre. Aunque el doctor Herrero Ducloux no se hubiese pronunciado en 
este caso, me bastaría hacer notar que si se tratase de quemazones de pa- 
jonales ó cañaverales, el fenómeno se reproduciría hasta ahora, y las 
nuiestras se las encontraría, con abundancia, en todos los niveles y en 
todas las localidades. 

d) El material discutido es el resultado de incendios intencionales de 
gramináceas, cuyas raices al quemarse en el interior de un terreno arenoso, 
han producido la fusión (Ameghino). 



— 190 — 

El sabio paleontólogo Acei^ta a jyosteri orí la intervención del Tetra- 
prothamo argentimis en la i^roducción de los referidos incendios pero, 
debo preguntar i la mentalidad de ese nuevo representante de la familia 
de los HominidaCj aun imperfectamente conocido y todavía discutido, 
estaría desarrollada lo suficiente para producir un acto deliberado y que 
implica un razonamiento perfecto I De la lectura de la memoria publi- 
bada por el doctor Ameghino sobre el interesante descubrimiento, sólo 
obtengo una respuesta negativa, dado la posición zoológica asignada al 
nuevo género ^ ; fuera de que razoiies de simple buena lógica indicarían, 
también, lo contrario. 

Igualmente admite, sin previo análisis, la existencia en una éjioca 
geológica remotísima (Monte Hermoso) de una graminácea (Gynerium) 
que vive en la actualidad, en un medio físico que, necesariamente, tie- 
ne que ofrecer variantes i^rofundas. 

Por otra parte^ el doctor Herrero Ducloux trae á colación otros ele- 
mentos de prueba que juzgo innecesario repetir. 

é) El material discutido debe considerarse como fragmentos de lavas vol- 
cánicas (Heusser, Claraz, Moreno y Steinmann). 

Entiendo que esta interpretación de los señores Heusser, Claraz, 
Moreno y Steinmann, se ha basado principalmente en el aspecto exte- 
rior del material discutido, ya que el análisis empírico realizado por los 
dos primeros invCvStigadores, no aportaba prueba alguna. 

Eué por ese motivo que el doctor Herrero Ducloux y yo, considera- 
mos imprescindible el estudio microscópico de algunas de las mues- 
tras obtenidas ; el resultado á que se lia llegado no puede ser más satis- 
factorio pues, se ha encontrado en algunos cortes una disposición fran- 
camente fluidal y, en la mayoría, especies mineralógicas que caracteri- 
zan á lavas andesíticas. El doctor Herrero Ducloux ha constatado, 
también, una analogía estrecha entre la composición (piímica de los loess 
y material discutido y las cenizas volcánicas procedentes del Rininahue 
(Chile)^ de la Barbada y de San Vicente (Antillas); y la simple lectura 
de la contribución del doctor Bücking, me trajo el recuerdo, no sólo del 
examen microscópico hecho por Póhlmann, de la ceniza arrojada por el 
Calbuco (Chile) - el año 1893, sino también del estudio de la lava del 
volcán Chillan^ verificado por aquél especialista ^. 

' Amicghixo, Notan preliminares, etc., 206 y siguiente. 

^ Roberto Poehlmann, Estudio microscópico de algunas cenizas volcánicas del Calbu- 
co, provenientes de la erupción, del año 1893, en el artículo Erupción del volcán Calbu- 
co, publicado en los Anales de la Universidad, LXXXV, 208 y siguientes. Santiago, 
1893. 

■^ R. PoEHLMANX, Uhcr dan /(ilschlichcr Weiscr « Lrncit Lava » (jenannle Gestein des 
Valkans von Chillan, en Verhandliinf/en des IJeuischen Wissenschaftlichen Vereines :it 
Santiago (Chile), II, 326 y siguieuti\ Santiago de Cliile, 1893. 



— líU — 

Aunque se trata de al.no elemental, insistiré sobre la estreelia rela- 
ción que existe entre los jíroduetos tinos de i)royeeeión de un volean y 
his lavas. 

Ante la ausencia <le focos volcánicos conocidos pnixinios á las locali- 
dades que lian proporcionado, hasta ahora, muestras del material discu- 
tido, se ha buscado su (u-ioen en los volcanes del lado oriental de los 
Andes '. Se ha dicho, sin embargo, que ello es imposible dado la enor- 
me distancia y no ha dejado de comentarse con cierta amable ironía, la 
suposición del profesor de la Universidad de Bonn. 

Probaré, no obstante, lo contrario. 

En Monte Hermoso, Puerto Belgrano -, Bahía Blanca ^, San Blas \ 
etc., Darwin, Fitz-lioy, Eduardo Aguirre y Carlos Ameghino han 
recogido en la superficie del terreno numerosos fragmentos rodados 
de piedra pómez, lava, etc. ¿Cómo han llegado esos materiales hasta 
aquellos sitios! Á este respecto, conviene transcribir el párrafo que 
resume las observaciones del ilustre Darwin. Numerotis, small, u-ell 
ronnded pehhles of pumices — dice el genial inglés — lie scattered, hofh 
on tlie plain and sand-hiUocl:s : at Monte Hermoso, on the plat sunimit of a 
cUff, Ifound many of them at a heiglit of 120 feet (angular measurement) 
(ihove the Jevel of the sea. These pnmice pehMes, no douht, were originally 
brought doicn from the cordillera hy the rivers which cross the continente 
ín the same way as the River Negro anciently brought down, and still 
hrings doum, pumice, and as the River Chupat brings doten scoriae : ivhen 
once delivered at the mouth of a river they icould naturally have travelled 
along the coasts, and, been cast up, during the elevation of the land, at 
different heights ^ 

El material volcánico, á que se refieren Darwin y Fitz-Eoy y el 
encontrado por Aguirre '' y Carlos Ameghino, no es necesario proceda 

' SteiNiMaxx, Sur les scories, etc., 461 ; Steinmanx, Uber diluvium, etc., 225. El 
distinguido geólogo no deja de creer ]josible el transporte por el aire de los pe- 
queños fragmentos pero, francamente, debo sonreirme en este caso. 

^ EOBEKT FiTZ-RoY, Proceediiigs of the second expeditioii, 1831-1836, en Narrative of 
ihe surveyiiKj royages ofhis magesty's nhips Adventure and Beaglc, II, 108. Loudou 1839. 

' Eduardo Aguirre, Pozos artesianos y provisión de agua en el puerto de Bahía 
Blanca, en Anales de la Sociedad Cientijica Argentina, XXXI, 181. Buenos Aires, 
1891 ; véase, igualmente, la nota 1 de la misma página. 

* FÉLIX F. OUTES, Arqueología de San Blas (provincia de Buenos Aires), en Anales 
del Museo Xacional de Buenos Aires, XVI, 270. Buenos Aires, 1907. 

* Charles Darwix, Geological observations on coral reefs, volcanic islands, and on 
South America, part III, Geological obscrrations on South America, i. London, 1851. 

''' El señor Aguirre cree que los fragmentos de piedra jiómez hallados en los alre- 
dedores de Bahía Blanca, son « parte de aluviones marinos, que tal vez han sido 
arrastrados desde la costa patagónica » (Ibid. 181, nota 1). Es sabido, sin embargo, 
que los tales rodados se encuentran en todo el curso del río Negro. 



— 192 — 

absolutamente todo de los contrafuertes andinos, nada de eso; á 50 
kilómetros al sudoeste de Clioele-Clioel se encuentra — por ejemplo — 
la sierra de Chichinal, formada por inmensos sedimentos detríticos cons- 
tituidos por piedra pómez, en grandes y pequefios fragmentos, cenizas, 
etc. \ Pertenecen á la serie araucana, muclio más antigua que la pam- 
peana, y el río ISTegro, desde tiempo inmemorial, destruye sus flancos, 
llevándose consigo grandes cantidades de aquellos componentes. 

Desde luego, en las primeras épocas de la deposición del pampeano se 
lia verificado un proceso de acarreo idéntico al actual. 

Alguien lia objetado que es imposible el transporte violento de las 
« escorias », debido á su extrema fragilidad -. Es cierto que el material 
discutido se encuentra, lo más de las veces, muy friable pero, algunos 
tipos de «escorias» cuando no están descompuestos ofrecen, general- 
mente, una gran tenacidad. Los rodados que acarrean los ríos en nues- 
tra época lo demuestran, y recuerdo que los ejemplares de San Blas que 
he tenido entre uiis manos, eran durísimos. 

Se ha creído, igualmente, que la presencia de restos vegetales ó hue- 
cesillos imperfectamente quemados, dentro de las « escorias » de Monte 
Hermoso, demostrarían hasta la evidencia que no se trata de productos 
volcánicos '\ Para refutar este argumento, me bastaría citar un sólo 
ejemplo ; el del trass que se encuentra con tanta abundancia en la margen 
izquierda del Rliin, conglomerado pumicio formado por cenizas, frag- 
mentos de lavas, etc., y que aun conserva- troncos de árboles carboniza- 
dos. Sin embargo, voy á presentar observaciones aun más demostrativas. 
Durante la última erupción del Vesuvio en abril de 1906, las grandes 
coulées de lava que llegaron hasta Boscotrecase, atravesaron espacios 
amplios de terrenos boscosos é invadieron el interior de muchas habita- 
ciones. En el primer caso, los árboles fueron apenas carhonisés a lenr 
hase, au niveaude V écorce, proteges ixir une crouie continúe , qui s'était 7^aj)i- 
dementfigée a letir contact ^ ; y en el interior de las casas, la combustión 
de los diferentes objetos y construcciones de madera se hacía lentamente 
y no con la rapidez que podría suponerse dado la incandescencia de las 
coiilées. Desde luego, la presencia de pequeños fragmentos de vegeta- 

> Adolfo Doering, Geología, en Informe de la comisión científica agregada al Estado 
Mayor general de la expedición al Río Negro (Patagonia), 516 y siguientes. Buenos Aires, 
1881. 

* Lkhmann-Nitsche, Nouvelles, etc., 464. 

' Ameghino, A"o¿«8 preíimííiares, etc., 106, nota 5. 

^ A. Lachoix, Ueruptiondu Véstive en avril, 1906, en lierue genérale de Sciences purés 
et appliquées, 17'^ année, 889. Paris. 1906. Para darse cuenta del efecto de las coulées 
<le lava en los árboles, véase, igualmente : Ventukino Sabatini, La dernicre érup- 
tion du Vésuve, en Congrés géologique International. Compte-Rendu de la A'" session, 
México 1906, II, 1124, figura 18. México, 1907. 



— 193 — 

les, etc., imperfectamente quemados, eji el iiiteiioi- de las «escorias» de 
Monte Hermoso, se explicaría, sin violencia alguna, dado el fenómeno á 
que me he referido anteriormente, que tiene por causa la débil conduc- 
tibilidad calorífica de la lava, cuyas corrientes, en los casos de derrames 
muy fluidos, ofrecen la ])articularidad que algunos especialistas llaman 
IHocl--SchoncnI((rt(, es decir uiui su])cr(icie send)rada de fragmentos de 
«escoria» formada durante el rápido enfriamiento de aquélla, que cons- 
tituye una capa aisladora, y en la cual pueden quedar aprisionados y 
ligeramente dafwdos, no sólo pedazos de troncos, cortezas, etc., sino 
también huesos de mamíferos. 

Como lo he dicho en párrafos anteriores, el doctor Bücking ha encon- 
trado en algunas muestras una disposición evidentemente fluidal. Bien, 
l)ues; este detalle, de suma importancia, corresponde á un estado de la 
roca en el cual el magma permanecía aún fluido y los cristales ya exis- 
tían y se ordenaban en la dirección que seguía la coulée. Podría objetár- 
seme que en otras preparaciones no se ha señalado la disposición referi- 
da. Ello no importa, pues el estado físico del magma de un mismo volcán 
puede ofrecer variaciones múltiples que dependen, según Lacroix, de la 
temperatura, de la abundancia de productos volátiles, de la cantidad de 
materia derramada, etc.; en una palabra, una emisión puede aproximarse 
á un tipo hawaiense (Friedlander y Aguilar) y ofrecer faces mucho menos 
fluidas, que se deslizan lentamente \ 

En cuanto á la ligera coloración roja que ofrecen algunas muestras del 
material discutido, el doctor Herrero Ducloux ha demostrado se trata 
de un i^'oceso de oxidación ; observado ya por Fouqué en lavas de Balos 
(Santorin), y que el ilustre sabio atribuía á una flna capa de ceniza 
depositada sobre la superficie aun viscosa '■. 

2. — « Tierras cocidas » 

a) El material discutido corresponde á restos de antiguos fogones, en los 
cuales por efecto del calor, la arcilla se ha cocido (Ameghino y Lehmann- 
ííitsche). 

El hallazgo de muestras del material discutido que presentan la par- 
ticularidad interesantísima de ofrecer diferentes faces de su transforma- 
ción, es decir, desde la estructura puramente celular de la « escoria » 
grisácea, hasta la compacta de la « tierra cocida » ; su composición quí- 

' Conviene enterarse de las recientes observaciones de Lacroix (Ibid, 881 y siguien- 
tes), especialmente su última publicación : Étuüe minéralogique des produits silieatés 
de Véruption du Vésuve (avril 1906), en Nouvelles Archives dii Muséum dUIistoire Natu- 
relle (quatriéme serie), IX, 16 y siguientes. Paris, 1907. 

^ F. Fouqué, Santorin et ses éruptivus, 279. Paris, 1879. 

REV. MUSEO LA PLATA. — T. 11. (IX, 7, 1008.) 13 



— 194 — 

mica semejante y el examen microscópico que lia señalado elementos mi- 
neralógicos comunes, indican nna estrecha relación entre ambos produc- 
tos. Además, se les encuentra juntos en los mismos yacimientos, lo mis- 
mo en las capas más superiores como en los niveles de Monte Hermoso, 
y en algunas localidades, como en Alvear, forma la « tierra cocida » un 
gran banco; todo esto, excluye la idea de que pueda tratarse de antiguos 
fogones, suposición que podría refutar repitiendo los argumentos que 
he presentado al ocuparme de las « escorias » ó reproduciendo los datos 
referentes á las condiciones en que fueron hechos los hallazgos. 

h) El material discutido debe considerarse como fra(jmentos de alfarería 
(Roth). 

Se ha dicho que las « tierras cocidas » halladas en la serie pampeana 
son fragmentos de alfarería (Toppsclierhen). En obsequio á la brevedad, 
prefiero no refutar esta suposición que no soporta el más ligero análisis. 

c) El material discutido debe considerarse como lavas compactas de ca- 
rácter andesitico (Steinnmnn). 

La breve diagnosis del estudio del doct(U' Bücking, me obliga á dese- 
char la clasificación del doctor Steinmann. Se trata, en cambio, de rocas 
de estructura clástica y pelítica que no tengo ambajes en considerar 
como tobas. En el caso de las muestras de Chapadmalal, quizá se trate 
de tobas andesíticas; en cuanto al material de Alvear, son insuficiente 
los datos que trae la contribución del distinguido petrógrafo de Estras- 
burgo. Sin embargo, considero interesantísimo á ese yacimiento, digno 
de un estudio especial y de un examen cuidadoso del terreno y sus alre- 
dedores, pues me han llamado mucho la atención las siguientes observa- 
ciones de Adolfo Doering. Dice el especialista nombrado lo siguiente : 
La base de la formation pampéenne inférieure tant a Córdoba que dans d^au- 
tres régions comme Rosario et autres, est formée d'imlit dur , solide et assez 
compacte de « tosca » sous-stratifiée, produit de la décomposition dhme 
conche de cendre volcanique calcaire d'égale épaisseur. Nous Varons consi- 
dérée pour le moment comme conclie limitroplie entre laformation pam- 
péenne et la formation araucanienne suivante. Mais il reste (( savoir si 
cette conche caractéristique a réellement dans la región pampéenne la gran- 
de étendue qii'on luí suppose suivant des observations antérieures, et si elle 
correspond dans toutcs ses partí es au méme horizon synchronique. Elle est 
hahituellement d'une couleur jaune noirátre ; mais dans la vallée du río 
Primero^ au bord de la ¡Sierra de Córdoba^ sa couleur devient rougeatre, 
par le mélange de produits spongieux chargés de latérite y prorenant des 
gres rouges du pied de la montagne. Les conches inférieures que Von peut 
rapporter en partie aux formations tertiaire plus ancienne, ou secondaire 
plus récente, prennent en general dans la direction de la plaine a la mon- 
tagne, une coloration rouge de plus en plus intense, jusqn'a ce qu'enjin 
elles deviennent des argiles, des gres et des tufs mélés de latérite et d'une 



— 1!).-) — 

eoiitciir I>ri(¡i((' prouonvv, nu-dvssous <lvs(¡uc¡>i on disiiniiuc un eouf/loiiK'ral 
de conleiir roiige-bnoi obsciir, solidement silijié, dans une ponitioii qui s'e- 
loífliie rclatircmoit peu de Vhorizontale, et cimenté aux f/neifis e.seatyés dn 
pied de Ja moníayne. 

La niatiere colorante fondamentale de ees conches rour/es de gres et de 
mame, parait ctre, comme je Vai deja dit, la ¡atértte, espéce d- argüe ferru- 
gineuse, hahiiueUemcnt d'un rouge briquc vif^pour laforniationde laqnelle 
on snppose avec r ai son Vexístence d'un climat tropicale. Mais si Fon admet 
arec O. Lenz ^ que la late rite tropicale est une forme de la limonite,je dois 
remarqner a cela que, suiímnt mes anah/ses, comme je le montrerai dans 
un travail postérieur, la suhstance constituante de la latórite sud-américai- 
ne est une argile ferrugineuse hisilicatée, étendue d'eati et bien définie ; 
cette espcce d' argile répond en general d la formule de la haloisit et, comme 
tous les seis basiques dcfer est d'une couleur prononcée, tandis que les argües 
du loess et les glaises qui se forment, sous les conditions cUmatériques ac- 
tuelles dans les couch^s plus recentes de la formation pampéenne et dont la 
couleur est presque toujours d' autant plus claire que leur age géologique est 
plus récent, répondent hahituellement a un trisilicate neutre étendue d'eau, 
melé a des combinaisons de nature zéolitMqne, qui, généralement en leur 
qualité de combinaisons neutres ou saturées d' acides de silicium, sont d'une 
couleur claire souvent presque blancJiátre ; malgré cela, leur eontenu 
d'oxyde defer est aussi elevé que celui de la latérite. L'étude de ees silica- 
tes argileux est important pour la parallélisation des divers Jiorizons. 

Maintenant, en ce qui regarde les gres et conglomérats rouges de le Sierra 
de Córdoba, il resulte de leur pos ition dans la partie nord de la Sierra Chica 
que leur élément constituant principal doit étre rapporté aux masses lavi- 
ques, lapillis et tufs primitifs des volcans melaphyriqíies, et que, par 
conséquent, Vabsence mystérieusc de toute espece defossiles dans ees mémes 
conches n'a pas lieu de nous surprendre. Ces melaphyres appartienent 
évidemment ¿i une époque géologique beaucoup plus récente que les 
paléogranits typiques primitifs, comme Vindiquait aussi leur strueture 
micro-cristalline comparée a la strueture absolument macro-cristalline 
des paléo-granits. De méme la strueture orographique plus récente de 
leurs cónes d'éruption, comparées aux formes arrondies et dénudées des 
anciens centres paléo-granitiques,frapp)e spécialement Vattention; de plus, 
(\ Vappui de la méme thcse, rient encoré s'ajouter la circonstance en vertu 
de laquelle, au moins dans les parties étudiées de la Sierra, le mouvement 
ascensionnel posté rieur, ou élévation d,u niveau de le montagne n'a fait, 
relativement ¿c son étendu que des progres insignijiants. 

Les éruptions des ces masses melaphyriques,que Vonpeut attribuer peut- 

' O Lkxz, Chemischc analyses cines Laterit-Eisensteins atis TVestafrika, en Verhand- 
Jungen der KaiserUch-Konigliclien geologiseJien Beichstanstalt , 1878, p. 851. 



— 196 — 

étre a Fépoque seco7idaíre^ font habituellement saillie sur la couture ou 
(turface de contact entre les paleo-granites et les roches de sédiments cris- 
talUnes primitives, et dans le voisinage des ees anciens volcans, F Uritorco, 
par exemple^ elles recouvrent tres souvent encoré aujoiird'hni^ arec des 
cauches de stratijication presque horizontales^ les plus hautes élévations des 
bañes de gneiss presque perpendiculaires, restes des lits de ees masses an- 
ciennes de tuf rouge, semhlahles a d'énormes honnets phrygiens. Un endiir- 
cissement et une silification intensive, deja depuis longtemps termines, les a 
préservées de le denudatiotí progressive. Mais les conches gypseuses in- 
tercalées aux masses de tuf rouge prouvent la gran analogic des éléments 
chimiques et minéralogiques de ees éruptions volcaniques d'époqnes géologi- 
ques antérieures avec les produits néo-volcaniqíies de sédimentation posté- 
rieures qui s'étendent jusqu'á la formation pampéen7ie la plns récente ^. 

Considero de suina importancia á las anteriores observaciones de 
Doering y, por ello, no he titnbeado en transcribirlas in extenso. Quizá 
un estudio microscópico detenido, un examen químico complementario y 
una exjíloración cuidadosa del terreno, demuestren que el material que 
constituye el banco de Alvear lia pasado por un proceso de transforma 
ción parecido al que Im constatado Doering en los mantos de « tosca » 
del pampeano inferior de Córdoba ; y que constituye, en la actualidad, 
los restos de un extenso manto destruido por los agentes erosivos. 

Por lo demás, la iiresencia de fragmentos de tobas eruptivas en la 
serie liampeana, se explica fácilmente haciendo intervenir los mismos 
factores que, como lo he manifestado, han acarreado las « escorias ». El 
ejemplo que he dado del río Negro y que, en este caso podría repetirse 
pues la sierra de Chichinal, por ejemplO;, está constituida también por 
grandes mantos tobáceos -, puede hacerse extensivo á otros cursos de 
agua que han arrastrado materiales volcánicos de diversas clases, pro- 
cedentes de la cordillera andina ó de otras formaciones locales^ superfi- 
ciales ó profundas que encontraban á su paso. Indudablemente deben 
de haber intervenido otros agentes naturales ; las inundaciones por 
ejemplo, que han depositado á diferentes niveles los materiales más li- 
vianos. 



' DOEKIXG, La formation pampéenne, etc., 180 y siguientes. 

- Doering, Geología, etc., 516 y siguiente; véanse, igualmente las ligeras obser- 
vaciones contenidas en el estudio de S. Rotli : Apuntes sobre la geología y la paleon- 
tología de los territorios del Río Negro y Neuquen. en Eerista del Museo de La Plata, IX, 
148 y siguiente. La Plata, 1899. 



— 197 



§ II 



CONCLUSIONES GENERALES 



1*^ Los materiales escoriáceos de estructura celular, extraídos de 
Monte Hermoso y otros yacimientos, son escorias de lavas andesíticas. 

2^ Los materiales compactos, rojos, pardos ó grisáceos considerados 
hasta ahora como « tierras cocidas » son, en su mayoría, tobas erup- 
tivas. 

3^ Por no juzgar suficiente á los elementos de criterio que i)Oseo, re- 
servo mi opinión sobre la clasificación de las muestras de Alvear (pro- 
vincia de Santa Fe) ; pero no tengo ambajes en declarar que, en ningún 
caso, deben considerarse como restos de un antiguo fogón atribuíble al 
hombre cuaternario, ni como vestigios dejados por el hombre actual. 

En el Museo de La Plata, junio 26 de 1908. 



LONGICORNIOS ARGENTINOS 

NUEVOS Ó POCO CONOCIDOS 
Descriptos pok CARLOS BRUCH 

Jefe (le la sección de Zoología del Museo de La Plata 



Ocupado desde hace tiempo con la clasificación de los longicornios 
argentinos, frecuentemente me encontré con dificultades originadas 
sobre todo por el estudio relativamente limitado que se ha hecho de 
nuestra fauna coleopterológica en general. Por otro lado, la carencia 
del material bibliográfico y comparativo me obligó á menudo á consultar 
á mis colegas especialistas; debo en primer lugar agradecer al señor 
E. Gounelle i)or su amable ayuda, al determinar buena i)arte de mis 
cerambícidos y haber cooperado también con sus valiosas indicaciones 
al presente trabajo. 



Geu. AIVOPLODERMA Guér. 

Gnérin, Eevuc de Zoolog. p. 276, 1840. 

Subgen. MYSTEEIA (Thoms.) 

Thomson, Essai Classif. Loufjic, p. 278, 1860; Lameere, licris. Prlonidea, Ann. Soc. 

Ent. Behj., p. 209. 1902. 
= Prioniditim Burm. Stett. Ent. Zeit., p. 159, 1865. 

De las cuatro esj^ecies que conocemos hasta ahora del subg. Myste- 
ria, ninguna había sido señalada de la Eepiiblica Argentina ; M. Dar- 
wini y Schroderi Lam. fueron citadas del Brasil, üf. cylmdripenne Thoms. 
y Lacordairei Lam. de Montevideo. Estas dos últimas especies pertene- 



— 199 — 

cen también á unostia launa, á las cuales podemos a<>Tegar una ter- 
cera, aun no descripta y sin duda la más curiosa de todas. 

Por sus iu)tables caracteres : la forma de las mandíbulas^ de las antenas 
sobre todo, y la estrnctura de los élitros, creo que es necesario establecer 
un subgénero nuevo, para el cual propongo el nombre Eumysteria, que 
se colocaría después del subg. Mysteria, puesto que á éste corres])onden 
los demás caracteres de los ejemplares que tengo á la vista. 



A. (Eumysteria) flabellifera u. sp. 

Magna, tota obscure rnfo-testacea, nitidula. 3Iandibulae productae, 

horizontales ; dente magno 

triangulari in sinu antero- 

exteriore, margine interno 

bidentato. Palporum omnium 

articulus terminal is snbconi- 

cus ; maxillarium articulus 

secundus sequentium longi- 
tud i nem totam aequans; la- 

bialium articulus secundus 

quam tercium longior. 
Antciinarum articuli tertius- 

decimus jlahello ornati, arti- 
culo undécimo flabelliforme; 

articuli omnes, primo secun- 

doque exceptis, opaci, pori- 

feri. 
Elytra coriácea, quadricostata; 

superficie ruguloso punctu- 

lata. 
Metathorax atque episternum 

dense punctulati, rufo-puhescenti. Pedes inaequales, posteriores 

quam anteriores longiores. 
Long. 30-33 ; lat. lium. S-9 mm. 

Longicornio del tamaño de M. Daru-ini Lam., enteramente de un rufo 
testáceo obscuro, subnítido. 

Las mandíbulas son prominentes, horizontales ; tienen en el ángulo 
antero-externo un diente fuerte, triangular, el borde interno bidentado ; 
en su parte anterior son negras, lisas, y en la posterior por encima con- 
vexas, y llevan puntos setígeros. 

Los palpos son largos, el artículo terminal subcónico ; artículo segundo 
de los maxilares tan largo como los dos siguientes juntos, ligeramente 




(Eumysteria) fiahellifera Beuch 




— 200 — 

arqueado; artículo segundo de los labiales la mitad más largo que el ar- 
tículo terminal. La cabeza presenta todos los caracteres típicos del género 
Mysteria : el labro soldado con el epistoma avanza en 
triángulo agudo, la frente cóncava, con puntos gruesos 
y línea mediana longitudinal, impresa ; está bastante 
encogida detrás de los ojos, éstos son contiguos en la 
cara inferior, por encima un poco inenos separados 
que en M. cylindripenne. 

Los artículos tercero al décimo de las antenas están 

Mandíbula provistos dc uu flabclo, siendo éste gradualmente alar- 

de K. flabelhfera ^ " ^ 

gado hacia la extremidad, el artículo undécimo está 
formado por un solo flabelo, que es aún algo más largo que el precedente 
y recortado en la punta. El primero y segundo artículo son nítidos, 
tienen algunos puntos i)ilíferos; el artículo tercero es más largo que los 
siguientes, y todos son, incluso los flabelos, opacos, debido á su estruc- 
tura fina, porífera. 

El pronoto es hexagonal, como el de M. cylindripenne^ pero un poco 
menos estrechado en los costados después del ángulo lateral; por encima 
es irregularmente puntuado, transversalmente impreso cerca del borde 
posterior, el cual es algo bi sinuoso y como el anterior provisto de pelos 
flavescentes que se extienden desde aquél, por la región escutelar. El 
escudete es ligeramente cóncavo, puntuado. 

Los élitros de aspecto coriáceo, tienen puntitos impresos, disemina- 
dos por la superficie rugulosa. Además del borde sutural elevado^ cada 
élitro tiene cuatro costillas longitudinales, de las cuales la interna y la 
externa se pierden hacia el ápice, donde se juntan la segunda y tercera 
costillas y ésta á su vez es convergente con la externa en la región hu- 
meral. 

El tórax es como en las otras especies, pero más puntuado y cubierto 
sobre todo en el episterno del metatórax de pelos rufos. El abdomen es 
lustroso, tiene puntos pilíferos diseminados. 

Las patas intermedias son un poco más y las posteriores mucho más 
largas que las anteriores. En las patas anteriores, el primer artículo tar- 
sal es una cuarta parte más largo que el segundo, el tercero igual al 
precedente ; estos dos artículos están provistos en la planta de un 
cepillo fino y denso, el que existe también en la extremidad del i)rimer 
artículo. Los tarsos de las patas intermedias y posteriores son iguales 
entre sí: el primer artículo es una tercera parte más largo que el segun- 
do y éste una cuarta parte más que el tercero ; los cepillos de las patas 
intermedias están surcados por una línea mediana glabra, la cual existe 
también en las posteriores, pero están allí substituidos por setas cortas. 
El artículo tercero de todos los tarsos es escotado adelante, dejando el 
artículo cuarto bien descubierto. 



201 



Procede de Suiíclio Colorado, inoviiuia de Santiajío del Estero, marzo 
de 1908, donde el doctor Santiag'o Rotli ha teiiid<> la siicite de cajíturar 
tres ejemplares atraídos á la luz de la linterna. 

A. (Mystei'ia) oyliiirlripeuiK; (Tiioms.) Lam. 

Mysteria cylindripenne Tlioms. Essai Classif. Longic, p. 211, l!t02; Laiiiceri', Itevin. 

des Prionides. Jim. Soc. Eiit. Belg., p. 160, 1902. 
=^ Prionidiitm mollr Hiinn. Stctt., Ent. Zcit., p. 160, 1SÜ5. 

Xo parece tan raro en las provincias del Xorte; he coleccionado dos 
ejemplares de noche á la hiz en el Garrapatal, cerca de San Pedro de 

Jujuy en septiembre de 1004. Mi amigo, 
señor A. Aula, ha conseguido bastantes 
en la misma circunstancia en el Chaco 
santafecino «La Gallareta», durante el 
verano de 1900. Las descripciones que 
dieron Thomson y Burmeister permi- 
ten íácil mente reconocer esta especie. 





1 2 3 

Palpos y pronotos. 1, Eum. flahellifera ; 2, M. cylimlfipenne ; 3, M. Lacordairei 

Adjunto los contornos exactos de los palpos y pronotos de las tres 
especies que conozco, para que puedan servir de comparación. 

A. (Mysteria) Lacordairei Lam., 1. c, p. 212, 1902. 

Mysteria iiov. sp. Lacord., gen., VIII, p. 26, nota, 1869. 
M. cylindr'qyeiinis Lacord. gen. Atlas, pl. 81, fig. 2. 



El Único ejemplar que poseo en mi colección y que obtuve de mi amigo 
Aula (La Gallareta, 1900), pertenece sin duda á la especie citada. El in- 
secto, también de 15 milímetros de largo, es en todas sus formas más 
grueso que 2Í. cylindripenne, de color negro moreno con los apéndices y 
parte inferior del cuerpo más rufos. Los palpos son espesos, el artículo 
terminal hinchado en el medio. Las antenas, mutiladas en el ejemplar 
tíi^ico, serían según Lacordaire más largas, delgadas y menos dentelladas 
como en la esjiecie precedente; en mi ejemplar sucede todo lo contrario : 



— 202 — 

éstas son más cortas, más espesas y no visiblemente menos dentelladas ; 
además el primer artículo es muy corto, grueso, subovalar y no arqueado. 
La cabeza es groseramente puntuada, algo globosa, los ojos bastante 
distantes en la cara inferior. 

En cuanto al pronoto, sus contornos son completamente iguales á los 
de M. cylindripenne ; en cambio la puntuación es algo más gruesa y se 
perciben dos líneas longitudinales irregulares de cicatrices cerca de sus 
costados. Mi ejemplar tiene también los élitros más cortos en relación 
de su anchura. Las patas son más espesas ; en los tarsos no encuentro 
netamente una diferencia notable con ilf. cylindripenne, la planta en los 
artículos primero y tercero es como en las otras dos especies, provista 
del ceiíillo de pelillos esponjosos. 



HAI.YCIDOCRIUS Behg. 

Berg". Inf. oficial. Com. Cient. Expd. Bío Xe(iro (Patagouia). Ins., p. 106, 1881. 
Philippii Berf/, 1. c, p. 107, laiu, II, fig. 17. 

var. Schulzi u. var. 



TotHsfiisco-ferrugineuSynih- 
opacus, parte inferapaUi- 
diora; elytrorum parte 
dimidia postica nigra. 

Los tres ejemplares encontra- 
dos por el señor F. Scliulz cerca 
de la ciudad de Córdoba, por su 
color uniforme fusco-ferrugíneo, 
])odemos considerarlos como va- 
riedad bien definida del H. 
Pliilippii Berg'. En vista del 
dibujo deficiente que había dado 
este autor, y la omisión de 
algunos caracteres que no podía 
ver en el ejemplar típico bas- 
tante mutilado, creo oportuno i)resentar la figura y algunos detalles de 
la variedad de este interesante longicornio. 

La puntuación sobre la cabeza y el proiioto es esparcida apenas per- 
cei)tible, un poco más marcada en sus costados y sobre el mentón. El 
clipeo es excavado, la frente algo impresa, con una línea mediana que 
se pierde hacia el vértice. Las mandíbulas son obscuras, rufas, tienen 




Halycidocrhis rinlippHUiíVg var. Sclmlz 



— 208 




pocos puntos gruesos inii>iosos. Los palpos maxilares tienen los artícu- 
los subcóuicos, oblicuamente truncados; los labiales son subiguales, l<»s 
artículos l)asales más cilindricos. Las ante- 
nas tienen también i)untos imi)resos, nuís 
marcados en los artículos básales, donde 
su color es más obscuro rufo. Los tlabe- 
los están fornuulos como en el ejemi»lar 
típico. 

El pronoto es variable en los tres ejem- 
plares que pude examinar; en uno de ellos, ^'"''"'" ''" ^^«'."c¿./oc,«<s 
su borde anterior es ligeramente escotado, paralelo con el posterior y 
no tiene este último la sinuosidad cpie se o))serva 
en los otros ejemplares; también los ángulos son 
bastante redondeados, la línea mediana muy des- 
vanecida en los tres. Los élitros de estructura como 
en H. Phüippii, son negros, atercioi^elados en su mitad 
posterior. 

Tanto las tibias como los tarsos de las patas pos- 
teriores son lateralmente comprimidos, aquéllas son 
mucho más largas que las patas anteriores é inter- 
medias. 

He tenido ocasión de ver tres ejemplares más de 
este longicornio (1, col. G. Günther, Bahía Blanca; 
2, col. Museo de Buenos Aires, Pampa Central), que 
difieren algo del tipo, por tener en sus élitros una 
mancha negra apical algo extendida por la sutura y 
por la margen externa; uno de ellos tiene las antenas 
ferrugíneas, con los artículos básales obscuros. En su 
tamaño todos los ejennilares son variables entre 18 y 27 milímetros de 
largo. 




Patas aiit. y poster. 
(tarsos) 



ACHKYSOIV Serv. 
Serville, Jim. Soc. Ent. France, p. 572, 1833. 

unicolor u. sp. 

Atro-fmcus, elytrís minute punctiilatis^ palUdo-puhescentihus, ápice 
inermihus. 
Long. 12-15; lat. hum. 3-4. mm. 



Semejante al A. surinam^im liinn.', fusco obscuro casi negruzco, abdo- 
men, antenas y patas ajíenas más fulvas ; todo cubierto de una pubescencia 



— 204 — 

pálida, fina y apretada; élitros inermes en el ápice. La cabeza grosera- 
mente puntuada, entre los ojos poco transversalmente impresa, el vértice 
bastante hinchado. El pronoto es tan ancho como largo, más corto y globoso 
en la hembra, distintamente puntuado, pubescente; los puntos sobre el 
disco son subruguloso-impresos, en los costados elevados, nítidos y pilí- 
feros; el prosterno es transversalmente estriado. La puntuación sobre 
los élitros es aún más fina que en A. mirinamum, apenas más marcada en 
la liarte anterior, los pelillos son acostados y dispuestos casi en líneas 
regulares. Parte inferior del cuerpo más finamente puntuada y pubes- 
cente. 

Provincia de Córdoba, Chaco santafecino y Misiones. 



CiXOMIDOLOIV Thoms. 
Thouisou, Syst. Ccrarnbyüld., p. 219, 1864. 



Brethesi n. sp. 

Rufo-ferrugineum, nitidissimum , pronotnm, marf/ine antico excepto^ 
elytrorum fascia upicali, ahdominis segmentis primo secundoque, 

femorihus posticis, eorum basi 
excepta^ nigris; elytrorum fm- 
ciajiava quam nigra angunfiore 
nec non dHohns jxoictis anterio- 
ribua concoloribus limitata. An- 
tennarum articuU tertius-sextus 
palide liirsuti, carinati, articuli 
septinms-undecimus tenuiter pu- 
hescenti, earinis in articuli s 
terminaUhus evanidis. Elytra 
punetulüta, punctis suhscriatis, 
anticis magis imprc.s.si.s^ sutura 
m arginihusqtie impressis. 
Long. 7-9 ; lat. hum. 1,8 mm. 

Coleóptero esbelto, muy brillante, 
de color rubro-ferrugíneo. El pronoto, 
excepto su margen anterior, la faja 
preapical de los élitros, el primero y segundo segmentos abdominales y 
los fémures exceptuando su base, son de un negro i)uro ; la faja elitral 
está limitada anteriormente por otra estrecha flava, delante de ésta hay 
dos puntos del mismo color. 




Gnoinidolon lirethesi Bruch 



— 205 — 

La fronte tiene entre los tnbereulosnntenales, aljíunos jíruesos ]»unt(>s 
y (los líneas contiguas y longitudinales impresas; dos surcos débiles, 
divergentes liaeia atrás, llegan hasta el borde posterior de los ojos. Por 
encima, la cabe/a es bastante convexa, casi lisa . la puntuación más 
gruesa en las mejillas, donde tiene 4 á 5 setas erizadas ; el cuello es 
algo encogido, fino, transversalmente estriado. 

Las antenas, mucho más largas que el cuerpo, tienen el jtrimer artículo 
alargado, bastante encorvado y como el segundo linanu>nte i)untua(lo; 
los artículos o á (> son fuertemente carenados en toda su circunferencia, 
provistos en la parte inferior de setas largas, pálidas, más abundantes en 
los artículos anteriores; los artículos 7 á 11 con pubescencia tenue, apre- 
tada, sólo en la terminación de cada artejo unas cuantas setas, las care- 
nas débiles y com])letamente desvanecidas en los artículos terminales. 

El pronoto es dos veces más largo que ancho, posteriormente más 
estrecho, fuertemente levantado hacia adelante, en su primer tercio 
inclinado, en la base fuertemente estrangulado. Su margen anterior es 
rufo-ferruginoso, oblicuamente ensanchado hacia la parte inferior; el 
resto es de un negro puro, muy lustroso; hay algunas setas blanquizcas 
aisladas; los costados y el prosterno están i)untuados. 

El escudete es subcircular, revestido de pelillos blanquizcos. Los éli- 
tros son la mitad más anchos que el pronoto y tres veces más largos que 
anchos, en el ápice estrechados y escotados, el ángTilo interno y la espi- 
na externa agudos. Ellos sonde color ferrugíneo, más rubros en la base; 
la faja negra preapical es ancha y se extiende más ó menos en la se- 
gunda mitad de los élitros. Los puntos impresos están dispuestos más ó 
menos en hileras regulares y más pronunciados en la región basal, donde 
los élitros están algo hendidos á ambos lados de la sutura; se observan 
también algunas series ralas de setas pálidas. 

El metasterno es rubro-ferrugíneo, tiene puntos disijersos y la pubes- 
cencia cana, muy diminuta en los costados. Abdomen glabro, del mismo 
color, con los dos primeros segmentos negros. 

Las patas son también ferrugíneas, largamente setígeras; los fémures 
moderadamente hinchados, los posteriores aun algo más delgados, sobre- 
pasan apenas á los élitros, son negros, excepto su base, y terminan en el 
lado externo en una espina aguda. 

Provincia de Tucumán, 12, II, 1906 ; gobernación del Chaco, 10, VIII, 
1895. 

Los ejemplares del Chaco fueron coleccionados por el señor S. Ventu- 
ri ; son más pequeños, de color más pálido que el ejemplar típico de Tu- 
cumán, el cual me fué comunicado i)or el señor L. Dinelli. 

Me es grato dedicar esta bonita especie á mi colega y amigo, señor J. 
Bréthes, á quien la entomología argentina debe numerosos trabajos. 



— 206 — 

CYCIVIDOLOiM TiioMS. 
Thoiiisoii, Syst. Ceranihycid., p. 217, 1864. 



Govinellei u. sp. 

Rtifo-castaneum, subnitcnH, totnm hirsntum, atqne elytrorum, dimidio 
antico excepto, dense temdtcr a dp res.se Jiavo-jmhescens. 

Antennarum articulus tertins 
priiKO duplo Jongior, hasi 
pednnenlatns, ín latere inter- 
no carinatus, parte infera 
liirsutus ; articuU euartus 
scxtusqne sursuní et deorsum 
carinati, qnam praecedentcs 
mi ñus hispid i. 
Pronotuiíi suhci/h'jidraecum, tri- 
tuhercuJatu»!. Uli/trorum di- 
midiuní anticum suhglahrum, 
nitens, maculis dMabns ma- 
juscuUs ehnrneis exornatum ; 
ángulo apicali interno ohttiso, 
spina externa minuta. 
Pedes crassi, femorihus ante- 
rior ihus et mediis sat tumi- 
disy posteriorihiis graciliori- 
hus, quam elytras hreviorihus. Tihiae ntrinque carinataej ápice 
hispinosae. 
Long". 9; lat lium. 1,9 mm. 

De un color rufo-castaüo, subnítido, todo hirsuto, y cubierto, nieuos 
la. mitad anterior de los élitros de una pubescencia flava, muy tenue y 
apretada. 

La cabeza es corta, subglobosa, por encima muy finamente granulada. 
Las antenas tienen los primeros artículos más obscuros que los siguien- 
tes el artículo primero en la base largamente, pero poco profundamente 
excavado, atrás bastante engrosado y, como el segundo, muy finamente 
puntuado; el artículo tercero es doble más largo que el primero, en la 
base pedunculado y en el lado externo carenado, su parte inferior 
hirsuta; artículos 4 á G superior é inferiormente carenados, meiios 
velludos. 

Pronoto subcilíndrico, en ambas extremidades anchamente, pero poco 




Cyciddolon Gounellei Bruch 



— 207 — 

enooo'ido, por eiicinuí (lituln'rciiIiHlo : t iilicrciilos ('('miícos, coiit i^uos, dis- 
puestos en línea transversa, el mediano situado al^o más atrás. 

Escudete subeircular. ])ul)es('ente. Los élitros son en su mitad ante- 
rior siibglabros, brillantes, por encima plan<>s, adornados de dos man- 
chas grandes ebúrneas redondeadas, que se extienden por el borde ex- 
terno; ellos son convexos en la parte posterior, más claros, setáceos, 
tienen imntos impresos setígeros, el ángulo ai)ical interno redondeado, 
subrectangular, la espina externa pequeña. 

El cuerpo es por debajo impuntuado, el abdomen de color castaño, lus- 
troso y menos pubescente. 

Las patas son velludas, los fémures inermes; los fémures anteriores y 
medianos fuertemente hinchados, en el lado externo algo comprimidos; 
los posteriores más delgados, no alcanzan ala extremidad de los élitros; 
tibias inferior y exteriormente carenadas, en el ápice biespinosas. 

Provincia de Tucumán, Tafí Viejo, II, 190G. 

El señor Dinelli me comunicó un solo ejemplar de esta nueva especie, 
que se distingue de sus congénes, por las manchas grandes ebúrneas 
de sus élitros. Me es grato dedicarla á mi apreciable colega señor Gou- 
nelle, quien me manifestó poseer también un ejemplar de la misma loca- 
lidad, que coleccionó don Pablo Girard. 



C0MP80CERUS Serv. 
Serville, Ann. Soc. Ent. Fraiiee, pág. 62, 1834:. 

COMPSOCEEIDIUS n. subgen. 

Gapiif breve snlxilohosum , froiiH ohliqua. 

Feminae aniennae corpus aequanten ; arficuU 2-5 conici ; articulus 
6" penicillum pilorum ostendens ; articuli 3, 4, 8 aeipiilotigiy secun- 
do duplo loiif/iores^ arficuU 5, 6 et 7 majores. 

Palporum articuli terminales triangulares, oblique truncati. 

Pronotum suhdepressum anticc angustatum, latera arcuata tubérculo 
deorsum versus elongato praedita. Processum mesosterni naide pro- 
ducium, subquadratum. 

Scuiellum parvum, suborbieulare. Elytra nonniliil depressa. 

Pedes validi ; femora ápice sat i ncrassata, postica elytra subaequantia. 
Tibiae posticae anticis duplo longiores, leiiiter arquatae; tarsi con- 
vexi, posticorum articulum básale secundi tertiique longitudinem 
totalem aequans. 

La cabeza es corta, algo más globosa que en los Compsocerus; la fren- 
te oblicua. 



— 208 — 

Las antenas tienen sobre todo una hechura particuhir, que caracteriza 
este subgénero; son en los ejemplares típicos (hembras), tan largas 
como el cuerpo, las dimensiones de sus artículos son muy distintas y del 
segundo al quinto son netamente cónicos, no cilindricos como en el gé- 
nero citado. El artículo segundo es más largo que ancho, los artículos 
tercero, cuarto y octavo doble más largos que éste, los tres terminales 
algo más cortos que los precedentes, los artículos quinto, sexto y sépti- 
mo son mayores; el artículo sexto está i)rovisto de un fleco de pelos. 

El pronoto es ligeramente deprimido, más ancho que largo, adelante 
más estrechado, sus costados redondeados llevan un tubérculo alargado 
lateral, prebasilar. El proceso mesosternal es amplio, subcuadrado, en el 
ápice escotado. 

Los élitros son algo deprimidos y ensanchados hacia su extremidad. 

Las patas son robustas ; los fémures bastante engrosados hacia el ápi- 
ce, los posteriores no llegan hasta la extremidad de los élitros. Las ti- 
bias posteriores son casi doble más largas que las anteriores, ligeramen- 
te arqueadas ; los tarsos de las x>atas posteriores, con el artículo basal 
tan largo como los dos siguientes juntos. 

íiounellei n. sp. 

Cumpsoceri colore ]t(ibiti(qiic s¡iiiilli))iHs;froHS bifoveolatu; «ntenna- 

rum articuli primus ad 
quintum usqíie grosse 
punctatiy señílis divari- 
eatis ornati ; articulus 
sextus nigro-penícülatus : 
articu li septim u.s-u n deci- 
mus dense tenuiter ad- 
presseque pubescentes. 
Pronoti centnim et latera 
nec non episternnm dense 
pnnctati. Scutellum rii- 
brum, (jlabrum. Elytra 
apicibits simul rotundati. 
Mctasternnm leniter píi- 
bescens. Abdomen nitens, 




ComiJSDceridiux Goiinellei Bruch 



subglabrum, segmentis dnobus basalibHs fnscenscentibus. 
Long. 9-11; lat. lium. 2,2 mm. 



Especie de la librea y aspecto de Compsocerus, pero más robusta, el 
cuerpo más corto y menos cilindrico. 

Rufo-ferruginoso, subopaco, cubierto de pelos setígeros, fulvos sobre 



— 20!) — 

la cabeza, antenas, pronoto y patas, y negros sobre los élitros, los cuales 
í>on de color verde ini't;dico. 

La cabeza es lisa i)or encima, o[)aca de aspecto aterciopelado, en los 
costados y la «iaroanta puntna<la, algo estriada; la frente tiene dovS 
lioyitos; una débil línea mediana longitudinal. Los artículos uno á cinco 
de las antenas son puntuados y llevan cerdas esi)arcidas y apartadas; 
el sexto artículo cou el ñeco de pelos negros, los artículos siete á once 
están cubiertos de una pubescencia microscópica y acostada. 

El pronoto es opaco como la cabeza, en el centro y alrededor de los 
tubérculos algo lustroso y puntuado : el prosterno es bastante densamente 
puntuado. 

Escudete rubro y glabro. Los élitros son apenas escabrosos, no pun- 
tuados, llevan cerdas negras erguidas; en el ápice están conjuntamente 
redondeados. 

El cuerpo debajo menos rufo; metasterno vagamente puntuado como 
€l mesosterno ligeramente pubescente. Abdomen lustroso, los dos pri- 
7ueros segmentos negruzcos. 

He encontrado hace años en La Plata los dos ejemplares típicos, junto 
«on otros Compsoceridos; por los caracteres apuntados me veo obligado 
á establecer este nuevo subgénero, y ai^rovecho esta ocasión de ocuparme 
con más detención de este grupo, hasta ahora poco estudiado. 

En cuanto se refiere á Compsoeenis cmlieus Thoms. y G. parviseop^is 
(Burm.), me parece que la posición sistemática de estas dos esi^ecies no 
está bien definida, pues, observamos que jioseen perfectamente todos 
los caracteres proj^ios al género Orthostoma Serv., sólo con la diferencia 
que llevan el lleco de pelos sobre las antenas, y tienen los colores de 
los ComiiHoceruH. íío me explico cómo el doctor Berg (An. Soo. Cient. 
Argent.y pág. 1236, 188G) haya colocado dichas especies en este género 
y dice luego del C. aulicus « que sus artículos tercero y cuarto son 
ligeramente carenados », cuando las carenas son bien marcadas hasta 
el octavo artículo, y agrega del C. parviscopus que « las antenas no las 
tiene ni carenadas ni surcadas », cuando existen también las carenas, 
aunque no tan visibles como en esta otra especie. He visto el ejemplar 
típico de Burmeister, cuyo fleco antenífero está apenas indicado por 
unos cuantos pelillos, los que faltan completamente en aquéllos que 
coleccioné personalmente en la iirovincia de Catamarca en 1897. 

El señor Gounelle me manifestó en diversas ocasiones sus ideas pro- 
pias, y soy de su parecer, que podríamos formar una división para 
estos insectos, que llevan librea de los Compsocerus y el fleco de pelos 
sobre el sexto artículo de las antenas más ó menos pronunciado de ma- 
nera que propongo para C milicus y parviscopus el subgén. Orfhosto- 
midius Goun. i. 1. 

Haré también presente que los caracteres genéricos diferenciales en- 

IlEV. MUSEO LA PLATA. — T. U. (IX, 9, 1908.) 14 



— 210 — 

tre Compsocerus Serv. y Unxia Thoms., son efectivamente bien pocos; 
este último podría figurar con más razón como subgénero del primero, y 
tal vez convendría proceder en el mismo sentido con el género Ethemon 
Tlioms. 

jSTo creo por demás presentar aquí algunos dibujos esquemáticos y la 
fórmula cómo se podrían agrupar á nuestros Compsocéridos. 




Antena, prouoto y proceso mesosternal. 1, de 
Orthostomidiíis anUcus (Thoms.) ; 2, Comp- 
socerus harbicornis (Fbk.) ; 3, Compsoceri- 
dius Gounellei Beuch. 



A. Cabeza avanzada casi horizontalmente, antenas 
con el artículo primero cicatrizado en la base, 
artículos cilindricos, antenas y tibias carenadas, 
pronoto lateralmente redondeado, ligeramente 
deprimido arriba, proceso mesosternal ensancba- 
do, trapezoidal, fémures sublineares, pygidium 



de las hembras normal 



ORTHOSTOMA. 



1j. Cabeza más inclinada, antenas con el artículo 
primero en la base no cicatrizado, artículo sexto 
l)rovisto de un lleco de pelos, antenas y tibias no 
carenadas, pronoto más cilindrico, de cada lado 
ligeramente tuberculado, proceso mesosternal 
termina en lámina triangular aguda, fénuires 
engrosados hacia la extremidad, no sobrepasan 
á k>s élitros, pygidium de las hembras adornado 
de una espesa faja de pelos sedosos que cubren á 
los órganos genitales (este carácter importante 
ha sido observado por M. Gounelle) . . . COMPSOCERUS. 

A ' . Antenas más ó menos visiblemente carenadas, 
artículo sexto con, á veces sin lleco de pelos 
negros. Coloración de Compsocerus Orthostomidius. 



— 211 — 

B '. Alltt'Uiís íiit ículo ([iiiiito |»i(»vist<> del íl('<'(> do 
pelos, iV'iinircs tucitey mas hiuscanu'iiti' liiiiclia- 
dos, sobrepasan ú los élitros Unxia. 

C. Cabeza sub,iilobosa, antenas eon los artícnlos 
dos á cineo eónieos, artíenlo sexto provisto del 
lleco de pelos, pronoto lateralmente redondeado, 
snbdepriniido por arriba, con tubérculo lateral 
prebasilar, proceso mesosternal muy ensanchado, 
cuadrado, i)atas robustas, téniures nioderada- 
mente hinchados, los posteriores no ])asa]i á los 
élitros, pygidiuní de las hembras de forma nor- 
mal COMPtíOCERIDIUS. 

Me abstengo de considerar por el momento al género Ethemon, á pesar 
de que éste tiene muchos caracteres comunes con Compsocerus, como la 
hechura de la cabeza, el proceso del mesosterno, el pronoto poco distinto 
de este último, y las patas y el pygidium formados como éste. 

Doy á continuación la lista de nuestras especies con su sinonimia 
correspondiente : 



ORTHOSTOMA Skrv. 

rufiventre (Germ.) 
CalUchroma rufiventre Germar Ins. Spec. Nov., p. 494, 1824. 

Misiones. 

ventrale (Germ.) 

CalUchroma ventrale Germar. Ins. Spec. Nov., p. 494, 1824. 

Misiones. 

Subg. ORTHOSTOMIDIUS Goun. i. litt. 

aulicus (Thoms.) 

Compsocerus aulictis Thomson. Essai Classlf. Lonf/ic., p. 253, 1860. 

Berg, An. Soc. Cient. Arr/ent., p. 236, 1886. 

Orthostoma thyrsophora Burm. Stett. Ent. Zeit., p. 169, 1865. 

Buenos Aires, Mendoza, Catamarca, Misiones. 



— 212 — 

COMPSOCERUS Sekv. 

barbieornis (Fbr.) 

Saperda harhicornis Fbr. Ent. Sysi., I, p. 311, 1792. 
Cosmisoma equestre Guér. Icón. Régn. anim., III, p. 231, 1843. 
var. violáceas White. 

Buenos Aires, Mendoza, Misiones. 



Subg. UNXIA Thoms. 

g'racilior (Burm.) 

Cosmisoma gracilior Burni. Stett. Ent. Zeit., p. 171, 186.5. 
Unxia gracilior Berg.^». Soc. Cient. Argent., p. 237, 1886. 



Buenos Aires, Córdoba, Misiones. 



Buenos Aires. 



Subg. COMPSOCEEIDIUS Bkuch. 
Gounellei Bruch. 

KTHEMOIV Thoms. 



básale (Burm.) 

Cosmisoma hasale Burm. Stett. Ent. Zeit., p. 170, 1865. 
Paraná, Salta, Catamarca, Tucumán, Mendoza. 

C diversipennc Burm., 1. c, ]). 171, 1865. 

Brasil. 

Ko me cabe duda que G. hasale Burm. sea idéntico con C. diversipenne 
Burm.; éste representa sólo una variación ó raza local del Brasil, lo 
mismo como los ejemplares que coleccioné en abundancia el año pró- 
ximo pasado en la provincia de Catamarca; éstos tienen el color de los 
élitros de un lindo verde metálico, en vez del azul violáceo subido que 
se extiende á veces también casi basta la base. 

E. diversipenne mencionado por Burmeister con breves palabras, di- 
fiere de G. básale solamente por el vientre negro, que me parece poca 
cosa para considerarlo como carácter específico. 



— 2i;-{ — 

COItK\IIA Si Kv. 

Serville, Anii. Soc. Kni. Fraiicc. j). L'L*, IX'S-Í. 

IVi'i*iiS"¡uea n. s]). 

C. erytliromenio (iffhíis, colore fe rnifj tuca lamen flistiucta. 

Cixput, <nifeitn<(n(tn (O'ticuli 2:>rh)U(s et aecundua, proHotum, elijlra^Je- 

monan apiceqxe fiUvo-ferruginei, pubescenUa densa üápream, .teri- 

ceae, concolori resfifa. Antennae, pedes atque abdomen nigro picei; 

metastenmm fuscum. Pars corporis infera tenniter flarido alhes- 

centi-sericea. 
Maris antennae corpore duplo lone/iores; feminae antennae corpas 

aequantes; artieuli fertins caartus et quinfas utrinque loní/ifrorsuní 

canaliculati. 
Pronotam parara latias qaam longius, anfice angiistatmn in disco pi- 

Us nigris setulis concolor ibus nonnulis immixfio ser ieni longitud Í7ia- 

lem efformantibus exornatum. 
Fémures, postici praecipue^ eximie clavati ; tibiae posticae surxam le- 

niter inmirvatae, ápice pilis setulosis nigris (quaní in caeteris spe- 

ciehus minas densis) 2)enicillatim donatae. 
Long. 10 mm. 

Cabeza, los (los primeros artículos de las antenas, pronoto, élitros, ápice 
(le los íemures ferrugíneos, cubiertos por una pubescencia del mismo co- 
lor, de aspecto sedosa, muy densa y acostada. Antenas, patas y abdomen 
negro-píceos, metasterno fusco; debajo del cuerpo finamente pálido-piloso. 

La frente es transversa, subrectangular, ligeramente bifoveolada, entre 
los ojos apenas surcada. La cabeza tiene puntos impresos, más marcados 
y separados en sus costados; garganta y mejillas son transversalmente 
estriados, el cuello i^or debajo es glabro, vcírtice densamente pubescente. 

Antenas del macho, poco menos que el doble del largo del cuerpo, algo 
adelgazadas hacia su extremidad ; el artículo primero es subpiriforme, 
como el siguiente puntuado en la base, por encima excavado, debajo po- 
co encorvado y cubierto de i^elillos ferrugíneos ; el segundo artículo es 
más obscuro, suborbicular, lleva además de algunos líelillos, otros setíge- 
ros negros. Los tres artículos siguientes son superior é inferiormente á 
lo largo canaliculados ; el artículo tercero es la mitad más largo que el 
cuarto, al cual corresponden en tamaño los cuatro terminales, siendo los 
artículos quinto, sexto y séptimo un poco mayores. 

El pronoto es un poco más ancho que largo, adelante más enangosta- 
do, el tubérculo lateral mediano pronunciado ; lleva puntitos finos y 
otros mayores impresos; una línea mediana de pelos negros, setígeros y 



— 214 — 

algunas cerdas erguidas. Escudete pequeño, en el ápice redondeado, re- 
vestido de pelillos negruzcos. 

Los élitros son poco menos que tres veces más largos que anchos, des- 
pués del primer tercio visiblemente estrechados, en el ápice conjunta- 
mente ovalados; ellos son deprimidos, gruesa y escabrosamente pun- 
tuados, pero la puntuación aijenas perceptible, debido á la pubescencia 
espesa que la cubre. 

Las patas son algo más espesas que en las otras especies conocidas, 
de color negruzco, setígeras ; las anteriores cortas, las posteriores alar- 
gadas ; los fémures en el ápice ferrugíneos y sobre todo los posteriores 
fuertemente hinchados en maza. Tibias posteriores en su extremidad en- 
corvadas, adornadas de un lleco de j)elos setosos, más ralos y extendi- 
dos que en las otras especies. Los tarsos de las patas posteriores tienen 
€l artículo basal doble más largo que el segundo y el tercero como dos 
tercios del precedente. 

La hembra difiere del macho por tener las antenas mucho más cortas, 
(largas como el pronoto y élitros juntos), el primer artículo más corto, el 
tercero doble más largo que el siguiente y los demás en la misma pro- 
porción que el macho. 

Esta es la quinta especie que conocemos del género Coreinia,}ñ cual 
se distingue de todas sus congéneres por el color ferrugíneo, por los 
artículos tres á cinco de las antenas bicanaliculados, por la extremidad 
de los fémures algo más hiiu'hada y el pincel de pelos sobre las tibias 
bastante ralo, formado de i)elos setígeros. 

Xo parece raro en la ])rovin(íia de Salta, donde el señor José Steinbach 
ha recogido muchos ejemplares. 

DIAMMAPHORA Chk\ i; 
Chfvrolat, Arca». Xat., j). 51, 1859. 

auratopiloí^a u. sp. 

Obscuro fusca velfusco-ferruginca, snhojjaca. 

Pronotwn dense mimiteque granulosum, ferrngineum, parte dimidia 

postica atra. 
Elytra grosse punctuJata impressa,pilis hrevissime irregulariter dis- 

positis adspersa, ápice ohlique truncata. 
Gaputf pronoti dimidium anticum^ elytrorum hasis atque apex nec 

non ahdominis latera dense sericeo-riUosa. 
Long. 5; lat. lium. ] mm. 

Esta especie es fácil de distinguir desús congéiieres por el vello dora- 
do de aspecto sedoso que la adorna. 



215 



La cabeza es ueiiriizca, escabrosamente puntada, rujiosa y más ferni- 
gínea en su cara inferior ; está cubierta casi enteramente de pelillos sedo- 
sos de un lindo amarillo dorado. Las antenas son algo espesas, obscuras, 
rufas en la extremidad de los artículos; llevan puntos impresos y son 
ligeramente setígeras. 

El pronoto es una cuarta parte más ancho que largo, ferrugíneo, 
excepto la mitad posterior de su disco cpu^ es casi negra y finamente gra- 
nulada ; adelante está un poco encogido, en su medio engrosado; se dis- 
tingue un pequeño tubérculo cerca de cada ángulo posterior y un surco 
mediano longitudinal poco pronun- 
ciado; la mitad anterior y los 
costados del pronoto están ador- 
nados de pelillos dorados. 

Los élitros están cubiertos de 
una pubescencia cana, microscó- 
pica é irregular; eji los costados 
llevan algunos pelillos setosos er- 
guidos y en ambas extremidades 
el mismo vello dorado como la 
cabeza y el pronoto. La región 
escutelar es algo hendida, el esx)a- 
cio entre la sutura y la primera 
costilla plano, con gruesos puntos 
impresos, dispuestos en cuatro filas 

irregulares ; el espacio siguiente ofrece dos hileras de puntos y una simple 
en el repliegue epipleural. Ápice de los élitros oblicuamente truncado. 

El episterno del protórax tiene pelillos canos, los costados del abdo- 
men tienen el vello dorado. 

Las patas son más cortas y espesas que en las otras especies argenti- 
nas que conozco. Extremidad de los fémures con pelillos flavos, allí 
como las tibias negruzcas, base de los fémures y tarsos ferrugíneos. 

El ejemplar único y típico, lo encontré en la provincia de Cata- 
marca, en enero 1897. 

TRACIIY DERES Dalm. 
Dalniiin, Schonh. Syn. Ins., I, 3, p. 364, 1817. 




Diammaphora auratopilosa Brcch 



Rifliteri n. sp. 

Tr. variegati Perty sat similis; nigernitens ; antennis rufo-ferruginein 
articulis primo et secundo totaliter, caeteris flavidis apici tdntum 
nigris ; elytra dimidia antica rubra. 

Long. ]8-28; lat. hum. 6-10 mm. 



— 216 — 

La especie que constituye este tipo es una de las más bellas del í;é- 
iiero ; muy semejante al Tr. variegatus Perty, del cual se distingue por 
el color rojo de sus élitros y por el pronoto que tiene el tubérculo 
lateral más obtuso, delante de éste otro pequeño oblicuo, saliente, 
el que está en la otra especie apenas indicado y situado más arriba. 

En cuanto á los otros caracteres, este longiconiio es negro, relucien- 
te, la mitad anterior de los élitros de un liermoso rojc» subido. Las 
antenas son rufo-ferrugíneas en labase y flavas en la extremidad, excepto 
los primeros dos artículos que son negros, como también el ápice de los 
siguientes. 

La cabeza es groseramente puntuada, sobre todo en los tubérculos 
anteníferos, donde los puntos llevan pelillos microscópicos y también 
algunos pelos finos muy esparcidos. La frente es profunda y transversal- 
mente surcada, también la- región postfrontal basta el vértice hundida; 
entre las antenas hay dos carenas contiguas, longitudinales, conAcrgen- 
tes, formando una sola carena entre los ojos. 

El pronoto ofrece debajo, sobre los costados y el margen antero-lateral 
gruesos puntos impresos ; tiene entre el hoyo mediano y en sus lados pe- 
lillos pálidos dispersos. Escudete y élitros con ]nintos setígeros aislados 
y microscópicos ; ápice de los élitros truncado. Pecho ligeramente pun- 
tuado y velludo, abdomen subglabro. 

Hembra como la del Tr. variegatm ; difiere del macho por las antenas 
más cortas, comprimidas y por tener el borde superior antero-lateral del 
pronoto liso. 

Provincia de Catamarca, Andalgalá, marzo 19U7, donde recogí bas- 
tantes ejemplares de este precioso insecto sobre los higos maduros de 
las tunas. En algunos de ellos la base de los élitros es también negra ; 
en mi colección poseo un ejemplar hembra con los élitros completamente 
negros, que el señor Venturi coleccionó en Misiones. 

Me es grato dedicar esta especie á mi amigo Eichter, uno de los pocos 
entomólogos en Buenos Aires. 



arg'entinus n. sp. 

Niger, nitens ; antennarum articuU tertius, cuartus et qnintns hasi 
Jiavidi; elytra nigrafascia lata basali maculisque orhicularibns dua- 
hus apicalihus Jiavo-hnmneis donata. Antemiar um tubercula acuta, 
scabriuscula punctulata ; frons brevis, tramverse sulcata ; ocnli 
m,t remoti, spatio subplano carina valida longitudinali praedito se- 
parati. 

Pronotum mperne glahrnm ut in Tr, succintus (L.), sed tubercula 
luteralia discreta, margo anterior prosterni inermis ; processum 



— 217 — 

pyostentdlr ('}oii¡i<ttiti)i, rcctiotffuhn'i', ^n'oci'.ssnin nie.sostenii .suhíni- 

pezoideum ira ii.s rcrfui m . 
Corj)ori.s pars iti/vrior ri.r pKnctiihda, Icnifer puhoicens. PcdcN hrcres 

<(tq>((' illis spccicH 2)>'((ct'edentibus (/raciliorcs. 
Lonii'. 1(5: lat. 5-8 min. 

Tníchi/dercs del «i'niix) de los recién mencionados, pero bastante dis- 
tinto por los caracteres de su cabeza, el pronoto y la coloración de sus 
antenas y élitros. 

Negro, las antenas tienen los artículos tres, cuatro y cinco solamente 
en la base flavos ; los élitros con una ancha faja basilar y dos manchas 
orbiculares apicales de un amarillo ocre. 

La cabeza es corta, la frente transversa y profundamente surcada ; los 
tubérculos anteníferos gruesos, agudos y lumtuados; entre estos hay dos 
carenas contiguas, (¡ue forman una sola elevada entre los ojos. El espa- 
cio interocular es hundido, subplano y opaco, más ancho que en las otras 
esj)ecies, apenas escabroso en el vértice ; mejillas y proceso yugular sa- 
lientes, el cuello es por encima fino y transversal mente estriado, estrías 
más gruesas en la cara inferior. 

Las antenas son bastante más cortas que el cuerpo, los artículos uno 
al cuatro nítidos, dispersamente puntuados, puntos más gruesos en la 
base del artículo primero ; los siguientes artículos son subseratiformes, 
cubiertos por una pubescencia muy tenue y pálida. 

El pronoto es glabro por encima, puntuado debajo; es semejante al 
de Tr. succinctns ; el tubérculo lateral posterior es más agudo que el 
anterior, comprimido, oblicuo. El borde anterior del prosterno es comple- 
tamente inerme; el proceso prosternal bastante ensanchado^ rectangu- 
lar, no es espinoso adelante; el del mesosterno substrapezoidal, trans- 
verso. 

Los élitros presentan una estructura coriácea apenas perceptible, la 
puntuación muy fina, bastante densa ; la faja amarilla basilar se extien- 
de algo por el margen externo, pero deja tanto á éste como al borde sutu- 
ral negros; los élitros en el ápice no truncados, conjuntamente redon- 
deados. 

El pecho y abdomen son en los costados ligeramente velludos y dis- 
persamente puntuados. Las patas son algo más cortas y delgadas que 
en todas las otras especies que conozco. 

El ejemplar único de esta especie, una hembra de 16 milímetros de 
largo, me fué facilitado por mi amigo señor Richter, quien lo obtuvo de 
la provincia de Córdoba. 



- 218 — 

LISSOIVOTUS Dalm. 
Dalman, Schonh. Syn. Ins., I, 3, p. 364, 1817. 




Lissonotus andalgalensis Bruch 



andalgalensis n. sp. 

TotuH nigro-piceus , nitens^ sparsim albido-pilosus. Maris antennae 
corpore sesquüongae ; articuU primus^secundus ac tertius aequilongi, 

caeteri aensim elongatl, sedsepti- 
mus (id deeimuü usquc aequilon- 
gi; terminaUs qnam qnintum 
duplo attenuatuH. 
Pronotuní Intitndine quarta parta 
longitudinem superante^ antice 
angustatum, lateral iter dense 
pnnctatum atqne Tillosum. 
Elytra punctis tenuihus setigeris 
ornata, antice Uneolis duol)us 
impressis oMiquis, ex humero 
suturam pretentibus praedita, 
ápice truncata inerniia. 
CorpKS infere laxe minnteque piU- 
fero punctatum. Femores posti- 
ci elytra aequantes; intermedii 
et postici latere infere patentim densinscule setulosi. Tihine non 
canaliculatae subcylindraceae. ápice bispinosae. 
Long. 9-12 ; lat. Imm. 3-4 mm. 

Enteramente negro, reluciente, dispersamente pálido piloso. La cabeza 
corta, entre las antenas ligeramente cóncava, con puntos impresos más 
marcados sobre la frente. Las antenas son como dos tercios más largas 
que el insecto, fuertemente dentelladas ; artículo primero tan largo 
como el tercero, los siguientes gradualmente más largos, los artículos 
siete á diez iguales, el terminal el doble del artículo quinto. Los dos 
primeros artículos son nítidos, puntuados, los siguientes subopacos, muy 
finamente escabroso-puntuados y por encima cubiertos de una pubescen- 
cia negra muy diminuta y apretada. 

El pronoto es una cuarta parte más ancho que largo, adelante estrecha- 
<lo, moderadamente convexo; por encima tiene algunos puntitos aislados, 
los costados densamente puntuados y velludos. El prosterno es ligera- 
mente transverso, estriado y puntuado; el i^roceso prosternal ensancha- 
do, trai)ezoidal, los ángulos no redondeados ; el proceso mesosternal 
ancho, cónico, con el borde anterior convexo, arqueado. 



— 21!) — 

Los élitros son coiiio dos tercios luiís larjios (nie iinclios, liacia el ¡'ijtice 
estrechados, allí tnmcados en anuido recto con ol borde interno: ellos 
presentan puntitos setíjioros «le cerdas ])álidas niny diniinntas y otros 
jnayores ne<iros en la extremidad; en la región anterior délos élitros hay 
dos líneas ligeramente impresas oblicnas, convergentes desde el húmero 
hacia la sntnra. 

Cuerpo debajo con pnntitos pilíferos. Los fémures fuertemente engrosa- 
dos en sn extremidad, subpedunculados; los ])oster¡oresnnis largos llegan 
hasta la terminación de los élitros; todos son ligeramente velludos, los 
intermedios y posteriores en su lado inferior provistos de un <-eitillo tu- 
pido de cerdas pálidas. Las tibias no canaliculadas son más bien cilin- 
dricas, setígeras ; las anteriores son más cortas, en la base algo en- 
corvadas ; las medianas arqueadas, las posteriores casi rectas ; todas 
en el ápice biespinosas. Los tarsos son noruiales, los de las i^atas poste- 
riores algo más estrechos y más largos. 

Hembra de cuerpo más robusto; las antenas tres cuartos del largo to- 
tal del coleóptero, hacia la extremidad bastante dilatadas ; el pronoto 
es más globoso; el cepillo de cerdas muy desvanecido en los fémures 
medianos y posteriores. 

Provincia de Catamarca. departamento de Andalgalá, febrero de 
1908. 

PHOEBE Serv. 



Serville, Ann. Soc. Ent. France, p. 47, 1835. 

Speg-azzinii n. sp. 

Bufo-casfanea, pedihiis tesfaceis^ an- 

tennarum articulis primo sccun- 

doque nigro-fuscis^ sparse hirsuta, 

pubescentia tenui, dense adpressa 

superne fiavo-ferriiginea, inferné 

flavescente praedita ; capite toto, 

pronoti lineis quatuor longitudi- 

nalihus, elytrorumqiie maculis ex 

albido flavescenti-pnherulis. 
Long. 12; lat. hum. 3 mm. 

De un rufo castaño claro, patas tes- 
táceas, los dos primeros artículos ante- 
nares negruzcos; dispersamente hirsuto 
y cubierto de una luibescencia diminuta, muy densa y apretada, flavo- 




Phoebe Spegazzinii Bruch 



— 220 — 

gris por encima, blanquizca debajo del cuerpo; toda la cabeza y la 
ornamentación del pronoto y de los élitros de pelitos blancos. 

La cabeza es cóncava entre los ojos, delante de los tubérculos frontales 
ligeramente convexa, gruesamente puntuada. Antenas del maclio poco 
menos que el doble de su cuerpo, en el lado inferior densamente hirsuto 
hasta el sexto artículo; artículo primero largo, ligeramente binchado y 
arqueado; artículo tercero doble más largo que el terminal, los siguientes 
gradualmente más cortos, los últimos tres iguales. 

El pronoto es apenas más ancho que largo, en su región basal bas- 
tante encogido, adornado con cuatro líneas longitudinales, adelante 
abreviados. El escudete es subcuadrado, en los ángulos posteriores 
redondeado, revestido de pelillos blanquizcos. 

Los élitros son groseramente puntuados, pero los puntos debidos á la 
pubescencia poco visibles; ellos son desde el ángulo humeral hasta cer- 
ca del ápice fuertemente esquinados, formando una costilla pronunciada 
sobre el borde lateral que cae oblicuamente; se distinguen también d(»s 
costillas muy borradas en la parte anterior de cada élitro. El dibujo 
que forma su ornamentación es más ó menos variable y se compone : de 
una manchita debajo del escudete, la cual se extiende á veces hacia los 
húmeros en forma de pequeña lúnula; una mancha mediana, alargada, 
subtriangular en el segundo tercio y otra xireapical, subtrapezoidal, la 
que se prolonga hasta el ápice de los élitros, estos están allí separada- 
mente ovalados. 

Patas sin particularidades, tibias y tarsos bastante hirsutos. 

La hembra difiere del macho por tener las antenas más cortas, los 
dos tubérculos frontales apenas pronunciados. 

He visto varios ejemplares de esta especie, coleccionados por el señor 
F. Schulz, cerca de Córdoba. 



LA TÉCNICA 



DO BLE COLOUACK )> DIFEUKNCIAL 

en histología vegetal 
Por augusto C. SCALA 

De las Universidades nacionales de La Plata y Buenos Aires 



I. Uu nuevo colorante carmíuico. Método de preparación. — II. Técnica de doble 
coloración. — III. Método abreviado para hacer preparaciones definitivas. Nuevo 
conservador de montaje. 



Con el objeto de dar á conocer nn nuevo procedimiento de técnica 
colorante, publico la presente nota, sin entrar en mayores detalles, 
desde que ellos irán incluidos en la obrita que va á imijrimirse próxi- 
mamente. 

En el manejo diario de la conocida técnica utilizada en histología 
vegetal (verde iodo-carmín-alumbre), tuve, como la tienen muchas otras 
personas, oportunidad de constatar inflnidad de veces, los malos resul- 
tados que da el carmín-alumbre, cuyo poder y nitidez de coloración son 
más que j)roblemáticos, á tal punto, que ahora estimo oportuna su eli- 
minación del material técnico, y dados los resultados espléndidos que 
he obtenido, su reemplazo por el carmín al ácido bórico, cuya fórmula 
es la siguiente : 

Carmín puro O . ,50 gr. 

Agua destilada caliente 150 cent. cúb. 

Acido bórico 3 gr. 

Disuélvase el ácido bórico en el agua destilada caliente, agregúese 
el carmín y continúese calentando al fuego por espacio de 15 minutos 
(es decir, más ó menos el tiempo necesario para que se evaporen unos 
50 centímetros cúbicos de agua). Agítese constantemente. Fíltrese en 
caliente. Notaráse que el exceso de ácido bórico precipita en frío ; sin 
embargo, no debe separársele. 



222 



II 



TÉCNICA DE DOBLE COLORACKJN UTILIZANDO EL CARMÍN BÓRICO 

(En general la técnica de doble coloración se emplea cuando tan sólo 
se trata de estudiar la estructura interna de un vegetal cualquiera, su- 
friendo modificaciones ó siendo suprimida por completo, cuando debe 
estudiarse el contenido celular.) 

Se harán los cortes como de costumbre, se pasan luego por el liipo- 
clorito sódico, se lavan en agua, se colorean con el verde-iodo ^ (verde 
iodo, 0,25 gr.; agua destilada, 100 gr.); se lavan en agua, se pasan por 
solución de sulfato alumínico (1 7oj acuosa) durante 5 minutos para 
quitar el exceso de verde y preparar la acción del carmín, en el cual se 
sumergen los cortes, lascados rápidamente en agua, por 5 á 10 minutos. 
Se lavan de nuevo en agua, y se montan en glicerina si se trata de pre- 
paraciones de observación momentánea (transitorias), ó bien, si se quie- 
ren hacer preparados definitivos, después del carmín se irán pasando 
sucesivamente por los alcoholes á 00°, 70°, 80°, 90°, 100°; por xilol y 
se montarán en bálsamo de Canadá. 

Para uniformar presento el cuadrito siguiente que indica las suce- 
sivas operaciones que el corte debe sufrir: 

' Coutriu-iameute :í lo que hacou hasta hoy hjs difereutes autoros, utilizo el 
verde-iodo en la proporción que indico, en lugar de solución saturada acuosa, pues 
la experiencia me demuestra la mayor nitidez de la coloración. 

Tiempo de coloración : 30 segundos á un minuto. 



228 — 



P;n:i proparacioiu-s transitorias 

i 
Ilipoi'lorito sódico 

I 
Aj^ua dt'stilada 

I 
Verde-iodo 

i 
Agua destilada 

I 
Sulfato alumínico 

I 
Agua destilada 

I 
Carmín Lorieo 

I 
Agua destilada 

Montaje en gliceriua. 



l'aia i)rc])araei(i!ifs definitivas 

I 
Hipoilorito sódico 

Agua destilada 

i 
Verde-iodo 

Agua destilada 

i 

Sulfato alumínico 

I 

Agua destilada 

I 
Carmín bórico 

I 
Agua destilada 

I 
Alcohol á 60° 

I 
Alcohol á 70° 

I 
Alcohol á 80° 

Alcohol á 90° 

Alcohol á 100° 

I 
Xilol 

Montaje en bálsamo de Canadá. 



III 



IHETODO ABREVIADO PARA HACER PREPARACIONES DEFINITIVAS 

Más de una vez se habrá notado la abrumadora lentitud que resulta 
de preparar cortes para ser coloreados y montados en bálsamo de Ca- 
nadá, especialmente el pasaje por los diferentes alcoholes, indispen- 
sable para la absoluta deshidratación del iireparado, sin cuyo requisito 
el bálsamo se emulsiona y nubla los cortes, al extremo de hacer difíciles 
y aun imposibles las observaciones microscópicas; por otra parte, llocos 
son los cortes que resisten la acción continuada de tantos deshidratan- 



— 224 — 

tes sin contraerse, de donde resnlta que después de un ti\abajo de casi 
dos horas, los cortes no sirven. 

Este punto me La preocupado también durante algún tiempo, y des- 
pués de una serie de tanteos me decido por el montaje de las prepara- 
ciones en un líquido conservador, cuya fórmula definitiva es la si- 
guiente : 

Goma arábiga pura de Erba, pulverizada ... 12 gr. 

Agua alcanforada ' 25 cent. ciib. 

Glicerina 2 — 

Sulfato aluniínieo 0,05 gr. 

Agua destilada 25 cent. ciíb. 

Disuélvasela goma en el agua alcanforada; el sulfato alumíuico en 
el agua destilada, agregúese á esta solución la glicerina, moviendo sua- 
vemente con una varilla de vidrio; mézclense las dos soluciones poco á 
l>oco. Fíltrese por papel de filtro blanco, haciendo que el líquido llegue 
al fondo del frasco sin golpear goteando, lo que se consigue usando un 
embudo cuyo tubo al sesgo llegue hasta el fondo del recipiente. El 
frasco con tapa de esmeril prolongada en varilla es el más recomen- 
dable para el caso presente. 

Los cortes no deben pasar por los alcoholes sino por agua solamente. 
Después de coloreados en el carmín bórico se lavan en agua destilada, 
se colocan sobre el porta-objetos, se absorbe el agua que aún los hume- 
dece, se vierten dos ó tres gotas del líquido de montaje, ya sea sobre 
los mismos cortes ó mejor aun sobre el cubre-objetos, el que se inver- 
tirá con un movimiento rápido y se apoyará suavemente sobre los 
cortes. 

Y la preparación definitiva está lista. Se la puede calentar después 
durante unos o minutos á la estufti (30° -40°), ó sencillamente á cierta 
distancia de una llama cualquiera de lámpara de alcohol ó mechero 
Bunsen, si se la quiere secar rápidamente, pero en general basta dejar 
las prei)araciones en posición horizontal por espacio de 4 á 5 horas y 
estarán lo suficientemente secas y adheridos los cubre-objetos para que 
puedan ser inclinadas sin i)eligro de deslizamiento. 

El tiempo que dura la técnica completa queda reducido de 15 á 25 
minutos según la práctica del operador, con la ventaja inapreciable de 
poder hacer á un mismo tiempo una serie de cortes, sin temor de que 
se sequen, contraigan ó se resquebrajen, debido á la supresión completa 



^ El agua alcanforada se prepara así : Agua destilada, 100 centímetros ci'ibicos ; 
alcohol alcanforado, 5 centímetros ciíbicos ; déjese en contacto durante 1-2 días, 
agitando de tiemiio en tiempo. Fíltrese para separar el alcanfor precipitado. Frasco 
esmeril. 



225 — 



(le los alcoholes, del xilol y bálsamo de Canadá, técnica para cuya reali- 
zación completa se requiere nunca menos de 2 horas. 

Las personas que utilizen el nuevo carmín al ácido b()rico notarán la 
finura, intensidad y brillo de coloración que se obtienen con el colorante 
que indico, y esa será la. mejor manera de reconocer, aprobar y aun re- 
comendar su uso y buenas cualidades. 



Buenos Airi's, junio lí de 1908. 



REV. MUSEO LA PLATA. — T. H. (IX, 28, 1908.) 



POLYPODIACEARUM ARGENTINARUM CATALOGUS 



CATALOGO DE LAS POLIPODIACEAS ARGENTINAS 



Por el doctor CRISTÓBAL M. HICKEN 



Cuando Grisebaeh escribió eu 1874 su i)rimera obra sobre la flora 
argentina, mencionaba para la familia de las Polipodíáceas sólo 12 géne- 
ros con 44 especies, y más tarde cuando en 1879 publicó su Symholae ad 
Floram Argentinam elevó los números anteriores á 13 para los géneros 
y á 08 para las especies. Después las colecciones lian ido aumentando á 
medida que nuestro país era recorrido por ex]3ediciones científicas y la 
mayor parte del material recogido era enviado á Europa, donde se fué 
acumulando, basta que en 1890 el profesor Hieronymus publi(;ó en Un- 
gler Bot. Jahrh,^ volumen XXII, páginas 359-420, su Btitrage zur Kennt- 
niss der Pteridophyten-Flora der Argentina und einiger angrenzender Teile 
von Uruguay, Paraguay und Bolirien, en que al hacer una revisión pro- 
lija de las especies citadas por Grisebacli, añadía las recogidas por Kurtz, 
Scbickendantz, Lorentz, Xiederlein, Galander, ArecLavaleta, Balansa, 
etc., y las que él mismo había obtenido durante su estadía en nuestra 
república. 

Con este material se venían á conocer 20 géneros y 101 especies, sin 
contar las variedades, lo que representa ya un aumento bastante notable. 

Poco á poco fueron apareciendo en diversas revistas botánicas nuevas 
esi^ecies j)ara el territorio federal, que iban enriqueciendo i)aulatiua- 
mente luiestra flora pteridológica. 

En nuestras frecuentes excursiones y viajes por el interior, hemos 
tenido oportunidad de recoger abundantes elementos de estudio lo que 
motivó nuestra primera publicación á fines de 1900 (Ohservations sur 
qiicJ<¡KC.s fongércH argenUnes, etc., en Anales de ¡a Sociedad Científica 



— 227 — 

Argentina^ vol. 51*, \n\}x. 1(>1), en la quo aimiu'ijíbaiiios .">.') j;éiu'i'os ('oii 
11)0 especies, lo que arrojaba ya un aumento muy grande sobre todas las 
cifras anteriores. Desde entonci's basta ahora, el crecimiento lia sido 
muy ])equerio, y el catíllojio presente indica .'50 ^eneros y 108 esix'cics 
con 40 variedades y 1 1 formas. 

Así, i)ues, desde la ]>rimera publicación de (5riseba(;li, el número de 
jiéneros ha triplicado, adentras (pie las especies han i>asado (b* 44 ú la 
respetable cifra de 11)8. 

Creemos que las regiones del Naliuel-Huapí, las montañas de Tucu- 
mán y los bosques de Oran lian de contribuir con más formas que el 
resto de la república para aumentar todavía^ los números anteriores. 

Cristóbal M. Hicken. 

Buenos Aires, junio de 1908. 



1. WOODSIA 

1. Woodsia niontevidenííis (Spuexg.) Hieron. 

Hieron. in E>i</1. Bot. Jahrb., XXII (1896), 363. 

Dicksonia montevidensis, Spreng. Syst., IV (1827), 122. 

Woodsia incisa Gilí, iu Hook. Grév. Icón. Filie. (1830), t;ib. 191. 

Área geográfica : Perú, Bolivia, Chile septentrional, Uruguay. 

Argentina : Busca las montañas. Jujuy (Puna), Salta, territorio de 
los Andes, Tucumán, Catamarca, La Riqja, San Juan, Mendoza, Cór- 
doba, San Luis, Sierras pampeanas (Olavarría, Azul, Tandil, Balcarce, 
Sierra de la Ventana, Curá-Malal, Puán). 



2. CYSTOPTERIS 

1. Cystopteris frag-ilís (L.) Berxh. 

Beruli. iu Schrad. neu. Journ., V (1806), 26, tab. 2, ñ^-. 9. 
Hook. Bak., .S'.í/no/js. Filie. (1867), 103. 
Folypodium fragüe L. iu L. spec, II (1753), 1091. 

Área geográfica : Casi cosmopolita. 

Argentina : Jujuy, Salta, territorio de los Andes, Catamarca, Rioja, 
San Juan, Mendoza, Tucumán, Córdoba, San Luis, islas del Tigre, Capi- 
tal federal, Sierras pampeanas, Xeuquén, Patagonia (región de los la- 
gos), Malvinas, Tierra del Fuego. 



— 228 



var. anthriscifolia (Hofi-m.) Koch 

Koch, Synojis. ed., II (1843-45), 980. 

Polypodium anthriscifolium Hoífm. in Ilom. ct Ustcri Macj., IX (1790), 11, t;il>. 
14, fig. C. 

Área geográfica : Europa, Argentina, Chile. 

Argentina : Jujuy, Rioja, Patagonia (región de los lagos). Tierra del 
Fuego. 

var. eanarien««i>4 (Willd.) Milüe 

Milde, Fil. Europ. ct Ail. (1867), 152. 
Aspidhnn canariense Willd. 

Área geográfica : Desde Méjico hasta la Argentina; además en Por- 
tugal, islas Azores y Canarias, Abisinia. 

Argentina : Jujuy, Salta, Tucunián, Córdoba. 



3. ÍÍ^EPHRODIUM 

1. IVephrodiuní pateiis (Swartz) Desv. 

Desv., Prodr. (1827), 258. 

Hook. Bak., 1. c, 262. 

Polypodium patens Swartz Prodr. Fl. Ind. Occ. (1788), 133. 

Dryopteris patens (Swartz), O. Ktze Pun\ Gen. Pl., II (1891), 813. 

Área geográfica : Región tropical y subtropical de todo el globo. 
Argentina : Salta, Tucunián, Misiones, Corrientes, Gran Chaco, Entre 
Ríos, islas del Tigre. 

2. I\ephrodiuui stipulare (Willd.) Desv. 

Desv. Prodr. (1827), 256. 

Asjñdium stipulare Willd. Spec. Plant., Y (1810), 239. 

Aspidium macrourum Kaiilf. Enum. Fil. (1823), 239. 

Nephrodium macrourum Bak. iu Hook. Bak., 1. c, 262. 

Nephroditím patens (Swartz) Desv. var. stipulare (Willd.). Bak. 

Baker in Mart., Fl. Brasil. (1870), 470. 

Dryopteris patens (Swartz) O. Ktze var. stipulare (Willd.). O. Ktze. 

Área geográfica : Trópicos americanos. Méjico, Antillas, Venezuela, 
Colombia, Ecuador, Perú, Brasil. 
Argentina : Misiones, Gran Chaco. 



229 



3. Xe|»hi'»Mliuin Kiihinar^iiiale (I.ancsd. ct Fisoii.) Ai,. Hií.vhn 

Al. r>r;nin, Ind. nctii. hovt. ¡icrol. (18.")7), 2. 

roliipodiniii. s ¡ib m a ruina Ir L;in<;s(l. t>t Fiscli. Ivon. Fil., XII (1810), tal). H. 

I'olupodium caripcnsc WilUl. Spcc. riant., V (1810), 202. 

Xephrod'ntm caripoise Hook. in Hook. Bak., 1. c, 265. 

Dri/optcris xiihwarfíiiialix (Langsd. i-t Fiseli.) C. Christ. índ. (1905), 296. 

Área ¿i;eo,i>Táfica : Tróiúcos americanos, JMéjico, América Central, 
Wnezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Brassil, Paraj>iiay, Uruguay, 
Argentina. 

Argentina : Misiones, Corrientes, Gran Chaco, Tucumán. 

1. !\ephi'otliiiiii i>Mi'u«luteti'a^'oiiuiii Hiicron. 

Hieroii. in EikjI. Bof. Jahrb., XXXIV (1901), U2. 

.yi'plu'odiiim tetrngoiiiini Hook. iu Hook. and Bak. St/iiops. Filio. (1867), 266. 

Dri/ojítf'ri'i pseudotetrafiona Urban Si/mh. Jnt., IV (1903), 20. 

Área geográfica : Trópicos y sul)tr<3picos americanos, 
Argentina : Misiones. 

5. i\o|>hi>oiliiiiu opposiluai (Vahl) Diels 

Diels iu Enfil. Nat. Pflanzenf., V (1899), 172. 

Pohjpodiiim oppositam Vahl, Eclof/. Am., III (1807), 53. 

Xephrodium conterminum Desv. iu Hook. aufl Bak. Synops. Filie. (1867), 268. 

Dnjopteris opposita IJrbau, Symb. Ant., IV (1903), 11. 

Área geográfica : Trópicos y subti'ópicos americanos, 
Argentina : Salta, Mendoza, Misiones, Corrientes, Gran Chaco. 

I). rV4'|>hro(Iiiiiii «>I¡<»f><*ai'piiin (Wii.r.o.) Desv. 

Desv. Frodr. (1827), 256. 

Poh/podiwm olif/ocarpum. Willil. Spcc. Flant., V (1810), 201. 

Dryopteñs olifjocarpa (Willd.) O. Ktze, Eev. Gen. Pl., III' (1898), 378. 

Área geográfica : Méjico, Antillas, Venezuela, Colombia, Ecuador, 
Perú, Brasil. 

Argentina : Misiones, Gran Chaco. 

var. crassistipilata (Hierox). Hicken 

Hickeu, Polyp. Anjent. Catal. (1908), 229. 

Asjyidiiim olirjocarpnm (Willd.) Kth. var. crasfíistipUata Hierou. iu Fngl. Bot. 
Jahrb., XXII a896), 367. 



— 230 — 

Asjñdium coiitermuium var. oUf/osonim Griseb. pt. l'l. Loroitz., 230, ct Sumb. 
544. 

Aríi'entina : Tucumáii. 



7. I\ephrodiiiim arg-entiniiin (Hierox.) Hickkx 

Hicken, Ohs. quclq. Foixj. Argenf. (1906), 7. 

Aspidiitm argentiniiin Hieron. iu Enf/l. Boi. Jalirh.. XXII (1896), 367. 

Argentina : Catamarca, Eioja, Córdoba, San Luis. 



8. I\ephrodiuni I^orentzü (Hiep.ox.) Hicken 

Hickeu, Ohs, qitclq. Foiif/. Aryent. (1906), 7. 

Aspidium Lorentzil Hierou. in Engl. Bot. Jalirh., XXII, 368. 

Dryopteris Lorentzil (Hieron.) C. Christ., Ind. (190.5), 276. 

Argentina : Córdoba, Mendoza. 

9. ¡\ephrotliiiní íialanderi (IIierox.) Hickex 

Hickeu, Ohs. quclq. Fokíj. Argent. (1906), 7. 

Aspidium Galanderi Hieron. iu Engl. Bot. Jahrh., XXII (1896), 369. 

Dryopteris Galanderi (Hieron.) C. Christ., Ind. (1905), 267. 

Argentina : Jujiiy, Córdoba, San Luis. 

10. I\epiii'odiuni afhalense (Hieron.) Hicken 

Hicken, Ohs. quclq. Foug. Argent. (1906), 7. 

Aspidium achalense Hieron. in Engl. Bot. Jalirh., XXII (1896), 371. 

Dryopteris aehalensis (Hieron.) C. Christ., Ind. (1905), 250. 

Argentina : Córdoba. 



11. I\ephrodiuni ««iainbonense (Hieron.) Hicken 

Hicken, Obs. cpielq. Foug. Argent. (1906), 7. 

Aspidium siamhonense Hieron. in Engl. Bot. Jahrh., XXII (1896), 372. 

Dryopteris siamhonensis (Hieron.) C. Christ., Ind. (1905), 292. 

Argentina : Tucumán. 



12. I\ephrodiuni Eteliichuryi Hicken 
Hicken, Notiv. Contrih. Foug. Argent. (1907), 5. 



— 281 — 

Área jieo,uiáftcii : Uiasil, Parajiuay. 
Aro-eutiiia : Misiones. 

13. IVeplirodiiiiii i>s(Mi«loiiioiitaniini (Hikuon.) Kosknst. 

Eosenst. in líedivigm (1904), 225. 

Aspidium pseudomontaiium Hierou. in Enyl. Ilot. .íukrb.. XXII (1896), 22."). 

DryojJteris pseudomontana (Hierou.) C. Christ. Ind. (1905), 286. 

Área geográfica : Brasil austral. 
Argentina : Misiones, Entre Eíos. 

14. IVophi'odiiiiii filixiuatii (L.) Iíich. 

Eicli. in Marthe, Cat. jard. vicd., París (1801), 129. 
Hook. Bak., 1. c, 272. 

Polypodimn Filix-mas L. Spec, Pl. II (1753), 1090. 
Dri/opteris Filix-mas (L.) Schott, Gen. FU. ad (1834), tab. 9. 

Área geográfica : Países boreales y templados. Europa, Himalaya, Si- 
beria. Java, Méjico, Perú, Brasil. 

Argentina : Aun no se lia señalado para el país. 

v:ir. paleaceiiin (Swartz) Mett. 

Mett., Farngatt., IV, Fhegopt. u. Áspid. (1858), 55. 

Aspidium paleaeeum Swartz, Syn. (1806), 52. 

Aspidium Filix-mas Griseb. Pl. Lorentz. (1874), 229 et Symh. (1879), 344, pt. 

Área geográfica : La del tipo. 
Argentina : Tncumán. 

15. l\ephrodiiiin patuliini (Swartz) Bak. 

Baker in Mart., Fl. Brasil., V (1870), 480. 

Hook. Bak., 1. c, 276. 

Aspidium patulmn Swartz; Vet. Ak. Handl. (1817), 64. 

Dryopteris patula (Swartz) Und. ; Otir nat. Ferns ed., IV (1893), 117. 

Área geográfica : América tropical. Arizona, Antillas, Méjico, Brasil, 
Ecuador. 

Argentina : Tucumán. 

16. I\eplirodiuni connexuní (Kaulf.) Hicken 

Hicken, Polipod. Argent. Catal. (1908), 231. 
Polypodium connexum Kaulf., Emim. (1824), 120. 



— 232 — 

Hook. Bak., 1. c, 312. 

Dryopteris connexa (Kaulf) C. Christ., Ind. (1905), 258. 

Área geográfica : Bosques tropicales y subtropicales de América, 
Guayauas, Brasil, Paraguay, Uruguay. 
Argentina : Misiones, Corrientes. 

17. IMepliroilíuin L.ílloi Hicken 
Hickeii, Obs. qaelq. Foug. Argent. (1906), 8. 
Argentina : Tucumán. 

18. IVeplirudiuiii villosiini (L.) Presl 

Presl iii Keliq. Haenk., I (1825), 38. 

Polypoümm villosum L. S2>€c., II (1753), 1093. 

Hook. Bak., 1. c, 286. 

Dryopteris villosa (L.) O. Ktze., Eev. Gen., II (1891), 814:. 

Área geográfica : América tropical. 
Argentina : Tucumáu. 

19. rVeplirodiuní aiuplisí^iniuní (Presl) Hook. 

Hook., Spec. Filie, IV (1862), 145. 

Hook. Bak., 1. c, 502. 

Polystichum (impUssimum Presl, Tent. Pterid. (1836), 84. 

Dryopteris amplissima (Presl) O. Ktze., Eev. Gen., II (1891), 812. 

Área geográfica : Bosques tropicales de Sud América. Guayaua, 
Brasil, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

20. IVephrudiuní effiísmii (Swartz) Bak. 

Baker iu Hook. and Bak., Synops. Filie. (1867), 287. 
Polypoüium effmum Swartz, Fl. Ind. Oce., III (1788), 1690. 
Dryopteris efiisa Urb., Symb. Ant., IV (1903), 16. 

Área geográfica : Bosques tropicales de América. Méjico, Antillas, 
Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

var. tenue Hicken 

Hicken, Xom. Contrib. Foiuj. Argent. (1907), 7. 
Argentina : Puerto Pampa (Misiones). 



28:^ — 



-1. rVcpIll'OlIillIll ;í-OI1<;\ 1<»«U'S (S( IIKIMIÍ) Sc'IlOTT 

Schott., Gen. FU. ad. (18:vl), tab. 10. 

Asptdhtm (¡oni/lofUs .Schkuhr, Fil. (1800), 193, tab. 35. 

Xcphrodinm tinitum (L.) R. lir., Fiodr. Fl. Nov. Holl. (1810), 118. 

Hook. Bak., 1. c, 289. 

Dnjoptcris qongylodes (.Schkuhr) O. Ktze., Itcv. Gen. FL, II (1891), 811. 

Área «ieogvática : En los trópicos, xífrica, China, Australia, Kueva 
Zelandia, Antillas, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil. 
Ariientiua : Misiones. 



22. Xephrodiiini tetrao^onuní (Swaiitz) Keys. 

Keys., Fol. Ct/ath. Hb. Ihuuj. (1873). 

Fohipodhtm tetrayonitm Swartz, Frodr. (1788), 132. 

Hook. Bak., 1. c, 317. 

JJri/opter'is tetríKjona (Swartz) Urbau, Symh. Ant., IV (1903). 20. 

Área geográfica : Trópicos americanos. Méjico, Antillas, Colombia, 
Ecuador, Perú, Brasil. 
Argentina : Misiones. 



23. IXephroditiiu refractum (Fisch et Mey.) Hook. 

Hook., Spec. Filie, IV (1862), 102, tab. 2.52. 

Hook. Bak., 1. c, 292. 

Folypodium refractum Fisch. et Mey., Linnaea, XXIII (18o0), 321. 

Dryopteris refracta (Fisch. et Mey.) O. Ktze., Bev. Gen. Fl., II (1891), 813. 

Área geográfica : Brasil, Paraguay. 

Argentina : Misiones, Concepción del Uruguay (Entre Ríos), Eío San- 
tiago (La Plata). 



21. iVephrndiuin parasitieuní (L.) Desv. 

Desv., Frodr. (1827), 260. 

Folypodium parasiticum L. Spec. Fl., II (1753), 1090. 

Nephrodium molle E. Br., Frodr. Fl. Xov. Holl. (1810), 119. 

Hook. Bak., 1. c, 293. 

Dryopteris paralitica (L.) O. Ktze., Eev. Gen. FL, II (1891), 811. 

Área geográfica : En todos los tró^jicos y subtrój)icos. Azores, Madei- 
ra, Guinea, Himalaya, Filipinas, Jíiieva Zelandia, Méjico, Antillas, Co- 
lombia, Ecuador, Perú, Brasil, Paraguay, Bolivia, Uruguay. 

Argentina : Salta, Tucumán, Gran Chaco, Corrientes, Misiones. 



— 23-1 



var. glabrindusiatiini (Hikron.) Hickex 

Hicken, Pohjpod. Argent. Cat. (1908), 234. 

Aspiñium molle Sw. var. glahrinclusiatitm Hierou. iu Engl. Bot. Jahrh., XXII 
(1896), 374. 

Argentina : Ignazú (Misiones). 



25. I\ephi*otliiiin serratuní (C.vv.) Diels 

Diels in Engl. Nat. Pfianzenf., I* (1889), 179. 
Meniscium serratum Cav. Prael. (1803), 548. 
Hook. Bak., 1. c, 392. 
Dryopteris serrata (Cav.) C. Christ. Inñ. (1905), 291. 

Área geográfica : Trópicos americanos. Méjico, Antillas, Centro Amé- 
rica, Colombia, Ecnador, Bolivia, Paraguay, Brasil. 
Argentina : Misiones. 



^. DIDYMOCHLAEXA 

1. Didyniofhlaena tniin*atula (Swartz) J. Sai. 

J. Sm. iu Journ. of Bot., lY (1841), 196. 

Aspidium truncatulum Swartz in Schrad. Journ., 1800^ (1801), 36. 

Didymochlaena sinuosa Desv., Berl. Mag., V (1811), 303, tab. 7, fig". 6. 

Didymochlaena lunulata Desv., Prodr. (1827), 282. 

Hook. Bak., 1. c, 248. 

Área geográfica : En todos los trópicos. Madagascar, Xatal, Antillas, 
Guatemala, Perú, Brasil, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 



5. ASPIDIUM 

1. Aspidium martinicense Spreng. 

Spreng., Anleit., III (1804), 133. 

Aspidium macrophyllum EudolpM (1805). 

Nephrodium macrophyUum Bak. in Hook. and Bak., Synops. Filie. (1867), 300. 

Área geográfica : Trópicos americanos. Méjico, Antillas, Gnayanas, 
Brasil, Colombia, Ecuador, Peni, Bolivia, Paraguay. 
Argentina : Iguazú, Salta, Oran. 



— 285 — 



0. rOLYtíTlCIlUM 

1. l*olysti<*liiini |»lafy[»liyUiiiii (Wir.i.D.) Puesi- 

Prcsl, Tnif. Ptcrid. (If^oU), SI. 

At:p¡dh(m platiiplii/llum Willd. Spcc, V (1810), 2.").". 

Aspidiion (icitlcatum Sw. var. plaiiiphyUíim Bak. iii Mart., Fl. lirusil. (1870), 

462, tal». 32. 
Folypodiitm jüati/plnillum lldok.; Ilodk. üak., 1. c, lilO. 

Área geográñca : Guatenuihi, Antillas, Venezuela, Ci)loiiibia, Ecua- 
dor, Perú, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay. 

Argentina : Jujuy, Salta, Oran, Tucuuián, Gran Chaco, Misiones, Cór- 
doba, Tandil. 

var. Kurfziana Hk'kex 
Hickeu, Obs. qiidq. Foiif/. An/enf. (1906), 11. 
Argentina : Córdoba (Sierra de Achala). 

var. Klotz^iiohii Kosenst. 

Rosenst. iii -sclird. 

Polysticlium plaft/phi/lltim (Willd.) Prels. f. [/ciiuina Roseust. Hedwigia, 46 
(1906), 112. 

Área geográfica : Brasil austral. 
Argentina : Santa Ana (Misiones). 

2. Polysticlium niontevidense (Sprexg.) Eosexst. 

Eosenst. in Hedivigia, 46 (1906), 111. 
Polypodhim montevidensc Spreiig. Syst., IV (1827), 59. 

Aspidium aculeatum Sw. var. platypliyllum Griseb. ; Pl. Lorentz. 229 et Symb., 
344. 

Área geográfica: América subtropical. Ecuador, Perú, Bolivia, Bra- 
sil, Paraguay, Uruguay. 

Argentina : Misiones, San Luis, Córdoba, La Eioja, Tucumán, Jujuy, 
Curá-Malal, Ventana, Sierra Peregrina. 

f. ^eniiina (Hieron.) Hicki;x 

Hickeu, Polypod. Argent. Catul. (1908), 23.5. 

Aspidium montevidense f. ffennina Hieron. in Engl. Bot. Jahrb., XXII (1896), 365. 

Argentina : En las localidades ya citadas. 



— 23(5 



f. isqiíaniulosa (Hieuon.) Hicken 

Hickeu, Folypod. Arí/cnt. Catal. (1908), 236. 

Aspulium montevideiise f. squamulosa Hieron. iu Enf/l. Bot. Jahrb., XXII (1896), 
366. 

Área geográfica : Uruguay. 
Argentina : Córdoba. 



f. inihricata (Hierox.) Hickex 

Hicken, Polypod. Arf/cnt. Catal. (1908), 236. 

Aspidiitm montevldcnuc f. imbricata Hieron. iii Engl. Bot. Jahrb.. XXII (1896), 366. 

Argentina : Tucumán, Misiones. 

3. PoIy<»li('liuin ohileiise (Ciikist.) Diels 

Diels in Engl. Nat. Fflzenf., V (1899), 192. 

Polystichum vestitum Gay. (uon Presl) ; Fl. Chil., VI (1853), .516. 

Área geográfica : Eegiones antarticas de Sud América. Chile, Maga- 
llanes. 

Argentina : Tierra del Fuego, isla de los Estados. 

1. FolystiehHiu niohrioides (Bory) Prest, 

Presl, Tent. Fterid. (1836), 83. 

Aspidium mohrioides Bory, Mém. Soc. Linn., París, IV (1826), 597. 

Hook. Bak., 1. c, 252. 

Área geográfica : Regiones frías del lieniisferio austral. Georgia aus- 
tral, islas Marión, Amsterdam, Chile, Perú, Ecuador, California. 

Argentina : Ushuaia, Patagonia (región de los lagos), Neuquén, Men- 
doza, Rioja, Córdoba, sierra de la Ventana. 

f. g'enuina Hickex 
Hickeu, Obs. quclq. Fouf/. Argent. (1906), 12. 

Argentina : Lugares arriba indicados. 

f. latifolia Hickex 
Hickon, Obs. quclq. Foiig. Argent. (1906), 13. 

Argentina : Canal Beagle, lí'euquén, Mendoza, río Pico (Patagonia). 



— 237 — 

5. Poly«<iti(*liuiii iiiiiltitidiiiii (Mktt.) ¡Mooiti'; 

Mooro, Ind., LXXXIV (18r)7). 

.ispidinm mnltifidum Mett. iu Fil. Lcchl. Chil. el l'cr. (185ü), 20, tab. 3. 

llook. Hak., 1. v., 556. 

l'oliistichinn l'carcn rhil. Linn.. XXXIII (18G5), 305. 

Área <>eográftca : Eejiióii andina dosde ol Poní liasta Tierra del Fuc- 
<io: Xueva Zelandia. 

Argentina : Uslmaia; río Aysen (Patagonia). 

var. Autrani IIickkn 

Iliekeu, Ob^. quciq. Foiuj. Jrtjcnt. (1906), 14. 

Argentina : Chubnt (región de los lagos). 

(i. Polystiflmín orbiculatuin (Desv.) Gav 

Gay, Fl. Chil., VI (1853), 515. 

As2)idium orhiculatuin Desv. Berl. Mag., Y (1811), 321. 

Polystichum oriieulare Christ, Arkiv for Bot., IV' "^ (1905), 3. 

Área geográfica : América anstral. Cliile desde Valdivia. 
Argentina : Tierra del Fnego, isla de Año Nuevo, río Aysen (Pata- 
gonia). 

7. t'olv'íítifhuin aclianf ¡í'ornit' (Foust.) J. Sm. 

,J. Sm., Hist. FU. (1875), 220. 

Polypodium adiant {forme Forst. Prodr. (1786), 82. 

Aspidium coriaceiim Swartz (1801). 

Aspidium capense Willd. Spcc, V (1810), 267. 

Hook. Bak., 1. c, 254. 

Área geográfica : África austral, Polinesia, Australia occidental, Nue- 
va Zelandia, Antillas, Brasil, Chile austral. 

Argentina : Usliuaia, Patagonia, Nahuel-Huapí, Sierra de la Ventana, 
Curá-Malal, Puáu, Olavarría, Tandil, Sierra Peregrina, islas del Tigre, 
Misiones, Corrientes. 

7. SACCOLOMA 

1. Saceoloma inaequale (Kze.) Mett. 

Mett. iu Ann. Se. Nat., IV, Ser., XV (1861), 80. 
Bavallia inaequalis Kze., Linn., IX (1834), 87. 
Hook. Bak., 1. c, 99. 



288 



Área geográfica: Trópicos americanos. Antillns, Perú, Bnisil, 
Argentina : Misiones. 



8. DENNSTAEDTIA 

]. Denn^taedtia teñera (Presl) Mett. 

Mett. iii Ann. Se. nat.. Y' (1864), 261. 
Dicksonia teñera Presl. Del. Fmg., I (1822), 189. 

Área geográfica : En los bosques tropicales de América, desde Méjico 
hasta Eío Grande do Sul. 

Argentina : Tncumán, Jnjiiy, Oran, Gran Cliaco, Misiones. 

var. tienfata Hierox. 

Hieron. in Engl. Bot. Jahrh., XXII (1896), 362. 

DavalUa inaequaUs Griseb. (non Kze.) in Plant. Lorentz. (1874) et iu Symb, 
ad Flor. Arf/ent. (1879), 341. 



Argentina : Tucumán, Salta y Jujuy. 



1). ATHYEIUM 

1. Athyí'imn «leo iirtaliini (Kze.) Prest. 

Presl. Tent. Pterid. (1836), 98, tab. 3, flg. 3. 
Asplenium decnrtatiim Kze. in Link. FU. Sjyec. (1841), 94. 
Hoolí. Bak., 1. c, 226. 

Área geográfica : Brasil, Paraguay, Uruguay. 

Argentina : Misiones, Corrientes, Gran Chaco, islas del Paraná, Tigre 
y Tucumán. 

2. Alliyriuin filix foeiiiina (L.) Kom 

Roth in liom. Mag.. II, 1 (1799), 106. 

l'olypod'mm filix foemina L., Spec, II (1753), 1090. 

Asplniiitm fiHx foemina Bernh. in Schrad. Jour., I (1806), 26-48, tab. 2. íig. 7, 

Hook. Bak., 1. c, 227. 

.\.rea geográfica : Casi cosmopolita. Europa, África, Himalaya, Japón, 
Labrador, Antillas, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay. 
Argentina: Misiones, Corrientes, Entre Eíos, Tandil? (Spegazzini). 



2.S!) — 



VIH-. I>«>iiil»<>yi (l>Ksv.) lliiciíoN. 

Hioron. iu Ení/I. Jiot. .¡uhrh., XXXIV (190-1), 450. 

AthiitiHin Dombcyi Dcsv., Linn., VI (1827), 2(>6. 

Athi/rhim Jilix foemina (L.) Roth var. inciaa (Fée) llicroii. JCiii/l. liol. .Iníirh., 

XXII (1896), 363. 
Aspidiitm jUix-maH S\\'iii-t¿ var. rcmotniíi (Jivi>^iúy. (non Al. Braiui) iu Symh. Fl. 

Jni. (1S7Í)). 3n. 



Área geognitíca : Méjico, Colombia, Perú. 
Ariientiiia : Tucuinán, Córdoba. 



10. DIPLAZIUM 

1. Uiplaziuin Shepherdi (Spiiexg.) Lixk. 

Link. iu Hort. Berol., II (1833), 70. 

Aspleiiium Shepherdi Spreng. FU. Mant. (1821), 231, tal). 17, ñg. .5-6. 

Hook. Bak., I. c, 233. 

Área geogTí'iflca : Méjico, Costa Rica, Antillas, Brasil, Peni, Paraguay. 
Argentina : Misiones, Gran Chaco. 

2. Miplaziiini slriatuní (L.) Pkesl 

Presl Teni. Fterid. (1836), 114. 

Asplenium striatum L. Spec, II (1753), 1082. 

Diplaziwm crcnnJatum Lielj. Vid. Selsk. Skr., V 1 (1849), 254. 

Asplciiiuin crcniílatiim, Bak.; Hook. Bak., 1. c, 236. 

Área geográfica : América tropical y subtropical : Méjico, Antillas, 
Brasil, Paraguay, Uruguay, Ecuador. 
Argentina : Misiones (Iguazú). 



11. PHYLLITIS 

1. Phyilitís brasiliensiíi (Swartz) O. Kt/e. 

O. Ktze. Rev. Gen. Pl., II (1891), 818. 

Asplenium brasUicii><c .Swartz in Vet. Acad. Handl. Stock. (1817), 65, tab. 3, 

fig. 1. 
Scolopendrium brasilicnse Knuze iu Linnaea, XXIII (1850), 291. 
Hook. Bak., 1. c, 247. 

Área geográfica : Brasil austral, Paraguay. 
Argentina: Misiones. 



— 240 — 

2. Phyllitis tSalansae (Bak.) C. Chkist. 

C. Christ. Index Filie. (1906), 402. 

Soolojiendrinm Balansae Bak. in Hook. Icón. Pl. (1886), tab. 165o. 

Área geográfica : Brasil meridional, Paraguay. 
Argentina : Gran Chaco. 

3. Phyllilis plantag-inea (Sciirad.) O. Ktze. 

O. Ktze. Rev. Gen. n., II (1891), 818. 

Scolopendrinm plantüfiineum Schrad. Gott. fiel. Anz. (1824), 870. 

Hook. Bak., 1. c, 247. 

Área geográfica : Brasil austral, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

12. ASPLENIUM 

1. Aspleniíiiu serratuní L. 

L. Spec. n., II (1753), 1079. 
Hook. Bak., 1. c, 193. 

Área geográfica : América tropical. Antillas, Guatemala, Perú, Ecua- 
dor, Galápagos, Brasil, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

2. Aspleniíini (íwillie<iiii Hook. 

Hook. Exot. Fl., III (1827), ad tab. 208. 

AspUnium Gilliesianium Hook. et Grév. Ron. Filie. (1829), tab. 63. 

Hook. Bak., 1. c, 195. 

Área geográfica : Entre las rocas de la región andina. Ecuador, Perú, 
B Olivia. 

Argentina : Jujuy, Uspallata, Córdoba, La Eioja, Tucumán. 

3. A^pleuiuní L.oreiitzii Hieron. 
Hieron. iu Em/l. Bot. Jahrh., XXII (1896), 375. 

Argentina : Parte central y montañosa. Tucumán y Salta. 

4. Aspleniuiu trichonianes L. 

L. iSpec. PL, II (1753), 1080. 
Hook. Bak., 1. c, 196. 



— 241 - 

Áre;i .üeo^nítica : Casi cosmoixílita de las n^uioiics templadas. Eiiro])a, 
Azores, Japón, Himalaya, Sud África, Australia meridional, Nueva Ze- 
landia, Méjieo, re<>i(')n andina, Ecuador, Perú, Bolivia. 

Argentina : Tueumán, Entre Ríos, sierra de la Ventana. 

var. aiioeps (Sor.AM).) Mii.ue 

Milcli!, FU.Enrup. ct Jtlaiit. (18G7), 64. 

J.splrnium anoep.s Solaud. in Ilook. et Grév. Icón. Filie. (1831), tal). 19ri. 

Asploiium trichomaues Grisel>. (nou L.) Pl. Lorentz, 229 et Symh., 844. 

Área geográtíca : Idéntica dispersión que la anterior. 

Argentina: Prefiérelas sierras centrales y las regiones andinas. Ju- 
juy. Salta, Tueumán, Córdoba, San Luis, Catamarca, Mendoza, Entre 
Eíos, barrancas de San Isidro, sierra de la Ventana. 

ó. Asplcniuní inonauthes Ti. 

L. Munf. (1767), 130. 

Asplenium monanthemiim Mnrr. Liiiii. Syst. Veg. eil XIV (1784), 933. 

Hook. Bak., 1. c, 197. 

Área geográfica : Casi cosmopolita. África, Canarias, Abisinia, Colo- 
nia del Cabo, Arizona, Méjico, Hawai, Colombia, Ecuador, Perú, Bra- 
sil, Chile. 

Argentina : Oran, Salta, Córdoba, Tueumán, Misiones, sierra de la 
Ventana. 

6. Asplenium lunulatiiin Swartz 

Swartz in Schrad. Journ., II (1801), 52. 
Hook. Bak., 1. o., 202. 

Área geográfica : En todos los trópicos. Indias, Ceylan, Hawai, Gui- 
nea, Antillas, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Brasil, Chile, islas Juan 
Fernández. 

Argentina: Misiones, Tueumán, Salta, Catamarca, San Luis, Corrien- 
tes, Entre Ríos. 

var. niajiis Mett. 

Mett., Farngatt. Asplen. (1859), 121. 

Asplenium erectum Bory; Willd. Spec, V (1810), 328. 

Asplenium harpeodes Kze. Linn., XVIII (1844), 329. 

Área geográfica : Con el tipo. 
Argentina : Gran Chaco, Tueumán. 

líEV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (IX, •J9, 10Ü8.) 16 



— 242 — 

var. Sellowiana Hieron. 

Hieron. iu Enf/l. Bot. Jahrb., XXII (1896), 377. 

Área geográfica: Uruguay, Brasil austral. 
Argentina : Concepción del Uruguay. 

\nv. tenerrinia Hieron. 
Hierou. iu Eiujl. Bot. Jahrh., XXII (1896), 377. 

Área geográfica : Paraguay, Uruguay. 

Argentina : Bosquecillos de la región mesopotámica, á orillas de los. 
ríos Paraná y Uruguay. Islas del Tigre, sierra de Curá-Malal; Misiones^ 

7. Aspleniuní Kiinzeaiiiim Kl. 

Rosenstock iii Hedwtijia, 46 (1906), 100. 

Aspleninm pteropits Kaulf. var. radicans Mett. Farng. AspL, n" 77 (18.59). 

Área geográfica : Brasil austral. 
Argentina : Misiones. 

8. Asplciiiuní Ilolmln'rjfi Hickex 

Hickeu, NoHV. Contríb. Foufi. An/eitf. (1907), 8. 
Argentina : Misiones (San Ignacio, Piray, Iguazú, Puerto Pampa). 

0. Asplcnium ol>tiisifoliiiiii L. 

L. Si)ec., II (1753), 1080. 
Hook. aud Bak., 1. c, 202. 

Área geográfica : Trópicos americanos. Méjico, Antillas, Venezuela^. 
Brasil. 

Argentina : Misiones. 

10. Aíípleiiiuní abscissuin Willd. 

Willd. Sj)ec. Pl., V (1810), 321. 
Hook. aud Bak., 1. c, 203. 

Área geográfica : Bosques tropicales y subtropicales de América. Mé- 
jico, Antillas, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Paraguay,, 
Uruguay. 

.Vrgentina : Misiones, Gran Chaco, Salta, región mesopotámica. 



— 248 



11. As|>l<'iiiiiiii siilcaliiiu \j\\í. 

Lani. Kiic, II (1786), 308. 

Asplenium auvitum Swartz iii Sfhrdd. Jottni., II (1801), ;?2. 

Hook. Bak., 1. c. 208. 

Áioa iieoiiníficíi : Indias australes, Madagascar, Méjico, Antillas, Co- 
lombia, Ecuador, Peiú, Brasil, L^ruguay. 

Argentina : Tucumán, Gran Chaco, Misiones, región niesopotánii(;a. 

var. reco«»:nittini (Kze.) Hicken 

Hickcu, Poli/pod. Ar(/ent. Catal. (1908), 243. 
Asplenium auritum Swartz var. recognitum Kze. 
Asplen'mm recognitum Kze. Linn., XXII (1849), 577. 

Área geográfica : La misma distribución que el tipo. 
Argentina : Mezclada con el tipo, abundando sobre todo en la región 
subtropical. 

12. Asplenium forinosuní WirxD. 

Willd. -S>>c. /'/., V (1810), 329. 
Hook. Bak., 1. c, 210. 

Área geográfica : Trópicos americanos y además en Ceylan y Congo. 
Méjico, Antillas, Guatemala, Perú, Galápagos, Brasil, Paraguay. 
Argentina : Misiones, Salta, Tucumán, Córdoba. 

l.S. Asplenium niucronatum Prksl 

Presl, Del. Frag., I (1822), 178. 
Hook. Bak., 1. c, 212. 

Área geográfica : F^pífita en la región brasileña y en el Paraguay. 
Argentina : Misiones. 



14. Asplenium ma^elianieuní Kaulf. 

Kaulf., Enmn. Filie. (1824), 17-5. 
Hook. Bak., I. c, 213. 

Área geográfica : Chile desde Coquimbo hasta Magallanes, islas Juan 
Fernández. 

Argentina : Región de la Cordillera, desde el lago Nahnel-Huapí hasta 
Tierra del Fuego. 



— 244 — 

15. Aspleniuin achalense IIierox. 
Hieron. in Eiujl. Bot. Jahrb., XXII (1896), 378. 

Argentina : Sierras de Córdoba. 

16. Aspleniuní praeniorsuní Swautz 

Swartz Ffodr. (1788), 130. 

Asplenium furcaium Thiinb. iu Hook. and Bak., 1. c, 214. 

Área geográflca : Trópicos y subtrópicos de ambos hemisferios. Aus- 
tralia, China, Abisinia;, África meridional, Méjico, Antillas, Colombia, 
Ecuador, Perú. 

Argentina : Sierras de Tucumán y Córdoba. 

17. Asplenium «liver^cns Mett. 

Mett. iii I5ak., Fl. Brasil., I, 2 (1870), 44r>. 
Hook. and Bak., 1. c, 215. 

Área geográflca. Trópicos americanos. Brasil, Ecuador, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

18. Aüipleiiiuní inic*roplei*oii Bak. 

Bak. iu Hook. aud Bak. cd.. II. Sipiojis. Filie. (1874), 4.SS. 

Área geográfica : Perií, Paraguay. 
Argentina : ]\[isiones, Tucumán. 

Y:ir. iiiinor Hicken 
Hicken, Ohs. quelq. Foug. Avíjeni. (190ti), 1."). 

Argentina : Misiones. 

19. Asplenitini tiu'iiiiianeiise Hieuon. 
Hieron. in En<jl. Bol. Jahrh., XXII (1896), 380. 
Argentina : Bosques de Tucumán. 

20. Aspleniuiu tripiíylUiin riiEsi, 

I'resl, Reliq. Hacnk., 1 (1825), 45. 
Hook. and Bak., 1. c, 219. 



— 24.-) — 

Área iieojinífica : líoiíióii moiitañosa de l'^.cnador, Prn'i, Bolivia. 
Ar.i>eiitina : Tucuiiiiíii, Kiitrc Ivíos. 



i:j. BLECHNUM 

1. Blceliiiiiin allciiualiiin iWm.l».) Mktt. 

Mett., FU. Hort. Itot. Lips. (1856), (34, tab. 3, fi<;. 5-6. 
Lomaría atteuuata Wilkl. Spec, PL, V (1X10), 290. 
Hook. au»l Bak., 1. <■., 176. 

Área geográfica : Kiegiones tropicales y templadas de América é islas 
del Pacífico. 

Argentina : Bosques antarticos desde Ííahuel-Huapí hasta Tierra del 
Fuego. 

2. Itlechniini lanceulatuin (R. Br.) Stuum 

Sturm, Eiium. Fl. Cri/pt. chilcn. (1858), 25. 

Steffania lanceolata R. Br. Frodr. Fl. Xov. Holl. (1810), 152. 

Lomaría lanceolata Spreiig. Hook. and Bak., 1. c, 177. 

Área geográfica : Regiones templadas «leí hemisferio austral. Tasma- 
nia, Australia, Nueva Zelandia, Polinesia, Ecuador, Chile. 
Argentina : Xahuel-Huapí. 

v:ir. «itqiianiipes Hieron. 
Hieroii. iii FiifiL Bot. Jahrb., XXII (1896), 381. 
Argentina : Sierra de Achala. 

var. aehalcn<i«is Hierox. 

Hieren, in Engl. Bot. Jahrb., XXII (1896), 381. 

Lomaría alpina Grisel). (non Spreng.). Sijmh. (1872), 343. 



Argentina : Sierra de Achala, Xahuel-Huapí. 



3. Blechnuní asperum (Kr>.) Sturai 

Sturin, Eiium. Fl. Crypt. Chil. (1858), 22. 
Lomaría áspera Klotzcli, Linn., 20 (1858), 22. 
Hook. and Bak., 1. c, 177. 

Área geográfica : Chile é islas del Pacífico. 

Argentina: En los bosques antarticos hasta el Estrecho de Magallanes. 



2-Ki 



4. Blecliiiuin polypodioides (Swaktz) Klhn 

Kuhu, FU. Afr. (1868), 92. 

Onoclea polypodioides Swiirtz (uou L.) Fl. Iiid. Occ, III (1800), 1585. 

Área geográfica : Epífita eu los bosques tropicales del hemisferio 
austral. Méjico, Antillas, Ecuador, Brasil, islas de Juan Fernández, 
Madagascar, Polinesia, Mascarenas, Comoras. 

Argentina : Misiones. 

5. Klechuuní peiina marina (Poir.) Mett. 

Mett. iu Kuhu, FU. Afr. (1868), 92. 

Polypodiwm penna-marina Foiv. Lam. Encycl., \ (1804), 520. 

Lomarla alpina tíi^reug. Hook. Bak., 1. c, 178. 

Área geográfica : Eegiones temjjladas y frías del hemisferio austral. 
Magallanes, Chile, Nueva Zelandia, Tasmania, Brasil central, Tristan 
d'Acunha, Kerguelen. 

Argentina : Bosques antarticos desde ISTahuel-Huapí hasta Tierra del 
Fuego. Ushuaia, Malvinas, isla de los Estados, sierras de Córdoba. 

6. Bleefinum capense (L.) Schi-kcht. 

Schlecht., Adumlr. FU. (1825), 34, tab. 18. 

Osmunda capensis L. Mant. (1771), 306. 

Lomaría Gilliesi Hook. et Grév. Iconc. Filie. (1831), tab. 207. 

Área geográfica : Eegiones templadas y frías del hemisferio austral. 
Méjico, Antillas, Australia, Nueva Zelandia, Cabo de la Buena Espe- 
ranza, islas Malayas, Fidji, Tahiti; Centro América, Guayanas, Ecua- 
dor, Perú, Brasil, Chile, islas Juan Fernández, Montevideo. 

Argentina: Mendoza, Misiones, sierra de la Ventana, sierras de Cór- 
doba, Nahuel-Huapí. 

7. Hleehnuní Sprueei C. Cuiust. 

C. Christ., Ind. Filie. (1905), 160. 

Lomaría caudata Bak., Hook. aud Bak., 1. c, 179. 

Área geográfica : Ecuador. 
Argentina : Tucumán. 

8. Bli'chniini tabulare (Thünb.) Klhn 

Kuhu, FU. Afr. (1868), 94. 

FferÍK tabulare Thuub. Frodr. Fl. cap. (1800), 171. 



— 247 — 

Lomaría mafidlaiiica Dosv. (1811). 

Lomarla liorifaiía Willd. Hook. lh\k., 1. c, IHO. 

Avea geográfica : Regiones templadas y Irías del lieinisferio austral. 
Madagascar, Colonia del Cabo, islas Mascarenas, Tristan d'Acunha, 
Juan Fernández, Chile, Uruguay, Brasil, Guayanas, Antillas, Bolivia, 
INIauritius, Eeunión. 

Argentina : Misiones, Naliuel-Huapí, bosques antarticos, Usliuaia, 
isla de los Estados, Malvinas. 

!t. Bleeliiiuin lanceola Swartz 

Swartz in K. Vetensk. Acad. Haiidl. (1817), 72. tab. 3, fig. 2. 
Hook. Bak., 1. c, 183. 

Área geográfica : América tropical. Bogotá, Ecuador, Perú, Eío de 
Janeiro, Paraguay. 
Argentina : IVIisiones. 

var. trifoliatuní (Kaulf.) Kze. 
BJevlinum trifoJiatum Kaulf. En. FU. (1824), 157. 

Área geográfica : Mezclada con el tipo. 
Argentina : Misiones. 

10. Bleehnuní blechnoides (Lag.) C. Christ. 

C. Christ. Lid. Filie. (1905), 151. 

Asplenium blechnoides Lag. in Swartz Syn. Filie. (1806), 76. 

Blechnum iinilaterale Swartz. Hook. Bak., 1. c, 184. 

Área geográfica: Trópicos y subtrópicos sudamericanos. Méjico, An- 
tillas, Colombia, Perú, Brasil, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

11. Bleehnuní brasiliense Des%-. 

Desv. iu Berl. Mag., V (1811), 330. 
Hook. Bak., 1. c, 184. 

Área geográfica : Trópicos americanos. Perú, Brasil, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

12. Bleehnuní oeeidentale L. 

L. Si)ec. PL, II (1753), 1077. 
Hook. Bak., 1. c, 185. 



— 24S — 

Área geográfica : Méjico, Antillas, Venezuela, Ecuador, Galápagos, 
Perú, Brasil, Paraguay, Chile, Uruguay, Bolivia. 

Argentina : Misiones, Salta, Oran, Tucumán, Córdoba, sierras del 
Tandil, Azul, Olavarría, Ventana, Curá-Malal, Puán, Mar del Plata, 
islas del Tigre, Capital Federal, sierras de Córdoba, San Luis. 

v:ir. distans (Presl) Bak. 

Baker iu Mart., Fl. Brasil., V (1870), 425. 
Bleclmiim distans Presl. Tent. Pterid. (183G), 103. 

Área geográfica : Mezclada con el tipo. 
Argentina : Misiones. 

v;ir. ciliatum (PitESL) Bak. 

Baker in Mart., Fl. Brasil., V (1870). 

Blechnum ciliatum Presl. lieliq. Haenk., I (182.5), .50. 

Área geográfica : Chile, Peni. 
Argentina : Sierra de Achala. 

lo. Blechnuin arcuatiini Kehv 

Fée, Gen. (1850-52), 73. 

Gay, Fl. Chil., VI (1853), 477. 

Área geográfica: Chile meridional. 
Argentina : Kahuel-HuaiJÍ. 

14. Blechnuní ^landulosuní Link. 

Liuk. Eimm. alt. hort. Brol., II (1822), 462. 
Lomaria campyloüs Kze. Linn., XVII (1843), 567. 

Área geográfica : Méjico, Colombia, Guayanas, Eío de Janeiro, Bo- 
livia. 

Argentina : Sierras de Córdoba y San Luis. 

15. Blechnuiu australe L. 

L. Mant. (1767), 130. 
Hook. Bak., 1. c., 186. 

Área geográfica : Hemisferio austral. Colonia del Cabo, Indias, Mada- 
gascar, Tristan d'Acunha, Brasil, Uruguay, Chile. 



•24!) " 

Argentina : Sierras (U'l Tandil, C'ai)ital federal, islas <l('l Ti.ure, sie- 
rras de Curá-Malal, Ventana, Misiones. 

var. bástala (Kvri.K.) llii'.itox. 

Hierou. iu Enul. liot. Jahbr., XXII (18i>tí), 384. 
Blechnum hast((tnm Kaiilf. Enum. FU. (1824), 161. 

Área geográfica : Chile, Perú, lirasil anstral, Uruguay. 

Argentina : Capital Federal, islas del Tigre, (Juilmes, río Santiago, 
sierras del Tandil, Olavarría, Ventana, Curá-Malal, sierra Peregrina, 
Córdoba, San Luis. 

vai-. triloba (Pke.sl) IIickhn 

Hicken, Ohs. qnelq. Fonf/. (1906), 18. 

Blechnum trilohum Presl, Reliq. Haenk., I (1825), 50, tab. 9, fig. 2. 

Área geográfica : Mezclada con el tipo. Perú, Bolivia, Montevideo. 
Argentina : Sierras de Córdoba, Misiones, San Luis, islas del Tigre, 
San Isidro. 

14. ANOGEAMMA 

1. Anograniiiia leptophylla (L.) Link. 

Liuk. Spee. FU. (1841), 137. 

Folifpodium leptophyllum L. Speo., II (1753), 1082. 

Gymnogr anime leptophi/Ua Desv. in Hook. et Grév. Icón. FUic. (1829), tab. 25. 

Hook. Bak., 1. c, 383. 

Área geográfica : Europa meridional, Azores, Abisinia, Indias, Per- 
sia, Sud África, Australia, Tasmania, Xueva Zelandia, Antillas, Ecua- 
dor, Méjico, Paraguay, Montevideo. 

Argentina : Salta. 

2. Ano^rniiima Lorentzi (Hierox.) Diels 

Diels in Engl. Nat. Pflscnf., V (1899), 258. 

Gymnogramme Lorentzü Hierou. Engl. Bot. Jahrb., XXII (1896), 317. 

Asplenium triphyllum Griseb. (non Presl) Symh. (1879), 344. 

Área geográfica : Montevideo, Río Grande do Sul. 
Argentina : Concex)CÍón del Uruguay. 

3. Anog^raninia ehacrophjlla (Desv.) Link. 

Liuk. Spec. FU. (1841), 137. 

Gymnogramme chaerophylla Desv. Berl. May., V (1811), 307. 

Hook. Bak., 1. c, 383. 



250 — 



Área geográfica : Antillas, Centro América, Brasil, Paraguay, Mon- 
tevideo. 

Argentina : Capital federal. La Plata, Entre lííos, Chaco Santafe. 
ciño, Sierra de Acliala. 



15. GYMXOGEAMMA 

1. Q^'iniKtgrainma niyriupliylln Sw.viítz 

Swartz iu Koiigl. Vet. Akad. Handl. (1817), 58. 
Hook. Bak., 1. c, 383. 

Área geográfica : Brasil, Minas Geraes, Uruguay. 
Argentina : Córdoba. 



16. NEUEOGEAMMA 

1. Xeuroo^raninia rula (L.) Lixk. 

Link. Fil. Spec. liort. Berol. (1841), 138. 
Acrostichum riifum L. Sjiec. ed., II (1763), 1525. 
Gymnogramme rufa Desv. Hook. Bak., 1. c, 379. 
Gymnopteris rufa Bernh. Schrad. Joitru., 1 (1789), 297. 

Área geográfica : Trópicos americanos. Antillas, Venezuela, Colom- 
bia, región amazónica, Brasil, Perú, Bolivia, Paraguay. 

Argentina : Misiones, Gran Cliaco, Chaco Santafecino, Jujuy. 

2. ¡Veiirograninia loniento.sa (Lam.) Link. 

Link. FU. Spec. horf. Berol. (1841), 139. 
Aspleninm tomeiitosum Lara. Ene, II (1786), 308. 
Gymnogramme tomentosa Desv. Hook. Bak., 1. c, 380. 
Gymnopteris tomentosa Und. Bull. Torr. Cl., XXIX (1902), 627. 

Área geográfica : América tropical. Perú, región amazónica, Bolivia. 
Argentina : Misiones. 

17. CEEOPTEKIS 

1. Ceropteris calomelanos (L.) Uni>. 

Uud. in Bull. Torr. Cl.. 29 (1902), 632. 

Xeurogramme calomelanos (L.) Diels iu Engl. Xat. Pflzcnf., V (1899). 264. 

Jcrostichum calomelanos L. Spec, II (1753), 1072. 

Gymnogramme calomelanos Kaulf. Hook. Bak., 1. c, 385. 



Área geojíTíífiea : Aiiiérica tioiMral. Antillas, JMéjico, rananiá, Colom- 
bia, Paraguay, Ecuador, Fcruando Po, Sanioa. 
Argentina: Misiones (Tiiuazú), .lujuy, Covriontcs. 

viir. rlii-vsoplivlla (Swautz) Link. 

CeropterlH cl\rii>tophiilUt l.iuk. FU. Spec. (1841), li'ii. 

Gymnofimmmc clirynophyUa Kaulf. Eunm. FU. (1821), 74. 

Acrostiehum chn/.sophiillitm Swiutz (ISOl). in Srhntí!. .loin-». 1800' (1801), 14. 

Área geográfica : 

Argentina : Córdoba (Sierra de Adíala), Oran. 



18. TRISMEEIA 

1. Trisiueria luii^ipes (B.vk.) Diels 

Diels iu En<il. Nat. Pfizcnf., V (1899), 265. 

Gymnofiramme longipcs Bak. Jour. of Bot. (1878), u'^ 190, p. 1301. 

Área geográfica : Paraguay. 
Argentina : Misiones. 



2. Trisincria trifoliata (L.) Dikls 

Diels in Encjl. Nat. Pflzenf., I* (1899), 265. 
Acrostichum trifoUatum L. Spec. Pl. ed., I (1753), 1070. 
Ch/vmogramme trifoliata Desv. Hook. Bak., 1. c, 384. 

Área geográfica : Eegiones húmedas de los neotrópicos. Méjico, Anti- 
llas, Colombia, Ecuador, Paraguay. 

Argentina : Misiones, Clran Chaco, Corrientes, Oran, Jujuy, Córdoba, 
Eío IV, Tucumán. 

19. PELLAEA 

1. Pellaea ternifolia (Cuv.) Lixk. 

Link., FU. Spec. hort. Bot. Berol. (1841), 59. 

Hook. Bak., 1. c, 148. 

Pieria ternifolia Cav. Prael (1801), u» 657. 

Área geográfica : Región andina. Méjico, Venezuela, Colombia, Ecua- 
dor, Perú, Bolivia, Brasil, Chile, islas Sandwich. 

Argentina : Jujuy, Salta, Tucumán, Mendoza, sierras de Córdoba, 



— 252 — 

San Luis, Olavarría, Azul, Puán, Cura-Mala], Ventana, Tandil, Gran 
Chaco. 

2. Pellaea ilexiiosa (Kaiilf.) Lixk. 

Liuk., FU. Spcc, 1. c. (1841), 60. 

Ptei'is _flexitosa Kaulf. Lhui., V (1830), 614. 

Área geográfica: Eegióu xeróflla andina, Méjico, Antillas, Venezuela, 
Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia. 
Argentina : Jujuy. 



:í. Pellaea nivea (Poik.) Pkaxtl 

Prautl iu Engl. Bof. Jahrb., III (1882), 417. 
Pteris nivea Poir. Lam. Encycl. (1804), 178. 
Xothochlaena nivea Desv. Hook. Bak., 1. c, 374. 

Área geográfica : Región andina. Arizona, Nuevo Méjico, Ecuador, 
Perú, Bolivia, Chile. 

Argentina : Sierras de Tucumán, Jujuy, Salta, Córdoba, San Luis, 
La Rioja. 

l'oiuia teñera Hierox. 

Hieron. iu Engl. Bot. Jahrb., XXII (1896), 390. 
Xotholaena teñera Gilí. Hook. Bak., 1. c, 373. 

Área geográfica : Bolivia. 

Argentina : Córdoba, Tucumán, San Luis, Catamarca, Rioja, Salta. 



forma tlavens Hieron. 

Hieron. iii Emjl. Bot. Jahhr., 1. c, 390. 
Xotholaena flavens (Kaulf.) Moore. 
(Ti/mnofiramme flavens Kaulf. 

Área geográfica : Brasil (Minas Geraes). 
Argentina : Córdoba, San Luis, Río IV, La Rioja. 

4. Pellaea Lilloi Hickbx 

Hicken, 06s. rjuelq. Foiifi. Argcnt. (1906), 20 

Argentina : Córdoba, Tucumán. 



258 



L»o. DoiarTKiíits 

1. Doi'yo|)tei'i<< coiic-oloi- (La\<:si>. ct Fiscii.) KriiN' 

Kuliii iii r. Dcck. Re¡.s.. III' ¡hit. (1?<7Í)), l!t. 

rteris coneolor Laussd. ot Fiscli. Te. FU. (1810), líK tal). LM. 

Pcllaca ¡/eraniifolia Fée. llook. líak., 1. c, 14(5. 

Área geográñca : Bosques tropicales. Venezuela, Colombia, Ecuador, 
Perii, Tíolivia, Galápagos, Brasil, Uruguay, l'araguay, Madagascar, Co- 
lonia del Cabo, Filipinas, China, Australia, Polinesia. 

Argentina : Misiones, Corrientes, Chaco, Oran, Jujuy, Salta, Tiicu- 
nián, Córdoba, isla del Vizcaíno (Baradero). 

2. Iloryopteris I..«reiilz¡ (Hikuon.) Dikls 

Diels in Enf/l. Pranll. Xat. Pjizcuf.. V (1899), 270. 

reUaea Lovcntzii Hieron. A'ií///. Bot. .Jahrh., XXII (1896), 392. 

Área geográfica : Brasil austral. 
Argentina : Tucumán, Chaco, Córdoba. 

3. Doi'vopieriís patilla Féh 

Fée, Cyypt. raxc. braxU.. II (1872-73), 30. tab. 89, tíg. 2. 

Área geográfica : Bosques del Brasil austral. Minas Geraes, Eio Gran- 
de do Sul, Paraguay. 

Argentina : Misiones (Piray). 

4. Doryopteris pódala (L.) Fék 

Fée, Gen. FU. (18.50-52), 133. 

Pteriii pedaia L. Spec, II (1753), 1075. 

Hook. Bak., 1. c, 167. 

Área geográfica : En los trói)icos americanos y en las Indias australes. 
Méjico, Antillas, Brasil, Paraguay. 

Argentina: Misiones, Corrientes, Gran Chaco, Oran, Córdoba. 

var. palniata (Wii.ld.) J. Sm. 

Pteris pdlmata 'WiWá. Spec. Plaut.. V (1810), 357. 
Hook. Bak., 1. c, 166. 



— 25-t — 

Área geográfica : Idéntica distribución que la anterior. 
Argentina : Misiones. 

ó. Doryoptoi'is nohilis (Moore) J. Sm. 

Hook. JJak. Si/nopa. Filie, eñ., II (1874), 167. 
Litobrochia nohilis Moore (1862). 
Pteris elegans Vell. Fl. Fliim., 11 (1827), tab. 81. 
Hook. Bak., 1. c, 167. 

Área geográfica : Brasil meridional, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

21. ADIANTOPSIS 

1. Ailíantopsis radiata (L.) Fée 

Fée, Gen. FU. (1850-52), 145. 

Adiantmn radiatum L. Spcc, II (1753), 1904. 

Cheilanthes radiata R. Br. Hook. Bak, 1. c, 132. 

Área geográfica : América troiiical. Méjico, Antillas, Colombia, Ecua- 
dor, Perú, Brasil, Paraguay. 

Argentina : Misiones, Corrientes, Chaco. 

2. Adíantopsis pedata (Hook.) Moore 

Moore, Ind. (1857), 18. 

Hypolepis pedata Hook. Spcc. FU., II (1852), 73, tab. 92, fig. A. 

Cheilanthes pedata A. Br. Hook. Bak., 1. c, 132. 

Área geográfica : Antillas, Perú, Ecuador. 
Argentina : En los bosques de Misiones. 

H. Adianiop<«i<« dic-hotoina (Cw.) Moore 

Moore, Ind. (1857), 17. 

Pteris diehotoma Cav. iiisc. 

Cheilanthes diehotoma Swartz, Hook. Bak., 1. c., 133. 

Área geográfica : América tropical y subtropical. Ecuador, Brasil, 
Uruguay. 

Argentina : Misiones (San Ignacio). 

4. Adiantopsis chlorophylla (Swartz) Fée 

Fée, den. FU. (1850-52), 145. 

Cheilanthes chlorophylla Swartz, Hook. ]'.ak., 1. c., 133. 



Ái'oa ji('()_<irúfi('ii : Aiiu'iic;! tioiticnl y sul)ti(>[)iciil. Mójico, Oolombia, 
Kciuidor, PiíTii^iiíiy, Brasil, lAloiitcvidí'o. 

Ar.m'iitinn : ^Misiones, Con-ioiites, Entre Ríos, Jujiiy, CIukh) Santafe- 
ciiio, Tiicmiiiui, J>elta del Paraná, Córdoba. 



L'L*. NOTIIOLAENA 

1. IVotlioIaiMia siiiiiata (La(í.) K.vulf. 

Kaulf. Junnti. FU. (1824), 135. 

Hook. Bak., 1. c, 370. 

Acrostichiim siniiatiou Lap;. in Swartz Filie. (1806), 14. 

Área ¿;eo<iráftca : Arizona, Méjico, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile. 
Argentina : Tucunián, Salta, Catamarca. 

2. I\<»tlioIa<>na honarieiisis (Willu.) C Christ. 

C. Christ. Iiid. FU. (1906), 459. 

Aerostichum honarieme Willd. Spec, V (1810), 114. 

Xothochlaena femifiinea Desv. Hook. ]?ak., 1. c, 370. 

Área geográflca : Región andina. Texas, Méjico, Antillas, Colombia, 
Ecuador, Perú, Bolivia, Cliile. 

Argentina : Jujuy, Salta, Tucumán, (Córdoba, La Eioja, Catamarca, 
(3urá-Malal. 

3. I\ntholaena F'raseri (Mett.) Bak. 

Baker iu Hook. Bak, 1. c, 514. 

Chcilanthcs Fraserl Mett. Linn.. 36 (1868), 83. 

Área geogrática : Entre rocas y grietas de las regiones secas. Ecua- 
dor, Perú, Bolivia. 

Argentina : Tucumán, Córdoba, San Luis, Curá-Malal, Sierra de la 
Ventana. 

\;ir. i'«>l>ii»<>ta HiEROx. 
Hieroii. iu /í/íí//. Ilol. Jahrh.. XXII (1896). 400. 

Argentina: Sierra de Adíala, Tucumán. 

4. I\uthoIaena Balansae Bak. 

Baker iu Jonni. of Iht., u" 190 (1878), 301. 



25(1 



Área geográfica : Paraguay. 
Argentina : Misiones. 



5. IMotholaeiia ohdiiela (Mett.) Hak. 

Baker iii Hook. Bak., 1. <;., 515. 

Cheilanthcs ohdncta Mett. Linn., 36 (1S69), 83. 

Área geográfica: En lugares secos. Colombia, Perú, Bolivia. 
Argentina : Jnjuy, Salta, Eioja. 

6. !\olholaena scarioNa (Swartz) Bak. 

Baker iu Mart., Fl. Brasil., 1- (1870), 540. 

Acrostichum seariosum Swartz, Si/n. (1806), 16. 

Koihochiaena sqnamofia Fée. Hook. Bak., 1. c, 371. 

Cheilanthcs aquumom Gilí. Hook. et Grcv. Icón FU. (1829), tal». 151. 

Área geográfica: Región andina. Méjico, Ecuador, Perú. 
Argentina : Jnjuy, Salta, Tncnmán, La Eioja, Cataniarca, Conlobü, 
San Luis, «ierra de la Ventana, Patíigonia. 

7. iXof linlaeiia niollis Kzic. 

Kze. iu Linn., IX (1831), 54. 
Hook. Bak., 1. c. (1874), 372. 

Área geográfica: Guatemala, América Central, Ecuíidor. Perú, Chile 
central. 

Argentina : Córdoba. 

N 

8. I\otholaona livpoloiioa Kze. 

Kze. h\ Linn., IX (1834), 54. 
Hook. Bak., 1. c, 372. 

.írea geográfica : Cliile central. 

Argentina : Tucumán, Córdoba, sierra de la Ventana. 



23. CHEILANTHBS 



1. Cheilanthes inioropteri»* Swaktz 

Swartz, Syn. FU. (1806), 126 et 134, tab. 3, ñ^x. 5. 
Hook. Bak., 1. c., 134. 



— 2r)7 — 

Área geográfica : Ecuador, Perú, Brasil, Montevideo. 
Argentina : Misiones, Entre Ríos, sierras del Azul, Tandil, Ventana, 
Córdoba, San Luis, Rioja, Catamaroa. 

2. Clieilantlics pruínata Kaulf. 

Kaiilf. Enum. FU. (1824), 210. 
Hook. Bak., 1. c, 134. 

Área geográfica : Ecuador, Perú, Bolivia. 

Argentina : Jujuy, Catamarca, La Eioja, Córdoba, Misiones. 

3. Cheilanthes pilosa Goldm. 

Goklm. Xov. Act., XIX, stqipJ. I (1843), 455. 
Hook. Bak., 1. c, 135. 

Área geográfica : Perú, Bolivia. 
Argentina : Córdoba, San Luis. 

4. Cheilanthes niicrophylla Swartz 

Swartz, Syn. FU. (1806), 127. 
Hook. Bak., 1. c, 135. 

Área geográfica : Estados Unidos austral, Méjico, Antillas, Venezue- 
la, Panamá, Perú, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

5. Clieilanthes Tweediana Hook. 
Hook. Sjyec. FU., II (1852), 84, tab. 96, fig. B. 

Área geográfica : Brasil meridional, Paraguay. 

Argentina : Misiones, Corrientes, Chaco Santafecino, Baradero (isla 
del Vizcaíno), San Luis, Córdoba. 

6. Cheilanthes nijriophylla Desv. 

Desv. Berl. Mag., V (1811), 328. 
Hook. Bak., 1. c, 147. 

Área geográfica : Méjico, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile. 
Argentina : Salta, Córdoba, San Luis, Catamarca, sierras del Tandil, 
Ventana, Curá-Malal, Misiones, Río IV. 

REV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (IX, 30, 1908.) 17 



— 258 — 

var. elegans (Desv.) 

Cheilanthes elegans Desv. Berl. Maq., V (1811), 328. 

Área geográfica : Idéntica dispersión qne la anterior. 
Argentina : Junta con la forma típica y además en Tncuraán, Men- 
doza (río Diamante). 

7. dieilantlios glauca (Cav.) Mett. 

Mett. Cheil. (18.59), 31, tab. 3, flg. 18-19, 

Acrostichíim glaucum Cav. An. Hist. Nat., I (1799), 107. 

Pellaea glauca J. Sm. Hook. Bak., 1. c, 150. 

Área geográfica : Eegiones templadas y frías de América meridional. 
Andes de Chile. 

Argentina : Nahnel-Hnapí, Chnbnt, Bosques antarticos patagónicos. 

8. Cheilanthes niargínata H. B. et Kth. 

Ktli. iu Humb. Bompl. Xov. Gen. Spec. Am., 1 (1815), 22 et Vil, tal). 669. 

Área geográfica : Arizona, Méjico, Antillas, Venezuela, Colombia 
Ecuador, Perú. 

Argentina : Salta, Tucumán, Córdoba, Tandil, Sierra de la Ventana. 

var. gractlis Hieron. 

Hierou. in Engl. Bot. Jahrh., XXII (1896), 388. 

Cheilanthes marginata Ltz. et Nedl. Inf. al Bio Negro, Bot. (1880), 285. 

Área geográfica : Uruguay. 

Argentina : Sierras del Tandil, Ventana, Curá-Malal, Puáu, Azul. 

var. breviloha O. Ktze. 
O. Ktze. Bev. Gen., Ur (1898), 376. 
Argentina : Córdoba. 

!>. Cheilanthes Poeppigiana Mett. 

Mett. in Linn., 36 (1869), 84. 

Cheilanthes cartüaginea Griseb. (nou Presl) Pl. Lorentz (1874), 227. 

Área geográfica: Perú, Bolivia. 
Argentina : Salta, Tucumán. 



— 259 — 

10. Cheilaiitlios rocurvata ]>ak. 
Bak«>r in Jounu of Bot. (1878), 299. 

Área jíeográfica : Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

24. HYPOLEPIS 

1. Ilypolcpis Hauinaii-\Iereki Hickkn 
Hicken Obs. quelq. Foitfj. Ayffcnt. (1900), 22. 
Argentina : Sierra de la Ventana y Tandil. 

2. Ilypolepis repens (L.) Prest. 

Presl, Tent. Pterid. (1836), 162. 

Hook. Bak., 1. c, 129. 

Lonchitis repens L. Spec., II (1753), 1078. 

Área geográfica : América tropical. Ecuador. 
Argentina : Salta. 

25. ADIAisTUM 

1. Adiantiini lunulatum Burm. 

Biirm. Fl. Ind. (1768), 235. 
Hook. Bak., 1. c, 114. 

Área geográfica : Trópicos y subtrópicos de todo el orbe. China, Hi- 
malaya, Polinesia, Australia, Madagascar, Guinea, Méjico, América 
Central, Venezuela, Colombia. 

Argentina : Bosques de Misiones. 

2. Adiantum deflectens Mart. 

Mart. Icón. Fl. Crypt. Brasil (1834), 94, tab. 2, 

Adiantum lunulatum Bak. Mart. Fl. Brasil., I* (1870), 362, pt. 

Área geográfica : Panamá, Venezuela, Guayana, Brasil, región ama- 
zónica. 

Argentina : Misiones. 

var. trémula (Kze.) Hieron. 
Adiantum tremulum Kze. in Hook. Bak., 1. c, 114. 



— 260 — 

Área geográfica : Venezuela, Guayanas, Matto Grosso, Eío de Ja- 
neiro. 

Argentina : Misiones. 

3. Adiantuní delicatuluiu Marx. 

Mart. Ic. Pl. Crypt. Brasil (1834), 93, tab. 56, fig. 2. 
A. filiforme Gardn. in Hook. Spee. Filie, II (1843), 15. 

Área geográfica : Bosques del Brasil, Paraguay. 
Argentina : Misiones, Gran Chaco. 

4. Adiantiini platyphyllum Swartz 
Swartz iu Vetensk. Acaü. Handl. (1817), 74, tab. 3, fig. 6. 

Área geográfica : América Central, Antillas, Perú, Bolivia, Matto 
Grosso. 

Argentina : Misiones. 

5. Adiantuní serrato-dentatum Willd. 

Willd. Spec, V (1810), 44:). 

Adiantuní obhisum Desv. iu Hook. Bak., 1. c, 119. 

Área geográfica : Antillas, Guayanas, Perú, Brasil, África tropical y 
occidental. 

Argentina : Misiones. 

6. Adiantuní pectinatuní Kze. 

Kze. in Ettingsh. Farnkr. (1865), 85, tab. 45, fig. 14-16. 

Hook. Bak., 1. c, 120. 

Adiantum polyphyllmn Griseb. (non Willd.) Syvii. (1879), 342. 

Área geográfica : Perú, Bolivia, Matto Grosso, Eío de Janeiro. 
Argentina : Bosques de Oran. 

7. Adiantuní chilense Kaulf. 

Kaulf. Emim. FU. (1824), 207. 
Gay, Fl. Chil., VI (1853), 485. 

Área geográfica : California, Perú, Chile, islas Juan Fernández. 
Argentina : Catamarca, La Eioja, Córdoba, San Luis, Sierras de la 
Ventana, Tandil, Carreu-leofú. 



— 261 



sulpliurca (Kaulf,) O. Ktze. 



O. Ktze., Rcv. Gen., III» (1898), 376. 

Adiantum siilphtinim Kaulf. lintim. FU. (1824), 207. 

Gay, Fl. Chil., VI (1853), -186. 



Área geognitica : Chile central. 
Argentina : Patagonia, Naliuel-Hnapí. 



v:ir. scabriim (Kaulf.) 

Adiantum scábrmn Kaulf. Enum. FU. (1824), 207. 
Adiantum glanduUferum Kze., Gay Fl. Chil., VI (1853), 484. 

Área geográflca : Chile central. 
Argentina : íí^euquén. 

8. Adiantum Poireti Wikstk. 

Wikstr. in Vet. Acad. Handl., 1825 (1826), 443. 

Adiantum crenatum Poir. En. Suppl., I (1810), 137 (non Willd). 

Adiantum tenermn var. rhomioideum Griseb. Pl. Lorentz ('1874), 227 et Syinb. 

(1879), 342. 
Adiantum chilense Hierou. (non Kaulf.) iu Engl. Bot. Jahhr., XXII (1896), 396. 

Área geográfica : África tropical y subtropical, Indias orientales y 
occidentales, ííueva Zelandia, Méjico, Brasil, Colombia, Ecuador, Vene- 
zuela, Uruguay. 

Argentina : Mendoza, San Luis. 

f. glabra Hieron. 

Hierou. in Engl. Bot. Jahrb., vol. 34 (1904), 494. 

Adiantum chilense Hieron. f. glabra Hierou. in Engl. Bot. Jahrb., XXII (1896), 
396 pt. 

Área geográfica : Uruguay, Chile, Brasil, África tropical y subtropi- 
cal. Indias orientales. 

Argentina : Catamarca, San Luis, sierras de Córdoba, Ventana. 

f. hirsuta Hieron. 

Hierou. in Engl. Bot. Jahrb., vol. 34 (1904), 494. 

Adiantum chilense Hieron. (non Kaulf.). var. hirsuta Hieron. in Engl. Bot. 
Jahrb., XXII (1896), 396. 

Argentina : La Eioja, Córdoba. 



— 262 — 

9. Adiantuní colpodes Mooke 

Moore, Gard. Chron., 1865, p. 530. 
Hook. Bak., 1. c, 124. 

Área geográfica : Colombia, Ecuador, Perú. 
Argentina : Salta, Catamarca, Córdoba. 

10. Adiantuní tenernm Swartz 

Swartz, Prodr. (1788), 135. 
Hook. Bak., 1. c, 124. 

Área geográfica : Regiones tropicales y subtropicales de la América 
central. Méjico, Antillas, Perú, Brasil, islas Juan Fernández. 
Argentina : Formación subtropical. 

11. Adiantuní Lorentzi Hieuon. 

Hieron. in Engl. Bot. Jahrb., XXII (1896), 393. 

AdianUim cnneatum var. reneris Griseb. Pl. Lorentz. (1874), 227 et Syvib. 
(1879), 342, pt. 

Área geográfica : 
Argentina : Tucumán, Salta. 

12. Adiantuiu pseudo-tinctuní Hieron. 
Hierou. in EngJ. Bot. Jahrl)., XXII (1896), 394. 

Área geográfica : Paraguay, Brasil austral. 
Argentina : Misiones. 

13. Adiantuní cuneatuní Langsd. et Fi.scii. 

Laugsd. et Fisch. iu Ic. FU. Brasil (1810), 23, tab. 26. 
Hook. Bak., 1. c, 124. ^ 

Área geográfica : Perú, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay. 

Argentina : Misiones, Corrientes, Chaco, Jujuy, Salta, Tucumán, Ca- 
tamarca, La Rioja, Córdoba, San Luis, región mesopotámica, riberas del 
río Paraná, islas del Tigre, Palermo. 

14. Adiantuní aeniuluiu Moore. 
Moore iu Cardu. Chron. (1877), 584, tab. 114. 



263 — 



Área geográficii : Brasil, Paiauíuiy. 
Argentina : Misiones. 

15. Adiaiitiiui dig'itatuui Puksl 

Piesl, Tent. Ftcrid. (183Ü), 159. 
Hook. liak., 1. c, 125. 

Área geográfica : Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia, Uruguay. 
Argentina : Bosques de Jujuy y Gran Chaco. 

16. Adiantuiu pedatuin L. 

L. Spec. Plant., II (1753), 1095. 
Hook. Bak., 1. c, 125. 

Área geográfica : Japón, China, Himalaya, Alaska, América boreal y 
templada, Canadá, California. 

Argentina : Misiones (leg. Niederlein). 



26. CASSEBEEEA 

1. Cassebeera triphylla (Lam.) Kaülf. 

Kaulf. Ennm. FU. (1824), 216. 

Hook. Bak., 1. c, 142. 

Adiantum triphyllum Lam. Ene, (1783), 41. 

Área geográfica : Brasil, Paraguay, Uruguay. 

Argentina : Sierras del Tandil, Olavarría, Curá-Malal, Puán, Cata- 
marca. 

27. PTERIS 

1. Pteris lou^ifolia L. 

L. Spec, II (1753), 1074. 
Hook. Bak., 1. c, 153. 

Área geográfica : Mediterráneo, islas del Atlántico, África austral. 
China, Japón, Asia tropical, Australia, Polinesia, Nueva Zelandia, In- 
dias occidentales, América Central, Venezuela, Brasil. 

Argentina : Misiones. 



2. Pteris crética L. 



L. Mant. (1767), 130. 
Hook. Bak., 1. c, 154. 



— 264 — 

Área geográfica : Siberia Cáiicaso, Suiza, Creta, Arabia, Abisinia, 
Persia, India, Hiinalaya, Sumatra, Filipinas, Ceylan, África austral, 
islas del Pacífico, Estados Unidos Unidos de ííorte América, Méjico, 
Guatemala, Brasil. 

Argentina : Misiones, Corrientes, Tucumán, Entre Eíos, Capital fe- 
deral. 

3. Pteris quadriaurita Retz 

Ketz, Obs., VI (1779-91), 38. 
Hook. Bak., 1. c, 158. 

Área geográfica : En los trópicos de todo el orbe. África, Angola, Na- 
tal, Madagascar, Hindostán, Ceylan, Cliina austral, Japón, Polinesia, 
Antillas, Méjico, Brasil, Perú, Venezuela. 

Argentina : Misiones, Oran. 

4. Pteris treiuula K. Br. 

R. Br., Prodr. Fl. Nov. Holl. (1810), 154. 
Hook. Bak., 1. c, 161. 

Área geográfica : Australia, Tasmania, Nueva Zelandia, África aus- 
tral. 

Argentina : Islas del Tigre (aclimatada !). 

5. Pteris deflexa Link. 

Link in Hort. Berol., II (1833), 30. 
Hook. Bak., 1. c, 162. 

Área geográfica : En los trópicos americanos. Antillas, Perú, Brasil, 
Bolivia, Venezuela, Eío de Janeiro, Paraguay, Uruguay. 
Argentina : Misiones, Tucumán. 

6. Pteris coriácea Desv. 

Desv. Prodr. (1827), 300. 
Hook. Bak., 1. c, 162. 

Área geográfica : Trópicos americanos. América Central, Antillas, 
Venezuela, Colombia, Perú, Brasil. 
Argentina : Misiones. 

7. Pteris spleiidens Kaulf. 



Kaulf. Enum. (1824), 186. 
Hook. Bak., 1. c, 168. 



265 — 



Áiea geográfica : Brasil. 
Argentina : Misiones. 

8. Pteris dentieulata Swaktz 

Swartz, Prodr. (1788), 129. 
Hook. Bak., 1. c, 169. 

Área geográfica : Antillas, Brasil, Paraguay. 
Argentina : Misiones, Gran Chaco, Tucumán. 

var. brasiliensis (Raddi) Bak. 

Baker in Mart. Fl. Brasil., I (1870), 410, tab. 26, fig. 3. 

Hook. Bak., 1. c, 169. 

Pteris brasilicnsis Eaddi, Hook. Spec. FU., II (1858), 204. 

Área geográfica : Minas Geraes, Eío de Janeiro, Río Grande do Siü, 
Paraguay. 

Argentina : Gran Cliaco. 

9. Pteris decurrens Presl 

Presl, Del. Prag., I (1822), 183. 
Hook. Bak., 1. c, 171. 

Área geográfica : Brasil meridional, Cliile, Juan Fernández. 
Argentina : Misiones. 

28. PTERIDIUM 

1. Pteridiuní aquilinum (L.) Kuhn 

Kiilin in r. d. Deck. Eeis., UV (1879), 11. 
Pteris aquilina L. Hook. Bak., 1. c, 162. 

Área geográfica : Regiones templadas y tropicales de todo el orbe. 
Argentina : no existe el tipo. 

var. esculenta (Foest.) 

in Hook. Bak., 1. c, 163. 

Pteris esculenta Forst. Prodr. (1786), 79. 

Área geográfica : Australia, Tasmania, Nueva Zelandia, Montevideo, 
Brasil. 



— 266 — 

Argentina : Misiones, Córdoba, Salta, Tuciimán, sierras de Mar del 
Plata. 

29. VITTAEIA 

1. Vittaria lineata (L.) J. Sm. 

J. Sm. Mém. Ác. Jurin, V (1793), 421, tab. 9, fig. 5. 
Hook. Bak., 1. c, 396, pt. 

Área geográfica : Epífita en los trópicos de ambos hemisferios. 
Argentina : Misiones. 



30. ANTEOPHYÜM 

1. Anlropliyuní lineatum (Swartz) Kaut.f. 

Kaulf. Enum. FU. (1824), 199. 

Hook. Bak., 1. c, 392. 

Remionitis lineata Sw. Frodr. (1788), 129. 

Área geográfica : Epífita de los neotrópicos. Antillas, Venezuela, Co- 
lombia, Ecuador, Solivia. 
Argentina : Oran. 

31. POLYPODITJM 

1. Polypodiuní Billardieri (Willd.) C. Christ. 

C. Christ. Ind. FU. (1906), 513. 

GrammUis BUlardieri Willd. in Presl. Tent. Pterid. (1836), 209, tab. 9, fig. 2. 

Polipodium australe Mett. Hook. Bak., 1. c, 322. 

Área geográfica : Eegiones templadas y frías del hemisferio austral. 
Australia, Kueva Zelandia, Perú, Chile austral. 

Argentina : Tierra del Fuego, Ushuaia, Isla de los Estados. 

var. nana (Brach) C. Citrist. 

C. Christ., Ind FU. (1906), 513. 

GrammUis nana Brach. Expl. Exp. XVI (1854) 1. 

Área geográfica : Tierras magallánicas. 
Argentina : Tierra del Fuego. 



— 267 — 

2. Polypotliiiin Irifiircaliiiii L. 

L. Spec, II (1753), 1084. 
Hook. Bak., 1. c, 323. 

Área geográfica : Colombia, Antillas, Guatemala, Ecuador, Perú, 
Brasil. 

Argentina : Misiones. 

3. Polypodiiini serrulatuin (Sw.vrtz) Mi:tt. 

Mett. FU. Lips. (1856), 30. 
Hook. Bak., 1. c, 323, pt. 
Acrosiichum serrulatum Swartz, Prodr. (1788), 128. 

Área geográfica : África central y trópicos americanos. Méjico, Anti- 
llas, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, islas Juan Fernández, 
Sandwicli, Mauritius, Madagascar. 

Argentina : Misiones. 

4. Polypodiiini peruvianuin Desv. 

Desv. Prodr. (1827), 231. 
Hook. Bak., 1. c, 326. 

Área geográfica : Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, 
Brasil. 

Argentina : Sierras de la Ventana, Córdoba, San Luis, Tucumán, 
Salta. 

5. Polypodiuní pycnocarpuní C. Christ. 

C. Christ. Ind. FU. (1905), 326 et (1906), 557. 

Polypodium macrocarpum Presl, Hook. Bak., 1. c, 330 (non Bory). 

Área geográfica : Méjico, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, islas de tJuan 
Fernández. 

Argentina : Tucumán, Catamarca, La Eioja, Salta, Oran, Córdoba, 
sierra de la Ventana, Puán, Curá-Malal, Mendoza. 

6. Polypodium taxifoliiim L. 

L. Spec, 11 (1753), 1086. 
¿Hook. Bak., 1. c, 332. 

Área geográfica: Antillas, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil. 
Argentina : Misiones. 



268 



7. Polypodiuní plumilla H. B. Ktii. 

Wilkl. Spee., V (1810), 178. 

Polypodimn clasücum Eicli. Hook. Bak., 1. c, 332. 

Polypodiiim SchkuliH Eaddi iu Pl. Brasil. I (1825), 19, tab. 27, fig. 2. 

Área geográfica : América tropical, Florida, Ecuador, Brasil. 
Argentina : Misiones. 



8. Polypodiuní Filieula Kaulf. 

Kaulf., Enum. (1824), 275. 
Hook. Bak., 1. c, 332. 

Área geográfica : América tropical. Brasil. 
Argentina : Epífita en Misiones, Jnjuy. 

9. Polypotliuin recurvatuní Kaui.k. 

Kaulf. Enum. FU. (1824), 106. 
Hook. Bak., 1. c, 332. 

Área geográfica : Ecuador, Brasil. 
Argentina : Misiones. 

10. Polypodiuní paraguayense Bak. 

Baker in Journ. of Bot. (1878), 301. 

Área geográfica : Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

11. Polypodiutu pectinatuní L. 

L. S2)ee., II (1753), 1085. 
Hook. Bak., I. c, 333. 

Área geográfica : Méjico, Florida, Antillas, Colombia, Ecuador, Perú, 
Brasil, Paraguay. 

Argentina : Misiones. 

12. Polypodiuní Paradiseae Langsd. et Fisch. 

Langsd. et Fisch. Ic. FU. (1810), 11, tab. 11. 
Hook. Bak., I. c, 333, pt. 



— 2()í) — 



Área geográfica : América tropical. 
Argentina : Misiones (Puerto Pampa). 

13. Polypodiiiin cliiioopiíofiini I\/k. 

Kze. iu Flora, 1839, Beibl., I (1839), 34. 
Hook. Bak., 1. c, 333. 

Área geográfica: Brasil austral, Paraguay. 
Argentina : Gran Chaco. 

14. Polypodiuní platybasís Bak. 
Baker iu Hook. Bak., 1. c, 511. 

Área geográfica : Guatemala. 
Argentina : Salta. 

15. Polypodiuiu polypodioides (L.) Hitchc. 

Hitchc. iu JRep. Mo. Bot. Gard., IV (1893), 156. 
Acrostichum polypodioides L. Spec, II (1753), 1068. 
Polypodium incanum Swartz, Hook. Bak., 1. c, 346. 

Área geográfica : Estados Unidos de Korte América, Méjico, Ecua- 
dor, Galápagos, Perú, Bolivia, Atacama, Uruguay, Brasil austral, Cabo 
de la Buena Esperanza, Katal, Zambese. 

Argentina : Misiones, Gran Chaco, Salta, Tucumán, Entre Eíos, islas 
del Paraná, Córdoba, Chaco Santafecino. 

var. squalliduní Bak. 

Baker in Mart. Fl. Brasil., I (1870). 

Polypodium squallidum VelL, Fl. Flum., XI (1827), tab. 76. 

Área geográfica : Paraguay, Brasil. 
Argentina : Misiones. 

16. Polypodiuní lepidopteris (Langsd et Fisch.) Kze. 

Kze. in Linn., XIII (1836), 132. 

Hook. Bak., 1. c, 346. 

Acrostichum lepidopterís Langsd. et Fisch. Ic. FU, (1810), 5, tab. 2. 

Área geográfica : Méjico, Antillas, Ecuador, Perú, Colombia, Vene- 
zuela, Guayanas, Panamá, Paraguay. 
Argentina : Misiones. 



— 270 



17. I'olvpoilium vaccinifolium Langsd. et Fiscu. 

Laugsd. et Fisch. Ic. FU. (1810), 8, tab. 7. 
Hook. Bak., 1. c, 340. 

Área geográfica : Jamaica, Venezuela, Brasil, Paraguay, Montevideo. 

Argentina : Epífita en los alrededores de Buenos Aires, La Plata, Ti- 
gre, islas del Paraná, Gran Chaco, Misiones, Corrientes, Chaco Santa- 
fecino, Tucumán. 

18. Polypodium piluselloides L. 

L. Sjyec, II (1753), 1083. 
Hook. Bak., 1. c, 340. 

Área geográfica : Eegiones tropicales y subtropicales de América, 
desde las Antillas hasta el Uruguay. 

Argentina : Eegión mesopotámica y á orillas del río Uruguay. 



19. Polvpodíuiii (villiesi C. Christ. 

C. Christ. Ind. FU. (1905), 327 et (1906), 529. 

Polypodium pubescens Gilí., in Hook. et Grév. Icón. FU. (1830), tab. 182. 
Hook. Bak., 1. c, 342. 

Polypoüium loriceum Griseb. (non L.) PI. Lorentz (1874), 230 et Symb. (1879),. 
344. 

Área, geográfica : Perú, Bolivia. 

Argentina : Salta, Tucumán, Córdoba, San Luis. 



20. Polypodium adnatuin Kze. 

Kze. in Linn., XX (1847), 395. 
Hook. Bak., 1. c, 345. 

Área geográfica : Guatemala, Guayanas, Ecuador, Galái)agos, Brasil» 
Argentina : Misiones. 



21. Polypodium aureum L. 

L. Spee. Pl., II (1753), 1087. 
Hook. Bak., 1. c, 347. 

Área geográfica : Florida, Méjico, Ecuador, Brasil, Bolivia. 
Argentina : Oran, Chaco, Misiones, Tucumán. 



271 — 



v:ir. arcolatiiin (11. li. Km.) 

Ilook. Bak., 1. c, 8i7. 

Polifpodiiim arcolatum 11. H. Ktli. iii Willd. Spec, V (1«10), 172. 

Área i>eo.üniti(,'a : ]M('jico, Ecuador, Perú, Jíolivia. 
Argentina : Epífita en los bosques de Tucunián. 

22. Pulj'itodiiiiii ang:ustiioIíiiin Sw.vitxz 

Swartz, Prodr. (1788), 130. 
Hook. Bak., 1. c, 347. 

Área geográfica : Méjico, Guatemala, Antillas, Colombia, Ecuador, 
Perú, Brasil. 

Argentina : Jujuy, Tucumán, Chaco, Misiones. 

var. ensifoliuin (Willd.) 

Poh/podium ensifoliüm Willd. Spec. Plant., V (1810), 1.52. 
Hook. Bak., 1. c, 348. 

Área geográfica : Con el tipo. 
Argentina : Epífita en Jujuy, Misiones. 

2.3. Polypodiuní laevigatuní Cav. 

Cav. Descr. (1802), 244. 
Hook. Bak., 1. c, 348. 

Área geográfica: Guatemala, Antillas, Colombia, Ecuador, Brasil. 
Argentina : Epífita ó entre peñascos en Jujuy, Misiones. 

24. Polypodium rcpcns Aublet. 

Aiiblet iu Hkt. pl. Guian., II (1775), 962. 
Hook. Bak., 1. c, 348. 

Área geográfica : Méjico, Antillas, Ecuador, Perú, Brasil. 
Argentina : Misiones. 



2.5. PoIy|)odiuni Phvilítidis L 

L. S2)ec., II (1753), 1083. 
Hook. Bak., 1. c, 348. 



- 272 — 

Área geográfica : América tropical. Florida, Antillas, Colombia, Ecua- 
dor, Brasil, Paraguay, Uruguay, África occidental. 
Argentina : Misiones, Chaco, Jujuy. 

f. inajor Hieron. 
Hierou. iii Engl. Bot. Jahrh., XXII (1896), 405. 

Argentina : Misiones. 

f. niinor Hieeon. 

Hieron in Engl. Bot. Jahrh., 1. c, 405. 

Argentina : Misiones. 

26. Polypodium lucumanense Hieron. 

Hieron in Engl. Bot. Jnhrh., XXII (1896), 405. 

Polypodium FhylUtidis var. repens Griseb. (non Swartz) Pl. Lorentz (1874), 
230 et Symh. (1879), 345. 

Argentina : Tucumán. 

27. Polypodium Liorontzi Hieron. 

Hierou. in Engl. Bot. Jahrb., 1. c, 406. 

rolypodium laevigatum Griseb. (non Cav.) Pl. Lorentz (1874), 230 et Syui. 
(1879), 345. 

Argentina : Epífita en Tucumán. 

28. Polypodium squamulosuiu Kaulf. 

Kaulf. Enim. FU. (1824), 89. 

Polypodium lycopodioides Griseb. (non L.) Pl. Lorentz (1874), 230 et Symh. 
(1879), 345. 

Área geográfica : Méjico, Perú, Paraguay, Brasil. 

Argentina : Epífita en Misiones, Chaco, Tucumán, Entre Eíos. 

29. Polypodium lycopodioides L. 

L. Spec, II (1753), 1082. 
Hook. Bak., 1. c, 357. 

Área geográfica : África tropical. Natal, Java, Hawai, Mauritius, 
Méjico, Antillas, Perú, Brasil, Paraguay. 

Argentina: Misiones, Chaco, Oran; formación mesopotámica. 



— 273 — 

30. Polypodiiiiii c*raí4SÍfoIiuiu L. 

L. Spec, II (17Ó3), 1083. 
Hook. Bak., 1. c, 360. 

Área geogrática : Antillas, Méjico, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, 
I>rasil. 

Argentina : Misiones. 

31. Polypodiiiiu an^ustuní t^I- B. Ktii.) Likhm. 

Liebiii. iu Vid. Sclsk. -SAt., Y, I (1849), 186. 

Hook. Bak., 1. c, 363. 

Plcopeltis aiigmíiim H. B. Kth., Wilkl. Spec, V (1810), 211. 

Área geográfica : Méjico, Antillas, Paraguay, Brasil. 
Argentina : Misiones, Corrientes. 



.'52. POLYBOTPvYA 
1. Folybotrya osiuuudacea H. B. Ktii. 

^yilla. Spcc, v (isio), 99. 

Acrostiohitm osmiindaceum Hook. Spec. FU., V (1864), 246. 
Hook. Bak., 1. c, 41.5. 

Área geográfica : Méjico, Guatemala, Antillas, Venezuela, Colombia, 
Ecuador, Brasil. 

Argentina : Misiones. 



33. LEPTOCHILUS 

1. Leptochilus g;uíanensis (Aubl.) C. Ciirist. 

C. Christ. in Bot. Tidsskr., XXVI (1904), 288, fig. 1. 
Gymnopterís scandens Christ., Farnk. Erd. (1897), 51. 
Poh/podhím gniatiensis Aublet. Hist. Guian. (1775), 962. 
Aeroatichnm Baddianmn Kze. Hook. Bak., 1. c, 423. 

Área geográfica : Guayanas, Brasil. 
Argentina : Misiones. 

2. Leptochilus serratifolius (Mert.) C. Ciinisr. 

C. Christ. íq Bot. Tidsskr., XXVI (1904), 289, fig. 3. 
Acrostichum serratifoliiim Mert. iii Kaulf. Enum. FU. (1824), iiii. 

líEV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (IX, 30, 1908.) 



— 274 — 

Hook. Bak., 1. c, 423. 

Gymnopteris serraüfoUa Diels. (1899). 

Área geográfica : Méjico, Venezuela, Perú, Brasil, Guayaiías. 
Argentina : Misiones, Gran Chaco. 



34. ACROSTICHUM 

1. Aerostiohviin aureum L. 

L. Spec. Fl., II (17.53), 1069. 
Hook. Bak., 1. c, 423. 

Área geográfica : En todos los trópicos y subtrópicos. 
Argentina : Misiones, Chaco austral. 



35. ELAPHOGLOSSUM 

1. Elaphog^Iossuin Cvayanuní (Fée) JIooue 

Moore, Ind. (1857), 10. 

Acrofitichum conforme Griseb. (uou Swartz) <S;í/m&. (1879), 343. 
Acrosticlmm viscosum Griseb. pt. (nou Swartz) Si/mb. (1879), 343. 
Acrostichum gayanum Fée, Acrost. (184.5), 37, tab. 19, fig. 2. 
Hook. Bak., 1. c, 401. 

Área geográfica : Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Bra- 
sil, Chile. 

Argentina : Sierra de la Ventana, Córdoba, San Luis, Salta. 

2. Klapho^lut^siini Balansae C. Christ. 

C. Christ. Ind. FU. (1905), 303. 

Acrostichum tenermn Bak. (non Fée) Journ. of Fot. (1878), 302. 

.írea geográfica : Paraguay. 
Argentina : Misiones. 

3. Elaphog^Iossuní latifuliuin (Swartz) J. S.m. 

J. Sui. in Load. Journ. of Fot., I (1842), 197. 
Acrostichum latifolium Swartz, Hook. Bak., 1. c, 403. 

Área geográfica : Méjico, Antillas, Venezuela, Colombia, Ecuador,. 
Perú, Brasil, K-ío Grande do Sul. 
Argentina : Misiones. 



27") — 



4. Elaphoj^lossuní petiolatuní (Swahtz) Ukiíax 

Urb. in Si/mb. Anf., IV (1903), 61. 

Acrostichiim peiiolatum Swartz; Fl. Ind. Occ, III (175)7-1806), 158S. 

Jerostichiim viseonum Swartz; Hook. Bak., 1. c, 406. 

Área geográfica : En todos los trópicos. Asia, África. 
Argentina : Salta, Jiyuy, Tucumán. 

5. Elaphoglossiini scolopendrifoliuiu (Kaddi) J. Sm. 

J. Sm. iu Bot. Mag., 75, Comp. (1846), 17. 

Acrostichiim scolopendrifolium Raddi; Hook. Bak., 1. c, 407. 

Área geográfica : América tropical. 
Argentina : Tucumán. 

6. EIaphog:lossuiu Lorentzi (Hieron.) Ciirist. 

H. Christ. Moii. (1899), 121. 

Acrosiichiim Lorentzi Hieron. Engl. Bot. Jahrb., XXII (1896), 408. 

Acrostichiini conforme Griseb. (non Sm.) Symi. (1879), 343, pt. 

Argentina : Córdoba, Tucumán. 

7. Elaphog'lossum spatliiilatiini (Bory) Moore 

Moore, Ind. (18.57), 14. 

Acrostichum spathulatiini Bory; Hook. Bak., I. c, 408. 

Área geográfica : Ceylan, África austral, Tristan d'Acunba, Méjico, 
Ecuador, Perú, Bolivia. 
Argentina : Puna de Jujuy. 

var. piloselloides (Prbsl) 

Acrostichum piloselloides Presl, Eeliq. Haenk., 1 (1825), 14, tab. 2, fig. 1. 

Área geográfica : Región andina. Colombia, Perú, Bolivia. 
Argentina : Puna de Jujuy. 

8. Elaphoglossum Jamesoni (Hook. et Grév.) Moore 

Moore, Ind. (1857), 10. 

Acrostichum Jamesoni Hook. et Grév. Icón. Filie. (1829), tab. 86. 

Acrostichum piloselloides Griseb. (non Presl) Syml). (1879), 343. 



— 276 — 

Área geográfica : Méjico, Colombia, Ecuador, Bolivia. 
Argentina : Salta, Tucumán. 

9. Elaphog'lossuiii erassípes (Hieron.) Diki.s 

Diels in Nat. Fpenf. V (1899). 334. 

AcrosticJmm crass'q)cs Hieroii. Enf/l. Bot. Jahrh., XXII (1S96), 409. 

Argentina : Salta. 

10. Elapiíoglossuiu muscosuní (Swartz Moouic) 

Moore, Ind. (1857), 12. 

Acrostichum mascosum Swartz; Hook. Btik., 1. c, 410. 

.írea geográfica : Méjico, Antillas, Ecuador, Perú, Brasil. 
Argentina : Misiones. 

11. Elapho^lossuní tectum (H. li. Kth.) Moori; 

Moore, Ind. (1857), 15. 

Acrostichum tectum H. B. Kth., iu Willcl. Siiec, Y (1810), 102. 

Hook. Bak., 1. c, 410. 

Área geográfica : Méjico, Antillas, Venezuela, Colombia, Ecuador, 
Perú, Brasil. 

Arsentina : IMisiones. 



3C. TEACHYPTERIS 

1. Trachypteris pimiata (Hook. f.) C. Ciirist. 

C. Christ. Inñ. FU. (1905), 5 et (1906), 634. 

Acrofitichiim aureo-nitens Hook. (1854); Hook. Bak., 1. c, 421. 

Área geográfica : Ecuador, Galápagos, Brasil. 
Argentina : Salta. 



I N 1) I C |] 



AcroslichiiDi unrío-tiilcns Hook 27l! 

Acrosticlium aureum L 274 

bonaricnsc Willd 255 

calomelanos L 250 

chrysophyUaiti Sw 251 

conforme Griseh 274, 275 

crassipes Hieron 276 

(jayanum Fée 274 

glaucum Cav 258 

Jamesoni Hook. et (írkv 275 

latifolium Sw 274 

lepidopteris Laxgsd. et Fiscii. . 269 

Lorenlzi Hieron 275 

iiiuscosutn Sw 276 

osmundaceum Hooic 273 

pctiolatum Sw 275 

pilosclloides Giíiseij 275 

pilosclloides Presl 275 

polypodioides L 269 

raddiantim Kzi: 273 

rufiim L 250 

scariosum S\v 256 

scolopendrifoVtiuit Kaihji 275 

serraüfolium Mert 273 

serrulatuní Sw 267 

sinualum Lao 255 

spathulalum Borv 275 

tectutn H. B. Kth 276 

lenerum Bak 274 

trifoliattim L. . 251 

iHscosum Griskií 274 

riscosum Sw 275 

Adiantopsis ch.lorophy lia i Sw . ) 

FÉE 254 

dichotoma (Cav.) Moork. . . . 254 

pedata (Hook.) Moorb 254 

radiata (L.) Fée 254 

Adiantum aemulum Moork 262 

chilense Hierox : 261 



chilense Kaulf 250 

f. glabra Hieron 261 

var. hirsuta Hieron 261 

vai\ scabrum. Kaülf 261 

var. sulphurea (Kaüli-.) O. 

Ktze 261 

colpodes 3Ioi)i:k 262 

rreiKilaiii Poir 261 

cuneatum Lamísk. el Fiscn. 262 

i-Hucalum var. veneris GiRi^YAi. . 262 

deflectens Marx 25!) 

deflectens var. trémula (Iv/.i;.) 

Hieron 259 

delicatulum ^íart 260 

digitatuin Presl 263 

filiforme Gardn 260 

(jlanduliferum KzE 261 

Lorentzi Hieron 262 

lidiitlatuiii Bak 259 

lunulatum. Burm 259 

obtitsuin Desv 260 

pectinatum K/.i. 260 

pedatum L 263 

platyphyllum Sw 260 

Poireti WicKSTR 261 

1'. glabra Hieron 261 

f. birsuta Hieron 261 

pohjphyllum Griseií 260 

pseudotinctum Hieron 262 

radiatum L 254 

scabrum Kaulf 261 

serrato-dentatum Wii.i.u. . . . 260 

sulpliurcum Kaulf 261 

tenerum Sw 262 

tcnerum var. rlioinboideum (iiii- 

SEB 261 

tremulum Kze 259 

Iri/jliyUíim La^m 263 

Anogramma cliaeroph.ylla (Dksv.) 

LiNK 249 

leptophylla (L.i Link 249 



278 — 



Lorentzi (Hieron.) Diels... 249 
Antrophyum lineatum (S\v.) 

Kaulf 2(i6 

Aspidiuní achalense Hieron 230 

nculeatum Sw. vav. platyphylhtin 

Bak 235 

aculeaium S\v. var. jylatyjihyllunt 

Griseb 235 

argcntinnm Hieron 230 

canariense Willd 228 

capense Willd 237 

eonterminum var. oUyosornm 

Griseb 230 

coriaceum Sw 237 

filix mas Griseb 231 

filix mas var. remotum Griseb. . 239 

Galanderi Hieron 230 

(jonylodcs Schkühr 233 

Lorentzi Hieron 230 

macrophyUnm Rudl 234 

macronrum Kaulf 228 

martinicense Spreng 234 

mohrioidcs BoRV 236 

molle var. glabrindusiatuin Hie- 
ron 234 

montevidense Spreng 235 

f. genuina Hieron 235 

f. squamulosa Hieron 236 

f. imbricata Hieron 236 

multifidum Mett 237 

oligocarpuiii (Willd.) Kth. var. 

crassísfipitata Hieron 229 

orbiculatum Desv 237 

paleaceum Sw 231 

patulnm Sw 231 

plaiyphyUum Willd 235 

pseudomontanum Hieron 231 

siambonense Hieron 230 

xfipulare Willd 228 

truncatulnm Sw 234 

Asplenium abscissum Willd 242 

actialense Hieron 244 

anceps Sol 241 

anritum Sw 243 

anriftiin \aT. recognition KzE.. 243 

blechnoides Lag 247 

brasilicnse Sw 239 

crcnvlatum Bak 239 

dcoirldttim Kze 238 

divergens Mett 244 

erectum BoRY 241 

filix foemina Bernh 238 

formosum Willd 243 

furcatuDí ThüNB 244 

GiUiesiannm Hooic. et Grév. . 240 

Gilliesii HooK 240 

harpeodes Kze 241 



Holmbergi Hicken 242 

Kunzeanum Kl 242 

Lorentzi Hieron 240 

lunulatum Sw 241 

lunulatum var. majus Mett. 241 
lunulatum var. Sello-wiana 

Hieron 242 

lunulatum var. tenerrima 

Hieron 242 

magellanicum Kaulf 243 

micropteron Bak 244 

micropteron var. minor Hic- 
ken 244 

monanthes L 241 

monanthei)iuin MuRR 241 

mucronatum Presl 243 

obtusifolium L 242 

praemorsum Sm' 244 

ptcropits Kaulf. var. radicans 

Mett 242 

recogniliiiji Kze 243 

serratum L 240 

Sliephcrdi Spreng 239 

siria tu m Spreng 239 

sulcatum Laji 243 

sulcatum var. recognitum 

(Kze.) Hicken 243 

tomcntosum Lam 250 

trichomanes Griseb 241 

trichomanes L 240 

trichomanes var. anceps 

(Sol.) Milde 241 

triplnjllum Griseb 249 

triphyllum Presl 244 

tucumanense Hieron 244 

Athyrium decurtatum (Kze.) 

Presl 238 

Donibryi Dksv 239 

fllix foemina (L.) Roth 238 

filix: foemina var. Dombeyi 

(Desv.) Hieron 239 

filix foemina var. incisa (Fée) 

Hieron 239 

B 

Blechnum arcuatum Remy 248 

asperum (Kl.) Sturm 245 

attenuatum (Willd.) Mett.. 245 

australe I^ 248 

australe var. hastata (Kaulf.) 

Hieron 249 

australe var. triloba (Presl.) 

Hicken 249 

bleclmoides (Lag.) C. Christ. 247 

brasiliense Desv 247 



— 279 — 



capense (L.) Schlecht 246 

rilialion Presl 248 

(listiins Prksi, 248 

glandulosum Lixk 248 

Jidfihtlinti K.vuLK 249 

lanceola S\v 247 

lanceola var. trifoliatum 

(Kaüi.f.) Kzk 247 

lanceolatum (H. Bu.) Sturm. 245 
lanceolatum var. achalensis 

HiEROx 245 

lanceolatum var. squamipes 

HiEROx 245 

lanceolatum var. achalensis 

HiEROx 245 

occidentale L 247 

occidentaie var. ciliatum 

(Presl) Bak 248 

occidentale var. distans 

(Presl) Bak 248 

penna marina (Poiu.) Mett. . 246 

polypodioides (S\v.) Kiiiix... 246 

Sprucei C. Christ 246 

tabulare (Tiiuxb.) Kuim 246 

irifoJiaium Kaulf 247 

trilohum Presl 249 

unilaterale Sw 247 



Cassebeera triphylla (Lam.) Kaulf. 263 

Ceropteris calomelanos (L.) Uxd. . 250 

calomelanos var. cliryso- 

pliylla (Sw.) Lixk 251 

Ceropteris chrysophylla Lixk 251 

Cheilanthcs curtilaginea Griseb 258 

chlorophylla Sw 254 

dichotomu Sw 254 

elegans Desv 258 

Fraseri Mett 255 

glauca (Cav.) Mett 258 

marginata H. B. Kth 258 

murfjinuta Ltz. et Ndl 258 

marginata var. breviloba O. 

Ktze 258 

marginata var. gracilis Hie- 

Rox 258 

microphylla Sw 257 

micropteris Sw 256 

myriopbylla Desv 257 

myriophylla var. elegans 

Desv 258 

obducta Mett 256 

pedata A. Br 254 

pilosa GoLDM 257 



Poeppigiana Mett 258 

pruinata Kaulf 257 

radia la li. Br 254 

recurvata Bak 259 

sqitaniosa (JiLI 256 

T-weediana Hook 257 

Cystopteris fragilis (L.) Berxh . . . 227 
var. antlirisci folia (IIoffm.) 

Kocu 228 

var. canariensis (Willd.) 

iMiLDE 228 



DuvalUa inuequalis Griseb 238 

inacqiialis Kze 237 

Dennstaedtia teñera (Presl) Mett. 238 

var. dentata Hieron 238 

Dícksonia montevidensis Spreng 227 

teñera Presl 238 

Didijmochlaena hinulata Desv 234 

siiinosa Desv 234 

truncatula (Sw.) J. S.m 234 

Diplazium rrentdatum Liebm 239 

Diplazium Sh.eplierdi (Spreng.) 

LiNK 239 

striatum (L.) Presl 239 

Doryopteris concolor (Langsd. et 

FiscH.) KuHX 253 

Lorentzi (Hieron.) Diels.... 253 

nobilis (MooRE) J. Sm 254 

patula FÉE 253 

pedata (L.) Fée 253 

pedata var. palmata (Willd.) 

J. Sm 253 

Dryopteris achalensis C. Christ 230 

amplissima O. Ktze 232 

conncxa C. Christ 232 

effusa Urb 232 

filix mas ScHOTT 231 

Galanderi C. Christ 230 

t/ongylodcs O. Ktze 233 

Lorentzi C. Christ 230 

oUgocarpa O. Ktze 229 

opposita Urb 229 

parasitica O. Ktze 233 

patens O. Ktze 228 

patens var. stipitlarc (Willd.) 

O. Ktke 228 

patula Und 231 

pseiidomontana C. Christ 231 

liseudotelragona Urb 229 

refracta O. Ktze 233 

serrata C. Christ 234 

siambonensis C. Christ 230 



— 280 



mihmtiryindlis C. Chuist 229 

tftrngova Urb 233 

oiUosa O. Ktzk 232 



E 



Elaphoglossum Balansae C. Christ 274 

crassipes (Hieron.) Diels. . 276 

Gayanum. (Fée) Moore 274 

Jamesoni (Hook. et Grév.) 

Moore 275 

latifolium (Sw.) J. .S.m 274 

Lorentzi (Hieron.) Christ... 275 

muscosum (Sw.) Moore 276 

petiolatum (Sw.) Urb 275 

scolopendrifoliuin (Raddi) J. 

Sm 275 

spathulatum (Bory) Moore. 275 

v;ir. piloselloides Presl 275 

tectum (H. B. Kth.) Moore.. 276 



a 



Grammitis BilUirdieri Wili.d 266 

nana Brack 266 

G y mnogr anima calomelanos K.4.ULF... 250 

cJiacrophi/lla Desv 249 

fhrysophylla Kaulf 251 

flavcns Kaulf 252 

lcptoi)lujUa Desv 249 

lonfjipcs Bak 251 

Lorentzi HiEROX 249 

myriopliylla Sw 250 

rufa Desv 250 

tomentosa Desv 250 

trifoliata Desv 251 

O iimnopteris rufa Beriix 250 

scandens Christ 273 

scrratifoliu Diels 274 

tomentosa Und 250 

H 

¡lemionilis Uneata Sw 266 

Hypolepis Hauman-Mercki Hic- 

KEN 259 

pedata Hook 254 

repens (L.) Presl 259 



Leptochilus guianensis (.\ubl.) C. 

CiiRiST 273 



serratifolius (ÍIart.) C. Christ 273 

Litohroehiu nobilis JIoore 254 

Lomaría alpina Griseb 245 

alpina Spreng 246 

áspera Kl 245 

attennata Willu 245 

Boryana Willd 247 

campylotis Kze 248 

eaudala Bak 246 

Gilliesi Hooic. et Grév 246 

lanceolata Spreng 245 

mayellanica Desv 247 

Lonchitis repens L 259 

M 

Meniseiíim serrutum Qx\ 234 



N 



Nephrodium achalense (Hieron.) 

Hkkex 230 

amplissimum (Presl) Hook. 232 
argentinum (Hieron.) Hic- 

KEN 230 

earipensc Hook 229 

connexum (Kaul.) Hicken.. 231 

conterminuní Desv 229 

effusum (Sw.) Bak 232 

effusum v:ir. tenue Hicken. 232 

Etcliicliuryi Hicken 230 

filix mas (L.) Rich 231 

filix mas viir. paleaceum 

(Sw.) Mett 231 

Galanderi (Hieron.) Hicken. 230 

goiigylodes(ScHKUHR) Schott 233 

Lilloi Hicken 232 

Lorentzi (Hieron.) Hicken.. 230 

mucrophyllum Bak 234 

macrourum Bak 228 

moUe E. Br. 233 

oligocarpum (Willd.) Desv. 229 
oligocarpum var. crassisti- 

pitata (Hieron.) Hicken. 229 

oppositum (Vahl) Diels 229 

parasiticum (L.) Diels 233 

parasiticum var. glabrindu- 

siatum Hieron 234 

patens (Sw.) Desv 228 

patens var. stÍ2)vl<(re (Willd.) 

Bak 228 

patulum (Sw.) Bak 231 

pseudomontanum (Hieron.) 

KOSENST 231 

pseudotetragonum Hieron. 229 



281 



refractum i^Ikv.i IIoow 233 

serratum iCvv. I Diki.s •_'31 

siambonense (Uii^üon-I IIic- 

KKN- 2;U) 

stipulare (Wii.i.i>.) Dioxv 22S 

submarginale (LANt;si). n 

Fiscii.) A. Hi! 229 

tftt'df/onuiii lIooK 22!) 

tatragonum (Sw.i Kiovs 233 

II I) i I II III (L.) 1\. 15 it 233 

villosum (I..) PiíKsi 232 

Neurogramma rufa (L.) Link 250 

tomentosa (Lam.) Lixk 250 

Xi'iiroi/ritiiiiiic caloiiiildiios (L.) Diki.s. 250 

Notholaena Balansae Bak 255 

bonariensis (Willd.) ('iiiíi.st. 255 

/crni;/ine(i Desv 255 

Jticrnis (KAur.F.) Moork 252 

Fraseri (Mett.) Bak 255 

var. robusta HiKirox 255 

hypoleuca Kzk 256 

moLlis Kzk 256 

nirea Desv 252 

obducta (Mett.) Bak 256 

scariosa (Sw.) ]5ak 256 

sinuata (Lag.) Kai'm- 255 

nqnamosa FÉK 256 

teñera Gilí, 252 



O 



Onoclea poli/podioidex Sw 
Oxmniida rapensis L. . . . 



246 

246 



Pellaea flexuosa (Kaulk.) Link... 252 

í/eranilfolia Fée 253 

;il<(iira J. S\i . . . . 258 

Lilloi HiCKEN 252 

Lorentzi HiKitON 253 

nivea (Poir.) Piíantl 252 

nivea f. flavens Hieiíox 252 

nivea f. teñera Hierox 252 

ternifolia iCav.) Lixk 251 

Pliyllitis Balansae (Bak.) Christ. 240 

brasiliensis (Snv.) ü. Ktze... 239 

plantaginea (Schkhr) O. Ktze 240 

Phopeltis anfjiisfiiin H. B. Ktii 273 

Polybotrya osmundacea H. B. 

Ktii 273 

J'oh/pocliinii adiantif orine Forsk 237 

adnatum Kzk 270 

angustifolium Sw 271 



angustifolium var. ensifo- 

lium Wir.i.i) 271 

angustum (Ktii.) IíIkh.m 273 

illll/irisri/oliinil IIOKKM 228 

iireitliilinn Ktii 271 

aureum L 270 

aureum var. areolatum Kth. 271 

iiiislnile Mett 266 

Billardieri ( Wii.1,1».) Ciikist.. 26() 
Billardieri var. nanum 

(BuACK.) C. Crist 266 

ca ripease Willu 229 

cliaoophoruní Kzk 269 

eoHiie.finii Kaulf 231 

crassifolium L 273 

efiis-inii Sw 232 

eliinlieiiiii Uicil 268 

eiisit'i)liinii WlLEU 271 

ñlicula Kaulf 268 

,1ilix foemina L 238 

filix mas L 231 

fnujile L 227 

Giliiesi C. Christ 270 

yuianensis Aui'.L 273 

ineanum Sw 269 

laevigatum Cav 271 

Jaeviíjaliun Griseij 272 

lepidopteris (Laxo, et Fisch.) 

KzE 269 

h'ptophi/llniíi 1. 249 

Lorentzi Hierox 272 

loriceiim Griseh 270 

¡ijeopodioides Griseh 272 

lycopodioides L 272 

macroearpiu» Presl 267 

montcvidensc Si'RExt; 235 

olif/ocarpinn Wir.LD 229 

oppositiim Vahl 229 

Paradiseae Langsd. et Fisch. 268 

paraguay ense Bak 268 

parasiticinn L 233 

pafens Sw 228 

pectinatum L 268 

pcnua-iiinrina PoíR 246 

peruvianum Desv 267 

Phyllitidis I. 271 

Phyllitidis t'. major Hieron. 272 

Phyllitidis f. minor Hierox. 272 

P/ii/Uilidis var. repeiis Griseb. . 272 

piloselloides L 270 

platybasis Bak 269 

phitijphi/lliim HoOK 235 

plumula H. B. Kth . . 268 

polypodioides (L.) Hitchc. . . 269 
polypodioides var. squalli- 

dum Bak 269 

pnbcsccns Gini- 270 



— 282 



pycnocarpum C. Cnuisr. . . . 267 

recurvatum Kaulf 268 

rcfrdclKín Mkv 233 

repens Aubl 271 

Sc/iLtíhri IvADUi 268 

serrulatum (Sw.) Mett 267 

squalliduní VeLL 269 

squamulosum Kaclf 272 

siihiiKtrginuJc Langsd. et Fisch. 229 

taxifolium L 267 

tetr(i[jo»inn Sw 233 

trifurcatum L 267 

tucumanense IIikkon 271 

vaccinifolium Langsd. et 

Fiscii 270 

íyillosum L 232 

PolystichumadiantiforinelFoRST.) 

J. Sm 237 

aiiiplissimuin Pkesl 232 

chilense (C'hkist.) Diels 236 

molirioides (líoiiv) PiiESL. . . 236 
mohxioides f. genuina Hic- 

KEX 236 

motirioides f. latifolia Hic- 

KEx 236 

montevidense (Spiíeng.) Ro- 

SENST 235 

montevidense f. genuina 

(HiERON.) HiCKEN 235 

montevidense f. imbricata 

(IIlEKOX.) HiCKEX 236 

montevidense f. squamulosa 

(HlKlíOX.) HiCKEN 236 

multiñdum (Mett.) 237 

multiíidum var. Autrani 

HiCKEN 237 

orbiculare Chuist 237 

orbiculatum (Desv.) Gay.... 237 

Pcarcei Phil 237 

platyphyllum (Wii-LD.) Pkesl 235 
platyph.yllum f. genuina 

RosEx.sT 235 

platyphyllum var. Klotzschi 

KosEXST 235 

platypliyllum var. Kurtzia- 

na H iCKEN 235 

vestitton Gay 236 

Pteridium aquilinum (L.) Kchn.. 265 
aquilinum var. esculentum 

(FoRST.) 265 

Pteris )iqt(ili»a L 265 



br(isilif)isi.s 1\A1)1)1 264 

('O)icolor Langsu. et Fiscn. .... 253 

coriácea Desv 264 

crética L 263 

decurrens Presl 265 

deflexa Limc 264 

denticulata 8\v 265 

denticulata var. brasiliensis 

(Kaddi) Bak 265 

üichotoma Cav 254 

clegans Vell 254 

esculcnta Foesk 265 

flcxnosa Kaulf 252 

longifolia L 263 

nivea LiXM 252 

j}alm((t(i WiLLi) 253 

IJeddta L 253 

quadriaurita Ketz 264 

splendens Kaulf 264 

fdbuhirc Tiiuxií 246 

IcriüfoJia C.w 251 

trémula II. lin 264 



Saccoloma inaequale (Kze.) Mett. 237 

iScolopendriinn JJalutisae Uak 240 

brasiliensc Kze 23'.» 

plantu(jinciim Sciirad 240 

Stcf/ania lanccolata 11. Un 245 



Trachypteris pinnata (Hook. f.) 

C. CuRiST 276 

Trismeria longipes (Bak.) Diels. . 251 

trifoliata (L.) Diels 251 

V 

Vittaria lineata ( L. ) S.m 266 

w 

Wiiodsiii incisíi Gilí 227 

montevidensis (SrKP:xG.) Hie- 

líox 227 



l)E«t'KlPTION 



ESPÉCE NOÜVELLE DE CIIAELIOGNATIIÜS \)[ BlífSIL 



Pak .t. bourgeois 



Chaulio&'iiatliiis Bpuelii sp 



Elongatus, subopacuH, niger, genis, mandWuliH, protlioracis laterihus 
sai late guitaque ad apicem elytrorum Jlavis ; jyrotliorace fere qua- 
drato, Jatitiidine hasali liaud vel iñx hreviore, medio mt profunde 
longitudinaliter .sulcato, angulis anticis late rotundatin, posticis 
oMíisis, margine laterali flavo a nigredine discoidaU ante médium 
interrupto ; elytris nigro-f uséis, ahbreviatis, prothorace vix triplo 
longioribus, sat grosse sed parum dense punctatis; segmentis ren- 
tralibns Jlavo-marginalis. 

Long'. 8-10 mm. 

Brésil : province de Minas Geraes. 2 ex. (c/", ¿) [C. Briicli]. 

Je me fais un plaisir de dédier cette espéce íi M. Brucli, qui l'a 
découverte. 



SOBRE EL HALLAZGO 



alfarerías mexicanas en la provincia de II 



Por Félix f. o u t e s 

Secretario del Musco y prolVsor eu las Universidades de Buenos Aires y La Plata ; adscripto 
honorario ¡i la seecióu de Arqueología del Museo uaeioual de IJueuos Aires 



Cuando me informé, hace ya largo tiempo, de que en un Kidfur JiKjvr 
de los llanos bonaerenses se habían encontrado « antigüedades aztecas, 
auténticas sin duda alguna » ' ; y sobre cuyo parecido con la cerámica 
tolteca de San Juan de Teotiliuacan, insistía el doctor Francisco P. Mo- 
reno en una nota publicada con posterioridad - ; supuse, simplemente, 
(lue alguna persona poco escrupulosa había sorprendido la buena fe del 
apreciado viajero. 

Traté, sin embargo, de examinar las referidas piezas, lo que no pude 
conseguir, pues no formaban parte de las colecciones arqueológicas del 
Museo de La Plata, á pesar de lo manifestado incidentalmente por el 
doctor Moreno. Recién el 4 de abril de 1905, se agregaron á las series 
de antigüedades indígenas de la provincia de Buenos Aires, donadas, 
según dice la etiqueta, por el director en aquel entonces del estable- 
cimiento. 

Algunos meses después me fué dado revisarlas con atención y, franca- 
mente, pude con\encerme entonces que en verdad se trataba de objetos 
interesantes é inconfundibles. No obstante, permanecí escéptico, desde 
que el único dato agregado á las curiosas figuritas — laguna de Lobos 

^ Fraxcisco P. Moreno, El Museo de La Plata. Bápida ojeada sobre su. fundación 
¡I desarrollo, en lievista del Museo de La Plata, I, o\. La Plata, 1890-91. 

• F. P. Moreno, Museo de La Plata. Exploración arqueológica de la 2>rorincia de Ca- 
tamarca. Primeros datos sobre su importancia y resultados, on JiCvista del Museo de La 
Plata, 1, 209 y siguientes. La Plata, 1890-91. 



— 285 — 

— resultaba vajiíiisimo, aislado tal cual se i)i'('S('ntaba. Solicité, sin éxito, 
mayores referencias y solo pude saber, después de lar<;a í'iiqiu't<\([\w las 
pretendidas alfarerías mexicanas formaban parte de un obseiiuio ([ue el 
señor Carlos 1. Salas había hecho al doctor Moreno. Una circunstan(;ia 
imprevista me ha ofrecido la ocasión de conversar con aquel caballero, 
que es un erudito americanista, y quien me ha ratificado, ampliamente, 
los datos relacionados con la ])rocedencia originaria de las tres piezas que 
voy á describir: fueron eiu'ontradas, me dijo, por un modesto hacendado 
llamado Isidro Oieza, en la alta barranca que existe en la laguna de Lobos 
(partido del nñsmo nond)re, en la i)ro\incia de Buenos Aires), muy pró- 
xima al lugar donde se inicia el arroyo de las Garzas. 

Son tres pequeñas flguritas de tierra cocida; antropoménficas dos de 
ellas y zoomórfica la tercera. 

La más perfecta, representa una cara humana de 32 milínu'tros de 
longitud por 23 milímetros de aiudio; modelada in^olijamente en pasta 
ñna, de color pardo-amarillento. 

Todos los rasgos ñsonómicos han sido tratados de mano maestra, tan- 
to, que la euritmia es casi completa. De la frente achatada, se destacan 
la giabela y arcadas superciliares 
bien pronunciadas ; los ojos son 
horizontales y en forma de almen- 
dra; la nariz ancha, con el lóbulo 
deprimido y las alas exteiulidas; 
los pómulos poco notables; los 
labios gruesos y algo i)legados 
sobre sí mismos; y, por último, el 
mentón apenas visible, casi ñigi- 

TiíX- 1- — Laguna de Lobos, provincia de Bueno.s 

tivo (ñg. 1, a). De perhl, algunos aíhs (c. m. l. r.), \ 

de los detalles morfológicos enu- 
merados aparecen más notables y característicos; así, el achatamiento 
de la frente combinado con una evidente depresión de la nuca, cons- 
tituye un caso de deformación fronto-occipital ergida (Natchez); la 
nariz es francamente convexa, y los rasgos típicos que ofrecen los labios 
y el mentón, se manifiestan con más nitidez (ñg. 1, h). Por lo demás, no 
se han modelado las orejas, y del cuello tampoco se conservan rastros, 
aunque la pequeña escultura parece haberlo tenido. Todos los detalles 
en ronde lotise se han esculpido <lirectamente sobre una sola masa de 
arcilla, sin emi^lear en lo más mínimo el pastülage. 

Ya\ el segundo ejemplar, la cara humana es aun nuís pequeña, pues 
tiene 19 milímetros de longitud por 14 milímetros de ancho; la pasta es 
igualmente fina, pardo-amarillenta con manchas negruzcas; pero, la eje- 
cución no es tan perfecta ni las proporciones se mantienen con tanta 
regularidad. 






— 28(i — 

Los rasjios fisoiiómicos conservados, coiTespondeii en parte á los que 
caracterizan á la figurita anteriormente descripta; sin embargo, la frente 
es abovedada, y los ojos algo recogidos como en 
la mayoría de los indígenas americanos. Coro- 
nando la cabeza, se ha modelado una amplia 
diadema que termina sobre los grandes adornos 
auriculares que penden de las orejas. Por encima 
de las arcadas superciliares, é iiuludablemente 
constituyendo un detalle del peinado, se notan 
dos surcos curvilíneos cuyas extremidades inte- 
Fig. 2. - Laguua de Lobos, nores sc rcuneu sobrc la glabela (flg. 2). 

provincia «le Isuenos Aires ^ \ o / 

(C.M. L. p.),¡, La técnica operatoria lia sido la misma á que 

me he referido en párrafos anteriores. 

La tercera pieza representa parte de la cabeza de un coyotl [Canis ca- 

(jottis (H. Smith)] *, i)rolijamente modelada, como las esculturas antropo- 

mórficas, en i^asta muy fina, coloreada exteriormente de x>ardo-amari- 

llento. En este caso, la técnica es mucho más interesante; los ojos, la 

' Las descripciones de los viejos cronistas de Indias, harían suponer la existencia 
de una sola especie del lobo llamado coyotl ó « coyote » por los indígenas y españo- 
les de la antigua provincia de Nueva España (véase, por ejemplo : P. Bernabé 
Cobo, Historia del Nuevo Mundo, II, 336. Sevilla, 1891). Sin embargo, no es así. 
Bernardino de Sahagun, uno de los conocedores más profundos de las tierras centro- 
americanas, describe someramente en su conocida obra, varias especies del Canis á 
que me he referido y á las que los indígenas habían designado con nombres que 
deftnían, en cierto modo, algunas de las modalidades ó caracteres más salientes de 
cada una de ellas; así, el cuitlachcoyotl se diferenciaba por la coloración del pelaje, 
el tlalcoyotl vivía en los llanos, etc. (B. de Sahagun, Ristoire genérale des dioses de 
la Nowvelle Espagne, 682 y siguiente. Paris, 1880). Los estudios más modernos, han 
evidenciado que se trata de un verdadero conjunto de especies distribuidas en amplí- 
sima área geográfica, y á las que en la actualidad se las da, iudistintamente, el 
nombre de « coyotes » (C. Hakt Merriam, Revisión of the coyotes or prairie wolves, 
with deseriptions of neiv forms, en Proceedings of the Biological Society of Washington, XI, 
19 y siguientes. Washington, 1897). Desde luego, resulta tarea difícil poder identificar 
la especie representada en una escultura de grosero naturalismo ; pero, como es mi 
creencia y lo demostraré en el texto, que las pequeñas figuritas objeto de esta nota 
procedeu de San Juan de Teotihuacan, pieuso se trata del canis cagottis (H. Smith) 
que vive en los estados de México, Puebla, etc. (véase á este respecto : D. Giraud 
Elliot, The land and sea mammals of middle America and the West, Lidies, en Piihli- 
cation of the Field Columpian Museum. Zoological series, IV, parte II, 466. Chicago, 
1904 ; Merriam, Ibid, 27 y siguiente). 

Lumholtz incurre en un grave error al considerar como Canis latrans Say, al « co- 
yote » que interviene en el folk-lore de los Tarahumares de la Sierra Madre (Carl 
Lumholtz, El México desconocido, I, 298. Nueva York, 1904) ; el habitat de esa espe- 
cie es exclusivo de cierta región de los Estados Uuidos y el Canadá (Cfr. D. Giraud 
Elliot, A check list of mammals of the North Ame^'ican continent the West Indies and 
the neighboring seas, en PuMication of the Field Columbian Museum. Zoological series, 
VI, .S76 y siguiente. Chicago, 1905). 



— 287 




Fig. ;t. — Laguna de Lobos, provincia 
lU- Buenos Aiie« (C. M. L. P.), -I 



l)arte superior del emueo y ambos maxilares lian sido liáhilmeide p((xfi 

llésy pero retoeados liie,i;'o con cuidado 

(ttjí. o). Esta tí^urita mide actualmente de 

louiiitnd .">!) milimetros. por l*."» milímetros 

de ancho máximo. 

Los objetos que acabo de describir some- 
ramente, constituyen un hallazgo esporádico. 

Los especialistas que han examinado, con 

más ó menos escrui)ulosidad, las estaciones 

])ermanentes ó temporarias de los ]»rimitivos 

habitantes déla ])roA'incia de ]>uenos Aires, 

jamás han encontrado ni aun siípiiera 
una burda representación antropomórti- 
ca; y los restos de la cultura más avan- 
zada que parece se desarrolló en el 
litoral bonaerense y entrerriano, sólo han 
proporcionado alfarerías zoomórflcas de 
un naturalismo grosero. 

Por otra parte, los viejos coroplastas 
del noroeste argentino no llegaron asi- 
mismo á modelar figuritas perfectas 
como las que motivan esta nota y, salvo 
rarísimas excepciones, — la de aquel 
anciano de larga barba y en actitud de 
eterna contem] dación, descripto por 

Fig. 4. -Huasáu.pioviuciadeCataiuar- Adáu OuÍrO<>'a ' el resto (1p miv: i^vn 

ca (colección Lafone Qnevedo), -J ^^.vuiii v¿uin>¡^,i , fl ICSIO tie SUS piO- 

ducciones es de un arcaísmo marcado, 
en ronde ho.sse sumamente primitiva ^ó completados ciertos detalles, lo 
más de las veces, con trazos 
profundos y groseros (fig. 4, 
5 y 6) -. 

En los grandes repertorios 
iconográficos de Eeiss, Stü- ' ""Zü^ 
l)el, Uhle, Koi)pel, Baessler, ¿^ ^^"^ m^'» 

' Adáx Quiroga, Antif/iiedades 
Calchaquíes. La colección Zavaleta, 
en Boletín del Instituto Gcof/ráfico 
Argentino, XVII, 200. Buenos Ai- 
res, 1896 ; véase, iguahneute, Juan p¡„. ; 
B. Ambrosetti, Xotas de arqueo- 
logía Calchaquí, en Boletín del Ins- 
tituto Geográfico Argentino, XVII, 460, figura 27. Bncnos Aires, 1896 

* Ambrosetti, Ibid, 422 á 462, figuras 1 á 27. 






Rincón de Malcosco, provincia de Cataniarca 
(colección Lafone Quevelo),? 



— 288 — 




Seler, etc., que contienen multitud de cerámicas sudamericanas, sólo lie 
encontrado representaciones humanas de una técnica primitiva, conven- 
cionales en alto grado; y otro tanto 
sucede al oriente de Sud América, 
con muclia más razón indudable- 
mente, dado sus culturas primi- 
tivas. 

En cambio, en la isla de La Pía - 
ta, situada á pocos kilómetros del 
litoral ecuatoriano, se lian recogido 
restos sumamente curiosos; algunos 
de ellos de un estrecho parecido 
con las ttguritas de barro cocido 
descriptas en párrafos anteriores. 
Se trata, en ciertos casos, de cara liumanas en las que : are intercHting 
— dice Dorsey — on account 
hotli of the HimpUcity ofthe freaf- 
mcnt and of the great heatity 
hetrayed in the face itself{ñg. 7) ^. 
Aun más, otras piezas, igual- 
mente [antropomórñcas, ofrecen 
marcados surcos en la frente 
como la pequeña escultura de 
la laguna de Lobos, represen- 
tada en la viñeta 2 de esta 
noticia (fig. 8); y en la ]>lanclia 



Fig. ti. — Caíayate, piovincia de Salta 
(toleciióu Laí'oiie Quevedo), -- 




'*^S^ 



""■^ 



' GeORGE a. DoiiSEY, AlTluiclof/iCdl 

invriififidtions on the island of La Plata, 
JCcuador, eu FieJd Cohimhian Mn^cum, 
Antliropolo(i¡cal series, II, 270, flgura 
46 y planchas LXXVIII á LXXXI. 
Chicago, 1901. Los restos arqueoló- 
gicos reunidos por Dorsey en la isla 
de La Plata, pueden referirse á dos 
<'ulturas ; una exclusivamente incaica, 
i'epresentada por sepulturas que con- 
tenían en su ajuar funerario numero- 
sos objetos de oro, plata y bronce, 
tal cual los del Perú, y aun vasos 
ápodos del estilo del cuzco (Dorsey, 
Ihid., planchas XL á XLII); la otra, 
hoy por hoy de origen desconocido, y 

que dejó eu la isla tan sólo respetables cantidades de minúsculas imágenes de tierra 
cocida, en la actualidad fragmentadas, y millares de piedras grabadas, perforadas, 
etc., de fonuas y dibujos diversos. 




Fig. 7. — Isla de La Plata, Ecuador 
(DOESEV, Ibid.i planclia LXXIX) 



289 — 



XCIX de la memoria de Dorsey, wo iiicliiídií la cabecita de un animal, 
tratada en forma idéntica á la del voi/otl yn d('S('rii)to (íIíí. 0). 

Por otra parte, los eoroplastas (pie modelaron las figuras antropo y 
zoomórficas encontradas en la isla 
de La Plata, emplearon casi siem- 
pre el pastillage ^ ; y representan, á 
mi entender, en Sud América, 
una tendencia artística francamen- 
te centroamericana -. 

Pienso, sin embargo, que no 
debe buscarse en el Ecuador el 
origen de las interesantes alfarerías 
recogidas en la provincia de Buenos 
Aires. En el islote de La Plata se 
presentan, indudablemente, rastros 
similares pero no piezas en todo 
idénticas, de un mismo tipo físico 
diré así, como las encontradas á mi- 
llares en San Juan de Teotiliuacan. 

Las pequeñas esculturas reunidas en las ruinas de aquella vieja ciu- 
dad, ofrecen un polimorfismo increíble : ow petit remar quer — dice Cbar- 

nay — un négre avec sa 
- — ,„„^--'«^ boliche Uppue, son nez ¿era- 

se^ sa cJievelure laineuse; 
on y volt une tete chinoise^ 
et je possdde des types de 




.^ 



Fig. 8. — Isla (le La Plata, Ecuador 
(Dorsey, Ihid., plancha LXXXII í») 





' Dorsey, Ilid, plancha 
LXXXII y passim. 

^ Los restos arqueológicos ;í 
(jiie me refiero en el texto 
tienen, en verdad, muy pocas 
semejanzas con los que se reti- 
ran de ordinario de los Kultur 
lager del Ecuador continental 
y existe, en cambio, como lo 
tengo manifestado, un marcado 
air de famille con las alfarerías 
centroamericanas. Compáren- 
se, por ejemplo, los objetos 
reproducidos por Dorsey en 
algunas de las planchas de su estudio (Ibid, planchas LXXXIIa, LXXXV, LXXXVI 
y LXXXVII) con los fragmentos de pequeñas esculturas recogidos por Byron Gordon 
en Honduras, en el valle del Uloa (George Byron Gordon, Besearches in the JJloa 
valley, Honduras, en Memoirs of the Peabody Museiim of American Archaeology and 
Ethnology, I, planchas VIII y X. Cambridge, 1898). 

REV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (X. 17. 1908.) 19 



Fig. 9. — Isla de La Plata, Ecuador 
(DoESEY, Ibid., plancha XCIX) 



290 



race Manche et de masques japonais. On y remarque — agrega — des tetes 
tí front fuyant comme les profils de Palenque, et d'autres a front droit 
comme des profils grecs. Les máchoires sont ortJiognathes et prog^iathes, les 
figures glahres ou barbues; c'est un mélmige extraordinaire qui prouve 
combien des races on dü se mélanger ou se succéder sur ce vieux continent ^ 
Observaciones más amplias pudo realizar al respecto mi amigo, el 
ilustre y malogrado historiador mexicano Alfredo Cliavero. « Se hallan 
tipos — dice en su conocida obra — que se distinguen por la falta de 
pelo, como si aquellos individuos acostumbraran á rasparse la cabeza. 
Con la cabeza también lisa, aunque con la frente ancha, ofrecen otros 
una forma redonda y bien j)roi)or clonada. Los hay con la nariz abultada 
y chata y los labios salientes, como ya hemos dicho. Se encuentran 
varios rapados, pero llevando tres adornos ó mechones al medio y á los 
lados de la frente. Unos llevan el pelo con una especie de bandas, en 
forma piramidal, recogido en la parte superior por un lazo que cuelga 

al lado izquierdo. Del mismo género 
hay otros en que se exagera más 
el tocado. Obsérvase á veces el pelo 
dispuesto en forma de tejado, con 
un adorno sobrepuesto alrededor, 
y tiene de muy singular el adorno 
sobre los ojos, que dice el señor 
Orozco, que si de tiempos modernos 
fuera, lo compararía á grandes ga- 
fas; pero que no puede ser otra 
cosa que distintivo de dignidad ó 
raza. Tipo egipcio parece el de otros que tienen una banda sobre la 
frente y dos especies de alas laterales : en ellos están bien marcadas 
las orejas redondas comunes á varias de estas figuras. Distingue á 
no pocos, y acaso es lo que llama más la atención, la especie de 
turbante que les ciSe \a cabeza y los lienzos que bajando por las 
mejillas cierran debajo de la barba, recordando á algunas naciones asiá- 
ticas. Y se ven también cabecitas con una gran gorra, cuyo labrado 
indica pieles y que tiene una pluma ó borla en la parte superior, lo que 
hace pensar en los tártaros » '-. 

En las colecciones del Museo de La Plata, también se conservan dos 
deesas pequeíias esculturas (fig. 10 y 11), donadas en 1893 por el doctor 
Estanislao S. Zeballos. Á pesar del laconismo de las etiquetas, en las 




^**-. 



k 

X 



rig. 10. San Juan «le Teotiluiacan (C. M. L. P.), í- 



' DÉsiRÉ Charnat, Les ancietmes villes du Nouveau Monde. Voyages d' exploratioun 
au Mexiqíie et dans l'Aviérique Céntrale, 118. Paris, 1885. 

* Alfredo Cha vero, Historia antigua, en Vicente Riva Palacio, México á tra- 
vés de los siglos, I, 69 y siguiente. Barcelona (sin fecha). 



— 291 — 

que sólo se registra el nombre de << Méjico », no abrigo duda alguna sobre 
su ])roeodencia ; eorresi)onden si los ti])os más comunes de Teotihuacan, 
de los que Cliarnay, Clunevo y Soler rei)r()ducen en los grabados que 
acompañan sus estudios ' (tig. IL*). 

La cabecita reprodiu-idji en la viñeta 10 de esta breve nota, se lia mo- 
delado en una arcilla idéntica á la empleada i)ara fabricar la más her- 
mosa de las encontradas en la laguna de Lobos; tiene, además, igual 
coloración; se lia observado la misma técnica, y sólo difiere en el tipo 
físico. Representa á un intlividuo magro, con los pómulos i)ronunciados ; 
los ojos recogidos ; la nariz larga y estreclia ; labios poco gruesos pero el 
inferior muy caído, y mentón prominente y triangiüar. De perfil, la 
frente es relativamente elevada; el dorso de la nariz resulta rectilíneo, 
y se acentúan grandemente los detalles que ofrece la cara inferior. Es 
un tipo étnico que, no sólo se le baila representado con nuiclia frecuen- 
cia en las alfarerías de Teotihuacan ^, sino también en las máscaras de 
tierra cocida ó de piedra, procedentes 
de los cementerios Tepanecas de Azca- 
pozalco ^ 

En cuanto á la otra (fig. 11), es de 
aquellas que Chavero consideraba como 
de « tipo egii)cio », con « una banda 
sobre la frente y dos especies de alas 
laterales » ^. 

La figurita humana, encontrada en 

_- -i-T T .-_,^, Fig. 11. — Saij Juan dn Teotihuacan 

Lobos y reproducida en la viñeta 1 de (c. m. l. p.), ; 

esta nota, dado la forma ovalada de la 

cara, su nariz ancha y deprimida, el enhompoínt marcado y la deformación 

antero-posterior característica, se aproxima evidentemente al tipo de los 

• Charnay, Ibid, 119; Chavero, liid, figura iucluída eu la página 243; Eduard 
Selkr, Die arcliüologischen Ergebnisse meiner ersten mexikanischen Eeise, en E. Seler, 
Gesammelte AhJmndlungen ziir Amerikanisclien Spracli-und Alterthumskimde, II, figura 
41 a. Berliu, 1904. Esta comunicación se publicó por vez primera bajo el título de 
Resultáis arohéologiques de son dernicr voyage en Méxique, en Congrés International des 
Amóricanistes. Compte-rendu de la septiéme session. Berlín 1888, 116 y siguientes. Ber- 
lín, 1890. Sin embargo, prefiero referirme á la reedición que va acompañada de 
figuras. 

•^ De las treinta cabecitas reproducidas por Seler (Ibid, fig. 41 a), doce pertenecen, 
sin duda alguna, al tipo étnico de que me ocupo en el texto. 

^ E. T. Hamy, Galerie amérieainc du Musée d' Ethnographie dii Trocadéro, 21, plan- 
cha XI, figvira 30. Paris, 1897. Téngase en cuenta que Azcapozalco está situado á 
poca distancia de México y de Teotihuacan. 

^ Inoficioso me parece decir que se trata de un tocado sumamente común en Mé- 
xico y aun en el Perú, y del cual se destacan, con mucha nitidez, los grandes ador- 
nos auriculares. 




— 293 — 

hombros ro]>restMitii(l()s en las oscuUurasdt' PalciHiuc (') en los cxulx'riuitos 
relieves de las \iejas estelas del valle del llsuiiiatsiiitla. lOii cambio, de 
la forma y eoii los detalles <le la otra (ti,>;-. 13), se lian hallado muchos 
ejem])lares en el mismo Teotihuacaii (íi<>-. V2). 

Son, en verdad muy ikxms, las alfarerías zoomórlieas mexicanas publi- 
cadas hasta ahora. Ello se ex])lica sin mayores violencias: ha sucedido 
(Ui Mí'xico lo (pu' con otras «grandes civilizaciones; en los ju'inu'ros 
tiemi)os, los monumentos, las construcciones |)iramidales con sus 
sui)erestructuras extrañas, los dinteles cubiertos de abi;4arrados jevo- 
g'lífleos, han monopolizado por entero la atención de los es])ecialist{is. La 
« pequeña arqueolojiía » ha quedado olvidada y, recién en los últimos 
tiempos, se han comenzado estudios realmente sistemáticos. Oreo, no 
obstante, que la cabeza de « coyote » reco<>ida en la laguna de Lobos, 
l)roeede, como las humanas que la acompañaban, de San Juan de Teo- 
tihuacan. Los Alejos mexicanos creían que Tezcatli])0ca, el creador del 
cielo y de la tierra, se transformaba en coyotl para salir al encuentro del 
caminante descuiíhulo * ; y, en la actualidad, aquel lobo interviene gran- 
demente en elfoll^-lore de los habitantes de muchos estados. 

Incurriría en teorizacioiies sin fundamento alguno, si tratara de expli- 
car la presencia en la provincia de Buenos Aires de las esculturas mexi- 
canas que han moti\ado esta breve noticia. Hasta ahora no \i:i logrado 
saberse á qué objeto se aplicaban los millares de figuritas de barro que 
se encuentran en Teotihuacan, si eran destinadas al culto, si eran i)iezas 
de comercio -. Esta falta de antecedentes embrolla aún más el ])roblema 
que, ])osiblemente, permanecerá por mucho tiemi)o sin ofrecer la de- 
seada explicacicui discreta. 

Eu ol Museo d.- La Piafa, agosto 18 de 1908. 



' Saha<íu.\, Ibid, oOt). 

* El señor Chavero reproduce la opinión de Orozco y Berra de que se destinaban 
« para conmemorar la raza de cada quien » (Ibid, 63). La verdad es que Seler resume 
el estado de la cuestión : Die Kopfchen von Teotihuacan — dice — deren Kathsel viir 
auch durch die neuereii Arbeiten dariiber noch immer nicht gelost zu scin scheint, sind 
bekannt (Ibid, 314). 



DESCRIPTION 



NOUVEAU LAMPYRIDE ARGEMIN 



Pau ernest olivier 



Dodacles emissus Erx. Oliv. 



Elongatus, Cfqrite nigro, antennis hrevihus , nigrís, duohns primix arti- 
culin aurmitiacis ; prothorace aurantiaco, antice rotundato^ tenue 
punctato, in medio longitudinaliter síilcaUdo, macula mediana ni- 
gra; scutello ohconico, nigro, ápice testaceo; elytris prothorace vLr 
latioríhus, elongatis, paululum dehiscentihm\, aurantiaeis, dimidio 
apicali nigro ; pectore píceo vel hminieo-riifo ; ahdominc nigro, 
ultimo ventrall segmento cerco ; pygidio trilohato, dnahn.s- maculis 
cereis ornato^ femorihvs et coxis anrantiacis, tibiis plus minusTc 
infuscatis. 

Long'. 11 mm. 

Bépublique Argentine : Córdoba (Brucli). 

Brun, á Pexception des deiix premiers articles des aiitennes, dii pro- 
thorax, du soniinet de l'écusson, de la moitié basilaire des élytres, des 
pattes antérieures, des banclies, du dernier segmeiit ventral et de denx 
taches sur le pygidium qui sont oraugés. Le protborax est marqué 
d'une tache linéaire longitudinale bruñe qui n'atteint par la marge 
antérieure. 



TIPOS DE ALFAHEIllA 

EN LA REGIÓN DI AGÜITO -CAL O II AQUÍ 
Por SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. (Caxtaií.) 



INTRODUCCIÓN 



El siguiente trabajo tiene por principal objeto dar á conocer ciertos y 
determinados grupos de la cerámica indígena en las regiones Diaguito- 
Calchaquí que pueden considerarse como típicos y proi^ios de las mis- 
mas. El estudio de las variantes en cada grupo se deja i^ara más tarde 
X)orque el material es abundante, y se espera que para entonces estarán 
ya disponibles las ricas colecciones del Museo Nacional de Buenos Ai- 
res en su nuevo local, las que hoy por falta de lugar adecuado para su 
exposición se bailan depositadas donde no es fácil el acceso á los estu- 
diantes de la materia. 

En nuestro mismo Museo hace más de un año que se trabaja con el 
objeto de salvar las colecciones de los efectos del salitre, de acuerdo 
con el método empleado por el profesor Ambrosetti, que resulta ser el 
mismo recomendado por Flinders Petrie en Egipto. Esta operación ba 
obligado á desarreglarlo todo, pero nos ha dado tal conocimiento de 
mucho de lo que estaba oculto, ya por su colocación, ya por la patina y 
acreciones del tiempo, que puede decirse que se nos abren nuevos hori- 
zontes en la arqueología andina. 

Todo lo que aquí se publica no pasará de ser una introducción á ese 
eorpus déla cerámica andina que más tarde esperamos verá la luz, corpus 
en que el estudiante del arte podrá encontrar algo siquiera de lo que 
precisa para establecer parangones entre los artefactos precolombinos 
de las tres Américas. 

Hablándose de parangones, y como más hoy más mañana habrá que 
iniciarlos en lo que es entre el Perú y la región Diaguito-Calchaquí, 



— 296 — 

conviene traer á colación algo que dice el nunca bien poderado ameri- 
canista, Ximénez de la Espada en su contribución al Centenario, tomo I, 
página 403, etc. 

«Uno de los modelos de ornamentación más repetidos en las prendas 
de cunipi ^, sobre todo en los uncus '', es el de las zonas ó grecas aje- 
drezadas, llamadas j9rtfa ^ entre Aymaraes y Quichuas ^, nombre que sig- 
nifica escalera y gradería, la cual, como ignorantes de los recursos de la 
perspectiva, representaban en sus dibujos con dos, tres, cuatro y más 
hileras de escaques, etc., etc. ». 

La cita es larga y curiosa : en ella se liabla de LlanTíapata '" y de 
Gollcapata, sobre todo de ese famoso cnnihí ^, esas randas tejidas, fajas 
llenas de figuras simbólicas, que reunidas venían á formar sus preciosas 
telas. 

El mismo Ximénez de la Espada, en sus Antigüedades peruanas, pági- 
nas 231 y siguientes, reproduce la relación del indígena «don Joan de 
Santa Cruz Pacbacuti Yamqui Salcamaygua », y la acompaña con una 
lámina de geroglíficos interi^retados : allí vemos una de estas Pata, 
cuya explicación parece decir « es cica, pata » ; si nos valemos emi^ero 
de la reproducción que nos i^roporciona Markliam en sus Rites and Latvs 
ofthe Incas (Uakluyt Society), página 84, la leyenda está más com- 
pleta y bien clara, pues dice esto : « Collca-pata y la casa estaba toda pa- 
rada con planchas de oro llamada cori cancha vagi ». La verdad es que 
Cólica dice «almacén para conservar la míes, y pata «trono», « esca- 
lón V ó «escalera», y más « cualquier desigualdad» ; por otra parte cori 
cancha vagi (por uasi) equivale al romance-casa (nasi) del patio (cancha) 
de oro (cori) ^. 

De las observaciones de Ximénez de la Espada y de la curiosísima 
lámina sacada á luz por el mismo insigne americanista deducimos como 
consecuencia que los jxtta ó escaques, triángulos ó escalones, grecas, etc., 

' Ciimpi, orilla, rauda ó borlas de los vestidos. S. Tomás, Lexicón in toce cum- 
hini. 

' Pata. Poyo para sentarse. Ibid. in voce : escalón, desigualdad. 

' Quichua y no Kechtia, escribe este autor. 

* Llankapata. 

'' Ver adelante. 

"^ Curnbí. 

' Genealogía del Yamqui Salcamaygua. 

Tris-Abuelos : don Bernabé Apohilas Urcuuipoco ; don Gonzalo Pizarro Tintaya ; 
don Carlos Huanco. 

Bis-Abuelos : don Gas^iar Apoquiricauquí ; don Joan Apoyngamaygua. 

Abuelos: don Baltazar Cacyaquivi; don Francisco Yamquiguanucu. 

Padres : don Diego Felipe Condorcauqni =: Doña María Guayrotazi ; dou Joan de 
Santacruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua. 



— 2;t7 — 

todos tenían su valor simbólico, de oii«>en al menos; no nos meteremos á 
desiüiiar la época en qne los tales símbolos dejaron de tener si<>nifica- 
ción en el rito in(lí<>ena, y pasaron ;i ser simples adornos de uso general 
entre los artistas alfareros, ó en metal; ])ero una cosa se establece, que 
este estilo de ornanientación convencional, ora. en mayor, ora en menor 
escala, senos presenta por dotiuicra que andemos, y que todo es de ten- 
dencia neptúnica ó sea del Dios del Aí>ua, llámese él Hnimcocha, Co- 
Ati^ ó cualquiera de los demás nombres que puedan caberle en la mito- 
logía americana. 

No obstante de ser éste un estudio de índole esencialmente arqueoló- 
gica, se ha creído conveniente acompañarlo con tres mapas históricos : 
los dos que se refieren al primer medio siglo de su conquista, y el terce- 
ro, á la distribución geográfica de los objetos arqueológicos de que se 
trata en este estudio. Cada día se hace más y más necesario que todo 
trabajo de historia, de lingüística, de arqueología, etc., lleve sus mapas 
más ó menos detallados que faciliten la relativa ubicación de cuanto se 
describe; sobre todo en lo que corresponde al presente ensayo puesto que 
por lo pronto la base de nuestra clasificación para los objetos arqueoló- 
gicos de la región Diaguito-Calchaquí es principalmente geográfica, y 
por la sencilla razón de que es la única más segura y por la que alguna 
vez acaso alcancemos á llegar á la cronológica. 

Séame lícito aquí agradecer al jefe de nuestra sección zoológica, pro- 
fesor Carlos Bruch, por su amable ayuda en proporcionarme reproduc- 
ciones fieles de muchas de las piezas que figuran como clichés : la orna- 
mentación de los vasos no siempre está muy bien conservada de suerte 
que no se produce ese contraste de colores que la máquina fotográfica 
requiere; y no es sólo ésto, pues los vasos de rojo y negro exigen que la 
ornamentación se prepare de antemano con perfiles de creta, ú otro me- 
dio de color blanco; los positivos después se repasan con tinta china y 
se someten á un baño que deja las fotografías aptas para ser converti- 
das en clichés : de esta manera se consigue la exactitud y la nitidez en 
los detalles. Al profesor Carlos Bruch tengo que agradecer el procedi- 
miento y los resultados tan eminentemente satisfactorios. 



La República Argentina, según la vemos figurar en los mapas, es un 
total político cuyo perímetro geográfico sería bastante simétrico sino 
fuese por esas desgraciadas irregularidades que le han introducido los 



— 298 — 

desmembramientos, efecto de los sucesos posteriores al año 1810, y de 
los fallos de arbitros en las inuclias cuestiones de límites posteriores á 
la constitución del país. 

Acostumbrados como estamos á creer que la República Argentina 
siempre fué como ella se nos presenta en los mapas y atlas que usamos, 
fácilmente nos olvidamos que no es más que un conjunto excéntrico que 
heredamos del antiguo virreinato del Eío de la Plata, menoscabado en 
la parte desx>rendida para formar vecinas repúblicas, como ser la Orien- 
tal del Uruguay, Paraguay y Bolivia. Las cuestiones de líndtes interna- 
cionales é interjurisdiccionales entraron en la lierencia y su solución lia 
sido causa más de una vez de graves modiflcaciones en las líneas de 
fronteras, tanto en la República Argentina y las otras sus limítrofes, 
como entre las modernas provincias y territorios que boy constituyen 
el suelo argentino. 

El calificativo de « excéntrico », aplicado en esta ocasión no resulta 
ser rebuscado, pues la República Argentina, coino el virreinato del Río 
de la Plata, consta de varias gobernaciones, que antiguamente tenían 
su autonomía, relativa en cuanto á la autoridad central, absoluta por lo 
que respecta á Buenos Aires, boy capital federal de la nación. 

Hoy por boy la República Argentina se forma de lo que antiguamente 
fueron llamadas provincias de Tucumán, Cuyo, Buenos Aires ó Río de 
la Plata, y lo que se ba logrado salvar de los territorios nacionales. De 
estas tres provincias la que lia sufrido más por desmembramiento es la 
del Río de la Plata ó de Buenos Aires. 

La provincia colonial era muy distinta de la provincia moderna, y 
ello se comprende si analizamos lo que se quería decir cuando se habla- 
ba de la provincia de Tucumán, á la que no liay que confundir con la 
jurisdicción de San Miguel de Tucumán. Cada municipio, ó ciudad mu- 
nicipal, tenía su territorio señalado de hecho ó de derecho, y á todo ello 
se daba el título de jurisdicción^ sin perjuicio de que al tratar de ella se 
hiciese uso de la palabra república^ en el sentido de cosa pública^ sin la 
menor intención de caer en la herejía política de un republicanismo pre- 
maturo. 

Así, pues, cuando en 1607 el gobernador de Tucumán, el famoso don 
Alonso de Rivera, refundo la ciudad de Londres ^, no tan lejos de su 
jnúmer asiento en el valle de Quinmivil -, se llegó al máximum de los 
municii^ios ó sea jurisdicciones de la colonial provincia del Tucumán, á 
saber : 1" Santiago del Estero, capital de la gobernación '^ ; 2° San Mi- 



' 1607. 
- 1558. 

^ 1553. Fundada i^n- Francisco de Agnirre y como dependencia de la gobernación 
de Pedro de Valdivia. 



_,^ 29Í) — 

ji'iu'l (le Tiu'uiuán ^; 3" Estoco -; 4" Córdoba •'; 5" Salta '' ; (*>" Rioja ^; 
7" Jujuy ": 8" Londres '. 

De estos municipios en el <'uis(» del si.ülo xvii desa]»ai'eciei<>n dos; 
el primero en 1G83, año en ipie se dejó h\ ciudad de Londres en su últi- 
ma reíundaeión en el valle de Pomán, pasando la jurisdicción en heren- 
cia á la ciudad de Catamarca, bajo el nombre <le San Fernando, pero 
con el mismo Santo Patrón San duan Bautista, no la vir<;en del Aballe, 
como muclios han creído, ixto errí'uieamente. 

Para formar esta nueva jurisdicciiin lU' San Fernando del \alle de Ca- 
tamarca se le adjudicó casi íiiteiiramente los términos (jue antes fueran 
de la dejada ciudad de San Juan de Londres, y más : 1" las sierras de 
Santiago del Estero, hoy de Ancasti y del Alto, con sus llanos inme- 
diatos ; 2° los valles de Catamarca, Paclin, Singuil, Valcosna y algunos 
otros anexos, de la jurisdicción de San Miguel de Tucumán y |3° el valle 
de Capayán hasta Chumbicha, que antes [fuera de la Rioja. Asi, pues, 
la moderna jurisdicción de San Fernando del valle de Catamarca se 
formó de partes de tres jurisdicciones agrupadas en derredor del núcleo 
que antes fuera la de Londres; y lo que es más curioso aún, la ciudad 
acabó por fundarse fuera del valle de Catamarca, en una fVilda que 
propiamente corresponde á los empiezos del vallé de Capayán ^ antes 
de la Eioja. 

El fin del siglo xvii presenció la mudanza de dos ciudades : 1° la de 
la última ciudad de Londres para volverse Catamarca, y 2'' el Pueblo 
Viejo de San Miguel de Tucumán á su asiento actual, el año 1686; y 
todo fué obra del gobernador don Fernando de Mendoza Mate de Luna : 
la ciudad de Esteco ó sea Talavera de Madrid desapareció en el gran 
temblor de 1692, y sus habitantes y territorio se repartieron entre los 
municipios de Salta y San Miguel de Tucumán : sin saberse cómo ni 

' Eu 1565 por Diego de Villarroel y lí nombre de su tío el gobernador Francisco 
de Agnirre (Lozano, IV, pág. 227). 

* El año 1566 (?) eu uua revuelta contra Francisco Agnirre, por Diego de Heredia 
y Juan de Berzocana, sobre el salado en los 26° á 26° 30' do latitud sur. (Lozano, 
t. IV, pág. ¡^33). 

^ En 1573 por don Jerónimo Luis de Cabrera. (Ibid, pág. 271). 

^ En 1582 por Felipe de Lerma. 

^ En 1591 por Juan Kamírez de Velasco. 

^ Por el mismo en 1593. 

'' Véase nota 1. 

' No se confunda este valle con otro del mismo nombre en la región de Famatina 
que aun permanece eu jurisdicción déla Rioja. La etimología de este nombre co- 
rresponde á la lengua de Cuzco, ó Kechua, como hoy la llaman, y es bien significa- 
tiva : Capah — « real » y yan 6 ñan — « camino », — i. e. « camino real » que los 
Incas tenían para comunicarse con sus dependencias. 



— 300 — 

cuándo estas jurisdicciones se incorporaron el territorio que antes fuera, 
de la difunta municipalidad \ 

El semillero de cuestiones de límites interprovinciales que ha queda- 
do es basta el día de hoy interminable, ]>ero mucha luz se arrojaría so- 
bre algunos de estos asuntos si se pusiese en evidencia el título con que 
las tierras de Esteco ])asaron á ser de Salta y Tucumán : allí sin duda 
se hallará la explicación del por qué Tucumán se entra con un martillo 
entre Salta y Catamarca : anomalías como éstas sólo tienen explicación 
en la historia política ; porque las exigencias orográficas hubiesen reco- 
mendado otra distribución. Á lo que se desprende á primera vista, este 
martillo corresponde á la jurisdicción de Esteco, y fué por allí que entró 
don Alonso de Mercado y Villacorta cuando expatrió los famosos Quil- 
mes y Calíanos á su destierro entre Buenos Aires y La Plata. 

Estas ocho jurisdicciones con los Chacos correspondientes hasta dar 
con el meridiano que los debería se])arar (porque nunca hubo fijeza en 
los límites interjurisdiccionales) de las pertenencias de Buenos Aires 
y Paraguay, constituían el patrimonio de la provincia colonial de Tu- 
cumán. Al Este partía términos con el reino de Chile, Cordillera por me- 
dio y al sur colindaba con la provincia de Cuyo, dependencia de Chile y 
que constaba de las jurisdicciones de : 1° Mendoza, 2" San Juan y 3" 
San Luis de la Punta. 

Este curioso martillo de la provincia de Cuyo enclavado dentro de lo 
que debiera de ser i)rovincia de Tucumán sólo se explica si se tiene en 
cuenta las concesiones que se hicieron á los descubridores de nuestra 
parte del continente sudamericano en la primera mitad del siglo xvi, de 
que se hablará más adelante. 



II 



El cronista Antonio de Herrera -, bajo fecha de 1529 (Dec. IV, lib. VI, 
pág. 107), cuenta que el rey '', por capitulación dio licencia á Francisco 
Pizarro : « para continuar el descubrimiento, conquista y población de 
la tierra del Perú, hasta 200 leguas * de tierra, por la misma costa, que 
comenzasen desde el pueblo dicho de Temumpala, hasta Chincha, que 
l)odían ser las dichas 200 leguas, poco más ó menos, etc., etc. » 

' Lozano, tomo IV, página 286. 

- Cronista mayor de Indias que publicó sus décadas en 1601. 

' El emperador Carlos Y, primero de España, aunque á la sazón vivía la madre 
doña Juana. 

* De 17 ',' al orado. 



— SOI — 

El mismo autor, con tV'clia cU' ir).")5, dice (pie, en re<'om])eiisa de todos 
los tí'soros y <inuules noticias de i\\w era conductor Hernando IMzarro, 
Iiernia7u> del famoso conquistador, el rey concedió á éste un aumento de 
70 leguas en su jurisdicción, « por luenjio de costa, por la cuenta del 
meritliano». (Dee. V, lib. VI, pág. 150). En la descripción iiucial y pá- 
ü'ina 35, el mismo Herrera establece la jurisdicción de Pizarro, llamada 
«la Nueva Castilla», como que se extendía «desde el Quito hasta el 
Cuzco, 60 leguas más ahajo de Chineha », 

En seguida de lo capitulado por Hernando Pizarro en favor de su 
hermano Francisco entraban los derechos del mariscal don Diego de Al- 
magro, que según el mismo Herrera constaban de lo siguiente : 

« (El rey) le hizo merced de la gobernación de toda i)arte de la tierra 
que pudiesen comprender 200 leguas ^ de costa, línea recta de este á 
oeste y norte sur, desde donde acabasen los límites de la Nueva Castilla, 
que se llamaba la gobernación de don Francisco Pizarro, y la mandó 
nombrar la Nueva Toledo ». (Dec. V, lib. VI, pág. 150). 

No se necesitaba ser filibustero en las Indias Americanas para enta- 
blar cuestiones de jurisdicción á raíz de límites tan vagos, y sobre todo 
cuando diez leguas más ó menos podían dar ó quitar derecho á los te- 
soros del Cuzco ; y así vemos que tanto Pizarro como Almagro murieron 
de muerte violenta, y ellos y sus herederos malograron los beneficios de 
vsus inicuas conquistas, ]iorque no se pudieron avenir los dos adelan- 
tados. 

Entregadas las 470 leguas que les cupieron por capitulación á Pizarro 
y á Almagro, debían empezar las 200 leguas - que se habían concedido 
á don Pedro de Mendoza, i^rimer adelantado del Río de la Plata. Acerca 
de esta capitulación Herrera se expresa así : 

« Desde que Sebastián Gaboto volvió del río de Solís, que llaman de 
la Plata, no se había enviado á nadie que poblase aquellas grandes pro- 
vincias, y ijareciendo al rey que no convenía tenerlas más de aquella 
manera, habiéndose ofrecido de ir á ellas don Pedro de Mendoza, caba- 
llero de Guadix, criado del rey, y gentilhombre de su casa, le dio aque- 
lla gobernación, con que entrase por la tierra, hasta llegar á la Mar del 
Sur y y se obligase de llevar mil hombres en dos viajes, con manteni- 
mientos para un año, y cien caballos y yeguas ^... con las armas que fuesen 
menester, con que descubriesen todas las islas, en el paraje de aquel río, 
que cayesen en los límites de su gobernación de la Mar del Sur, en lo que 

' Siempre de 17 '/g Por grado. Véase el mapa del caso al fin. 

- Las 200 leguas serían unos 11 ^/- ó sean 12 grados más ó menos. La jurisdic- 
ción de Mendoza arrancaba, pues, más ó menos en la altura de la Asunción. 

^ Como se ve, no se hablaba de vacunos, ni hay noticia de ellos antes de la se- 
gunda fundación de Buenos Aires : porcinos había muchos, como lo dice Irala. 



— 302 — 

tocase á la demarcación de la corona de Castilla '... por cuanto le daba fa- 
cultad, en el nombre real y de la corona, para entrar por este río, y tener 
200 leguas de costa de gobernación, hacia el Estrecho de Magallanes, 
y para conquistar y poblar las provincias, que hubiesen en las dichas 
tierras... Diósele título de Adelantado en aquella gobernación, en la cual 
había de fabricar tres fortalezas ', etc., etc. » (Dec. V, lib. IX, pág. 219). 

Todos conocemos el desastroso fin que tuvo el malhadado primer ade- 
tado del Río de la Plata, mas no todos se han enterado de las amargas 
quejas que consignó en sus iiltimas disposiciones dejadas iiara Ayolas, 
su sucesor en el adelantazgo, contra Diego de Almagro, quien usurpán- 
dose derechos que no tenía, y violando las disposiciones de su concesión, 
se había metido en el reino de Chile, que íntegramente se comprendía 
dentro de los términos de las 200 leguas dadas en merced á Mendoza. 
La línea divisoria entre la jurisdicción de Almagro y la de Mendoza pa- 
saba más ó menos cerca del Paraguay ^ y alcanzaba á 36° 57 '09" al 
sur de Buenos Aires ^. 

Las rencillas entre Pizarro y Almagro y la desaparición de los ade- 
lantados del Río de la Plata en sus dos vidas, dejaron al rey las manos 
libres para hacer nueva repartición de los vastos territorios « descubier- 
tos », como se decía por aquellos tiempos, «explorados», como diríamos 
nosotros, por los tres infortunados adelantados de la Nueva Castilla, de 
la Nueva Toleda y del Río de la Plata. 

Muertos ya los nombrados adelantados del Perú, y vencido Gonzalo 
Pizarro por el presidente La Gasea, entró éste á premiar á los capitanes 
que fieles al rey, le habían ayudado á desbaratar y destruir á los que se 
habían alzado con la tierra. Entre los beneméritos se contaba el capitán 
Pedro de Valdivia, que á la sazón estaba al mando de la conquista de 
Chile. Bajo fecha de 1548 cuenta Herrera á este respecto lo siguiente : 

« Primeramente confirmó por gobernador de Chile á Pedro de Valdi- 
via, y le dio título de ello porque no lo tenia legítimamente ; y la gober- 
nación se limitó desde el valle de Copiapó, hasta cuarenta y un grados 
(41°), norte sur; y este oeste, cie»^ leguas de tierra adentro con entero 
poder para descubrir '' poblar y repartir la tierra, etc., etc. » (Dec. 
VIII, lib. IV, pág. 91). 

' Véase el mapa uiiinei'o I. 

- Como se realizo : 1° en Buenos Aires, 2" Bueua Esperanza ó Corpus Christi y 3" 
Asunción. Mendoza casi murió marqués. 

* Amunátegui pone la línea austral de Almagro en 25°31'26" latitud sur, siendo 
la de Asunción, 25° 17'. La cuestión de límites entre Chile y la Bejníhlica Argentina, 
tomo I, página 60. 

* Véanse los mapas. Salazar de Espinosa sin duda hizo « tomar la altura » antes, 
de posesionarse en Lambaré. 

' Siempre de 17 '/g por grado, se entiende. 



— 303 — 

Al decir de Herrera {Ihid., lib. Y, pág-. 108), Saiitiagío del Estero se 
hallaba á 120 leguas de la costa del Pacífico, se comprende pues el nin- 
gún derecho que asistía á Francisco de Aguirre cuando por orden y 
mandato de Pedro de Valdivia se metió á «lesposeer á Juan Núñez de 
Prado de su gobernación del Tucumán, Juries y Diaguitas, más al este 
de las 100 leguas que legalmente correspondían en ¡upiel entonces ti la 
jurisdicción de Chile ; i)ero los tiempos eran de usurpación y Juan Núñez 
de Prado no era quien parai Valdivia y su segundo Francisco de Vi- 
llagrán. 

Por los años 1549 el presidente La Gasea designó á Juan iSTúñez de 
Prado para que entrase á la conquista del Tucumán, sin fijarse que esta 
nueva concesión tenía que chocar con la anterior que dependía de Val- 
tlivia. Las ciudades de Londres \ Cañete -, Córdoba de Calchaquí ^, y 
ciudad de Nieva *, fuera de las varias fundaciones de Barco que prece- 
tlieron á las anteriores, cayeron víctimas en estas cuestiones de límites 
que sólo cesaron por cédula real el año 1563, y desde entonces el des- 
linde con Chile era la división de las agnas por la cordillera hasta lle- 
gar á las jurisdicciones de San Juan, Mendoza y San Luis, ó sea la pro- 
vincia de Cuyo, sin duda por aquello del uti possidetis, porque allí se 
habían fundado ciudades ó municipios por los gobernantes de Chile, sin 
interruijción de ningún género. Desde el año 1563 el Tucumán, Juries 
y Diaguitas, comprendía todo lo que se extendía desde las fronteras de 
las Chichas, hoy de Bolivia, y desde los pueblos de Moreta, Cochinoca, 
Sococha y Casabindo, en la Puna de Jujuy, en el norte, hasta dar con 
las jurisdicciones de Cuyo y Buenos Aires por el sur; y éntrelos Andes 
por el oeste hasta confinar con los límites de Buenos Aires (que incluía 
Santa Fe) y Paraguay por el Este. (lUd^ dec. VIII, lib. V, cap. viii, 
pág. 106.) 

En ninguna parte había límites fijos, no siendo el de la línea que se- 
paraba los derechos de las coronas de España y Portugal ^ 



' Eu el valle de Quiumivil, aun llamada villa de Londres. 

* Fundada sobre el asiento de una de las primitivas ciudades del Barco en 1558 
por Juan Pérez de Zurita. (Lozano, Historia del Tucumán, t. IV, pág. 164). Según 
yo creo fué fundada en Andalagalá y refundada después (1566) en San Miguel de 
Tucumán, en esos Llanos. 

" Entre Angastaco y Tolombón, en 1558. 

* En Jujuy : todas las cuatro ciudades por el mismo Zurita. (Véase Lozano), 
° Véase el mapa. 



— 304 



III 



Á grandes rasgos se ha bosquejado la distribución política de los terri- 
torios que en nuestra América se incluyen entre los grados 22 ° y 41 ° de 
latitud sur, la izarte que fué verdaderamente ocupada y tlisputada hasta 
el gran renacimiento de la conquista en la segunda mitad del siglo pasa- 
do. Puede decirse que nadie se había fijado hasta dónde había influido 
la parte etnográfica para decidir el curso de la conquista política. 

En el Río de la Plata Solis, Gaboto, García, Mendoza y sus suceso- 
res, se habían encontrado con una corta colonia Guaraní encerrada y 
emparapetada en el laberinto del Delta Paranense. En torno de éstos, 
merodeaban, ó estaban asentados, los Mheguá ó Charrúa en la costa 
Oriental del Uruguay; con los Yaró, Chana- Mbegud y Chana, en la re- 
gión fluvial de Entre Eíos entre los ríos Uruguay y Paraná; Chana 
Timhú y Timhú en las costas de Buenos Aires y Santa Fe, orlados éstos 
hacia la parte del Sur y Oeste por los Querandí ó Pampa. Indios todos 
que tenían su comercio con las naciones quichuizadas de más al interior ; 
y hecho es éste á que se debe atribuir ese nombre de Caracará que en- 
contramos á la par de los Timhú cerca del fortín de Sancti Spiritus, le- 
vantada por Gaboto en las juntas del Carcarañá con un brazo menor 
del gran río Paraná. Caracará ó Careará era el nombre que los Guara- 
ní daban á los del Perú, así que con razón decían los primeros descu- 
cubridores y sus cronistas que los indios en la región del río Carcarañá 
eran de más « policía », es decir, más pulidos ó de mayor cultura. Si se 
atbnite que el tal apodo ó nombre tenga el origen invocado haría muy 
verosímil esta otra etimología, — Carcarañá — Camino de los Carearás ; 
porque ñan ó yan dice « camino » en lengua de Cuzco, y cuando se nom- 
bra este río siempre hacen sonar una letra que uno no sabe si es I ó n, 
sonidos ambos que fácilmente se intercambian \ 

Era pues el río Carcarañá el camino real de comunicación entre las 
naciones del Río de la Plata (Guaranís, ó que no lo eran) y el gran im- 
perio de los Incas, cuya lengua y cuya cultura habían penetrado hasta 
Chile -, Córdoba ^, Santiago del Estero '', Socotonio % Humahuaca y 

' Véase lo que se dijo más atrás á propósito de la etimología del uombre de lugar 
Capa-yan. 

"^ Los objetos de arqueología chilena se parecen mucho á los que se encuentran en 
Calingasta de San Juan, y allí como en toda la región cisandina se descubren va- 
sos de tipo peruano. 

' En Córdoba de inferior calidad y cantidad. 

* En Santiago aun de menor importancia. 

* Socotonio era la provincia de los Tonocoté. 



— 305 — 

todos los valles do los Diaguitn y CalcliiKim qnc se liallabaii en la ]>arte 
•andina do la provincia del Tucuniún. 

Los Querandí eran los corredores qno á través do la Pampa iban y 
venían de Córdoba y Chile, mientras que los Tonocotéa y Lulea de 
Socotonio y del Chaco hacían otro tanto por osa parte. 

Debido á este continuo intercambio os que los descubridores y con- 
quistadores del Eío de la Plata encontraron tantas noticias del Mar del 
Sur, del Roy Blanco y sus ricpu'zas, y lo que es nuls, tantas piezas de 
metal en poder de los Indios del litoral; i>orqne no todo ello puede atri- 
buirse al botín de Alejo García. Piezas de cobre se hallan en los túmu- 
los del Delta del Paraná, las que seguramente nada tendrían que ver con 
gente que se limitaba á buscar oro, plata y piedras preciosas. 

El viajo de los Césares, si lo conociésemos en todos sus detalles, nos 
uclararía muchas dudas; pero lo cierto es que ese capitán fué y vohió 
hasta los confinos del Pon'i, ó al menos á los Andes de Tucumán, sin 
mayor dificultad, y sin duda transitaría por caminos ya trillados por los 
mismos indios que les servían de baqueanos. 

El regreso de Glaboto á España debió hacer comprender á lOwS hom- 
bres de estado que manejaban la cosa pública en nombre de la majestad 
cesárea (Carlos V), que si lo más fácil era morirse de hambre en el Río 
do la Plata, ello no quitaba que también fuese una posible sangradera 
do las fabulosas riquezas del << Rey Blanco », como habían dado en lla- 
mar á los royos Incas del Perú. 

El hambre y la hostilidad organizada de los Guaraní de San Salvador, 
Sancti Spiritus y Paraguay habían frustrado las esperanzas de Gaboto 
en aquello de anticipar á Pizarro en su filibustero saqueo de las inmen- 
sas riquezas del imperio del Cuzco ; pero los acontecimientos ya habían 
demostrado que Gaboto no había cambiado su derrota en pos do una 
quimera; todo lo ocurrido en la jornada do Alojo García era una prueba 
palmaria de lo que podía temerse por parte do las pretensiones de la co- 
rona de Portugal; y este peligro se hacía cada día mayor si la costa del 
Atlántico, aquende el meridiano demarcador, se abandonaba á la activi- 
dad incansable de la colonia brasilionso. Por otra parte, no se podía sa- 
ber á ciencia cierta si ese El Dorado del Cuzco era un punto, una pro- 
vincia ó medio continente : si era esto iiltimo cabían holgadamente las 
tros mercedes de Pizarro, de Almagro y do Mendoza. La mala estrella 
de este último fué causa de que Chile, el último, y no peor tercio, de El 
Dorado no quedase reunido en una sola unidad política con vínculos de 
cuatro siglos, que hubiese formado así la nación más poderosa de la 
América del Sur \ 



' Acaba de publicarse en Inglaterra iin libro cou este título : Modern Argentina, 
ilie El Dorado of to-day. 

REV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (X, 19, 1908.) 20 



— 306 — 

De que el tiro era al Mar del Sur se desprende de toda la documen- 
tación, y los hechos bastarían para demostrarlo sin lugar á la menor 
duda. 

La expedición de Mendoza desprecia los puertos del Atlántico ; cual- 
quiera de los tantos conocidos en la Banda Oriental del Uruguay era 
mejor que el de Buenos Aires, pero por ninguno de ellos era camino á 
esa «Sierra de la Plata». De acuerdo con estas ideas Mendoza fundó 
Buenos Aires á principios de 1536 ^; Ayolas, Buena Esperanza ó Corpus 
Christi el mismo año, al norte del sitio de Sancti Spiritus - ; y Juan de 
Salazar de Espinosa en 1537 ^, la casa fuerte de la Asunción, cumplien- 
do así con lo prescripto en las cai^itulaciones del caso : todo esto tenía 
por objeto penetrar i)or este lado hasta llegar al riñon de las mentadas 
riquezas del Perú. Estas intenciones se malograron : la muerte de los 
caudillos españoles Mendoza y Ayolas, el hambre, la hostilidad de los 
indios comarcanos, todas estas cosas y otras más, obstaculizaron la en- 
trada y obligaron el abandono de dos de las fundaciones recientes, la 
de Corpus Christi en 1538 (?) ^, y la de Buenos Aires en 1541, año en 
que la colonia española del Eío de la Plata quedó reducido á la « casa 
fuerte » en la Asunción. 

Las desgraciadas expediciones de Alvar Núñez cabeza de Vaca y el 
sublevamiento contra éste demoraron la realización del viaje de descu- 
brimiento al interior; y cuando Domingo Martínez de Irala en 1548 
llegó á los confines del Perú sólo fué para encontrar que otros españoles 
ya lo habían anticipado en la conquista que meditaba ; y mucho hizo 
con volverse á su gobernación sin que el licenciado la Gasea le tomase 
cuenta de las cosas del Paraguay. 

' Probablemente el 3 de febrero, día de San Blas. La expedición llegó á San Ga- 
briel el día de Eeyes 6 de enero de 1536, según nos lo cuenta Schmidel en su ma- 
nuscrito autógrafo. 

* El mismo año como Buena Esperanza, más tarde como Corpus Christi, y fué 
abandonado en 1.538. 

' El 19 de agosto de 1537 se fundó la « casa fuerte » de la Asunción, que después 
fué la ciudad del mismo nombre. 

* El doctor Manuel Domínguez del Paraguay había fijado la fecha en el año 1539, 
pero un error en el modo de apreciar la expresión año del nachnientode N. S. J. Ch., 
me obliga á rebajar un año en la feclia de este hecho. Véase el estudio magistral del 
P. Antonio Larkouy. La jura de Corpus Christi. Revista de la Universidad de Bueno» 
Aires. 



— 307 



IV 



Á lio dudiirlo los españoles que entraron al Río de la Plata se imagi- 
naron qne sucedería aquí aquello que había facilitado la conquista ó 
más bien colonización de la costa en el Brasil : los Twpinamhá, Tupi- 
iiiJcí, Tupinaó, Tamoyo y otros indios de la misma estirpe Guaraní, se 
hacían guerra de exterminio unos contra otros, se mataban y se comían 
sin misericordia, y eran amigos de todos los que les ayudaban á vencer 
á sus contrarios. Franceses, holandeses, portugueses y castellanos bus- 
caban cada cual su nación de naturales, que empezando por ser aliados 
acababan por verse reducidos á la esclavitud y al exterminio. 

En el Río de la Plata emijero sucedió todo lo contrario, y así vemos 
á indios Querandí, Guaraní Chana- Timbú y Charrúa ^, pocos meses des- 
pués de la fundación de Buenos Aires hacer causa común contra el ene- 
migo castellano, atacar é incendiar la naciente población y algunas de 
las naos, y por i)oco no salir vencedores en su empresa. 

En una palabra, los Indios del Río de la Plata no habían sido prepa- 
rados por las influencias quichuizantes del Perú para recibir el yugo 
español : aun se hallaban en la edad de piedra, y su modo de pelear era 
á bolazos y á macanazos, aquí y allí con dardos y flechas ; pero eran 
grandes corredores y carecían de oro y plata. En tal estado las cosas 
podemos imaginarnos con qué júbilo llegarían los españoles de la gente 
de Mendoza al Paraguay con su abundancia Trópico- Guaraní, y todo lo 
que de ella se desprendía : verdad es que sólo habían pasado de la zona 
de la piedra á la del palo, y que poco aventajaban los Guaraní á los na- 
turales del bajo Paraná y río del Plata en cuanto á cultura; pero sea 
cual fuere la razón á que deba atribuirse, el hecho es qne los Guaraní 
siempre han estado más dispuestos á incorporarse á la cultura europea 
que las demás estirpes de esta región : tal vez por lo mismo que eran 
antropófagos, que tan lejos de ser necesariamente un síntoma de salva- 
jismo lo es más bien de civilización incipiente. 

Recogida toda la colonia española en la Asunción y abandonado el 
estuario del Plata á su suerte, en razón de que no había ni metales ni 
piedras preciosas, ni siquiera (á lo que parecía) « palo de Brasil», los 
descubrimientos se limitaban á poblar la tierra desde Santa Catalina 
hasta dar con alguna otra frontera de españoles hacia occidente ; pero 



' Se ve que Schmidel identifica á los Charrúa cou los Mbeguá 6 Chaná-Mbeguá, 
indios estos xiltimos que ocupaban ciertas islas del Delta y Tierra Firme, tanto de 
Entre Ríos como tal vez de la costa bonaerense también. 



— 308 — 

los reyes de España y sus encargados comprendieron muy bien la im- 
portancia del Eío de la Plata, y así vemos que el 2 de enero de 1566 el 
licenciado Matienzo desde La Plata (Charcas) escribía á la C. E. M. en 
estos términos : 

« Hase de poblar desde España, el puerto de Buenos Aires, adonde 
ha habido ya otra vez poblazón (así) y hay hartos indios y buen temple 
y buena tierra. Los que allí poblaren serán ricos (palabras proféticas 
que se han cumplido) jior la gran contratación que ha de haber allí de 
España, de Chile y del Eío de la Plata, y de esta tierra (alto Perú ó 
Charcas). » Página XLV y más abajo sigue esto : 

« ... Y me i)arece que podría ser de esta manera : que se enviase de 
España un capitán con 500 hombres, que poblasen á San Francisco, y 
á Buenos Aires, y á este mismo se le ]»odría dar la gobernación del Eío 
de la Plata y <lel mismo puerto; y que de allí escribiese á la persona á 
quien V. M. lo cometiese y enviase cient hombres ó ciento é cincuenta 
para que poblase la fortaleza de Gaboto ; y este puerto había de ser de 
Tucumán ' y su gobierno, y todo sujeto á esta audiencia (de Charcas), 
lo uno y lo otro. » Página XLYI, acabando así : 

« Podrá V. M., siendo servido, enviar para este efecto de España qui- 
nientos hombres, como tengo dicho y aunque fuesen doblados no falta- 
ría en qué emplearlos en qué todos ganasen de comer y fuesen ricos; y 
los más habían de ser ciudadanos mercaderes y labradores, pocos caba- 
lleros, i)orque éstos ordinariamente no se quieren aplicar á tratos ni á 
labrazas, sino andarse holgando, y jugando, y paseando y haciendo otras 
cosas de jíoco provecho y en mucho daño y inquietud de los que están 
sosegados y pacíficos, y jiiensan que es poco todo el Perií para cual- 
quiera de ellos. Y aunque todavía son menester algunos, así :para la 
guerra como para sustentar la tierra que poblasen, han de ser pocos y 
muy conocidos. » (P. XLYII, Reí. Geog., Xiraénez de la Espada, tomo II.) 

¿Qué diría Matienzo si resucitase y viese cómo se han realizado sus 
pronósticos, y qué ricos son los que poblaron esta tierra ? Fué hombre 
de buen criterio, porque si no se está muy seguro que él fuese el autor 
original de ese famoso itinerario, por lo menos lo hizo suyo, y al patro- 
cinar las ideas en él vertidas demostró su buen sentido. Esas ideas 
fueron las que prevalecieron, y el recomendado de Matienzo, Juan Ortiz 
de Zarate, obtuvo el adelantazgo del Eío de la Plata, y sus herederos 
por sí ó por sus tenientes fundaron Santa Fe 1573 - y más tarde Bue- 



' Era opinión lieclia en el Peni que el puerto de Gaboto, debería entrar en la ju- 
risdicción del Tucumán, y así lo pensó también Jerónimo Luis de Cabrera, y si no 
hubiese sido su tan desgraciado fin quién sabe sino se hubiese realizado la idea. 

' Pero más al norte de donde lioy se halla, es decir, en la región de Cayastá, cen- 
tro de los indios Quiloaza, de estirpe Timbú. 



Rev. Museo dk La Plata, t. xv (siík. u, t. ii). 



Plancha I 




Urna Quiíoga. Hamaicha, entrada por el oeste á Tafí (provincia de Tucumán) 



— ;u)5) — 

nos Aires 1580 ': rcuniíMulosc cu Siiiitii b\' los (•oiH|iiist:i(l()ros de las 
(los eoiiquistas, l:i de Tucuiiuiu y la del l'aia^uay > abriéndose allí la 
primera cnestión de liiiiitcs entre las jurisdicciones del litoral y las de 
Tierra Adentro : en ella timiraion nada menos (pie dos de los litíroes 
fundadores de la coiu[uista, Juan de (laray y Jenñiiino Jjuis de Cabrera, 
(|ue en el nñsino año fundaron las ciudades de Santa F(í en su sitio de 
Cayastá, y de C(>rdoba del Tucuniáii en provincia ¡Sana\'irona. Ambos 
coiKpiistadores tuvieron ñn desastroso, Garay á mano de los indios 
C^uerandí, cerca de San Pedro -, Cabrera á manos de su sucesor Abren, 
([ue no le ])erdonaba el haberle arrebatado la <;loria de la fundación de 
C('>rdoba. 

En ese año de 157.'), diez años despn('s que la, jurisdiceiíSn de Tucu- 
mán dej() de íVu'mar ])arte del reino de Chile, se lístablecií) hi línea más 
ó menos que debía separar las provincias del litoral de las del inte- 
rior, es decir, el Río de la Plata y Parafiuay, de Cuyo y Tucnmán, ó sea, 
la región guaranizada de la otra quichuizada. 

Las exploraciones arqueológicas nos demuestran (pie el Indio del Eío 
de la Plata, ó sea de la zona del atlántico pertenecía á la sedades de pie- 
dra, ya paleolítica, ya neolítica, y como la estirpe Guaraní responde más 
bien á la zona del ])alo, se deduce que [estos indios eran conquistadores 
intrusos de una éi)oca muy i)osterior á los indios de los túmulos y de 
los otros paraderos en que se hallan objetos líticos y cerámicos con uno 
que otro de metal. Es un hecho reconocido por los etnógrafos que la ge- 
neralidad de una lengua aboga en favor de su modernidad ; en este ca so 
parece que no se desmiente la regla, y los indios Guaraní deben consi- 
derarse como [conquistadores comparativamente modernos que venían 
arrincoiiand(^ y C(unit'Mid()se los antiguos poseedores de la tierra. En el 
Chaco, los indios de estirpe Guüycurú, en la Pampa, los famosos Que- 
randiy en la Mesopotamia Argentina y Banda Oriental, los Chana m^w- 
sos y salvajes, obstaculizaron el avance de los invasores Guaraní; mas 
los españoles luego se convirtieron en peores padrastos que los mismos 
opresores Caribes; porque cuando faltaron los Guaraní que encomendar 
se llenó el vacío con los demás Indios. 

' Que es la ciudad (jut' lia persistido hasta lioy, para gloria, de la América espa- 
ñola y pi'ovecho de la República Argentina. 

- El señor F. F. Outes ha establecido este punto como el lugar de la tragedia del 
famoso capitán Juan de Garay. Véase la revista Estudios, t. V, p. 121 y siguientes. 



310 



V 



Ln distribución étnica de la .üran lioya del Eío de la Plata y sus 
afluentes nos demuestra que la <;obernación de Buenos Aires se fundó 
en tierra que no era de los Guaraní, sino parcialmente, ora como arrin- 
conamiento, ora como aproximaraiento, ó sea lo de haberse guaranizado, 
como por ejemplo esos Tapes j ArecJianes de que constaban las misiones 
jesuítas; Indios eran estos de tipo más ó menos Guai/and, y que sólo por 
su lengua parecían emparentar cojí los verdaderos Tupi-CíHavani. Ahora 




f '- . p- - m¡iii / 




Fiiiymeiito ili' vaso tu alfaieiía gris grabada, procedente de Andalgalá 
(.'(il. I^afoiie (Jiievedo 



X)or lo que respecta á la gobernación del Paraguay y las demás jurisdic- 
ciones que de ella se desprendieron, « leste oeste », todas ellas se i^lan- 
tearon en plena región guaranítica, de los Cario, Tupí y demás Indios 
de estirpe Guaraní, y declarado antropotagismo; no como los Tapes y 
otros de la misma familia en la zona cisuruguaya. 

Toda esta vastísima zona geográfica había estach» en contacto con la 
otra andina, en la i)arte guaranítica, más ó menos por donde hicieron la 
famosa entrada á la « Sierra de la Plata » Alejo García y sus compañe- 
ros, los «traidores» Gtiarani ^, y en la parte no guaranítica, por los ríos 

Este calificativo se les lia aplicado á los Guarauí por los primeros descubridores 
á consecuencia de la tragedia de Juan Díaz de Solis, quien se fió de ellos, y con el 
resultado que conocemos : esta característica de los dichos indios es uua prueba 
más que los Guaraní y no los Charrúa, fueron los matadores de Solis. 



- 311 — 

Salado, Carcarañá y las mil sendas (\m' iVecucutaban los iiulios Quc- 
landí y sus aliados. 

De quo liubo tal contacto ó comercio pruebas nos están saliendo cada 
día. El señor F. F. Outcs i)iensa ])ublicar alijo á este resi)ecto; en época 
])asada ya se Ihnnó la ateiu'ión á ciertos objetos arque()ló<;icos hallados 
en la región Calchaquí que se relacionaban con otros ]tropios del Mar 






I 





Anverso 



Pig. 2. 



Olyeto en piedra tallada, arenisca rojiza obscura, hallada en las barrancas del rio Mocoretá 
Entre Rios. Col. del doctor M. Leguizamón 



Caribe y Méjico; y ahora se ha encontrado una piedra cuadrilonga cu- 
bierta de un grabado en meandros, procedente del río Mocoretá, límite 
por esa parte entre Corrientes y Entre Ríos : se comparan bien estos 
meandros con los que cubren la superficie de varias alfarerías propias 
de la región andina. Ambas piezas se reproducen en las figuras niime- 
ro 1 y 2. 

Hasta aquí poco ha preocupado la idea de que la conquista española, 
en la parte nuestra de la América del Sur, siguió la línea de los cami- 



— 312 — 

nos íibiertos por los reyes de las dinastías i)eruanas, ya para sns con- 
quistas, ya para ese inter<;ambio de ideas y culturas que ha dejado sus 
rastros hasta en las mismas orillas del j>-ran río de la Plata, y aun más 
al sur. Donde pudieron penetrar los Incas y sus generales allí se estable- 
ció la jurisdicción española; donde los Iiulios i)nsieroii á raya el avance 
de la invasión peruana allí también se detuvo la conquista de las armas 
castellanas. 

Tres eran los grandes caminos del Cuzco á Chile y Tncumán : el uno 
por lo costa á través del desierto ^de Atacama; otro ])or los Chichas, 
Puna de Tncumán, que bajando al valle de Calchaquí tomaba por el 
Campo de los Pozuelos ^, Hualfin, San Fernando, Quebrada de Villa- 
Vil, cordillera de San Francisco y por tres Puntas á Copiapó : este fué el 
derrotero que llevó Almagro cuando entró á la conquista de Chile, vio- 
lando los derechos de Mendoza en el adelantazgo del líío de la Plata ■. 

El tercer camino se separaba en los Chichas del anterior, pasaba i>or 
Suipacha, Sococha, » Omagóaca », Xuxuí, Salta, « Valle Calchaquí » si 
se dirigía á Chile, y por Esteco, Santiago del Estero y fortín de Gaboto 
si había de llegar al Eío de la Plata. Véase el itinerario de Matienzo 
en las Relaciones geográficas de Ximénez de la Espada, tomo 2, pági- 
nas 46 y 47. Por este camino, desviándose en Tuama del río Dulce para 
tomar el de los Comechingones (Córdoba) fué que entró á Chile el te- 
niente de Valdivia Francisco de Villagrán, después de sus incidentes 
con Juan Núñez de Prado, fundador del Barco en la provincia de Tn- 
cumán (1551). 

Á no dudarlo, de ese viaje resultó más tarde la fundación de las tres 
ciudades en la provincia de Cuyo, que [^^aseguraban la conquista de la 
jurisdicción de Chile por ese lado, á saber : Mendoza, San Juan y San 
Luis. Esta superposición de jurisdicciones entre Chile y Tncumán fué 
funesta para esta última iwovincia, pues le costó la ruina de cuatro ciu- 
dades y el atraso de la conquista por este lado, pues los valles andinos 
se sublevaron todos, y durante cien años pudieron hacer frente á las ar- 
mas españolas y á veces hasta con éxito. Hubo un momento en que el 
residuo de la colonia española encerrada en la sola ciudad de Santiago del 
Estero estuvieron fraguando la dejación de la conquista del Tncumán. 

• Un « Barrial » iumeuso, así llamado que separa el Campo del Arenal de las ca- 
beceras del Río de Hualfin. El piso es duro y plano como una mesa. Deriva su nom- 
bre de ciertos pozuelos que supleu de agua. Es una «Cordillera Física», altiplani- 
cie helada y desamparada, batida j)or los vientos. 

* En la documentación de Chile publicada por don José T. Medina se declara que 
Almagro pasó por el sitio donde más tarde se fundó la ciudad de Córdoba de Cal- 
chaquí y en el itinerario de Matienzo se habla del camino que siguió Almagro des- 
pués de la bifurcación en el valle de Santa María de Catamarca. (Bel. Geogr. de Xi- 
ménez déla Espada, t. II, Aijéndiees.) 



— 313 — 

Cuando so «lesliiularoii las jui-isdiccioiu's de (/hile y Tucuiiián en 1 ")(!.■) 
el iiti postiidctis por v\ lado de San Juan dejó dentro de los términos de 
esta jurisdicción una i)arte (lue étnica y arqueológicamente correspondía 
á la región Biaffuita del Tucumán : todo el valle de Jac.lial, que incluye 
á Calingasta, y acaso la misma cuenca del río de San Juan, más ó uu'- 
nos siguiéndose el paralelo 3U " hasta pasar ])0V Córdoba debió ser la 
línea divisoria. El mismo nombre de Calingasta, por su raíz y por su 
terminación, corresponde á la región Diaguito-Calcha<iuina : los ])recio- 
sos trabajos en cerámica que se adjudican á Calingasta, la distancian 
de la región menos culta de más al sur, y en un trabajo preparado para 
el curso de arqueología en la Facultad de filosofía y letras y leído en la 
Junta de historia y numismática americana, se han identificado los in- 
dios Calingasta de San Juan con los « Quilmos y Calianos » del Valle 
Calcliaquí, posteriormente expatriados (en parte) á Buenos Aires, y 
establecidos en el bañado que hasta hoy conserva su nombre^ á medio 
camino entre Buenos Aires y La Plata. 

Resulta, pues, que la provincia étnica y arqueológica de Tucumán, 
hablando en términos de actualidad, consta de las siguientes provincias 
ó partes de provincias de la República Argentina : Jujuy, Salta, Tucu- 
mán, Catamarca, Santiago del Estero, Córdoba, Rioja y parte de San 
Juan. Los territorios entraban en aquello que se decía Juries, de los que 
Oviedo hace una pintura muy curiosa en su historia '. 

Adviértase que Córdoba en este sentido no debe confundirse con la 
región Diaguito-Calchaquí, que por el contrario incluye á Santiago del 
Estero, y aun á los indios dichos Tonocoté : estos llegaron hasta los Ma- 
tará y Concepción del Bermejo. Córdoba, según parece, representa un 
arrinconamiento de naciones ajn'etadas entre los Pampa del sur y los 
Guaycurú del norte. La lengua del Cuzco, se conocía ya entre esos In- 
dios cuando entró el padre Barcena -, desde luego se ve que había pene- 
trado en la región algo de la cultura de los Incas; pero falta allí esa 
abundancia de restos arqueológicos que caracterizan la región Diaguito- 
Calchaquí. No es imposible que exiiloraciones posteriores nos obliguen 
á modificar estas apreciaciones ; mas por ahora es un hecho que las Sa- 
linas Grandes de Córdoba y su continuación hacia San Juan delimita la 
zona rica en restos arqueológicos, y dentro de ella las provincias que 



' Historia de Indias, libro XLVII, capítulo III. En este capítulo da Oviedo una 
descripción magistral de lo que eran los ludios nómades del Chaco y Pampa, llama- 
dos «Juñes, que quiere decif avestruces»: los líaíacos los llamaban Hiianjloi, 
« avestruces ». 

^ XiMÉXEZ DK LA EsPADA, Relación (jeoyráfica de Indias, tomo 2, apéndice III. 
página 52, etc., uno de los documentos más importantes para la etnografía y lin- 
güística de la historia argentina en su primera época colonial ó sea del año 1594. 



314 — 



hasta aliora más se destacan en este sentido son : Jujuy \ Salta, Tncu- 
mán, Catamarca, Eioja. (menos que las otras) " y San Jnan (en la región 
de Calingasta). 

Establecida así la región geográftca que se va ¡i estudiar pasaremos 
en revista algunos de los tipos principales de los restos arqueológicos 
respectivos. 



VI 



Conocido ya el perímetro de la zona en la Argentina que incluye la 
cidtura más adelantada en nuestra parte del continente, al menos, si 
liemos de juzgar por sus restos arqueológicos, sólo nos queda que decir 
algunas palabras acerca de la geografía física de la provincia de Cata- 
marca, que si se quiere, forma el riñon de la región Diaguito-Calcliaquí. 

Si tomamos un mapa de esta provincia y lo doblamos por el eje de las 
cordilleras de Aconquija y Ambato en toda su extensión (más ó menos, 
se entiende) separaremos lo que fué jurisdicción de Londres, de lo que 
son las acreciones posteriores. Al este de este cuadrado algo irregular 
se extiende una serie de valles de norte á sur, que habiendo pertenecido 
á San Miguel de Tucumán y á la Eioja, constituyen hoy los dei)arta- 
mentos del centro encerrados entre lo que fué Londres y lo que antes 
era de Santiago del Estero y de San Miguel de Tucumán ; es decir todo 
lo que se halla incluido entre la sierra ó cordillera de Ambato al oeste y 
la corrida de Guayamba ó del Alto y Ancasti al este. Por este lado se 
extienden los departamentos con que contribuyeron Santiago del Este- 
ro y San Miguel de Tucumán al nuevo patrimonio de la virgen del Valle, 
hoy provincia de Catamarca ^ 

Así, pues, Catamarca se divide fácilmente en tres distritos, del cen- 
tro, del Este y del Oeste. 

Todos los grandes valles de esta vasta región tienen salida más ó me- 
nos cómoda hacia la izarte del sur, y corren en dirección general para- 
lela á la cordillera de los Andes ; pero en el valle propiamente dicho de 
Calchaquí ocurre una anomalía muy curiosa : el río de Santa María, 
después de haber corrido de norte á sur por el Cajón, da vuelta sobre su 

' Qufí tal vez haya sido más quichuizada que his demás de la uiisma región. 

Muy posiblemeute por haber sido menos explorada. 

Es un hecho curioso que la celebrada imagen fué encontrada en jurisdicción, 
que entonces era de la Rioja ; fué conducida más tarde á la de San Miguel de Tu- 
cumán y presidio ó Pucará de Catamarca en el valle del mismo nombre, y finalmen- 
te al trasladarse Londres á Catamarca, volvió á las inmediaciones de su primera 
morada, objeto central del más afamado santuario de la República Argentina. 



— 315 — 

izquierda en la reíiióii do la Punta de Balasto ' y toma dirección hacia 
el norte; así sigue hasta juntarse con el río de San ('arlos ó de ( 'alclia- 
quí y reunidos entran por el boquete de las Conchas y [»or (iuachipas 
se dirigen descolgándose hacia los Llanos de Salta dond<» sale ya como 
río del Pasaje, del Juramento, de Estoco ó Salado. 

Alguna vez este río debió desaguarse por la l*uerta de líelén, pero 
levantamientos del suelo, en épocas tal vez no tan remotas, ocasionaron 
un desvío que tanto debe haber influido para trastornar las condiciones 
económicas de estos valles, hoy tan escasos de agua. Esa altiplanicie 
actualmente figura con los nombres de Campo del Arenal y Campo de los 
Pozuelos y forman ese curioso estorbo que separa las dos cuencas, del 
río de Santa María que desagua hacia el ííorte, de Belén que lo hace en 
dirección al Sud. 

En esta gran altiplanicie parten términos los departamentos de Santa 
María y el río del Arenal y su línea, que corre de Este á Oeste, arroyo 
de poco caudal pero que luego se pierde en su lecho de piedra y arena. 
Si se hubiese buscado la división natural ella se hubiese hallado en el 
cordón del Atajo, que desprendiéndose del riñon del Aconquija y co- 
rriendo Oeste y Sud separa los Campos del Arenal y de los Pozuelos de 
los de Andalgalá y Belén : todas ellas altiplanicies que' varían entre 
1000 y 2500 metros de elevación. 

Las cordilleras que confinan con el Campo de los Pozuelos, y la línea 
de ellas separan los departamentos de Santa María y Belén, que ambos 
se extienden hacia el norte hasta dar con las fronteras de Bolivia. 

La Puerta de Belén es una estrechura natural formada por esa corri- 
da del cordón del Atajo : por allí desagua toda esa inmensa cuenca de 
cordillera, valles y campos que tiene atrás; y allí se divide en dos partes 
como quien dice por una garganta ó cintura, el largo y angosto dei)ar- 
tamento de Belén. 

Geográfica y arqueológicamente hablando en la Puerta de Belén real- 
mente acaba el valle de Calchaquí en su máxima extensión : allí algún 
día se hará un dique que rivalice con el de San Eoque en Córdoba : por 
allí se puede penetrar en coche hasta los más remotos rincones de los 
valles Calchaquí : hasta allí parece que se extendía el tipo de cerámica 
tan generalizado en esta región. 

Mucho nos contraría el que los misioneros y escritores de las prime- 
ras épocas nada no nos digan de estos inmensos depósitos de tinajas ó 
vasos mortuorios hallados en todas partes de la región Calchaquí. En 
balde es preguntar si estos objetos se hacían en talleres especiales, ó si 
cada china ó cada indio poseía el secreto de la industria y sus símbolos: 
si queremos saber si las urnas se conservaban en depósito ó si se fabri- 

^ Vulgarmente llamada de Balastro. 



— 316 — 

caban según la ocasión todo eilo se encierra en el misterio : lo que se 
ve es que la forma era más ó menos constante : y que el simbolismo es 
uno y el mismo, y que desde la Puerta de Belén hasta encima de la cor- 
dillera, en la Puna de la región Calchaquí es general ese tipo de tinajas 
ó urnas á que hemos dado el nombre de Santa María, porque allí y en 
sus inmediaciones primero se dieron á conocer. 

Mucho hay, y mucho más habrá, pero mucho también se ha perdido 
en los siglos que han precedido al nuestro, y mucho se destruye por los 
exploradores que hacen comercio de estas cosas : esta gente infiere un 
perjuicio irreparable á la arqueología argentina, y muy mal hace nues- 
tro congreso de fomentar tal vandalaje, ixjrque no es otra cosa, al com- 
prar colecciones de hric-a-hrac reunidas con sacrificio de la verdad his- 
tórica y científica de las mismas. Estas exploraciones deben hacerse con 
ciencia y con conciencia, como se practican en Egipto en la Mesopota- 
mia y en todo el Levante del mar Mediterráneo en general. Es doloroso 
ver como van quedando los enterratorios de Calchaquí; y para poder 
apreciar la diferencia que cabe entre colección y colección, en su costo 
y en su valor arqueológico, no hay más que comparar las compras hechas 
por la nación en estos últimos años, y lo que ha logrado hacer reunir y 
describir el profesor Ambrosetti para el Museo de la Facultad de Filo- 
sofía y Letras. 



VII 



Durante las famosas guerras Calchaquí, más de cien años (1558-1658) ^ 
hasta que don Alonso de Mercado y Villacorta - en su segundo gobierno 
de la in'ovincia del Tncumán expatrió los indios « Quilmes y Calíanos » 
á los bañados que aun conservan el nombre de aquéllos entre La Plata y 
Buenos Aires. El nombre de Valle Calchaquí se limitaba á la región que 
se extendía desde la Punta de Balasto treinta leguas hacia el norte, 
abarcando tierras que hoy son de Catamarca, Tucumán y Salta ; en los 
l)rimeros tiempos, antes de 1558, parece que se daba una interpretación 
algo más lata al término ese Calchaquí ^, pero de sosi^echarse es que se 
aplicase en general á los dominios de Juan de Calchaquí. En tiempo de 

• Destle .Juan de Calchaquí hasta Pedro Bohórquez el falso Inca (Lozano, Hist. 
del Tuc, tomo IV, passim). 

^ Es á saber entre 1664 y 1670. (Véase Lozaxo, Hif<t. del Tuc., tomo V, páginas 
246 y 2.50). 

* Lozano, obra citada, tomo IV y página 104, dice que el « río de Escava... tiene 
su origen en la tierra de dicho valle » (Calchaquí, se entiende), lo que á ser cierto 
incluiría al valle de Siuguil y altiplanicie del Pucará de Aconquija en dicho valle. 



— 817 — 

las entradas de Juan Xi'iñez de Prado, í~y~Á) ', y de Juan Pérez de Zu- 
rita, 15r)S -, el Titaquin '\ eaei(iue i)riiu'ii)al de Ioía Diaguita y Calchaqui, 
era el mentado Juan de Calchacjuí, ((uien expulsó á los españoles de la 
Nueva Inj^laterra (ir>(»o), y dio su nombre á toda la rei^ión aciuella. 

Este famoso valle de Caleliaquí se dividía ennuiclias secciones y cada 
una de ellas con su designación especial las pequeñas quebradas inme- 
diatas daban entrada á las alturas que servían de refugio á los habitan- 
tes, si se presentaba algún enemigo invasor; y senderos escabrosísimos 
conducían á los pucarm ^, y demás defensas que hasta el día de hoy co- 
ronan los filos de esas faldas inaccesibles. 

Entrando por la parte del sur se advierte que el vasto campo del Are- 
nal de los Pozuelos empieza á estrecharse, porque del norte le cae el 
inmenso promontorio llamado Punta de Balasto, término de una serra- 
nía formidable que separa el valle de Santa María del otro llamado del 
Cajón : en éste tiene su origen el río de Santa María y por él corre sus 
tantísimas leguas hacia el sur para volverlas á recorrer hacia el norte, 
después de haber rodeado la jiunta de Balasto. Desde esta punta hasta 
la frontera que divide Catamarca de Tucumán (en la parte de Quilines y 
Galianos) llamábase valle de Yocavil, hoy de Santa María, región de 
las más ricas en restos arqueológicos, como resultará de lo que se diga 
en seguida. 

Las etimologías siempre son tentadoras y no pocas veces engañadoras, 
pero con ello y todo el nombre de Yocavil merece algunas palabras en 
este sentido. 

La terminación vil era muy general, y aun lo es todavía, en toda 
aquella región Diaguito-Calchaquí : la encontramos bajo de varias for- 
mas, V. gr. : mil,fil "% etc. : sin aventurarnos á i)recisar demasiado su 
valor léxico, bastará que se diga que es propia de nombres de lugar. 
Ahora por lo que respecta á Yoca, es verosímil que se derive de alguna 
^'oz afín del Aymará, y en tal caso querría decir algo como falo, lo qne 
convendría mucho á la formación geológica del valle. La raíz Yoca es 
bastante general en todas partes de esos lugares, y más la sílaba prime- 
ra yo, verdadera raíz del tema yoca, siempre con referencia á algo de 
sentido sexual. 

' Lozano, Historia de la conquista del Tucumán, toiuo IV, capítulo lY, todo. 

^ Ihiü, capítulo VI, todo. 

^ Ihid, tomo V, págiua 81. (Véase Lafone Quevedo, Tesoro de Catamarqneñismos. 
Voz Titaquin.) 

* Fortines, Voz del Cuzco. 

^ líil, como en Huañumil mil ^=YÍ\, nna de las aldehuelas de los «pueblos» de 
Pomán ; FU, como en Fama-y-fil, antiguo nombre de Belén (fil = vil) ; Jil, como 
en Saujil, por Saufil, jil=^ fil ^ vil. Es uno de los pueblos así llamados de Pomán. 
todos en Catamarca. 



— 318 — 

El valle de Yocavil era pobladísimo cuando en él entraron los con- 
quistadores el siglo XVI, como lo prueban los abundantísimos restos ar- 
queológicos de todo género que en él se encuentran, y no menos el he- 
cho de que los misioneros de la compañía de Jesús lo eligieron i^ara una 
de sus dos residencias en Calchaquí : una la colocaron en Santa María, 
dos leguas al sur de la frontera de Calíanos y Quilmes, río arriba; y 
y otra en San Carlos, jurisdicción de Salta: de esta última por ahora no 
nos ocuparemos. 

Santa María, pues, del valle de Yocavil en Calchaquí servirá de nú- 
cleo arqueológico del cual como centro se desprenderán nuestras inves- 
tigaciones. Unas ocho leguas nacionales, ó sean cuarenta kilómetros, 
pueden contarse desde la Punta de Balasto hasta la frontera de Calíanos 
y Quilmes, y todo el valle entre estos dos i)untos está cuajado de restos 
de Indios, pero lo que más se ha exi>lorado es la mitad norte, desde An- 
dahuala ' hasta el Fuerte Quemado '. 

Como los accidentes de la geografía física local dejan ancha puerta 
para la exteriorización de la cultura Calchaquí, anchísima en sentido 
norte-sur, no tanto leste oeste, habrá necesidad de extralimitarnos algo 
de las ocho leguas propias de Yocavil, ó Santa Marians ; pero no se pa- 
sará de Quilmes y Tafí (Tucumán) por el ííorte, y del Cerro del Atajo 
])or el Sud. 

En cada uno de los cinco departamentos de la antigua jurisdicción de 
Londres en el Tucumán hay algún tipo de alfarerías que es propio de 
esa región, sin perjuicio de algún otro que se encuentre también en dos 
ó más de los cinco; sin dejar de haber ejemplares sueltos que á todas 
luces respondan á una importación de otra parte, no obstante que se 
hallan en los distintos yacimientos. 

De todos los objetos de cerámica que se desentierran en la zona An- 
dina, ningunos son más típicos ni más numerosos que esas conocidas ti- 
najas mortuorias, ó urnas funerarias, de curiosa forma y simbólica or- 
namentación, de las que una muy hermosa es la figurada en la lámina II. 
Fueron dos halladas como á media legua al norte de Santa María en 
una « pampita » "*, y la una de ellas contenía el cráneo de un párvulo. 
La segunda es la que lleva la letra a en la lámina III, y las dos juntas 
son de un interés especial, porque en su esquema de símbolos represen- 

' Aldehuel.i ó valle pequeiío al Este de San José, en el valle de Santa María ó de 
Yocavil. 

* Lugar interesantísimo sobre la margen izquierda ú occidental del río de Santa 
María, un poco antes de llegar á la frontera que divide las provincias de Catamarca 
y Tucumán por ese lado. Según se cree de allí salieron los Indios Calián ó Acallan, 
compañeros de los Quilmes. 

' Todo lugar llano despejado de todo estorbo suele llamarse Pampa, si su tamaño 
así lo exige Pampita. 



— Slí» — 

tan dos tipos muy (Ufereutes, reproducidos lul nauseam, sin que ello 
signifique réplicas chinescamente ^ imitadas : tal vez jmeda asegurarse 
que entre los cientos, acaso miles, de urnas que se conocen no hayan dos 
exactamente iguales. 

En cuanto á la factura, la generalidad de estas urnas ó tinajas es me- 
dianamente buena, su cocimiento ha podido resistir la acción del salitre 
durante los siglos, acaso milenios, que han estado enterradas; esto no 
significa que igualen á la alfarería draconiana de la altiplanicie de An- 
dalgalá, etc., ni en su factura, ni en la simetría de sus formas, ni mucho 
menos, á lo que se suele llamar tipo de Calingasta, cuyo pintado casi 
rivaliza la perfección de un esmalte. La alfarería Calchaquina de esta 
forma aunque suave al tacto, carece de ese pulimiento que le da cierto 
lustre á los otros objetos citados. 

La forma es constante, con intención de simetría sin alcanzarla, como 
tiene que resultar de un artefacto que no ha visto la rueda del alfarero; 
á más de que en sección horizontal son á veces del todo ó en parte ova- 
ladas las urnas éstas, como por ejemplo, en el caso que nos ocupa, pues 
aunque el cuerpo de la tinaja puede clasificarse de sección redonda, el 
gollete es ovoide de frente á frente. En las tres urnas empero, el labio 
de los golletes medido de oreja á oreja, da un diámetro mayor que aquel 
de frente á frente. La impresión general es que las tales urnas tienden 
más bien á la forma ovala ú ovoide. 

Sise examina cualquiera de las tres tinajas citadas (lám. II y lám. III) 
se observa que constan, en primer lugar de un gollete y abajo de éste, 
del cuerpo del vaso. 

Este gollete puede ser mayor ó menor en altitud que el cuerpo mismo 
y no faltan ejemplos de que tenga aquél hasta casi dos veces el alto de 
éste : el labio se inclina hacia afuera, y su circunferencia por lo gene- 
ral excede la máxima tomada en la parte inferior, y desde allí baja 
el gollete con poca inclinación de mayor á menor hasta asentarse en 
la especie de hombro que se forma en el cuerpo de la olla para reci- 
birlo. 

Este cuerpo también disminuye en buque hasta juntarse con el asien- 
to, que mide más ó menos un tercio del diámetro de la boca, y como á 
medio camino se produce una depresión ó cintura que corresponde á la 
zona de las asas ú orejas, siempre bien ijronunciadas : esta cintura es 
general, i)ero no universal, ni mucho menos, y sin duda se deberá atri- 
buir á razones personales del alfarero ó de la localidad. 

Construida la urna entraba la mano del artista que ejecutaba el es- 
quema del simbolismo con que se cubren las paredes de estas ollas ó 
tinajas. Á la simple vista está de manifiesto que se trata de un dibujo 

' Es decir reproducidas con igualdad mecánica, como las cosas hechas á maquina. 



— 320 — 

convencional aiitropoide, desde que se advierten ojos, cejas, narices, 
boca, brazos (láni. III, ftg. a), etc. 

La regla es que se le dé al vaso un ])riinerviso de pintura blanco-le- 
chosa, ó ante claro; ésteba resistido la acción de la tierra de una mane- 
ra admirable; como ba sucesido también con los demás colores. El viso 
éste falta en algunos ejemplos, por eso sólo se habla de lo que era la regla. 

En el ejemplar que nos ocupa (lám. II) el viso ha sido de un tinte 
más bien inclinado á ante nmy claro. La parte interior del labio lleva 
una franja negra, lisa, como de tres dedos, que en otros ejemplares suele 
ser de triángulos con grecas, etc. 

Cada cara de la tinaja está limitada por el borde del labio y dos espa- 
ci os angostos del viso blanco, qiTe orlan las franjas negras de la región 
de las orejas ó asas. De estas franjas se dirá algo más á su tiempo. 

Inmediatamente abajo del labio, en el exterior, aparecen dos fajas lis- 
tadas de tres, una blanca entre dos negras, separadas la una de la otra 
])or una lista blanca del viso: la lista blanca de las fajas va cargada de 
innumerables puntos de color negro : en la parte de la frente baja un 
triángulo negro directamente de la íajíi inferior, como para formar nariz 
con la prolongación de las cejas, que en relieve, por encima de los ojos, 
dan vuelta hacia atrás, casi como si pretendiesen acabar indicando el 
lugar de las orejas : este triángulo, y la faja á que está adherida signe 
rodeando el borde en relieve, pero separado de éste por una angosta 
lista blanca del mismo viso que se deja entrever. 

El ftlo del borde está pintado de negro, más abajo del mismo, aparece 
una lista como de un centímetro, de color rojo borra de vino, del mismo 
que figura en los tatuajes de las mejillas, cuerpos de las serpientes, etc. 

Entre esta guarda y los tatuajes, uno de cada lado y lugar correspon- 
<liente, se han pintado dos ojos, con sus respectivas pupilas en relieve, 
<1(' color negro sobre el blanco del viso : estos ojos carecen de las lágri- 
mas ó chorreras tan comunes en otros ejeuiplares, y lo mismo sucede con 
la urna compañera ya citada (lám. III, fig. a). 

En la presente urna falta la boca, pero ella existe en muchos otros 
ejemplos del mismo, ó parecido tipo, en este Museo de la Plata, de suer- 
te que puede atribuirse ó á descuido, ó que el artista la daba por valor 
entendido. 

De uno y otro lado cada cara sobre el viso fundamental, se han pintado 
triángulos esferoides, á modo de tatuaje, típicos en cuanto á los detalles 
que los adornan, pero que varían mucho en su colocación, segiin la ti- 
naja. En este caso los triángulos se dividen en dos partes casi iguales 
])(>r unas fajas diagonales que bajan de la región de las orejas á la de la 
boca; nacen y terminan en el marco negro que encierra todo el esquema 
(W\ dibujo, y son idénticas á las otras que orlan la parte exteroinferior 
4h'l labio, cini los mismos puntos ó rendondeles en el fondo divisorio. 



— 321 — 

Á uno y otro lado de esta franja se levantan y se dejan caer dos trián- 
gulos que dentro de bordes negros encierran un interior del rojo obscuro 
citado en la orla de las cejas; de cada uno de los vértices arranca la 
continuación del borde negro que encierra el color rojí», y forma una 
greca de tres ó más vueltas, ajustada con singular maestría al vacío 
que hay que llenar. Estos triángulos con sus continuaciones en forma 
de grecas dejan vaiííos también triangulares á uno y otro lado de las 
diagonales, y estos espacios se ocupan muy artísticamente con contra- 
triángulos negros intercalados entre cada dos de los rojos que nacen de 
la diagonal. En el centro de cada uno de estos triángulos se abre un es- 
pacio cruciforme color del fondo, para colocar en él otra cruz de color 
negro; y tanto el borde negro exterior, cuanto el correspondiente lado 
de cada triángulo negro, donde hacen frente á los triángulos rojos de la 
diagonal, corren orlados de ondas del mismo color del borde. De estas 
cruces habrá algo que decir á su tiempo ^ 

El reverso del gollete no es más que una copia fiel del anverso, así 
que no hay por qué gastar tiempo y espacio en describirlo. 

La garganta del esquema ornamental se representa por un espacio 
como de un centímetro del color del fondo que corre hasta el mismo es- 
pacio lateral divisorio con la franja negra de los costados, franja que 
separa sólidamente las dos caras de la urna. Esta lista blanca está li- 
mitada por los bordes negros, unos de las caras del gollete, y otros de 
las del cuerpo del vaso, y de estos nace el esquema de la ornamentación 
en la parte inferior. 

En primer lugar y en el centro, ocupando algo más que un sexto de la 
semicircunferencia en esa parte, se desprende una franja hasta el i3ie 
de la urna, sobre el fondo blanco y encerrada por la línea negra infalta- 
ble, con grecas y tres triángulos en este orden: las grecas son de tres y 
cuatro vueltas, muy simétricas; los triángulos nacen de las líneas ne- 
gras de los lados, pero la diagonal que los separa está escalonada; re- 
cursos éstos muy usados por aquellos artistas, sea cual fuere su valor 
en el simbolismo original de esa cultura. 

En el centro del primer triángulo inferior, y colocado como en los 
ejemplos de la cara, se ha pintado una de las cruces tan comunes en la 
cerámica de esta región ■. 

A cada lado de la franja anterior figura una serpiente, que como re- 
lámpago baja en zig-zag hacia la greca que carga con el triángulo esca- 
lonado de la cruz; allí y en la línea de la cintura dispara hacia el punto 

• Véase La Cruz en América del doctor Adán Quiroga. 

' Nada tieoen que ver con la cruz nuestra, como símbolo del cristianismo ; peiu 
sin perjuicio de que lo puedan tener en el ritual preexistente, desde que la cruz 
existió mucho antes de la era nuestra. 

REV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (XI, 16, 1908.) 21 



— 322 — 

(le las asas y vuelve á bajar como relámpago en diagonal escalonada 
hasta dar nuevamente con la franja central al pie de la urna. 

Las serpientes en su viaje de relámpago dejan tres espacios, que lla- 
maremos triángulos, jjero con sus escalones que corresponden á las en- 
tradas y salidas del ofidio acentelleado : en esta forma los triángulos 
parecen más bien pirámides con escalones, pero dimidiadas. Para aliviar 
la pesadez de un gran espacio negro, el artista se ha valido del recurso 
de calarlo con unas bandas diagonales que dejan traslucir el viso blanco 
del fondo : corren de los lados (hombro y cintura) hacia la frania central 
ó cintura, según el caso, y reproducen el adorno del labio inferior, es 
decir, listas blancas, en este caso cuatro, entre líneas ó espacios negros, 
y dos de las listas con puntos ó redondeles negros. El efecto general es 
de un relampagueo general y constante. 

Las serpientes son convencionales, como todo lo demás del esQuema 
ornamental, y las cabezas lo son aun más todavía : se forman sobre una 
línea vertical como de cuatro centímetros por medio de la prolongación 
de las líneas negras que forman el cuerjio de los ofidios, sobre éstas se di- 
bujan dos triángulos con vsus ojos como centro, y grecas como barbas, de 
suerte que más bien parecen mitras que cabezas: sea dicho de paso que la 
mitra es muy conocida como uno de los elementos en el simbolismo andino. 
Puestas de costado todas las tinajas de esta forma y uso, de suerte 
que el asa ú oreja quede al frente, se nota una franja negra que corre 
desde el labio hasta el asiento, sin interrupción, sirviendo así para se- 
parar el anverso del reverso de la urna. íío es uniforme en el ancho, 
siendo sus partes de mayor medida las del labio y región de las asas, y 

las más angostas las de la garganta 
y base. En toda la región calcha- 
quina es excepcional cosa que falte 
esta franja lateral, sea cual fuere 
el tipo del esquema ornamental en 
la urna de que se trate. 

Estas urnas por lo general tenían 
Fig. 3. — sauta María por tapa uu p2ico ^ Ó taza, más ó 

menos ornamentado. La que corres- 
pondía á este vaso se ha mezclado con la vasta colección que hay en el 
Museo, pero se encontrará en la figura 3, uno que tiene más ó menos 
el tipo del que acompañaba la tinaja que se describe. 

Dada la forma antropoide de los dibujos parece como si se tratase de 
algo convencional á modo de momia con sus envoltorios y caretas. Den- 
tro de las urnas se suele hallar restos de párvulos, que sabemos se sa- 

' Llámase puco en lengua de Cuzco á una especie de bol ó taza, que se encuentra 
en gran abundancia en toda la región Diaguito-Calchaquí. 




— 323 — 

criticaban peiiodicaiueiite en U)s (loniiniosclcl Inca ', y restos de animales 
pequeños, que también es notorio se substituían por la víctima humana -. 

En las urnas de este tipo esquemático los golletes varían mucho, no 
así el cuerpo de los vasos; i>ero es de observar que los oñdios acente- 
lleados no siempre tienen la cabeza que los declara verdaderas serpien- 
tes, y no centellas ó rayos : fué el hallazgo de unos cuantos ejemplares 
así que confirmó la sospecha del profesor Ambrosetti, quien se inclinaba 
á creer que estos figurines no eran más que la serpiente como símbolo 
del rayo, llamador de la lluvia. 

En elfolk-lore de la región Diaguito-Calchaquina la serpiente se con- 
sidera tan llamativa del rayo que por nada quieren tenerla en sus casas 
ni viva ni muerta cuando amenaza tormenta. Es decir, inies, que la 
serpiente puede considerarse como un símbolo acuático, y que como tal 
lo aumentarían á la ornamentación de las urnas ceremoniales ; porque 
otro destino no han podido tener estos vasos curiosos. 

Á más de las serpientes se observan los siguientes símbolos de muy 
frecuente uso : 

Los triángulos con grecas, espirales, orillas orladas, ó sin nada de eso; 
á veces están escalonados ; 

Las cruces, colocadas en diversos puntos; 

Las listas con puntos ó redondeles. 

Sea cual fuere el valor ritualístico de estas varias figuras, la cruz es 
sin duda alguna de valor acuático y conocida como tal en una y otra 
América. Me limitaré á citar la obra del malogrado doctor Adán Quiroga 
La Cruz en América^ en que se trata largamente de este asunto '\ 

Esta urna puede considerarse como típica de una larga serie y forma 
parte de la colección Lafone Quevedo depositada en este Museo. 



IX 



La urna descripta en el anterior capítulo se halló en compañía de otra 
que se reproduce en la lámina III, figura a : es éste también un precioso 
ejemplar típico de larga serie, que llamaremos de los suris ^ ó avestru- 

' Véase Los ojos de Imaymana de Lafone Quevedo, Boletín del Instituto geográfico 
argentino, tomo XX, págioa 462, etc. 

^ S. A. Lafoxe Quevedo, Culto de Tonapa, Revista del Museo de La Plata, tomo III, 
página 320, etc., tiraje, página 38. 

' Empezando del capítulo VI. Muchas de las láminas se reproducen en este es- 
tudio. 

^ En lengua de Cuzco, general en la región Diaguito-Calchaquí, sin perjuicio de 
la Cacana, propia de esos lugares, el avestruz llamábase y se llama aiín Suri. 



— 324 — 

ees, para distinguirla de la otra que sería de las serpientes ó hidras K 
Ambas tinajas liroceden del mismo lug:ar, Santa María, y nos servirán 
de base para toda posterior comparación. 

Las dimensiones son casi las mismas de la ya descripta, y se reduce 
á un quinto del tamaño natural. Ella ha sufrido mucho con la acción 
del salitre, pero por suerte al hallarla se hizo un dibujo esquemático de 
su ornamentación, de suerte que ha sido fácil poder restaurar el dibujo. 

La distribución general es la misma : gollete^ cuerpo, labio, garganta, 
cintura, base y orejas. 

El gollete se pinta con las dos listas de una raya blanca con redonde- 
les entre dos negras, triángulo negro fronto-nasal, lista del mismo coloi 
cilio-nasal, ojos con pupila, oblicuos y con prolongación como de pesta- 
ña, pero sin lágrimas, boca con dientes, tatuaje en las mejillas de tipo 
como el del vaso anterior, cuya mayor diferencia consiste en que los 
triángulos todos tienen centro rojo borra de vino, y en que sus grecas 
están entrelazadas arriba, y en los extremos opuestos abajo ; en uno y 
otro caso las grecas arrancan de los vértices de los triángulos, y no li- 
bres de éstos con pie en las rayas negras de los lados. 

La garganta en este caso también es un espacio blanco del fondo en- 
tre las rayas negras del gollete y del cuerpo de la olla. 

Es en esta sección de la urna que varía el esquema de los dibujos 
radicalmente. En primer lugar la cintura la divide en dos partes distin- 
tas, una que corresponde al cuerpo propiamente dicho, y otra á su base 
que en este caso forma una especie de 2)uco ^ ó taza, sobre que se levanta 
la parte superior. 

Como en los demás ejemplos el fondo (blanco en este caso) separa el 
conjunto de las x)inturas (anverso y reverso) de la franja negra costanera 
tan i)ropia de ese tipo de vasos. 

De la cÍTitiir:„ «xilba el dibUj.. ?s como sigue : dos brazos con cinco de- 
cios, de color rojo borra de vino, entre líneas negras se desprenden de 
derecha é izquierda del hombro de la urna formando onda y vuelven á 
subir hasta casi tocarse cerca de la línea negra superior que separa de 
la garganta en la región de la boca. Los espacios que los brazos dejan, 
en forma de escudetes están ocupados por dos avestruces ó SHris con- 
vencionales que se miran en la postura que el doctor Quiroga interpretó 
como anuncio de lluvia ^ De los óvalos que forman el cuer])o nacen co- 



' Porque tienen que ver más con la idea de agria que con otra cosa cualquiera. 
Véase más adelante donde se trata de la alfarería negra y de los dragones que la 
ornamentan . 

' Véase la nota página 322. 

' La Cruz en América, página 147 : «En el folk-lore Calchaquí hasta hoy el Suri 
es el anunciador de la lluvia. Cuando el tiempo está para cambiar esta gran ave 



— 325 — 

jíote, cabeza con ojo y pico abierto, alas de (üiujo plumas ílesplegadas y 
l)atas de tres dedos ; dentro do los óvalos aparecen dos triánfíulos ne- 
jíros con jírecas, los de arriba tienen su base eu la izquierda del ovalo y 
de los vértices nacen las grecas liorizoiitalineiite dos á do.s con las de 
abajo, (jue á su vez, pero eu contrario sentido, arracan de abajo y lado 
derecho de los mismos óvalos. Los espacios (pie cpiedan en los dos es- 
cudetes se llenan con figuras negras irregulares, que disimulan el vacío 
y que sin ellas hubiese afeado el dibujo. 

Abajo de los brazos y más ó menos en direcciones concéntricas se 
pintan dos guardas como las de los labios, es decir, blancas con redon- 
deles negros entre líneas de este color, que precisamente tienen <pie 
acabar en i)unta, y así también termina la banda negra que cierra el 
dibujo al llegar á la cintura en la región de las asas, donde empieza la 
ornamentación propia de la base. 

El blanco del fondo aquí como en la garganta sirve para acentuar es- 
tas divisiones. El esquema del dibujo eu este caso es muy sencillo y pa- 
recido al de los infinitos pucos que se encuentran como tapas de estas 
urnas, es decir una larga serpiente que se enrosca en dos sentidos opues- 
tos, formando así una S : baja hacia la derecha y se envuelve hacia la iz- 
quierda; la otra mitad sube hacia la izquierda envolviéndose hacia la 
derecha. Líneas negras forman la serpiente, y series dobles ó sencillas 
de puntillas ó redondeles negros se dibujan sobre el fondo blanco. 

La franja negra y las asas son las de siempre. 

Aquí lo que más llama la atención son esos escudetes con avestruces 
en la región de los pechos de la mujer; porque siendo el suri ^ en el acto 
de sus brincos un símbolo acuático, llamativo de la lluvia - es conve- 
niente identificarlos (;on otros á que se haya dado la misma significación, 
y al mismo tiempo alguna i)rueba de cómo puede vincularse el símbolo 
con el sexo femenino. 

Quiroga atribuyó un significado acuático, no sólo al suri sino también 
á la cruz, al sapo, etc., y en el caso ocurrente hemos supuesto que el 
triángulo con greca ó sin ella pueda tener igual valor meteorológico. 

En la lámina III, figura a ^ tenemos una urna muy parecida á la que 
se acaba de describir. En el gollete se ven varios símbolos ya cono- 
cidos, pero disi)uestos en otro orden, pero en el cuerpo del vaso están 
los avestruces, esta vez con cruces en vez de triángulos con grecas. 

nerviosa abre las alas cuyas plumas desordeuadas sacude, y corre al encuentro de 
la primera ráfaga htímeda de viento que llega, etc., etc. » He tenido la suerte de 
poder verificar esta observación in sita, y la hallo exactísima. 

' El avestruz, se entiende. 

^ Véase la descripcióu que de ellos hace Quiroga en la nota. 

^ Vaso de Santa María, Col. Lafoue. 



— 326 



X 



Comparemos este ejemplo (lám. IV, fig. n) con este otro (lám. III, flg. a) 
y veremos reproducidos detalle por detalle, los mismos símbolos en los 
dos esquemas con la diferencia que en el primero los óvalos del cuerpo 

llevan triángulos con grecas, y 
en el segundo, cruces dentro de 
otras cruces, en ambos casos 
atributos de avestruz. Los deta- 
lles estos ocurren con frecuencia 
en urnas de este tipo, como por 
ejemplo en las ilustraciones de 
los Anales del Museo de La 
Plata (tomo I, 2^ serie, pág. 40, 
fig. 31 y plancha V, fig. 8 y 9). 
En la figura 8 la combinación 
de los esquemas que tenemos en 
los dos ejemplos citados arriba 
encierra un intercambio de equi- 
valencias curiosísimas, porque 
el gf>llete figura a, de la lámina 
IV, con el cuerpo figura a^ de la 
lámina III, nos daría el conjunto 
fignra 8 de la plancha V, en 
el tomo de los Anales citado 
(fig. 4). 

En la obra La Cruz en Amé- 
rica;, se dan muchas rejiroduc- 
ciones de urnas en que figuran 
avestruces con cruces, colocados 
tal y como en el ejemplar que se describe. Véanse las figuras 32 (Quilmes, 
pág. 128), 33 (id., pág. 129), 37 (Fuerte Quemado, pág 131) y 38 (Santa 
María, pág. 132), 39 (Tolombón, pág. 132) y 40 (Tolomé, Molinos, pág 
132); los originales todos procedentes del valle Calchaquí : figuras 5, 
6, 7, 8, 9 y 10 respectivamente. 

Como se ha hecho referencia á la posibilidad que la cruz encierre un 
símbolo aplicable al pecho de la mujer estamos obligados á fundar la 
hipótesis en algo que sea verosímil; y nada es más adecuado para este 
fin que la hermosa urna adquirida por el doctor Adán Quiroga en Amai- 
cha ó Hamaicha, villorrio y valle al noroeste de la villa de Santa Ma- 




— 327 — 

ría, por donde se entra al valle de Tafí, hoy jurisdicción de Tneiimán, 
departamento de C'olalao del Valle. Véase el liontispicio de La Cruz en 
América y la láni. I que encabeza este trabajo. 

Nada más curioso existe hoy en la cerámica de Calchaquí que esta urna 
pues por su forma viene á ser la única. La parte ventral de la tinaja, 
sigue uno de los tipos conocidos en su ornamentación, más no así la 
parte superior, que de la garganta arriba se bifurca, de suerte que una 
mitad sube en forma de gollete, conu> en los demás ejemidos, mientras 
que de la otra mitad nace un torso de mujer que se prepara á soi)lar en 
una nauta, semejante á otra descubierta por el profesor Ambrosetti en sus 




Fig. 5. — Quilines Fig. 6. — Qnilnu's (Mus. Kac.) 



Fig. 7. — Fuerte Quciuado, Sauta María 
(Col. Quiroga) 



exploraciones recientes por aquellas regiones. Quien no quiera reconocer 
en esta figura una representación de la mujer tendrá que admitir que por 
lo menos las cruces se colocan en la región de las tetillas del hombre. 
De una obra de Jeremías Curtin (Creatíon Myths of Primitive Ame- 
rica) hemos recogido algunos datos que nos pueden explicar el famoso 
vaso Quiroga de Amaicha; en la página 19 de la introducción trata de 
las ideas cosmogónicas de los Indios en Norte América. Más tarde 
(pág. 30) nombra á Olelbis, dios benéfico de los Wintus que todo lo go- 
bierna, y á dos abuelas, sus asesoras, hacedoras de la lluvia, que se han 
transformado en piedras porosas; una flauta también hace su papel para 
las transformaciones que se efectúan (pág. XXXI). 



— 328 



En la página 51 empieza el mito de Olelbis ^ y ^lem-Loimis - en Olel- 
panti ^. 

Lamiijer Me m- Lo i mis se le presenta á OJelbis y cohabita con él y 
fué madre de sus dos hijos. Andando el tiempo vino Kahit (el viento), 
se robó á Mem-Loimis (el agua) y los de Olelpantí se morían de sed : ella 
era la que les había proporcionado agua. Pasaban los años y seguía 
la seca. Llamaban á los hechiceros, baihiban y cantaban, hacían sus 

hechicerías, pero nada resultaba : no 
se adivinaba donde Mem-Lohnis podía 
estar y la gente ya no podía de sed. 
Al fin sale un hechicero. Machi 
como dirían los Araucanos, y descubre 
donde está Mem-Loimis, de los hori- 
zontes más allá. Los dos hijos de 
Olelhis se ponen en marcha, y andando 
se juntan con los hermanos hijos del 
raptor de Mem-Loimis y reunidos se le presentan á la madre, quien les 
dirigió estas palabras : 

«No les pude auxiliar; pero ¿qué hacerle? Me robaron, me llevaron 
lejos, al norte, y de allí me escapé á este lugar; pero vuestro padre 




r¡g. 8. — Sauta María (Musco Nacional) 





T\¡r. 9. — Tolimibóii, Salta 
(Col. Inst. Geog. Arg.) 



10. — Coloiin''. jSIolino.s. Salta 
(Col. Inst. Geog. Arg.) 



(Olelhis) es mi marido. Todo lo sabe, todo lo hace, todo lo puede, todo 
lo ve; pero no se dio cuenta que yo estaba aquí. Agua tendréis, hijos 
míos y agua en abundancia » (pág. 61). 

« Arrimó una cesta á su pecho y de allí sacó agua, tal y como una 



' Olelhis. El que está arriba. 

* Mem-Loimis. El agua. 

' Olelpantí. El país de Olelbis. 



— 329 — 

madre que dado mamar sacaría Icclu' ; llenó la cesta y la i)as(S á los 
iiiilos aquellos y les dio de comer tiimbiéu en abundaiKÚa ». (Ihid.) 

Mientras esto sucedía en Olclpaiili el liecliicero que hacía llover pidió 
que le alcanzasen una cesta listada, ó sidii kilo, muy ])equena; y se la 
dieron. 

Una mañana .1/<'>>í-Lo/;í?/\ dcspaclu) á uno de sus dos hijos á llevarle 
agua á su tío Mcm-Jíni (|uc \i\ía en el primer horizonte al Oeste de 
Olelpaíiti^y puso el ai;ua eji una cesta que se filtraba; y como volaba de 
naciente á Poniente, al pasar por encima de Olelpanti una gota cayó en 
el cestillo del hechicero que la esperaba baihmdo hacía sesenta días. Y 




■'¡u. n 



la gente vino y aplacó la sed, y se hinchó bebiendo, y la gota no mer- 
maba, y todos bebieron, y Toco también (peje-sol), y nunca más faltó 
el agua en Olelpanti. 

Y eso que el niño cargaba con la cesta hacia el Oeste, cada gota que caía 
formaba un manantial (pág. 02 á 65). Hasta aquí el mito cosmogónico. 

Día á día se van descubriendo eslabones que unen la cultura del Xorte 
con la del Sur, y sólo el intervalo geográñco tan considerable puede ha- 
cer que nos parezca forzada la semejanza que este mito tiene con el sig- 
nificado que se le ha querido dar al simbolismo Calchaquí. 

Es la mujer que hace llover, y de su pecho que saca la lluvia. La flauta 
y las danzas son incidentes (pie no dejan de estar representados. 



— 330 — 

En esto de simbolismo no liay qne apuiav demasiado las analogías, 
porque alrededor de una idea central pueden agruparse muchos detalles 
locales; por ejemplo el avestruz y el guanaco mal podían figurar en esta 
clase de mitos como símbolos del agua, por no existir en tierra de Olel- 
l^anti. Por otro lado, en la Améri(ia septentrional es cosa admitida que 
la cruz es un signo acuático, desde luego nada de extraño tiene que aquí 
se le asigne igual valor mitológico. 

Eso de conducir agua en cesta llama la atención, porque en la Pampa 
nuestra era también conocida la costuiubre entre los Querandí y los 
Guarpe '. 

En la obra ya citada La Cruz en América^ y páginas 118 y 119, Qui- 
roga utilizó una lámina del onceno informe. Burean of Ethnology, 1889 
y 1890 -, plancha XXXV, que se reproduce aquí, figura 11, con la ex- 
plicación de su simbolismo al pie de ésta en una nota. Si se compara 
este « vaso ceremonial para implorar la lluvia » en todos sus detalles, 
con los de Calchaquí, á que se asigna igual uso, veremos que tienen 
mucha semejanza. 

¿Quiénes fueron los inventores de este tipo de urnas? Ellas son pro- 
l)ias del verdadero valle Calchaquí y no parece que se extralimiten á los 
otros valles qne lo rodean, á saber : tie Tinoga.sta, de Belén, de Andal- 
galá. Pueblos de Cataraarca, ó de la Eioja; ni tampoco á los llanos de 
Tucumán, Santiago, etc. Objetos de cerámica bastante meritorios por 
su factura artística en todos esos lugares suelen desenterrarse; pero las 
urnas cerenu)niales ó funerarias del tipo que hemos estado describiendo 
no salvan la región encerrada por las cordilleras de Ancouquija, Atajo, 
y las qae se levantan hacia el poniente hasta el lugar de la Puerta de 
Belén : es como para creer que responden á una cultura anterior á la 
de los Incas que allí fué arrinconada cuando se vino abajo aquel primer 
imperio del Perú del cual nos habla Montesinos en sus memorias. 

' Oviedo en su Historia general y natural, de Indias, tomo II, libro XXIII, Cap. XII, 
páginas 191 y 192, dice esto ; « Río arriba bay otra generación, que se dice Begúaes... 
Adelante de éstos está la gente de los Timiás... y á par de éstos está una nación 
que llaman Carcaraes, que es gente alta de cuerpo, y la una y la otra de lenguas 
diferentes, que en el trato i^arece mejor que las otras ya dichas... Más adelante 
en la tierra metida está otra generación que le llaman Quiranys, y contractan con 
ellos... y cestas de berguitas tan tejidas y apretadas que pueden tener agua en ellas. 
Véase también Ovalle, Historia de Chile. 

- Trata de los mitos, ritos y ceremonias entre los Sia. 



— 331 



XI 



En los capítulos anteriores se lian estudiado los dos tipos más intere- 
santes de las urnas ceremoniales del gran valle Calcliaquí, limitándo- 
nos á ellas porqne juntas se encontraron en el mismo lugar de Santa 
María, riñon ó gran centro de la arcpicología de toda aquella zona. 

Entre los ejemplos que se reproducen, derivados de la obra de Qui- 
roga ^ y de las colecciones de nuestro Museo -, i)odemos escalonar el 
tipo desde Tolombón ^ en la provincjía de Salta, hasta el río del Arenal " 
ya citado ; y para este punto contamos con nna preciosa urna (lám. III, 
fig. h) ', que por su ornamentación pertenece al tipo de otra, lámina II, 
hasta en lo de constar de tres colores, el blanco del viso ó fondo, el 
negro y el rojo borra de vino, en los tatuajes de la cara y cuerpos de 
las serpientes. 

1^0 es necesario entrar á describir los detalles del dibujo en el cuerpo 
de la urna, porque las cortas diferencias se explican solas á la simple 
vista ; así que nos limitaremos á la parte del gollete. 

La lista sublabial es de un solo orden de líneas (blanca con gotas ó 
redondeles entre dos negras), del que baja un triángulo negro á la raíz 
délo que sería nariz; una abertura cruciforme en el centro deja un espa- 
cio blanco en el que se planta una cruz griega negra, como la del tatuaje 
frontal de las Indias abiponas. Las cejas negras que bajan hasta la línea 
del mismo color, bajo de la boca, corren orladas con ese adorno de diente 
de serrucho que es bastante común en todo género de alfarerías, sin li- 
mitación á las de Calchaquí. Los ojos son los de siempre, sólo que en 
este caso les caen cuatro lágrimas, si es que lo son. 

El tatuaje de las mejillas es una variante del de las dos urnas ya des- 
crij)tas : triángulos con cierta esfericidad en la línea superior para ajus- 

' La Cruz en América. 

- Tauto délas generales pertenecientes al Museo por compra o como resultado de 
las expediciones, cuanto de la de Lafone Quevedo en él depositada desde años ha. 

' Pueblo de los indios de este nombre, en el Talle Calchaquí entre Colalao del 
Valle (no el otro de Trancas) y Cafayate. Pertenece á la j)ro'V'incia de Salta, y se 
halla frente á la Puerta de las Conchas, quebrada que conduce á Guachipas y valle 
de Lerma. 

* Cuatro leguas al norte de Capillitas, provincia de Catamarca. 

^ Hallada en un panteón cerca de las poblaciones de esa estancia. Es interesante 
porque es lo más auténtico que se ha hallado de ese tipo antes de llegar á la divi- 
sión de las aguas en la sierra del Atajo, que separa los campos ó altiplanicies del 
Arenal y Pozuelos de los de Andalgalá y Belén. 



— 332 — 

tarse á los demás detalles del dibujo. Desde la ])arte de la boca dos dia- 
gonales dividen los triángulos en que sobre el fondo blanco se colocan 
grecas dispuestas una en cada espacio y en combinación con unas figuras 
irregulares, cuyos bordes uno á cada lado de la diagonal son aserrados ó 
en escalones. 

La boca es cuadrada con cinco dientes arriba y cuatro abajo. La franja 
negra de los costados no falta. 

Esta tinaja se halla en muy buen estado, como la figura a, que repre- 
senta un quinto del tamaño natural. En el labio inferior se ba pintado 
una anclia franja negra. 

De admirar es la maestría con que el artista decorador ajusta su es- 
quema de dibujo á las exigencias de la forma en el vaso : no hay espa- 
cio por irregular que sea que le venga mal, para cada uno que se le 
presenta tiene sti símbolo correspondiente, y el resultado general á la 
vista es agradable. 

En la figura h (lám. IV) tenemos una urna de Andahuala ^, cerca de 
San José, departauíento de Santa INIaría. Los detalles son los de siem- 
pre ; pero ni la fornuí ni la factura son las típicas del valle. 

En el gollete y en la base ostenta los ofidios enroscados, en forma de 
S volcada y sin cabezas. La parte ventral lleva un dibujo de rayas cruza- 
das, y los dos escudetes en la región i^ectoral son ovalados, dentro de 
una lista con puntos sobre el fondo del vaso, dentro del cual se ha pin- 
tado otro óvalo negro, concéntrico y calado en forma de cruz para ence- 
rrar otra cruz de dos rayas negras. Los marcos exteriores de los óvalos 
también son negros, y orlados abajo y á la derecha ". 

Ya nos hemos dado cuenta de una de las formas más características 
de la cerámica en los valles Calchaquí, siendo la otra la que figura en 
la plancha VI de los Anales del Museo, tomo I, segunda serie. En la re- 
gión donde se encuentran llevan el nombre de veleros, porque suelen de- 
dicarlos á este uso doméstico, es decir, el de bañar velas de sebo, únicas 
que suelen tener en aquellos valles remotos. 

El esquema de la oriiainentación es principalmente de guardas con 
sapos que suben hacia el labio del tinajón, alternadas con otras, ora de 
chevrones directos ó invertidos, ora de laberintos de triángulos y otros 
dibujos, todo con escalones. Los colores son tres, el fondo blanco, los 

' Andahuala, valle que cae al de San José ó Santa María, y que de ninguna ma- 
nera debe confundirse con Andalgalá, que es la villa principal del departamento 
del mismo nombre : ésta líltima villa es conocida localmente por su nombre de 
« Fuerte » . 

' Andahuala se halla colocado en el mismo centro de la región más rica en objetos 
arqueológicos. Así se ve que en todas las colecciones abundan los objetos traídos de 
ese valle y sus alrededores. Saliendo de San José para dirigirse á ese valle pasa 
uno por la Loma Rica, dada á conocer por el señor Liberaui en años atrás. 



— 333 — 

(lilmjos neiíTos y rojos. Sus diiuonsiones varían, poro i)or lo <>éiieral mi- 
don (lo ol* á 54 oontiniotros do alto : la íiliura lü so lia ologido porque 
ostenta sapos con oruz on la jiiiarda oontral. 

Las láminas V y YI representan las ouatr(> caras de un curioso vaso 
negro hallado en Santa María, pero que probablemente corresi)oiide ;i la 
alfarería de Andalgalá, tanto por el color cuanto por el tipo de la orna- 
mentación, es decir, hidras ó dragones grabados (-on punta fina sobre un 
fondo negro como de esmalto. 

Á propósito de este género do cerámica americana el señor Clarence 
B. Moore tiene las siguientes observaciones ^ : 

« Mucha parte de esta alfarería, que es shell-tempered [quema superfi- 
cial (f)], por fuera tiene un aspecto negro, lustroso, á veces de mucha 
belleza. En nuestro anterior informe dijimos que este bettín no podría 
resultar del refogue de las piezas^ iiorque la verdad es que la acción di- 
recta del fuego sobre el barro nunca pudo producir tal efecto. Es de ])re- 
sumirse empero, que el tal betún so produjo 
de la manera descripta por Holmes, como 
procedimiento puesto en práctica por los 
indios Cataicba, es á saber, el vaso que se 
piensa asar se rodea con corteza de árbol, se 
le mete fuego, y se tapa con algún canjilón 
hasta que concluye la operación. La corteza 
al consumirse en un espacio encerrado 
seguramente produciría una considerable 
cantidad de alquitrán, que se condensaría 
sobre la superficie del vaso, y por lo mismo 
de hallarse en estado líquido, penetraría 
por el material lloroso de la vasija, y más tarde se carbonizaría con el 
fuego continuado ». 

La referencia del señor Moore es á W. H. Holmes, actualmente di- 
rector del departamento de etnología en el Instituto Smithsoniauo, in- 
forme 20, 1898 y 1899, página 55. Lo que dice el erudito arqueólogo 
norteamericano forma parte en su descripción de la manera cómo pro- 
ceden las alfarerías Catawba, en la reserva de esos indios y Carolina 
Austral. No es necesario aquí repetir lo ya extractado acerca de estos 
vasos negros. 

El vaso en sí es uno de los más perfectos y curiosos en toda la colec- 
ción de cerámica en el Museo de La Plata, y á la vez uno de tantos, 
aunque no muchos, que embellecen la colección Lafone Quevedo aquí 
depositada. En fragmentos existen partes de varias piezas correspon- 
dientes á este mismo tipo que indudablemente pertenecieron á vasos taL 




Fig. 12. — Valk- «le Sauta María 
(Col. Mus. La Plata) 



Moundville Eevisited, págiua 345. 



— 334 — 

líennosos como los llocos que aquí se describen. Su factura es de lo más 
lino y su color negro sin duda se debe á un procedimiento análogo al 
que describe el señor Moore; se suelen encontrar piedriecillas boleadas 
de cuarzo ó silex, que por su desgaste han servido para pulimentar es- 
tos vasos y otras cosas por el estilo. 

Casi todos los cantarillos de este tipo que se conocen son de formas 
excéntricas, como si perteneciesen á una cultura que no era la de las 
urnas ceremoniales del valle Calchaquí. 



XII 



Pasemos ahora á la descripción detallada de esta singular taza que 
por su simetría casi podría atribuirse á la rueda del alfarero ; pero CwSto 
por ahora no se debería admitir, y más bien es para creer que ha sido 
amoldada dentro de una tipa ^ ó cestilla de juncos y después alisada 
con la mano, concha ó espátuhi de palo ó hueso, porque á la vista están 
las estrías del instrumento pulidor: en esta parte no pudo mediar el 
bruñidor de cuarzo. El tinte negro deja ver esas imperfecciones á que se 
refiere Holmes, que dependen del modo de conducir la quema. 

Sobre esta taza ó puco se levanta un borde como de diez centímetros, 
con una inclinación hacia adentro, adornado con una faja en dos seccio- 
nes de esos escalones ó dientes de serrucho, típicos y tan conocidos en 
el simbolismo de la alfarería local. 

Sobre este borde ó cintura se levanta la parte ventral del vaso divi- 
dida en cuatro ampolladuras por medio de otras tantas depresiones, todo 
inclinado hacia adentro como para recibir un gollete, que no se le imso, 
tal vez por la dificultad de ajustarlo al cuerpo de la olla; sin embargo, 
en la región aquella se conocen otros vasos de eximia factura que tam- 
bién carecen de golletes (véase lám. Vil, fig. a). La idea de la forma 
parece derivada de una de esas desnaturalizaciones producidas en los 
mates con ataduras de cuerdas en cierta éj^oca de su crecimiento ^. 

Cada una de las cuatro ampolladuras ostenta un dragón ó monstruo, 
á lo que debe suponerse de cuatro patas, de las que sólo dos están de 
manifiesto. Las cabezas son de un tipo conocido, como lo es también su 

' Eu el Museo existe un ejemplar en que están de manifiesto las señales de la cesta 
que sirviíj de molde. Tipa se llama en el Interior una cesta con la misma forma del 
fondo de la alfarería Calchaquí : ancha boca, base angosta, y costados que suben 
rectos de ésta á aquélla. 

' En los mercados suelen ofrecerse mates y porongos así curiosamente deformados 
con ataduras cu verde. 



— 335 — 

colocación en el i)unt<) donde el l)iaz() ])avte del cnerpo del monstruo. 
(Véase la tig. 3ÍÍ,) 

En los cuatro casos la boca es dislorine y cada una de ellas ostenta 
dos muelas y un colmillo arriba, y otros tantos abajo, c-on dos crestas en 
frente en forma de chevrones. Los ojos constan de <los círculos irregu- 
lares, pero con intención de ser concéntricos. Las prolongaciones y el 
cuerpo van admnados con triángulos alternos, (pie nacen de las rayas 
formativas del dragón. 

Del punto de contacto con la cabeza nace el brazo que acaba en una 
mano de tres dedos, y de donde arranca la cola hay una prolongación de 
ésta que forma la pata de cuatro dedos figurados por rayas. La cola se 
enrosca sobre sí y termina en cabeza : dos de ellas con crestas, ojos y 
boca dentada, y dos triangulares con sus dos ojos vistos. 

Los colmillos, muelas, crestas, dedos de las manos y triángulos de 
adorno ó cresta, todos, están cubiertos de un cuadriculado por rayas; es 
de observar la única excepción : uno de los triángulos (lám. V, flg. a), 
presta servicio doble, como adorno del dragón y como parte de la boca, 
y jior lo tanto j^ierde su cuadriculado. 

La ornamentación toda se lia grabado con imnta de buril no muy afi- 
lada, y la parte del vaso que la lleva está mejor bruñida que la otra de 
la base. El estado de perfecta conservación se debe al modo de asar el 
vaso, sobre todo si en realidad el procedimiento ba sido aquél descripto 
j)or Holmes y Moore. 

El problema que hay que resolver es la verdadera procedencia de este 
precioso ejemplar de la alfarería negra, excepcional en Calchaquí, bas- 
tante común en la región de Andalgalá, á cuyo arte pertenece también 
el tipo <le los dragones. 

Como á seis leguas al sur de Santa María, y en la región de la Punta 
de Balasto, donde antiguamente vivían los indios Ingamanas, cuyos des- 
cendientes hoy forman la población indígena de Choya, al oeste de An- 
dalgalá, se encontró el hermoso vaso antropoide ^ que se rejjroduce en 
la lámina VII, figura a (Yi del tam. nat.). Su factura es de la mejor que 
se conoce i)or aquellos lugares, y hasta hace sospechar que, como en el 
caso de la olla negra, haya sido introducida de otra parte. Ha perdido 
la base, y nunca tuvo gollete, pero de tenerlo hubiese seguido el esque- 
ma típico de la olla ó tinaja b en la lámina VII. 

Se aplica la clasificación de antropoide á este vaso, porque en el cen- 
tro de la parte ventral aparece una cara convencionalmente tratada, con 
un triáng-ulo frentonarigal, ojos oblicuos de tres óvalos puntiagudos y 



' Antropoide línicamente eu el sentido de que tiene cara humana en la ornamen- 
tación. El solo río algo fuerte de esa zona da vuelta á la punta de Balasto ; se 
comprende pues, por qué abundan por allí los restos de poblaciones indígenas. 



— 336 — 

cinco cboiTcras ó lágrimas y boca con cuatro dientes arriba y siete abajo. 
En el reverso la cara está borrada. En la frente se han dibujado dos órde- 
nes de pata de perdiz , como las llaman localmente, pero que más bien se- 
rán de suri ó avestruz ^ De allí parte para arriba una franja de tres listas 
sobre el fondo atabacado de la olla. Las listas son dos cuadriculadas con 
líneas diagonales y una tercera en el centro de triángulos que nacen de 
las líneas laterales, se unen por sus vértices en el medio, y los atraviesa 
otra línea que partiendo de las patas de perdiz llega al borde de la boca. 

Esta franja y la cara separan el esquema de la ornamentación en dos 
cuerpos que guardan cierta simetría en la disposición de sus detalles. 
Empezando de abajo por la izquierda tenemos : 1° una faja cuadriculada 
diagonalmente; 2° dos triángulos negros entre uno y medio grujios de 
chevrones inversos ; 3" faja como la níímero 1 ; 4" tres triángulos ne- 
gros alternos dos y uno; 5'' lo mismo repetido segunda vez; 0° ñija de 
líneas diagonales de derecha á izquierda. 

En la derecha se evita la repetición inmediata como en 4 y en 5, y en 
5 se alternan los 2 triángulos negros con otro de chevrones invertidos. 

En el reverso hay cierta pequeña variante en la disposición de los de- 
talles; pero ella no afecta el resultado general del esquema de orna- 
mentación. 

Los colores son : negro del dibujo, y un color café claro del fondo. Las 
orejas ó asas en factura y forma son indignas del vaso que acompañan; 
pero el luilimento y simetría de la olla son admirables. El lustre es casi 
como de esmalte, y á ello sin duda se debe el poco efecto del salitre. 

En cuanto á la forma puede compararse con la otra olla, figura h, en la 
misma lámina VII, que, según se asegura, procede de la región de An- 
dalgalá, uno de los puntos donde se han encontrado los mejores vasos 
de este tipo. 

Visto así de frente como en la reproducción parece que sólo se trata 
de un avestruz pintado convencionalmente, lo que no resulta si lo mira- 
mos con la supuesta cabeza por delante : es ésta una figura que consta 
de cinco círculos ovoides, adheridos á una especie de cogote ondulado, á 
la derecha del cual y del círculo exterior, izarte una especie de pico con 
sus dos pares de lágrimas ó chorreras, que se comparan bien con la cara 
de la olla a^ lámina Vil, y al tener ya boca y nariz expresadas por otros 
símbolos, no combina una y otra cosa como en el caso i^resente. En esta 
figura 1)^ la parte ovoide hace las veces de cabeza y ojo, y las chorreras 
las de pico y lágrimas : esta dualidad en el significado del simbolismo se 
vio en la mandíbula inferior del dragón (lám. V, fig. a), así que no debe 



* Estas patas de suri 6 de avestruz ó de perdiz abundan también en los petrogli- 
fos que desparramados se encuentran por todos aquellos lugares tan escasos de agua. 
Casi no hay piedra negra en el campo que no las tenga. 



- 837 — 

cansamos sorpresa la economía de los detalles en el convencionalismo 
ornamental. (Véase fiji'. i;>). 

Las patas con cinco dedos tambicn se oponen á la teoría de qne sea 
nn simple avestrnz, mientras qne los círcnlos ovoides achatados del 
cnerpo se relacionan más bien con el hermoso vaso hallado en la Cié- 
naga del río de Belén, entre Hnalfín y La Puerta, que se reproduce en la 
lámina VIII, figuras a y h. Las chorreras que se desprenden de los di- 
bujos ovoides en ambos casos parecen responder al mismo simbolismo. 
La ornamentación de los golletes es la misma, y típica en esta clase de 
ollas, cuyo destino no pudo ser otro que el de contener algún líquido 
para beber, agua, chicha ú otro cualquiera. Más sobre este vaso se dirá 
en el capítulo siguiente. 

XIII 



Kos toca ahora describir una de las más bellas y mejor conservadas 
de las tinajas que forman parte de la alfarería Calchaquí; por su sime- 
tría, factura y maestría en la ornamentación 
ocupa un lugar sobresaliente en la cerámica 
argentina \ Sin duda se han de descnbrir 
otras del mismo tipo, como que existe una 
de menor tamaño en la misma colección 
(véase lám. IX, flg. 13); pero por ahora es 
de las mejores piezas que se han hallado en 
la provincia de la Xueva Inglaterra, cuya 
capital fué la Xueva Londres : más tarde 
figuró como jurisdicción de Londres, refun- 
dida hoy en la de San Fernando de Cata- 
marca -. 

En la lámina VIII, figura a y h, tenemos 
el anverso y el costado de este jirecioso 
vaso : el reverso repite el esquema de la 
ornamentación. 

La forma es casi esférica y el gollete muy bajo iraes no pasa de seis 
centímetros, siendo 38 el alto total del vaso. El fondo es de color café 
claro y los dibujos de nn negro no tan puro : la factura y el pulimento 

' Hallada en la Ciénaga río arriba de la puerta de Belén . 

' La líltima refundación de Londres tuvo lugar el año 1633 en el valle de Pomáu 
linas 18 leguas al sur de Andalgalá, por donde se entra para traslomar la cordillera 
de Anibato y pasar á Catamarca. Concluida la guerra de Calchaquí esta plaza fuerte 
no tenía ya objeto, y se j)uede decir que había muerto por inanición antes del auto 
de dejación, cuando los lares j penates inuio con el estandarte real, los libros capi- 
tulares y el Cabildo se trasladaron al valle de Catamarca en 1683. 

REY. MUSEO LA PLATA. — T. II. (XI, 17, 1908.) 22 




Detalle el lám. VII, B 



— 338 — 

son casi perfectos. En cada frente (anverso y reverso) el dibnjo se divide 
en dos secciones simétricas y parecidas, separadas por dos espacios del 
fondo encerrados por líneas negras. Cada sección forma nna especie de 
cuadro que encierra el dibujo; es decir, son cuatro secciones en que se 
repite la misma ornamentación : bastará con describir una de ellas, des- 
de que todas son iguales. 

Del mismo medio de la línea ^ que divide con la garganta y ángulo 
superior del triángulo izquierdo arranca una espiral de una sola vuelta, 
y de ella se desprenden cinco chorreras ó lágrimas, que caen hasta el 
ángulo inferior del mismo triángulo de donde nace otra espiral de una 
vuelta también, en este caso con seis chorreras que siguen hasta dar 
con uno de esos ovoides negros tan conocidos, en este caso, encerrado 
dentro de dos líneas del mismo color, con intención de ser concéntricas, 
pero que no lo son. 

Á uno y otro lado de las esj)irales con lágrimas, en la parte superior, 
se extienden dos triángulos, y en continuación de éstos hacia abajo dos 
líneas negras que terminan en la figura ovalada, y así encierran la franja 
medial. 

Pasando ala izquierda de esta franja central está primero uno de los 
dos triángulos ya citados, del que nacen las dos espirales ó vértices, se- 
parado aquél de la línea negra del cuello i^or una lista del fondo, que 
también se interpone entre la otra línea negra que diagonalmente cae 
del ángulo superior del cuadro negro en dirección á la segunda espiral 
de la franja, desde donde baja con una larga y artística lazada, casi 
hasta el fondo del dibujo, en forma de onda de todo el ancho de la sec- 
ción y vuelve á subir hacia la precitada espiral, y de allí como álos dos 
centímetros se desprende otra espiral que bajando de la derecha es de 
tres vueltas; de ella caen trece chorreras que llenan todo el vacío, y son 
de muy buena vista en el esquema de la ornamentación. 

Los espacios que quedan, á la izquierda arriba y abajo en toda la base 
se enteran, en la parte superior con un triángulo negro escotado, y su 
continuación se comunica abajo con otra figura cuadrilonga, pero con 
escotadura ajustada á la vuelta de la onda, completando así el dibujo 
por este lado. 

Por la parte de la derecha tenemos el mismo diseño, sólo que la es^n- 
ral arranca de la derecha como la anterior, pero se desarrolla subiendo 
para dar sus tres vueltas. Las lágrimas que caen son quince. 

Las lágrimas de las espirales mayores son: 1° 13 y 15; 2° 14 y 15; 
3» 12 y 15 ; 4° 11 y 11 y medio -. 

^ En la lámina está mal. 

* No parece que haya habido misterio alguno en el número de rayas ó lágrimas^ 
ni en su forma ó dirección. 



— 339 — 

Las menores son (arriba y abajo rosi^eetivaineute) : 1° 5 y G; 2" 7 y O ; 
;i" 4 y o; 4" 4 y 5. 

El gollete también se divide fácilmente en cuatro secciones que co- 
rresponden á la distribución de la parte ventral del vaso. Cuatro franjas 
negras, que responden á los espacios del fondo, separan cuatro pares de 
triángulos negros, contrai)uestos, de suerte que los claros de color café 
forman una figura de Z. El borde de la parte inferointerior demuestra 
que este gollete se ba formado independientemente y que después se ha 
adaptado á la boca del cuerpo de la olla, no habiendo creído necesario 
producir el alisamiento exterior en la parte de adentro, lo que se ha 
practicado en la olla 6_, de la lámina VII : así se explica que la tarea del 
alfarero quedó incompleta cuando la otra olla (lám. VII, ñg. a) pasó á 
manos del pintor ó pintora; porque las olleras ó alfareras por lo general 
eran y son del sexo femenino. 

Las asas ú orejas en este caso, como en los anteriores, son muy infe- 
riores y una de ellas falta. 

En resumen : es éste uno de los vasos calchaquinos de más relevan- 
tes méritos de todos cuantos figuran en las diferentes colecciones, tanto 
por su factura y el tipo original de su ornamentación, cuanto por su 
casi perfecto estado de conservación. 

Hay otro hecho curioso que se relaciona con este objeto : en el mis- 
mo viaje, y en Londres, pero con procedencia de la región de la Puerta, 
es decir Yacutula ^, se dio con otra pequeña olla (lám. VIII, fig. a) cu- 
yas pinturas son del mismo tipo de las que acabamos de describir, no 
sólo en el cuerpo de la olla, sino también en su gollete. Allí están los 
espirales con lágrimas, los complementos negros para llenar los vacíos, 
y el óvalo terminal de la franja central, con líneas cortadas en la forma 
que se advierte en la figura b, de la lámina VIL 

Á la derecha de la franja central hay una variante curiosa que no 
responde á los detalles de la lámina VIII. Esta figura y la espiral de 
más abajo pueden verse en la lámina IX, figura a. Debe haber habido 
una gran serie de tinajas de este tipo. La que aquí se describe sirvió du- 
rante muchos años para contener arrope con cascos - y á pesar de lar- 
gos hervores no se ha logrado extirpar los últimos rastros de almíbar. 
Por suerte la ha conservado de los efectos del salitre ^ 

' Un valle bastante ameno que se interna hacia el oeste del río de Belén en el punto 
de la Puerta. El nombre significa « Agua» (Yaetí) « chica » (utula) : así suele decirse 
utulita por chiquitito. 

^ Fruta cortada en tajadas pasadas en el mismo arrope y conservada para servir 
de postre. 

^ La figura J), de la lámina IX, representa uno de esos curiosos vasos tricoloros 
(rojo, ante y negro), frecuentes en esos valles, pero que se sospecha sean oriundos 
de Calingasta. 



— 340 — 

Á la inisnia familia y tipo de vasos pertenece el que se rei^roduce en 
la figura 14, procedente de Belén, aunque no sería extraño que selin- 
biese conducido del río ese de las Granadillas ó Estancia, que desagua 
en el de la Puerta; porque es una región abundantísima en objetos ar- 
queológicos hasta de cobre ^. 

El gollete es el usual descripto ya en la lámina VIII, pero el cuerpo 
del vaso en los dos frentes anverso y reverso ostenta una cara dentro 
de un óvalo en cada uno, que consta de frente, cejas, nariz, boca con 
lengua y ojos oblicuos con iiupila, algo levantados hacía afuera, de los 
que caen cinco lágrimas del izquierdo y seis del derecho. Las orejas son 
dos como aletas, que se parecen al cogote del ave en la lámina YII, fi- 




Fig. 14. — Belén ó su río 

g:ura hy hasta en las rayas paralelas con que se adornan; al terminar en 
su parte inferior forman una espiral incipiente. 

De los complementos negros del óvalo en su base arrancan dos líneas 
negras, una de cada lado que terminan en espiral de 2 y 3 vueltas hacia 
adentro en cada caso. 

En el reverso falta la raya accidentada que en el anverso forma la 
nariz, y las lágrimas son cuatro á la izquierda y cinco á la derecha. Fac- 
tura, pulimento y color del fondo, los de siempre en esta serie de alfa- 
rerías. 

En esta pequeña olla con su rostro antropoide tenemos la base del 
simbolismo más ampliamente tratado en la figura «^ de la lámina YII. 



' De este metal y do esta región se obtuvieron tres bellos objetos de cobre que fi- 
guran en el Museo de Kensington en Londres : son iina rodela, un cetro y un hacha. 



Kev. Museo de La Plata, t. xv (ser. ii. t. ii) 



Plancha V 





Santa María, Valle «le Cakliiiipü (^,'7 tain. nat.) 



— 841 — 



Pasemos aluu'a ¡i la olla lijiura 1.") y liallaicmos otro ti])o de dibujo, en 
este caso draconiano con cara aiitroi)oiiiorfa, y conibinacbi con el cuerpo 
reptilifornie tal y couk) vemos las cabezas de los dragones en las lámi- 
nas y y VI. Es un precioso vaso, siiiH'trico, de factura finísinni, bien 
pulido y su fondo más claro que los anteriores ya descriptos, y el esqne- 
ma del dibujo novedoso 
en esa región aunque muy 
común en las altiplanicies 
de Andalgalá, etc., al sur 
del Atajo. 

Un monstruo de cuatro 
patas, de las que dos se 
ven, carga sobre el hombro 
una cabeza con frente, ce- 
jas, narices, boca con seis 
dientes, ojos diagonales 
con puijilas, dos espirales 
en lugar de bigotes, y ore- 
jas con orejeras en íbrma ^,_,, ^ , j,^,,.^, , ^,,. |,^,,,.__ 
de orlas con piquillos. El 

círculo irregular que encierra la cara consta de una línea negra (entre 
dos rojas desde la parte de la frente), nariz, espirales y orla de piquillos. 
El cuerpo, patas y cola son negros con redondeles abiertos para x)intar 





Fig. IG. 



Asíuada. LdikUvs. Ciitíiiiiaroa 



círculos cuadriculados alternativamente negros y rojos. La mano es de 
cuatro, el pie de tres espirales á ganchos en lugar de dedos. La disposición 
délos redondeles es ingeniosa en cuanto al color; porque al empezar por 
cuadriculado negro en la mano ha separado el quinto del sexto, ambos 
del mismo color, por un círcTilo pequeño de color rojo : el artista se 
olvidó, ó no quiso cuadricular el último redondel en la pata ; no así en 



— 342 — 

el reverso que á su ^ez tiene tres ganchos por dedos de la mano, pero 
son cuatro los de la imta. 

El gollete es muy angosto con un adorno de líneas cruzadas diagonal- 
mente. 

El vaso es de una sola asa, la que se ve. 

Con este objeto cerramos la lista de los tipos de cerámica correspon- 
dientes á la región de Calcliaquí y sus prolongaciones Lacia el sur liasta 
el río de Arenal por un lado, y puerta de Belén por el otro '. 

Este iiltimo vaso es curioso, porque parece ser el único de los draco- 
nianos que lia salido á luz por esos lugares, con ser que deben haber 
abundado en los alrededores del fuerte de Andalgalá y de los pueblos 
de Catamarca ^. 

Es de observarse que si los detalles de esta olla (flg. 15) se comparan 
bien con otros que se dejan ver en las láminas Y y VI, los de la botija 
ó yuro ^ (fig. 14) se explican por algo que ocurre en el vaso negro de la 
Aguada (fig. IG). Así se van estableciendo los eslabones que completan 
la cadena de tipos de cerámica en la región Diaguito-Calchaquina. 



XIX 



Así como en la región de Calcliaquí la punta de Balasto es una ter- 
minación de la serranía que separa el valle de Yocavil (hoy de Santa 
María) del otro del Cajón, y por su línea los campos del Arenal y de los 
Pozuelos, éste el que conduce al valle de Hualfín, y sus continuaciones 
hasta la puerta de Belén, así la «Cuesta de Belén» es un desprendi- 
miento de la Sierra del Atajo, que separa la región anterior de los cam- 
pos del Fuerte y de Belén; campos que i)orel Este incluyen los llamados 
« Pueblos de Catamarca » % por el sur los pueblos de la Eioja ' y por el 

' Así llamado el boquete por donde entra el río de la Ciénaga al juntarse con el de 
las Granadillas ó Puerta, para largarse al campo después de pasarlas dos leguas de 
la quebrada. 

^ Todas las faldas occidentales del cordón del Ambato estaban pobladas por par- 
cialidades de indios Diaguito-Calcbaquí, á que siempre se daba el nombre de PuehJos 
de indios j como tales tenían sus privilegios en las leyes de Indias. 

' Yuru se llaman esas botijuelas de cuerpo globular y cuello largo. La voz es de 
la lengua del Cuzco y muy en iiso por aquellas localidades. 

* Véasa la nota. Son los principales de éstos, Andalgalá (que incluye á Huasanes 
y HuachascMs de la jirimera época, Huacos, Tucuniangastas, Mallis é lugamanas 
de la segunda) ; Pipauaco, Colpes, Pisapanaco, Saujil (por Saufil 6 Sauhuil) Siján, 
Pomán, etc. 

^ Como por ejemplo: Machigasta, Aymogasta, etc. 



— 343 — 

costo la siorra quo divido con la onoiica dol vio <lo Tinogasta ó de 
Abaucán. 

En ol lio de Belén, después de pasar i)(>i las horcas do la Puerta y 
una estrecha quebrada de algo más que una legua,, riega el valle de Be- 
lén y se larga campo abajo, en dirección al sureste, inundando la región 
de Tucumanao ^, con intención de desaguar en las Salinas, que se ex- 
tienden desde Pilciao casi hasta Mazan '. 

Hidrográficamente hablando desde el campo de los Pozuelos, donde 
cae á los nacimientos de la cuenca del río Hualfín, antes de Malfín ^, 
todo debería corresponder á la sección arqueológica de Belén; pero se 
ha creído más conveniente en este estudio incluir lo que se halla al norte 
de la Puerta en la región de Calchaquí, dejando lo de la Puerta jiara 
abajo para descripto con Andalgalá y los pueblos de Catamarca, que 
asentados sobre las faldas occidentales de la sierra de Ambato consti- 
tuyen el departamento de Pomán, último asiento éste de la tantas veces 
dejada y refundada ciudad de Londres ". 

Como se dijo ya, el Titaquín ^ ó cacique principal Juan de Calchaquí 
dominaba en todos esos valles y altiplanicies desde las fronteras de los 
Chichas por el norte hasta Chumbicha y pueblos de la Rioja por el sur, 
y esta autoridad la ejercía con sujeción á los reyes Incas del Perú ". Ko 
es de extrañar pues, que en toda esta vasta región se hallen muchas 
piezas de alfarería comunes en su tipo á toda esta provincia Diaguito- 
Calchaquí ; y también que distribuidas aquí y allí se nos presenten otras 
de tipo y factura peruana, introducidas sin duda por el tráfico y otras 
causas. ísTo es empero con lo general que nos hemos de ocupar sino con 
los vasos cuyo tipo es propio y especial de cada una de las secciones á 
que se hace referencia, á saber : Santa María, Belén, Andalgalá, Los 
Pueblos, etc. 

Ya se hizo notar cuál es el tipo especialísimo y propio de los valles Cal- 
chaquí, representado por los ejemplos reproducidos en las láminas I á IV, 

' Lugar en el centro de los cfimpos del Fuerte que se sospecha sea el de Tucuma- 
nao nombrado por Herrera al hablar de la entrada de Diego de Rojas. 

^ Uno de los pueblos de la Rioja, por donde pasa hoy el ferrocarrril á Andalgalá 
y Tinogasta. 

' Lugar en los nacimientos del río que más abajo, reunido con otros desagües, 
forma el río de Belén. 

^ Entre los años 1627 y 1632 la ciudad de Londres (refundada por Alonso de Ri- 
vera en 1607 cerca de donde hoy se halla la villa del mismo nombre) fué abando- 
nada por Jerónimo Luis de Cabrera, el nieto. 

^ Titaquín. Una de las pocas palabras de origen Cacan ó Calchaquí que se conocen 
con traducción dada por el que la cita. (Lozano, Hist. de la conq. del Tiic, T. .5, 
Ver Lafone Quevedo, Tesoro de catamarqueñinos, in voce). 

° Herrera, Dec. VII, lib. IV, cap. 2, ad -fin. 



344 



y ahom nos toca establecer el que puede invocarse como representativo 
(le Belén ^ y sus alrededores ó sea del valle de Londres en toda su ex- 
tensión desde la corrida del Anibato hasta el deslinde con Chile en la 
cordillera. 

En primer lugar lo que está más en evidencia es el hecho que las ur- 
nas ceremoniales de tipo Santa María no se hallan en la región de Belén, 
no obstante que los nombres de lugar denuncian un origen étnico corre- 
lacionado : el nombre antiguo é indio de Belén era Fama-y-fil (por Vama- 
y-vil - ), y cerca de la ]umta de Balasto tenemos Fama-balasto, cerca de 
Tafí, An-Fama, cerca de Tucumán, Famayá, y en la Eioja Famatina, 
que antiguamente decíase Famatina-aguayo ^. 

nuevamente debe hacerse referencia al excelente trabajo del señor 

F. F. Outes en los Anales de nues- 
tro Museo, segunda serie, página 
32, lámina lY, en que se reproduce 
una serie de urnas típicas adquiri- 
das en la villa de Belén, cuyos 
detalles y procedencias se hallan 
estami)adas en mis carteras de 
viaje : seis son los ejemplares que 
allí se reproducen pero aquí sólo se 
estudiarán los números 1, 2, 3 y 4. 
Todas estas tinajas ó urnas son 
tripartitas, y constan de gollete 
cuerpo y fondo ; por lo general son 
tan boconas que la circunferencia 
del labio excede á la mayor que 
pueda medirse en otra parte. La 
factura y i)uli mentó no se pueden 
comparar con los de las ollas ya 
descriptas (lám. Vil). El color del viso es ocre rojo sobre el de la misma 
urna, que como bien quemada lo tiene muy encendido; sobre este viso se 
han pintado los emblemas del simbolismo en color negro : en las caras 
antro])oides parece como si se hubiese hecho uso del color blanco. 
En la lámina citada el tamaño del vaso mide un cuarto del natural, 




Fie 



Belén 



' Fama-y-fil, nombre primitivo de Belén por Fama-y-vil : rrtííirt ó Fama es una raíz 
muy conocida en la nomenclatura local. 

* Véase la nota anterior : compárense los nombres de lugar Famabalasto, cerca de 
la punta de Balasto ; Anfama, camino de Tucumán á Tafí, por la de Yerba Buena y 
San Javier ; Famayá, campo de la famosa batalla entre Oribe y Lavallc en Tucu- 
mán; Famatina, el famoso cerro de la Rioja, etc. 

' Así como era Aconcagua, sería Famatina-agua. Yo ó yoc es un sufijo como el pre- 
fijo nuestro « con ». 



— 84 5 — 




])ero liay que ailveitir que íalta la base del ioudo eii el ejeuiplar que se 
describe (íi<i-. 17). 

El iiollete de esta urna lleva el dibujo usual de una «iuarda serpentea- 
da <iue se adorna con un cuadriculado más ó menos 
diagonal : en los otras vasos del mismo se observa mayor 
regularidad, i)ero en éste parece que el capricho es la 
norma. 

Una raya negra separa la parte de arriba de lo ñgurado 
en lo de abajo, y aquí el esquema del dibujo es curiosísimo, 
á saber una cara antropomorfa entre dos medios lagartos, 
que pierden el cuerpo al encontrarse con la raya negra 
que encierra el conjunto á uno y otro lado : la misma 
combinación se trata del mifcimo modo en el reverso. 

La cara ocupa un quinto de todo el frente del vaso : las -p¡^ ^g 

cejas y nariz se forman por un borde en relieve, y así 
también se modelan ojos, que son oblicuos y levantados hacia afuera, y 
de cada uno de ellos se desprenden 
tres chorreras ó lágrimas que llegan 
hasta la línea negra del fondo, ence- 
rrando á su paso las ventanas de la 
nariz y la boca : los bordes de las cejas 
prolongados en la región de las orejas 
tienen tres escotaduras como de un 
centímetro cada una. 

De la raya negra á la derecha que 
divide con el asa y la separa, nace 
una cabeza de reptil, lagarto ó sapo, 
formada por dos triángulos separados 
I)or tres redondeles ; los ojos se repre- 
sentan por unas caladuras que dejan 
traslucir el rojo del fondo ó viso; 
de los ángulos del marco negro en 
esta parte arrancan dos brazos con 
manos de tres dedos que pasan i»or 
fuera y por encima de la cabeza y 
se dirigen hacia la cara humana del 
centro. 

Á la izquierda se repite esta mis- 
ma combinación, sólo que faltan los 
redondeles entre los triángulos de la cabeza. 

En el fondo de la raya negra que lo separa del cuerpo se dejan caer 
dos chorreras onduladas, que llegan hasta la base. 

Del lado derecho, en la parte ventral, abajo está el asa, y arriba una 




Fig. 19. 



— 346 — 

figura como cartera con botón; del asa se desprenden chorreras liacia el 
fondo que falta. 

La variante de la izquierda es como la figura 18, con sus chorreras co- 
rrespondientes. 

En la colección Quiroga había una espléndida urna, cuyo esquema de 
ornamentación se conserva dibujado en mis carteras de viaje ^. (Véase 
la figura 19). El original i)rocedía de Andahuala -, un valle que desagua 
en el de Santa María cerca de San José. 

En el gollete á más de los detalles antropomorfos infjiltables, figiTran 
dos guerreros armados cap á pié, que ocupan las mejillas una de cada 
lado ; por el momento nada tenemos que hacer con estos portadores de 
paveses, sino sólo con el par de reptiles antropocéfalos que se ostentan 
en los dos escudetes de la parte ventral, uno á cada lado de la franja del 
centro. 

De los losanges en su ángulo superior nacen una cabeza humana y dos 
brazos, que por cierto no lo son. Á todas luces tenemos aquí una va- 
riante del detalle de la olla (fig. 17), la mitra episcopal, cuya parte infe- 
rior se vuelve un rostro de hombre, y los dos brazos terminados en ma- 
nos de tres dedos, que en el presente caso se con^ierten en cabezas 
reptílicas ^. 



XY 



En ese rico repertorio de arqueología Diaguito-Calchaquí, La Cruz 
en America, del inolvidable doctor Adán Quiroga, encontramos muchos 
ejemplos de estos símbolos cefalomorfos, ó sean triángulos animados ; 
por ejemplo en la página 140, figura 52, está una representación de 
urna ceremonial, tipo de Santa María y procedente de San José ""^ en 
que se hace derroche de este emblema de los triángulos con ojos (véa- 

' Muchas de las piezas de esta preciosa colección fueron enviadas de regalo al 
rej de Italia para uno de sus museos. 

^ Pequeño valle con su arroyo que bajando del lado occidental del cordón de 
Aconquija desagua en el río de Santa María cerca de San José. Es un gran centro 
de antigüedades. 

' Parece como sí la imaginación de estos artistas alfareros hubiese sido de una 
fertilidad inacabable : nunca les falta motivo variado para llenar los espacios de sus 
artefactos, pero siempre con sujeción á una idea simbólica que en la buena apoca 
los contenía dentro de lo lícito. 

^ Este pueblo, situado entre Santa María al norte y la punta de Balasto al sur, 
está en el mismo riñon de la zona arqueológica del valle Calchaquí. En Santa María 
los padres jesuítas tuvieron uno de esos establecimientos del mismo valle. El otro 
se hallaba en San Carlos, provincia de Salta. 



— 347 — 

w<io la flg'. 20). y para que no se dude la interrelación que debic) existir 
entre el simbolismo de esta tinaja ylas íiguras aiitiopozoomorfas de la 




Fig. 20. — Sau José 



Fig. 21 



Fig. 22 — San José (Exp. Ambrosetti) 

anterior citada (fig. 17 y 19) allí están también los brazos con manos de 3 





Fig. 23. — Santa María (Col. Dr. ilax Sclimidt) 



Fig. 24 — Pucarilla, Salta 



Ó 4 dedos, y otros con las cabezas de mitra con ojos : una es de San José 
(fig. 20), la otra de Andabuala (flg'. 19), lugares vecinos, de suerte que 
el mismo artista debió ser responsable de las combinaciones en el dibujo. 



— 348 — 

En la página 141 y ligara 53 se nos presenta otra combinación de los 
tales triángulos y esta vez ya en forma de hombre hecho y derecho 
(ftg. 21). Las ligaras 00 y 91 de la página 225 utilizan estos triángulos 
para cabezas de ofidios y de sapos : la 90 es de Santa María, la 91 de 
San José, por consiguiente de la misma región (ver üg. 22 y 23). 




Siiii Carliis. Salta 



Fi}¡-. 20. 



Cafayate, Salta 



í5"o es posible cerrar esta lista de comparaciones^ sin referencia á his 
figuras 92 y 93 (San Carlos, Salta) y 94 (Cafayate, también Salta) qae 

se reprodacen en las figuras 24, 25 
y 26, (páginas 230 y 231 respecti- 
vamente). La combinación alterna- 
da de sapos y suris (avestruces) 
con craz en el primer ejemplo, y 
de sai)OS con craz y de triángulos 
con grecas en el segundo, es muy 
Ir/flOP^^^ffl I JmO00Q>/jl^fl significativa. Agregúese á todos 

Xv^SMV W^wnKSfy^ figura 97, y tendremos ya escalo- 

nados los mismos símbolos desde 
San Carlos ^ al norte hasta Belén 
(Catamarca) al sur (fig. 27). 

Volvamos á la plancha IV y 
uúmero 1, tomo 1 de los Anales ya citada: cántaro muy hermoso de la 
coleccicni Lafone Quevedo, con 32 centímetros de alto por 3S de diámetro 




Fis 



Toloiulióii ((.'ol. Inst. Geog. Arg.) 



' Véase la uota autorior. Eutre San Carlos y Cafayate debió estar situada la pri- 
mitiva ciudad de Córdoba de Calchaquí : la fuudó Juau Pérez de Zurita, más ó me- 
nos en 1558, y fué destruida por .Juan de Calchaquí y sus aliados indios en tiempo 
de Castañeda, 1552 (Lozano, Hist. de la Conq. de Taoumdn, t. IV, piíg. 200). 



Rev. Museo he La Plata, t. xv (seu. ii, t. n) 



Tl^vucua VI 





Sauta María {^j- tam. nat.) 



— 849 — 

011 la boca. En la lamina de litouralía solo (ij^ura el amcrso, iniciitra.s 
que en el reverso el diltiijo es otro en la ^narda snpeiior de la i)arte 
ventral (véase fiíiiiras ;> y -í). 




FÍ!í. 28. — Bi'U-n 



El vaso este, como todos los del mismo tipo, consta de gollete, parte 
ventral y fondo; color del ocre rojo sobre el cnal va pintado el dibnjo 




rig. 29. - liflén 



de la ornamentación; la factura bastante buena, pero sin ser igual á la 
de los vasos figura a y b, lámina VII y VIII y otro tanto puede asegu- 
rarse del pulimento. 



— 350 



El gollete exteriormeute lleva un dibujo jaquelado de 3 y de 4, que sube 
y baja á escuadra y da la vuelta completa. Por dentro se ve otra lista 
que en cuatro lazadas de mucho vuelo llena todo el espacio (ñg. 28 y 29). 

En el cuerpo, ó parte ventral tenemos 
dos guardas la de arriba el doble más 
ancha que la de abajo : una y otra se 
encierran dentro de dos rayas negras. 

En el frente de la más ancha, y á 
la izquierda, se deja caer un triángulo 
rectángulo, cuya hipotenusa forma la 
diagonal, y cuya base ocupa la tercera 
parte, más ó menos, del esquema ; del 
ángulo recto se extiende hacia la misma 
mano la raya que lo comunica con el 
empiezo de otro ángulo de la misma 
especie, pero interrumpido al fin por la figura convencional que parece 
sube i)or el costado del vaso á satisfacer la sed. Paralelos á las 




Fig. 30 




Fifi. 31. — Belén 



diagonales éstas, y de la raya de abajo se levantan otros dos triángulos 
rectángulos; y estos dos pares de triángulos dejan un espacio cuadri- 
longo como de un sexto de la semicircunferencia, en que se acomoda 
un greca doble entrelazada que nace de los vértices contrapuestos 
de los dos triángulos. Hacia la derecha se sigue la misma disposición 
y se interrumpe el dibujo también con otra figurita como la anterior. 



— 351 — 

Eu la guarda iiilevior, como es más angosta, las grecas alcanzan li 
tres; pero la disposición es la misma, si bien las vueltas de las grecas y 
su complicaciones son menos en número. Eu la línea de esta guarda es- 
tán las orejas del vaso y son horizontales, como en casi todos los casos. 

En el reverso la franja ancha de arriba consta de este dibujo (fig. 30, a), 
repetido cuatro y media veces, empezándose de la izquierda. En los cua- 
dros y triángidos donde se cruzan las rayas son éstos de negro sólido. 

Del cuerpo á la base del fondo parten en el anverso tres chorreras 
onduladas, en el reverso cuatro, y de las asas unas dos, pero éstas se 
hallan medio borradas. Estas chorreras son infaltables en los vasos de 




BeU'U 



este tipo, y su presencia universal, ó casi, obliga á creer que signifiquen 
que se trata de un cántaro para contener agua ó para pedirla. 

Otro cántaro muy interesante de la misma colección es el que se re- 
produce en la figura 31 y 32, procedente como el anterior de Belén : en 
factura, forma, tamaño y colores (rojo y negro) se parece al que se acaba 
de describir, y aun sus detalles forman parte del mismo simbolismo, di- 
ferentemente dispuestos sí, pero que conservan siempre la idea funda- 
mental. Las franjas en este caso se han pintado de arriba abajo en vez 
de derecha á izquierda, dejando así sin adorno alguno los dos frentes, 
anverso y reverso, de suerte que los costados con asa y figura zoomorfa 
usual sirven de frente al esquema ornamental. 

En este ejemplo los triángulos se convierten en escaleras contrapues- 
tas, que terminan en grecas arriba y abajo sin complicación de enlace. 
De estas guardas ó franjas perpendiculares las tres son idénticas, pero 



— 352 — 

no así la cuarta, que es singularísima y de muy buen efecto. Es más an- 
cba que las otras, casi el doble, partida en dos mitades iguales horizon- 
talmente, y cada mitad dividida en cinco partes iguales por rayas verti- 
cales : empezando por la dereclia á media raya nace un triángulo que se 
forma hacia arriba y acaba en gancho y un contra triángulo que repro- 
duce todo lo anterior, pero hacia abajo : este adorno se repite cinco ve- 
ces para llenar los cinco espacios nombrados con toda simetría : en la 
mitad de abajo se repite todo esto sin variar ningún detalle. 

Las asas llevan sus rayas negras horizontales, una 3 y la otra 2, y pe- 
queñas rayas también negras separan las asas de los bultitoszoomorfos. 

El adorno del gollete es jaquelado de 2 y 3 órdenes, y del fondo en cada 
frente se pintan cuatro pares de chorreras onduladas, de un lado empie- 
zan en el medio del asa, del otro en uno y otro extremo de la misma. 

El labio interior del gollete lleva un adorno que reproduce las franjas 
del vaso anterior de triángulos y grecas entrelazadas (fig. 33) : las hipo- 
tenusas de aquéllos son unas rectas y otras escalonadas. Abajo de esta 
orla liay dos órdenes de pares de chorreras onduladas, que siempre se 




presentan como si fuesen famoso símbolo egipcio que dice agua, es decir, 
el piquillo corrido /'\/\/\ cuyo valor fonético es 7iu ^ (fig. 30, h). 

En las colecciones del Museo y de Lafone Quevedo " hay una serie 
importante de vasos de este tipo, y otros de nomenor valor conservados 
en las carteras del mismo coleccionista, eslabones éstos que como pro- 
cedentes de Londres ^, Tinogasta * y Copacabana ^ establecen una ca- 
dena de Belén al oeste. 

Desde Aniyaco, al norte de Tinogasta hasta el río Colorado, al sur de 

' Como analogía casual séame lícito hacer notar que en Egipcio también este signo 
y^\y^\/^\ simboliza el agua y suena nu. En lengua de Cuzco, umi dice « agua ». 

' Depositada desde hace varios años en este Museo. 

' Véase página 303, nota 1. 

^ Antiguo valle ó río de Abaucán, último de alguna importancia por esa parte an- 
tes de llegar al cordón principal de los Andes. 

^ Tinogasta se halla hacia el norte y Copacabana hacia el sur : este último lugar 
llamábase antes Pituil, y so cambió el nombre por este otro de Copacabana, por ser 
la virgen famosa de la Candelaria devoción de iin Carrizo Frites, dueño que fué de 
un gran fundo en aquel lugar, de que formaban parte las haciendas hoy llamadas 
Casa Blanca, Yucucn, etc. 



353 — 



Copncabana, podemos establecer jalones de este tipo de alfarerías, y en 
todos los vasos estos, reaparecen las chorreras que parten de la raya 
ne^ra divisora entre la parte ventral y la del fondo. Los detalles se mo- 
ditican al.ü'o, pero el con- 
vencionalismo es el mismo, 
y sobre todo la intención 
que se trasluce. 

Un ejemplar muy curio- 
so nos queda que tomar 
en cuenta, perteneciente 
al valle de Andaliuala, al 
este de San José, y región 
de Santa María. El pro- 
blema á resolver sería si es 
oriundo de allí, ó impor- 
tado, como tantas veces 
vsucede con las botijas ápo- 
das del Perú, á que se 
refiere el profesor Outes 
en su trabajo sobre alfa- 
rerías tantas veces citado 
(figura z) ^. El cántaro es 

parecido en todo á los ya descriptos, como se desprende de la figura .'U; 
desde que es de dos franjas en el cuerpo, corresponde compararlo espe- 




Fisr. 34. — Aiulalmala 




Fifí. 35, a y b. — Londres 



cialmentc con el que se reproduce en la figura 35, a y h En la guarda de 
abajo liay diferencia, porque, consta de una serie de chevrones de lado, 
con los vértices que miran hacia la izquierda : estos chevrones están 
formados por rayas dobles paralelas negras separadas por el rojo del 



Por ser tan feliz la identificación se reproduce al final como figura 2. 

EEV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (XI, 19, 1908.) 



— 354 — 

fondo salpicado con redondeles del negro. Este detalle aparece también 
en un cántaro del mismo tipo procedente de Londres ^ (fig. 35, a y h)^ 
pero en él las franjas se disponen de arriba abajo, en la región de las 
asas ú orejas, como en la figura 5. 

En la guarda de arriba los triángulos con grecas entrelazadas se se- 
paran por unas bandas siniestras negras; y la guarda es continua de 
vuelta entera. No faltan ni el pegote zoomorfo que sube del asa, ni las 
chorreras que bajan de la raya inferior divisoria. En el interior del 
gollete se reproduce el esquema de la franja suj)erior. 



XVI 



Nos queda que buscar en Andalgalá algo que pueda eslabonarse con 
la hermosa serie de cántaros á que aplicamos el nombre de tipo de Be- 
lén, por hallarse en esa cuenca 
los ejemplares mejores, y por 
haberse descubierto primero 
allí. 

En las colecciones Lafone 
Quevedo " y del Museo se 
halla una serie bastante com- 
pleta de estos cántaros, infe- 
riores en todo sentido á los 
ya citados ó descriptos, pero 
que á todas luces correspon- 
den al mismo tipo : forma 
tripartita, misma disposición 
del esquema de ornamenta- 
ción; es decir, guarda jaque- 
lada que sube y baja en el 
gollete; adorno ofidimorfo en 
la parte ventral, con el pegote 
zoomorfo que sube de las asas al labio del cántaro; chorreras más ó 
menos numerosas que bajan de la base del cuerjío al fondo; adornos 
varios en el interior del gollete. El color de los vasos es el propio 




Fig. :íU. — Iluasáii, Auilalgalit 



' Véase la página 303, nota 1. 

' La serie es larga y de vasos bastante completos, reunidos en Andalgalá, Belén, 
Londres, Tinogasta, Capacabana, río Colorado, etc., etc. Más tarde esperamos poder- 
hacer un estudio general tanto de estos vasos como de todos los demás aquí des- 
criptos ó á que se lia hecho referencia. 



— 355 — 

del banio t-ocido, poro sin el baño de oere rojo como en los otros de 
Belén, etc. 

Una de ellas es la qne se representa en la figura 36. 

Una fisura ofidiinorfa se repite cuatro veces, dos en cada cara, y de 
tal modo que la cabeza que se levanta en el medio hace frente en cada 
una de ellas, con el cuerpo y la cola propios enroscados en greca hacia 
la izquierda, haciéndole pareja á la derecha la cola y cuerpo del serpen- 
tón vecino, cuya cabeza se yergue en la región del asa y pegote zooniortb. 

Los serpentones son, á más no poder, convencionales, pero esta vez 
importantes, porque constando su ornamentación de órdenes de jaqueles 
(en este caso de 3), se explica que el serpenteo cuacbiculado á jaqueles 
de los golletes no resulta ser más que otra forma del convencionalismo 
ofidimorfo. 

La cabeza también es de un interés singular, porque asume la forma 
de la mitra episcopal, dos triángulos negros obtnsangulos arrimados por 
sus bases, que dejan lugar hacia las puntas para unos cuatro redondeles 
negros, y calados los triángulos para ojos con pujiilas . los ángulos infe- 
riores se pierden en el cuerpo de los monstruos. Al empezar el fondo, y 
abajo de la cabeza se desprenden cuatro chorreras rectas, que en la re- 
gión de las asas se cambian por dos onduladas entre dos rectas. 

En el interior del gollete también se han [pintado cuatro series de 
cuatro chorreras rectas, sin guardar simetría con lo de fuera. 

Esta serie de Andalgalá consta de varios cántaros, todos del mismo 
tipo, y en todos el mismo convencionalismo ofídico en la parte ventral 
del vaso, y lo propio en los demás detalles; pero todos muy inferiores 
en la factura, materiales y habilidad artística; pero se ve que todos 
ellos responden á una sola idea, á una sola forma típica y aun simbolismo 
perfectamente conocido para vasos de esta y otras formas, á que no es 
imprudente asignar un significado acuático — lirojiios todos de esa 
Numen ííeptú-nico Co-Ati : Poderoso (Ati) del Agua (Co) \ 

ISo es necesario extendernos aquí más acerca de estos cántaros ó ur- 
nas, sin duda alguna ceremoniales; jiorque ninguno de ellos tiene uso, 
no siendo ese más moderno del afortunado poseedor, que ve en estos 
hallazgos « su suerte », como ellos dicen, y pretenden que por alguna 
virtud sobrenatural pueden conservar la frescura del fagua que en las 
tales ollas se meta, como no lo harían otras de más moderna fabricación. 
Debido á estas «abusiones» cuesta á veces conseguir que los dueños 



' La raiz co como propia de la idea del agua es muy general en la América del 
Sur ; así pues la conocemos como tal en la lengua de los araucanos. En la del Cuzco 
(Kechua ó Quichua) reaparece en Cocha — mar, lago, Cha — que hace; Co-agua); 
en Occo-mojar ; y en una larga serie de voces de la región central, medio veladas 
por la degeneración de los sonidos. 



— 356 — 

quieran desliacerse de prendas rodeadas de tan misteriosa potencia \ y 
así quedan en las casas ó ranchos liasta que en algún descuido les toca 
la suerte de todo tiesto de barro, y entonces su destino es el basurero. 
Antes de concluir este capítulo se debe bacer mención de dos tazas 
negras ó pucos de este color, bailadas en el lugar ó valle de la Aguada, 
cerca de Londres, departamento de Belén, y camino de Tinogasta por 
la cuesta de Zapata. Ambas están en perfecto estado de conservación, y 
por su factura y tipo de ornamentación pertenecen al grupo de cerámica 
negra á que ya se ba beclio referencia en los anteriores capítulos. Las 
dos piezas forman parte de la colección Lafone ", especial ^en alfarería 
negra de la región Diaguito-Calcbaquí (ver flg. 37 y 14). 




ÜL'k'n ó su ií( 



El esquema del dibujo consta de cuatro repeticiones del mismo asun- 
to, que tan puede ser una representación antropomorfa, como simple- 
mente zoomorfa, donde todo es en extremo convencional. 

Las orejas disformes podrían ser de ratón ó de murciélago ^ Las cbo- 



1 Eecuerdo que en Tiuogasta el año 1886, al proponer yo compra de algunos de 
los vasos que dibujaba en mis carteras, contestóme la dueña de ellos. ¿Cómo quiere 
usted que se los venda cuando son mi suerte ? Mucha de esta gente les da un valor 
de «mascota », y más fácil es que se los dejen quitar por una violencia entre si es 
no es simulada, y no que la enajenen voluntariamente. Las excavacioues en los 
panteones viejos van precedidas con ceremonias preliminares de desagravio. 

* Es curioso que no hayan salido más piezas negras de alguna importancia en las 
otras colecciones ; porque la verdad es que las de ésta se deben más bien á la ca- 
sualidad, y á regalos, en el caso de las dos mejores, uno de don José Santervás, y el 
otro de don Tomás Tomkinson. 

^ Más bien de éste, j)orque el murciélago se presenta muy bien modelado en al- 
gunas délas piezas de alfarería en esta regióu. 



Ki:v. >Ii-sEo DE La Pi.aia, t. xv (skk. ii, r. n) 



Plancha VII 




b, Campo de Pilciai), Audalgalá. Colccuióu Moreno ('/^ tani. uat.) 




a, Punta de Balasto, Valle de Santa María. Colección Lafone Quevedo 0|^ tam. nat.) 



357 



vreras quo so dospreiulon de lo <]U(' lince veces de boca ])()dn'iiii repre- 
sentar los dientes delanteros de roedores, si fuesen dos, pero ellos son 
tres en dos de los casos y cuatro en los otros dos. 

Las orejas se deben comparar con los adornos cefálicos de la figura 14. 

Las estrías todas se han gravado con nn estilo de cuatro puntas, y 
varían en ninuero como se realizará si se cuentan las que se advierten á 
uno y otro lado del rostro en lo figura oCt; y en las otras tres caras se 
nota la misma irregularidad en las chorreras de á cuatro. Todas ellas 
parten de una especie de cintur<3n liso que se])ara las superiores de las 
inferiores, sin que ellas se corres])ondan ni en número ni en dirección. 

Junto con esta taza se encontró una pequeña olla del mismo tipo 
(ftg. 38), cuyas estrías han sido grabadas con el mismo instrumento de 
cuatro puntas, pero en este ejemplar se notan algunos detalles muy cu- 




Fiü. 38. — Auu!i(l:i. Umúit 



riosos que deñnen con algo más de claridad la intención del artista. En 
primer lugar faltan esas orejas, ó apéndices, disformes que se notan en 
la taza, y las chorreras, sin más separación que la partitura arriba de 
la cabeza, tienen toda la apariencia de una cabellera. 

Los ojos llevan dos chorreras ó lágrimas, y de la boca caen otras tres. 

La partidura en el anverso es de dos estrías, en el reverso de tres, y 
las bocas también se diferencian; pues en el primer caso se adornan con 
tres segmentos de círculo, uno arriba y dos abajo; mientras que en el 
segundo ello se hace con un cuadriculado á rayas, como en los rostros 
de la taza. 

De las bocas éstas y sus adornos algo más se dirá á su tiemi)o. 

Estos dos vasos son curiosísimos, y sin duda de aplicación ceremonial, 
porque no tienen más uso que el que les han dado los que tuvieron la 
suerte de encontrarlos : la forma y su estado de conservación eran tenta- 
doras para hacerlos servir de recipientes para grasa. 



— 35S — 

Llama la atención que en estos dos casos tengamos objetos de alfare- 
ría negra y que su ornamentación se aparte de la normal, es decir, los 
dragones, hidras, serpentones y otros reptiles monstruosos más ó menos 
correlacionados con el agua. 

Estas chorreras siempre tienen que ser muy signiñcativas, porque en- 
contramos ciertos rastros en una y otra América, que reunidos en un 
conjuntónos permiten sacar consecuencias; pero primero habrá que 
completar el ciclo de las alfarerías draconianas, tipo de Andalgalá, y de 
las negras con hidras i^olicéfalas de la misma región. 



XVII 



Andalgalá, oasis ó jardín de los llamados « Pueblos de Catainarca » \ 
como Tucumán lo es de las provincias argentinas del norte ; es también 
el centro de dos ó tres series interesantísimas en la alfarería Diaguito- 
Calchaquina. Es en Andalgalá y su región donde se encuentran los lu- 
gares Tucumangasta - y Tucumanao ^, los cuales nombres conservan el 
que dio origen al general de la provincia cuando la conquistaron los es- 
pañoles. 

La villa de Andalgalá fundóse á mediados del siglo pasado en el sitio 
ocupado en los de más atrás por el presidio de San Pedro de Mercado 
del valle de los Andalgalas. Allí en el siglo xvi, se fundaron las ciu- 
dades del Barco en 1551, precursora de Santiago del Estero (1553), y 
más tarde, en 1558, de Cañete, precursora de San Miguel del Tucu- 
mán (1565) ''. 

El nombre se deriva de la palabra Tarcalla, aun apellido de indios en 
Santa María, y que sirve para designar un río ^ que baja del Ambato 

' Según yo creo, fué en este sitio privilegiado que se fundó la primera y tercera 
ciudad del Barco en 1550 y 1551, por Juan Núñez de Prado, y la primera de Cañete 
en 1558, ytox Juan Pérez de Zurita, dejada en 1563 por Castañeda en el desastre de 
ese año, y refundada en 1565 como San Miguel en Tucumán por Villarruel, sobrino 
de Francisco de Aguirre (Lozaxo, Conq. del Tac, t. IV, página 227. 

* TucnmaiKjasta. Esta parcialidad se había refugiado en el valle de Calchaquí en 
tiempo de esas famosas guerras, y en la expatriación general le cupo en suerte como 
encomienda al capitán Juan Cristóbal de Retamoso, quien se los llevó á Andalgalá 
y los colocó en el fundo á la cabecera de la plaza que hasta hoy conserva el nombre 
de esos indios. Allí se crió el general La Madrid. 

^ Tucumanao. (Véase la pág. 343, nota 1.) 

' La ideutiticacióu se funda en una cita muy curiosa. (Véanse las Relaciones socio- 
lógicas de Ximéuez de la Espada. Apéndices. Itinerario del licenciado Matienzo. 

" Como tantos de esa región que sólo corre en tiempo de creces. 



— 359 — 

entre Saujil y Pisapanaco '. El tema Andakfalá se descompone así : An- 
ihúfia (por farca)-la-áo (do ó áa), y su interpretación, la siguiente : do ó 
da — lugar; — tarcalla — del señor Tarca ^; An — del alto. 

Los criollos y los do(uimentos dicen y escriben Andarfjala y Andal- 
gaJa; mientras que Anda por Anta y ah/a por ((r¡/<( equivalen á aquellos 
otros cambios (conocidos de Ande por Anti é Inga por Tnca. 

La posición de la villa de Andalgalá es curiosa y extraordinariamente 
estratégica, porque hallándose en el punto donde la parte ancha de un 
embudo geográfico se enangosta para entrar en el cañón de desagüe, en 
este caso representado por la quebrada ó valle de Villavil ^, paso de Ca- 
rapunco ^ y camino á Tucumán por las Cañas, Cnchuña ^, etc., domina 
toda esta región con sus entradas y salidas ; y no sólo esto, sino que del 
Alto, donde antiguamente se fundara el presidio de San Pedro, se divisa 
todo el campo hasta el paralelo y cerro de Famatina : allí existió tam- 
bién el Pucará " del famoso cacique Chalemín, que tanto dio qne hacer 
á Jerónimo Luis de Cabrera (el nieto), en tiempo del gran levantamiento 
de Diaguitas y Calchaquís (1632), éjíoca en que se abandonó la ciudad 
de Londres por tercera vez. 

Andalgalá recién perdió su importancia después que los indios Quil- 
mes y Calíanos fueron ex^^atriados á Buenos Aires; en la séptima decena 
del siglo XVII, se despobló el valle Calchaquí j^oi completo : no habien- 
do más indios alzados, que pacificar (con el externinio y la expatriación 
á las haciendas de los amos encomenderos) en la parte Andina, las fron- 
teras de Indios se mudaron al río Salado y allí se plantearon los presi- 
dios de donde partían las malocas para hacerse de esclavos entre las 
tribus de indios del Chaco. Los papeles de familia están llenos de datos 
sobre estas expediciones, y las i)iezas que se ganaban los vecinos feu- 
datarios se incorporaban á los demás indios encomendados criollos de 
cada lugar, como se puede ver en los empadronamientos que abundan 
en los archivos, nacional y otros ^. 

' Hoy llamado San Miguel. Los nombres se han santificado, ¿y las gentes?... 
- Tarca, nombre local del Huanaco. 

' Vil del Huilla, liebre. Ignórase el valor léxico de la voz vil, pero es sufijo muy 
usual en los nombres de lugar. 

* Punco, puerta ; cara, de cuero, porque la entrada á la estancia se aseguraban 
con una puerta de bastidor forrada de cuero. 

* Llamado así sin duda porque el río es muy angosto y encajonado. 

" Voz del Cuzco que significa fortaleza. Yo la considero como jjalabra introducida 
en ese idioma de afuera. 

" Algunos de éstos se hallan extractados en el Tesoro de Catamarqueñismos de Lafone 
Quevedo, y entre otros el empadronamiento de los indios Quilmes y Galianos levanta- 
do en Buenos Aires : es éste un documento muy importante y se ven allí enumerados 
indios con apellidos idénticos á los que aun existen en la región Diaguito-Cal chaqui. 



— 360 — 

Es digno de observarse qne aun cuando los apellidos y nombres de 
lugar se parecen tanto en toda la región Calchaquí, como en todos los 
demás valles y altiplanicies de la gran provincia Diaguito-Calchaquí, 
sin embargo, fuera de los valles Calcbaquinos faltan casi por completo 
las urnas de tipo Santa María y se dice casi^ porque suelen salir á luz 
uno que otro ejemplar en tal ó cual rancbo ; pero lo probable es que lia- 
yau sido importadas en tiempos antiguos ó modernos. 

Esta gran abundancia de vasos tipos Santa María al norte del Cerro 
del Atajo, que se generalizaron antes bien en esa dirección no al sur de 
la punta de Balasto, parece indicar una diferencia ya cronológica, ya 
étnica; porque no se comprende cómo, en regiones tan inmediatas unas 
á otras, sometidas todas á la dominación de los reyes Incas, y de sus 
lugartenientes los Titaquín ^ Juan de Calcbaquí, Cbumbicba y otros, 
bayan podido producir en la urna esa enormidad de vasos de uso cere- 
monial sin bacerse extensivos á la otra. 

La importancia de Andalgalá por aquellos tiempos era indiscutible, 
como lo comprueba ese inmenso Pucará de los Mallis, que se decía del 
Inca, y que aun da nombre á toda esa gran altiplanicie que desagua en 
el río de las Cañas y otros ríos de Tucumán -. Todo ese campo y las fal- 
das que lo encierran están llenos de ijircas de los indios y de restos ar- 
queológicos, y es de por allí que se consiguen las mejores piezas de pie- 
dra tallada, morteros, ídolos, etc. 

Como si no fuese bastante la tradición para asegurar que los Incas 
del Perú eran los señores de la provincia de Tucumán, abí están los va- 
sos y fragmentos de vasos de arte peruana que se bailan por donde 
quiera en la región arqueológica. Porque los Incas eran los señores feuda- 
les del Tucunuín es que los españoles pudieron entrar y establecerse en 
esta parte. En los Cliacos y en la Pampa donde los i)eruanos no babían 
planteado sus colonias nunca pudieron prosperar las poblaciojies de los 
conquistadores. Estos siguieron la liuella de los ejércitos de los reyes 
del Cuzco, y con tanta más razón desde que éstos solían dejar excelen- 
tes caminos abiertos, bien provistos de tambos ^, yanaconas *, víveres, 
y cuanto podían necesitar los enviados del rey. Aun existen los cordo- 

' Véase Tesoro de Catamarqueñismos por Lafoue Quevedo, in voce. 

- Como ser el río de Siuguil que nace en las faldas orientales de los cerros qne 
encierran á la altiplanicie citada, y acaba por entrar á la quebrada de Escaba y sa- 
lir á los llanos como río de Marapa, etc. ; porque los ríos en Tucumán gozan de mu- 
chos nombres para confusión del qne ignora este hecho. 

' Casuchas y corrales en que se albergaban los enviados del Inca y los pasajeros 
en general. Más tarde se llamaron así los x>aradores ó fondines, y me acuerdo yo 
del tambo de Jándula en Salta, que era el hotel en 1860. 

* Yanaconas. Literalmente « negros », pero en realidad, gente de cordel, changa- 
dores y aun esclavos. 



— -MU — 

lies (le un cauíiuo que corría entre los ( 'ii[)ill¡tas y el Arenal, y de la 
punta de Balasto por Pajanüiiillo salía otro (^ue eondueíai á Bccubel ó 
Beeuvil, Tambo de doiule se subía i>ara trasloniar la eiinibre y llegar á 
los pueblos abandonados do esas alturas, i)ero (pie sin duda sirvieron de 
líltinio asilo á los habitantes de esos valles. 

Cuando los españoles entraron, cuenta Oviedo (pie los Jarles del Cha- 
co invadían y destruían las poblaciones de la Sierra, y así se explica 
por qué en to(hxs partes se ven construcciones para la defensa. Las siem- 
bras las hacían en los bajos, pero los domicilios permanentes estaban en 
las faldas inaccesibles. 

Andalgalá venía á ser un lu^ar inmejorable, poi'que á la vez (pie río 
abajo tenían un campo fértilísimo para lograr en él la abundante agua 
que producían los deshielos del Acompiija, río arriba se les ofrecía una 
angostura fácil de defender, que más allá se abría en espaciosas faldas 
y altiplanicies con abundante caza de venados y guanacos, tánicas ^ y 
tarcas '. 

Algo hay en todo esto que requiere exi)licación : no todo era una sola 
nación, una sola lengua, sino que estamos en presencia de diferentes 
elementos étnicos arrinconados en los valles, faldas y alturas andinas, 
donde los fué á ayudar el Inca del Cuzco, como nos lo cuenta Garcilaso 
de la Vega en sus comentarios ^. 

Los maestros que entraron al Tucumán á instruir las naciones de 
aquella provincia fueron sin duda los Chichas de lo que es hoy Bolivia; 
y así vemos que ciertas voces que son propias de estos indios se usan 
también por los « Cuzqueros » * de la región Diaguito-Calchaquí ; por 
ejemplo dicen — ntgri — «nariz », por ringri ó rincri, é inapíin (le. ha 
hecho) por rnapun, etc. Véanse las Relaciones geográficas^ tomo II, pá- 
gina 14:8. 

Ko es sólo la lengua que se nos presenta como intrusa en la región 
Diaguito-Calchaquí, sino también el arte de alñirero, etc., como se dirá 
en el capítulo siguiente. 

' Venados ó ciervos. El lugar Taruca-pampa, se deriva de esta palabra. 

- Huauacos. Existe un río de Tarcalla, y el nombre Andalgalá es compuesto con 
la misma palabra. 

' En tiempo de Capac Inca Viracocha, estando este rey en los Charcas, ít doscien- 
tas leguas al noroeste del reyno de Tucumán. Comentarios reales de los Incas (lib. V, 
cap. XXV, pííg. 164, ed. 1722, de Madrid). 

* Gente que aun usa la lengua del Perú : en la región andino-argentina « lengua 
de Cuzco » y se llaman « Cuzqueros » los que la hablan. 



362 — 



XVIIT 



El año 1892 se publicó, en el tomo III de la Revista de este Museo, 
un estudio titulado Lm Huacas de Chañar-Yaco ^, de importancia por- 
que se trataba de un hallazgo en sifu de unas 24 piezas de alfarería, 
y de algunos Iniesos humanos contenidos en las urnas mayores. Todos 
estos vasos son de un tipo peruano, desde luego deberían pertenecer al 
siglo anterior á la entrada de los españoles, si hemos de estar á lo que 
nos cuenta el Inca Garcilaso de la Vega ". 

Éste ya en sí sería un dato cronológico de alguna transcendencia, pero 
mucho más lo es por lo que allí falta y en los alrededores sobra, en cuan- 
to á tipos de cerámica antigua. 

Chañar- Yaco es un ojo de agua que se halla cerca de la cuesta de Be- 
lén, como á unas ocho ó diez leguas al oeste de Andalgalá, en un lugar 
desierto hoy, pero lleno de « pircas » ^ y restos de población anterior. 
Como á medio camino entre Chañar- Yaco y Pilciao está el puesto de las 
Garrochas, servido por un pozo de balde á mediados del siglo pasado, 
bebedero de las pocas haciendas que poblaban ese campo. En tiempo de 
las creces baja mucha agua de las faldas vecinas que baña los zanjones 
y barriales, haciendo nacer y criarse un pasto anual de mucho engorde 
como son por lo general los que crecen en secano, si llegan á su ma- 
durez ^. 

Sea que la misma agua los acarrea de más arriba, sea que los desen- 
tierre en el campo que ella baña, lo cierto es que en toda esa región de 
las Garrochas se encuentran cacharros como los que figuran en el tra- 
bajo citado, á empezar desde la página 15, y que iiertenecen á esa serie 
de piezas de cerámica dicha « tipo de Andalgalá ». 

La distancia que media entre Chañar-Yaco, y las Garrochas no pasa 
de unas dos ó tres leguas, así que es doblemente extraño que en las 
Huacas aquellas no se haya incluido algún ejemplar entero ó en frag- 
mentos del tipo de dragón ó de hidra. La explicación más fácil y racio- 
nal sería aquella de que los restos arqueológicos de Chañar- Yaco y de 

' Por Lafone Qtievedo. El lugar se halla al suroeste de Andalgalá, como á unas 
ocho leguas de la villa de este lado de la llamada « Cuesta de Belén ». El nomhre 
Chañar- Yaco quiere decir « Aguada del Chañar, y lo es en realidad. 

' Com^ Rea¥, lib. V, cap. XXV. 

' Pircas, paredes de piedra laja sacada de las faldas de los cerros : las más son 
levantadas por los indios precolombinos, pero la costumbre de edificar así continúa 
hasta hoy. 

* Las lluvias sou pocas y de menor importancia, j^ero si se repiten con oportuni- 
dad alcanzan para dejar los campos como un jardín, donde antes reinaba el desierto. 



;^(jH 



las (íairoc'lias pertcuefcn ;i tíos ói)(»c:is disl iiitas, a((iU'II(>s al aitc iiitio- 
ducido por los iiistrnctores del Cwm'o, productos de los alfareros crio- 
llos, cuya cultura era la de los (pie couiprciidían las ventajas de una ci- 
vilización su])erior á la suya propia: sin que [)or ésto se dií>a que á la 
entrada délos ])eriianos aun existían los altareros artistas cuyos lindos 
vasos adornan los armarios de este ]Mus(m>. 

Esta armuuentacioii de ninguna manera establece fechas fijas, a)tenas 
]»retende su.m'rirlas como relativas; ]>ero al<;<) se lia de adelantar cuando 
se traiíian á colaci<')n todos l(»s descubrimientos del i)rofesor Ambrosetti 




Fig. :í9. — Huawiii. Aiuliilsalii 

quien bace cuatro años que se remonta más y más al norte en la región 
Calchaquino-Chicba ; y si de esas exploraciones tan sistemáticas y es- 
crupulosamente realizadas resulta que no existen en esa dirección ur- 
nas ó vasos del tipo dragón ó hidra, se conftrmará la sospecha de que se 
trata de objetos de arte propios de la región de los .Vndalgalas ^ y Pall- 
cij)as ", de los pueblos de Catamarca y de la Eioja. 



' Estos iudios cu las guerras del siglo xvii fueron expatriados al Huaco de la 
Rioja, pero á principios del siglo xviii emigraron al Huaco de Andalgalá y sus des- 
cendientes allí permanecen ó se van extinguiendo. 

* Pallcipas, indios que ocupaban los campos centrales de la jurisdicción de Lon- 
dres. Estos como los anteriores eran de la gran familia Diaguito-Calchaquí. 



— 364 — 

Anterior al año 1890 arando en nnos rastrojos del fundo de Hiiasán, 
á tres kilómetros al norte de Andalgalá, la reja dio vuelta á nnos frag- 
mentos de alfarería que lavados resultaron ser parte de una liermosa 
urna ó l)otijuela; rebuseando más tarde en el mismo lugar se logró en- 
contrar otros pedazos más, quedando así casi completo el vaso ; lo que 
falta es tan poco que la restauración sería facilísima y de resultado : se 
le ha dado á esta tinaja el nombre de Blamey, por ser este señor ^ quien 
la descubri(') y regaló á la colección Lafone ", y como es típica de las 
piezas de este estilo empezaremos por ella la descripción de los ejempla- 
res con que contamos. (Ver la fig. 39.) 

Estos cántaros no son tripartitos, como lasTirnas del tipo Santa María 
sino que constan : 1'^ de un gollete bajo (en este caso -/n rte todo el alto) 
y no de mucha boca (5 '/j <^e la circunferencia máxima ; y 2" la parte 
ventral de bastante vuelo : íorma y todo lo demás indican (jue eran des- 
tinadas para contener agua. 

Estos vasos todos son de un fondo color café con leche más ó menos 
claro ú obscuro, y la ornamentación á veces de color negro, otras de ne- 
gro alternado con rojo, en este caso el rojo inclinado á carmesí. 

La factura de este vaso es S(n'i)rendentemente simétrico, para hecho 
á mano, de una fíictura y puliiuento admirables, y la materia prima de 
una prei)aración propia de este tipo de cántaros. El tinte natural de la 
arcilla debe haberse avivado con alguna otra materia colorante, ó puede 
resultar de la perfección con que se ha brufudo. 

La pintura de negro y rojo ha sido ejecutada por un verdadero artista, 
porque las curvas y otras líneas han sido dibujadas con toda la soltura 
y maesti'ía de un calígrafo. 

El cántaro Blamey es una de las mejores piezas déla colección Lafone 
y así conviene se describa en detalle como típica que es de la serie : la 
rei^roducción que de ella se hizo en Las Huacas de Chañar-Yaco^ aunque 
no del todo inexacta, es insuflciente. 

Todo el vaso tiene dos frentes, cada uno ftel reproducción del otro, al 
menos se ve que esa ha sido la mente del artista. 

En el gollete el dibujo de cada cara se divide en dos partes, empe- 
zando i)or la izquierda y siguiendo hacia la derecha, un escalón y dos 
piquillos de sierra rojos que bajan contra un escalón y dos i^iíinillos ne- 
gros que suben : dos de estos adornos contrapuestos llenan el anverso y 
otros dos el reverso; y los dos grupetes están separados poruim faja del 
íbndo con dos orejillas del mismo barro que simulan un segundo par de 

' Se le puso nombre para facilitar la referencia cnaudo haya necesidad de citarla 
como típica qne es de la región. 

* Así también el vaso de la lámina ñgiira 6 se llama « Tinaja Lafone », como la de 
la lámina « Tinaja Moreno ». 



— 8()5 — 

asas. El jiollete lia sido trabajíido s(>i)ara(laineiitc y después i)»',i;;id«» al 
cuerpo del vaso. 

En cada cara del cuerpo del cántaro se lia pintado un espléndido dia- 
gón, cuyas dos patas vistas sugestionan la presencia de las otras dos 
que faltan. El monstruo éste es antropocéfalo, y la cabeza se halla ad- 
herida á esa vuelta que hace las veces de cuerpo, sin indicación alguna 
de cuello couio en los ejemplos figuras 15 y 46. El perfil de la cabeza, que 
es negro, se parece algo á un escudo vuelto hacia abajo, dentro del cual 
asoma una cara bastante original y en dos colores. Las cejas, con la na- 
riz formada por ellas, los ojos con sus pupilas y la boca, se han i>intado 
de negro ; mientras que el óvalo interior de la cara lleva su orla de rojo 
carmesí, á veces lisa, á veces ondulada, con dos cresjíos en la frente y 
otros dos á modo de bigotes ó espirales que se dirigen de la orla hacia 
el espacio entre la nariz y la boca; las cejas y nariz están también orla- 
das de rojo, y esta faja las divide de los ojos, en que un círculo rojo se- 
riara la pupila de los círculos negros que los forman. 

Entre la nariz y la boca y por debajo de la orla roja aparecen dos ra- 
yas horizontales del mismo color, y otra nuis de las mismas separa los 
dientes de arriba en la boca de los de abajo. 

Las manos y pies de estos monstruos terminan en cinco garras por 
dedos. Si empezamos á contar desde la mano hallaremos que el cuerpo 
del dragón contiene dieciseis óvalos, fuera de los dos de las patas tra- 
seras, que alternadas son ó rojas ó negras, empezándose por aquel color. 
Según parece las líneas todas se han perfilado primero, y recién después 
se han pintado los centros de rojo ó negro : las líneas varían entre tres 
cuartos y medio centímetro. La cola del dragón termina en punta por la 
unión de las dos líneas. 

Las dos orejas faltan, pero están las bases de una y otra. 

La urna cuando nueva debió ser una pieza de tanta estimación, que 
habiéndose quebrado antes del hallazgo por el arador algún poseedor 
prehistórico la había hecho componer mediante agujeros taladrados, 
para volver á juntar las partes separadas. 

En 1905 se encontró otro fragmento que á todas luces formó parte de 
una segunda tinaja idéntica á la anterior, y precisamente en el mismo 
lugar de Huasán. 



XIX 



Bello como es el cántaro Blamey no le iba en zaga el otro represen- 
tado por la figura 40 ^, cuando salió de manos del alfarero artista. Es de 

' A ésta se da el nombre de « Tiiinja Lafoue ». En toda la región de los pueblos 



— 866 — 

lamentar que se halle en estado tan fragmentario, porque aunque se lia 
restaurado la forma no ha sido posible hacer otro tanto en favor del es- 
quema del dibujo que lo adornaba. 

La historia del hallazgo es la siguiente. En los médanos volantes de 
Pilciao '■ quedaron en descubierto los fragmentos del fondo que fueron 
conducidos á La Plata i)ara ser colocados con las otras ])iezas de la co- 
lección Lafone. Andando los años las arenas movedizas dejaron á la 
vista la parte adherida al gollete, y recogida por los niños de la escuela 
local, encargados de reunir todo objeto de esa índole, fué entregada y 




Fig. 10. — CaiiiiM. (le l'ilriiii). Auilalgiilá 

reconocida como otro fragmento de las partes que faltaban : reunido éste 
con el anterior iludieron ajustarse las flos mitades en una extensión co- 
mo de cinco centímetros de largo, y por consiguiente se hizo posible 
también la restauración intentada, pero no en la parte que correspondía 
á la cabeza : ésta, por la colocación de los brazos y otros indicios, no de- 
bía parecerse á la que ligura en el vaso Blamey, sino que más bien hubo 



y campos de Audalgalá y Poiuáii, debió haber liabido <fraii iiúniero de vasos de este 
tipo, y de la mayor l)elleza como artefactos de la cer:íiiiica local, tal es la abundan- 
cia de fragmentos que de ellos se encuentra. 
' Cuatro leguas al sur de Audalgalá. 



— sai — 

de tomar la l'oiina de la ñgura 41, por el espacio en que debía colo- 
carse ^. 

Pero pasemos á la descripción del cántaro. 

En sn forma este vaso es más elegante que el anterior, porque, como 
el mayor diámetro de la parte ventral está más cerca del gollete, no se 
nota el acliatamiento sobre la base que en algún tanto afea al cántaro 
Blamey. 

El color del fondo es algo más obscuro en este caso, y la ornamenta- 
ción es solo bicolor, laltando el rojo. La factura, etc., son más ó menos 
las mismas, y la simetría, sin ser perfecta, puede calificarse de admi- 
rable. 

En el gollete se nos presenta el adorno de triángulos alternados y 




Fi". 41. 



Santa Maria (Col. Museo ííacioual) 



contrapuestos de arriba y de abajo, entre franjas del mismo color negro 
que separa cada par de aquéllos. 

En el cuerpo del cántaro, y en cada frente, hubo, porque sólo uno se 
distingue, dos tremebundos dragones, cuyos cuerpos se enroscan en 
torno de una púa en la cola, desde donde nace y se desarrolla una doble 
serie de óvalos cuadriculados ; el cuerpo al envolverse llena todo el es- 
pacio basta llegar al punto de donde se desprende el brazo, y donde de- 
bió adherírsela cabeza, que en este caso no lo fué arriba, sino que debió 
bailarse prendida como postiza al costado (véase la figura 41), represen- 
tación de un vaso curioso de Santa María, actualmente en la colección 



* Esto se ve más claro si se vuelca el vaso de suerte que se teuga el foudo de 
frente, porque allí aparece algo más de la parte inferior de lo que en el esquema 
completo correspondería á la cabeza. 



— 368 — 

del Museo Xacional de Buenos Aires \ Este ejemplo nos explica imrqué 
no debemos extrañar que falte la pata. La parte adherida al gollete es la 
que se lialla en estado más completo, y allí no existe nada que pueda 
identificarse con la mano de cinco garras del vaso Blamey, y sí mucho 
que se compara bien con el de la figura 41. 

La mano de cuatro ganchos ó garras que asoma en la figura 40 se ha 
I)erdido en el anverso, como final del brazo que existe; pero es j^recisa- 
mente en este fragmento del reverso donde se ve que la forma de la ca- 
beza debió ser algo análogo á la de ese monstruo monóculo de la figu- 
ra 41, con su mano de cinco garras en lugar de la nuestra de cuatro, 
pero que una y otra se adelantan de la línea de la cara. 

La ornamentación por rayas en la punta de la cola es justamente lo 
que hallamos en las orejas de la figura 14. 

Es esta una serie de cántaros muy curiosos, de los que mucho hay 




Fis;. 42. — Santa María 

que decir, pero nada más al caso que la referencia al jjuco ' Quiroga des- 
cripto por Ambrosetti en sus ííotas arqueológicas el año 1897. El esque- 
ma de la ornamentación en esta taza es combinado de los dos que aca- 
bamos de describir, es decir, un cuerpo draconiano con mano de cinco 
l)uas, sin i^ata, y con cabeza tijio vaso Blamey (fig. 39). Los detalles del 
rostro son los mismos, sin el embijamiento parcial con el rojo carmesí : el 
contorno negro acaba en cinco i)icos á modo de corona (véase la figura 42). 
Del tipo aquél con cabeza monócula se podrían citar muchos ejem- 
plos, i^ero todos pequeños y muy inferiores á los dos grandes de que ya 
nos hemos ocupado. 

' La cita y el dibujo los debo á la amabilidad del profesor Ambrosetti y de su es- 
posa la señora María Eleua Holmberg. 

^ La figura ésta, fué reproducida del dibujo esquemático conservado en mis car- 
teras, por el profesor y jefe de sección señor Carlos Bruch, que tanto me ha ayudado 
para conseguir la claridad y nitidez en los clicJiés ; porque no basta tomar fotografías 
de los objetos, desde que, ya por sus colores, ya por su estado de dilapidación, no se 
prestan á una reproducción así como están. 



3(i!) 



El piiiiuTo es una ollita *\v C'oiulorliuasi \ Yaco-Utula -, Puerta de 
lU'léii ■' {ñg. -í'ó), como factura, color, maestría en el <libujo, muy inferior 
51 las íiTandes. La cabeza separa la parte delantera de la trasera, que pa- 




( 'durtoiluiasi, Yac-o-Utula, Belrii 



recen nacer en la región del único ojo. El tipo de la boca, etc., es el de 
los vasos negros (lám. Y y VI). La mano en el anverso es de cinco rayas 
ó dedos, en el reverso de 
oclio ó más, y desde luego 
son chorreras y no otra cosa. 

El segundo ejemplo es una 
pequeña olla cuyo mayor diá- 
metro es de ocho centímetros 
ftig. 44 y 45) : la cabeza 
monócula es casi idéntica á 
la anterior; pero con dos 
triángulos agudísimos que 
bajan de la orilla á uno y 
otro lado de la lengua. A la 
derecha, de la mandíbula esa, 

nacen dos crespos ó ganchos que se advierten también en la figura 40, 
y que pueden muy bien estar simbolizadas en la figura 41. 

La mano tiene cuatro garfios ])or dedos, y á juzgar por el espacio no 




44. — Hnasáu, Audalsalá 



' Condor-Huasi. Nido ó casa del Cóndor, en la estancia ó altiplanicie de las Gra- 
nadillas. 

■ Yaeo-Utula, Agua chica, otro lugar en la misma región. 

' Ver nota 1, p. 339. Angostura por donde se entra á la quebrada de Belén, bajando 
del norte. 

KEV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (XU, 11, 1908.) 24 



370 - 



tuvo pata trasera. De este pequeño vaso ó más bien juguete, queda sólo 
la mitad, con centro en una de las asas ; así que de las figuras constan 
la parte delantera del anverso, y la trasera del reverso. Fué encontrada 
hace años en el fundo de Huasán. Es de la época de los dos cántaros 
grandes, factura, materiales y maestría en el dibujo de lo mejor. 

Al tercero nos hemos 
referido ya (fig-, 15), otro 
ejemplo de objetos esx)orá- 
dicos que se hallan fuera 
de su centro artístico. 

Otro ejemplo, que viene 
á ser el quinto (lám. XII, 
ñg. h)y es un curioso jarro 
hallado en Belén, de los 
que debe haber habido 
también una larga serie, 
pues en la colección La- 

Fig. 45. — Huasáu, (Col. Laf'oue) t n 

fone Quevedo hay de ellos 
dos ejemplares. Su reproducción aquí responde al dragón ó hidra que 
le sirve de adorno, símbolo tan general en estos vasos. La manera de 





Fig. 4(). — Faiuatina. La Páoja 



adherirse la cabeza del cuerpo del monstruo es la usual en este género 
de reptiles; carecen de todo lo que pueda llamarse cuello ó cogote. 
Los crespos, ojo disforme, lengua y mandíbulas « diente de serrucho » 
corresponden al tipo convencional del simbolismo. 

La figura a, en la lámina, da á conocer un curioso vaso, adquirido en 



-- 371 — 

el mismo Belén, pero que ú todas laces, por su factura, corresponde ;1 
la cerámica de Calinjíasta en San Juan. 

Hay un quinto {ñg. 40), dibujado por la señora María Elena Holmberg- 
de Ambrosetti, bicolor como la urna lilaniey y que indudablemente co- 
rresponde al tijio de la tij»ura 43; fué copiado de un vaso hallado en Fa- 
matina, la Eioja, y así jiodemos colocar tres jalones, uno en Santa María, 
otro en Belén y un tercero en Famatina, una extensión de 00 á 70 le- 
guas. 

Los óvalos cuadriculados del cuerj)o se alternan de negro y rojo, em- 
pezando por este color á la derecha. La mano es de cuatro dedos como 
garfios. La cabeza se adhiere directamente al hombro del monstruo ; un 
gran círculo encierra el ojo con pupila, en que el rojo forma parte de la 
pupila entre un centro y círculo negros. Las dos mandíbulas suben con 
dientes de serrucho y fondo color rojo dentro de bordes negros, y la de 
la derecha ostenta dos cuernos ó crestas en forma de ganchos, parecidos 
á los que hacen las veces de dedos. Dentro de la boca la lengua se dife- 
rencia de las otras en ser una línea de la que nacen hacia la izquierda 
una greca, y á uno y otro lado dos líneas más cuya intención no está 
muy clara. 

El iiltimo y quinto ejemplo que se citará es un interesante fragmento 
adquirido por el profesor Carlos Bruch en su viaje el año pasado ^ en 
Musquin ó Mutquin ', uno de los pueblos de Catamarca, al este de 
Siján. 

Los rasgos típicos se distinguen bien, pero hay novedad en algunos 
de los detalles : factura, pulimento, arte del pintor, simetría, todo pa- 
rece ser de la mejor época, y un fragmento adquirido después del mismo 
lugar corresponde más bien á un otro ejemplar, pues el color del fondo 
se parece al de la urna Blamey, mientras que el otro es más obscuro. 

Hacemos diligencias por ver de conseguir algunos fragmentos com- 
lilementarios de este precioso cántaro, haciendo arar de nuevo el ras- 
trojo donde se encontró la parte que se logró salvar. 

Los triángulos, los óvalos y la figura que se inicia á la derecha son 
bicoloros, mientras que en el espacio entre las viieltas del monstruo 
hay dos círculos con ganchos que encierran Ojos Imaymana ^. La pieza 
es interesantísima, pero tan imi^erfecta que basta con lo dicho. 

' Se rex^rodiicirá en la relación del viaje que prepara el mismo Bruch. 
^ Uno de los « Pueblos » de Pomán al este de Siján donde aun hoy se habla la 
Lengua do Cuzco ^ot los viejos. 
^ Véase página 323, nota 1. 



— 372 — 



XX 



Antes de entrar n dar cnenta de laa alfarerías negras, que alguna vez 
debieron ser tan abundantes en la región de Andalgalá, al menos si 
liemos de juzgar por los muchos vasos y fragmentos que por allí se 
encuentran, quiero llamar nuevamente la atención al cántaro figura h^ 
de la lámina VII; porque bueno será comparar los óvalos con que están 
liencliidos los cuerpos de los dos pajarracos aquéllos, con los otros que 
son un atributo tan proi)io de los monstruos en forma de hidras ó 
dragones de los vasos de este tipo. 

Tanto el suri ó avestruz, como la serpiente parece que tienen que ser 




Andalynl:'! (Cnl. LafuiiL-) 



algo como símbolos del agua, mientras que por la forma, detalles y demás, 
los df>s cántaros <le la lámina VII no pueden sino pertenecer al tipo de 
las urnas draconianas á que se ha asignado una ubicación céntrica en 
Andalgalá. 

Pasemos ahora á los vasos negros de la misma región de Andalgalá, 
curiosos por la extravagancia de su desarrollo esquemático : hidras es- 
pantosas, de más ó de menos de siete cabezas, y otras de la cuenta exacta 
llenan los espacios que hay que ornamentar, y todos grabados con i)unta 
más ó menos fina y, á no dudarlo, antes de someter los cacharros á la 
({uema especial (véase la pág. 333, nota 1). 

En la lámina XI, a y h, tenemos un vaso caprichoso en su forma, co- 
mo lo son casi todos los de este tipo : es una figura antropomorfa senta- 
da, que ha perdido la cabeza, y que carga á cuestas un gran cántaro 
para conducir agua : las dos partes del vaso se comunican interiormente. 

El dibujo esquemático (fig. 48), da á conocer la naturaleza de la ho- 



Kev. Museo de La Plata, t. xv (ser. ii, t. ii) 



l'L^VNCHA IX 




a, Londres ('/s tam. nat,) 




h, Audalgalá. Colección Lafone Qnevedo 



— -Al-A — 

rrible hidra de cuatro cabezas, más una interna, fuera del apéiulice <le 
dos cabezas que sigue de la cabeza, rtnal de la. (;ola. 

Los detalles son los de sienii>re : bocas con dientes {\v scrruclio, cabe- 
zas crestadas, ojos de á dos ó de á uno, lenguas y colas (]ue desarrollan 
nuevas cabezas. En este caso el dibujo es cuadriculado y grabado sobre 
el fondo negro. 

El centro del es(iucnia parece casi como una reminiscencia de un 
pulpo, pero las dos patas, una de cuatro y otra de cinco dedos lo elevan 
á la categoría de un yacaré. La cabeza ostenta dos ojos, dos cuernos, y 
dos dientes (de serrucho) en cada mandíbula; la lengua se bifurca y 
acaba en dos cabezas monóculas (por posición) del ndsmo tipo que la 
central, pero que no se vuelven á abrir. En el cuerpo asoma otra cabeza 
mo]i(')cula también por posicicSn, con cuerno, pero sin lengua. La cola es 




Fiíi'. 4S. — Aiu-ouqiiija (Col. Lafoue) 

larga y acaba en otra cabeza, la mayor de todas, binócula, con dos cres- 
tas ó cuernos, de un lado (el derecho) y una del otro. 

Las dos cabezas sueltas, que comi)letau el dibujo, ambas (á lo que pa- 
rece) monóculas, son curiosas : la inferior forma la extremidad de la len- 
gua de la superior : tiene crestas ó cuernos, y una como ventana de la 
nariz i>ero le falta lengua. 

La pieza ésta procede de la misma villa de Andalgalá, gran centro de 
pueblos de indios : pero falta saber si ha sido ó no conducida de otra 
parte. La factura y pulimento son como en la generalidad de estos vasos, 
excelentes, y hasta donde cabe es éste simétrico ; pero en una figura 
caprichosa, por no decir burlesca puede concederse alguna tolerancia á 
este respecto. 

El segundo vaso es una pequeña olla de Aconqulja, en el mismo 
de])artamento de Andalgalá; la lámina XII, figuras a, & y c_, da una idea 



— 374 — 

general de su forma y ornamentación, y la íigura 49 una reproducción 
esquemática del dibujo. 

La figura central es una verdadera hidra de siete cabezas, i'i.s-((-ris de 
otra de cuatro. 

En esta como en la anterior, y en su i)arte ventral, asoma una cabeza 
con dos ojos y boca con tres dientes de serrucho, con todos los demás 
de la pieza. El cuerpo de la hidra en este caso tiene forma de losange, y 
de cada uno de los dos ángulos (derecho é izquierdo) parte una combi- 
nación tricéfala bastante original, que consta de una cabeza propiamen- 
te dicha y de dos brazos cuyas extremidades terminan en cabeza ': éstas 




Fig. 49. — Allpatama, Chaquiago, Andalgalá (Col. Methfessel) 

son bicrestadas y monóculas, pero sólo la central tiene lengua: todas tres, 
con tres, cuatro ó seis dientes de serrucho en cada mandíbula. En esta 
combinación los cuernos se dibujan hacia arriba, mas en la correspon- 
diente á la izquierda ellos están hacia abajo, así se comprende que se ha 
invertido el orden : por lo demás la nnica diferencia resulta del número 
de dientes, cuya suma es algo menor que la anterior, 25 contra 27 -. 
Este primer monstruo ó hidra se ha grabado como visto de arriba ; el 



' Eli el vaso figura 16, tipo de Santa María, tenemos manos de un reptil como la- 
garto cuyas extremidades anteriores son cefálicas : la idea es la misma si bien su 
desarrollo es otro. 

- Este lindo vaso me fué regalado por el señor José Santervás, actual juez de paz 
en Andalgalá, quien lo consiguiíí en uno de sus viajes á la altiplanicie del Pucará 
de Aconqiiija, gran centro arqueológico del departamento. 



— 375 — 

segiiudü se nos i)iesL'nta de eostailo, eoii cabeza cueiix), mano, i)ata y 
cola, las tres extremidades éstas terminadas en cabezas monóculas, etc., 
como las anteriores, debiendo suponerse que en este ])ulpo ó monstruo 
existe otro inferior parecido al del vaso (ñg. 48) ya descripto, y á más 
otra pata y otra mano que hagan pares con las que se ven, ente- 
rándose así el número de las siete cabezas que cuenta el dragón prin- 
cipal. 

En este ejemplar la ornamentación se ha grabado con perfiles dejando 
el centro liso mientras que el campo se adorna con rayas de arriba abajo ; 
en el otro vaso (lám. XI), es el dibujo que se cuadricula, y el campo que 




Fig. 50. — Allpatavica, Chaquiago, Audalgalá (Col. Mothfessel; 

queda liso; es decir, que en cuanto á esta parte se reproducen las condi- 
ciones de la taza, reproducida en el Viaje arqueológico, 1902-1903 de 
Lafone Quevedo (Revista del Museo de la Plata^ tomo XII, lámina XY. 
En este vaso los dos monstruos tienen ocho y seis cabezas respectiva- 
mente. 

La extravagancia artística en el simbolismo dracónico de la alfarería 
negra parece que no tenía límites y en prueba de ellos citaremos 
dos ejemplos, uno derivado del Allpatauca ^ en Chaquiago de Aba- 

^ Allpatauca, luontóu de tierra ó túmulo, así se llaman los Alounds de la región 
Diagnito-Calchaquí. Estos allpataucas son taii enormes que puede uno andarlos 
en lo montado. Dos de ellos se abrieron en Audalgalá, el citado arriba y otro más 
al norte, en Huasán, pero sin hallar en ellos cosa de mayor importancia. 



— 376 — 

jo ^ y otro procedente del valle de Capayán, cerca de Oatamarca '. 

El primero de los dos corresponde á Andalgalá ^ y aun no pasa de 
siete y medio centímetros su mayor altura, es de una complicación sor- 
prendente : véanse las figuras 50 y 51 ; á la vista está que el esquema 
del dibujo no tiene princiiño ni ñn, i)ues ni ]ior un instante hay solución 
de continuidad; sino que de todas partes nacen cabezas que se bifurcan 
y trifurcan en otras más. 

El segundo ejemi)lo es un vaso citada por Quiroga en La Cruz en 
América (pág. 99 y 100, tig. 30 y 30 bis). El esquema del dibujo está 
tan claro que no hay para qué hacer su descripción en detalle, limitán- 
donos á llamar la atención sobre el antropomorfismo de la cabeza cen- 
tral (véase la figura 52). En las figuras 28 y 29 bis, de la misma obra 
se reproducen adornos de otro fragmento, también del valle de Cata- 



Fig. .">1. — Valli' di' Cataiiiarcíi (Vu\. (,)uir(iga) 

marca, hoy en la colección Lafone Quevedo, en que el antropomorfismo 
es aun más pronunciado (véase la figura 53) *. 

En el trabajo ya citado, viaje arqueológico ^ (lám. V^ VI y IX) se re- 

' El otro es Chaqulaíjo de Arrilia, distrito en que se ballají Huasán y el Colegio : 
es un arral)al de la villa del Fuerte de Andalgalá, y se riega con agua sangrada del 
mismo río. 

^ Dos son los valles de Capayán, que antes estaban ambos en la jurisdicción de la 
Rioja; ahora el nombrado arriba obedece á Catannirca y el otro, en la región de Fa- 
matina, á la Rioja. 

' Véase nota 4 página 342. 

* Este objeto es curiosísimo, y no está muy claro á qué clase de vaso puede haber 
jiertenecido. Así como se encuentra parece como si fuese un modelo de mate con el 
asa tronchada ; pero también podría ser el mango de una clava en que debiese en- 
gastarse un hacha de ])iedra, debiendo el todo haber formado parte de algún objeto 
antropomorfo. Estos vasos de alfarería negra son caprichosísimos en sus formas, y 
por lo tanto se sngiere esta idea acerca de la pieza en su totalidad. 

* V. A. en la región de Andalgalá en 1902-1903 por S. A. Lafone Quevedo, tomo 
XII, página 73 y siguientes, de la Eevista del Museo de La Plata. Fiagmentos 
como estos dai^ lugar á que se espere encontrar jiiezas aun mejores que las que se 



producen y doscriben iVíijiíncntos <le esta iilfiíroiíii iicfíTii, en (pie reapa- 
recen mucliüs detalles de los ya referidos, y algunos de aquellos lian 
formado parte de vasos tan bellos como los ya desciiptos. 

Los trece pedazos son pruebas convincentes deque existieron en la 
localidad otros tantos vasos demérito i^^^ual al de los que se lian conser- 
vado en nu^jores condiciones. 

En resunu'u estos vasos nesí'ros son también ceremoniales: y desde 
que las ser[)ientes, hidras y otros reptiles acuáticos tienen que ver con 
el agua y su producción creemos acertado atribuirlos á las ceremonias 
destinadas á producir la lluvia. Xo eran utensilios dedicados á usos do- 
mésticos en vista de <xue todos ellos, los enteros como tragmentarios, 
son nuevos, como si recién saliesen de manos del alfarero. 

Nos falta ahora explicar por qué se ha clasificado la serie negra como 
de la región de Andalgalá, y no de otro alguno de tantos en que se han 
encontrado piezas esporádicas del mismo tipo. 




Cataiiiai'ca (Col. Lal'oni') 



En Santa María, donde se han hecho excavaciones en escala mayor 
(ton esperanzas de lucro, una sola pieza de la alfarería negra ñgura en 
nuestras colecciones, y así con objetos únicos podemos ir colocando ja- 
lones hasta llegar al Capayán de Catamarca \ Esto por un lado. 

Ahora por el otro lado tenemos á Andalgalá, lugar en que sólo tres veces 
se han hecho excavaciones metódicas : dos de ellas ]ior el señor Methfes- 
sel y cuenta del Museo, una tercera cuando se hizo el hallazgo de Chañar 
Yaco -, Las dos ])rimeras se practi<;aron en los Allpataucas '' ó túmulos 
de Huasán y Chaquiago de Abajo ^, sin resultado, i^orque estos montícu- 
los, aunque artiflciales no contenían restos de cerámica; y la tercera no 



conservan en nuestro Museo; porque el número 6 de l:i híuiina V, no se lia agotado 
el derroche de excentricidades en Ja delineación de los monstruos liidras. (Véase 
también la lám. XI, niímero i, 5 y del mismo estudio). 

' Como en la Rioja no se lian hecho colecciones de objetos arqueolóoicos con la 
misma intensidad que en Catamarca, no se puede asegurar que la alfarería del Capa- 
yán de Catamarca puede hacerse extensiva al de la Rioja. 

- Véase nota 1, página 362. 

^ « Montón de tierra », túmulo. « Mound ». 

' Aldchueln de Andalgalá. 



— 378 — 

produjo un sólo vaso de este tijio, ni de niuclios otros que aquí se hallan 
descrijjtos, es decir, ejemplos de la alfarería draconiana, á que indudable- 
mente corresponden los vasos negros por el tipo de su ornamentación. 

Faltando, pues, las excavaciones y exploraciones sistemáticas está 
claro que cuanto se lia podido reunir resulta del acaso y de los agentes 
naturales, como ser crecientes, derrumbes de barrancas, roturación del 
terreno por el arado, excavaciones i)ara foraiar represas, sacar ace- 
quias, etc., etc.; con ésto y todo, bastantes son las piezas que con más ó 
menos perfección se conservan en nuestras colecciones. 

Hay algo más, siendo el autor de este estudio quien primero descubrió y 
describió los vasos negros de este tipo, justo era que le cupiese el derecho 
de bautizarlos con el nombre de «tipo de Andalgalá», lugar de su residen- 
cia, y donde se ha descubierto el mayor niimero de ellos; y se dice tipo de 
Andalgalá^ porque vasos negros hay en el Peni y otras partes : pero hasta 
aquí no consta que este tipo se haya hecho extensivo á provincias fuera de 
la región Diaguito-Calchaquina, con su gran centro en el llamado Fuerte 
de Andalgalá ^ 



XXI 



Las espléndidas publicaciones del Smifhsonifoi InstUution en su Bu- 
rean de Etnología nos han dado á conocer muchas de las complicadísi- 
mas ceremonias con que los indios de Xorte América pretendían conju- 
rar la seca y hacer llover. En el tomo XI, 1889-00, hay un trabajo de la 
señorita Matilde Coxe Stevnson sobre los Sía - que merece ser estudiado 
en su totalidad ; para esta ocasión empero nos bastarán algunas citas, 
utilizadas ya por Quiroga en su La Cruz en América ^ y que deben ser- 
virnos para fundar algo que se parezca á una interpretación del simbo- 
lismo que se usa para ornamentar la cerámica y demás objetos de arte 
en la región Diaguito-Calchaquí. 

La lámina aludida se repite aquí por segunda vez (fig. 54) ^ : en el 
índice de i)lanchas del tomo indicado se acompaña una interpretación 
de los símbolos que no se encuentra en el texto, pero que indudable- 
mente es de sumo interés é importancia, como se desprende de la copia 
que se da en seguida : 

' Eu la luouograñ'a del Beñur Clarence li. Moore titulada Mouudv'tllc Frevisited, se 
reproducen ejemplos curiosos de esta alfarería negra adornada con grabados de 
serpientes aladas, etc., página 371 y siguientes. 

- « Pueblo cerca de la confluencia del río Salado con el río Semes, en Nuevo Mé- 
xico. » La Cruz en América del doctor Adán Quiroga, píígina 118. 

^ Obra citada, página 119, la nota. 

^ Véase página 329, íig. 11. 



— 37!) — 

« XXXV. Vasos ceioiuouiales para ajina ', Sóa (A, una crnz onibloniática 
do la lluvia por los puntos cardinales; B, caras do los hombros do las nu- 
bes; C, caras do las ninjoros do las nubes; D, nubes y lluvia; E, vegeta- 
ción; F, aiiuacilos ^ sinü)olicos dol agua » Ilustraciones (Indi(;e) i)ágina 8. 

En estos vasos touonios los tres colores (1) blanco dol fondo, (2 y 3) 
negro y rojizo do los dibnjos; triángulos y segnientos <le (n'rcnlos cruces; 
aguaciles, que en inglés se llaman drar/onjiies (moscas dragones); final- 
mente rayos y centellas, pero esta vez como talos, sin necesidad de va- 
lerse de convencionalismo alguno. 

Estos Sia son indios de los pueblos Zuñis y otros de Norte América, 




hoy parte de los Estados Unidos, pero que antorionnoiite pertenecían 
á México. 

He aquí una invocación por agua de estas gentes : 

Hén'-na-ti lie'ash O'-shats Ta'-wac MoV-aitc ko'hai, 

Blancas nul)es volantes, nubes cual llanos, sol, luna. cougar, oso, 

Tu-o'-pi ka'kan Ti'-a' mi Mai tubo Má-a-se-we Uyuuyewé 

tejón, lobo, águila, topo, gueiTero mayor (héroe), iíuerrero menor(id.), 

Sa'mai-hai-a Shi'-no-hai-a Yu'-ma-hai-a 

nombre de o-uerrero del Norte, id. de guerrero del Oeste, id. de guerro del Sur, 



' Libélula. 



— 8S() 



Air-wa-liai-a Pe'-ah-hai-a Sa' ra-liai-a 

id.) de guerrei'o del Este, (id.) de guerero del Zenit, (id.) de guerrero del Nadir 

Wai-ti-cliaii-ni Ai-wan-na-tuoii-ñi Slii-wan-na-wa-tii-iui 

eántaro de agua para hechizos ', taza de las nubes -, cántaro ceremonial para agua % 

Hi-an-ye Hi'ali-arra Hi'-a-ino-ñi Hi-slii-ko- 

camino de harina llago, el camino viejo, el camino antiguo, vieja de las cuentas 



ya sas-pa 



Sho'-pok-ti-ii-ma Süs'-sis-tin-na-ko 



hlancas de concha. lial)itante del Poniente, remolino (hitaira muyn), creadora 
Yaya Ko'-clii-iia-ko Mer'-ri-na-ko- Kur'kan-ñi-na-ko 

madre, mujer amarilla del Norte, mujer azul del Oeste, mujer roja del Sur 

Ka'-slii-iia-ko Quis-sér-ri-na-ko Mu-nai-ua-ko 

mujer liLnicii del Este, mujer amarillenta del Zenit, mujer obscura del Nadir 

(t. XT, pág. loO) \ 

Esta invocación y la lámina 
con sus símbolos ponen en 
alto relieve la importancia de 
los cántaros ceremoniales en 
los ritos para hacer llover, 
y como nosotros atribuímos 
este mismo destino á las 
urnas de la región Diaguito- 
Calchaquí, no está de más 
reproducir aquí la hermosa 
urna, tipo Santa María, ad- 
(|uirida por compra el año 
1801 para las colecciones del 
.Aluseo (fíg. 55) : pertenece á 
la serie <le rayos en forma de 
serpiente con cabeza ó sin 
ella, en este caso, como en 
tantos otros, de tres colores, 
de los que el rojo entre líneas 
negras es el propio del rayo 
ofídico. 

En este género de urnas el 

' Primera invocacic'in del cántaro. 

° Segunda vez que se dirigen, pero di puco ó taza. 

■' Tercera invocación, como quien dice el TrisíKjio nuestro (Trixlunjio» griego), tres 
veces santo. 

' Me permito llamar la atención al siguiente hecho : en los llamados Pueblos 
de Catamarca hay dos cuyos nombres indígenas son Pipanaco y Fisapanaco. siendo 
(lue es tradición que en el lenguaje vulgar panaco significa el sexo femenino. Será 
ello ó no una homofonia casual, pero no es para pasada por alto desde que puede 
resultar uno de esos fósiles lingüísticos á la pesca de las cuales andamos. 




«-•■ >'-- ,.. ,., ,.,,,,,, ,, ^^. ^^^_^_ __^ ,___ ^_ 







I'I.ANCIIA X 



a, üfléii 




*• ^«'^°- Golecciói, La/o„e Q 



uevedo 



— :-\H\ — 

pdh'tt' sitMiipro t'iH'icrr;! iiini ciiiii ¡iiit r<>i)(»iii<»r(';i. la (|iu' oji t'l picseiite 
í'Jeinplar no se (»1)s(m\ a sino (|U(' ocupa su lu>iar una combinación nueva 
«le los detalles usuales cu la parte \-ential : falta también la franja central 
con triánjiulos, ^lecas, etc., de suerte (pu», el caracoleo serpentino se 
l)roducesin solución de continuidad y en coíitrapunto simétrico á uno y 
ofro lado de un triíiuiiulo ue.^ro UMd)ilical de i;rande base, <pu' en lugar 
<le tent'r su vértice hacia arriba lo tiene hacia abajo; p<»r la caladura 
del mismo asoma un rostro liumano, alji'o macabro, y ])or todas ])artes 




FÍ!i-. 5l). — \'íis(i ceiviiioiiial rte los iuiciaflns en el rito de la Víbora 

llueven los pequeños redondeles (jue tan propiamente representarían 
ilotas de agua llovidas de las nubes. 

Compárese esta urna con cántaros ceremoniales de los ISia y nos con- 
venceremos que coexisten rastros de un idéntico simbolismo. El rayo, 
el negro firmamento de las nubes, y éste abierto en triángulos y escalo- 
nes, que condigan con el culebreo de los relámpagos, larga su lluvia de 
gotas benéficas que rieguen los campos y aplaquen la sed de todo ser 
viviente. Ignoraba Quiroga que entre las colecciones del ]\Iuseo de La 
Plata existía una urna ceremonial desde el año 1891 que en su orna- 
mentación encerraba dos de estas nubes trianguliformes con rostro ^ de 



^ De la región Cakbaqní. 



— 382 



liimiano ser, aptas para ser comparadas con los vasos ceremoniales de 
los lieclíiceros Sia (ó Machis ' de la lluvia) reproducidas por él. 

En la página 7G de la monografía de la señorita Coxe Stevenson pasa 
ella á describir las ceremonias del colegio de iniciados en el rito de la 
serpiente para hacer llover (Rain Ceremonial of the SnaJce Society). Entre 
los objetos allí enumerados figura en primera línea i^ara nosotros una 
antigua taza ritual (medecine) hermosamente adornada con dibujos de 
víboras^ nnhes y relámpagos... y al lado de ella se colocan dos azuelas bien 

pnlidas, una de cada lado 
y con ellas dos cuchillos de 
piedra (pág. 84). 

Se hace mención tam- 
bién de una cruz, que en 
este caso parece haber sido 
regalada por un misionero 
católico, pero la señorita 
Stevenson advierte que el 
uso de ella como uno de 
tantos hechizos nada tie- 
ne que ver con el símbolo 
cristiano. 

En las láminas XIV y 
XVI se reproducen uno de 
los altares ceremoniales 
de los iniciados en el rito 
de la serpiente y otro vaso 
en el que se pintan la 
serpiente y algunas nubes 
(fig. oG y 57). 

Es en estos dibujos ri- 
tuales ejecutados en arena 
donde se ven esas chorre- 
ras como dientes de peine 
tan comunes en la alfarería 
de los Diaguitas y Calchaquí, de los que uno de los más bellos ejemplos 
es la figura 58, reproducción de una olla tricolor encontrada en las 
estancias del Pucará -, y que por suerte se halla en perfecto estado de 
conservación : el color más claro indica que es el rojo. 

Voz iiTíuicaiia que sigiiiñca hechicei-o ó médico, de agua, se eutiende. Es curioso 
que eutre los llamados « Pueblos» (de ludios) de la Eioja, uuo situado al sur de An- 
dalgalá s(í llame Macliigasta, lugar del famoso caudillo Chumbita, que tauto ñguró 
eu los uioviiuieutos reacciouarios de 1863. Ma es una raíz que dice « agua». 

* Altiplauicie eu el departauíento de Andalgalá eu que se dividen las aguas que 




ara hacer llover 



— 388 — 

Si tenemos presente que en los « Pueblos » de Xoite América los in- 
dios han conservado sus usos y costumbres, y lo que es más el material 
ritualístico con que ejecutaban sus abusiones, mientras (jue en Sud Amé- 
rica todo este material fué estudiosamente destruido \ no debe sori)ren- 
dernos qne no se hallen más puntos de contacto entro los Indios d<?l 
Norte y los del Sur; pero por la misma razón no son para, despreciados 
os rastros que aquí se consionan y que pueden servir para iniciar la 
interpretación de ese simbolisnu> mitológico que nos sale al encuentro 
en toda la región andina de nuestro continente, y acaso aun más al Este 
hasta llegar á las mismas costas del mar océano. 

Xo es necesario suponer que todo lo que se halla res]ionda á la. civiliza - 




Fig. 58. 



■ Estancias del Pucará, Andalgalá 
Coleccióu Lafone 



Fig. 59 



ción incásica, otra y tal vez otras, la precedieron aun en la misma tierra 
de Cuzco; pero dada la persistencia de los ritos religiosos en las naciones 
del mundo entero, sin excluir á los mismos que hoy se dicen cristianos de 
las diferentes denominaciones, justo es buscar y creer que se haya hallado 
semejanzas en el simbolismo de naciones tan remotamente colocadas en 
el sentido geográfico, como los « Pueblos » de Norte y de Sud América. 
Entre los vasos de las colecciones del Museo se halla uno (fig. 59), 
procedente de la región Calchaquí, que muy bien jiuede compararse con 
el vaso de la otra América representado por la figura 50. 



forman los ríos de Escavii y de Medina (Tuciimanos) y de Villavil, Chuca, Molle, etc. 
(de Andalgalá). El de Escaba no es más que el desagüe del río de Singuil, asi lla- 
mado en la parte que pertenece á Catamarca. 
• Sobre todo en la éj)oca del virrey Toledo. 



384 



COXCLLSIOXES 



Con lo dicho basta para probar que es posible establecer series de 
ciertos tipos en la cerámica Diaguito-calcliaquí como propias de tal ó 




cual región en aquellos valles ; lo que de ninguna manera equivale á 
decir que no podrán citarse ejemplares aislados de todas las series típi- 
cas en todos los lugares : pero éstos, en los más de los casos, resultan 



385 



FINAL OBSEKVATIONS 



What has boen said in tlieprecedino- chapters is enon<íli to ])rove Miar 
it it* possible to establish ceitaiii typical series in tbe Diaguito-Calclia- 




qiii potteiy as belonjiing- to tbis or tbat región in tbe said valleys. Of 
course I do not mean tbereby to assert tbat we may uot be able to 



REV. MUSEO LA PLATA. — T. II. (XII, 1'', 1908.) 



25 



- 386 — 

<le acaiTeos de una. parte á otra, ])or cualquier razón, como por ejemplo, 
el hallazgo de dos tinajas, tipo de Santa María en Choya, y una en el 
l)otrero de Santa Lucía ; en las inmediaciones de Choya, es decir, en 
Ingamana, se colocó una de las parcialidades expatriadas del Valle de 
Santa María en la séptima decena del siglo xvii, y en Tucumangasta 
la otra, siendo éste un vallecito que desemboca en el general del Fuerte 
de Andalgalá é inmediato al otro de Santa Lucía : se explica, pues, 
fácilmente la presencia de estos restos aislados fuera de sitio, ya porque 
los cautivos expatriados pudieran conducirlos como recuerdo en el mo- 
mento de su migración, ya como acarreo posterior en el transcurso de 
250 anos. Tengo pruebas que en la segunda mitad del siglo iiasado 




Fi.i;. (;■_'. — liclt'li 

pucos ó tazas tricolores del valle Calchaquí habían sido conducidos de 
San José á Choya y más acá, procedentes de una sola huaea ó enterra- 
torio, y repartidos entre aficionados, pero que se pu<lieron reunir otra 
vez desjjués, y figuran en la colección Lafone Quevedo. 

Ya se ha dicho que en la primer entrega de los J-waíes del Museo de la 
Plata, 2* serie, publicóse un hermoso grupo de seis de los vasos tipo Santa 
María, de los que era uno el de las figuras 60 y 61 \ El profesor F. F. 
Outes en su texto incluye los dos clichés nniy bien sacados que represen- 
tan uno el frente y otro el costado de dos de las tinajas ; éstas se reprodu- 
cen aquí por su tamaño y i^orque se aumenta el número de ejemplos sin 

' Véase la Plancha V del tral)ajo citado. 



— 387 — 

i'ite solitary examples of eacli of these series iu some oiie or more of tlie 
«Mitlyiiiji- places; bnt it will be found tliat in inost eases tlie objects have 
beeii transportecl trom tlie oiie spot to tlie otlier, owiiiji' to aiiy oiie of 
mauy reasons. As a case in point: 2 vases oftlie Santa Maria typewere 
obtained at Choya, a village sonie G miles NW. of Andalfialá, quite out 
of tlie Calcliaqiii rejiion, and anotlier at Santa Lucia, mid-way between 
tlie 2 last named places; but tlie fact is that Calcliaqui tribes were 
carried away captive from tlie Calcbaqui valley and made to settle in 
Ingamana ajid Tucumangasta, places near Choya and Santa liucia res- 
pectively. This took place somewhere between 1600 and 1070. As the 4 




Fis. 63. — B.'lén 



])laces named are simply outlyino- hamlets of Andalgalá, we may the- 
rcfore easily explain the presence of this pottery out of its proper place. 
It was either carried by the luckless exiles as a memento of their 
native valleys in the moment of their expatriation, or else conveyed 
there later on during the 250 years which have elapsed. I can prove 
that in the secoud half of last century, mortuary bowls in 3 colours 
had been carried away from San José in Calchaquí to Choya and other 
distant places, which could all be traced back to one single grave; these 
the flnders had distributed among their friends who had carried them 
away to their homes, whence I was able to reunite them in the collec- 
tion now on view in our Museum. 



— 388 — 



recurrir á los clicliés ya utilizarlos en mi trabajo. Sobre todo en l;i 
figura 6, se establece ana vez más esa faja negra de arriba abajo, que 
corresponde á la línea vertical de las asas, y es tan característica de la 
alfarería de este tipo en la región que le da nombre. 

Vista la forma del vaso, y, sobre todo, la faja lateral, sabemos que 
tenemos que hacer con vasos del riñon de Calcbaquí. Los detalles po- 
drán variar, dentro de cierto ciclo simbólico, pero rara vez ó nunca se 
extralimitan. En las exploraciones del profesor Ambrosetti en la Pampa 
Grande, Paya, etc., provincias de Salta y Jujuy, se notan ya variantes 
tanto en la forma de los vasos de este tipo, como en su ornamentación : 
pero es el caso que están ya fuera del riñon del propio valle Calcbaquí 
ó de sus orillas, y se deja advertir por lo tanto olvido de convenciona- 
lismos locales, ó de no, la influencia de otra tradición artística. 

Sea de ello lo que fuere, una regla muy sencilla se deduce, que todo 

vaso de tipo y detalles indicados debe 
atribuirse al valle Calcbaquí, tip<» 
Santa María, a priorí; pero si falta 
la faja negra lateral sólo a ponteriori 
deberá aceptarse tal clasificación. Esta 
regla es sumamente útil por ser de 
general aplicación, desde que nume- 
rosos ejemplares de estos vasos se 
han distribuido en muchos de los 
museos del nuevo y viejo mundo. Las 
publicaciones empero del profesor 
Ambrosetti obligan hoy á que se haga 
un estudio comparado de los vasos de 
esta misma forma, desde los ejemplos 
tludosos de Choya y potrero de Santa Lucía en Andalgalá hasta los de 
las fronteras de Bolivia; y para ello contamos, á más de las colecciones 
y trabajos ya citados, los objetos aun inéditos obtenidos por el profesor 
Carlos Bruch en sus dos viajes de exploración á los valles de la región 
Calcbaquí en los años 1907 y 1908. 

El color del fondo es por lo general blanco ó ante claro, con dibujos 
negros, y éstos á veces acentuados con algo de carmesí Algunos ejem- 
plos se presentan, pero pocos, en que el esquema de la ornamentación 
es de negro sobre ocre rojo. 

La segunda regla general que se ha podido establecer es la de los 
cáíitaros para agua, tan abundantes en todo lo que fué jurisdicción de 
la ciudad de Londres, antes de ser absorbida en la de San Fernando de 
Catamarca. Dentro de sus límites se incluyen las villas del Fuerte 
(Andalgalá), Belén, Londres, Tinogasta, Copacabana, Río Colorado, en 
una palabra, todo el río de Tinogasta hasta perderse en el Colorado. 




Hev. ^Ivseo de La Tlata. t. xv (skh. ii, r. ii) 



ri.ANíllA XI 




l( ('/s tilín. Iiilt.; 




Andalgalá. Colección Laíoiii' Qnevcrto ('/^ tani. uat.' 



— 385) — 

Tu tlio r^ Xumber of tlie Aunáis of tlic L:i Plata INIuseum 2'' series, 
Tlieiv is a Píate (n" V) whicli reproduces coloured (IraAvinjis of <> of tlie 
Sauta alaria type of urns, two of whicli wer pliotoí^raitlied, \n side and 
front view, for Prof. F. F. Outes' remarles on tluit collection of Piafes : 
tliese 1 now utilize because tliey are typical exanii)les of tli<' series and 
all its details of forui, symbols, etc., and very i)articularly so as rej^ards 
tlie central black band so cliaracteristic of tbe Santa Maria burial urus 
(íijí. 60 aud (>1). The relative proportions of the parts niay difter, also 
the grouping' of the symbols, which also vary within certain flxed 
limits, but the general type is singularly uuifcrm, and may be said to 
be peculiar to the great Calchaquí Valley lying west of the Ancon- 
(¡uija rauge. 

Variants of the typií-al forui uiay occasionally be found iii 
the outlving vallcvs, but as such thev are excluded froin the 




(,'al<lia(iul 



Santa Maria series; it also may hapi)en that urns of the central 
type have been conveyed beyond the limits of the Calchaquí zone 
in all directions. 

Professor Ambrosetti has been during the last 3 years exploring the 
gronnd just beyond the true Calchaquí district towards the líorth, aud 
when all his work is published we shall be able to compare his results 
with ours. 

The colouring in these vases or urus is as fellows : Ou a white 
or palé yellow slip the design is painted in black, picked art in 
crimson or lake m some instances, oftenest in the bodies of the 
serpent symbol, aud iu the tattoo, if we may cali it so, on the cou- 
ventional faces. 

Just as tigures tíO and 61 represent the Santa Maria type of Pottery, 
so 62 aud 63 are peculiar to the highland plains and Valleys of Audala- 
alá, Belén, Tinogosta aud the so called « Pueblos » of Catamarca aud 
Ilioja, formerly part aud i)arcel of the Province of New-Englaud, 



— 390 — 

Cuesta creer que no se deban incluir también los « Pueblos » de Cata- 
marca, que forman lioy el Departamento de Pomán, mas como faltan 
ejemplares vistos, sólo se liace saber que existe un vacío á llenar por 
aquella i)arte. 

Aquí también reproduzco los clichés que sirvieron para ilustrar el 
trabajo del profesor Outes ya citado (fio-, 62 y 03). Con estos y los dems'is 
ejemplares descriptos ó existentes en las colecciones del Museo, y otras, 
fácilmente se advierte que son de forma tripartita, porque constan de 
gollete boquianclio, cuerpo levemente arqueado, que se levanta de un 
fondo cestiforme. En el gollete corre un meandro jaquelado que sube y 
baja como serpenteando, á veces formando ángulos más ó menos rectos 
y á veces ondas. El cuerpo ostenta algunos de los varios símbolos con- 




Fií:. Ot 



vencionales tan comunes en la alfarería de esa regicui, también las dos 
asas sobre la línea que divide con el fondo, y más arriba de éstas trepa 
hacia arriba una figurita 6 pegote zoomorfo (fig. 04). El fondo lleva cho- 
rreras de líneas rectas ú onduladas, verdaderamente características de 
este tipo de vasos ^ Uno sólo de ellos se conoce en que en lugar de las 
chorreras, se dejan caer por esta parte las patas de un monstruo cua- 
drúpedo pintado en el cuerpo de la olla. Cualquier fragmento de este 
tipo de cántaros puede identificarse como perteneciente al grupo por su 
forma y ornamentación. El color del fondo es de ocre rojo, y el de la 
ornamentación, de negro. 

Sobre estas series de cántaros se hará un trabajo más detallado, y 



' Tanto es así que cualquier fragmento cou esta clase de chorreras se ideutific; 
instaute. 



— 391 — 

ofwliich Ncw-Loudoii was tho capital (1558) ^ Tlioso cuts also liaví^ 
st'ived béfore in Professor Oiite's work alreiidy referred to. Tliere must 
llave boen a very large nuniber of tliese vases, as tliey are to be 
touiid all over tlie vast distiict nained, wliich lies south and southwest 
of the Calcbaquí región. Tlieir fonii is as constant as in the case 
of tbe Santa Maria type. Tlie>- are tripartite, witb neck. body and 
bottoui. Tbe neek carries a cbeekered nieander wbicb does duty as a 
conventional forui for a seri)ent. Tbe ventral part is varionsly adorned, 
see Píate IV of tbe Annals referred to, and tlu^ figures 17, 34, 35, 3íí. 
Tbe bottom is i)retty nearly always adorned witb straigbt or undnlat- 
ing lines in gronps, wbieb seein to do dnty for drops or rills of falling 




rain. Tbis last ornainent is so constant tbat a potsberd Avitb it on may 
be at once recognized as part of one of tbese crocks. Tbe same may be 
said of tbe neck or lip, becanse a cbeckered undnlating band can only 
belong to a vase of tbis type. Tbe colonring is generally black on a red 
ocre slip, nsually well polisbed; bnt some of tbe examples, especially 
among tbose from Andalgalá, tbe colour is only tbat of tbe baked clay 
on wbicb tbe design is painted. 

Tbe La Plata Mnsemn possesses a very good collection of tbese vases» 
wbicb sball be studied sonie otber time, suflice it now to say tbat tbese 
and tbe Santa jNIaria examples bave been selected to represent two of 
tbe most typical series of tbese valleys, along witb tbe specimens of tbe 



' Explored and colonized wheu Mary Tiulor of Eugland was wife ofPhilij) II of 
Spain. The compliment was well nigh posthumous. 



— 892 — 

por él se verá cuanta razón hay para considerarlos como típicos de la 
reofión de Londres, así como los otros de forma Santa Mariana lo son 
de los valles Cal chaqui. Esto no quiere decir que no hayan otros gru- 
pos de cerámica especiales más generalizados en un lugar que en 
otro, como por ejemplo los vasos Moreno, Blamey y Lafone Quevedo 
(lám. VII y VIII y fig. 39 y 10, etc.) ó las alfarerías de color negro y 
grabadas (lám. XI y XII, etc.), en la misma región de Londres, ó los 
llamados veleros (fig. 65), tan generales en los valles Calchaquí, y los 
2)ucofi ó tazas, universales en estos mismos valles y que no faltan aún 




en la parte de Londres ; pero se comprende que la facilidad de trans- 
porte puede ser causa de la presencia de éstos en mayor número fuera 
de la zona aquella donde tanto abundan. 

Xo era posible alargar más este estudio que tenía por principal objeto 
pasar en revista algunos pero no todos los tipos de la cerámica Dia- 
guito-Calchaquí. Más tarde, cuando se entre á hacer la descripción y 
clasificación general de todos los grupos, tiempo será de hacer refere]i- 
cia á cuanto objeto figura en nuestras colecciones ; pero basta lo dicho 
para dar á conocer la importancia de la alfarería Diaguito-Calchaquí, 
y para llamar la atención de los que trabajan en las tres Américas 



curions black pottery (Platos XI and XII) wliicli st'cins (o be iikuo abnií- 
(laiit hi aiul about Aiidalgalá, tliaii aiiy wIumc clsc; aii<l tlio saine nniy 
be said ot'the fine vases figured in piales A^II aiid Vil I and in ents 11, 
.■)9 aml 40. \Ve mijíiit also nientionthe bowls, li^nres (Kí and (m, wliicli 
occur so oenerally all over tlie Calchaqní district and neiglibonriiií; val- 
leys : no doubt their convenient size and cnrious designs ren<lered their 
conveyance from one place to aiiotlier so niuch easier. Every Santa 
Maria funeral urn liad to be ca])i)ed by its bowl, more or less ornameii- 




Fig. 09 



ted with tlie conventioual symbolical designs; but the íact is that in 
Andalgalá we find mauy of these bowls, if few or none of tlie corres- 
ponding urns: this can only mean tliat as the bowl was easier to earry 
than the urn; tbis was left and tbe bowl taken. 

My object in publisbing tliis archaeological paper was mainly to cali 
attention to certain types of Diaguito-Calchaquí pottery; tlie plates and 
cuts will enable stndents to comisare our exam^jles witb others disin- 
terred in other parts of the more cultured nations of America. 

Eecent discoveries in North, Central and Sonth America obl i ge us to 



— 394 — 

con el objeto de exhumar los restos arqueológicos pertenecientes á las 
culturas indígenas de la era pre-colombina. 

Los descubrimientos en las Américas del ISTorte, del centro y del sud 
hacen cada día más necesario que se conozca lo que contiene el suelo 
argentino como contribución al caudal arqueológico de esta parte de 
nuestro continente ; y desde que no es posible formar aún el corpus de 
todo lo que contiene el Museo de La Plata en este sentido, por lo menos 
continuaremos con otra más de esas contribuciones en que se anticipan 
noticias que servirán para iniciar parangones. 

En el trabajo general recién se dará uno cuenta de los grupos de 
variantes curiosísimas que existen en estas dos grandes series de tipos 
de vasos, y entonces veremos la extensión geográfica que deba asig- 
narse á cada uno de éstos (i. e. los tipos) ; porque así se llegará á tener 
una idea si se trata de una escuela en el arte, ó de algún centro de 
donde viajaron los innumerables ejemplares que se conocen. 

Para concluir incluiré aquí dos reproducciones de un precioso 
vaso de la colección Moreno, hallado en Pilciao (fig. 68 y 09). Tiene 
tV)rma de garrafa, ornamentación negra sobre fondo ocre rojo : en el 
anverso ostenta un pajarraco de dos cabezas, y otras tantas tiene la 
serpiente del reverso; uno y otro encerrados en el medallón central de 
una cruz griega bastante simétrica. En su forma se parece mucho á 
las botijas de cargar agua, tipo del Perú, que con tanta frecuencia se 
hallan en toda la región Diaguito-Calchaquí ; pero carece de esa perillita 
tan característica de éstas, cuyo uso se explica en las dos láminas (fig. 
70, pág. 396) y utilizadas por el Profesor Outes en su trabajo tantas 
veces citado (Anales del Museo de La Plata, tomo I, 2"" serie, página 30). 

El Museo, La Plata, octulire de 1908. 



— 305 — 

publisli leproductions of sucli specimens as boloiiji to <mr roción, Cvspe- 
cially now tliat oiir exploréis are befiiniiin^ to be more systeiiiati(- aii<l 
careñil iii tbeir exeavatious and the (les('iii)tioiis of tlieir linds. 

To finish Avitli 1 sliall only uientioii a eoiiple of illustrations refeiriii.ü- 
to a veiy curious vase foimd in tlie district of Pikíiao '. 11 is a fine spe- 
cimen in eveiy sense : black design on a red ocre slip, witli ii double 
headed bird in one medallion and a double lieaded serpent or dragón in 
the otlier, eacli of these enclosed in a very symmetrical Greek cross. 
There are several vases of this form in our colleetions, and tliey are 
evidently related to tlie Peruvian water jars figured by Oiites in his 
monograph on the Calchaquí pottery - : see figures OS and 09. The fact 
that Peruvian water jars of this type are found broadcast over all this 
región is reason vSufficient to suppose that the na ti ve potters tried to 
iiuitate them. The last cuts were added by Professor Outes to shew the 
use of the little knob which is peculiar to all the Peruvian vases of this 
type. See fig. 70, page 306. 

La Plata Museum, october 1908. 



' Obtaiued by D'" F. P. Moreuo and added to the coUection which he presented to 
the Museum. Pilciao lies 12 miles south of Andalgalá. 

* Some very fine specimens of this form of vase come from Oalingasta in the Pro- 
vince of San Juan, one of which has been added to the Moreno collection. 



— ;^í)(i — 





Ki}.. 7(1 



KKV. :MI-SE0 de I.A l'I.ATA. T. XV (SKI!. U. T. II) 



Plancha XII 






Aiicoiiqni.ja. Aii.lalíialá. Colección Lalone Quevt'ilo ('/„ tam. iiat.) 



Eev. Museo de La Plata, t. xv (ser. ii, t. ii) 




líEv. Museo de La Plata, t. xv (sek. ii. t. ii) 




Rev. Mcseo de La Plata, t. xv (ser. ir, t. ii) 




Regió» nrqiieológicíi Diaguito-Cakhaqní 



índice 

I)K LAS IMATKK'I AS CONTENIDAS EN EL TOMO XV (SEOINDA SERIE, TOMO II) 



Fungi aliqnot Pavilistani, aiutore Cario Spegazzini 7 

Nota sobre la ceniza del volcán Eininaliue, pt)r el doctor Enrique Herrero 

Ducloux 49 

Nuevo método para la ñjacióu y conservación de Protozoarios, por Augusto 

C. Scala 54 

Psélaphides de la République Argentiue, par A. Raffray 61 

FA hierro meteórico de la Puerta de Arauco, por el doctor Enrique Herrero 

Ducloux 84 

Relevamiento antropológico de una india Guayaquí, por el doctor R. Leh- 

mann-Nitsche 91 

Las regiones físicas de la Kepiiblica Argentina, por Enrique A. S. Delacha ux 102 

Enrique A. S. Delachaux, f 10 de abril de 1908 132 

Estudio de las supuestas « escorias » y « tierras cocidas » de la serie pampeana 
de la Repiiblica Argentina, por Félix F. Outes, doctor Enrique Herrero 

Ducloux y doctor H. Bücking 138 

Introducción 138 

Primera parte. — Antecedentes y observaciones personales, por Fémx 

F. OuTE.s 140 

§ I. Reseña histórica 140 

^11. El material conservado en el Museo de La Plata 14.") 

v> III. Observaciones personales 148 

v) I^^ Opiniones diversas sobre el origen de las « escorias » y « tie- 
rras cocidas » 158 

<i Y. Conclusiones especiales 161 

Segunda parte. — Estudio químico de las « escorias » y « tierras coci- 
das ». por el doctor Exkiquk Hichhkro Ducloux 162 

^> I. Loess 162 

\Ñ II. « Escorias » y « tierras cocidas » 164 

vS III. Elementos de comparación 166 

vÑ IV. « Toscas ». 174 

v\ Y. Conclusiones 175 

Tercera parte. — Estudio microscópico de las « escorias » y « tierras 

cocidas », por el doctor H. Bücking 185 



— 398 — 

^ I. « Escorias » y « tierras cocidas » 185 

«I II. Elementos de comparación. 18t> 

§ III. « Toscas » 187 

Cuarta parte. — Observaciones y conclusiones generales, por Félix 

F. OuTES 188 

§ I. Observaciones generales. 188 

1. « Escorias » . . 188 

2. « Tierras cocidas » 193 

íi II. Conclusiones generales 197 

Longicornios argentinos nuevos ó poco conocidos, descriptos por Carlos 

Bruch 198 

La técnica de doble coloración diferencial eu histología vegetal, por Augusto 

C. Scala 221 

Polypodiacearum Argentiuarum catalogus. Catálogo de las Polipodiáceas ar- 
gentinas, por el doctor Cristóbal M. Hicken 226 

Description d'une espéce nouvelle de chauliognathus du Brésil, par J. Bour- 

geois 283 

Sobre el hallazgo de alfarerías mexicanas en la provincia de Buenos Aires, 

jior Félix F. Outes 284 

Description d'un nouveau Lampyride argentiu. par Ernest Olivier 294 

Tipos de alfarería en la región Diaguito-Calchaquí, por Samuel A. Lafone 

Quevedo 29.5 



PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA 



PRIMEEA SEEIE 

Las diversas publicaciones correspondientes á la primera serie, se ha- 
llan de venta en el Museo á los precios siguientes : 



ANALES 



SECCIÓN ZOOLÓGICA 



Primera pai-te. 
Segunda parte . 
Tercera parte.. 



Pesos 
2.00 
6.00 
4.00 



SECCIÓN DE HISTORIA GENERAL 

Primera parte 6 . 00 

SECCIÓN DE ARQUEOLOGÍA 

Primera parte 2 . 00 

Segunda y tercera parte. ... 3 , 00 

SECCIÓN GEOLÓGICA Y MINERALÓGICA 

Primera parte 5 . 00 

Segunda parte 20 . 00 

Tercera parte 15.00 



SECCIÓN DE HISTORIA AMERICANA 



Primera parte. 
Segunda parte . 
Tercera parte . 



Pesos 

3.00 

6.00 

60.00 



SECCIÓN DE PALEONTOLOGÍA 

Primera parte 15.00 

Segunda parte 35 , 00 

Tercera parte 45 . 00 

Cuarta parte 6 . 00 

Quinta parte 8 . 00 



SECCIÓN DE ANTROPOLOGÍA 



Primera parte . 
Segunda parte . 



10.00 
6.00 



SECCIÓN BOTÁNICA 

Primera jjarte 10 . 00 



EBVISTA 



(PREC^IO DE CADA TOMO) 



Tomos I á V , 

Tomo VI 

Tomo VII .. , 



12.50 
15.00 


Tomos VIII y IX 

Tomos XáXII 


30.00 
12.50 


20.00 


Tomo XIII 


5.00 



ATLAS GEOGKÁFICO DE LA EEPtJBLICA AEGENTIKA 

Entrega primera, mapa de la provincia de Catamarca, en cuatro hojas. 12.00 



PUBLICACIONES DEL MUSEO DE LA PLATA 



SEGUNDA SEEIE 



Las diversas publicaciones correspondientes á la segunda serie, se 
hallan de venta en el Museo á los precios siguientes : 



ANALES 

Pesos m/ii 

Tomo I, entrega 1 6 . 00 

Tomo I, entrega II 25 . 00 



BIBLIOTECA 

Tomo 1 4 . 00 

Tomo II 4 . 00 



EEVISTA 

Tomo XIV (segunda serie, tomo I) 12 . 00 

Tomo XV (segunda serie, tomo II) 12 , 00 




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3 2044 106 266 257 















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